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Momento diecisiete: ¿Sexo débil?
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El olor a la mezcla de canela y azúcar impregnaba todos los rincones de la enorme cocina en la casa de la prestigiada familia Hyuuga. El horno de la estufa llevaba encendido poco más de diez minutos para que se calentara lo suficiente y sobre la barra de la cocina —justo a un lado del batidero de harina regada por esta debido al empleo de la misma—, se encontraba la bandeja de galletas que durante parte de la mañana y de una manera divertida habían preparado en la mansión como merienda entre Tenten e Hinata.
Como una rutina ya impuesta por ella misma, cada domingo —aprovechando las escasas misiones que durante dicho día se les asignaba—, Tenten solía acudir a visitar a su amiga Hinata y compañía, destacando entre éstos en particular a la hermana menor de la Hyuuga, Hanabi, y a su peculiar primo, que aunque éste no demostraba interés alguno en su visita, igualmente le frecuentaba. Debido al rango alcanzado por éste en el que se hacía destacar por su ingenio en batalla, ya poco frecuentaba su antiguo equipo a reunirse como en los viejos tiempos acatando cada uno de ellos misiones por separado. Razón por la cual, la castaña buscaba conservar aquel lazo que los unió como compañeros y amigos durante muchos años atrás, frecuentando al menos, mientras le fuera posible hacerlo, visitar a sus viejos compañeros de equipo.
Justo esa mañana por coincidencias de la vida, ambas jóvenes se habían topado entre las calles de la aldea y, como una propuesta lanzada de improviso, la mayor de los Hyuuga le invitó a su hogar.
Entre carcajadas y comentarios amenos, las tres jóvenes se divertían conversando desde la cocina mientras limpiaban de todo el desmán que habían hecho por su inexperiencia en la misma, esperando a que las galletas que preparaban estuvieran listas —manteniendo la esperanza de que no se les quemaran—. El sonido del horno las alarmó, tanto Hinata como Tenten, acompañadas de Hanabi —la cual sólo estaba con ellas como apoyo moral—, miraron a través de la ventanilla de la estufa y, haciendo uso de un trapo, Tenten sacó de adentro del horno la bandeja de aluminio colocándola rápidamente sobre la barrita de material. Al unísono las tres manifestaron un: Uh. En una manera de expresar su tristeza por las tres galletitas que se les habían quemado. Hanabi rió sonoramente burlándose del rostro de aflicción de las otras dos al ver con un gesto de pesadumbre el resultado de su trabajo mañanero.
—No pasa nada, sólo son unas cuantas de muchas más... las otras sí están completas y se ven deliciosas —intervino Tenten rebuscando entre las galletas aquellas que no se miraran tan pasadas u oscuritas como las llamó Hanabi en son de burla. Las dos hermanas miraron asombradas como en un intento por convencerlas de sus propias palabras, Tenten llevaba a sus labios una de las galletas. Era muy optimista, pero en ocasiones algo precipitada. Con cierta desconfianza y cerrando los ojos como para pedir al cielo que el dios de las galletas de estrellitas y demás formas abstractas le brindara un poco de sabor a la que ella intentaba probar para darle el visto bueno. La mordió y en el instante la saboreó acaparando la atención incesante de las hermanas. Sonrió para sorpresa de las observadoras elevando su pulgar derecho en victoria, volvió a darle otra mordida ofreciéndole esta vez a las dos hermanas que igualmente las probaran. Hinata dudó, pero luego de tanta insistencia también le dio una pequeña mordida, Hanabi en cambio en un tono despreciativo argumento ya no tener hambre—. Le llevaré algunas a Neji para que no diga que tampoco sé de cocina... ya verá, le demostraré que no sólo puedo serle contrincante en peleas sino que también soy una buena cocinera —dijo comenzando a preparar con azúcar las galletas para su amigo sobre una bandeja.
—También demostrarle que puedes ser una buena esposa para él, Tenten-chan —interrumpió Hanabi sentada en un banquito de la cocina, mirando hacia otro lado como no dándole importancia a sus palabras y a la reacción instantánea de la castaña, la cual dejó de hacer sobre las galletas quedando inmóvil y completamente roja. Hinata igualmente se sonrojó por su amiga queriendo decir algo para reprochar a su hermana menor o pidiéndole a Tenten que pasara por alto su comentario, pero no encontraba ni qué decir en ese momento—. Yo diría que a Neji-niisan le lleves las galletas negritas y le dices que son de chocolate, así te vengarías de todos sus desplantes —habló nuevamente Hanabi, esta vez de brazos cruzados y en apoyo a la amiga de su hermana.
Tenten rió negando suavemente, terminando de colocar en la bandeja que cargaba las galletas seleccionadas para su amigo. —Está bien que quiero vengarme de cierta manera con él por sus desplantes de "hombre que todo lo sabe",pero eso sería realmente cruel... no vale la pena.
—Debes de darle una lección para ver si así se le quita lo arrogante que es en ocasiones. —La menor se cruzó de brazos indignada, simulando un puchero.
