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Momento veintitrés: Sucesos inesperados

Especial día del padre


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El sonido de los cubiertos al chocar contra la loza de los platos, las risas divertidas y la conversación fluída, reinaban en la atmosfera de la sala; Tenten conversaba animadamente con su padre respecto a lo que había sido su día mientras ambos cenaban.

—Tenten —llamó de pronto el mayor dejando el tenedor y el cuchillo sobre el plato centrando su atención en su hija—, hay algo que me gustaría hablar contigo.

—¿Qué ocurre? —preguntó ella confundida, llevando un trozo de carne a la boca—. ¿Pasa algo malo?

—En estos últimos meses hemos estado trabajando en un proyecto junto a Yuudai —comenzó a relatar—, resulta que este proyecto funcionó mejor de lo que imaginábamos.

—Eso es alentador, papá —sonrió radiantemente Tenten, feliz de ver que las cosas le resultaban a su padre—. Todo te está funcionando como querías.

—Hay algo más… —agregó el mayor cortando abruptamente la sonrisa de su hija por la seriedad de sus palabras—. Tenemos el incentivo para empezar con una empresa.

—Sigo sin entender qué hay de malo en eso —interrumpió la chica moviendo el tenedor que sostenía en la mano derecha de un lado a otro—, deberías estar saltando de alegría.

—Es en Bangkok —cortó abruptamente su padre—, la empresa la empezaríamos allá.

El sonido del tenedor cayendo sobre el plato retumbó por toda la sala. No era una reacción esperada, pero no lo pudo evitar. La noticia la tomó por sorpresa, era algo que jamás imaginó, además el poco tacto de su padre al llegar y soltarle la noticia así como si nada. Realmente la desconcertaba. Bajó la mirada incapaz de seguir sosteniéndosela a su padre. ¿Qué haría ella?

Una oleada de sentimientos enfrentados la embargaron. Por un lado estaba su padre. Ella amaba a su padre. Era una de las personas más importantes en su vida. Desde que su madre murió, él se había encargado de cumplir con ambos roles; si ella era alguien en ese momento era gracias a la constante enseñanza que él le brindaba, entonces era su deber como única hija acompañar y apoyar a su padre en todo lo que se le venía. Era un proyecto ambicioso, eso ella lo sabía, él le relataba a diario los avances que conseguía y Tenten podía distinguir el brillo radiante en los ojos de su padre cada vez que hablaba de ese sueño que estaba de a poco logrando cumplir. Ella no podía simplemente negarse y arruinarle su sueño por un capricho.

Aunque ese capricho tenía nombre y apellido: Neji Hyuuga, y no era un antojo de niña mimada que obtiene todo lo que quiere, no, ese caprichito le costó bastantes lágrimas y tristezas, porque ese chico era sólo su amigo y ella estaba profundamente enamorada de él, pero afortunadamente esa amistad había dado un giro inesperado transformándose en algo más profundo. Ahora, ella se podía regocijar ante todos diciendo que el chico más guapo del colegio era su novio. Neji no era su único inconveniente, él era una parte importante de su vida en Japón, pero no toda; también estaba Temari, quien era su mejor amiga, Naruto, Sasuke, Kiba, Lee, incluso Ino, que aunque era amiga de la perra más odiosa de la preparatoria, le caía bien. En sí se trataba de su vida, la que con mucho esfuerzo había logrado construir en esa cuidad.

Seguir a su padre hasta Bangkok significaba renunciar a todo lo que tenía, incluyendo dejar al hombre que amaba y con el cual ya había compartido dos años de relación.

—Piénsalo, Tenten —la voz de su padre la sobresaltó. Se había sumergido en sus pensamientos al punto de ni siquiera escuchar lo que él le decía—. Sé que te estoy pidiendo mucho, pero es por el bien de los dos. Ella asintió sonriendo lo más que pudo. Sabía que cuando él decía "por el bien de los dos", se refería a que en ese momento las puertas estaban abiertas para que él lograra conseguir lo que siempre había deseado.

Continuaron hablando de otros temas sin importancia mientras terminaban de cenar, dejaron todo ordenado y ella subió a su habitación con la excusa de tarea pendiente.

No lloró, no había motivos para hacerlo, simplemente se lanzó sobre la cama y a oscuras pensó detalladamente en todo lo que su padre le planteaba. Los sueños y anhelos de él, se enfrentaban al fuerte sentimiento que la unía a Neji, y también a todas las amistades que tenía; no era una persona de muchos amigos, pero los que tenía eran realmente valiosos. ¿Sería capaz de renunciar a todo sólo por hacer feliz a su padre? Una mitad de su cerebro y corazón gritaban que sí, mientras la otra mitad tajantemente se oponía. Era lo más difícil que le había tocado elegir, incluso más difícil que declarársele a Neji a sabiendas que podría perderlo para siempre.

Miró la hora en su celular, 23:46 P.M. Neji no la había llamado en toda la tarde y en ese momento necesitaba más que nunca hablar con él, contarle todo lo que le estaba pasando para saber qué pensaba él, pero decidió esperar el día siguiente y contárselo en persona, también tendría que hablar con Temari; en definitiva el siguiente día sería bastante largo, sobre todo porque ella tenía que tomar una decisión sobre qué camino seguir.

Se durmió mirando hacia la ventana, la misma por la que Neji solía colarse en las noches que ambos compartían, las cuales los habían unido físicamente dando un paso mucho más profundo a su relación.

La vibración de su celular la hizo sobresaltarse. Abrió los ojos asustada, dándose cuenta que el celular estaba en su mano y por eso lo había sentido tan fuerte. Apagó la alarma para luego desperezarse; había dormido tranquila a pesar de lo que aún le tocaba enfrentar, pero decidió que todavía era muy temprano para apenarse pensando en eso. Rápidamente se levantó de la cama, se quitó la ropa que traía del día anterior para luego meterse en el baño y tomar una ducha.

Su padre la recibió sonriente como todas las mañanas ofreciéndole el desayuno que ya estaba servido sobre la mesa. Ambos comieron juntos mientras hablaban de nuevo sin tocar el tema de mudarse a Bangkok. Al final salieron, su padre la dejó en la puerta del instituto y se marchó al trabajo.

Caminó hasta su casillero sumida en sus pensamientos. Aunque trataba, no le era posible distraerse y sabía que no lo conseguiría, no hasta hablarlo con Neji y con Temari, dos personas con las que quería compartir lo que le estaba ocurriendo, pero que en definitiva no la obligarían a tomar una decisión; todo dependería de ella y de lo dispuesta que estuviera a hacer feliz a su papá. Tan sumergida estaba en su mundo, que no se dio cuenta que las miradas de todos los estudiantes se centraban en ella; sus oídos eran sordos a los bulliciosos murmullos que recorrían el corredor por el cual ella se desplazaba. Su mente era ajena a la noticia que se había esparcido como un poderoso gas venenoso por todo el instituto.

Abrió su gaveta dejando su bolso y tomando lo que necesitaba, esperando llegar pronto a su salón para encontrarse con Neji y poder refugiarse en sus brazos un rato. Necesitaba un abrazo de él, embriagarse con ese perfume tan particular que poseía y finalmente poder despejar sus pensamientos.

—¡Tenten! —El grito la hizo reaccionar. Asustada, enfocó sus ojos en la ruta de la que provenía su nombre, encontrándose con los verdes ojos de su amiga casi encima de ella—. Tengo algo muy grave que contarte —dijo rápidamente. Su rostro se notaba perfectamente contrariado, entristecido, rabioso; un mar de emociones que la confundieron.

—¿Qué ocurre, Temari? —preguntó complicada ante la actitud de su amiga—. ¿Por qué estas así?

—Es que Neji —soltó, luego miró a su lado en donde se encontraba su novio, Shikamaru, el cual tenía la misma cara de pereza de siempre—. Dile tú…

—No seas problemática mujer —gruñó él con fastidio, aunque la insistente mirada de su novia lo hizo suspirar resignado, enfocando sus oscuros ojos en Tenten—. Ayer… ayer pasó algo luego de la práctica de fútbol.

—¿Qué? —preguntó exaltada Tenten, sabiendo que su novio se había quedado el día anterior entrenando con su equipo—. ¿Le pasó algo a Neji? —dijo preocupada y angustiada.

—A él no le pasó nada malo —respondió el chico con tranquilidad, aunque sus ojos destellaban con cierta compasión—, pero sí hizo algo malo.

