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Momento catorce: Fin de la espera.

Serial Paternidad


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Su corazón latía acelerado, sus piernas estaban agotadas, sus músculos desgarrados de cansancio, pero él no se detendría hasta llegar a la aldea. Veía claramente como sus compañeros de escuadrón no se esforzaban en ocultar el cansancio de sus cuerpos, pero él era el jefe y tenía importantes razones por las cuales llegar pronto a la aldea.

Sintió algo chocar contra su mano mirándola casi con rabia, notando como en ella reposaba una pequeña gota. Observó el cielo oscuro el cual ya empezaba a deshacerse del agua acumulada en las oscuras nubes con una fina llovizna.

—Debemos apresurarnos —ordenó con voz prepotente—, pronto lloverá.

Esa razón no era lógica ni válida; Anbus como ellos estaban capacitados para soportar las peores inclemencias del clima, una simple llovizna no sería problema en su camino, pero sí podía recurrir a ella utilizándola como chantaje para que sus subordinados apurasen aún más el paso. Nadie objetó, pero él era consciente que todos lo maldijeron infinitamente; deseos de muerte se quedaban cortos al lado de lo que sus compañeros de equipo le deseaban, pero todos entendían las razones de su necesidad por regresar pronto a la aldea, prefiriendo mejor callar.

Neji Hyuuga cerró los ojos maldiciendo nuevamente el estúpido, bruto, torpe y joven Hokage que tenía Konoha, preguntándose, una vez más, en qué pensaban los del consejo cuando pusieron al idiota de Naruto como el mandamás de la aldea. Inquiriéndose, además, qué era lo que pensaba el grandísimo gilipollas cuando lo envió de misión sabiendo que Tenten estaba en el último mes de embarazo y en cualquier momento podría dar a luz.

Afortunadamente faltaba poco para llegar. Él se esforzó el doble o quizás el triple sólo para terminar antes con esa patética misión y regresar lo más rápido posible; quería estar al lado de su novia cuando ella trajera al mundo a su hijo. Quería ver cada segundo de ese instante para así poder guardarlo como un sagrado tesoro en su memoria, en el mismo baúl que guardaba cada situación importante de su vida. Después de tantos meses de espera, añoraba tenerlo finalmente en sus brazos sin tener una razón contundente, sólo la necesidad de sentir a su pequeño hijo, ver lo indefenso que era y así poder comprometerse más que siempre a cuidarlo y protegerlo.

—Capitán —lo llamaron haciéndolo reaccionar—, ya falta poco.

Él prefirió no responder nada, quería pisar pronto el suelo de su aldea natal, estaba impaciente por eso, pero también los nervios lo invadían. ¿Qué sucedería si a Tenten se le había adelantado el parto? ¿Soportaría haberse perdido el momento que tanto esperó?

De un saltó avanzó una distancia considerable, aquel pensamiento le había provocado una extraña sensación de pérdida; él quería estar ahí costase lo que costase. No le importó dejar al resto de su escuadrón atrás, simplemente ocupó todas las fuerzas que le quedaban para aumentar la velocidad, sintiéndose dichoso al ver ante sus ojos las imponentes puertas de Konoha.

La extraña sensación que lo embargaba era indescifrable. No era miedo, ni angustia, tampoco era paranoia, era algo extraño que lo remecía de forma pacificadora, que lo tranquilizaba haciéndole creer que aún estaba a tiempo, pero que debía apurarse. Quizás era su instinto agudizado de futuro padre el que lo hacía pensar esas cosas y aunque fueran estúpidas, a él le gustaban porque lo hacían sentirse como un buen padre. Ni siquiera se detuvo a la entrada, simplemente se dirigió velozmente a la torre del Hokage al que debía rendirle cuentas, para así entregar rápidamente el informe e irse a casa a ver a su novia.

No se dignó a tocar la puerta, entró apresurado quitándose la máscara que le cubría el rostro y viendo con satisfacción la cara de sorpresa del rubio Hokage.

—Naruto, la misión fue cumplida con éxito —comenzó a hablar rápidamente sin darle tiempo al Uzumaki de reaccionar— los papeles revelan…

—¡Neji, te matará! —La aguda voz de alguien entrando al despacho lo interrumpió. El Hyuuga volteó al escuchar que alguien lo nombraba, encontrándose con el agotado rostro de Shikamaru—. ¡Neji! Qué bueno que regresaste…

—¿Qué pasa? —cuestionó el aludido preocupado al ver la cara que traía su amigo.

