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Momento trece: Antojo de ti.
Serial Paternidad
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Una vez más, una noche más, Neji Hyuuga irrumpía de su sueño para vagar por los rincones de su hogar. Cual zombie descendía de los escalones de su casa intentando no tumbar nada a su paso o no hacer escándalo y medio que alertara a los vecinos de algún extraño suceso nocturno en la casa Hyuuga. Sus piernas solas seguían el mismo camino trazado por noches pasadas, hacia la misma dirección, hacia el mismo objetivo final. Con ojos cerrados andaba de arriba a abajo, aún en la oscuridad se movía con total seguridad de saber dónde pisaba o tocaba. Nuevamente su descanso era reprimido por la incesante voz de su castaña.
Y ahora, a media noche, justo cuando el reloj en forma de gato que sobre la pared frente a él permanecía, marcaba la dos treinta de la madrugada. Consecutivamente los ojos del mentado gato se movían de un lugar a otro al mismo tiempo que su cola colgaba meneándose al ritmo de sus ojos, el constante sonar de las manecillas avanzando en contra de su descanso lo agobiaban aún más.
Sólo a su persistente mujer se le había ocurrido la genial idea de comer a media noche algo de sushi. Y ahí en medio de la amplia cocina, con sus ropas de dormir y con los ojos más cansados que de costumbre, Neji Hyuuga veía sobre la barra frente a él los posibles ingredientes para un rápido sushi.
Sus ojos rodaba por cada uno de los productos sin tener idea alguna de qué hacer en realidad con todo eso. Dentro de la cajonera buscó algún recetario que pudiera tener Tenten por ahí guardado, sencillas indicaciones que le dijeran paso a paso cómo diantres hacerle para preparar algo comestible en el instante de la forma más simple y sin morir quemado en el intento.
Pero ningún rastro de papel, apunte o al menos un pequeño tip, encontró. Pesadamente suspiró tocándose la sien y tratando de conservar la calma. Ganas no le faltaron para salir corriendo en medio de la madrugada en busca de algún mísero puesto de sushi o antojitos nocturnos, pero el problema radicaba en la hora que el méndigo gato convertido en reloj marcaba. No se necesitaba el intelecto dormido del Hyuuga para deducir que ningún puesto se encontraría abierto. Las personas normales solían descansar durante la noche y dejar los antojos para un mejor momento y no en medio de la madrugada como solía hacer su temperamental mujer.
Ya se miraba mendigando por las desoladas calles de la aldea en busca del olor al sagrado arroz cocido.
—¿Neji, sigues allá abajo amor? —preguntó desde la alcoba Tenten y en el instante sobre el hombre cayeron encima vasijas de la alacena donde buscaba un sartén provocando un escandaloso ruido desde la cocina—. ¿Está todo bien, cariño? —interrogó escuchando como las ollas que su madre le había regalado caían.
—Sí... no pasa nada —respondió Neji retirando de su cabeza la vasija que como un sombrero le había quedado. El hombre estaba más dormido que despierto, apenas y podía mantenerse en pie, la noche anterior había sido la misma historia, Tenten a media noche se había despertado moviéndose de un lado a otro impaciente como no queriendo llamar la atención del Hyuuga, pero o era que la castaña tenía un poco de consideración y trataba de calmar de una u otra forma su antojo, o simplemente su técnica era la de buscar los medios para que su joven pareja le consintiera.
Y esto último era justo lo que conseguía.
No por nada Neji Hyuuga se encontraba debatiendo entre las pimientas y el sartén, por simple gusto no había subido de las blancas mangas de su pijama para no ensuciarse con el invento de alimento que realizaba. Tenía que darle a conocer a su mujer que no por simples batallas se le era considerado un genio, él también podía hacer al menos el intento por concederle —como muchas otras noches pasadas—, la dicha a su mujer de llevarle a la cama el postre, platillo, bebida, o inclusive revista que quería. Preferiría morir entre el aceite que saltaba salpicándole, a que su hijo naciera con cara de pescado freído o camarón medio cocido.
Sobre la lumbre echó el arroz a cocer, distrayéndose mientras que del refrigerador sacaba los demás ingredientes. Salsa de soya, algas —por aquello de la sana alimentación que debía de tener Tenten—, en fin, frente a él tenía todo un repertorio de componentes de los cuales no tenía idea alguna de cómo emplear.