—¿Algo malo? —repitió confundida—. ¿A qué te refieres?

—¡Neji se metió con la zorra de Sakura! —soltó de una Temari completamente desesperada por contarle a su mejor amiga la mala jugada que le había hecho su novio—. Neji se acostó con Sakura.

Tenten continuó mirando a su amiga fijamente, intentando encontrar en aquellos verdes ojos la burla y la mentira, sin dar con buenos resultados. Los ojos de Temari brillaban con tristeza, con rabia, compasión y comprensión hacia su castaña amiga.

—¿Qué? —logró articular con voz quebrada, dándose cuenta que el tiempo avanzaba y la sonrisa burlona de Temari no aparecía, sintiendo como de pronto sus oídos se veían inundados por murmullos, que cada vez se hacían más fuertes, comprendiendo el valor de lo que significaba "el peso de una mirada", notando que Temari y Shikamaru no eran los únicos que la miraban, sino que toda la preparatoria.

—Ayer, luego del entrenamiento, y que todos se hubiesen marchado, yo tuve que regresar en busca de mi uniforme que se me quedó en los camerinos —comenzó con su relato el pelinegro novio de su amiga, Tenten lo miraba y escuchaba atentamente, intentando comprender en qué parte de la historia aparecía Neji—, al entrar me encontré con algo que jamás pensé —suspiró profundamente, él no era de aquellos que hablaban por hablar, además que se le hacía inmensamente problemático, pero en ese momento se sentía con el deber de hacerlo; Tenten era su amiga y no se merecía la canallada que le había hecho Neji—. Adentro estaba Neji, pero no estaba solo… él estaba con Sakura… ellos estaban teniendo sexo.

En ese preciso momento Tenten comprendió lo que significaba sentir como el mundo se te venía encima. Sintió sus piernas temblar y estuvo a punto de caer, pero se mantuvo erguida. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero ninguna salió de su cautiverio. Sentía los martillazos furiosos de su corazón retumbar en sus oídos, para de un momento a otro detenerse abruptamente y romperse como si se tratara de un frágil cristal.

—Eso no puede ser cierto —susurró con voz rota, mirando esta vez a Shikamaru—, él no haría algo así. —Un sollozo se ahogó en su garganta―. Dime que es una broma, Shika, ¡dímelo!

—Lo siento, Tenten —se disculpó él—, pero es cierto.

—Amiga… —intervino Temari—. Tú tenías que saberlo, y era preferible que te lo dijéramos nosotros antes que te enteraras por otras personas que lo único que buscaran fuera hacerte daño.

—¿Más? —cuestionó irónica, viendo todo nublado producto de las lágrimas que se acumulaban en sus ojos—. Ya no me pueden hacer más daño.

Se recostó pesadamente contra los casilleros, produciendo un ruido sordo, bajó la cabeza dejando que su pelo cayera por los costados de su rostro, ocultándolo. No quería saber cómo se había extendido tan rápido el rumor. Aseguraba que Shikamaru no había sido, menos aún Temari, lo más seguro era que la muy zorra de Sakura se lo había contado a fulana y mengana para que así ellas lo extendieran. En ese momento era conocida como: Tenten, la estúpida novia del chico más guapo del instituto, quien se había revolcado con la más zorra de toda la cuidad.

Quiso gritar, llorar y correr tan lejos que jamás nadie pudiese encontrarla, pero su orgullo de mujer lastimada se lo impidió. Suficiente era que todo el mundo supiera que Neji la había engañado con una puta, como para que además ella mostrara cuánto le dolía todo eso. Nadie la vería llorar, porque ya Neji no se merecía sus lágrimas.

Alzó la cabeza con brusquedad enfocándola en un punto indefinido, ignorando la marejada de murmullos y el peso de todas aquellas miradas. La campana que anunciaba el ingreso a clases sonó estrepitosamente, y ella con dignidad se irguió, miró a sus amigos anunciándole que ya era tiempo de entrar al salón, ambos la miraron sorprendidos, pero rápidamente entendieron el por qué de su reacción. Asintiendo despacio se ubicaron al lado de ella y empezaron la marcha.

Tenten continuaba con la mirada fija al frente, juntado su orgullo y estrujándolo al máximo para no caer, para no someterse a su dolor y verse humillada al punto de tener que gatear por todo el pasillo recogiendo los pequeños trozos de su corazón roto. Era mejor no pensar, no sentir y no escuchar; no quería la compasión de nadie, no quería escuchar palabras de consuelo, no quería nada con nadie, ni siquiera una explicación por parte de Neji, lo único que deseaba era llegar pronto a su casa y decirle a su padre que aceptaba la oferta, que estaba dispuesta a irse a Bangkok y empezar de cero, porque no podría soportar estar ahí, seguir en esa cuidad, en ese instituto y en el mismo salón que él. Sabía perfectamente que la máscara de indiferencia le duraría sólo un momento y los siguientes días ya no se podría enfrentar a todos los alumnos sin echarse a llorar. No estaba dispuesta a ser humillada por Neji, menos aún ver el rostro de satisfacción de aquella golfa llamada Sakura, la cual nunca se aburriría de jactarse de su mayor logro: tirarse a uno de los chicos más guapos del instituto, aún cuando éste tenía novia. Tenten sonrió nostálgica e irónica, al menos Sasuke, otro de los más guapos, jamás caería tan bajo como Neji.

En ese momento no le importaba nada más que huir de ese lugar para siempre, y tenía la excusa perfecta en sus manos. No le importaba que todos pensaran que ella era una inmadura y cobarde por no quedarse ahí y enfrentar sus problemas, pero ella no se sometería a tal humillación, además, la razón principal de no irse con su padre, que era Neji, ya no importaba, así que ella fácilmente podía decir que ese viaje estaba planificado desde antes. En cuanto a Temari y sus otros amigos, pues ellos entenderían de sobra sus razones para marcharse.

Entró en el salón sin mirar a nadie tomando asiento en su lugar habitual. Temari, quien permanecía junto a ella, miró a su novio, el cual entendió rápidamente y asintió, comprendiendo la razón de que la rubia optara por sentarse con Tenten dejándolo solo, era algo completamente razonable. Si Neji se llegaba a presentar en clases, no sería prudente que se sentara junto a Tenten, ya le había hecho suficiente daño como para continuar con lo mismo.

El causante de todos los males de la chica entró aceleradamente por la puerta del salón. Su largo cabello castaño, que siempre estaba en completo orden, lo llevaba desordenado y hasta enmarañado, su uniforme siempre pulcro, estaba arrugado; su apariencia dejaba mucho a la imaginación, pero su mirada angustiada y triste dejaba en claro el arrepentimiento de sus actos. El problema se presentaba en que Tenten lo había visto entrar en esa facha, sin dedicarse a observarlo detalladamente, creyendo angustiosamente que Neji venía en esas fachas por haber estado con otra.

Apenas tres segundos fueron los que lo miró, humillando rápidamente su cabeza y clavando su mirada en el suelo, era consciente que Neji se acercaba presuroso, pero ella no estaba dispuesta a mirarlo y finalmente ser derrotada por el dolor. No enfrente de Neji.

Temari observó fijamente como el Hyuuga se acercaba rápidamente al lugar donde ellas estaban sentadas, notando como él miraba angustiosamente a su amiga intentado que ella le devolviese la mirada, sin resultados obvios. Neji aburrido de insistir enfocó sus claros ojos en la rubia compañera de Tenten, encontrándose con unos ojos verdes que destellaban furia. Rápidamente comprendió lo que Temari quería decir, así que con resignación optó por lo más sano: sentarse en otro lugar.

Alzó la mirada encontrándose con los oscuros ojos de Shikamaru, viéndolo sentado solo en el puesto que siempre compartía con su novia, rápidamente se dirigió a ese lugar, dejándose caer pesadamente sobre el asiento, sintiendo que los ojos negros de su compañero no dejaron en ningún momento de mirarlo acusadoramente, con reproche y compasión.

Shikamaru Nara no era de aquellos chicos que le gustara meterse en problemas, para él todo era mejor mientras en menos cosas estuviera involucrado. Tenía una novia con la cual no tenía mayores conflictos ya que ella lo conocía y lo aceptaba, así mismo como él hacía lo mismo para con ella; en resumidas cuentas su vida era tranquila, pero no por eso iba a permitir que un engaño tan evidente no saliera a la luz, menos cuando se trataba de la mejor amiga de su novia, que también era su amiga.

