Jo, hola a todos, no esperaba subirlo tan rápido, pero la razón por lo que lo hago es porque el próximo capítulo lo pondré hasta marzo.

Estoy muy cruda, pero igual espero y lo disfruten:

Mi vida de taxista

Capitulo 2

3: 15 de la madrugada, como era de esperarse hubo muy poca clientela en este turno. Solo lleve a una persona, pero valió por 5, y no estoy diciendo que pago cinco veces más de lo que le pedí, no, tendría una mejor vida si todo el que se subiera al taxi hiciera eso, lo digo principalmente por todo el trabajo que implico llevarlo.

En primer lugar, estaba completamente borracho, aunque no me sorprendió al verlo del lugar que salía. Después, tardo una eternidad en decirme adonde quería ir ya que estaba totalmente desoriento, así que le pedí su cartera para ver la dirección de su casa en alguna credencial que tuviera dentro, y al final todo se complico cuando llego la hora de bajarlo. Probablemente otro taxista lo hubiera dejado tirado en la banqueta, pero yo no, ¡malditos principios!; el sujeto vivía en el piso más alto del edificio departamental y era enorme a comparación de mí, pero igual lo arrastre hasta su cuarto, abrí la puerta con su llave, lo deje recostado sobre un sillón de la extrañamente pulcra sala y tome de su cartera solo el dinero del pasaje, ni más ni menos, odio ser tan estúpidamente honesto.


En este preciso momento me encuentro estacionado afuera de un club nocturno, no falta mucho tiempo para que ella salga, siempre termina de trabajar antes de las 3: 30 y justo en este momento la veo salir, vestida con una larga gabardina.

-¡Kurosaki-kun!- grita en cuanto reconoce el taxi.

-ahh… hola Inoue-san…- la saludo sin mucho ánimo, estoy demasiado cansado como para fingir emoción.

-¿hoy también tomaste el turno nocturno verdad?- me pregunta parpadeando un par de veces.

-sí, eso parece…- díganme que rayos estaría haciendo en ese lugar de no ser así.

-ohhh…- agacha la cabeza y borra su sonrisa, yo únicamente arranco el motor y el vehículo se pone en marcha.

-¿y cómo te fue vendiendo seguros?- le pregunte para hacer platica cuando el silencio se volvió incomodo.

-bien, hoy gane mucho…- me muestra un fajo de billetes considerablemente grueso, ni el mejor vendedor del mundo podría ganar tanto en una sola noche.

-debiste de haberle vendido a 30 personas…- dije riendo levemente, sabía exactamente a lo que se dedica, sabía que solo trabajaba los fines de semana y también sabía que le avergonzaba que las demás personas lo supieran, por eso había inventado que era una vendedora de seguros de vida.

-si… algo así…- menciono apenada, era una buena persona pero (al igual que yo) había tenido mala suerte en la vida, sus padres se murieron, su hermano también y ese fue el único empleo que consiguió para pagar los gastos que se generan cuando vives solo y eres demasiado joven. Llegamos afuera de su casa y ella comenzó a contar el dinero para pagarme.

-hoy yo invito Inoue, ya tengo lo suficiente para pagar los intereses de este mes… - le dije mientras miraba las luces de la calle.

-pero…- intento ofrecerme el dinero.

-no, así está bien, solo conduje 15 minutos…además a ti te cuesta más trabajo ganarlo- quería irme a descansar a mi casa enseguida, los ojos me pesaban como nunca antes.

-eres muy bueno conmigo…- dijo con una voz conmovida, es una lástima que la mayoría de las personas confundan ser bueno con ser estúpido- tenía ganas desde hace tiempo de preguntarte algo…- cielos, el sueño me está matando y esta mujer quiere ponerse a platicar- te gustaría… no se… ir tal vez… algún día a comer a alguna parte… como por ejemplo… el viernes…- le estaba dando un verdadero trabajo hablar, ¿una cita?, ¿realmente me estaba pidiendo eso?, en este día me está pasando de todo.

-el viernes trabajo…- di un largo bostezo mientras le respondía.

-¿Qué...que tal el sábado?...- siguió insistiendo ya fuera del carro.

-también trabajo…- intentaba darle una negativa indirecta, pero al parecer todavía no lo entendía.

