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.:. Advertencia del momento: Lemon y lenguaje vulgar .:.


Momento dieciocho: Seducción igual a sumisión.


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Que él y yo siempre hemos sido muy unidos, al menos eso es lo que suelen decirnos cuando nos ven andar por las calles...

Desde que tengo uso de razón, o mejor dicho, a partir de que mi mentalidad de niña cambió tras un giro natural de la vida, aprendí a verle el lado positivo de la unión involuntaria que ambos teníamos. Él siendo como siempre tan correcto y silencioso, yo por mi parte tan diferente a sus gustos. Por mucho tiempo fuimos muy distintos, a decir verdad siempre lo hemos sido, y no es que la convivencia a raíz de nuestro formado equipo nos hubiera hecho más apegados, sino el hecho de que no había persona alguna que soportara por más de cinco minutos a mi genio preferido. Algo así como una maldición implantada hacia mi persona por haber obrado mal en mi vida pasada o por la infinidad de pensamientos que simplemente no iban acorde con mi edad, es por ello que como un castigo tenía que ser a mí a la que se le diera la difícil labor de estar al lado del más engreído de los genios.

Pocas veces se le veía mostrar una sonrisa por más pequeñita e insignificante que para él pareciera, contadas ocasiones se le podía mirar interesado en cosas que pudieran catalogarse como normales, lejos de sus razonamientos coherentes. Pero más allá de todas las posibles razones que hicieran en Neji resaltar su lado humanista, se encontraba mi manía por hacerlo ceder a sus emociones guardadas.

Nunca nadie se atrevía a desafiarlo —al menos que tuviera consciencia de la muerte segura que a su lado le esperaba o que de plano valorara poco su vida en tierra—. Sin embargo, luego de tanta convivencia entre ambos, descubrí que aquella altivez que solía mostrar Neji no eran más que parte de su cerrada manera de ver las cosas, podría presumir de ingenio, de fuerza y resistencia, pero no era más que un humano como todos, y llegar a esa conclusión me tomó más de lo imaginado. Era un hombre duro, de eso no tenía duda alguna, así mismo era testarudo, pero más terca era yo con mi insistencia a ver en él lo que los demás no se atrevían a hacer. Nunca me tragué sus vanaglorias, jamás acepté la idea de que él era un hombre sin escrúpulos, frío y soberbio, jamás de los jamases le creí que no sonreía mucho menos que no podía hablar como la gente normal. Su misterio causaba en mí una inmensa curiosidad, quería indagar en el interior de su engreído pecho y rebuscar entre la tristeza que reflejaba su mirada cuando el atardecer caía y los pajarillos dejaban de volar por la aldea.

Anhelaba ver más allá de lo que habían hecho los demás.

Cansada de hacer esfuerzos en vano para hacerle tragar sus palabras de que jamás estaría a su nivel en batalla, por más que mi orgullo de guerrera fluyera de una manera agónica sobre mi cuerpo, debía de asimilar que era verdad, pero no por ello rompería el vínculo de dignidad que me formaba conforme escuchaba sus acusaciones. Antes que nada acepté la idea de que solamente se trataba de un juego autoimpuesto, solamente era para pasar los ratos aburridos a su lado con un toque de picardía, poner a prueba su ingenio con cosas que desmerecían de razonamiento, simples cuestiones de la vida cotidiana a las cuales Neji parecía tener completa ignorancia. Sin embargo, el juego comenzado se fue poco a poco saliendo de mis manos. Como un cuentagotas, la chispa empleada en mis travesuras fueron surtiendo efecto contrario en mí. Aquel juego me embriagó y me agradó a tal nivel que no vi la hora de detener el transcurso de mi jugarreta. Caí en mi propia trampa. Me olvidé de lo planeado y cedí a entregarme a lo que desde un principio me negué que sucedería.

Él siempre se osaba de su posición de hombre todopoderoso. «No necesito la ayuda de nadie, puedo solo». Solía decir siempre que teníamos misiones lejos de la aldea por varios días, él solía hacer vigilia por las noches durante el tiempo que la misión lo implicara. Su voz sonaba tan soberbia que ya nadie le discutía su decisión. Él era el genio, el "todo lo puedo". Jamás aceptaría que me ofreciera a ayudarle siquiera una noche, apenas y me veía acercármele por las noches y sin prestarme mayor atención solía decirme: mañana partiremos al amanecer. De nada nos sirven las personas sin energía así que mejor vete a dormir, Tenten. Sabía lo que conseguía con sus palabras, sabía a la perfección que mi enojo se incrementaba, sin decirme nada más, comprendía que su mensaje tenía un doble sentido, me llamaba débil, para él siempre había sido eso: una kunoichi mediocre como todas las demás. Su virilidad machista era lo que más me ofuscaba a pensar con mayor claridad sobre una posible contestación a su planteamiento.

Pero de nada me servía ponerme a discutir con él, en primera, apenas y me miraba sino fuera con total neutralidad, y en segunda, sus escasas palabras solamente terminaban haciéndome revolver más en un revoltijo de palabras de las cuales poco comprendía. Siempre con su estoica manera de decir las cosas en donde resaltaba que seguía siendo un genio dejándome con la boca abierta y en mi rostro un enorme signo de interrogación al pensar en qué exactamente era lo que quería decirme con sus complejos enigmas.

Como siempre, al amanecer, una vez pasados los corajes y consultado con mi almohada los sucesos anteriores que hacían casi imposible mi acercamiento hacia él, pasaba por alto sus comentarios, olvidándome por un momento de sus acciones para conmigo, después de todo, nadie más que yo podría soportar sus desplantes de niño genio. Era su amiga, la única al parecer, por lo tanto sabía que dentro de su vocablo ya automático se escondía un sentido que pocas personas podían interpretar, y es que en realidad el ingenuo era él y no yo. Escondiéndose en su perfecta manera de tratar a los demás y su estudiada forma de alejarlos de su presencia con una inmensa duda, pues de nada le servía fingir conmigo cuando sabía que quien hablaba no era más que una pequeña parte del Neji escondido.

Así que, la mejor manera de atacar su cruda manera de tratar, era darle en un punto sensible a su orgullo y del cual parecía estar desarmado para enfrentarse a ello: el sarcasmo. Encontré, a través de observación, como las burlas hacia su persona o lo que le rodeaba lo hacían indefenso, sin nada más que abogar que decirme ofendido: estás loca. De esa manera ponía a prueba su resistencia hacia cosas habituales, de las cuales él parecía no tener ni idea alguna de cómo responder. No se estudia para ser un surrealista ni para actuar con naturalidad sin prisas ni complejidades, así es que Neji en ese sentido estaba completamente perdido ante mí. Disfrutaba de mis victorias para con él al ver como comprimía el gesto en sus ojos y hacía mueca de disgusto. Reía al ver como caía rendido a mis estructuradas jugarretas.