—Tenten está en el hospital —comunicó rápidamente—. Tu hijo está naciendo, Neji.

No faltó más información, en un parpadeo Shikamaru y Naruto dejaron de ver al Hyuuga comprendiendo nuevamente por qué todos lo catalogaban como un prodigio. Se desplazaba a una velocidad increíble por sobre los tejados de las casas de la aldea, apresurado en llegar pronto al hospital. Su corazón latía furioso al recordar las palabras de Shikamaru; su hijo, finalmente nacería su hijo y él estaría ahí para ser partícipe de ese instante. Como un autómata entró al recinto, sin siquiera saber exactamente a dónde tendría que dirigirse. No fue consciente en el momento en que le preguntó a una enfermera, y como segundos después, corría hasta el lugar señalado. Las ansias de llegar pronto a ese lugar le latían en las sienes.

Detuvo su andar rápido a medida que veía las luces de aquel piso con más nitidez. Su corazón bombeaba con fuerza producto de la ansiedad y la prisa que traía. A pasos tranquilos se acercó al lugar esperanzado de encontrarse con alguna enfermera que le diera las indicaciones correspondientes y él finalmente pudiese entrar al lugar donde su novia estaba dando a luz a su hijo.

Sus ojos se abrieron impresionados a medida que se adentraba en el salón de espera del área de maternidad, encontrándose con muchas caras conocidas quienes tenían sus ojos clavados en él. Su tío Hiashi en compañía del papá de Tenten, estaban sentados en un pequeño sillón de la pared, un poco más allá se encontraba Lee junto a Kiba quienes parecían conversar algo en voz baja, ellos eran los único que no lo miraban. Sus primas se acercaron rápidamente hasta él para comunicarles que Tenten ya estaba en la sala de partos y que tenía que pedirle autorización a la enfermera para entrar. Él asintió intentando ocultar su nerviosismo, comenzando a caminar hasta donde le habían indicado estaba la guardia de las enfermeras. Al pasar pudo ver a Temari apoyada contra la pared mirando de reojo y con la cabeza gacha, la puerta en donde estaba Tenten.

Sólo le bastó decir que era el padre del bebé que estaba por nacer, para que la sonriente enfermera le diera la autorización de entrar entregándole el traje de higiene que debería usar para ingresar a la sala de partos en donde se encontraba su novia. Un grito le devolvió la intranquilidad, específicamente un grito proveniente de la habitación donde Tenten estaba. Con rapidez se puso el traje e ingresó en el lugar, esos gritos le alertaban que la castaña ya había empezado con trabajo de parto.

Entró rápidamente sintiendo que en el preciso momento que entraba a la habitación, su mente quedaba en blanco; olvidando el lugar en el que se encontraba y el motivo por el cual estaba ahí. Su corazón latía de manera acelerada, sus manos y piernas temblaban ligeramente; la ansiedad comenzaba a invadirlo sintiendo que la única forma de calmarse sería cuando sostuviera la mano de Tenten para que fuera ella quien le dijera que todo saldría bien.

La luz lo cegó y tras un par de parpadeos pudo distinguir a varias figuras de personas moviéndose por la habitación. Sus oídos captaron los quejidos que provenían de la camilla permitiéndole reaccionar y dirigirse hasta donde se encontraba su novia a punto de dar a luz a su vástago.

—Neji… —susurró ella al verlo posarse a su lado—. Ya llegaste.

—Lo siento —se disculpó él tomando la mano de la chica—. Perdón por tardarme tanto. —Besó la frente sudorosa de la chica a lo cual ella sonrió.

—No te disculpes —aseguró sin borrar la sonrisa tranquilizadora de su rostro—, no lo iba a dejar salir hasta que tú estuvieses aquí.

Cualquier respuesta de Neji quedó perdida con el grito casi gutural que Tenten lanzó. Los ojos del Hyuuga se abrieron desmesuradamente al sentir como ella apretaba con una fuerza casi superable por la de Tsunade, su mano. Segundos después el apretón se relajaba al mismo tiempo que la castaña respiraba entrecortadamente con los ojos llenos de lágrimas.