Todo comenzó la tarde anterior luego de un torturante entrenamiento del equipo de fútbol de la preparatoria, el cual capitaneaba Neji. Él aún no entendía qué hacía en ese equipo, ya que odiaba cualquier tipo de actividad física, pero de alguna u otra forma seguía perteneciendo al equipo de fútbol, casi por obligación. Para su fortuna sólo era arquero, según todos el mejor, pero para él seguía siendo lo más problemático del mundo, más incluso que la misma Temari. El hecho fue que luego de aquella práctica, todos se retiraron a los camerinos para darse una ducha y poder irse a casa, y él, como siempre viviendo en las nubes, dejó todo su uniforme escolar olvidado en los camerinos, por lo cual tuvo que volver a buscarlo cuando se dio cuenta que su bolso estaba más liviano de lo normal. Grande fue su sorpresa al entrar al camerino de hombres y encontrar a Neji aún en las duchas, pero no estaba solo, Sakura Haruno, la chica que peor reputación tenía en toda la institución, estaba junto a él, o más bien unida a él en un acto que lo desilusionó completamente. Shikamaru apostaba su vida a que Neji amaba a Tenten y jamás podría engañarla, pero al parecer se había equivocado, y su castaña amiga simplemente no se merecía eso.

Tan silencioso como entró, tomó sus cosas y salió rápidamente, con la cabeza invadida de las furiosas imágenes que había presenciado en la ducha, y el deber moral de decirle a Tenten que Neji la había engañado. Él conocía a la chica, sabía que ella amaba con todo su corazón a Neji, y era por lo mismo que se sentía en la obligación de contarle; más razonable era hacerla sufrir una vez con la verdad, que verla sufrir cuando se enterara de todo después de meses de daño.

Fue así como le contó a Temari lo que había visto, y juntos se comprometieron a contarle la verdad a Tenten, pero para cuando llegaron al instituto el día siguiente, Sakura se había encargado de expandir la noticia y ya todos lo sabían, aún así ellos se encargaron de contarle sólo la verdad a Tenten.

—Lo que hiciste fue una canallada —condenó cruelmente Shikamaru—, si la amaras jamás lo hubieras hecho.

—No me hagas sentirme más mierda de lo que ya me siento —rogó Neji en busca de compasión—. Por favor no más.

El Nara miró al chico que enterraba su rostro entre sus brazos recostados sobre la mesa, sintiendo el arrepentimiento en cada sílaba salida de su boca; comprendió que Neji estaba arrepentido hasta la médula, pero él sabía que ya era muy tarde y ese remordimiento no le serviría de nada.

—Ya la has jodido —terminó su sentencia al momento que Iruka entraba para impartir su clase de inglés.

Agradecía infinitamente tener una amiga tan buena como Temari, la cual en ningún momento la había dejado sola durante el día. Tenten habló poco, sólo contadas palabras salieron de sus labios, mayoritariamente asentimientos, negaciones o aceptaciones. Prefería callar porque estaba segura que si decía una frase completa, su voz se rompería a la mitad y terminaría desarmada en el suelo llorando a mares la más cruel traición de su novio.

Con soberbia y orgullo dio la cara durante todo el día, haciendo oídos sordos a los constantes murmullos que tenían como protagonista a su persona, ignorando las miradas burlonas de la zorra que le había arruinado la vida, y sus comentarios hirientes. Hizo mella a su orgullo de mujer para enfrentar a todos los adolescentes que en ese momento la despellejaban viva sólo porque su novio la había engañado. Se ilusionó pensando en el futuro, creyendo que cuando fuera más vieja recordaría esa situación y se reiría de su suerte, de haber sido la comidilla del instituto y de haber sido traicionada por la primera persona que amó en su vida.

Pero para eso faltaban algunos años, ahora dolía horrores.

La luz en ese tormentoso día la vio en el momento en que el timbre anunciaba el fin de las clases. No quiso parecer desesperada, por lo que con calma arregló sus cosas para poder retirarse. Bastó sólo una mirada para que su amiga comprendiera y disimuladamente la acompañara hasta la salida del colegio. Se sentía patética, pero no lo podía evitar; sabía que todo el mundo sospechaba que su presurosa salida del instituto era por el motivo que todos habían comentado durante el día, pero poco le importó: había dado la cara ya no le podían exigir más.

Una vez en la esquina del instituto se detuvo, miró el suelo durante unos instantes hasta levantar la cabeza y enfocar su mirada en Temari, quien preocupada la acompañaba. —Déjame sola —pidió—, por favor Temari, quiero estar sola.

No hubo réplicas por parte de su amiga, ésta simplemente asintió, le besó la frente y se devolvió hasta la puerta del edificio en donde su novio la esperaba.

Caminó a pasos rápidos hasta llegar lo más lejos posible del instituto. Creía que si tomaba velocidad los murmullos dejarían de resonar en sus oídos, la tensión que cargaba en los hombros producto de las intensas miradas, se cansaría de seguirla. Quería creer que si corría le podría ganar la carrera al dolor, y desde la meta sacarle la lengua con burla para luego gritarle que no podría dañarla, pero sabía que era inútil, que por más esfuerzos que hiciera no dejaría atrás su sufrimiento.

Sin proponérselo llegó hasta una pequeña heladería que jamás había visto antes. Pidió un gran helado de chocolate, con salsa de chocolate regalo del gentil ancianito que allí trabajaba. Se ubicó en una banca que estaba cerca, justo debajo de un sauce. Y ahí el tiempo para ella se detuvo.

Saboreó con lentitud el helado que tenía en sus manos, mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Dolía tanto que no sabía si realmente estaba sufriendo. No entendía lo que sentía, y prefería no hacerlo. Estaba sola, vacía, dolida, rota, ella lo amaba y estaba segura que Neji sentía lo mismo por ella, se lo había demostrado miles de veces —en su peculiar manera de demostrar sus sentimientos—, pero haciéndole entender que le correspondía con la misma intensidad que Tenten.

¿Se había equivocado? ¿Acaso sería que realmente no conocía a su novio? ¿Qué tantos años de compartir no fueron suficientes para conocerlo de verdad?

Aumentó la intensidad de sus lamidas al helado de chocolate, regocijando su paladar con el dulzor de su sabor, mezclando con él el sabor amargo de las lágrimas que ahora fluían como ríos por sus mejillas. Se negaba a creer que no conocía al hombre que amaba, no quería pensar que se había equivocado, que como una ilusa muchachita había idealizado a su amor, obligando a sus ojos a cegar frente a él, viéndolo sólo de la manera en que quería verlo.

En algún momento de su vida creyó que nadie podría conocer a Neji Hyuuga como ella lo hacía, e incluso llegó a convencerse que si le hubiesen preguntado en alguna ocasión haciendo el supuesto que su amigo caería tan bajo como para meterse con la chica que menos dignidad femenina poseía, ella hubiera puesto las manos al fuego afirmando que el Hyuuga jamás haría algo así.

Ahora sabía que se habría equivocado, y las quemaduras dolían y demorarían mucho en sanar.

Terminó con el barquillo a pequeños mordiscos, masticando sin fuerzas el final de su helado, sintiendo que en ese momento el tiempo volvía a retomar su labor, y la suave brisa se encargaba de recordarle que sus mejillas estaban mojadas producto de las lágrimas que había derramado por culpa de su antiguo novio. Con la manga se las limpió sin sutileza alguna, apretando las mandíbulas con fuerza y sintiendo que su vista se nublaba nuevamente por culpa de las lágrimas acumuladas. Las retuvo con dignidad, parándose finalmente de su improvisado refugio a la realidad y retomando el camino hasta su casa. Sería más largo, pero al menos estaba segura que por esas calles no se toparía con nadie del instituto.

El teléfono de su casa sonó toda la tarde ya que había apagado su celular. La contestadora tomaba el mensaje, pero jamás dejaban alguno, y ella sabía quién era el que insistentemente llamaba, ese mismo que en algún momento se atrevió a golpear su puerta durante muchos minutos. Pero Tenten no contestó, ni abrió la puerta. No podía verlo, no quería hacerlo, Neji tampoco se lo merecía.

Antes de que llegara su padre, desconectó el aparato que insistentemente volvía a sonar luego de la inesperada visita del Hyuuga. Nerviosa preparó la cena para así recibir a su padre y poder decirle que aceptaba la propuesta de irse a Bangkok y empezar con el sueño de su progenitor.