—Lo recibirá Hanabi-chan, tu primo aprenderá de alguna manera a ser un poquito considerado al momento que se refiera a mí —finalizó Tenten saliendo de la cocina con bandeja en mano y una sonrisa de triunfo pintada en el rostro, dejando a las otras dos con un gesto de no comprender sus palabras. Hacia la alcoba del susodicho se dirigió manteniendo en todo momento sus labios contorneados en felicidad. En su trayecto y en uno de los enormes pasillos de la casa, se topó con una mujer de la servidumbre de la familia, la cual cargaba un pequeño cesto con ropa recién lavada y, al momento de reconocer la vieja mujer a Tenten, no dudó en saludarla. La castaña se ofreció a ayudarle a la mujer a llevar hasta la alcoba de Neji la ropa que cargaba en el cesto, pues hacia su pieza se dirigía ella. La anciana mujer aceptó, no sin antes advertirle lo especial que era Neji en cuanto a su ropa, sugiriéndole colgarla en su armario dependiendo el color de la prenda de derecha a izquierda. Tenten hizo gesto de desacuerdo intentando acatar y comprender en su totalidad las instrucciones de la mujer pensando en que ella solamente le llevaría la ropa hasta su alcoba y ya que él solito se encargara de acomodarla. Suspiró resignada y siguió hasta la pieza del genio de la familia.
Una sola vez tocó la madera de la puerta en aviso, pero debido al trabajo que le costaba mantener el equilibrio entre la bandeja que llevaba y el cesto que cargaba en su izquierda, su llamado a la puerta solamente fue un intento silencioso. La puerta abrió entrando como si se encontrara en su propia alcoba, pero la diferencia entre su pieza propia y la que entraba era que ésta sí se encontraba en completo orden sin ninguna prenda regada por ahí. Pasó de largo hacia dentro dejando sobre el suelo el cesto de ropa y dirigiéndose a abrir en primera la cortina de la ventana para dejar entrar algo de luz a la pieza. Ambos brazos colocó a los costados de su cintura mirando desaprobatoriamente a Neji recostado sobre la cama con un brazo sobre su frente.
—¿Sabías que ya pasa de medio día y que el clima está mejor que nunca y tú aún dormido...? Me decepcionas Hyuuga, te imaginaba entrenando, no todavía dormido.
—¿Sabías que antes de entrar a la habitación de alguien primero se avisa? —respondió Neji manteniendo sus ojos aún cerrados no dándole importancia a la estancia de Tenten dentro de su pieza. En consecuencia ella chasqueó la lengua, pues volvía a emplear aquella misma arrogancia propia del hombre para con ella.
Del suelo recogió el cesto dejando sobre el buró la bandeja que llevaba, comenzando a guardar en el armario la ropa de su compañero intentando hacerlo tal cual le había comentado la vieja mujer de la servidumbre, pero apenas y podía seguir al pie de la letra su petición, Neji era muy especial en cuanto a sus pertenencias. Volteó a verlo aún recostado y no pudo reprimir su mueca de disgusto, tal parecía que ella era la criada y su compañero su amo, más aún por aquella arrogancia que seguía empleando para referirse a ella. Amontonó en los cajones la ropa sin importarle si se arrugaba o no, él debía de aprender también a hacer su pieza por sí solo sin la ayuda del sexo débil —como él solía nombrar a las mujeres, especialmente a ella—.
—Llamé a la puerta, pero no me respondiste así que entré sin tener idea de que continuabas dormido hasta altas horas del medio día —mencionó en un reproche acercándose hasta un lado de la cama para mirarlo desde arriba.
—Recién llego de una misión —contestó dándose media vuelta ignorando que Tenten seguía a su lado.
Y su excusa era verdadera, recién llegaba de una misión asignada al escuadrón que comandaba la cual le había demorado poco más de tres semanas lejos de su aldea, tiempo en el cual apenas y había dormido un par de horas por las constantes vigilancias que tenía que realizar. Su cuerpo ya le pedía un descanso, y aunque el hombre no fuera partidario a los descansos pasadas las 5 de la mañana que era la hora que solía despertarse todos los días para entrenar como una rutina, esa mañana, casi tarde, en particular todo su ser le pedía a gritos un merecido descanso.
Su arrogancia volvía a hacer de las suyas en el interior de la castaña, tenía consciencia del seguro cansancio de su compañero, pero no por ello pasaba por alto que una vez más fuera grosero con ella. —Te había traído unas galletas que recién preparamos para que al menos comieras algo, porque me imagino que no has probado bocado —intentó conservar la calma y portarse amable, al grado de querer tragarse su coraje estancado, pero él siquiera le respondió, no dormía, sus ojos ya había abierto, solamente la ignoraba por hacerla enrabiar—. ¡Oye yo sólo trato de ser amable contigo! Eso me pasa por ser buena persona con alguien como tú. Arrogante que no sabe siquiera doblar su ropa por sí solo. ¡Eso eres, un niño mimado! —le gritó perdiendo la cordura por un momento pero tal parecía que hablaba sola con una pared, él continuaba ignorándola—. ¡Hyuuga, hasta cuándo reconocerás que las mujeres también podemos hacer las mismas cosas que los hombres! —exasperó apretando sus puños.
—Traes azúcar en la mejilla —respondió de la manera más tranquila sin voltear siquiera a verla. Tenten palideció poniéndose recta y, apartando la mirada hacia el suelo, limpió despistadamente de su mejilla derecha apenándose en el instante.
