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Momento veintidós: La mujer maravilla
Especial día de las madres
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Quince minutos para las doce del medio día, quince minutos más que debía esperar para que la campana sonara finalizando su turno en el jardín de niños. La pequeña criatura de opalinos ojos miraba desde su asiento, tambaleando constantemente sus piernitas de un lado a otro, desesperado hacia el reloj de la pared frente a él en su salón de clases tapizado de colores y letras por todo alrededor.
Exasperado veía andar a su maestra de aquí para allá ayudándole a sus demás compañeritos a terminar sus trabajos especiales para la fecha próxima que se celebraría en la ciudad, y él a pesar de sus cortos cinco años de edad, había terminado desde hacía tiempo su trabajo, como siempre sin ayuda de su maestra. Pensaba en su inocencia que al acabar antes que el resto le haría correr el tiempo a su favor para pronto salir de su salón e ir en busca de su padre que en la salida le esperaba. Sin embargo, el mugroso reloj en forma de gato, con ojos saltones y movibles, avanzaba muy lento a su parecer.
Su profesora continuaba dándoles indicaciones al resto pero él, Yutaro Hyuuga, siquiera prestaba atención a lo que la mujer de anteojos decía. Toda la semana su profesora se la pasó repitiendo lo mismo de siempre por los despistados compañeritos de su salón, pero él en cambio, desde el primer momento había acatado sus palabras sin repetírselas dos veces.
Una vez más volvió a centrar su atención en el reloj de la pared, ya sólo restaban diez minutos más.
—Yutaro —lo llamó su compañera Emi Nara, una chiquilla de rubias coletas y voz chillona, inquieta a más no poder pero lista a fin de cuentas. El susodicho siquiera la miró, su atención la tenía el gatito de ojos enormes—. Hey, me prestas tu color azul, el mío se rompió —pidió la chiquilla. Al no recibir respuesta por parte de él, ella sola tomó de la cajita de colores del niño, el color que necesitaba.
Regresó a su asiento, justo al lado del pequeño Hyuuga comenzando a colorear su dibujo. El otro continuaba mirando el reloj como idiotizado.
—Oye... Yutaro... ¿no te da miedo saber que mañana en el festival del día de las madres serás tú el único que hablará? ¿Y si se te olvida parte de lo que tienes que decir? —preguntaba como si nada la pequeña Nara sin dejar de colorear, atrayendo de ese modo un poco de la atención de su compañero. Extrañado la miró pensando que quizás ella lo decía para molestarlo, pero la chiquilla lo decía enserio, y eso lo hizo dudar—. Lo bueno es que traerás disfraz. No sabrán quien eres si te equivocas... ¿no crees? Bueno, gracias por el color. Vuelve a sacarle punta, creo que se la quebré sin querer.
Dijo por último la rubia dejando al Hyuuga boquiabierto y con el color en su mano derecha viendo como su compañera iba a donde estaba su maestra para mostrarle lo que había hecho. Lo que nunca se había presentado en el primogénito Hyuuga, de pronto resurgió desde su interior, tenía cierto temor a lo que haría al día siguiente en el festival del día de las madres, temía por lo que su compañera le había dicho.
Ambas cejas juntó en molestia, muy seguramente Emi le decía todo eso por envidia, eso era; se dijo a sí mismo para convencerse de que sus palabras no le afectaban.
La campana sonó al fin dando por finalizadas las clases del día, desde la puerta del jardín de niños, su maestra despedía a todos su compañeritos entregándolos a sus respectivos padres, desde la puerta del salón Yutaro miraba a su maestra como queriendo decirle algo con respecto al día siguiente. Suspiró y caminó hasta la salida cargando en su espalda su pequeña mochila.
—Yutaro, recuérdale a tu papi que te tiene que traer media hora antes de que el festival comience, no olvides que eres parte importante del día de mañana —habló su profesora apenas lo vio parado a un lado de ella. En el instante quiso decirle a su maestra que no quería hacerlo, pero al ver que su padre llegaba hasta la puerta del jardín de niños, sus esperanzas de abandonar el festival volaron—. Señor Hyuuga, buenos días, le decía a Yutaro que el día de mañana tiene que estar en el auditorio del jardín media hora antes del evento, usted sabe, para tratar de tener todo listo. —La mujer de anteojos se dirigió a Neji, el cual asintió a las palabras de la profesora de su hijo.