Suspiró al sentir que la puerta se abría, intentado actuar normal frente a su padre, para que éste no sospechara el por qué de su rápida aceptación al viaje. Se volteó al momento que lo sentía ingresar a la cocina, forzó una sonrisa, abrió la boca para saludarlo con la espontánea alegría de todos los días. Pero no pudo…

Lloró desconsolada en los brazos de su padre contándole todo sobre la traición de su novio de la cual se había enterado ese día, haciéndole entender que ella no podría soportar seguir en el mismo lugar que Neji, que no quería verlo, no saber nunca más de él. Que podía ser muy cobarde e inmadura, pero quería irse lo más lejos en ese momento, que no era capaz de enfrentar sus problemas, que no se sentía capaz de batallar contra el dolor. Que era débil y estaba profundamente enamorada, y aquel a quien tanto amaba le había roto el corazón en infinitos pedazos.

Comprensivo, su padre la cobijó en sus brazos, intentando calmar lo involuntarios temblores que azotaban el cuerpo de su hija. Entendió todo el dolor por el que ella pasaba, y quiso ayudarla a escapar de él. Sabía que no era lo mejor, pero los males de amor dolían tanto que a veces era mejor huir de ellos, intentar enterrarlos en donde nacieron para que así jamás pudiesen volver a encontrarlos, y que fuera sólo el recuerdo de ellos quien existiera, pero las remembranzas muchas veces se olvidaban y es en ese momento cuando el amor enterrado muere finalmente.

—Tranquila mi amor —dijo con voz suave—, arreglaré todo rápidamente. Sin darte cuenta estaremos lejos de esta ciudad.

Ahogó sollozos entre los brazos de su padre mientras asentía conforme a lo que el mayor le expresaba. Confiaba en que tal y como decía su progenitor, pronto estaría lejos de ese lugar, muy lejos de Neji y su historia con él.

Las siguientes dos semanas la máscara de indiferencia se hizo mayor. Había aprendido a ocultar su dolor refugiándose en el consuelo de que al llegar a casa tendría que seguir juntado sus cosas para el próximo viaje. Sus amigos también eran apoyo vital para poder dar la cara.

Con el paso de los días, los murmullos habían disminuido y las miradas perdieron intensidad. El nuevo tema de rumor entre los estudiantes ya no sólo la involucraba a ella y el engaño por parte de Neji, ahora también se incluía a Sasuke Uchiha, pero por motivos distintos.

Tres días después de haberse enterado del engaño de Neji, supo de cierta pelea que hubo a la salida del instituto en la cual la total víctima era nada más que su ex novio, y el victimario su fiel amigo Sasuke.

No supo hasta el siguiente día los motivos de aquella confrontación. Hasta donde Tenten sabía, Neji y Sasuke eran buenos amigos, por lo cual se sentía confundida por lo ocurrido, así que decidió ir directamente con el Uchiha para preguntarle sobre sus motivos. Fue corto y preciso: ella misma. Su pecho se infló de orgullo al saber que uno de los chicos más antisociales y frívolos del instituto la había defendido porque la consideraba una amiga y porque no se merecía lo que su antiguo novio le había hecho. Desde ese día y durante los siguientes, Sasuke junto a Naruto y el resto de sus amigos, estuvieron junto a ella, evitando a toda costa que Neji se le acercara.

Fue un miércoles en que su padre le anunció que el sábado partirían finalmente para instalarse en Bangkok. Tenten volvió a sentir la confrontación de sentimientos, esta vez ligada a sus amigos y el gran apoyo que le habían brindado, pero ya no podía hacer nada, la decisión estaba tomada y no podía arrepentirse en el último minuto. Comunicó el viernes de su partida. Sasuke, Naruto, Temari y Shikamaru eran los únicos que sabían que ella se iría de Tokio junto a su padre. Tenten pidió que no lloraran, sobre todo su mejor amiga, porque aunque no estuvieran juntas, su amistad jamás se deterioraría y estarían siempre en contacto.

El día anunciado abandonó Japón en compañía de su padre.

Y con ello el inicio de una nueva vida lejos de todos sus recuerdos…

Si alguna vez alguien le preguntara si es que llegaba a arrepentirse de algo que hubiese hecho en sus cortos veinticuatro años de vida, él sin dudarlo respondería que sí; que se arrepentiría hasta su muerte de haberse involucrado con Sakura Haruno.

—¿Necesita algo más, señor? —La voz femenina lo sacó de sus recuerdos, trayéndolo de vuelta al lugar en el que se encontraba.

—No, gracias —respondió estoicamente mirando a la mujer, la cual sonrió forzadamente y se retiró.

Volteó el rostro buscando con la mirada a su progenitor, quien sentado en el asiento continuo, dormitaba tranquilamente. Se encontraba de viaje rumbo a China, por razones netamente relacionadas con el negocio familiar. Llevaba ya casi un año trabajando en la empresa de su familia, desde unos meses antes de egresar de la universidad, por lo cual aquellos viajes se hacían algo rutinarios en su vida, y como siempre que estaba solo y tenía tiempo libre, se ponía a recordar.

Mentiría si dijese que la había olvidado porque esa mujer había sido y siempre sería la más importante de su vida. Tenten llegó a su corazón sin que él se diera cuenta, quedándose ahí por siempre, aún cuando llevaba más de seis años sin verla. Porque ella le había entregado todo, siendo capaz de sacar lo más humano del Hyuuga escondido bajo una capa de hielo, y eso él no lo olvidaría nunca, porque realmente había sido la única.

En sus momentos más melancólicos la recordaba, y aunque le hiciera daño, quería seguir haciéndolo, para así no sacarla nunca de su cabeza, para no olvidar su sonrisa, ni el brillo de sus ojos; para seguir oyendo sus sonoras carcajadas y oliendo ese aroma tan exquisito que poseía. Necesitaba conmemorarla a diario para no perder lo único que conservaba de ella: los recuerdos de su vida juntos.

Sólo una vez en su vida se había enamorado profundamente, y tal como escuchó alguna vez: el primer amor nunca se olvida. A pesar de los años, Tenten seguía presente en su cabeza casi como una condena, para recordarle cruelmente que por el error más estúpido cometido en su vida la había perdido para siempre.

Cuando ella desapareció, rogó a sus amigos para que le dijesen dónde estaba. Necesitaba hablar con ella, pedirle perdón por su error, rogarle que lo disculpara porque sin ella, Neji Hyuuga no sabía existir, pero por mucho que se humilló nadie abrió la boca. Ni Sasuke que seguía siendo su amigo a pesar de haberlo golpeado —por razones justificadas por él mismo que Neji aceptó y comprendió—, fue capaz de decirle respecto al paradero de Tenten, menos aún Temari que era la mejor amiga de su ex novia. Nadie le dijo sobre su castaña en una forma de castigarlo por el error cometido.

Al final se aburrió de insistir, dándose por vencido sin más, sabiendo que no la volvería ver y sólo por culpa propia. Decidió por ese motivo recordarla a diario, para así darse cuenta que tuvo la felicidad y el amor en sus manos y lo perdió por idiota.

Se dedicó a estudiar y trabajar, autoimponiéndose el celibato en una forma de castigo. Por culpa del sexo la había perdido y era justo que no volviera a disfrutar de los placeres carnales, no de una forma vacía y por gozo momentáneo. Alguna vez conoció lo que era el verdadero placer junto a Tenten, y estaba convencido que jamás lo disfrutaría como en aquel tiempo. Era quizás estúpida su forma de castigo, pero para él era la forma que tenía para liberarse del gran peso que cargaba en los hombros. Satisfactoriamente podía reconocer que no disfrutaba del sexo desde aquel incidente ocurrido en el baño del instituto y por el cual sufrió más de lo que imaginó. Naruto solía molestarlo preguntándole cómo sobrevivía sin sexo durante tantos años, él sólo se encogía de hombros respondiendo: por la culpa.

Ya no dolía. Estaba casi convencido que la herida había sanado. Era sólo el insistente recuerdo de Tenten el que permanecía, el arrepentimiento y el no haber nunca podido hablar con ella e implorar perdón. Muchos decían que era cosa de adolescente, que a esa edad las locuras y los errores eran pan de cada día, pero para un hombre tan perfeccionista como él, los errores no eran parte de su vida.