Con cuchillo en mano cortó en trozos de diferentes tamaños y sin un orden indicado, un pepino y una cosa naranja de la cual no supo si iba o no dentro de la receta secreta para preparar sushi según la legendaria costumbre Hyuuga. Concentrado en que la verdura luciera bien, permaneció olvidándose por un momento del arroz que comenzaba a expeler un olor como a intento, semi-casi, sin llegar por completo a quemarse.
Rápidamente corrió a tomar de la sartén meneando el contenido mientras que con la izquierda intentaba alcanzar una cuchara para eliminar aquellos negritos dentro del arroz. Pacientemente retiraba de aquellos mal hechos granos de arroz que sólo estropeaban en su preparación.
—¿Neji todo está bien allá abajo? —volvió a preguntar Tenten desde la alcoba—. No es necesario que lo hagas Neji, de verdad creo que puedo esperar hasta mañana —sugirió aún recostada sobre la cama.
Él no respondió, no podía dejar así de pronto su labor para con ella, su deber era atenderla y aunque le costara admitirlo, cumplir de aquellos alocados caprichos y antojos entraba en su listado de deberes. Además ya lo había despertado y arrebatado el sueño, Tenten comería lo que él preparaba, no podía retractarse así nada más. Claro, y contando que una bola de arroz no le ganaría una batalla al genio Hyuuga.
De un lado a otro andaba con la cuchara en mano en busca del cesto de la basura, mientras que en su derecha cargaba con el sartén ardiendo; su maldito perro solía juguetear con el cesto de basura moviéndolo de vez en cuando de lugar. Miró las verduras que había cortado, frescas y coloridas se veían, pero seguramente no podían ir así nada más encima del arroz. Sobre el sartén que cargaba los echó al tiempo que en el mismo aire lo hacía menear —justo como el viejo hombre del puesto de Ichiraku lo hacía al menear el fideo y que éste no se fuera a pegar—.
Tiempo no le había dado para preparar aquello de la carne, que si llevaba pescado o alguna carne roja, no quería que Tenten contrajera alguna enfermedad por el empleo de carnes y en su lugar al mismo sartén vertió de la bolsita transparente de la alacena la carne seca que guardaban. Menudo experimento era el que el genio preparaba. Tanto como el pepino como la soja, el vapor los había pre-cocido dándoles una apariencia sumamente extraña.
—Neji. —Su llamado lo apresuraba, seguramente ya no soportaba más el hambre y no quería provocarle malestares innecesarios. Apresurado enrollaba el arroz sobre las algas, pero ni la maldita pasta blanca se enredaba, ni sus dedos servían para mantener en el mismo lugar su revoltijo—. Neji, mejor regresa a la cama —sugirió, pero una mezcla no le haría lucha al genio Hyuuga.
Como si se tratase de una tortilla, tomó entre el alga su guisado al no poder enrollarlo como debía. El reloj frente a él parecía burlarse de su absurdo intento por hacer algo comestible para su mujer, de lado a lado el condenado gato movía sus ojos rasgados al mismo tiempo que la cola, mientras que sonreía aumentando de la frustración del genio de la casa.
Él había decidido por iniciativa propia hacerse cargo de los cuidados de su mujer, aún y cuando su tío le había externado la invitación para contratar de alguna persona que sirviera en las labores que a su castaña podrían presentársele. Y ahí, a media noche, con el sueño ya esfumado y la intriga de saber si el arroz había quedado en su punto y no crudo o pasado como imaginaba; Neji Hyuuga se hacía cargo de los antojos nocturnos de su pareja.
Quién lo vería, el hombre caracterizado por su seriedad y postura frígida a cualquier adversidad, había cambiado los entrenamientos por atender de su próxima familia, las misiones lejanas y tardadas ya poco solía aceptarlas, pues no fuera a ser que a media noche su mujer se pudiera sentir mal. Ya se visualizaba en un futuro no muy lejano, intercalando su tiempo libre por atender a media noche llantos y súplicas por volver a alimentarse que su hijo le pudiera pedir, o hacer un cambio de kunais y armamento ninja por pañales y biberones. Ser padre podría tenerlo al borde de la felicidad diaria, pero al mismo tiempo le temía el no poder hacer su trabajo como debía.
Tenía que entrenar, conocer más sobre el tema, no quería que su hijo se diera cuenta que Neji Hyuuga, su padre, no era tan genio como se decía ser.