Encantador se miraba aparentando indiferencia a mis burlas. Y fue en ese momento, en el instante en que internamente me repetí la palabra inicial: ¿encantador? Con ello concluí que quien había perdido en la primera parte del juego había sido yo.

Se convirtió en una afición el molestarle, no había mañana o tarde que nos viéramos que no iniciara la rutina de entrenamiento con algún comentario sin sentido que provocara en él la misma reacción. Divertida me sentía mirándolo negar a mis comentarios e intentando cambiar el tema de conversación, ya fuera pidiéndome ponernos a entrenar o simplemente guardando silencio, y con esto último sabía que me debilitaba. Su silencio era la droga para mi simpatía. Se giraba dándome la espalda y cruzándose de brazos cerrando de sus ojos como si estuviera concentrándose en algo, pero realmente aparentaba ignorarme.

Jamás había tenido la absurda necesidad de volver a ser niña. Él provocaba en mí un cosquilleo que me impulsaba a pensar en travesuras y jugarretas de infantes. Mi tarea era la de hacer perder el juicio al genio, como un juego de niños que al final alguno de ellos termina llorando por cosas sin sentido, pero en este caso ninguno de los dos salía corriendo, mucho menos llorando, se podría decir que éramos unos niños en cuerpos de adultos pero sin dejar de lado esa mezcla de madurez con infancia. Pues aunque lo negara por todos los medios, a mis ojos él era como un niño consentido y yo la niña mala que pone en aprietos al chiquillo caprichoso.

El primer aprieto, tanto para él como para mí, fue una ocasión que atendíamos un llamado en la oficina de la Hokage. Él como siempre tan puntual mientras que yo con escasos minutos de diferencia, y antes de decirme otra cosa, a mi saludo respondió con un reproche por mi impuntualidad. Sino hubiera sido por la siempre elocuente llegada de Lee al pasillo donde nos encontrábamos a punto de entrar a la oficina, no hubiera conocido lo que era la sensación del pecado, o mejor dicho, la llamada atracción del sexo. En un impulso y como un acto innato debido al susto que me metieron los gritos de Lee al saludarnos, fue que encontré refugio en el cuerpo de mi compañero, en una posición meramente estúpida e infantil, principalmente por el hecho de que me asusté cuando no debía de haber sucedido. Ambas manos las posé sobre su pecho estampándome en su cuerpo y ocultando la cabeza en su hombro derecho. Sentí como su respiración se aceleró, sus pectorales subían y bajaban rítmicamente tocando mis pechos, él con ambas manos en los costados de su cuerpo, se había quedado desconcertado por mi reacción, del rostro de intriga de Lee apartó la mirada para luego bajarla y centrarla en mi pierna izquierda la cual rozaba con su entrepierna.

Mínimos segundos permanecimos así, quizá nadie, siquiera Lee, se percató con atención de lo sucedido, solamente ambos fuimos testigos del acercamiento sorpresivo entre los dos, lo sentimos y como un acto secundario suspiramos suavemente. Me aparté de él sin mencionar nada en absoluto, haciendo de cuenta que nunca sucedió y regañando como siempre a Lee por su imprudencia. Neji se apartó de nosotros y entró a la oficina sin hablar. Efectivamente, nada entre los dos sucedió, al menos eso era lo que parecía ser entre ambos una vez pasados los días. Nos mirábamos de la misma manera que antes y entrenábamos como siempre. Pero, en nuestros descansos y bajo la sombra de un frondoso árbol, mientras él reposaba por algunos minutos en el árbol frente a mí, yo no podía dejar de mirarle. Desde que lo conocía siempre había tenido la manía de descansar de pie con ambos brazos cruzados y la cabeza humillada, con la espalda recargada en el tronco de madera. Desde mi lugar me reprochaba, mientras que yo le hablaba él me ignoraba, respondiéndome en simples movimientos de cabeza o cuando la respuesta implicaba una mayor participación de su parte prefería simplemente no responderla. Le elevaba la voz para que me hiciera caso, pero él se apartaba de su lugar y sin más ordenaba continuar con el entrenamiento.

Había mejorado en mis técnicas, perfeccionando más la ya perfecta puntería que tenía, eso sería lo que Neji debía de aceptar, pero siendo tan arrogante jamás lo aceptaría abiertamente, pero sus intentos por evadir mis ataques y la forma tan apurada que reflejaban sus actos para no ser herido, me decía que ya no le era un contrincante mediocre. Jamás había hecho uso de su Jüken cuando entrenábamos, pues parecía que no se los tomaba muy enserio, sin embargo, aquella tarde aprovechando mi distracción mientras mandaba llamar más de mis armas, en fracción de segundos su brazo derecho extendió apuntando con la palma cerrada hacia mí. Su mirada clavó en mis ojos nerviosos, apenas pude esquivar su ataque el cual fue a dar justo en el tronco del árbol tras de mí a escasos centímetros de mi cuerpo. Uno cerca del otro, con la mirada impregnada en las pupilas del otro nos mantuvimos por unos minutos, eternidades me pareció ese tiempo teniéndolo frente a mí, su mano continuaba en mi costado derecho arrinconándome accidentalmente en el árbol y con el nerviosismo a flor de piel. Sus ojos inspeccionaban atentamente los míos, poco a poco las facciones duras de su rostro cambiaron haciéndose más tenues, inconscientemente su mirada desvió a recorrer una línea imaginaria en mi rostro, desde mis ojos hasta terminar en mis labios volviendo a ascenderlos dejándome ver que ya su pesado mirar había cambiado por una brillante.

Sujeté fuertemente las dos kunais que tenía en ambas manos acercándolas a mi pecho, de pronto sentía que la reducida distancia me sofocaba, mi corazón bombeaba tan fuerte que podría jurar que su sonido en muestra de nerviosismo llegaba hasta sus oídos. Jamás lo había encontrado tan atractivo, y es que nunca me había puesto a examinarlo con detenimiento, o tal vez el hecho de que nunca pasó por mi cabeza que mi compañero podría ser el candidato perfecto del sexo opuesto que pudiera darle brillo a mis pupilas.

Tras de mí escuchaba como pequeñas porciones del tronco caían hacia el suelo debido a la fuerza que Neji le había aplicado con la palma, pero sus ojos seguían clavados en los míos. Silencio, entre él y yo iba y venía, y dentro de mí una sensación de calidez me invadía por completo. Tenía que reprimir mis emociones, castigar internamente a mis pensamientos para no cometer un error, pues ansiaba pegarme a su cuerpo y arrebatarle un beso. Quería probar sus labios entreabiertos y cercanos, pedirle entre roce y roce que calmara la sed de mi cuerpo que me agotaba el razonamiento. Pero todo lo que hicimos fue apartar la mirada luego de entrar en la idea de que estaba mal. Actuamos nuevamente como si nada sucediera y continuamos con nuestro entrenamiento. Cobardes.