—Señores pasajeros. —La voz que retumbó en el avión lo sobresaltó. Pudo ver que en su asiento su padre despertaba de un brinco—. En unos minutos aterrizaremos en nuestro destino. Se les pide abrochar sus cinturones.

—Deberían ser un poco más sutiles para dar esos anuncios —escuchó como se quejaba Hizashi al otro lado del pasillo, mientras con torpeza intentaba hacer lo pedido—, se supone que en primera clase deberíamos tener un poco más de atenciones. —Abrochó finalmente el dichoso cinturón—. De regreso viajaremos en turista, no me importa si mis rodillas se juntan con mi mentón, o si durante todo el viaje hay un hombrecito rechoncho durmiendo encima de mí.

—Papá —interrumpió Neji con una sonrisa divertida y sincera en el rostro—, ya compramos los pasajes de regreso. No entiendo cómo te enojas tanto sólo por un sobresalto. —Negó con la cabeza al recordar los reclamos de su padre

—Pues a mi edad esos sobresaltos no son buenos —replicó Hizashi mientras hacía un mohín con los labios y negaba con el dedo—, además estaba durmiendo tan bien.

El joven volvió a negar con la cabeza, mientras miraba por la ventana escuchando a su padre llamar a una de las azafatas. —Ya ha oscurecido —anunció, aunque sabía que Hizashi no lo estaba escuchando—. Ya ha anochecido… —repitió.

Los movimientos típicos del avión al aterrizar lo hicieron mirar nuevamente a su padre, quien empezaba a quejarse por el poco tacto que tenían los pilotos de no poder hacer algo tan simple como aterrizar con algo de sutileza. Neji volvió a sonreír involuntariamente. Hizashi siempre había sido así: impulsivo y alegador, aún cuando su rostro no lo demostrara, era un hombre muy gentil, que gustaba de quejarse de las cosas sin sentido por el simple gusto de tener algo por lo que reclamar, aunque sabía que no tenía la razón. —Para qué amargarse la vida —solía decirle—, hay que disfrutar cada momento porque no se volverá a repetir.

Neji amaba a su padre, porque era la persona de la cual más había aprendido. A pesar de ser tan parecidos físicamente, en la forma de ser eran completamente distintos. Él era serio y reservado, su padre gustaba de sonreír y era amigable con todos, pero por muy diferentes que fueran, aquel hombre era todo para el joven Hyuuga. De él había aprendido muchas cosas, entre ellas que las heridas del corazón nunca terminan de cicatrizar por mucho que Neji intentara convencerse de lo contrario.

Su padre había sido conocedor de todo lo ocurrido con Tenten ya que él mismo, sin poder soportar más el peso, se había liberado entre lágrimas y espasmos de lo que había hecho y de lo mucho que estaba sufriendo por la inesperada partida de la chica. Hizashi lo consoló y le dijo que con el tiempo el dolor disminuiría y que quizás, sin darse cuenta, podía volver a verla aunque fuese sólo para pedirle perdón. Definitivamente su padre había sido un pilar fundamental en el momento más doloroso de su vida.

Nuevos reclamos acompañaron la bajada del avión, la inspección policial, la recuperación de las maletas y buscar un taxi que los llevara al hotel. Neji sólo hacía oídos sordos ya que cada vez que viajaban, su papá tenía las mismas reacciones, dejando bien en claro que una de las cosas que más detestaba en el mundo era viajar.

Durante el trayecto hasta el hotel, el joven se mantuvo en silencio admirando el paisaje por la ventanilla. Era la primera vez que visitaba Bangkok y le parecía una ciudad muy iluminada, con mucha vida: una ciudad que no dormía, al igual que Tokio.

—Bangkok tiene muchas partes que me gustaría conocer. —La voz profunda del mayor le llamó la atención—. Así que mañana iremos temprano a la empresa esta que te dije, para apresurar los tratados y poder firmar pronto y así tener unos días para descansar —sonrió a su hijo de manera cómplice, buscando que éste aceptara el trato.

—Me parece una buena idea —comentó finalmente Neji, aunque su voz claramente demostraba que demasiado interés no poseía. Hizashi rió divertido.

Llegaron al hotel en algunos minutos. Comieron algo ligero y se fueron cada uno a sus habitaciones después de acordar la hora en la que saldrían al día siguiente. Neji tomó una ducha para relajarse, saliendo desnudo del baño y con las gotas de agua escurriendo por su cuerpo. Ocupó la toalla principalmente para secarse un poco su largo y oscuro cabello, luego de eso se tiró encima de la cama como si fuera un objeto inerte: al igual que en Tokio, en aquella ciudad hacía mucho calor por las noches. Fue así como se durmió finalmente producto del cansancio del viaje. Al fin y al cabo, él también odiaba viajar.

Despertó al día siguiente con la alarma. Con pereza la apagó y se removió en la cama, dándose cuenta que en el transcurso de la noche se había removido como si fuese un niño pequeño, y aunque no se había tapado, la cama estaba totalmente deshecha. Desnudo, tal cual se había dormido, se encaminó al baño para quitarse un poco la pereza que cargaba. Se lavó la cara, los dientes y se cepilló el cabello, el cual no había quedado nada de dócil por haberse dormido con él mojado, por lo que irremediablemente tuvo que atarlo en una coleta algo más apretada a la que siempre utilizaba.

Se vistió formalmente como casi todos los días: con un traje gris oscuro, camisa lila y corbata púrpura. Tomó el regalo que con cuidado traía en su maleta y salió de su habitación, dirigiéndose a la continua en donde dormía su padre, el cual de seguro estaba un poco atrasado. Tocó un par de veces esperando hasta que finalmente le abriera y, acompañado del sonido de algo cayendo al piso, la puerta se abrió.

—Feliz día del padre, papá —dijo sonriendo una vez que divisó el rostro de su padre tras la puerta. El mayor sonrió felizmente aceptando gustoso el abrazo que su hijo le ofrecía.

Se mantuvieron así unos instantes, y luego Neji le extendió el regalo que minuciosamente había escogido antes de salir de viaje.

—Pensé que olvidarías regalarle algo a tu padre en su día —mencionó Hizashi mientras ambos ingresaban a la habitación—, con todo el asunto del viaje y los negocios. —El mayor abría con entusiasmo el regalo que su hijo le había dado.

—Yo no olvido las fechas importantes —aclaró el joven mientras se sentaba en la cama y encendía el televisor.

—¡Otra vez una corbata! —exclamó al ver el regalo— ¡Siempre me regalas corbatas, Neji!

—Esta es la segunda vez que te regalo una corbata papá —reclamó él ofendido—. Y agradece que te regalo algo, ya que tú nunca me regalas nada por el día del niño, y eso que soy tu único hijo.

Hizashi entrecerró los ojos y frunció los labios. —Hace años que dejaste de ser mi niñito, Neji —comentó sarcásticamente—, pero igual lo tendré presente. Para el próximo día del niño te regalaré una modelo —rió ante la mueca de su hijo—. De todas maneras gracias por la corbata, se nota que heredaste el gusto de tu padre, hijo mío.

Sonrió con suficiencia. Fue el turno de Neji para reír. Era por eso que adoraba a su padre, porque siempre le demostraba lo maravilloso que era serlo. Siempre estuvo junto a él, en los buenos y en los malos momentos. Le enseñó tantas cosas, que lo único que quería era ser igual de comprensivo y buen padre —si en algún momento llegaba a serlo—, pero la única vez que se había planteado esa posibilidad había sido cuando era novio de Tenten, y ella ya no estaba con él.

Luego del desayuno, abordaron un auto arrendado que los llevaría a su destino: la empresa con la cual pretendían hacer negocios. Según la información que le habían dado su tío y su padre, aquella empresa era prácticamente nueva; sólo tenía un par de años pero ya resultaba ser muy próspera en cuanto a la fabricación de nuevas tecnologías, razón por la cual había despertado el interés de los Hyuuga en hacer trato con ella.

Ingresaron al moderno edificio después de unos minutos de viaje, la recepcionista los recibió calurosamente indicándoles que el señor Feng los esperaba en su oficina. Ambos asintieron tomando el elevador que los llevaría hasta el último piso en donde se encontraba el lugar al que se dirigían y en el cual ya los esperaban. La secretaria los anuncio una vez que llegaron al piso, diciéndoles que en unos minutos su jefe los recibiría. Tal como la mujer había dicho, en unos instantes se encontraban en el interior de la oficina del hombre con el que planeaban hacer negocios.