La mirada desvió nuevamente hacia su compañero, éste giró el cuerpo en dirección al techo de la alcoba colocando ambos brazos tras su cabeza. Aquella tranquilidad del hombre le molestaba, de buenas a primeras se convertía en un hombre sin escrúpulos, al menos para con ella. De tiempo atrás ambos solían discutir por la misma razón, Tenten defendiendo a capa y espada el orgullo femenino mientras que Neji, con su petulancia característica, solía contradecirla dejándola en una mala posición con sus argumentos. Discutían por lo mismo y el resultado era el de siempre: terminando en una batalla lejos de ser puras palabras.
—¡Eres increíble, Neji Hyuuga, siempre tan prepotente y tú te haces llamar ser un genio, ja, lo que tienes tú es un genio insoportable! —gritó tratando de golpearlo sin previo aviso con la mano derecha en su abdomen, pero éste fue más ágil que el movimiento que había realizado Tenten, sosteniendo en el aire el brazo de la castaña. Nuevamente intentó golpearlo con la izquierda y el resultado fue el mismo, él detuvo su ataque antes de que ésta se acercara siquiera a su cuerpo. Maldijo, ambos brazos los tenía sujetados Neji en sus manos
—Deja de hacer intentos en vano, Tenten, sabes que no podrás nunca conmigo —mencionó como si se tratara de una cruda verdad que lo satisfacía. Ella se enrabió aún más haciendo uso de sus piernas para patalearlo al menos, sin embargo, Neji antepuso su ataque cruzando sus piernas con las de ella inmovilizándola y haciendo que en consecuencia perdiera el equilibrio cayendo de espaldas hacia el suelo junto a Neji. Escena que le resultó graciosa, pues ambos salieron prácticamente disparados hacia la madre tierra, pero el rostro de Neji cercano al suyo le dejaba ver que él por su parte no se encontraba del todo contento por lo sucedido. El ceño arrugó justo como lo hacía su compañero retándolo con la mirada sin hacer o decir nada. Él encima de su cuerpo le sujetaba ambas manos y con sus piernas entrelazadas en las de ella la inmovilizaba hacia cualquier movimiento que se le ocurriera hacer—. Es mejor que te vayas ya, Tenten —dijo como si fuera una sutil advertencia, pues el peligro se acercaba como días atrás ya había sucedido entre los dos.
Mención a la cual Tenten reaccionó como siempre lo había hecho: sin dejarse intimidar por las palabras del hombre sobre ella. —No me iré hasta que admitas que las mujeres podemos ser iguales que los hombres y merecemos el mismo trato —retó clavándole la mirada en sus opalinos e insolentes ojos.
Claro que la petición de la castaña sólo terminó alargando el orgullo del genio, jamás aceptaría ese trato por más que deseara cortar la disputa que comenzaba entre los dos. Intentó ponerse en pie apartando las manos de las muñecas de la castaña debido a la prisión en la que la tenía, pero ella le pataleó entre las piernas empujándolo para plantarse esta vez encima de su cuerpo. Sobre su cadera se sentó mirándolo desde arriba con un gesto de victoria por la forma en la que habían cambiado radicalmente de papeles. Neji tragó saliva, en sus labios retuvo su suspiro de queja por el agónico malestar que le provocaba el tener a su compañera en una posición inadecuada y más aún por aquella sonrisa de malicia que le mostraba como si le hubiera ganado en tan pocos segundos. Inclinó el cuerpo sujetando de la espalda a su compañera y cargándola con total facilidad para dejarla bajo su cuerpo, ella no le ganaría de la manera más estúpida a él un genio, pero apenas y la sujetó, la castaña se giró quedando boca abajo en su intento por querer liberarse de su prisión.
Nuevamente volvieron a dar en un fuerte golpe hacia el suelo, las manos de Neji habían quedado bajo el cuerpo de Tenten figurando como si le estuviera abrazando. —¡Suéltame, pervertido! —expresó afónica ocultando bajo sus flequillos su sonrojo, pues sin querer y debido a la posición que ambos habían quedado, la mano derecha de Neji cubría completamente el seno izquierdo de Tenten.
El cuerpo removió avergonzada del percance.
Neji se inquietó, los ojos abrió fuertemente, no había entrado aún en la idea de que aquello suave que apreciaba bajo su tacto era el pecho de su compañera. Hizo torpes movimientos por apartarse de sobre su cuerpo, pero Tenten seguía moviéndose de un lado a otro haciéndole la tarea más difícil pues mientras que él intentaba ponerse en pie y alejar sus manos de aquel remarcado lugar, accidentalmente el contacto de sus palmas con aquellos dos redondeados senos se intensificaba. Claramente sintió como debido a su indiscreto contacto, los pezones de Tenten respondieron haciéndose presentes, en el instante ella suspiró sin poder evitarlo; rápidamente retiró sus manos así como cuerpo de encima del de la castaña alejándose de ella como si se tratara de alguien peligroso.
Tenten se incorporó sentándose sobre sus piernas y dándole la espalda a Neji, él desde atrás seguía mirándola sin saber qué decir pues jamás habían tenido esos contactos tan íntimos, jamás, por más largas que hubieran sido las riñas entre ellos dos, como la que mantenían en esos momentos, había tocado los pechos de Tenten.
Sus pómulos se tiñeron en un carmín intenso, se sentía avergonzado más aún al haber escuchado que le llamaban pervertido, él no lo era. El que su cuerpo reaccionara como el de su compañera lo hizo debido a los contactos de sexos opuestos, no lo hacía merecedor al título. Tenten por su parte trataba de conseguir aire, la cabeza la tenía levemente humillada así como ambas piernas cerradas, con una mano trataba de arreglar su blusa blanca y por más que su coraje por lo anterior le hicieran reventar en una segunda disputa, no podía negar que de todos los contactos repentinos entre los dos había sido ese día en especial el que mayor había gozado.