Sola en la frialdad de mi cama pensaba, recreaba uno a uno los recuerdos de la tarde de entrenamiento, como una demente sonreía al techo de la pieza cerrando mis ojos y sonrojándome seguramente. Nos comportábamos como dos desconocidos, tanto tiempo de ser compañeros y amigos y no teníamos el suficiente valor para aclarar lo que nos sucedía y en su lugar solamente nos dábamos la espalda y alegábamos distracción hacia el otro. Pues a aquella tarde se le unieron otras más. Accidentalmente teníamos encuentros muy cercanos, accidentalmente sus ojos no dejaban de observar mis labios, accidentalmente mi mano había tocado su pecho y le había acariciado en un intento por ponerme en pie, accidentalmente mi espalda se pegó con su cuerpo y tras mi oreja sentía su respiración caliente soplándome, accidentalmente lo despeiné haciendo que su coleta se deshiciera y su cabello cayera sobre mi frente, cuando, accidentalmente en un entrenamiento se había posado sobre mi cuerpo mientras que yo estaba tirada en el suelo, accidentalmente su palma derecha había rozado mis senos y sus ojos se tiñeron de deseo al momento en que sus mejillas se sonrojaron.

Todo cuanto hacíamos era a causa de accidentes, al menos esa era la explicación que nos dábamos cuando algo sucedía.

Con el tiempo aprendí a disfrutar de esos accidentes provocándolos. Provocándolo.

Engañaba a mi consciencia y le decía que todo lo que hacía era solamente para comprobar que Neji era una persona normal, sin embargo, mi razón me regresaba toda la verdad, lo hacía porque mis piernas perdían fuerza para sostenerme cuando le veía acercándose, porque todo mi cuerpo temblaba y junto en mi bajo vientre sentía como si fuera mi corazón el que palpitaba, pero no era más que mi sexo que me impulsaba a querer tenerlo cerca. Lo deseaba, si por un lado me sentía una perversa, él era el doble de perverso dejándome con la urgente necesidad de recorrerlo completamente.

Deseché la idea de que todo era parte de un plan para hacerlo caer en un juego de niños, descarté el hecho de que me importaba verlo como alguien con sentido humorístico, y asimilé la verdadera razón: era perversa porque deseaba que fuera él quien le pusiera fin a mi desdicha de tener que recurrir a fantasías nocturnas para tenerlo como mi cuerpo lo demandaba.

No podría decir que mis pensamientos eran enfermizos, no pensaba en coger solamente con mi mejor amigo, él no era un santo, no tenía un monumento por su castidad ni por su pureza de pensamientos.

Primer concepto: Neji era un completo perverso. Se dejaba seducir, no ponía mayor resistencia o siquiera hacía el intento por alejarse cuando nuestros cuerpos eran rozados uno con el otro, por accidente, claro está. Pues el tono de su voz cambiaba radicalmente, aquella gruesa y grave voz parecía distorsionarse sonando como nerviosa y agitada, sus manos perdían firmeza y luego de mucho tiempo transcurrido en lo mismo ya en automático se posaban sobre mi cintura. Y sus ojos, sus ojos eran el vivo reflejo de deseo que me derretía y me ponía más húmeda de lo que ya estaba.

Entre él y yo ya no existían las formalidades, perdimos la moral cuando nos miramos con deseo una de tantas tardes, y ese mismo deseo seguía estancándose en nuestros cuerpos. Y como otras tantas veces tenía que ser yo quien diera el siguiente paso, a pesar de que lo miraba marcharse a su hogar con su miembro abultándosele entre la ropa, no hacía intento alguno por ponerle remedio a su problema. Seguramente las tardes le servían como carnada para sus fantasías en el baño y darle velocidad a su mano derecha, de hecho, comenzaba a distinguirle callosidades en esa mano, a pesar de que él decía que eran por las armas que usaba, a menos que se tratara de una espada más dura que el hierro, quizá le hubiera creído. Me enorgullecía pensar que sus fantasías las compartía conmigo, o mejor dicho, que sus fantasías eran conmigo, Neji se masturbaba vociferando mi nombre sin interrumpir su correspondiente corrida nocturna.

Una misión más se nos presentó en las afueras de la aldea, con desánimo acepté acudir a mi trabajo, pues eran de esos días en los que el clima de la aldea me atraía una nostalgia extraña, sin embargo, a la aldea a la cual viajamos parecía ser todo lo contrario. Su clima excepcional y aire fresco combinado con la brisa de la costa, me regresaba los ánimos perdidos. A media tarde habíamos llegado al centro de la misma teniendo como morada una vieja posada, más temprano de lo planeado ya estábamos por iniciar nuestro trabajo. Tres habitaciones separadas habíamos pagado, en una Lee, en otra Neji y en la tercera me tocaría dormir durante el tiempo de la misión. Los detalles de la misma sobrarían, si algo debía de mencionar sobre esa misión o la aldea donde permanecíamos, era que su clima embriagaba mis sentidos haciéndome olvidarme de todo razonamiento.

Una noche, debido a la calidez que se hacía sentir en el aire, opté, luego de un baño, ponerme ropa cómoda, algo pequeño y delgado, mi cabello lo sujeté en una sola coleta alta y, boca abajo me acosté sobre la cama dejándome envolver por el aire que entraba desde la ventana cerrando mis ojos para intentar descansar. Pasados unos minutos y en completa calma, sentí como mis desnudas piernas eran acariciadas desde los tobillos hasta el inicio de mis glúteos, y al borde del corto pantalón de seda que usaba para dormir, volvían a descender esas caricias siguiendo el mismo camino. La piel se me erizó e inconscientemente apreté los ojos suspirando bajito, retuve gemidos, y en un simple tacto ya sentía mi cuerpo arder de placer. Fantaseé un poco, imaginando que quien hacía rodar su mano era Neji y no el aire que entraba por la ventana y me acariciaba producto de la excitación que tenía por la noche.