—Un gusto tenerlos finalmente aquí —saludó cordialmente el hombre dándole la mano a cada uno de los Hyuuga—. Mi nombre es Feng Ama, y soy uno de los iniciadores de esta empresa.

Neji se sobresaltó al escuchar el apellido del hombre que les ofrecía asiento. Ama era el apellido de Tenten, pero quizás se trataba de nada más que una cruel coincidencia, tenía que dejar de ser un paranoico y recordarla con la más mínima señal.

El hombre tomó asiento en el sillón que se encontraba frente al que los Hyuuga ocupaban. Señalando cada punto de lo que pretendía el trato de las empresas, sin darle rodeos al asunto, ocupando el tiempo en hablar de lo que les concernía a todos. Neji por un momento se perdió de la conversación, mirando fijamente a Feng Ama. Se le hacía levemente familiar, pero no recordaba de dónde. El cabello castaño y corto, los ojos cafés que destellaban un brillo especial, la piel bronceada y los claros rasgos chinescos le recordaban a alguien a quien deseaba no recordar, pero al mismo tiempo su imagen se le hacía tan conocida que lo llegaba a confundir. Abrió los ojos levemente impresionado al recordar a quien se parecía tanto aquel hombre: el papá de Tenten. Pero eso no podía ser cierto, de seguro se trataba de otro de aquellos instantes en que todo le recordaba a su antigua novia, antes ya le había sucedido.

Distrayéndolo de su paráfrasis, y también la conversación que mantenía su padre con el hombre, entró alguien estrepitosamente en la oficina, azotando la puerta contra la pared trasera. Un pequeño sobresalto acompañó al fuerte sonido, y luego miró confundido a su padre y finalmente ambos miraron a Feng, quien también parecía extrañado.

El hombre se levantó de su sillón para ver qué era lo que sucedía, pero antes de siquiera abandonar la estancia en la que se encontraban conversando, una chillona e infantil voz resonó en el lugar.

—¡Feliz día del papá! —Acto continuo apareció una pequeña niña que se lanzó sin sutileza alguna a los brazos del mayor, el cual de manera autómata la recibió gustoso, aceptando la cascada de besos que la menor le regaba por el rostro.

Neji miró impactado la escena que se presentaba, luego se dirigió a su padre con la esperanza de ver la misma reacción en él, pero su sorpresa fue mayor al ver que su progenitor sonreía complacido observando la muestra de afecto de la pequeña niña hacia Feng Ama. Una risa contagiosa se escuchó en el lugar, haciendo que el joven volviera a enfocar su vista en el hombre, el cual aún no alejaba a la pequeña de sí riendo divertido de los mimos que le otorgaba. Definitivamente él no podía ser el papá de Tenten, según lo que recordaba la madre de su ex novia había muerto cuando ella aún era pequeña, por lo cual la única opción posible era que Feng se había casado de nuevo. Aunque prefería creer que no era quien creía.

—Yue, te he dicho que no interrumpas a papá. —Otra voz se presentó en la sala, esta vez se trataba de una mujer—. Teníamos que esperar a que se desocupara.

Tembló entero al oírla, sus manos sudaron y sus ojos abiertos se clavaron en el mismo lugar por el que antes había aparecido la niña, a la espera que fuera Tenten la que se presentara. Por muchos años que hubiesen pasado no olvidaría nunca esa voz; la recordaba a diario con tal que estuviese siempre resonando en sus oídos.

Tal como esperaba, segundos después se presentó una mujer de pequeña estatura, con un largo cabello castaño que llevaba suelto a diferencia de años atrás, vestía unos pantalones desgastados y sueltos, y una camiseta negra con un logo de AC/DC, al menos una talla más grande, la cual recordaba perfectamente. Su rostro era más maduro, sus facciones más femeninas y sus curvas más acentuadas, pero en resumidas cuentas seguía siendo la misma Tenten cuyo recuerdo lo torturaba a diario desde hacía seis años.

—¡Feliz día papá! —exclamó una vez que estuvo cerca del mayor, abrazándolo con cariño, acto que el hombre recibió gustoso—. Lamento la interrupción, pero ya sabes como es este pequeño animalito.

Miró a la niña con la nariz fruncida, sonriendo divertida y mordiéndose el labio, la pequeña río antes de lanzarse a los brazos de la mujer aún riendo.

Neji las miraba fijamente, con su cerebro maquinando a toda velocidad. No podía ser lo que él creía, estaba equivocado. Simplemente.

—Tenten… —susurró lo suficientemente fuerte para que ella lo escuchara. Un llamado involuntario que no había podido reprimir.

La chica volteó sonriente al escuchar su nombre, pero la sonrisa se borró rápidamente de su rostro al reconocer al hombre que estaba sentado mirándola como si creyese que ella era una cruel ilusión, y el cual la había llamado. —¡Neji! —exclamó sin poder evitarlo.

No pensó nunca encontrárselo de frente, menos aún en un lugar tan frecuente para ella como era la oficina de su padre. Jamás creyó que iba a estar tan expuesta y que no iba a tener la oportunidad de huir para no dar explicaciones. El joven Hyuuga se levantó, ignorando la presencia de los dos hombres mayores en la habitación. En ese momento sólo estaban Tenten, él y la pequeña niña que su ex novia cargaba.

—Hola Neji —saludó de la nada la pequeña Yue, poseedora de la misma sonrisa de la mujer que alguna vez fue su novia. Neji fijó sus ojos en ella, encontrándose con que la mirada brillante de la niña era del mismo color que la propia.

—Ella es… —comenzó, pero no fue capaz de terminar la frase.

—¡Feliz día del padre, Neji! —exclamó Tenten sonriendo irónica—. Por mí jamás te hubieses enterado, pero en un momento así no puedo negarlo.

—…mi hija —susurró perdido, como si realmente no hubiese escuchado las crueles palabras de Tenten, y sólo estuviese terminando la frase que antes comenzó—. ¿Tengo una hija? —cuestionó aún incrédulo.

—Papá nos vemos en casa —dijo la castaña volteándose para enfocar los ojos en su progenitor, negando levemente con la cabeza por la pregunta del Hyuuga.

Sin más se retiró de la oficina, dejando un profundo silencio en el lugar. Feng Ama observaba al joven que seguía ensimismado mirando el lugar en el cual antes su hija estaba parada, luego miró a Hizashi haciéndole un gesto con los ojos, el cual fue comprendido rápidamente.

—Neji —llamó el Hyuuga mayor, pero no tuvo tiempo de agregar nada más ya que su hijo había salido corriendo del lugar.

Los dos adultos se miraron fijamente sonriendo de manera cómplice.

La alcanzó en el momento justo que ella ingresaba al ascensor, subiendo así juntos. La pequeña Yue estaba apoyada en la pared, mirándose divertida en los espejos que estas poseían. Tenten miró a Neji sin demostrar absolutamente nada, a la espera que fuese él quien dijera algo.

—Perdóname — pidió sintiendo que el aire ingresaba nuevamente a sus pulmones. Por fin, después de tantos años decía aquello que necesitaba expresar—. Perdóname —rogó nuevamente, esta vez su tono de voz era más bajo—, por favor… no sabes cuánto me arrepiento de lo que hice.

La castaña sonrió con suficiencia. —Lo sé… sé perfectamente cuanto te arrepientes. —El Hyuuga la miró confundido, sintiendo como la pequeña niña jugaba entre sus piernas—. Sasuke, Naruto y Temari me han contado todo lo que haz hecho durante estos años, y que aprendiste lo que era la culpa. Ellos me pidieron que te perdonara, me intentaban hacer ver lo arrepentido que te sentías después de traicionarme. Los chicos me contaron cada una de tus decisiones, y los castigos que te autoimpusiste hasta que pudieras pedirme perdón, aún si eso no ocurría hasta tu muerte.

—¿Sasuke? ¿Naruto? —A la rubia amiga de Tenten no la mencionaba, desde que habían salido del instituto no la había vuelto a ver y siempre supuso que ella lo odiaba por lo que le había hecho a la castaña, pero sus amigos era diferente: hasta el día de hoy seguía en contacto entre ellos.

La puerta del elevador volvió a abrirse haciendo que Tenten tomará la mano de Yue y se encaminara hasta la salida. Neji la siguió.

