De: Masashi Kishimoto & Las Migas ©
Reservados todos los derechos.
Estas son historias de ficción: la semejanza con situaciones o personas de la vida real es mera coincidencia.
Momento veintiséis: El mejor amigo.
"Neji, me casaré"
Las palabras de ella se repetían sin cesar golpeando dolorosamente mis oídos, atacando mis tímpanos y destruyendo mi corazón. A cada golpe que daba al saco de boxeo mí tortura aumentaba; su sonrisa radiante, el brillo de sus ojos, la felicidad en sus palabras. Así como la recordaba, mí consciente me recriminaba.
Yo era su mejor amigo por lo que en ese momento mi misión debía ser felicitarla y desearle lo mejor, hacer propia la dicha de ella, darle mí aceptación, comprensión y sobre todo apoyo, pero no, la reacción que tuve fue todo lo contrario a la idealizada; le grité, la recriminé, y finalmente le confesé que la amaba.
Desde el principio vi como los ojos de ella se cristalizaban llenándose de lágrimas producto de mis crueles palabras, pero aún así no me detuve; seguí diciéndole que estaba equivocada, que se estaba metiendo en la boca del lobo, que era una estúpida por casarse tan joven… dije tantas cosas sin pensarlo porque realmente la noticia me afectaba; saber que el amor de mí vida sería de otro me torturaba, saber que la perdería sin haberle confesado jamás lo que sentía me estaba matando.
Las gotas de sudor corrían por los contornos de mi rostro, mis brazos se estaban adormeciendo producto del cansancio, mi cuerpo exigía un respiro, pero yo me negaba; golpeaba y golpeaba cada vez con más fuerza, intentando descargar la furia que sentía: mi descontrol. Quería librarme de todos mis pensamientos y mis sentimientos; deseaba que el tiempo retrocediera y no haberme comportado de esa manera.
Hacía tiempo que había dejado de verla sólo como mí mejor amiga. Para mí ella era mucho más que eso; era mi compañera, mi complemento, era mi sueño, era quién yo amaba. Porque ella era todo lo que quise sin siquiera quererlo realmente. Junto a ella comprendí que no necesitaba cambiar porque a pesar de ser de comportamiento y actitudes frías, ella me aceptaba. Me comprendía, me conocía, y me apoyaba en mis decisiones, aún cuando no estaba completamente de acuerdo. Ella era la que me aconsejaba cuando lo necesitaba, la que me escuchaba cuando ya no podía seguir guardando más mis palabras, la que me recriminaba por mis actitudes antipáticas sin sentir miedo por hacerme enojar, aquella que era capaz de aconsejarme cuando mi mente no era capaz de entender las situaciones que escapan de mi juicio. Tenten era todo lo que yo no era.
Desde niños empezamos a compartir juntos creciendo y conociéndonos cada vez más, acompañándonos en las buenas y en las malas, teniendo discusiones como buenos amigos que éramos pero siempre logrando perdonarnos mutuamente a veces sin la necesidad de utilizar palabras; ella sabía que yo estaba ahí para lo que fuera, así como yo también sabía que ella jamás me faltaría. Creamos un lazo indestructible que cada vez se hacía más fuerte, una amistad enorme que muchos envidiaban y malinterpretaban, un vínculo que logró que me diera cuenta que depositar confianza en alguien no era tan malo como lo imaginaba, una gran amistad que se escapó de mis manos porque todo lo que ella me hacía sentir se convirtió en algo mucho más fuerte. Intenté prohibirle a mis emociones y sentimientos que se confundieran; Tenten era mi mejor amiga y no podía ser más que eso. Imploré a mi corazón que dejara de acelerarse cada vez que ella estaba cerca, rogué a mis pensamientos que dejaran de rememorarla, pedí a todos los dioses existentes no sentirme tan feliz junto a ella, pero todos mis ruegos no fueron escuchados, al final me enamoré perdidamente de mi mejor amiga.
Me confié en mi actitud porque siempre había sido una persona bastante seria que nunca demostraba sus sentimientos abiertamente, salvo contadas excepciones como lo era ella, por lo que atribuí que jamás dejaría de verla sólo como mi amiga. Logré darme cuenta que de un tiempo hasta el presente ya no sentía lo mismo, ya no era como antes; ahora anhelaba estar con ella, sentirla cerca, hablarle y demostrarle con caricias mi cariño hacia ella, algo inusual y extraño en mí. No entendía porque mi corazón se aceleraba tanto cuando ella me sonreía de esa manera tan única, me culpaba por sonreír como idiota al recordar los momentos que pasábamos juntos, me recriminaba al tener pensamientos insanos relacionados con ella; quería besarla, tocarla y oírla gemir mi nombre. Creía que eso duraría sólo un tiempo; que era una fase de nuestra amistad, pero me equivoqué. Mis creencias fueron completamente erradas, me enamoré perdidamente de mi mejor amiga, y eso sencillamente no podía suceder.
"Te amo Tenten, te amo"
Esas fueron las palabras con las que terminé mi monologo, y para ese entonces ella no dejaba de llorar.