—Esto duele —comentó recostando un poco su cabeza contra la almohada, cerrando los ojos en muestra de cansancio.

Fuera de la habitación un silencio tenso reinaba, de no ser por el ir y venir de las enfermeras, la sala de espera parecería desierta. Las miradas se cruzaban, los pasos de nerviosismo eran sigilosos, la incertidumbre reinaba y algunos ya estaban que colapsaban.

—¡La llama de la juventud arde como nunca el día de hoy! —gritó la vigorosa bestia verde de Konoha, sobresaltando al grupo intranquilo de personas que se encontraban ahí.

—¡Gai-sensei! —exclamó el joven de mallas verdes al ver aparecer a su maestro, olvidándose de todo el inusual nerviosismo que sentía.

—Mi querido Lee —dijo el aludido sin borrar la sonrisa radiante de su rostro—. Me he enterado de la buena nueva y he venido lo más rápido que la flamante juventud me lo ha permitido. Y me he tardado sólo cuarenta segundos. —Miró el reloj que se encontraba en la pared de enfrente

—¡Gai-sensei! —exclamó con fascinación la hermosa bestia verde—. Es que la llama de la juventud arde más que siempre el día de hoy.

—¡Lee!

—¡Gai-sensei!

—Lee

—¡Ya basta! —La profunda voz de la embajadora de la arena interrumpió el eterno discurso de ambas bestias. Las miradas de todos se dirigieron hacia la chica que parecía ser la más nerviosa de la sala. Shikamaru, quien había llegado minutos después del Hyuuga, se acercó a su novia para calmarla—. ¡No es el momento para estupideces!

Ante lo que ella ordenaba nadie objetó algo. El silencio volvió a reinar, siendo los pasos de los dos hombres mayores que allí se encontraban, lo único que disminuía un poco la tensión del momento. Hiroto Ama caminaba de una esquina a la otra para luego hacer el mismo camino de regreso siguiendo la dirección que la pared marcaba. Se mordía la uña del dedo pulgar derecho, mientras que los dedos de la otra se movían incontrolablemente. Musitaba sonidos bajos e indescifrables con la mirada perdida, su nerviosismo era más que evidente, no por nada era el padre de la futura madre y por consiguiente abuelo de la criatura que estaba por nacer.

Otro desgarrador grito proveniente de la sala de parto logró que las miradas alarmadas se enfocaran hacia esa dirección, aumentando aún más la tensión del tan ansiado momento.

—¿Están seguros que Tenten está teniendo a su hijo y no en una sala de torturas? —comentó Kiba con naturalidad en una forma casi innata de deshacerse del nerviosismo—. Porque por los gritos que lanza pareciese eso.

—Es normal, Kiba-kun —comentó Hinata con su típico tono de voz bajo—, el trabajo de parto realmente duele mucho.

—Ahora que lo recuerdo cuando tú tuviste a tu hijo, Naruto se desmayó en plena sala de partos… lo tuvieron que sacar en camilla —rió divertido el Inuzuka—, menudo Hokage que tenemos. —El comentario consiguió sacar algunas risas en parte del grupo, exceptuando Hinata que sólo se ruborizó, Hiashi al cual no le causaba gracia que su yerno fuera tan cobarde para esas cosas e Hiroto que seguía consumido por los nervios sin escuchar más que los gritos que su hija lanzaba.

El silencio volvió a hacerse presente luego de ese comentario, siendo arrebatado sólo una vez por un grito gutural que aludía al genio Hyuuga, luego de eso todo fue calma nuevamente, al menos por unos segundos.

—¿Creen que Neji se haya desmayado también? —preguntó Kiba, logrando que la idea pasara por la cabeza de los presentes, haciéndose la imagen mental del Hyuuga tirado en el suelo inconsciente al no ser capaz de soportar la adrenalina del momento.

—¡Puedes callarte de una vez! —Esta vez las miradas se posaron en la menor de los Hyuuga, quien parecía cada vez más alterada producto de los comentarios del Inuzuka—. No entiendo qué haces aquí. ¿Quién te invitó? No eres parte de la familia.

—Pero soy amigo de Hinata —defendió con orgullo el chico perro—, ella me invitó. —La heredera del Souke miró a su compañero sorprendida, pero prefirió callar.