Yutaro solamente humilló la cabeza derrotado.
Tanto padre como hijo caminaron por las calles en silencio, Neji notó en primer momento la preocupación de su hijo, por la mañana cuando lo había ido a dejar al jardín de niños, se le notaba más que entusiasmado porque ambos salieran a comprar el regalo de su mami justo como Neji le había prometido que harían en la salida de sus clases; pero por alguna razón desconocida, su hijo se veía entristecido.
—¿Ya pensaste en qué es lo que quieres regalarle a tu mamá? —preguntó Neji interrumpiendo el silencio incómodo que provocaba su hijo. El pequeño solamente negó sin voltear a verlo, suspiró y más aún se entristeció. Aún no tenía el regalo perfecto para su mamá.
Al entrar al primer centro comercial de la ciudad, antes incluso de dedicarse a buscar entre las tiendas el obsequio perfecto para Tenten, Neji invitó a comer a su hijo en alguno de los restaurantes del lugar. Él mismo decidió a dónde ir, Yutaro no hablaba siquiera para decirle en dónde se le antojaba comer. Como otras tantas tardes que en familia salían a comer, Neji lo llevó a las pizzas, ese era el lugar favorito de su hijo pues aparte de que era la comida favorita del pequeño, también le gustaba el sitio por los juegos que tenía, la alberca de pelotitas de colores le fascinaba; pero extrañamente esa ocasión siquiera prestó atención en el área de juegos.
Desganado veía el plato frente a él, daba una pequeña mordida y suspiraba.
—¿Qué pasa? —indagó Neji luego de unos minutos en silencio—. ¿Ya no te gusta venir a comer aquí? Este es tu sitio preferido cada vez que salimos, ¿no?
—Sí, pero ahora no viene mamá.
—Bueno, eso es porque no podíamos invitarla a que viniera con nosotros si le íbamos a comprar un regalo como sorpresa... si ella hubiera venido ya no sería una sorpresa, ¿no crees? —El pequeño asintió y desde su lugar miró hacia el exterior del centro comercial revisando las opciones que tenían para comprarle algo especial a su mamá por el día—. ¿Hay algo que te interese?
—¿Y si le regalamos una nueva lavadora? La que tiene está algo vieja y hace mucho ruido cuando lava —propuso mirando una tienda de muebles para el hogar. Neji casi se ahogaba con el refresco, ¿qué tipo de regalo era ese para un día especial? Sólo a su hijo se le ocurrían semejantes cosas.
—No creo que una lavadora sea un buen regalo. Es decir, quizás sí sea necesario pero no es lo correcto regalar en un día especial. Apenas tiene que ser algo que ella use...
—¿Una escoba? Mamá suele usarla mucho en la casa. O una plancha nueva, la vez pasada la escuché quejándose porque la que tenía calentaba de más, esa vez quemó tu camisa blanca del trabajo —dijo con cierta inocencia y algo emocionado creyendo haber encontrado el obsequio perfecto. Neji en cambio no hallaba la manera de explicarle a su hijo que esas ideas que planteaba no serían bien vistas por su madre, apenas llegaran ambos con una escoba envuelta perfectamente y con un moño rojo en la punta, muy seguramente Tenten se la quebraría a él en la cabeza.
Le pidió entonces a su pequeño acompañarlo y que ambos decidieran entre artículos seleccionados el mejor para llevarle a Tenten. Juntos salieron del restaurante, al ver a su hijo un poco más animado, Neji se sintió tranquilo. Por sí solo sujetaba la mano de su padre llevándolo a algunos establecimientos que el niño veía como ideales para encontrar quizás algo bueno para regalar, Neji solamente le seguía y le daba su opinión. Visitaron dos ocasiones seguidas la misma joyería, pues según el niño decía que a su madre le gustaba ese tipo de adornos brillosos, pues todos los días la veía usar el anillo de bodas de ambos. Neji al escuchar el planteamiento de su hijo, no tuvo palabras para negarse. Comprarle algún dije o un anillo a Tenten sonaba más razonable.