Me puse en pie caminando como mis tambaleantes piernas me lo permitieran hasta la ventana de la pieza, salí al pequeño balcón tomando aire fresco y exhalando, al tiempo que lo culpaba por mi estado. En la alcoba contigua se escuchaban ruidos, era la alcoba de Neji. Apliqué mayor concentración para oír al menos lo que sucedía y en medio de un soplido el aire llevó hasta mis oídos suspiros cargados de lujuria. Su gruesa voz sonar con aquella tonalidad de excitación me alarmó. Crucé sin miramientos de mi balcón hacia el suyo, estaba preocupada, claro, muy preocupada. Todo lo que veía estaba completamente borroso debido a que mis ojos parecían haberse nublado. En una fracción de segundos lo miré recostado sobre la cama, su mano empuñando su erección y con la cabeza echada hacia atrás. Escena que iluminó mis ojos haciéndolos aún más brillosos. «Tenten». Dijo de pronto como un susurro que se le había escapado de los labios inconscientemente, su voz sonó ronca y excitante, contagiándome a mí también. Cerré los ojos y desde la ventana aguardé en silencio, las piernas me tambaleaban, como un impulso querían correr hacia él y tomarlo por sorpresa, pues por vez primera se le veía distraído de lo que sucedía a su alrededor, toda su concentración estaba dedicada al buen movimiento de muñeca en su instrumento; justo a donde quería llegar.

Pero a pesar de tener la más perversa idea de llegar hacia él y dejarnos guiar por la morbosidad que regía a nuestro alrededor, inclusive en nuestras venas fluía la incandescente sensación de fornicación; sin embargo, me di media vuelta y con ello sonó poco el rechinido de la vieja madera bajo mi cuerpo. Había hecho un mínimo ruido y Neji lo percató saliendo de su ocupación de bajarse la calentura, nos miramos y yo reí, él sorprendido con los ojos aún medios pequeñitos intentó en vano ocultar bajo las sábanas su miembro erecto como si nunca hubiera estado entre sus manos, mucho menos jalándolo diciendo mi nombre para aumentar su libido.

—Oh, lo siento si te desperté, es sólo que Lee me encargó decirte que recién amaneciera iría a la zona este de la aldea, sospecha que quizá ahí encuentre algo que nos lleve con el caso. ¿Te asusté? —pregunté con total inocencia aparentando apenas haber llegado a su pieza y no haber visto nada de lo que hacía. Él no dejó de mirarme nervioso, era la primera vez que le veía de esa manera, con la respiración agitada y con el deseo de querer comerme con la sola mirada. Negó apenas y regresó en sí. Tomó lugar sentado a un lado de la cama, sin quitarse de las piernas la sábana que ocultaba lo evidente, humilló la cabeza y a su entrepierna con disimulo llevó su mano derecha como diciéndole en toqueteos calmados: tranquilo nene, lamento haberte despertado, mejor vuelve a dormir.

Pero a diferencia de él, mis intenciones eran otras. Neji en ningún momento habló, centró su mirada al frente de la cama mirando la pared, por mi parte y como si la hora fuera adecuada para hacer una visita y conversar, me senté a su lado en la cama al tiempo que lanzaba un suspiro. La oscuridad no me dejaba apreciar con claridad a mi alrededor, de lo único que tenía idea era que Neji a mi lado me miraba de forma despistada mientras recostaba el cuerpo sobre la cama como si fuera la mía propia. El pequeño short que usaba por consecuencia se había subido más de la cuenta, dejando al descubierto mis piernas y la blusa para dormir dejaba ver mi ombligo. Él no perdió detalle de ello a pesar de que no comentó nada al respecto.

Suavemente como un sonido perdido en el viento que resoplaba por la ventana, podía apreciar los quejidos de Neji, se quejaba por mi presencia, más aún por estar excitado y no poder hacer nada para remediarlo. Falta de confianza, pues de la misma manera que él lo deseaba yo también me sentía más que irritada y húmeda, para variar.

—Hace mucha calor por aquí, no puedo dormir, ¿y tú? —comenté poniéndome en pie y echándome aire con la misma blusa de dormir. Neji desvió la mirada hacia el suelo, elevarla al menos un poco le haría verme de cuerpo completo y en paños menores, en otras palabras, le haría perder el poco control que podría decirse que tenía en ese momento.

—Espera, Tenten —dijo de pronto poniéndose en pie al tiempo que me proponía salir por donde había entrado. Le aguardé dándole la espalda, no tenía el valor de voltear a verlo, a pesar de que en el fondo anhelaba hacerlo. Increíblemente tardó en acomodar las palabras para hablar, dudó un momento en hacerlo y una vez decidido tartamudeó—: ¿Dices que Lee irá al norte de la aldea?

—Este.

—Correcto, supongo que nosotros iremos a las afueras a preguntar. —¿Desde cuándo Neji se dejaba guiar por suposiciones, bien o mal jamás le había escuchado hablar con aquella indecisión? Aclaró la garganta sin atreverse a mirarme al rostro, su vista la centraba en ver mis pies descalzos y en mínimos intentos elevaba la cabeza sólo para toparse con mis piernas descubiertas—. ¿Crees que podamos salir a eso de las cinco de la mañana?

—Seis, las cinco es aún muy temprano para mí. Mejor a las seis, claro, si es que me levanto a esa hora —respondí sonriendo para mis adentros. Nunca se había presentado la oportunidad de que él me pidiera una opinión, mucho menos poner en tema de discusión una misión. Lo tenía comiendo de mi mano, no tenía duda alguna, y con aquella conclusión morbosa me di media vuelta al notar como él aceptaba mi proposición. Subí a la barandilla del balcón procurando hacer mucho movimiento corporal para resaltar impúdicamente lo que tenía por mostrarle al hombre que tras de mí me observaba embelesado—. Hace calor, creo que lo mejor es que ambos nos demos un baño con agua muy fría. Descansa. —Mi comentario fue indirectamente dicho en doble sentido. Me sentía atractiva esa noche, por vez primera no dudaba de mis dotes, no dudaba de mis movimientos ni de mis pensamientos. Su mirada fría, esta vez cálida, clavada en mí me hacía sentir como la mujer más hermosa del mundo, alguien seductora y la hembra perfecta para conocer los placeres de la vida.

Me sentía más mujer de lo que ya era.

A la mañana siguiente nos vimos en las afueras del hotel donde nos hospedábamos, su indiferencia pudo con mi ánimo, caminaba por delante de mí como si no existiera, apenas y me tomaba en cuenta cuando le hacía preguntas referentes a la misión. Estaba serio y parecía molesto. Al igual que él yo también lo ignoré. La tarde cayó y con ella la sensación de abruma me sacudía. Vagábamos solos por el bosque, íbamos y regresábamos sin resultado alguno, desde la rama de un árbol él se encargaba de visualizar todo a nuestro alrededor, luego de que le pedí parar a descansar, en ningún momento quiso mantenerse a mi lado, siempre alejado lo más posible de mí. Su apatía me comenzaba a fastidiar, y antes de pararme a preguntarle sobre qué era lo que le sucedía, lo mejor era actuar con naturalidad y volver a juguetear con él.

Sino entendía con palabras, lo haría hacer entrar en razón con hechos.