Han pasado tres meses desde mi confesión desde ese día que no sé nada de ella; perdimos contacto y yo me rehusé a buscarla a sabiendas que no sólo me haría daño a mí, sino que a ella también.
Tenten llevaba más de dos años de relación con un tipo que nunca terminó de caerme bien, no porque fuera el novio de quién yo amaba, sino porque el desgraciado la engañaba como quería y yo lo sabía, pero nunca hice nada por separarlos. Mi amiga lo quería mucho, yo era consciente de ello, y era por eso que me negaba rotundamente a partirle el corazón diciéndole la verdad, porque ella sufriría y yo la había visto sufrir bastante como para ser capaz de hacerla conocedora de más daño. No obstante, si encaré al desgraciado que se hacia llamar su novio, recriminándolo y amenazándolo, pero de nada sirvió ya que días después él le propuso matrimonio, y ella ilusionada y enamorada, aceptó.
Agotado y sin ánimos ni para continuar pensado me dirigí al baño del gimnasio para asearme y retirarme. Quería llegar pronto a la soledad de mi departamento, para encontrar cualquier cosa con lo que distraerme, aunque sencillamente eso se me hacia imposible.
Si al menos ella intentara ponerse en contacto conmigo; si me llamara o me buscara, cualquier acto que sane mi corazón. Me basta sólo con saber que continuaremos siendo amigos, ya no me importa si ella se casa con otro. Ya no me importa nada simplemente no quiero perderla para siempre.
Al abrir la puerta de mi apartamento me encontré nuevamente con la soledad que siempre me acompañaba; todo estaba oscuro y solitario. Pensé una vez más en la idea de comprarme un perro eso era algo que ya se me hacia necesario; un poco de compañía. Antes Tenten solía pasar mucho tiempo conmigo: íbamos de compras, cocinábamos, incluso salíamos a hacer deportes juntos, veíamos películas y un sinfín de panoramas que juntos establecíamos, lástima que ahora ella no estaba. Mi rutina era tristemente patética.
Encendí la luz de la entrada encontrándome con un sobre color blanco, con decorados en dorado en cuyo centro estaba escrito mi nombre con maravillosa caligrafía echa a maquina, en el mismo tono de los adornos. Lamenté enormemente haber abierto esa carta, o más bien, esa invitación; la que me informaba que dentro de una semana sería el matrimonio de Tenten. Unión a la cual estaba cordialmente invitado.
Si llorar se me diera fácilmente, en ese instante lo hubiera hecho, pero ya estaba resignado a que la había perdido para siempre; ya había llorado lo suficiente sin darme cuenta, y de por si, eso era completamente extraño para una persona tan seca como yo. Contadas fueron las ocasiones en que lloré, realmente muy pocas, y ahora en los últimos tres meses, parecía haber llorado más que en toda mi vida, aunque seguía sin sentirme orgulloso por hacerlo. Tenten definitivamente me hacia hacer cosas que jamás imaginé. Llorar era una de ellas, así como también sonreír, abrazar, decir palabras o realizar gestos de cariño y muchas otras cosas que son comunes en las personas normales, exceptuando que yo no era una persona que cabía en la definición de "normal".
Suspiré melancólico. En la soledad de mi departamento poco me importaba demostrar lo mal que me sentía, al fin y al cabo nadie me escucharía ni se compadecería de mi lamentable situación. Tiré la invitación sobre la mesita que se encontraba a la entrada, cayendo junto al llavero de un pandita de juguete, el que ella misma me había regalado hacia tiempo; llavero que poseía las llaves de su departamento, porque según propias palabras de Tenten, ella confiaba tanto en mí que quería demostrármelo con ese gesto sabiendo que yo sabría cuando utilizarlas. Lamentablemente siempre estuvo ahí, esperando ser usado. En un acto de reciprocidad yo le entregué unas llaves del mío amparando sus palabras, haciendo gala de nuestra gran amistad, que no necesitaba un por qué.
Me dejé caer pesadamente sobre el sillón, cerrando los ojos y visualizando momentos que ocurrieron; situaciones que me hacían tan feliz, recuerdos inolvidables a su lado. La amistad que compartíamos era tan especial. Jamás imaginé que una persona como yo pudiese tener amigos, menos aún alguien que me comprendiera y me aceptara tal cual soy, tampoco imaginé llegar a enamorarme de ella cuando la conocí, pero aquí estoy sufriendo por perderla para siempre, aunque con el extraño gustillo de saber que al menos le dije que la amaba.
Amar es una palabra pequeña, pero con un significado enorme. Si llegasen a preguntarme cómo me di cuenta que estaba enamorado de ella, no sabría que responder. Simplemente decir que a una persona como ella es imposible no amarla, más aún cuando han pasado años de sus vidas compartiendo, cuando ha estado a tú lado en las buenas y en las malas; cuando te entrega el cariño más grande que puedas imaginar sin pedir nada a cambio. No fue fácil lo reconozco, para un tipo con el orgullo tan grande como el mío no es sencillo reconocer un sentimiento tan poderoso y tan destructor, pero se dio y no me quedó otra opción que aceptarlo. Sin embargo, Tenten nunca me demostró que podía sentir algo más que un amor de amigos hacia mí, y ya para ese entonces estaba con su dichoso novio, y yo opté por callar; prefería amarla en secreto y seguir compartiendo a su lado para conservar aquellos momentos por la posteridad, porque de todas maneras nuestra relación se asemejaba mucho a una de novios, aunque sólo fuéramos amigos.