Luego de la pequeña discusión, Hanabi optó por el silencio; se sentía demasiado intranquila y no entendía las razones, sólo tenía claro que le ilusionaba la idea de tener a otro pequeño integrante en su familia aún y cuando sólo fuera su sobrino.

Aparentando tranquilidad y sentado en un rincón aparte de la sala, Hiashi Hyuuga se debatía internamente. Imaginaba qué sentiría su hermano al encontrarse en aquella situación, estando seguro que el corazón de su gemelo latiría igual de emocionado que el propio. Esa era la segunda vez que se encontraba en aquella situación y no por eso la emoción disminuía: sus manos temblaban ligeramente, pero sudaban copiosamente, la ansiedad se hacía parte de sí y eso era extraño en una persona que controlaba tan bien sus emociones como lo era él. Si bien, se trataba del hijo de Neji el que estaba por nacer, él lo veía como su nieto ya que con el pasar de los años su sobrino había pasado a ser como su hijo y él, Hiashi Hyuuga, quería a ese pequeño miembro del Bouke como un descendiente más.

Dentro de la sala, Neji desconocía lo que pasaba afuera al igual que lo que sus compañeros y familiares comentaban sobre el suceso, él solamente tenía cabeza para pensar en Tenten y lo mucho que aparentaba sufrir en ese momento lo cual se demostraba en el fuerte agarre que su mujer sostenía con él; razón por la cual la circulación de su mano había disminuido drásticamente, pero él seguía en pie junto a ella mirándola con dedicación y a la vez apoyo, intentando traspasarle las fuerzas necesarias a través del contacto que mantenían para que ella continuase con la difícil misión de dar a luz a su hijo.

Su mente se encontraba perdida, exactamente no podía pensar en nada, simplemente limitarse a sostener la mano de su compañera e intentar razonar con coherencia. Las palabras de Shizune e Ino no las entendía; en aquella habitación sólo se encontraban Tenten y él, los demás eran sombras borrosas y sonidos que sus oídos no entendían.

Los quejidos de Tenten, su respiración agitada, la frente y el cuerpo sudorosos, el pelo revuelto; todo el conjunto de aquella escena sólo trajo a su mente una serie de recuerdos; imágenes lujuriosas y bastante eróticas de su mujer en aquellas mismas condiciones, pero en una situación diferente, más precisamente en alguna de las innumerables ocasiones en las que de seguro su hijo fue concebido.

Meció la cabeza suavemente intentado alejar esos pensamientos de su mente; aquel no era el momento adecuado para recordar ese tipo de situaciones, pero la castaña tampoco le ayudó mucho al lanzar un grito que se parecía mucho a uno en particular que Neji recordaba como si fuera ayer, el cual había sido emanado por un gratificante orgasmo que la mujer había sentido y había sido producido por él. Su pecho se infló de orgullo y tuvo que reprimir la sonrisa de satisfacción; aquel no era el mejor momento.

—¡Maldito Neji! —gritó Tenten sobresaltándolo—. ¡No dejaré que me vuelvas a embarazar!

Tragó saliva sonoramente, sintiendo la gota de sudor que se deslizaba lentamente por su sien: esa era una advertencia letal. Como respuesta sólo pudo darle un apretón fuerte, para que ella entendiera que había captado el mensaje: le dolía. Aún cuando era completamente consciente de lo que ella sufría en ese momento, no era capaz de tener ninguna reacción; las palabras se habían extinguido, ninguna frase de apoyo salía de su garganta y aunque le exigía a su mente decir algo, esta se negaba rotundamente, sintiéndose desconectada de la realidad, confusa, completamente superada por el nerviosismo y la felicidad de aquel preciso momento.

—¡Sólo un poco más! —Aquella frase pronunciada por Shizune lo alertó, despertándolo de la transición a la que se había visto sometido.

No podía ser más clara, el momento que tanto había anhelado al fin se acercaba; imaginaba ya a su hijo entre sus brazos, podía oír su llanto de neonato, su pequeño cuerpecito, su indefensa presencia. Sentía la sangre bombear con fuerza, el torrente sanguíneo de su venas correr apresurado, la adrenalina a mil y los gritos de Tenten cada vez más lejanos.