Le hice bajar del árbol en el instante en el que grité debido a una supuesta mordedura de serpiente, él no dudó un segundo en bajar a auxiliarme y, para hacer la escena más dramática, me tiré sobre el suelo aparentando dolor y llorar como una Magdalena al tiempo que me sostenía la pierna izquierda fingiendo malestar en esa zona. Su rostro cambió radicalmente por uno de preocupación, en cuclillas se colocó a mi lado para revisar mi pierna. Cuando preguntó con voz atemorizada sobre cómo me sentía, no pude ocultarlo más y ya sin poder evitarlo me comencé a carcajear. Neji me miró intrigado yo mientras trataba de sostenerme la panza para no llorar de la pura risa.

—Qué es gracioso, Tenten. —Una pregunta no fue, sino más bien como una amenaza pues su mirada clavada en la mía me intimidaba.

—Te la creíste, eres tan inocente Neji, deberías de haber visto tu cara de espanto, creí que te ibas a desmayar o en el peor de los casos a orinar en los pantalones. —Inmediatamente se puso en pie dándome la espalda no sin antes dedicarme una mirada fúnebre. Igualmente me levanté limpiándome el polvo de la ropa, volviendo a reír juguetonamente—. Siempre caes en mis bromas Neji, de verdad que a veces dudo de que seas un genio. —Sin mayor reserva y una vez que el silencio se hizo presente entre los dos, me lancé a su espalda abrazándolo desde atrás y recargando la cabeza en ella en un gesto meramente infantil y que nunca había realizado, al menos no con él—. Pero sé que te preocupas por mí, aunque poco lo demuestres. Gracias, Neji.

Neji contrajo sus músculos. Yo me reía en plan inocente disfrutando del momento, como una niña pequeña que no sabe del deseo que despierta en los demás, con expresión radiante y feliz me iba a sus brazos, sabiendo que mientras le abrazaba podía sentir mi prominente busto apretándose contra su espalda, cosa que me hacía suspirar de placer, y a él mirarme embobado de arriba abajo una vez que nos soltamos. Por muy amiga y compañera que fuera, no existe hombre alguno que resista semejante ataque. Comencé a caminar sin decir nada más, él tras de mí esta vez pasados unos segundos me siguió. Todo lo anterior resultó tal cual lo planeado, durante todo el tiempo de regreso al hotel se aventuraba a mirarme con más descaro.

Lee se encontraba durmiendo en su pieza, pues cerca de las tres de la mañana marcaba el reloj de mi alcoba, nuevamente no podía dormir, de un lado a otro me movía encontrando una mejor posición. El calor, el maldito calor me abrumaba, no precisamente el que se dejaba sentir en la aldea sino el que mi cuerpo me devolvía tras pensar en lo ocurrido. Me puse en pie antes de hacer otra cosa de la cual pudiera arrepentirme, las fantasías ya tenían cerrada a mi cabeza. Al balcón de la pieza me dirigí extendiendo ambos brazos sobre la barandilla mirando hacia la primera planta del edificio con el cuerpo levemente inclinado haciendo ejercicios de espalda: hacia delante y hacia atrás.

Olvidándome por un momento de todo cuanto me rodeaba, me perdí en la brisa que llegaba suspirando hasta mi cuerpo, sobre mis mejillas sentía aquella estimulante sensación. Cerré los ojos y me sujeté del barandal. A aquella calidez que me bañaba por completo el cuerpo con sus vientos, se le combinó una sensación de más calor, es decir, sobre mi hombro sentía el resoplar agitado de alguien tras de mí. Ladeé la cabeza por inercia dándole de esa manera el espacio suficiente para que aquel que me tomaba de la cintura por detrás no se alejara en lo más mínimo.

Por dentro luchaba contra mis propios juicios, dejaba así de pronto que ese "alguien" me abrazara con aquel derecho que solamente se le otorgaría a un conocido y, efectivamente, el alguien era un conocido para mí, la persona a quien más confianza le tenía y por quien mis fantasías tomaban vida. Neji me abrazaba desde atrás. Inesperadamente y quizá ya carente de una lógica que le indicara lo bueno o lo malo de sus actos, había salido de su pieza y entrado a la zona de la mía, al menos hasta afuera del balcón donde me encontraba temblorosa y ansiosa porque continuase.

—¿Neji, nuevamente no puedes dormir? —pregunté simulando no percatarme de su acercamiento y como si nada sucediera, pero eso sí, sin hacer el mínimo intento de alejarme de su cuerpo. Neji no respondió, su única contestación fue apretándome más hacia él. Suspiré suavemente intentando no dar mayor muestra de excitación, pues a tal grado me tenía solamente ese pequeño roce, que mis piernas tambaleaban y mi zona fémina palpitaba como si tuviera vida propia—. ¿Qué te hizo venir de pronto a visitarme? ¿Quieres conversar acaso? —Mi pregunta fue más como una burla, frases dichas con todo el doble sentido de la palabra, pues tras de mi cuerpo sentía como sus intenciones parecían florecer, y es que intencionalmente su cadera se pegaba a la mía y en aquel morboso contacto su sexo era frotado con mi trasero. Esa sensación terminó por hacerme perder el juicio. Al igual que él lo necesitaba, yo también quería liberarme de esa tremenda presión que aumentaba en mi cuerpo como una lava ardiente.

Jadeó en mi oreja arrimándome más su entrepierna.

—Llevas provocándome mucho tiempo y yo ya no puedo soportar más este calvario, Tenten.

Su brazo izquierdo lo tenía apretándome los senos, y su mano me agarró con firmeza del pecho derecho acariciándome mi sensible y rugoso pezón. Su mano derecha, que, antes había tanteado mis pantalones, estaba colándose dentro de mi pantalón de pijama, llegando a mi humedad y comprobando que ya me tenía mojada. Eso lo puso a mil.

—¿Pero qué me haces Neji...? Para, me aprietas mucho…

Evidentemente era mentira, yo no quería que parase, me estaba tocando de tal modo que me puso más húmeda con sus dedos traviesos. Cada fibra de mi ser temblaba y se sacudía bajo el violento ataque de Neji que parecía estar fuera de sí. Después de tanto tiempo acosándolo, sus deseos habían crecido tanto que no pudo reprimir sus impulsos, y eso para mí era una bendición. Me resistí durante algunos minutos más, hasta que me tuvo mojándome las piernas. Fue entonces cuando le dejé hacerme de todo.