Veía como su hijo pegaba el rostro y ambas manos en el vidrio del estante mirando ilusionado las muestras frente a él. Terminaron comprando una fina cadenita de oro con un dije en forma de un niño, en representación de Yutaro como su único hijo. Aquel detalle era algo que Tenten muy seguramente apreciaría, se dijo para sí mismo Neji seguro de la decisión tanto de su hijo como de él. En una cajita lo envolvió una empleada del lugar entregándoselo a Neji. Una vez terminada su compra ambos decidieron irse a su hogar.
Apenas entró a su casa, Yutaro rápidamente corrió hasta su habitación para guardar en un lugar súper secreto —como él llamaba a la caja de zapatos guardada en su clóset—, el regalo de su mamá comprado por él mismo. Tenten por el momento no se encontraba en la casa, según una nota que había dejado sobre la mesa, había ido a recoger el vestuario que Yutaro ocuparía para el festival del día siguiente.
Poco a poco el sol se ocultaba y Tenten aún no llegaba, Yutaro desde que había llegado se la pasó encerrado en su habitación. Neji le había llamado desde el pasillo de su alcoba pero éste le respondió que no podía entrar pues según el menor se encontraba ocupado. Anteponiéndose a la tardanza de su mujer, Neji se metió en la cocina —como muy contadas veces lo hacía—, para preparar algo que fuera al menos comestible para la cena, procurando no quemar la cocina en su intento.
Minutos más tarde Tenten llegó a su casa. Neji apenas alistaba la mesa para la cena. Al entrar a su hogar, la castaña olfateó con armonía y una enorme sonrisa, dedicándole una mirada de sorpresa a Neji quien ocupaba su lugar de ama de casa. En su brazo derecho cargaba el disfraz de su hijo envuelto en papel librándolo del polvo.
—Vaya, ¿y a qué se debe esa sorpresa, Señora? —preguntó en son de burla Tenten rodeando con una mano el cuello de su esposo. Neji alzó una ceja en molestia, ella en cambio procuró mantenerlo callado besándolo—. Espero y esta vez sí le quede bien el disfraz a Yutaro, no sé cuántas reparaciones ya se le han hecho —manifestó Tenten colocando encima de una silla el disfraz de pajarito que era de su hijo. Desde la cocina lo llamó al tiempo que hacía movimientos en su brazo derecho como si le causara molestia.
El menor rápidamente bajó y al ver ya a su madre en el comedor acompañada de su padre, no dudó en sorprenderse y de inmediato ocultó sus manos tras su espalda. Tenten lo saludó como todos los días que regresaba del jardín de niños, dándole un beso en la mejilla y tocando con delicadeza la punta de su pequeña nariz. Le preguntó enseguida cómo le había ido en el colegio y la razón de su tardanza. El niño tartamudeó, no supo ni qué decir pues si hablaba muy seguramente en sus palabras se le saldría decir sobre la ida de su padre y él al centro comercial en busca de un regalo para ella. Sin embargo, para fortuna del menor, una vez más su padre lo salvó inventándose una excusa saliendo victoriosos como siempre.
Al ver el colorido disfraz que su madre le mostraba, el pequeño volvió a su afán de indecisión. Volteó a ver a su padre como queriendo darse el valor para participar en el festival aún en contra de su propio gusto, pero éste al igual que su madre le pedían que se probara el disfraz.
Olvidó por un instante lo que en su habitación había estado haciendo durante toda la tarde, y en el momento en que tomó sin cuidado el disfraz que su madre le entregaba, parte del mismo quedó marcado con manchitas de pintura. En el plumaje azul del disfraz se pintaron algunas marcas de amarillo y rojo por lo manchado que traía sus manos.