—Sí —respondió ella tranquilamente mientras caminaba—, ellos siempre han estado en contacto conmigo: vía mails, herramientas sociales o llamadas telefónicas, incluso las veces que he ido a Japón nos hemos visto, y deduzco que como son amigos tuyos, intentan ayudarte para liberarte un poco de la culpa.

—Nunca terminaré de arrepentirme de lo que hice Tenten —argumentó el Hyuuga a su favor—, perderte ha sido lo más doloroso que me ha sucedido en la vida. No imaginas cuanto añoré este momento, sólo para pedirte que me perdones.

—Vamos por un café —propuso ella intentando ignorar las palabras del chico, pero los acelerados latidos de su corazón no los podía detener.

Él asintió aceptando la propuesta de la mujer. Cualquier señal de acercamiento era buena, y más opciones tenía para conseguir su perdón y que le explicara al menos un poco de la niña que caminaba alegremente tomada de la mano de su madre, mirando todo a su alrededor como si se tratase de algo nuevo para ella. Se sentía un tanto molesto por lo que acaba de enterarse: que sus amigos estuviesen en constante contacto con la persona que era la causante de su dolor, lo molestaba enormemente, más saber que ella había ido a Japón, había compartido con ellos y él ni por enterado estaba, pero le consolaba saber que sus amigos intentaban intervenir para que Tenten lo perdonara. Quizás ellos sabían que tarde o temprano se encontrarían nuevamente; aún cuando pareciese que Tenten no estaba al tanto de ello, mucho menos él.

Ingresaron a un local que se encontraba a una cuadra de la empresa, se sentaron e inmediatamente apareció un mesero que tomó la orden: dos capuchinos y un jugo de naranja. De inmediato se retiró, y ambos de mantuvieron en silencio ya que Yue se encontraba observando una pecera que había en el lugar.

—Cuando me vine de Japón —comenzó la chica rompiendo el silencio, sin siquiera mirarlo—, no sabía que estaba embarazada. Estaba demasiado dolida, ahogándome en mi mar de sufrimiento por tu traición, no quería saber nada de ti nunca más, y cuando me enteré del embarazo, unas semanas después de llegar aquí, rencorosa decidí que tú jamás lo sabrías.

Hizo una pausa extendida sin dejar de mirar a su hija. Neji guardó silencio esperando que ella continuase, finalmente los ojos chocolate se enfocaron en él.

—Ilusamente creí que te olvidaría, pero que tonta fui. ¿Cómo podría olvidarte si había una parte de ti que siempre estaría conmigo? —sonrió de lado de forma irónica y dolida—. Cuando Yue nació supe de inmediato que con sólo verla te recordaría: tenía los mismos ojos que tú, a pesar de parecerse tanto a mí. Verla a los ojos sería verte a ti.

Nuevamente calló interrumpiendo el contacto de sus miradas, enfocándola en la pequeña que ahora conversaba infantilmente con uno de los meseros, señalándole los coloridos peces.

—La bauticé como Yue en una clara alusión a la luna, algo que siempre relacioné con el color de tus ojos. Podía sonar irónico e incluso resultar masoquista, pero qué ganaba, si aunque no quisiera siempre estarías presente, y más aún cuando tienes amigos que te aprecian tanto que hacen hasta lo imposible por verte feliz.

—¿Ellos sabían de Yue? —interrumpió por primera vez.

—Sí —respondió sinceramente, viéndose interrumpida por la llegada de su pedido. Esperó que el mesero se retirara y prefirió no llamar a su hija, quien seguía muy entretenida con los peces—. Sasuke y Naruto la conocen desde que nació.

—¿Por qué nunca me lo dijeron? —interrumpió nuevamente, estaba vez demostrando su molestia—. ¿Por qué ellos conocían a mi hija y yo no? ¿Por qué nunca te acercaste a mí, a pesar de estar en el mismo lugar?

—Yo les pedí que no te dijeran nada —contestó seriamente—, y si no me acerqué antes a ti era porque no quería, ya te lo dije. Por mí nunca te hubieses enterado de la existencia de Yue.

—¿Acaso nunca vas a perdonarme? —cuestionó sin poder ocultar el dolor de su voz—. ¿Qué tengo que hacer para conseguirlo? ¿Qué tengo que hacer para que entiendas que en seis años no ha habido un solo día en el que no te recuerde? En el que no me arrepienta hasta el cansancio de lo que hice.

Tenten bajó la mirada. No se atrevía a mirarlo y hacerle ver a través de sus ojos que ya lo había perdonado, que los argumentos que sus amigos le habían dado habían servido para convencerla que el chico sufría enormemente por haberla engañado, que se arrepentía y que no había día en el que no pensara en ella. Esos pensamientos la confundían y la arruinaban; porque de nada había servido intentar odiarlo si al final el amor nunca pudo convertirse totalmente en odio, si no importaban los años porque ella estaba casi segura que lo seguía queriendo, quizás no de la misma forma que antes, pero al fin y al cabo lo quería; por haber sido importante en su vida, por ser el padre de su hija, por saber que él también seguía sintiendo lo mismo y eso, sólo lo podía leer en sus ojos.

—Mami. —La voz de su hija la hizo reaccionar—. ¿Él es mi papi?

Sonrió amargamente al cuestionamiento de la pequeña Yue. —Podrás darte cuenta que heredó tu inteligencia —indicó a Neji. Éste sonrió melancólicamente—. Sí mi amor, él es tu papi.

La niña amplió su sonrisa conforme a la respuesta de su madre, dirigiendo sus grises ojos al Hyuuga. —Papi —lo llamó, el joven sintió que su corazón parecía querer salirse de su tórax al escucharla—. ¿Me compras un pececito?

El hombre no pudo evitar reír ante la pregunta. Estiró sus brazos para poder alzar a la niña y sentarla en su regazo, ésta en ningún momento se opuso. —Todos los que quieras mi amor —susurró para ella.

Yue sonrió satisfecha mordiendo posteriormente su labio inferior mostrando todos sus dientes de arriba. —Papi, tú eres muy lindo —dijo acariciándole la mejilla—, mami me dijo que tú estabas de viaje por el mundo, pero que algún día me vendrías a ver…

Neji asintió a lo que ella le decía, regocijándose de felicidad al sentir la tibia y pequeña mano de ella acariciando su mejilla, produciéndole placenteras reacciones de emoción que aumentaban los latidos de su corazón. Enterarse que era padre, en el día del padre, era lo mejor que le había podido pasar, ahora sólo le faltaba conseguir el perdón de Tenten y quizás con el tiempo lograr que ella volviese a quererlo como antes.

—Neji. —La voz de la castaña le llamó la atención, recordándole que ella estaba presente—. Ahora que sabes de la existencia de Yue, yo no soy nadie para exigirte que te mantengas alejado de ella. Estás en todo tu derecho de cumplir tu rol de padre, pero te pediré expresamente que no intentes quitármela porque eso sí que no lo permitiré. Durante cinco años he sido madre y padre para ella, aún cuando mi padre ha estado siempre presente apoyándome en todo lo que necesito.

—No te preocupes —dijo él con su seriedad característica—, jamás intentaré hacer algo así. Sólo te pido que me dejes recuperar el tiempo perdido y estar con ella lo más posible.

—Mami —interrumpió nuevamente la voz de la menor, ambos la miraron—. ¿Mi papi se vendrá a vivir con nosotras? Porque yo quiero ver todos los días a mi papi. ¡Mi papi es el más lindo del mundo! —exclamó alegremente echándole los brazos al cuello y besándole la mejilla

Para aquella interrogante Tenten no tuvo respuesta, simplemente miró a Neji que lucía sumamente feliz por las palabras que su hija le decía, así como también receptor de los mimos que ella le dedicaba. No sabía exactamente qué hacer porque no podía negar que la idea de compartir nuevamente con él le producía sensaciones que creyó no volver a experimentar, y que como una idiota adolescente ansiaba volver a besarlo y cobijarse en sus brazos. Se maldecía por quererlo, pero simplemente no era capaz de "no hacerlo".

—Si yo te dijera que aún te quiero, ¿me creerías? —La masculina voz del Hyuuga le sobresaltó, haciendo que lo mirara a los ojos y leyera en ellos la verdad de sus palabras. Al final se daba cuenta, que sin importar los años, había aprendido a leer tan bien al chico, que seguía siendo un libro abierto para ella.