Miró sobre la barra de la cocina el platillo que a su mujer le había preparado, pena sintió por su intento de sushi. No era un genio en la cocina, lo había comprobado. Suspiró y a la habitación subió cargando del plato en una bandeja así como de otro vaso con agua, pues no se le fuera a atorar el alimento a su doncella.
Al entrar a la alcoba que ambos compartían, se sorprendió de encontrarla sentada en el borde de la cama con la cabeza agachada y sus manos ocultando su rostro, ella lloraba y eso lo alarmó. Sobre el buró de cama dejó la bandeja que llevaba colocándose de cuclillas frente a ella, de su mentón tomó para que ésta lo mirara, sus ojos cafés brillaban producto de su llanto, sus mejillas rosadas la hacían verse aún más vulnerable.
—¿Tenten qué pasa, te sientes mal? —preguntó angustiado viendo como ella se abrazaba a su cuerpo y sobre su hombro sollozaba. Por respuesta ella negó y sin entender de su comportamiento, solamente le acarició la espalda indicándole que se relajara—. ¿Qué sucedió, quieres que te lleve al hospital? —Volvió a cuestionar y en el instante la castaña se retiró de su cuerpo. Limpiándose los restos de lágrimas, movió la cabeza indicándole que no era necesario—. ¿Entonces?
Las palabras de Neji fueron interrumpidas por un repentino beso que la castaña le dio. El hombre quedó inmóvil con sus ojos abiertos por la sorpresa, torpemente correspondió el beso sin tener consciencia del todo sobre su extraña conducta. —Te quiero —dijo de pronto la castaña recargando de su mejilla en el hombro de él—. Eres tan bueno Neji, sin ti no sé qué sería de mí. Gracias amor.
De su cuerpo la retiró para mirarla y verificar si su castaña no se encontraba en alguna especie de trance o aún dormida. Ella le sonrió ampliamente tomándolo de las manos y pidiéndole que a su lado se recostara.
Con algo de duda así lo hizo. Tenten se medio recostó en la cama, con la espalda recargada en dos enormes almohadones y la vista al frente, sosteniendo de la mano de Neji que sobre su gran vientre se posaba en una manera de abrazarla. Quería preguntarle qué le ocurría además de que inquieto estaba pues de su plato no había probado bocado.
—Estoy algo impaciente. Día a día me miro en el espejo y no puedo evitar emocionarme, haciendo que al mismo tiempo lo anhele. Ya quisiera que el tiempo pasara, lo necesito. ¿Tú no? —Giró a verlo.
Neji había permanecido completamente serio desde que ella había comenzado a hablar, escuchaba de lo que le decía, pero la forma y el brillo de su mirar lo hacía pensar en su inquietud al ver a su mujer segura y a él aún intranquilo por si lo haría bien.
—Neji, yo estoy segura de que serás un excelente padre. Tu papel lo has llevado muy bien todo este tiempo, has estado conmigo y te preocupas por nuestro bienestar. No le veo razón alguna para pensar que lo harás mal —argumentó de momento Tenten tomando la iniciativa aún y cuando él no le respondiera.
—No es eso Tenten, sabes cuánto me cuesta mostrar al menos un poco de sensibilidad. No soy muy expresivo, no soy como el prototipo de padre perfecto... —Tenten lo silenció posando sobre sus labios el dedo índice. Ella guardó igualmente silencio, sus ojos volvieron a humedecerse de momento y con una sonrisa de felicidad miró al Hyuuga a su lado.
La mano de él volvió a tomar dirigiéndola hacia su abultado vientre pidiéndole en silencio que sintiera como su hijo se movía en su interior.
El rostro de intranquilidad de Neji cambió radicalmente, sus ojos de lunas brillaron al sentir bajo su tacto como su primogénito daba mayor muestra de vida. Ilusionado miró hacia la castaña, ella sonreía encantadoramente, sus pupilas reflejaban una inmensa alegría y él era testigo de cuan dichosa se sentía, igualmente él, quien en un gesto connatural inclinó su cuerpo posando delicadamente su mejilla y oreja derecha sobre el cubierto vientre de su mujer.
Sin importarle lo que ella pudiera pensar y olvidándose de sus mismas palabras, pero él quería sentir el contacto como si cada patadita que su hijo diera fuera a parar a su duro corazón eliminando la frialdad con la cual lo abrigaba.
—¿Lo sientes, Neji? —cuestionó con un hilo de voz Tenten mirando con ojos brillosos como su hombre se abrazaba de su vientre—. Él también piensa que serás un buen padre —rió acariciando la cabellera del Hyuuga.