Finalmente hubo un lapso en el que todo se detuvo y un pequeño llanto comenzó a escucharse; primero muy lejano haciéndose cada vez más fuerte, hasta que nuevamente sus pies tocaron tierra firme y pudo reaccionar.

Tenten yacía recostada sobre la cama, con los ojos cerrados, la frente sudada y la respiración agitada, pero una sonrisa radiante pintada en el rostro. La unión que ambos mantenían se había aflojado, pero nunca soltaron sus manos. Neji buscó por todos lados con la mirada la procedencia de aquel agudo llanto; ya su mente había despertado, quizás producto del mar rojo que recorría a una velocidad impresionante su cuerpo, tal vez por causa del bombeo de sangre su cerebro había asimilado la noticia despertando a su cuerpo para que buscase a su hijo, el cual se había convertido en una necesidad urgente de saciar.

No hubo necesidad de moverse ya que pudo captar como Ino se acercaba sonriente con un pequeño bulto envuelto en una manta celeste entre sus brazos. La Yamanaka se detuvo junto a la camilla mirando a Tenten, quien impaciente había intentado levantarse a lo que Neji la detuvo para intentar acomodarla mejor en la cama.

—Es precioso —comentó la rubia sin dejar de sonreír, poniendo al pequeño bulto sobre el cuerpo recostado de Tenten.

Los opalinos ojos brillaron con un destello maravilloso al ver finalmente el pequeño rostro de uno de los tesoros invaluables de su vida; su hijo. Arrugado y rojizo, cubierto con una sustancia viscosa mezclada con sangre, bastante feo como todos los recién nacidos, pero para él era la criatura más bella jamás imaginada. No pudo reprimir la sonrisa esplendorosa que se pintó en su rostro al verlo y saber que era parte de él; que Neji Hyuuga, había creado junto a la mujer de su vida, a un ser tan maravilloso y perfecto: su hijo. Suyo y de Tenten, fruto del amor que ambos habían compartido por tanto tiempo.

Su pecho se inflamó de orgullo, su corazón se aceleró producto del sinfín de sensaciones que en ese momento sentía, sus recuerdos le trayeron al presente a su padre, imaginándolo junto a él en aquella habitación, sonriendo dichoso de saber que un nuevo Hyuuga había venido al mundo. Que Zero Hyuuga, nieto de Hizashi Hyuuga, era la representación factible de que su padre, Neji Hyuuga, el soberbio y fatalista heredero del Bouke, finalmente era completamente feliz.

—Es nuestro hijo, Neji —comentó Tenten con voz dulce—. Finalmente está aquí.

Aún anonadado, no fue capaz de responder, simplemente la miró sonriendo y ella fue capaz de entender todo lo que su novio sentía en ese momento; no eran necesarias las palabras, bastaba una simple mirada para que ambos se conectaran y supieran la dicha que el otro estaba sintiendo.

Los minutos pasaron y ambos continuaban embelesados mirando a su pequeño bebé, sin mediar palabra, simplemente disfrutando del silencio y la tranquilidad que él les brindaba.

Una enfermera llegó pidiéndoles al bebé para llevárselo y practicarle algunos exámenes de rutina y vestirlo, con pesar ellos aceptaron luego de que ella les prometiera que lo regresaría lo más pronto posible. Tenten fue suturada y posteriormente devuelta a una habitación normal, siempre en compañía de Neji, quien, aún atontado, no dejaba de sonreír y mirar a la castaña con infinita dulzura, algo completamente extraño en él, pero no por eso imposible. Neji miraba así sólo a la mujer que le había regalado la dicha de ser padre, la única mujer dueña de su corazón, aquella que él mismo había elegido para compartir su vida.

Una vez instalados en la habitación, la soledad y dicha que ambos compartían se vio interrumpida por el bullicio de un enorme grupo de personas que invadió la pieza de un momento a otro, llenando a la nueva madre de besos, abrazos y felicitaciones. El padre de Tenten se hizo paso entre todos los presentes para poder llegar al lado de su hija, sonriendo y besándole la frente con absoluta ternura, murmurando palabras que sólo la castaña era capaz de oír, ante las cuales sonreía y sus ojos brillaban con fulgor. Hiashi por su parte, si situó junto a su sobrino para darle un gratificante abrazo y susurrarle las felicitaciones correspondientes, agregando, además, que su hermano estaría orgulloso de ver a su hijo siendo padre. La sonrisa de Neji se amplio y sólo pudo dar las gracias.