La utopía no es una palabra que me agrade demasiado, pero no podía evitarla cuando pensaba en ella; me gustaba soñar, me gustaba desear, porque todas esas situaciones se mantendrían ocultas en mi mente y nadie podría saberlas ―a menos que existiera alguien que leyese las mentes, lo cual era imposible― solamente yo sería consciente de ellas y seguiría anhelando para que algún día se hiciesen realidad. Desafortunadamente no podemos vivir de los sueños, porque mientras más alto lleguemos, la caída será más dolorosa y las rodillas no la resisten.
Resignación era una palabra que odiaba, pero la cual había tenido que aprender a aceptar, porque mi vida se trataba de eso: resignarme a lo que me tocó. Porque ya había dado una batalla en la que no había tenido rival; simplemente me enfrenté a mis miedos, lanzándome al vacío descuidadamente, sin pensar en lo que me esperaba abajo; yo simplemente me enfrenté a un desafío inexistente.
Derrota era mi segundo nombre; Neji el derrotado Hyuuga.
Decidí que lo mejor sería presentarme en su matrimonio al menos para seguir desempeñando mi rol de mejor amigo, sin importarme verla ataviada un hermoso vestido uniendo su vida a alguien que no era yo, sabiendo que mis sueños se iban a la mierda, sólo conformándome con verla feliz y que quizás con un poco de compasión de su parte, podríamos volver a ser amigos dejando en claro los sentimientos, obligándome nuevamente a reprimirlos y hacerlos a un lado.
Una semana era poco tiempo comparado con los tres meses en que no tenía noticias de ella. Nunca imaginé que tuviese tanta prisa en contraer nupcias, pero que más daba, no importaba la fecha; antes o después sería lo mismo: la perdería de todas formas. Porque sus labios besarían a otro, su cuerpo se entregaría a otro, su deseo sería para otro, porque nunca había sido para mí.
Me distraje lo que más pude aquellos días, intentando hacer cualquier cosa con tal de no recordarla, exceptuando el día en que compré el traje que llevaría a su boda; algo sencillo, un traje común y corriente de aquellos que se usan en las situaciones formales, no necesitaba nada más.
También me compré un perro: un cachorro de dálmata que encontré en la tienda de animales, y que me produjo un no sé qué cuando lo vi, es que tenía unos ojitos tan tristes, iguales a los míos, dijo la vendedora. Fue así como encontré a mi compañero, y al verlo después en mi departamento ladrando y agitando su cola sin cesar, llegue a creer que sería un gran consuelo para mí soledad. Lo bauticé con el nombre de "Rony" en alusión en uno de mis cantantes favoritos.
El día que esperaba nunca llegase se presentó ante mí de manera súbita; en compañía de Rony el tiempo pasaba más rápido, ya que constantemente tenía que tratar de enseñarle los lugares que debía ocupar como baño, o también intentando que no acechara todo a su paso.
Me presenté en la iglesia establecida quince minutos después de la hora fijada en la invitación. Para ese entonces ya habían llegado varios de los invitados, siendo recibidos por un jubiloso Kankurou. Yo ni siquiera me acerqué, no era tan cínico como para felicitarlo si ambos éramos conscientes de que nunca nos llevamos bien, simplemente entré y me senté a esperar.
El tiempo pasó angustiosamente lento; veía a la gente entrar y disponerse por los asientos a la espera que pronto el matrimonio empezara. El dolor crecía en cada minuto, pero mi rostro inescrutable jamás lo demostró. Intenté alejarme de aquella situación, distrayéndome con cualquier cosa, incluso llegando a analizar las vestimentas de los demás invitados.
En primera fila se encontraba Temari, la mejor amiga mujer de Tenten y hermana del novio, ataviada en vestido verde que combinaba perfectamente con sus ojos, su cabello rubio caía libre y ordenado, un sutil maquillaje adornaba su rostro. A su lado se encontraba su eterno enamorado; Shikamaru, quién como siempre tenía una cara de fastidio total y pereza extrema, él vestía un elegante traje muy parecido al mío, exceptuando por el color de la camisa que era del mismo verde que el traje de su novia.
Aburrido de evaluar los trajes de las demás personas, recordé a Rony quién pequeño e indefenso tuvo que quedarse solo en mi departamento con la posibilidad de las mil cosas que podría hacer. Ignorando las atrocidades con las que podría encontrarme cuando regresase a mi hogar, reaccioné cuando vi a Kankurou parado en el altar.