—Ay, no... Yutaro —expresó Tenten con cierta tristeza al ver el disfraz listo de su hijo ahora manchado. De las manos de él lo tomó extendiéndolo para examinarlo negando con la cabeza, pues las manos de su hijo estaban todas manchadas de pintura.
Al ver el rostro de su madre y notar la decepción en su expresión, el niño sintió pena y coraje por sí mismo, sus ojitos se llenaron de lágrimas y sin saber qué decir, sólo se fue corriendo a su alcoba. Le había arruinado el día a su mamá muy seguramente, pues ella tenía la ilusión de verlo en el festival. Se suponía que debía de ser un día especial para ella, y por torpe lo había arruinado todo; se repetía llorando entristecido en su habitación y mirando con culpa el dibujo sin terminar sobre la pequeña mesita de su alcoba.
La noche cayó y el menor de los Hyuuga siquiera bajó a cenar, a su alcoba había ido a buscarlo tanto Tenten como Neji, pero por vergüenza no quiso hablar con ninguno de los dos, siquiera con su madre. El reloj de su cuarto marcaban las dos con quince minutos de la madrugada y él aún no podía dormir. Escuchó ruidos dentro de su casa y eso lo alarmó. Como medida de precaución tomó una de las espadas de juguete de su habitación para salir a investigar. La puerta de la habitación de sus padres estaba abierta y dentro sólo Neji dormía. Pensó que su madre estaba en el baño, pero el sonido del primer piso de la casa volvió a asustarlo. Bajó lentamente las escaleras y notó la luz proveniente del cuarto de lavado. Creyó que se trataba de un ladrón y por ello activó la verde lucecita de su espada.
Sorprendido se quedó al encontrar a su mami sentada en una silla y con el disfraz que él había manchado entre sus piernas, parecía que ésta estaba cosiendo un extremo del traje de pájaro pero en su intento el sueño la vencía, pues cinco segundos parecía estar despierta y otros cinco cabecear quedándose dormida sentada, aún así y pese al cansancio que se le notaba, hacía todos los esfuerzos posibles para no quedarse completamente dormida y terminar de coser el traje de su niño.
Por sí solos, los opalinos ojos de Yutaro se nublaron, sin remedio comenzó a llorar. Aún a su corta edad comprendió el esfuerzo de su madre para que él estuviera bien. No quiso molestarla así que mejor se regresó en silencio a su alcoba. Encendió la lámpara y volvió a tratar de terminar lo que había dejado a medias: su dibujo sobre la mesa.
A la mañana siguiente fue el primero en despertarse, por sí solo se metió a bañar alistándose para que su padre lo llevara a su festival. A su padre fue a despertar procurando no hacerle ruido a su mamá. Del guardaropa sacó su disfraz ya listo y, antes de salir de la casa, tomó el regalo que le había comprado a su mamá al igual que el dibujo que durante toda la noche le estaba haciendo, sobre el buró de cama del lado de su madre colocó ambos obsequios. Neji miraba desde la puerta de la habitación esperando a su pequeño.
—Feliz día, mami —dijo el pequeño con voz suave dándole un dulce beso en la mejilla a su madre.
Haciéndose la dormida, Tenten sonrió ante el gesto inocente y sincero de su hijo, sin poder evitarlo lo abrazó atrayéndolo a su cuerpo. —Gracias mi amor. ¡Oh pero que sorpresa tan bella es esta! ¿Qué me ha preparado mi niño? —Yutaro volteó a ver a su padre, el cual en un movimiento de cabeza le indicó que le diera su regalo en ese momento. El pequeño extendió la cajita a su madre la cual la abrió teniendo en todo momento un gesto de sorpresa y felicidad—. Oh, mi niño, pero que hermoso está. —Fueron sus palabras luego que sacó del interior de la cajita la pequeña cadena con el dije. Yutaro sonrió gustoso al notar que su regalo le había agradado a su madre y, seguro de su trabajo, le extendió un sobre en blanco el cual contenía una cartita y su dibujo dentro.