Ino entró a la habitación cargando al bebé para entregárselo a su madre ante el suspiro admirado de todos. Los jóvenes padres se juntaron para contemplar a su hijo, olvidándose por segundos de todos. El grupo de personas sólo se limitó a guardar silencio y mirar sonrientes la tierna escena que ambos proyectaban. Lee y Gai-sensei lloraban a mares en un rincón, mientras el maestro vanagloriaba la llama de la juventud que poseían sus ex alumnos, ya que fruto de aquella intensa pasión había nacido aquel hermoso ser cargado de una nueva llama que algún día llegaría a arder en todo su esplendor.

Temari se mantenía alejada de todo el barullo, sonreía, pero su sonrisa parecía ser forzada. Shikamaru vio a su novia tan apartada, por lo que sonriendo decidió acercarse y cobijarla en un abrazo, diciéndole que todo saldría bien, asegurando que ese bebé que venía en camino, era lo que él esperaba. La rubia de la arena sonrió reconfortada ante las palabras que su novio le dedicaba, olvidándose de las preocupaciones y el temor de ser madre.

Kiba, que parecía ser el más eufórico y emocionado de todos, se acercó hasta la camilla, pidiéndole a Tenten que le permitiese cargar al recién nacido. La castaña al ver la sonrisa y el brillo de los ojos del Inuzuka, se lo permitió. Inmediatamente el chico perro estiró los brazos para tomar con absoluto cuidado a la pequeña criatura que dormitaba entre los brazos de su madre. Neji miraba receloso la escena, poniendo especial cuidado a cada movimiento que realizaba Kiba, creyendo que en cualquier momento el bruto y torpe Inuzuka podría dejar caer al bebé.

—Tranquilo Neji —sonrió Tenten al darse cuenta de la actitud de su novio—. No se romperá.

Las palabras fueron oídas por todos, pero aún así Neji no dejó de mirar a su hijo, protegiéndolo como se había jurado a sí mismo hacerlo desde el instante en que supo que sería padre.

La algarabía silenciosa continuó unos minutos más hasta que todas las felicitaciones quedaron opacadas por el fuerte y agudo llanto del pequeño Hyuuga que demandaba su alimento. Kiba, aún con el recién nacido en brazos, se lo entregó a Tenten para que ésta cumpliese su labor y lograra tranquilizar al bebé. Una vez que estuvo nuevamente en brazos de su madre, Ino pidió a los presentes que abandonaran la habitación para que así, tanto Tenten como el pequeño Zero, pudiesen descansar. Uno a uno y luego de despedirse, los familiares y amigos fueron saliendo de la habitación, dejando a los jóvenes y nuevos padres a solas.

Neji permaneció en completo silencio admirando a su novia mientras con cuidado se acomodaba para luego liberar su seno cargado de leche y poder alimentar a su pequeño hijo, sonriendo dulcemente ante la tierna y maravillosa imagen que se mostraba frente a sus ojos que habían visto muchas cosas, pero nunca algo así de simple que lo llenara de júbilo de una forma tan sorprendente.

Vio sonreír a su mujer quien no despegaba sus ojos del pequeño que succionaba con ahínco, conmovido, acarició la cabeza de ella de manera tierna, intentando hacerse presente en aquella burbuja que compartían madre e hijo, queriendo ser parte de esa unión tan especial que los juntaba. La castaña volvió su vista hacia él mostrándole sus ojos cafés nublados por las lágrimas.

—¿Qué ocurre, Tenten? —preguntó el Hyuuga asustado al ver a su mujer en esa situación—. ¿Por qué estás llorando?

—De felicidad —respondió ella con voz rota—, no imaginas la alegría que siento en este momento.

—Yo también —reconoció el hombre—. Yo siento que soy inmensamente feliz.

El silencio volvió a hacerse presente en la sala, sumergiendo a los padres en el aura tranquila y armoniosa que representaba tener finalmente a su hijo con ellos después de tan larga espera.