Neji guardó silencio permaneciendo en la misma postura, sus ojos cerró y sus manos no dejaban de acariciar del cuerpo de su chica. Ese era su momento para mantener una callada conversación con su bebé, hablaban de padre a hijo, pues mientras el Hyuuga palmeaba del vientre de la castaña y recargaba de su oreja sobre el mismo, su hijo le respondía con una tierna patadita.
Minutos más, y ya su hijo parecía querer descansar, se había fatigado de lanzar patadas desde el interior, dándole a conocer a su padre que al igual que él sería un gran ninja en un futuro no muy lejano. Como un gesto nacido por la emoción del momento, Neji acarició el rostro de su mujer. Un altar se merecía esa castaña por llevar consigo a un muy inquieto niño dentro.
A su lado de la cama regresó esta vez para intentar volver a dormir. Tenten miró sobre el buró la bandeja de comida que Neji le había llevado riendo por la forma en que el Hyuuga había adornado y preparado el sushi.
—Neji el sushi está... —intentaba decirle que el arroz seguía crudo, pero no encontraba la forma de dárselo a entender sin llegar a ser grosera con él, después de todo el hombre no tenía la obligación de cumplirle al pie de la letra sus caprichos o saber de memoria el recetario de su familia.
El Hyuuga sin más se puso en pie de la cama, tomó del plato que había preparado para luego bajar a la primera planta y servir en el tazón del perro su intento de cena. Tenía que ser consciente, nadie comería de esa cosa que había preparado, mucho menos podría dárselo a comer a Tenten. El perro se lo comería.
A la alcoba regresó recostándose en su sitio dándole la espalda a la castaña, pues al parecer ésta ya comenzaba a quedarse dormida. La cobijó dedicándole una última mirada.
—Neji... —le habló manteniendo sus ojos aún cerrados luego de pasados unos minutos. El Hyuuga sin voltear a verla, abrió sus ojos solamente susurrando un adormilado: ¿uhm?—. Sobre el sushi... sólo quería decirte que en la tarde vino a visitarme Temari y mandó comprar algo para comer, y en el refrigerador había guardado algo de sushi ya preparado.
En el instante Neji bufó en molestia, tan dormido se encontraba que no se preocupó por revisar si había o no algo ya preparado listo para calentar. —Ya no importa Tenten. —Ya qué más podría decir el pobre hombre.
El silencio volvió a hacer acto de presencia en la habitación. El reloj marcaba ya las tres con treinta de la madrugada y luego de una calma, la castaña se movía de un lado a otro inquieta. Neji, quien desde el primer movimiento de la mujer había despertado, suspiró al notar la intranquilidad de ella. Seguramente se trataba de un antojo más, quizá quería que volviera a bajar por el sushi que ingeniosamente ella misma había guardado por aquello de los antojos nocturnos.
—¿Ahora qué pasa, Tenten?
La chica miró hacia el suelo guardando silencio, mordió sus labios y lo miró en forma apenada.
—Te quiero... —dijo de pronto, Neji se incorporó en la cama para mirarla, si su inquietud era sólo eso, una vez ya se lo había comentado, no era necesario que le despertara y ella se desvelara sólo para decirle que lo quería, pensaba el Hyuuga. Pero al parecer la castaña aún no terminaba de su enunciado—. Es que... bueno, quisiera que decirte que quiero que lo hagamos... esta noche, ya.
Los ojos del genio la miraron asombrados por la propuesta lanzada. Tenten simplemente rió con coquetería provocando que el Hyuuga reaccionara, con la mirada la recorrió lentamente, de pies a cabeza para pronto besarla.
Hombre cumplido con su mujer, atento a sus caprichos y dispuesto a atender sus más alocados placeres. Eso era Neji Hyuuga, y como tal tenía que responder como el hombre que le enseñaron ser con una dama, pero sólo con su Tenten.
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Como información adicional, al día siguiente ni el perro comió de lo que Neji había hecho u.u
Los momentos siguen, seguirán y no pararemos hasta terminarlos completitos. Este especial de paternidad aún no termina, está muy divertido de verdad que las migas les recomendamos seguir los próximos momentos ^-^
Recuerden: Arriba el NejiTenten... y decir: ¡Fuera! A innombrables =D Neji es sólo de Tenten pues su complemento es...