En silencio Tenten leyó lo que su hijo le había escrito con una caligrafía casi perfecta, sus ojos se cristalizaron y al rodar de ellos por sobre el blanco papel, lentamente llevaba la palma de su mano a los labios. La sensación provocada por las líneas de su hijo simplemente le robaba el aliento y cualquier contestación que ésta pudiera brindarle. Neji solamente observaba teniendo cierta curiosidad sobre el contenido de aquella cartita. Pues, ¿qué tanto pudo haberle escrito su pequeño a su mujer?
—Esto también es para ti mami. Era lo que estaba haciendo ayer... por eso mis manos estaban manchadas de pintura. Lo siento mucho mamá —se disculpó sinceramente por haberle dado trabajo de más a su madre. Ella le sonrió y aún recostada en la cama miró el dibujo de su hijo.
Una enorme sonrisa se formó en su rostro al ver el trabajo del niño, pues con sus pequeñas manitas había formado con pintura la imagen de una mamá pájaro alimentando a sus dos pequeños pajaritos, uno más grande que el otro.
A Neji le mostró el dibujo, éste solamente alzó una ceja y procurando no ser grosero solamente preguntó—: ¿Y se supone que el pájaro más grande soy yo?
Tanto Tenten como el menor rieron de la ignorancia del Hyuuga, la actitud cómplice de ambos no le gustó para nada al mayor y eso lo demostró con un sonido de molestia.
—Ven acá zopenco —lo llamó Tenten pidiéndole que le ayudara a ponerse en su lugar el obsequio de su hijo. Frente a su rostro Tenten volvió a extender la carta que su hijo le había escrito dejándola a la vista del Hyuuga, sabía de sobra que a pesar de no querer demostrarlo, tenía cierta intriga por lo que en ella se decía. Y sin perder tiempo, mientras abrochaba la cadenita de Tenten, sus ojos no perdían detalle de lo que ella le mostraba.
«Gracias mami por quererme como lo haces, por cuidarme, por ser la mamá perfecta. Eres la mujer maravilla de mi papá y la mía. Sino fuera por ti, según le entendí a mi maestra, yo no estaría aquí. No me imagino cómo pudiste cargarme en tu vientre por tanto tiempo, no sé sobre el dolor que te provoqué. Pero hoy he aprendido que a pesar de todo tú me amas, aún cansada peleas por mí, sigues cuidándome... gracias por darme un espacio en ti. Tú eres la mujer a la cual respeto como ninguna, la guerrera invencible que luchó por mí y a la cual yo le dedicaré mis futuras victorias».
Un nudo se formó en la garganta de Neji al terminar de leer apenas esas líneas, sin duda su hijo lo había superado con mucho. Tenten en cambio continuaba con sus ojos brillosos. Para distraerse a no llorar de alegría frente a su hijo y que éste malinterpretara todo, jugaba con el dije en forma de niño que colgaba en su pecho. Con el índice le pidió a Neji leer el último apartado.
«Mami, y no olvides darte prisa con mi hermanito, ya quiero conocerlo».
Neji se apartó de inmediato poniéndose en pie. Miró con ojos sorprendidos a Tenten mientras que ésta reía procurando no llorar producto de la emoción del momento. —Sí bueno, creo que en unos ocho meses más tendrás que comprarme otro dije como este. Ya no será uno solamente.
El Hyuuga observaba tanto a su mujer como a su hijo consecutivamente pensando que bromeaban.
—¿Papá no sabía sobre pajarito?
—¿Pajarito? —preguntó Neji.
—Así le puso Yutaro porque le expliqué que hasta estos momentos su hermanito está del tamaño como de un pajarito —explicó Tenten confirmando la sospecha de su hombre. El menor rió arrodillándose frente a su madre para hablarle a su hermanito, como él juraba hacer.
—Por qué, o bueno, cómo... no, es decir, ¿por qué no me lo habías dicho Tenten?
—¡Oye, es el día de las madres! ¡Déjame disfrutarlo, no me regañes! —fingió molestia cruzándose de brazos. Neji suspiró, no podía enojarse por más que quisiera, seguía aún en un estado de shock. Su expresión se relajó y sin poder evitarlo a ella se acercó. Sobre su hombro posó una mano, suavemente le acarició sin dejar de mirar su fresco rostro que reflejaba una inmensa dicha única que sólo una madre podría manifestar.