-¿y el domingo?, no este, sino el que viene… el domingo es un día que se hizo para descansar- me lo dijo, olvidando por completo el hecho de que ella trabajaba ese día.

- ningún día Inoue-san, todavía no estoy listo para comenzar alguna relación, no eres tú, en este instante apenas y puedo sostenerme yo…- le intente explicar que era un mal momento.

-si es por el dinero, yo invito, incluso puedo trabajar cuatro días en lugar de dos, podría ayudarte a pagar las deudas, no me importaría hacerlo…- su voz comenzaba a ahogarse, al igual que sus ojos.

-no es por eso, necesito aclarar mi mente…- encendí el motor para salir de esa situación que se había tornado insostenible para mí.

-¡¿es por mi trabajo verdad?!- grito finalmente, ¿Por qué no pude tomar el dinero y ya?

-claro que no, tu no elegiste ser prostituta, son solo cosas que pasan…- termine emitiendo lo del ficticio trabajo de vendedora de seguros, esto parecía una maldita novela de drama. Tenía el pie encima del acelerador, y estaba dispuesto a pisarlo en cualquier momento.

-¡no es verdad!, todo el mundo me odia y me señala por eso…- se cubrió el rostro con las manos, intentando deshacerse de las lagrimas, mientras se doblaba hasta casi tocar el piso, y todo porque, ¿Por qué le dije que no?, ¡vamos! Ella podía conseguirse a alguien mejor, alguien que no fuera un taxista pobre y mediocre, nunca entenderé porque las mujeres siempre terminan eligiendo hombres que no les convienen. Pise el acelerador hasta el fondo, su llanto solo hacía que me doliera mas la cabeza. No soporto ver llorar a las personas, tal vez en otro momento y en otro lugar me hubiera bajado del auto para ayudarla, pero hoy no, no podía, no tenía ganas de hacerlo, solo quería volver a mi casa y dormir un poco, así que al diablo con la caballerosidad.

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(A unos kilómetros de ahí)

(Rukia POV)

Llegue a un hotel bastante destartalado, las letras H y T estaban fundidas, la pintura gastada y el estacionamiento olía a orines de vagabundo, pero igual entre. Los pies me mataban, el vestido me resultaba más estorboso que nunca y las piernas me ardían por la tremenda caminata que había involuntariamente hecho, así que hice unas cuantas maldiciones mentales al taxista estúpido que se había negado a llevarme con la excusa más absurda y poco creíble que jamás había escuchado. Alcanzo a llegar al mostrador y por poco me desplomo sobre la sucia y astillada mesa de registro.

-¡señorita! ¿Pero que le paso?- exclamo un hombre de avanzada edad al mirarme, no sabía que me veía tan horrible y desgastada.

-es muy largo de contar y estoy cansada, solo deme una habitación…- me arranque el collar de plata que el infeliz de Renji me había dado cuando todavía creía que me amaba, era valioso y podía pagar fácilmente mil noches de hospedaje ahí, pero quería deshacerme cuanto antes de todo aquello que me recordara su persona- espero que con esto baste- dije antes de ponerlo sobre el mostrador.

- esto es…- lo tomo y lo observo con ojos muy abiertos, tomo aire, guardo la joya y me deslizo una llave por encima de la mesa para que la tomara-su cuarto en es el 206, puede quedarse todo el tiempo que quiera…- su rostro detonaba felicidad y su sonrisa adornada con pocos dientes lo confirmaba, por lo menos ese pedazo de metal serviría para hacer feliz a alguien más, me alegro por él.

El elevador no funcionaba (al parecer desde hace varios años), así que utilice las apolilladas escaleras, levantando polvo con cada paso agotado que daba, apenas y podía levantar los pies.