El momento había llegado, me dije. Me levanté de mi posición al mismo momento que los demás invitados, llenando mis oídos de la marcha nupcial que empezaba a resonar en toda la iglesia, tragando pesadamente al dirigir mi mirada hacia la entrada esperando que mis ojos se encontraran con la figura de Tenten vestida con su traje de novia ingresando por esas enormes puertas, radiante de felicidad al unirse finalmente al hombre que amaba.
Maldije una vez al desgraciado aquel; él no se la merecía. Mi amiga era demasiado buena persona para él. Si Tenten supiera de los engaños de Kankurou, si supiera que él realmente no le devolvía ese amor que ella le brindaba, si al menos yo hubiese sido un poco más valiente y consciente de mis sentimientos hacia ella, quién estaría parado en el altar sería yo y no él, pero bueno ya era bastante tarde.
Extraño fue cuando la canción terminó y nadie apareció en la puerta, más extraño aún cuando los murmullos empezaron a extenderse por toda la iglesia y todos miraban a Kankurou y la puerta intercaladamente, intentando encontrar alguna respuesta a la interminable espera.
Miré a Kankurou, quién tenía un semblante indescifrable en su rostro; la mueca que adornaba sus labios era de horror, mientras que sus ojos se veían brillantes. Imagino que tipo de cosas estarían pasando por su cabeza; la situación simplemente no daba muchas cosas a pensar, y fácilmente se podía concluir que la novia no llegaría.
Mi corazón se aceleró ante tal pensamiento, queriendo que mis deducciones fueran ciertas; rogando a todos los dioses existentes para que Tenten no entrara por esa puerta y se casara con ese tipo.
Un pelirrojo entro corriendo, aunque su rostro permanecía completamente serio, se acercó a Kankurou y en el momento en que cruzó por mi lado. Lo reconocí: era Gaara el hermano menor del novio y por lo mismo de Temari. El recién llegado susurró algo al oído del chico parado frente al altar. Yo miraba atentamente la situación, queriendo leer los labios del pelirrojo para así saber que era lo que decía. Desafortunadamente no pude entender nada, pero si fui capaz de ver claramente como el rostro de Kankurou se desfiguraba notoriamente. Mi corazón dio un brinco.
Temari se acercó a sus hermanos intrigada por saber lo que estos hablaban. Por la distancia era obvio que no podría escuchar lo que decían, pero si podía identificar cada una de las muecas que aparecían en sus rostros, clara señal de que lo que yo pensaba era cierto.
Pasaron varios minutos en los que los murmullos se hicieron más notorios, ya todos sospechaban lo que estaba ocurriendo, aunque sinceramente no se podían deducir muchas cosas de una situación así.
En ese momento quise sonreír, pero dadas las circunstancias guardé cualquier emoción que demostrara mi felicidad para cuando estuviese solo. Gaara encaró a todos los invitados, anunciando que el matrimonio se suspendía, razones no dio, suponiendo que todos ya debían saber el por qué. Nadie preguntó nada, lentamente todos se fueron retirando aunque los murmullos nunca disminuyeron.
Yo me retiré de la iglesia aparentando indiferencia, pero en mi interior sentía enormes deseos de correr y gritar de felicidad, por muy infantil que sonara, no me importaba. En ese momento mi dicha era enorme y quería gritársela al mundo, sin importarme que todos me tacharan de loco; sencillamente decirle al mundo que la mujer de la cual estaba enamorado no se había casado podía ser suficiente para contagiar de alegría a todos.
Me subí a mi auto mientras aflojaba el nudo de la corbata, en ese momento una inevitable sonrisa se dibujo en mi rostro, la cual no se borró hasta que llegué a mi departamento. Fue al momento de meter la llave en la cerradura que me extrañé. Estaba seguro de haberle dado dos vueltas al pestillo antes de salir y ahora no tenía ninguno. Quizás alguien se había metido a robar, aunque eso era imposible; mi edificio era uno de los mejores de la cuidad nunca se habían dado ese tipo de situaciones.
La segunda situación que se me presentó fue no ser recibido por los simpáticos ladridos de cachorro feliz que siempre me brindaba Ronyy al verme atravesando la puerta: "me robaron el perro" pensé. Entré cuidadosamente mirando hacia todos lados, buscando a cualquier individuo ajeno a mi propiedad, sin embargo no encontré nada. Recorrí silenciosamente la cocina y la sala, pero no había nadie, caminé hasta mi habitación viendo que la puerta estaba entreabierta. Abrí con cuidado siendo un bulto blanco en el suelo con lo primero que me encontré. Extrañado miré detalladamente el lugar, localizando bajo las mantas de mi ordenada cama otro bulto.
Caminé para ver que clase de ladrón entraba a un departamento y se metía en la cama de su víctima. Me ubiqué al lado contrario al bulto, tomando las mantas y levantándolas encontrándome con Rony quien me miraba atento moviendo sin cesar su cola.
―¿Qué haces aquí? ―le pregunté al perro completamente confundido y extrañado, sin sentirme lo suficientemente patético al hablarle a un animal que nunca me respondería, al menos no de una manera que yo pudiera entenderle. Rony me ladró sin dejar de mover su cola.