El pequeño Zero seguía mamando el alimento que su madre le entregaba, con sus ojitos aperlados abiertos y pegados en un punto indescifrable sin ver nada concreto.

—Tiene mis ojos —comentó Neji con cierto tono de orgullo, rompiendo el silencio. Tenten abrió los ojos sorprendida, sin poder creer que su novio, aquel hombre reconocido como un genio, acababa de soltar tan patética frase.

—Peor hubiese sido si los tuviera azules, ¿no? —contestó ella a modo de respuesta. Ante el sarcástico comentario, Neji sólo murmuró su típica respuesta monosilábica.

El Hyuuga guardó silencio nuevamente, un tanto molesto por el desagradable comentario que su dulce novia acababa de hacerle. ¿Qué si su hijo tuviese los ojos azules? Pues él se encargaría de hacer un viaje al pasado y comprobar que en algún momento el Byakugan había sido azul y por eso su hijo lo había desarrollado; cualquier cosa antes de asumir que lo habían engañado.

Una sonrisa malvada se dibujó en su perfecto rostro; buscaba venganza y para eso tenía algunas armas que vencerían a su oponente, o al menos la dejarían débil.

—Sabes —comentó de imprevisto, mientras acariciaba la pequeña cabeza de su hijo. Tenten buscó los ojos opalinos de él sin resultados—, tus gritos durante el parto, me hicieron recordar algunas cosas… sucias. —La castaña bufó—. Y me dieron ganas de empezar a practicar para tener muchos más hijos.

—Te ves más lindo calladito —contraatacó molesta la chica; Neji sabía perfectamente las palabras precisas para abochornarla—. Pero espera tranquilo, que cuando me recupere te arrepentirás de tus palabras.

—Ya quisiera verlo.

Con amenazas y promesas por cumplir rondando en el aire, ambos volvieron a sumirse en el silencio, sin mirarse, sin exigir respuestas, ambos completamente absortos en su pequeño hijo, que de a poco empezaba cerrar sus ojos opalinos.

—Esperé este momento mucho tiempo —dijo de pronto el hombre, olvidándose de las bromas que antes ambos habían compartido. Tenten lo miró fijo, encontrándolo radiantemente feliz—, y ahora que por fin a llegado, no sé qué hacer con todo lo que siento.

—Dame un beso —pidió ella sonriendo, Neji la miró a los ojos—. Dame un beso y unamos nuestra felicidad.

—Tú siempre me has hecho feliz —comentó el Hyuuga acercándose.

—Eso ya lo sé.

Neji volvió a sonreír terminando finalmente con la escasa distancia que lo separaba de su mujer, para así besarla dulcemente, acariciando con delicadeza aquellos labios gruesos que tanto le gustaban. Saboreando la felicidad que ella le transmitía a través de ese contacto, almacenando aquel momento tan especial en el baúl de recuerdos que había construido junto a su mujer el cual estaba lleno.

Podía ser algo completamente inusual que él sonriera radiante, que se sintiera tan feliz, que fuera capaz de bromear con alguien, pero todo aquello lo compartía sólo con Tenten, la cual era la única que conseguía las situaciones y reacciones más inesperadas de él; porque Tenten era su todo y al lado de ella todo valía la pena.

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Un momento más para la colección! Tranquilidad niñas... ya sólo faltan 85 más ¬_¬ Espero que les haya gustado, a mi personalmente me gustó como quedó, aunque... lo que digan ustedes vale más xD

Si alguien tiene noticias de mi miga Aby que me informe, porque lo que es yo no he sabido nada de ella en... 3 días!

Sigan apoyando esta magnifica causa que es el Neji & Tenten. Sigan diciendole NO a aquellas abominables cosas que se inventan llamadas INNOMBRABLES... NO olviden que Neji es un sucio y Tenten su protocolo de mujer perfecta porque también es una sucia. Ustedes saben entre sucios se entienden.

Me disculpo por la demora de éste momento y reconosco toda la culpa, pero estaba en mis últimas en la universidad y no habia tenido tiempo de escribir, pero no os preocupeis que ya estoy libre y me dedicare a escribir.

¡ATENCIÓN! La próxima semana se viene un nuevo momento el día 16 de diciembre, luego otro el 23... y un especial navideño el 25, así que esten atentas niñas... que los momentos no se detienen.

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