Se avergonzó por sus pensamientos mirando despistadamente a Neji como éste veía hacia el suelo en una mueca de confrontación con él mismo.
—Tú tuviste la culpa —indicó apretando sus puños y arrugando el entrecejo—, eres tan torpe. —Sus palabras habían terminado por desatar su rabia, a pesar de lo ocurrido no daba treguas para disculpas o siquiera dejar de lado su grotesca manera de decir las cosas.
Inmediatamente se puso en pie arremetiendo con furor hacia su compañero, el cual igualmente se puso en pie para esquivar el golpe que la castaña le planeaba propinar, sostuvo de sus brazos colocándolos detrás de su espalda y sin mucho esfuerzo estampar a la castaña en la pared de la alcoba. Tras de ella se colocó aprisionándola con su mismo cuerpo evitando que escapara. Sobre su oreja resopló burlándose de ella.
—Deberías dejar de pelear en vano, te lo dije, no podrás conmigo, no eres contrincante para mí. —Aferrado a su propia idea de hombre perfeccionista, continuaba dándole guerra a la castaña.
—Eres detestable Neji —se removió golpeando como le fuera posible a su compañero. En ausencia de sus manos para defenderse, empleaba el cuerpo. La cadera movía hacia delante y atrás pegándole para intentar alejarlo de sí. Pero tras cada oscilación que empleaba para zafarse, podía escuchar los suaves suspiros que manifestaba Neji. Poco a poco disminuía la presión que le hacía en las muñecas a Tenten para mantenerla quieta, lentamente perdía la fuerza de la que se hacía merecedor—. Eres... eres un maldito engreído.
De igual modo la voz de la trigueña perdía firmeza, pues tras ella no sólo se encontraba Neji, su arrogante compañero de equipo por años así como su amigo, sino un hombre con indicios de excitado.
Sus labios se mordió pegando en la pared su cuerpo al tiempo que alzaba la cadera en busca de encajar la zona de su cuerpo predecible de sobresaltos masculinos, en aquella pelvis que sin hacerse esperar acudió a su llamado, pues sin decir nada Neji pegó su cadera en el trasero de la castaña. Suavemente ambos suspiraron, Neji cerró sus ojos y Tenten mordía afanosamente sus labios, disfrutaba de las infantiles peleas que solía mantener con Neji pues todas terminaban con el mismo resultado: la dominación total de sus hormonas, comprobando de esa manera que Neji Hyuuga también era poseedor de un lado sensible al tacto y no era del todo un hombre frío como aparentaba. Al menos con ella solía comportarse como un completo cretino, pero esa era la técnica empleada por la castaña y la cual él mismo sabía, pero no por ello ponía resistencia. Debía aceptar la idea de que por un momento tanto su cuerpo como pensamiento se hacían uno entregándose al deseo que regía en sus sentidos alterados.
Ambos jugaban a detestarse y aparentaban reñir sabiendo las consecuencias que con sus actos tendrían. La lucha entre mantener la cordura y no caer en tentaciones, acorralaban los pocos pensamientos coherentes que le provenían al genio. Por un lado intentaba abstenerse de volver a caer en el juego de luchitas en donde quienes peleaban eran sus propios deseos a raíz de cada roce de sus cuerpos, mientras que por el otro lado su cansancio por la misión no le dejaba pensar en algo más que en liberarse de esa presión que mantenía reprimida junto a sus ansias por entregarse a la dominación de sus deseos, pues durante todo el tiempo que su misión había demorado, en sus momentos de reposo en las que se encerraba en su mundo a pensar, recordaba y ansiaba volver tocar aunque fuera de una forma encubierta de inocencia, el cuerpo de su compañera. Las ganas solían quedársele estancadas en sus pantalones produciéndole una dolorosa agonía para retirar de sí la presión que sentía. Pues había sido junto a su compañera que él conoció lo que era la palabra atracción.
Y así era como se sentía en esos instantes de retos íntimos, atraído por el aroma que expelía el cuerpo y la ropa de su compañera y amiga, atraído por los suaves suspiros que ella intentaba reprimir, estúpidamente atraído por su sencillez y la maldita manía de querer verlo molesto, atraído por su sonrisa y el brillo de sus ojos. Su cuerpo era como un imán que lo adhería a ella, pues una vez cerca y en extremo pegado a ella, ya le era imposible desear separarse. Los sentidos de ambos vibraban tras cada roce, sus oídos recibían orgullosos los susurros que eran intentos de palabras provenientes de los labios de Tenten, su boca se encontraba completamente seca y ansiosa por querer recorrer la piel de ella, sus manos temblorosas se dirigían como autómatas lentamente hacia su cadera dejando de lado el sostener sus brazos para que ésta no intentara hacer algo en su contra, sus piernas no hacían otro movimiento más que darle el suficiente soporte y balancearlo hacia el frente.
—Neji... egoísta. —Era lo que Tenten quería decir, pero de sus labios solamente salían frases entrecortadas que dejaban ver cuánto se le dificultaba hablar siquiera para continuar con su jueguito de peleas, a pesar del problema que le resultaba el sostenerse en sus piernas, pues éstas perdían firmeza, la castaña no dejaba de restregar su cadera en la entrepierna del Hyuuga. Podía sentir como sus fuerzas se le iban y la garganta le pedía litros de agua para calmar su sed, podía sentir como tras de sí el cuerpo de su compañero reaccionaba a sus toqueteos.