―Te compraste un perro… ―me estremecí de pies al cabeza al reconocer su voz. Mi corazón latió agitado al oírla, reconociendo de inmediato el dolor de su tono.
―¡Tenten! ―exclamé sorprendido al verla a ella bajo las mantas con su vista pegada en Rony. Sus ojos hinchados, el maquillaje corrido y el rastro de lágrimas que hacia que mechones de cabello se pegaran en su rostro; se veía tan triste―. ¿Qué haces aquí? ―pregunté sin ser capaz de entender aún.
―Me escondo ―respondió sencillamente sin mirarme en ningún momento, estirando levemente su mano para acariciar la cabeza de mi perro―, es bastante lindo… ―comentó―. ¿Cuándo lo compraste?
―¿Por qué estás aquí? ―insistí ignorando su pregunta―. ¿Por qué no llegaste a la iglesia? ―quería que ella me respondiese todas las interrogantes que colapsaban mi mente; deseaba que ella me confirmara todos mis anhelos.
―Porque no pude… ―sollozó. Distinguí nuevas lágrimas saliendo de sus ojos, sin poder evitarlo, me senté en la cama sólo para acariciar su rostro. Rony inmediatamente se levantó bajándose del colchón y saliendo de la habitación―. No podía casarme Neji ―decía entrecortadamente mientras lloraba―, no podía cometer un error así.
Conmocionado por sus palabras me recosté junto a ella sin dejar de acariciar su rostro, encontrándome al fin con sus ojos los cuales se pegaron a los míos transmitiéndome todo el dolor que sentían.
―No lo amo, Neji ―confesó―, no puedo amarlo ―su voz se oía tan rota, tan lastimada, que sentía como mi propio corazón se contagiaba de su dolor―, no después de saber lo que sientes…
¿Lo que yo siento? ¿Yo era el culpable de que ella no se casara?
Reconozco que cuando entré a la habitación y encontré el bulto blanco en el suelo, jamás imaginé que podría ser su vestido de novia, menos aún llegué a pensar que era ella la que se encontraba bajo las mantas. Quizás se trataba de mi mente regocijada de alegría, la que opacaba mi intelecto, pero no me interesaba en esos momentos; la sorpresa de encontrármela ahí era demasiado grande.
―¿Yo? ―cuestioné confuso acercándome un poco más a ella―. Yo sólo te confesé lo que sentía para que tú lo supieras, no para que no te casaras…
―Nunca debiste hacerlo ―refutó ella acercando su mano y acariciando con delicadeza mi rostro―, no debiste desenterrar aquello que tanto me costó enterrar…
―Tenten… ―susurré sin entender sus palabras―. ¿A qué te refieres?
―Yo también te amo Neji ―reconoció entre lágrimas―, y tuve tanto miedo de decírtelo, que preferí ocultarlo en lo más profundo de mi corazón, sólo por el temor de perderte…
―Tenten… ―murmuré nuevamente, incapaz de creer lo que mis oídos escuchaban. Sin poder comprender como el miedo que ambos sentíamos nos había llevado a una situación así―, yo lo oculté por lo mismo…
―Si fuésemos más valientes… ―sonrió amargamente―, nos habríamos ahorrado muchas cosas…
En ese momento sentía ganas de llorar al igual que ella para lamentarnos juntos de ser unos cobardes; de haber compartido tantas cosas bajo el nombre de amistad, queriéndonos de una manera muy distinta a como lo hacen los amigos. Por cobardes, por orgullo, por el miedo a perdernos preferimos callar teniendo que estar en una situación extrema para poder ser capaz de reconocer lo que sentíamos realmente.
Con temor me aproximé hasta sus labios, pero todos mis miedos se disiparon al sentir como ella correspondía la íntima caricia expresando en ella todo lo que sentíamos el uno por el otro y que por tanto tiempo mantuvimos oculto. Sentí en mis labios el sabor de aquellas amargas lágrimas que antes había derramado, pero ya no lloraba, simplemente se dedicaba a profundizar cada vez más aquel beso que tanto necesitábamos. Nos besamos con anhelo, con amor, entrega, pasión, compromiso y millones de sentimientos más que podían resultar indescifrables.
Aquella tarde y durante la noche nos entregamos el uno al otro sin cesar, de manera profunda e íntima, demostrando sin palabras todo lo que sentíamos. Nos unimos con amor, con placer, con deseo. Expresamos a través de nuestros gemidos y nuestras caricias lo mucho que nos necesitábamos. Aluciné cada vez que ella gritó mi nombre, enloquecí con sus caricias, deliré con sus besos; me sentí completamente correspondido. Nuestros cuerpos encajaban a la perfección como si fuésemos dos piezas de rompecabezas que estuvieron perdidas, hasta que finalmente lograron encontrarse y unirse para no separarse jamás. Los caminos de nuestras vidas siempre estuvieron en paralelo, pero llegó un momento en que se tuvieron que separar sólo para volver a juntarse y transformarse en uno.
Ya no importaba todo lo que habíamos dejado atrás. En ese momento la visión de Tenten frente al altar a punto de casarse con otro parecía tan lejana e irreal. Porque en esa situación era imposible creer que dos personas que se amasen tanto podrían llegar a estar separadas.