—Uhm, esos deditos están juguetones. —Apenas pude articular palabra. Mis piernas temblaban y tras de mí sus suspiros calientes me enloquecían. Sostenía de su mano indicándole la zona en donde tocar, el cuerpo movía conforme al desplazamiento de sus dedos por sobre la tela de mi ropa. Echaba la cabeza hacia atrás recargándola en su hombro, tras de mi espalda escondía mi mano libre para recorrerle sin mirar su pecho y abdomen. En mis glúteos sentía querer unirse al juego su prominente sexo, erecto, hermoso, apunto de hacerle un agujero a sus pantalones para dormir—. Llévame a mi recámara antes de que cambie de idea.

En cuanto escuchó esa frase, ni corto ni perezoso me cogió y me llevó a mi pieza, echándome en la cama semi-desnuda. Yo le miré entre espantada y deseosa, cruzaba mi mirada con la de él, le examinaba mientras lo veía quedarse tan desnudo como yo. Su erección, hasta entonces sólo sentida, aquel prominente trozo de su cuerpo atrajo mis ojos como un poderoso imán. No podía apartar mi mirada de aquella caliente barra de carne que parecía señalarme como a un dedo acusador, dedo que se fue acercando a mí hasta quedar a la altura de mi cara, cuando Neji se puso de rodillas sobre la cama.

—¡Madre mía, cómo la tienes! —dije al notar el grosor de su excitación, su miembro palpitaba apuntándome directamente—. ¡Quiero vértela de cerca!

—¿Te gusta, Tenten? ¿Ves que dura está? La tengo así por ti… tú eres la culpable… vamos Tenten, tócala, siéntala de una vez… ¿por qué no era esto lo que en verdad querías? ¿No era esto lo que deseabas?

No sabía si Neji había descubierto mi treta o bien hablaba en suposiciones, pero no me importó: le obedecí sin decir una sola palabra, acogiendo su fantástico miembro entre mis cálidas manos, frotándolo con mimo y lentitud. Formando una "O" con mis labios, le di besitos y chupaditas a uno y otro lado, adorándolo con fervor. Me volví una loca al sexo de mi amigo: su sabor, su tacto, su calor, su forma y textura... todo era una absoluta perfección que hacía que mis ojos brillasen con malicia. Y, tomándolo por sorpresa, abrí mi boca y me la jalé hasta el fondo.

—¡Ah Tenten...! Pero que loca eres, como haces… que delicioso.

Yo no respondía, ni falta que hacía. Pasé mis manos para cogerlo con fuerza por sus duros par de glúteos y gracias a eso tuve un buen punto de apoyo para darle a mi compañero una riquísima chupada que le puso los pelos de punta. De cuando en cuando le miraba a la cara y lo veía como si estuviera en trance, gimiendo y jadeando como si estuviese corriendo un gran maratón. Usando la lengua y los labios le di a probar mis aptitudes en el arte de la felación. Su puntita, de rojo rubí, ardía en mi boca mientras pasaba la lengua por ella y chupaba con los labios. Se la aspiraba como un pirulí, enroscando mi lengua por su tronco y yendo adelante y atrás, sacándola casi toda y volviéndola a meter. Neji puso sus manos en mi cabeza cogiéndome la boca con ganas, moviendo un poco las caderas para hacer efecto de empuje. Nunca me había sentido tan excitada, usada y complacida. Esa mezcla me hizo ponerme más ardiente.

—¡Tenten, oh... por Kami! ¡Para que me voy a venir!

Viendo que estaba cerca del orgasmo me paré de golpe, ya que no deseaba que lo gozara tan pronto. Me tumbé mirándolo sensualmente a los ojos, acariciándome los pezones y abriendo mis piernas para que me tocara entre ellas. En cuanto posó su mano en mi intimidad me creí morir de placer, estaba que estallaba. Invité a Neji a devolverme el cumplido, y no tuve que decirlo dos veces: puso su cabeza entre mis piernas, sacó la lengua y la hundió en mis entrañas.

Lo hacía sin prisa, pasando lentamente su lengua arriba y abajo mientras sorbía los jugos que salían imparables de mi interior. Me puse como loca, gemí y jadeé sin control alguno, retorciéndome debido a los esfuerzos que él aplicaba para hacerme gozar. Estaba que lo tiraba, me entraron unas ganas terribles de desgarrarlo a mordiscos. Acto seguido, y trabajando a dúo con su boca, usó sus dedos para acariciarme en mis senos y después acariciarme en mi sexo, tocándome el clítoris con la yema de los dedos y poniéndome tan caliente como un hierro al rojo vivo.

—Así... Neji, oh, lo haces de miedo… me encanta, sigue por favor sigue.

La escena era tan morbosa que casi casi sentí que me venía en sus manos. Neji, mi arrogante y frío compañero me estaba proporcionando el mayor de los placeres inimaginables y yo le animaba a que siguiera, no quería que aquello parase. Los ánimos estaban por las nubes y el deseo nos consumía como una inmensa hoguera. Tanto él como yo teníamos que desfogarnos de nuestras pasiones, las teníamos al límite de su capacidad, casi como una bomba que estuviese a punto de estallarnos en la cara. Por mis gemidos Neji supo que me tenía en el nirvana, estaba más que preparada, de manera que se detuvo para retomar un poco el aliento.

—Te lo voy a dar como deseas.

—Sí, Neji… házmelo de una vez… cógeme viva —decía de manera desesperada revolviéndome el cabello como demente.

Sin esperarse se puso encima de mí, abrió mis piernas del todo y colocó su miembro entre ellas. Yo no perdía detalle. Noté como la puntita roja tocaba mis labios vaginales pidiendo entrar, y con poco que hizo presión fue colándose por mi intimidad palpitante hasta que me la metió del todo. Fue un acto sublime y lento que me hizo ver las estrellas, disfruté cada segundo que sentí esa primera entrada en mi interior. Me abracé lo más fuerte que pude a él y lancé un largo y sonoro gemido de satisfacción, agradeciéndole que me estuviera haciendo aquella maravilla. Permanecimos unos momentos muy quietos, dejando que la sensación de unión nos recorriera, sin dejar de mirarnos a los ojos y de proferirnos alguno que otro beso, con nuestras lenguas disputándose un torneo. Era con mucho el mejor momento de mi vida.

Pasados esos preciosos instantes de unión entre nosotros, sentí como sus caderas se movían con lenta parsimonia, y yo me agarré a él presa de una lujuria que me hacía chillar y gemir. No paraba de decirle piropos y toda clase de halagos mientras me bombeaba, extrayendo de mí todos y cada uno de mis espasmos, jadeos y sensaciones, que me desbordaban como una inundación. Por cada meneo que me daba yo me derretía en sus manos como cera de vela, me ponía loquísima y me dejaba hacer por él, le daba mi permiso para que me hiciera de todo. Me tenía clamando a gritos que me diera más hondo.

—Uff, dame más duro… cógeme fuerte… hasta el fondo, eso es… se siente riquísimo… no pares.