Ella rió al escuchar su nombre salir de los labios de su compañero, pues ya la opresión de sus emociones no pudo contener más. En un rápido movimiento Tenten se giró hacia su compañero, su cara formó un falso gesto de enojo hacia él ocultando bajo esa mueca la dicha que sentía por querer continuar más aún al ver la expresión de delirio por parte de él. Una vez más era testigo de la forma en que Neji Hyuuga manifestaba no poder más con su deseo.
Sus ojos se habían hecho pequeños y sus labios hacían un movimiento milimétrico de querer decir algo, quizás de querer aceptar su derrota, pues ya eso no se trataba de una batalla por averiguar cuál de los dos tenía la razón; sino de comprobar quién de ellos cedía primero al deseo.
Armándose de voluntad, en la cara le sonrió provocando la sorpresa del genio, de buenas a primeras dejaba de lado lo experimentado y el enojo se le había ya pasado. Juguetonamente le golpeó en el pecho riéndose nuevamente, Neji quedó inmóvil mirándola fijamente. Uno y dos golpes más le volvió a dar en la misma zona haciendo que éste retrocediera en defensa. Distrayéndose en la repentina reacción de Tenten, olvidó por un momento la cercanía de sus rodillas a la cama, ella rió divertida dándole el último empujón para que éste cayera encima del enorme colchón. Sus piernas quedaron colgando y los brazos a los extremos de su cuerpo, anonadado miraba como su compañera tomaba posición encima de su cuerpo.
Justo como él lo había hecho, Tenten también le sujetó ambos brazos por encima de su cabeza, su rostro acercó al de él y a pocos centímetros de sus labios le habló—: Por última vez, admite que no hay sexos débiles, las mujeres tenemos la misma capacidad que ustedes los hombres —repitió remarcando sus palabras. Él no le respondió, pues sus ojos entretenía mirando la manera en que los rojos labios de la castaña se movían. Ella notó ese detalle y rió para sus adentros, ansiaba besarla de la misma forma que ella quería hacerlo—. ¡Dilo! —exigió tomando en una mano los labios del genio elevándolos para su deleite, pues sus propios labios acercó queriendo reducir la distancia mínima que la separaba de probarlos. Neji siguió firme en su palabra, no le respondió y ella prefirió soltarle—. No quieres decirlo verdad, eres testarudo, engreído, te demostraré que no somos el sexo débil.
Aún sobre su cuerpo y teniendo en todo momento la atención del genio, recogió las mangas de su blusa blanca, se acomodó sobre su cadera arrebatándole un suspiro gratificante al ojiperla para luego, sin previo aviso, abrir la camisa que Neji vestía. No le dio siquiera tiempo de reaccionar, para cuando el hombre despertaba de sus cinco segundos de dicha por la estimulación de su entrepierna, Tenten ya le hacía cosquillas en su abdomen. Las caricias lo inhibieron y de un lado a otro removía su cuerpo para apartar a su insistente compañera de encima.
—Sino lo dices por la buena, lo dirás por la mala —amenazó la castaña arremetiendo con la agónica forma de hacerlo hablar a su antojo, que era provocándole cosquillas en el vientre y parte del cuello.
—Tenten... ya basta... —pedía tratando de no reír, pero le resultaba imposible, los dedos de su compañera no paraban de ir y venir sobre su piel además de que la propia risa de ella al verlo en tal estado lo contagiaba—. ¡Detente ya…! Te dije que te detuvieras —dijo de pronto intercambiando posiciones acorralando bajo su cuerpo a una agitada Tenten con su cabello alborotado, que ya ni se le miraban con claridad las formas de sus chonguitos. Neji en cambio no se le veía molesto, su rostro había cambiado radicalmente, desde arriba le sonreía con altanería.
Ambos se encontraban ausentes de sus propios pensamientos, en su mente solamente existía una cosa: todo su ser les pedía a gritos hacer caso omiso de lo pasado y entregarse a la gratificante sensación que los inquietaba. Neji inclinó el cuerpo pegando en la frente de la castaña la suya vendada, ella lo abrazó con sus piernas pegándolo por consecuencia en su entrepierna, justo donde quería que el Hyuuga encajara.
—¿Y ahora? Te tengo en mi poder, ¿dirás lo que te pedí? —cuestionó meneando su cadera para hacerle aún más complicada la tarea a Neji de concentrarse en su respuesta, el cual cerraba los ojos y se sostenía con ambos brazos a los costados de Tenten dándose el soporte para no caer encima de ella por completo debido a la inhibición de sus sentidos. Suaves, muy suaves suspiros lanzaba llenos de lujuria—. Acéptalo de una buena vez —seguía terca en su idea torturando al hombre encima de ella. La sonrisa de malicia que Tenten le mostraba a Neji le decía de la manera más sádica cuánto disfrutaba verlo en ese estado y él excitado ante sus caricias corporales no podía hacer nada para remediarlo.
Neji echó hacia atrás la cabeza apretando de sus dientes fuertemente para calmar de alguna forma la frustración que le acorralaba. Se maldijo, maldijo en silencio por su poco autocontrol, la presión de sus pantalones era mayor que la razón por hacer las cosas según su educación inculcada.