―Neji… ―escuchaba bajito a mi oído, como un susurro infantil que buscaba despertarme. Logré formular algún sonido incomprensible que demostraba que estaba medio despierto―. Neji… ―repitieron―. ¿Puedes ir a mi casa a buscarme ropa?
Una sonrisa torcida se dibujó en mi rostro. Ni siquiera tuve la necesidad de abrir los ojos; el susurro de su voz me comprobaba que no había sido un sueño, que ella estaba a mí lado después de habernos confesado nuestros verdaderos sentimientos.
―No creo que sea correcto andar por la calle paseándome con el vestido de novia ―continuó―, así que necesario que vayas a buscarme ropa ―terminó sonriendo, yo entreabrí los ojos sólo para observarla y dedicarle una sonrisa que no podía seguir ocultando. Realmente era feliz junto a ella.
Con pereza me levanté, escuchando las risas de ella ante mis quejas por no dejarme descansar después de tan agotadora noche. Me vestí rápidamente para poder salir pronto y volver de la misma forma. Nada más abrir la puerta de mi habitación, entró Rony ladrando entusiasmado y agitando sin cesar su larga y delgada cola, subiéndose rápidamente a la cama para recibir las caricias que Tenten le ofrecía.
La miré sonreír y reír tan radiante, como si no hubiera sido ella la que estuvo a punto de casarse el día anterior; como si el pasado no importara en ese momento; como si realmente hubiésemos estado juntos siempre. Sonreí yo mismo antes de salir de la habitación y dirigirme al departamento de Tenten.
Antes de salir tomé las llaves que nunca había utilizado, pero que permanecían desde el inicio en el mismo lugar. Me encaminé en mi auto hacia aquel lugar que tantas veces había visitado en compañía de ella, y entré como si estuviera habituado a hacerlo. Me dirigí hacia su habitación sin siquiera preocuparme de cerrar la puerta; estaba confiado en que sólo tomaría algunas cosas y saldría con la misma velocidad con la que había entrado, de todas formas no tenía nada más que hacer en ese lugar.
Me encasillé en meter algunas prendas en el primer bolso que encontré, sin preocuparme demasiado de lo que guardaba; yo sólo quería volver pronto a mi casa y compartir con Tenten. Suena un tanto desesperado, pero realmente quería estar junto a ella y disfrutarla por completo. Ya había sido demasiado tiempo de no poder verla, ni tocarla, y ahora se tenía la oportunidad de compartir como siempre lo soñé con ella, debía aprovecharlo al máximo.
―Te estaba esperando ―la voz masculina me sobresaltó. Me erguí rápidamente, poniéndome a la defensiva y mirando al hombre que se ubicaba junto a la puerta de la habitación.
―Kankurou… ―susurré con los dientes apretados―. ¿Qué haces aquí?
―Ya te dije, te esperaba ―respondió él sin variar en ningún momento su semblante serio y su mirada de odio―, es necesario que hablemos.
Pude darme cuenta que aún vestía el traje de novio y que su rostro se veía desaliñado. Tenía unas profundas ojeras bajo los ojos, su pelo desordenado y su vestimenta arrugada. Sus ojos enrojecidos e hinchados y sus mejillas levemente sonrosadas demostraban que había estado bebiendo.
―Yo no tengo nada que hablar contigo ―argumenté volviendo a meter cosas de Tenten en el bolso.
―¿Ni siquiera explicarme por qué te estás llevando las cosas de mi novia? ―siseó con ira reprimida.
Paré en seco al escuchar su pregunta, me erguí dignamente para enfrentarlo, lo miré con la misma intensidad que él lo hacía sin vacilar ni un momento; Kankurou ya sospechaba algo, no era necesario negarlo, pero tampoco se trataba de contarle todo. Que él pensara lo que quisiera.
―¿No dirás nada? ―continuó―. Acabas de mandar a la mierda mi matrimonio y ¡No dirás nada! ―estaba colérico, furioso, destrozado.
―Yo no hice nada… ―respondí tranquilamente―, tú me viste, yo estaba ahí… y desde hace meses que no hablo con Tenten. ―me mordí la lengua para no continuar; no tenía porqué estar dándole explicaciones.
―¡No me mientas! ―exclamó furibundo, apretando sus manos y mandíbulas―. Tenten me dejó una carta… ¡Yo lo sé todo!
―¿Y qué haces aquí entonces? ―cuestioné con burla y un dejo de molestia―. Deberías estar con alguna de las tipas con las que sueles revolcarte a gusto…
Vi claramente como sus mandíbulas se tensaban aún más. Se había quedado sin argumentos, yo tenía toda la razón; él era un canalla descarado que no merecía explicaciones.
―Sólo venía a comprobar la verdad ―gruñó fastidiado―, quise que ella me lo dijera en la cara para sentirme aún más mierda… quería saber que de verdad no me amaba como creí que lo hacía… que me mintió durante toda nuestra relación.