Prendí la luz de la habitación y realmente no estaba tan mal, tenía muy bajas expectativas de ese hotel. Cerré la puerta tras de mí de un golpe para comenzar a desvestirme, el velo casi lo arranque de mi cabeza, el vestido, las mallas, las estorbosas varillas, los sucios guantes que en este momento no estaban tan blancos, lo viejo, lo nuevo, lo prestado y lo azul, me quite todo eso de encima hasta quedarme casi desnuda, me sentí tan estúpida cuando recordé como le había rechazado el velo a Rangiku-san, solamente porque su matrimonio había durado dos días. Fui al baño y en cuanto levante el irruptor de luz un millar de cucarachas salieron corriendo por todas direcciones, al parecer salubridad se había olvidado de ese baño por completo. Quise vomitar, ese sitio era asqueroso, toda mi vida me la había pasado viviendo en los hoteles más lujosos del mundo, con habitaciones llenas de extravagancias caras y absurdas, las paredes y pisos tan pulidos que parecían espejos, las camas eran tan grandes que fácilmente cabían cinco personas y los baños estaban tan desinfectados que si lo deseabas podías comer ahí; este lugar era todo lo contrario, no era ni lujoso ni limpio, pero era todo lo que necesitaba esta noche.

Una vez pasado el asco me acerque al espejo para mirarme, la palabra "demacrada" nunca había sido un descriptivo mas preciso. Al ver mi penoso reflejo las lagrimas comenzaron a botar, ya había llorado mucho, había llorado por horas hasta verlo todo borroso, no entendía donde era que guardaba las que me rosaban las mejillas. Me metí entre las sabanas sin siquiera sacudirlas, el colchón estaba duro y la almohada olía extraño, como si no se hubieran usado en años. Un liguero olor a ahumado inundo toda mi nariz, pero estaba tan cansada que no le preste atención, quedando dormida en cuestión de segundos.

(A la mañana siguiente)

-¡Taxi!- una mujer rubia y alegre me pidió la parada, traía jalando del brazo a niño vestido con uniforme escolar. Yo por mi parte tenía una migraña épica, el cuerpo entumecido y la garganta rasposa, si por mí fuera, este día me lo hubiera pasado en cama descansando, pero bueno, uno tiene que ganarse el pan.

-¡mama por dios, ya son las 12: 50 de la tarde! ¿Qué diablos voy a hacer a la escuela?- se comenzó a quejar el niño antes de ser forzado a subir por su (demasiado joven) madre.

-se descompuso la limosina y se me hizo un poco tarde para llevar a mi angelito a la escuela- me dijo mientras daba las indicaciones para llegar al plantel.

- no es verdad, amaneciste ebria y el abuelo te gano al chofer…- la desmintió el niño, poniendo cara de pocos amigos.

-¡creí que hoy era domingo!- se intento justificar.

-si es domingo, el domingo también me tocan clases, ¡tengo seis años yendo a clases los domingos!- le grita enojado, por eso yo no tengo hijos.

-no me regañes, prometo compensarte, ¿Qué quieres? ¿Una moto?, ¿dinero?, ¿alcohol?, ¿cigarros?- explíquenme que madre le ofrece cigarros y alcohol a su hijo menor de edad, solo le falto mencionar a la mujerzuela enferma para tener el paquete completo.

-solo quiero que me dejes en paz…- su ceño se funcia con cada palabra que decía.

-no me digas que todavía sigues enojado porque ayer te descuide unos minutos…

-tres horas cuarenta y cinco minutos- le rectifica.

-bueno, te descuide tres horas cuarenta y cinco minutos, pero solo lo hice porque confiaba que podías llegar solo a casa, ya eres todo un hombrecito que se puede cuidar solo…- sonríe y le revuelve los cabellos su nada convencional madre.

-mama, ayer tuve que correr más de 15 cuadras para lograr escapar de un drogadicto que me perseguía para vender mis órganos y comprar crack…

-¡y no sabes lo orgullosa que me haces sentir!, nadie como mi hijo para escapar de los drogadictos…- menciona como si fuera la cosa más grande y heroica que hubiera escuchado en su vida.

-no entendiste el punto, no lo digo para que te sientas feliz por mí…- pare al auto despacio cuando llegue al destino señalado.

-ohh, mira, ya llegamos, ¡que rápido fue!- estira el brazo y abre la puerta del lado de su albino hijo.

-no me voy a bajar, ya están saliendo todos…- clava las manos en el asiento, negándose rotundamente a salir del auto.

-mira, ahí va saliendo momo-chan, tu novia…- señala con el dedo a una joven de cabello negro, me resulta demasiado conocida.