Fue su turno para empujar su cadera hacia el frente, de un lado a otro, hacia arriba y abajo, rozando tras cada movimiento perverso la húmeda intimidad de la castaña. Ninguno se decía nada en absoluto, actuaban como si nada sucediera, como si el bulto formado entre las piernas de Neji no existiera ni se estuviera frotando con la caliente intimidad de Tenten. Ella seguía con sus ideas de hacerlo hablar con respecto a lo que quería, y él silenciaba sirviéndole los intentos de palabras de Tenten como una melodía de estimulantes suspiros que iban acorde al ritmo que él empleaba en su cadera.
Aquel jueguito que había comenzado como un inocente juego entre dos amigos, había terminado en un acto del cual los dos tenían consciencia de ello, dejándose llevar como si fueran dos niños en la etapa de travesuras, pues como los niños que fingían ser ambos, habían llegado al límite de sus fechorías. La cama la habían desacomodado por completo dando paso así a juguetear bajo las sábanas, simples toqueteos que simulaban ser accidentales, simples roces de sus sexos demandantes que querían ir más allá de aparentar hacer el amor con la ropa.
Tenten trataba de alejarlo de su cuerpo, su intención no era otro que intensificar el contacto y a través de falsas cosquillas, palmeaba el torso descubierto de su compañero riendo al paso de su mano por el abdomen de Neji queriendo hacerla rodar por su piel erizada hasta alcanzar el punto donde se perdía la cordura y la locura del hombre encerrándolo en un paradisíaco desconocido.
Quería sentir bajo su tacto, si de la misma manera que lo apreciaba sus piernas e intimidad cuando Neji arremetía con su cadera hacia ella, si es que aquella dureza que distinguía provenir de la pelvis de su compañero era realmente lo que imaginaba. Neji hacía ir y venir sus ojos de los pechos de Tenten, pues tras cada embestida que realizaba éstos se movían a su mismo ritmo frenético. Sus labios ansiaba hacer recorrer por el cuerpo bajo él, ya no escuchaba siquiera la voz de su consciencia, quizás luego se arrepentiría, tal vez maldeciría el haber sido vencido nuevamente por sus hormonas, pero ya no había vuelta atrás, esa era la respuesta que le devolvía el agónico dolor de su entrepierna.
Entre risitas infantiles que ocultaban el verdadero sentir de los dos amigos, Tenten hizo rodar su cuerpo para volver a tomar el control, pero ya no se enfrentaba con el mismo indiferente Neji de antes, frente a ella veía al hombre exasperado por terminar los juegos y ponerse serios. Su cuerpo montó siendo ella quien realizaba la fricción de ambas sexualidades, reprimía los gemidos de placer que le provocaba la cercanía de la zona alzada de su compañero sobre su intimidad.
Sus manos le temblaban y, dudosas, tomó las de él para acariciarlas, la derecha de Neji la llevó hasta su rostro haciéndola pasar por su mejilla al tiempo que cerraba sus ojos sintiendo el contacto de la cálida mano de su compañero sobre su rostro. Por sí solo, él le contorneó los labios a lo cual ella los entreabrió introduciendo en su boca el dedo índice del Hyuuga lamiéndolo de una forma morbosa para deleite visual del hombre el cual veía con ojos cristalinos como su dedo se deslizaba en la húmeda cavidad de su compañera haciéndole fantasear con sus actos. Con la mano libre tomó de la cintura a Tenten aplicándole presión para que ésta se moviera encima de su cadera al ritmo que él le pedía, algo lento pero con un toque intenso. Ella abrió los labios dejando ir un gemido, con antojo lamió de ellos enloqueciendo a su compañero, el cual dejó caer lentamente su mano por el cuerpo encima de él, acariciándole el cuello, los hombros y su pecho derecho, Tenten echó la cabeza hacia atrás golpeándose mentalmente por lo que hacía.
Sin razón convincente, al menos para Neji, Tenten se puso en pie arreglando su ropa y peinado. Hacia él volteó sonriendo carismáticamente haciendo como si nada hubiera ocurrido. Como solía hacer cada vez que mantenían sus encuentros.
—Es tarde y todavía tengo cosas que hacer en mi casa... no se te olvide comerte las galletas que creo ya se enfriaron... nos vemos —dijo en despedida dándose media vuelta para marcharse.
Neji la sujetó del brazo fuertemente, su rostro marcaba una seriedad aterradora. —¡Ya basta Tenten, esto ha llegado a su límite, no puedes marcharte así de pronto como siempre, hay que darle un fin a lo que comenzamos!
Exigió encarándola en busca de una respuesta. A los ojos lo miró perdiéndose momentáneamente en su claro mirar, la cercanía uno del otro incrementaba la insistencia de sus gustos, sus labios no resistían la distancia y sin mayores miramientos acudieron al llamado de sus cuerpos desembocando sus deseos en un placentero beso. Sus manos inmediatamente rodearon la cintura de la chica mientras que ella pasaba una mano por detrás de la cabeza del Hyuuga acercándolo más a su cuerpo. La mano libre la hizo rodar por la piel del hombre rozando su pecho, vientre, hasta inmiscuirse en sus pantalones, masajeó su sexo como si fuera toda una profesional arrebatándole al genio manifiestos de placer. Sin romper el beso mantenido, se deshizo de los pantalones de su compañero dejándolo sólo en bóxers, sobre sus labios sonrió pues Neji había posado su mano encima de la de la castaña pidiéndole en un suave tacto que ya no recurriera a la misma rutina.