―¿Mentir? ―ahora era yo el enojado―. ¿Te atreves a decir que ella te mintió? ―caminé un paso acercándome a él―. ¡Tú! ―exclamé despectivo apuntándolo con un dedo―. Tú que la engañabas con quien se te cruzara por delante ―me sentía realmente molesto al escucharlo decir que ella era culpable de todo lo que había pasado―, tienes el descaro de culparla a ella por no quererte cuando tú nunca lo hiciste….
Nuevamente lo dejé sin argumentos. Yo tenía razón desde siempre, porque aquel tipo no la quería realmente, las razones de por qué estaba con ella no las sabía, tampoco me importaban, pero me enardecía saber que no la quería y más encima la culpaba a ella por no amarla desesperadamente. Realmente sí me importaba saber por qué estuvo con Tenten durante tanto tiempo sin quererla.
―Ahora será tú quien me dé explicaciones ―continué―. Me dirás por qué tuviste con ella sin quererla y sólo para engañarla. ―no le estaba preguntando, le estaba exigiendo una explicación.
―Sí la quería ―respondió soberbio―, y no necesito darte mis razones de por qué estaba con ella ―en su rostro se formó una sonrisa maliciosa―, quizás… era por el sexo ―su sonrisa se transformó en una mueca que pretendía molestarme― ella es sorprendente en todo lo referente a sexo
Fue mi turno de sonreír soberbio y arrogante― Eso lo sé…
Su mandíbula se desencajó y sus pupilas destellaron de odio contenido, me sentí completamente satisfecho al devolverle la mano; jamás permitiría que alguien como Kankurou hablara mal de Tenten, ni nadie.
―No tienes nada que hacer aquí ―volví a mi labor anterior, observando aturdido la provocativa ropa interior de mi amiga que había cogido por casualidad. Rápidamente despabilé―, creo que las cosas están claras: Tenten no quiere estar contigo.
―Y tú eres el culpable de todo ―argumentó acercándose―, tú la alejaste de mí.
―Por un momento en tú maldita vida ―nuevamente me voltee a verlo enfurecido―, deja de pensar sólo en ti… ¿Cuál es el gusto de querer estar con ella cuando no la quieres? ¿Quieres humillarla? ¿Hacerla sufrir teniéndola atada a ti sabiendo que la engañas con quien se te antoja? Ten por seguro que Tenten es lo suficientemente orgullosa para no permitirlo ―cada una de las palabras que pronunciaba destilaba rabia pura―, y yo tampoco lo permitiré jamás.
―Sale al rescate el mejor amigo de toda la vida ―se burló Kankurou sonriendo malicioso. Entendí que aquello que yo le decía era cierto; no se molestó en negarlo ni contradecirlo, asumiendo que era verdad―, el idiota enamorado que nunca dijo nada a su amiga por temor a perderla para siempre…
―No creas que tus palabras me molestaran ―dije con superioridad―, al menos de algo sirvió la relación que tuviste con ella… ―sonreí burlón―, ahora estamos juntos y tú eres nadie para separarnos…
Nuevamente la ira lo invadió, tensándose visiblemente. Me sentía enormemente satisfecho de provocarlo de esa manera; era un insano placer restregarle la verdad en el rostro―. Ahora si no te importa… ―lo miré desafiante―, te pediré que te marches y no nos molestes más… ella está bien sin ti.
Sin darle tiempo de responder me dirigí al baño en busca de alguna de las cosas personales de Tenten. No hizo falta preguntar para saber que él se había marchado; el fuerte portazo anunció su retiro.
Suspiré aliviado; finalmente las cosas se habían solucionado. No hicieron falta explicaciones para que él comprendiera que ya no formaba parte de la vida de Tenten, y con esto me sentía de alguna forma agradecido de ello; Kankurou se había retirado con todo el orgullo que le quedaba, asumiendo que ya era tiempo de dejar de hacerle daño a mi amiga dejándola libre para que fuese completamente feliz.
Y sólo a mi lado lo sería.
Lo reconozco y asumo, siempre fui posesivo con lo que creía me pertenecía por derecho absoluto. Durante mucho tiempo sentí que Tenten era MÍ amiga, la única, pero ahora siento, pienso y estoy completamente seguro que no es sólo mí amiga, sino que también mi mujer.
Admito que soy un cabrón.
Rápidamente volví a mi departamento luego de recoger lo que creía que sería necesario para que Tenten no se moviera en varios días de mi lado.
Podía asegurar también, que haber reprimido emociones y sentimientos durante tantos años, me estaba jugando en contra en éste momento; ya no sabía qué hacer, ni que pensar con tanta felicidad embargándome por completo.
Es difícil de explicar, pero resumiendo que la única mujer que había logrado enamorarme como un idiota estaba junto a mí, lograba que todo se viera de color rosa. Sinceramente me sentía patético, aunque en menor grado.
Al llegar me recibieron los simpáticos ladridos de Rony ―que en ese momento hasta el perro lograba animarme― y el olor a miel que había en mi departamento. Rápidamente me dirigí a la cocina encontrando a mi mujer ―porque desde ahora era completamente mía―, cocinando unos panqueques mientras tatareaba una canción.