Disfrutó el momento junto a su esposa y su hijo, y claro que también con pajarito, no supo qué decir, se suponía que la sorpresa era para su mujer y el sorprendido había terminado siendo él. Pero vaya hermosa sorpresa que le tenía preparada ella, eso con nada lo pagaba.
—¿Mami, te parece si en la noche terminamos de ver la película que dejamos pendiente?
—Creo yo que no podrá, esta noche tu mamá será raptada —interrumpió Neji mirando a Tenten dándole así a conocer sus intenciones. Ella aceptó silenciosamente inventándose una excusa para el menor.
—Bueno será en otra ocasión. Ya me voy mamá. Llegas temprano al festival, quiero que estés en primera fila —se despidió dándole un beso en la mejilla a su madre, completamente feliz y convencido de que lo que haría lo realizaría más que bien. Sin temor alguno pues su madre lo iría a ver—. Por cierto, mami, gracias por quedarte ayer hasta muy noche para intentar quitarle las manchitas al disfraz. Te quiero.
—¿Cómo le hiciste por cierto? —cuestionó Neji mirando el intacto disfraz como si nada le hubiera pasado.
—Lo tuve que lavar... a mano y sola —respondió como si estuviera molesta con Neji.
—Ya vez papi, te dije que lo mejor era regalarle la lavadora —dijo inocente el menor en voz baja.
—Anda pues mi amor, vete con tu papá que se te hace tarde, yo en un rato más los alcanzo.
El menor salió corriendo a dejar todas sus cosas en el coche de su padre dejando a ambos dentro de la habitación. —Tú y yo tenemos que hablar —mencionó Neji una vez solos. Tenten posó un dedo sobre los labios de su marido atrayéndolo a ella para besarlo robándole de esa manera las intenciones para que continuara hablando—. No te salvas, me debes una por no haberme dicho desde un inicio sobre tu embarazo... pero en la noche me darás cuentas, al menos que quieras pagar un castigo.
—Me gustan los retos. Acepto lo segundo. —El Hyuuga rió soberbio, masajeó el cabello de su mujer y ésta aprovechó para acercarse a besarlo una vez más—. Recuerda que hoy es mí día, así que tienes que consentirme.
—¡Hey, ya los vi! —gritó Yutaro entrando de pronto a la alcoba. Neji se apartó rápidamente de Tenten, no le gustaba que su hijo presenciara esas escenas entre los dos—. Ah, ya, tú también le estabas dando un regalito a mamá.
Neji no respondió, solamente se dirigió a la puerta diciéndole a Tenten que apenas dejara al niño en su festival regresaría por ella.
—Bien, procuraré estar lista. Por cierto, te aviso que ahora vendrá mi madre a cenar a la casa...
El Hyuuga se paró en seco, todos los colores subieron a su rostro, sus planes los veía venirse abajo. Su suegra iría a su casa y esa idea no le agradaba en nada.
Forzado sonrió intentando que su incomodidad no se le notara. El delirio de todo hombre, al menos de Neji, llegaría pronto a su casa. Convivir con su suegra era todo un martirio para su persona.
Tenten volvió a reír cerrándole el ojo a su hijo, una vez más ambos volvían a dejar sin palabras al soberbio genio.
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Por algunos lugares del planeta el 10 de mayo es el día de las madres así que he aquí un momento haciendo alusión al día. Pues todos provenimos de una mujer maravilla ^-^ Esperemos y haya agradado un poquitín el momento =D
No olviden nunca de los nuncas decirles: out a las innombrables ¬_¬ un verdadero NejiTenten-maniático no acepta jamás esas... "cosas". Luego Jashin-sama lo castiga.
En fin, verdaderos NejiTenten-maniáticos, coméntenle al momento. Fomentemos la cultura de comentar u.u así que has tu buena acción del día y comenta, comenta, comenta. Tu nombre será escrito en el libro sucio... y creelo no querrás salir de ahí una vez que entras *o*