Sus labios dejó, besándole el mentón, cuello, pectorales y abdomen, lentamente descendió hasta posarse frente a la cadera del genio. Sus bóxers igualmente bajó tomando en una mano su erguido miembro, suaves lamidas le propinó tocando con la punta de los dedos la longitud de su sexo, sus dedos viajaban por todo lo largo como si quisiera medirlo en centímetros, sus ojos se centraban en mirar las variaciones que tenía el rostro del Hyuuga pasando de un estado de reposo a otro de locura. Su boca era la prisión perfecta para guardar dentro la magnitud de sus actos, pues hacia ella llevaba el remarcado miembro de su compañero ensalivándolo.
Cuando su gusto se saciaba con su virilidad, la mirada elevaba para deleitar sus castañas pupilas con el rostro de Neji mientras que en una mano sostenía de su miembro para masajearlo. Neji arrugó quisquillosamente la nariz, reacción a la cual Tenten reaccionó regresando a su tardía labor, de la punta succionaba, su lengua rodaba por su extensión y volvía al inicio de su objeto de placer. El gemido ahogado lanzado por su compañero la alarmó y en un instante su boca recibió el néctar de dioses. Esperó a retirarse delicadamente del cuerpo de su compañero, cerró sus ojos y dejó pasar lentamente por su garganta la secreción almacenada.
Sobre la cama Neji se sentó pesadamente, una mano llevó hasta su frente y negó. Ya no disfrutaba de tener que recurrir al mismo empleo de actos para darle final a sus emociones. Lo experimentado hacía unos momentos ya no era suficiente.
—Llegará el día en que no tengamos que hacer siempre esto —mencionó no como una pregunta sino como un reproche sin voltear a ver a Tenten la cual se ponía en pie frente a él.
—¿Llegará el día en que dejes atrás tu arrogancia y me digas que no me crees inferior a ti y por lo tanto soy una mujer digna para ti? —respondió con una pregunta—. Lo siento Neji, pero no soy una alfombra ni un escalón para que me pisen, al igual que tú tengo un orgullo y tal parece que no sabes ni lo que quieres. —Hacia él se acercó besándole la frente vendada y haciéndole una caricia en la mejilla—. Seguimos estando en el lugar menos indicado, pero no te preocupes este será nuestro secreto sumado a otros tantos —finalizó rozando sus labios para luego salir de la alcoba.
Como otras ocasiones, él se volvía a quedar en la misma situación, con una duda carcomiéndole los pensamientos...
El fuerte sonido de algo cayendo lo alarmó, recostado aún sobre su cama inclinó el cuerpo mirando hacia ambos lados de su alcoba. Parpadeó un par de veces para aclarar su visión, a unos cuantos metros de distancia se encontraba dentro de su habitación Tenten guardando en el armario la ropa limpia de él mismo teniendo absoluto cuidado de no desdoblarla o arrugarla. Ella lo sintió despertar, desde su posición le sonrió avanzando hacia él con la bandeja en una mano mientras que éste sujetaba su cabeza pensando en lo que había sucedido, tal parecía que todo lo anterior solamente había sido un sueño.
Sintió como Tenten se había detenido momentáneamente tensándose, la mirada la tenía clavada en la cama donde él descansaba, justo en la zona de su cadera, de una forma que figuraba que veía a un fantasma. Neji desvió la mirada solamente para caer en la cuenta de que su sueño le había dejado secuelas marcadas en su entrepierna. Por vez primera sintió lo que era la vergüenza y es que Tenten no dejaba de mirar sonrojada como su anatomía resaltaba por debajo de las sábanas. Ella parpadeó riendo suavemente para eliminar la tensión entre los dos pero sin dejar de mirar aquella exaltación provocando que el rostro del genio se pintara en un rojo intenso. Sin remedio, flexionó una pierna tomando lugar sobre la cama.
—Debiste de haber tocado antes de entrar —recriminó Neji desviando la mirada hacia otro lugar.
Tenten tardó en reaccionar apartando la mirada de su imponente distracción y dejando sobre el buró de cama la bandeja que le llevaba a Neji con galletas recién hechas por ella misma. —Lo siento —tartamudeó—, no creí que estuvieras ocupado o... con problemas para dormir —mencionó inclinando el cuerpo hacia el frente acomodando de las galletas que le llevaba como desayuno, conservando la calma y actuando con naturalidad—. No creí que estuvieras en medio de un placentero sueño y que por mi inesperada llegada lo interrumpieras antes de la escena final... pero tengo cierta curiosidad por saber si esta vez no solamente irrumpí en tu alcoba sino también en tus sueños —preguntó dándose media vuelta para toparse tras de si a Neji de pie.
Actuó de forma infantil, sonriendo al hombre y ofreciéndole la galleta que traía en la mano derecha la cual él rechazó en un movimiento de cabeza. Ante su negativa ella misma le dio una mordida a la galleta frente a la atenta mirada del genio haciendo gesto de disfrutar de su bocado. —Uhm, está deliciosa, no sabes de lo que te pierdes —mencionó Tenten pasando sobre sus labios la lengua saboreando del sabor de su bocado.