No hace falta mencionar que aquella camiseta de mi propiedad lucia esplendorosamente bien en su cuerpo; sólo cubría lo necesario y eso me entusiasmaba un montón.
Tendría que aprender a controlarme, aunque sabía que se me haría una tarea difícil.
―Te tardaste… ―dijo ella sin siquiera voltear a mirarme―, pensé que habías huido igual que yo… ―lanzó una risotada divertida mientras sacaba el panqueque del sartén―, puede ser contagioso… ―me miró seria para luego volver a reír.
―Estuve con Kankurou ―comuniqué acercándome al mesón junto a ella. Tente me miró impactada―, creo que ya no te molestará nunca más… entre los dos dejamos las cosas en claro.
Mi castaña asintió como si realmente comprendiera con mis pocos detalles lo que yo le decía― En la carta que le dejé, expliqué todo lo que por mucho tiempo me reprimí; mi amor por ti, nuestra amistad, sus engaños, mis sentimientos para con él, la felicidad de saberme correspondida por ti, y finalmente las razones de no querer atarme a alguien que no me quería ni lo haría nunca… ―suspiró largamente―, así como también a alguien que yo nunca podría querer…
―Al menos ―señalé acercándome y atrapándola en un abrazo―, creo que fue capaz de comprender que no te merecías lo que él te hacía, creo que algo de cariño debe de haberte tenido para dejarte ser libre y feliz.
―Kankurou sólo se quiere a él mismo ―argumentó mientras alzaba un poco su cabeza provocando que su cálido aliento chocara contra la piel de mi cuello. Cerré los ojos―. Él jamás podría apreciar a alguien sinceramente, sólo se preocupa por su bienestar y satisfacción personal, nada más.
La apreté más contra mí, pidiéndole mudamente que ya no habláramos más del tema: Kankurou era parte del pasado.
Sentí sus manos rodear mi cintura mientras hundía su nariz en mi pecho. La apreté más contra mí, para poder inundarme de su presencia.
Los ladridos de Rony nos devolvieron a la realidad, provocando que Tenten se separara rápidamente de mí para poner atención en el panqueque que ya empezaba a quemarse sobre el sartén.
La observé moverse rápidamente intentado salvar lo que quedaba de comida. Sonreí feliz pensando que había esperado mucho tiempo para estar así con ella.
¿Sólo su mejor amigo? ¡Patrañas! Su mejor amigo, sí, pero ese que la ama como nadie más en el mundo.
Empezar pidiendo perdón por la enorme tardanza en actualizar los momentos, pero en realidad... el tiempo se nos fue de las manos.
Subo éste capítulo, que es una especie de "relleno" para calmar la ansiedad y para que no crean que dejaremos botados los momentos.
Creo que quedó un poco cursi, meloso y fuera del personaje, pero no pude más... ya lo tenía escrito hace algún tiempo (mucho en realidad) pero lo modifiqué y terminé para poder subirlo.
Sinceramente, espero que les haya gustado y sirva para reenamorarse de ésta singula pareja... ¿Sólo amigos? ¡Patrañas! Incluso en el "rellenuto", capítulo 184, se afianza más su relación.
Revuelquense en su mierda asquerosas innombrables, que como el Neji & Tenten no hay! Oh! ray!
Informo también, para todas aquellas lectoras y escritoras (incluso hombres si es que se interesan) en que hemos decidido, ambas Migas, abrir los momentos para todas...
Así es queridas fanaticas de la pareja, a partir de éste capitulo quedan abiertos los momentos, para todas aquellas interesadas en aportar con su "momentito" a ésta particular entrega.
Nos hemos dado cuenta, que no daremos abasto para lo que iniciamos, y como no queremos dejarlo botado durante tanto tiempo, decidimos proponerles a todas y todos que participen en ésta redada.
¿Cómo hacerlo?
¡Fácil! Sólo escriban la idea que se les venga a la mente, obviamente no igual que otros momentos anteriores, lo envian a nuestro correo (que adjuntaremos) y nosotras lo leeremos, corregiremos y haremos una especie de retroalimentación con quien escribio el capítulo. Luego será subido, detallando obviamente quién lo escribió.
¿Les interesaria participar?
Pues, las puertas están abiertas a todas las fanaticas de la pareja. Sólo mencionar, que en lo posible tratar de dejar fuera a otras parejas, pero se permite mencionarlas sin enfocarse en ellas. Recuerden que son momentos Neji & Tenten, y ya hemos visto por ahi que han inciado los "momentos" de otras parejas ¬¬
Dejamos el correo: NEJISUKIS arroba HOT...
Obviamente en minuscula, y todo junto. Estaremos a la esperas de sus respuestas.
Dejen en un review plasmado no sólo un comentario del capitulo, sino que tambien de su interes por participar.
P/D: El correo de las Migas no tiene MSN asi que no lo agregen, los correos particulares de cada una serán puestos a disposición a las interesadas en participar.
MIENTRAS MÁS MEJOR!
Esperamos respuestas.