Entre la cogida que me estaba dando y las cosas que me decía, me sentía en el cielo, como si una ninfa hubiera sido llevada al Olimpo para ser amada por un Dios. Y yo era esa ninfa que era venerada por un majestuoso Dios. El cariño y el deseo que sentíamos el uno por el otro era tan intenso que parecía que nos íbamos a fundir. Quería perderme en él, ahogarme. Me sentía anegada de él. Apoyé mi cabeza en el hueco de su hombro y le chupeteé un poco el cuello, aguantando sus embestidas mordiéndome los labios a ratos para intentar sofocar un poco mis gritos de placer que amenazaban con ser escuchados fuera del hotel. Estaba tan excitada y tan salida que no podía contener mi naturaleza salvaje, la misma que Neji parecía querer sacar de mí.

—Tenten… goza conmigo, disfrútalo, siente lo rico de lo bien que te lo hago. Que mojada estás… esto es paz y después gloria.

—Eso es... Neji, dame más… más fuerte.

Su martilleo constante comenzaba a ganar fuerza y ritmo, y mi cuerpo se iba de un lado a otro. Aquella sensación de estar acorralada entre la cama y él era de una sublime euforia. Le rodeé con mis piernas por su cintura y le dije al oído que me lo hiciera con más fuerza, con más energía. Neji se ensañaba conmigo tal y como le pedí, sacudiéndome de arriba abajo con cada estocada. Su sexo obraba maravillas en mi cavidad dilatada, lo sentía partirme como un perforador que buscase petróleo en alta mar.

—Así…

Me penetraba. —Dame —me taladraba—, dame más… —me perforaba—. Fóllame.

Su ariete opresor me hacía gozar a ritmo de máquina hidráulica, presionándome y sometiéndome como nunca antes. Me sentía subyugada por un hombre. Ya no sabía dónde meterme, estaba que explotaba, sentía como algo iba creciendo dentro de mí a tal ritmo que creí que iba a reventar. Por mis gemidos Neji supo interpretar que estaba cercano el momento del orgasmo y se apresuró para fundir nuestros orgasmos en uno solo, dejando de lado todo el cariño que hasta entonces había sido la tónica dominante del evento y abriendo paso a una pasión más salvaje y desatada. Aquello era nuevo para mí, nunca había visto a Neji ponerse como hasta ese momento y nunca olvidaré aquella desencajada e impagable cara de placer mientras me lo hacía con vicio. Aguanté todo lo que pude y él siguió empalándome con su lanza hasta que ninguno de los dos pudo posponerlo por más tiempo y, profiriendo unos verdaderos alaridos de sexo y placer, nuestros orgasmos pudieron fundirse en un orgasmo común y nos venimos como locos, alargando el momento todo lo que fuera posible, gracias a unas últimas metidas de él. No sé si tuve un orgasmo solo o varios pequeños, pero sí que nunca había sentido nada igual en toda mi vida.

Neji se derrumbó a mi lado y lo acogí en mis brazos. Podía sentir su corazón latiendo como loco, exhausto del esfuerzo que habíamos realizado. Nuestras respiraciones eran muy agitadas, incluso sudábamos un poco. En mitad de tan tierno abrazo, con su caliente sexo aún dentro mío, nos miramos a los ojos y nos sonreímos sin romper el mágico silencio de aquel precioso instante. De hecho, no hablamos más por un buen rato, sólo nos mirábamos y nos besábamos con nuestras pasiones bien encendidas aún. Podía oler el rico aroma del sexo a nuestro alrededor, era como algo dulzón y muy agradable, como una sensación que nos quemaba en el alma y nos la marcaba a fuego. Al salirse de mí, cayó boca arriba a mi lado en la cama, sin dejar de admirar mi cuerpo desnudo, el mismo que minutos atrás había disfrutado como un niño devorando un tarro de chocolate.

Fue más que una noche de sexo con mi amigo, fue más que sexo, en realidad fue sexo salvaje. Para qué hacer la espera más agónica si ambos lo deseábamos, para qué esperar más si tanto él como yo así lo queríamos.

—¿Y después de esto, ahora qué sigue? —pregunté recostándome de medio lado y mirándolo fijamente mientras le acariciaba su cabello suelto sobre la almohada. Él me regresó la mirada y rió de medio lado con aquella insistencia arrogante propia de su persona al notar como le sonreía en gesto juguetona—. ¿Qué haremos? —Ante mi pregunta su respuesta fue silenciosa pero sumamente hermosa, me besó dulcemente y con fervor dándome así una pronta contestación.

Me dejó anonadada y con una sensación de satisfacción. —¿Respondí tu duda? —preguntó con gesto superior sintiéndose ser él quien tuviera esta vez el control. Volví a reír en su cara, su respuesta claro que me dejaba satisfecha, no esperaba una declaración de novela, mucho menos frases halagadoras de su parte para que me hiciera la propuesta de dejar de ser amigos y convertirnos en algo más, porque sus palabras estaban dichas en doble sentido, lo deduje por la forma de su respirar y la deliciosa manera en la que tomó de mis labios frotándolos con los suyos. El estilo de Neji era completamente diferente a cualquier protocolo existente, y eso me envolvía, me agradaba más su estilo particular.

—Menudo genio haciendo todo al revés —contesté con sarcasmo—. Estás loco, ¿lo sabías?

—¿Tú me hablas de loquera? Y luego dices que soy yo el inocente. Pero quizá si esté algo...

—¿Algo? Completamente, endemoniadamente loco... pero sumamente atractivo. —Tomé entre mis dientes su labio mordiéndolo morbosamente. La espalda recargó por completo en la cama extendiendo un brazo por debajo de mi nuca en una manera de atraerme a su cuerpo, la otra la colocaba detrás de su cabeza. Miró hacia el techo de la alcoba, guardó silencio y en el instante creí que diría algún comentario para apartarse de mi lado y marcharse negando lo sucedido. Me abracé más a su cuerpo acurrucándome bajo su brazo.

—Tenten. —Me nombró pasados unos segundos en silencio agónico. Elevé la mirada en respuesta al creer que me llamaba—. Creo que ese es el nombre más apropiado para nombrar a mi estado. Tenten es la locura que me invade desde ayer, hoy y mañana.

Su voz hizo eco en mis sentidos, como una máquina grabé cada una de sus palabras, no las volvería a escuchar, muy seguramente, pero con saber que en algún momento de mi vida fui el motivante para hacer hablar a mi compañero, ahora pareja, me llena de una dicha inmensa.