Volvió a sonreírle pacíficamente a Neji alzando de vez en cuando su brazo con las demás galletas. Él inclinó la cabeza hacia el frente quedando a mínimos centímetros de distancia de los labios de la castaña, arrebatándole por su repentino acercamiento el aire y, con la punta de la lengua, le limpió de la comisura de sus carnosos labios los residuos de azúcar que le habían quedado. —Traías azúcar —dijo en tono seco.
Ella le agradeció ladeando la cabeza y sonriéndole a su manera, a él se acercó reduciendo el espacio trazado entre los dos rodeándole con un brazo el cuello y dándole a la boca una galleta a probar, debido a su insistencia y a la forma empleada para hacerlo ceder, al fin probó de los aperitivos mañaneros que en conjunto con su prima, Tenten, su novia, le había preparado en especial a él. —Verdad que están deliciosas, yo misma las supervisé. —Neji asintió sosteniendo con una mano la cintura de su secreta pareja mientras la miraba fijamente como ésta se distraía arreglando el único botón de su camisa blanca—. ¿Y ahora, me dirás qué soñabas? Tengo derecho a saber cuáles son las inquietudes que provocan en mi novio inesperadas reacciones.
Él chasqueó la lengua volteándole la cara y dejando que continuara jugueteando con sus dedos sobre su pecho. Cómo decirle que siempre a su mente llegaban los recuerdos de cuando eran aún compañeros de equipo o al menos su trato siempre había sido de tal manera, y que por razones de su remarcado orgullo nunca quiso aceptar la idea de reconocer que realmente la valoraba como mujer, motivo por el cual solían discutir y terminar en guerras de las cuales al final solían arrepentirse, pues como en sus sueños el desenlace siempre era el mismo, dejándolo con ganas de más.
Desconocía las motivos de cómo su relación con su compañera había cambiado, de un día para otro habían dejado de ser los amigos que solían ser frente a todos, pero el hecho de mantenerlo en secreto sólo para ellos convertía su estancia y momentos a solas en excitantes al estar solamente a la expectativa de poder ser descubiertos. Preferían la adrenalina de ser llamados amigos mientras que a solas disfrutaban de algo más que una amistad compartida.
La atrajo a su cuerpo recargando sobre su cabeza la mejilla derecha y pensando en cosas sin mayor importancia. La cercanía provocó el suave gemido de la castaña, Neji continuaba excitado. —¿Y bien?
—No es más que lo que provocas en mí Tenten —respondió tomándola de la barbilla para besarla pausadamente—. Soy la imagen de lo que me haces sentir...
Le acarició la espalda traspasándole su calor y la urgencia que tenía por su cuerpo. —Espera, seguimos estando en el lugar menos indicado. —Nuevamente esa negativa que solía decirle desde que sus caricias habían dejado de ser indefensas—. Pero no te preocupes, este será nuestro secreto sumado a otros tantos.
Finalizó besándole los labios y pidiéndole que se recostara de nuevo en la cama, debía de recuperar las horas de insomnio perdidas. A un lado de él ella tomó lugar acariciándole su larga cabellera para que conciliara el sueño. Otra vez no le quedaba otra opción más que poner su cabeza en blanco y no pensar en nada en absoluto para dejar pasar las ganas.
Suspiró, entre sueños se planteó nuevamente la pregunta: ¿cómo dejaba que una mujer, y no cualquiera, sino su misma novia, le negara el deseo de compartir un momento de intimidad más allá de las caricias que seguían haciéndose por encima de la ropa?
Abrió los ojos y la vio dormir a su lado. La respuesta por más simple que pareciera le costaba trabajo asimilarla: podría no estar a su mismo nivel de potencial en batalla, o no tener alguna habilidad genética como él; pero sí era quien ponía en duda sus palabras, la que le hacía entrar en razón cuando su arrogancia hacía de las suyas, quien velaba por el bienestar de los dos y la que tenía la última decisión. Tenía que aceptar que un no dicho por su mujer significaba la decisión final sin dar espacios para que reconsiderara su respuesta, un no argumentado por su castaña era la manera en la que él permanecía quieto dudando en silencio de sus habilidades como genio, sus negativas solían tener severas consecuencias en el ojiperla dejándolo vulnerable pues sus no representaban más que una cruda derrota que le era concedida.
Neji Hyuuga había encontrado una debilidad más, Tenten era quien controlaba su voluntad.
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Me disculpo con ustedes, yo, Harmonie confieso que el lemon me falló, ando toda cargada de ideas que se me entrecruzan además de que las cosas a la carrera no salen bien y bajo presión no trabajo así que échenme porras que ando carente de neuronas u.u pero me comprometo a traerles para el próximo momento la continuación de este, doy mi palabra de Lemonsista. Aunque en particular este me agradó porque hace resaltar que las mujeres claro que tenemos también el mando, cuando una dice NO es un NO u.u
En otras cosas, nuevamente Las Migas se visten de fiesta, toca el turno de la Miga Aby (Harmonie) que anda de cumpleañera... ¡yupi!
En fin, sólo me queda decirles lo mismo de siempre, que este momento les haya agradado y no olvidar nuestro lema que ya todas(os) lo saben... pues sólo Tenten es merecedora de Neji Hyuuga y Neji de la castañita. ¿Acaso hay alguien más para él o para ella...? Verdad que no =D
Regocíjense con nosotras por poco más de medio año juntas y el cumpleaños de la Miga, aunque Vi no esté ahora =(
Coméntenle, nada les cuesta =D