—Eso yo lo sé —respondió confiada—, así como también sé que desde hace tiempo te perdoné. Comprendí que con los años el dolor disminuye, y que una herida de amor sólo puede ser cerrada por más amor, y mi herida fue sanada por Yue, que irónicamente era fruto de mi amor por ti.

—Nuestro amor —corrigió él.

—Comprendí y llegué a creer que no por ser un amor de adolescentes iba a ser falso —continuó ella—, aún cuando muchos sostuvieran que los amores de juventud se pasan, para mí siguen siendo los más importante, porque tu has sido el único hombre que he amado en mi vida, y con el pasar del tiempo tu traición dejó de doler, porque tenía cosas más importantes por las que preocuparme. La traición que me hiciste quedó en el pasado, y mi vida giró en torno al animalito que tienes en brazos y al sueño de volver a verte algún día. Puede que haya estado con otros hombres durante estos años, pero nunca dejé de recordarte. En mis relaciones había cariño, pero no amor, en el sexo puede haber existido placer, pero no era el mismo que sentía junto a ti… y detestaba eso, ¿sabes? Detestaba no poder sacarte de mi cabeza, estando siempre comparando al chico con el que estaba, contigo. Quizás por eso no pude tener un novio más de un mes… los cuales fueron muy pocos, el resto de hombres se redujeron a una noche de sexo y a no saber nunca más de ellos al contarles que tenía una hija.

Neji escuchaba atentamente las palabras de Tenten. Al parecer ella si había compartido con más hombres durante los años en que no se vieron, a diferencia de él y su castigo autoimpuesto. Pero no la culpaba, ella era libre de hacer lo que quisiera, no había razones por las cuales obligarse al celibato.

—Inconscientemente me dejaste marcada como tuya —continuó Tenten—, como si hubieses sabido que sin importar que yo me fuera lejos, seguiría siendo tuya aún cuando tú ni siquiera lo supieras, evitando así que cualquiera que tuviera interés en mí se me acercara sólo por haber estado contigo alguna vez. Y yo, aunque no quería reconocerlo, me seguía sintiendo tan tuya como cuando éramos novios, y sin importarme el daño que me produjo tu traición, seguía queriéndote. No niego que me costó perdonarte, fueron años… pero al final, comprendí que nunca podría odiarte realmente.

—Tú también sabes que yo te pertenezco —reconoció él—, que a pesar de lo que pasó, yo seguía pensando en ti, recordándote y anhelando volver a verte.

Si miraron fijamente, aceptando en ese momento que por muchos años que hubiesen pasado, parecía que su amor era más fuerte y ni siquiera una traición lo podía separar irremediablemente, que las vueltas de la vida los llevarían a juntarse nuevamente porque siempre habría algo que los uniría.

—¡Estoy aburrida! —exclamó Yue mirando intercaladamente a sus padres que no dejaban de mirarse. Durante todo la conversación se había mantenido callada porque sabía que así tenía que hacerlo, pero ya no lo soportaba—. ¿Por qué no vamos donde el abuelo?

—Sí —respondió Tenten saliendo de su aturdimiento—, me urge hablar con tu abuelo. —Se levantó de la mesa sacando unos billetes del morral que aún tenía cruzado, para pagar la cuenta.

Neji también se puso de pie aún cargando a su hija. Salieron del local rumbo al edificio de la empresa.

—Tenten —llamó el Hyuuga mientras caminaban—. ¿Por qué continúas vistiéndote como cuando teníamos diecisiete años? —Se atrevió a cuestionar ahora que el ambiente entre ellos ya no era tan tenso.

—Que tú seas un amargado no quiere decir que yo también lo sea —contestó sencillamente ella para luego echarse a reír. Se encogió de hombros—. Todavía estoy estudiando, Neji, me atrasé dos años para poder quedarme con Yue. Además que lo que estudio no me exige vestirme formalmente… al menos no todavía, así que mientras no sea absolutamente necesario no pienso cambiar mi apariencia.

—¿Qué estudias? —cuestionó mientras ingresaban al edificio y se dirigían al elevador.

—Administración de empresas. Papá me convenció de continuar con su negocio, y ahora esto me llama mucho la atención. Aunque también tomo cursos de pintura, voy al teatro, a los conciertos de las bandas que me gustan y un sin número de cosas… hago todo lo que me gusta, pero por sobre todo —amplio su sonrisa—, soy mamá.

Neji sonrió al ver que Tenten seguía siendo la misma mujer que conoció hacía muchos años atrás y de la cual una vez se enamoró. Continuaba siguiendo sus instintos sin dejarse manipular por nada, haciendo lo que ella quería. Sintió las manos de Yue enredarse en su pelo, mientras la niña se miraba en el espejo que estaba de espaldas a él. Notó que Tenten se acercaba a él, por lo que la miró, ella le sonrió poniéndose de puntitas para alcanzar su altura, y sin mayor por qué, atrapó sus labios en un beso que durante muchos años soñó, correspondiéndolo de inmediato. Ella acarició sus labios como si tratara de una danza: lenta y acompasada. El Hyuuga sólo la siguió, sintiéndose dominado por millares de sensaciones de placer. Los aplausos de Yue los hicieron separarse.

—¿Y eso? —susurró para que la castaña lo escuchara, sin poder dejar de sonreír complacido.

—Tenía ganas de hacerlo… —sonrió ella saliendo del ascensor una vez que las puertas se abrieron.

Yue le pidió a su padre que la dejara en el suelo, y una vez en tierra firme se puso a correr, anunciando con un nuevo estruendo el ingreso de ellos en la oficina.

Neji se sorprendió de encontrarse a su padre y al de Tenten conversando amenamente mientras bebían un café, por su parte la castaña parecía levemente molesta y eso lo notaba por el entrecejo fruncido y la mueca de sus labios.

—Ustedes lo sabían, ¿cierto? —cuestionó mirando con los ojos entrecerrados a los dos hombres.

—¿Qué sabían? —indagó Neji confundido.

—Y te llamaban genio… —se burló la chica—. ¿Qué no te das cuenta? Ellos lo planearon todo, ellos sabían desde el principio que nos volveríamos a ver. De seguro lo planearon cuando hacían los tratos para el negocio.

—¿Papá? —dijo el Hyuuga confuso, sin ser capaz de creer que su progenitor estaba involucrado en su reencuentro con Tenten, aunque de todas formas debía agradecérselo.

Hizashi sonrió de manera infantil, mirando a su cómplice en todo aquel lío, quien parecía presentarle a Yue a su otro abuelo. Los ojos de la pequeña destellaron al saber que ahora tendría dos abuelos que la consentirían en todo.

—Feliz día del padre, hijo —lo felicitó Hizashi mientras recibía gustoso a la pequeña niña que de inmediato se había lanzado a sus brazos, feliz de tener otro abuelo.

Y un padre.

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¡Feliz día del papi les desean Las Migas a todos los papis del mundo! Aunque dudo mucho que haya algún papi que lea esto. u.u

Un capitulo en extremo largo... ufff lo sé, pero pasaron muchas cosas en esos seis años. Bueno, la traicion de Neji es algo sin importancia, ya saben: se arrepentia hasta la médula, y lo único que queria era recuperar a su mujer, y al final lo logró, teniendo a otra mujer más para su vida...

Pos ya saben, para Neji, Tenten es la mujer de su vida así que nunca será completamente él si no tiene quien lo complemente a la perfección como sólo la castaña lo sabe hacer... Para las fans de Sakura: saben que Las Migas tienen una campaña aserrima en contra de las asquerosas innombrables, y pues el erratico desliz de Neji tenía que tener nombre, pero ya saben lo mucho que lo sufrio, y lo que se arrepentia, dejando en claro que jamas cometeria tal tipo de aberración como meterse con Sakura... sin recibir el siniestro castigo de Jashin

Como último, pues anoche se me ocurrió, luego de terminar éste momento, hacerle una pequeña continuación con lemmon =D ya saben, seis años de abstinencia tienen que terminar algún día.

¿Qué les parece? ¿Les gustó el capitulo? ¿Quieren la continuación? Pues se me olvidaba agradecer enormemente los reviews. Las Migas somos muy felices, extremadamente... con sólo dos más llegaremos a los quinientos... felices!

Aps, y a la niña que nos dejó su correo, pues sabrá que las Migas somos dos, y que no tenemos una cuenta juntas, pero recién ahora me di cuenta del review, así que yo al menos la agregaré y le dire tambien a mi miga, cuando aparezca...

Sin más...

Be Jealous