Aún así no mencioné nada al respecto, sabía de antemano que con él no había motivos para darle vueltas al mismo asunto. Había sido directo y sincero. Lo abracé al tiempo que reía como una niña chiquilla. —En realidad te preguntaba sobre qué es lo que haremos, justo ahora —aparenté inocencia e indiferencia al mismo tiempo—. Dices que tienes una locura, ¿no? —Él asintió dudoso—. Saca tu locura entonces y demuéstrame lo mucho que lo deseas... que me deseas. Te doy mi consentimiento, vuélvemelo a hacer, quiero sentirte una vez más, dime que esto no acabará aquí... quiero tener más de ti.

Rió arrogante, comenzaba a acostumbrarme a esas muestras de soberbia que me dirigía, la diferencia era que estas las hacía con un gesto de satisfacción que igualmente me embriagaba a mí. Después de decir esto se me acercó, me tomó de la cabeza y me la puso a la altura de su entrepierna.

—Tienes razón, por qué no me ayudas a bajarme este dolor. —Su sexo aún brillante lo tenía frente a mi rostro, un monumento majestuoso. Lentamente saqué la punta de la lengua, punta con punta, lamí de la superficie de su excitación, el sabor entremezclado de dulzón y salado me fascinó. Con una mano tomé de sus testículos masajeándolos a mi antojo y acercándolo más hacia mi rostro. Devoraba como si hubiera estado en ayunas durante mucho tiempo, de un lado a otro lo recorrí y conforme al rodar de mi húmeda lengua sobre su carne, ésta se endurecía haciéndome la difícil labor de soportar su magnitud dentro de mi boca. La sacaba y respiraba halando aire a mis pulmones, él por su parte agradecía de mi intervención acariciando de mi mejilla derecha y abriéndome con la otra ambas piernas, su mano se inmiscuyó entre mis piernas palmeando primero, suavemente sobre mi sexo, con toda la palma lo hacía mientras que sus labios aclamaban por los míos.

Hacía el mayor de lo intentos para mantenerme firme y no dejarme caer sobre el colchón, pues sus dedos volvían a obrar efecto mágico en mí. Con una mano le masturbaba su miembro, apuntándolo siempre hacia mi rostro, ese objeto era mío y así siempre lo sería. Ya me había hecho adicta a su sabor, textura y grandeza, había sido hecho para mí, no tenía duda alguna. Él, aún arrodillado frente a mí, metía mano entre mis piernas temblorosas, mi lengua humedeció su abdomen y hasta donde pudo llegar de su cuerpo. Quería devorarlo y disfrutarlo como el mejor de los trofeos. Aplicó presión a sus movimientos manuales sobre mi feminidad, sin poder evitarlo recosté la espalda sobre la cama, eso sí, sin dejar de manosearle el sexo.

—Vuelves a estar húmeda. —Sus dedos sacaba de mi interior y veía sobre ellos el fluir de mis líquidos. Sus ojos brillaron y con mayor fervor regresó a su labor de inspeccionarme.

Mordía mis labios, una y otra vez, me ardían de la presión que hacía para retener mis gritos y mi locura, mis ojos cerraba y volvía a abrirlos para tener frente a mí a su amigo. Luminoso, rojizo y con unas venas marcando su desarrollada virilidad. —Tu verga sigue igual de firme. Vuélvela a donde pertenece, regrésala a su lugar de origen de donde nunca debe de salir. Penétrame una y otra vez, hazlo, que no soporto esta insistencia por tenerte —aparté su mano con algo de dolor de mi sexo, me dolía, pero era un dolor tan agradable y con la llegada de un nuevo huésped mi dolor aumentó.

Neji acató mis indicaciones, su calidez impregnó todos los rincones de mi interior llenándome por completo en un mar de perversiones, su orgasmo y el mío se fundieron en uno solo.

—¿Por qué te gusto? —dijo de momento una vez que su respiración se había repuesto. Volvió a abrazarme y tras de mi espalda me hablaba, desde mi posición miraba hacia la ventana de la alcoba disfrutando de su acercamiento y del momento que se nos había presentado.

—Porque al igual que tú, yo también estoy loca por ti.

—Pero tiene que haber alguna explicación.

—Uhm, hay... una locura que llevo dentro.

—¿Una locura sexual? —dijo con cierto cinismo. Reí negando con la cabeza en ironía.

—Supongo, quizás sí —mordí mi labio inferior.

Aguardó unos segundos en silencio, aclaró la garganta y apretó de mi mano derecha. —¿Y por qué no la puedes vivir con otros hombres?

Giré a verlo, esta vez fui yo quien le abrazó jugueteando con sus cabellos sueltos dirigiéndolos hacia su nariz para hacerle cosquillas. —Tenía miedo. Tú eres la única persona en quien puedo confiar. Además ya te lo dije, si hago lo que hago es porque me traes loca, Neji. —Sabía que su pregunta había sido planteada con la intención de que le respondiera lo que quería escuchar, recordarle una vez más que sólo sería de él y para él, de nadie más.

—¿Y, ahora estás más tranquila? —preguntó retirando un mechón de mi cabello colocándolo tras mi oreja. Asentí cerrando los ojos presa del cansancio—. Descansa, Tenten.

Su frente recargó sobre mi cabeza haciendo gesto de dormir, pasados unos minutos en completo silencio así lo hizo.

Todo lo anterior no fue sino para comprobar mi segunda hipótesis: para Neji siempre fui una mujer débil, y ello lo confirmé durante nuestra primera noche. Sin embargo, había que comprender que cuando un hombre tacha de sexo débil a la mujer, su verdadero sentido es que se refiere que para él, ella es su debilidad.

Al menos yo lo fui para Neji, al grado que en lugar de entregarme a él como inicialmente propuse, fue él quien se me entregó a mí.

¿Sexo débil? A quién quieren engañar.

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Tarde pero seguro. No, no se apuren fieles seguidoras de los momentos, podremos demorar por razones ajenas a nuestras manos pero no abandonaremos el proyecto, denlo por hecho =D

Otra cosa que hay que aclarar, si nos demoramos, o si es largo o corto el momento, todo cuanto se publica aquí dentro es nuestro, de las migas, pudieran haber historias con similares nombres en toda la página, pero que conste que quienes se quiebran la cabeza haciendo estas historias para ustedes somos nosotras. No hay copias ni parecidos, ustedes ya nos conocen, tenemos historias que nos respaldan. Así que del mismo modo se les pide respeto para con nuestro trabajo, de aquí no tienen que salir momentos por nada del mundo. Quien copie o dude de nuestra labor será castigado por Jashin-sama. u.u

En otras cosas fieles seguidoras, esperamos como siempre que este momento les haya gustado, algo típico de una pareja tan sucia como esos dos.

No olviden nuestro lema por nada del mundo: Neji es un sucio y Tenten su protocolo de mujer perfecta

Dejen sus lindos comentarios los cuales son motivantes para nosotras^-^ que sino Jashin-sama las castigará ¬_¬

Hasta luego ^^