-¡ella no es mi novia!- niega cruzando los brazos.

-ahhh, perdón fue mi error, tu novia era Yachiru-chan…- en cuanto vi esa cabellera rosa y esos ojos inquietos recordé la única vez en mi vida de taxista que me han pagado con dulces y cosas de chicas (totalmente inservibles para mí).

-¡que no! Ella tampoco es…-la cara de el tomo un color rojo, estaba avergonzado por todo lo que salía de la boca de la rubia.

-vamos no seas tímido, ve a saludarlas…- lo empuja para sacarlo del vehículo.

-no…- se agarra del marco de la puerta para no salirse.

-¡ya sé porque no te quieres salir!- hurga en su bolso y saca una ridículamente gruesa cartera- no te he dado dinero, ¿Cuánto quieres? ¿50, 000?, ¿100, 000?, espera, ya se, mejor te pongo mi tarjeta de platino, puedes sacar todo lo que quieras- le mete la tarjeta a la mochila y finalmente lo saca, todo ese teatro me parecía tan irreal, una madre que le da todas las libertades a su hijo y este solo quiere atención, me sentía en dimensión desconocida, en este mundo hay personas de todo tipo- ¡vete a divertir con tus amigas, mama te ama, cuídate mucho y si no llegas a dormir usa protección!- le grita desde la ventana al mismo tiempo en que me hace una señal para que acelerara, un fuerte y furibundo grito de "¡¡¡¡mamaaaaaaa!!!!"- se escucha hasta la primera cuadra, recuerdo que cuando era niño mi padre también solía humillarme así cuando venía a recogerme del colegio, por un segundo llegue a comprenderlo.

-ahora quiero que me lleves a un bar que está abierto las 24 hrs, sirven unas bebidas estupendas y el servicio es fabulo…mmm… espera, creo que tengo una llamada…- se saca un celular vibrante del pecho y presiona una tecla para recibir la llamada- ¡Rukia-chan! ¡¿Dónde estás?!, ¡no sabes cómo está tu hermano en estos momentos, tiene a media ciudad buscándote!- comienza a gritarle al teléfono, ahora me está comenzando a doler la cabeza nuevamente.

-¿A dónde vamos? Estoy a punto de llegar a una desviación…

-espera, me está diciendo... no, no te digo a ti, la señal se está perdiendo, dime donde estas… ¿un hotel? Pues con eso ya supe, solo hay 125 hoteles aquí, ¿a las afueras de la ciudad? ¡¿Cómo llegaste ahí?!, bueno, bueno, te regañare cuando te tenga enfrente, en el kilometro 54… muy bien… si, también te llevare ropa, déjalo en mis manos, no conozco ningún hotel por ahí, pero si dices que estás viendo el letrero por la ventana te creeré, ¡en este momento voy por ti linda!-y corta la llamada.

-Tu amiga debe de estar desubicada, a las afueras de la ciudad no hay ningún hotel, y menos por la 54…- le dije antes de que pudiera hablar.

-pero de ahí estaba llamando, no creo que Rukia-chan me haya mentido si quiere que valla por ella…- eso era cierto, pero no lógico para mi, hasta que recordé la única posibilidad.

-solo hay, bueno, había un hotel justo donde dice tu amiga, pero se quemo hace 10 o 15 años, sería imposible que…

-párate ahí, enfrente de esa tienda, no he comido nada y tengo que comprar el desayuno…- me señalo con el dedo índice un local comercial.

-eso es una licorería…- y valla que lo era, vendían desde el vino más caro hasta cerveza en vaso.

-lo sé…- se baja apurada- no me tardo ni diez minutos…

-¿pero y lo del hotel? Te dije que se incendio hace 15 años, tu amiga te está mintiendo…- no se necesita ser un genio para adivinarlo.

-no, como crees, pasamos a la tintorería y después vamos con ella…- ¡mujeres!, les encanta llevar siempre la contraria, pero total, si es una treta o no a mi me pagan por hora.

¿Alguna vez han oído la leyenda del hotel fantasma?, yo sí, tengo la historia en el libro de los tesoros de cuentos de miedo (amo ese libro, tal vez no me casaría con el porqué sería ilegal y raro, pero si lo considero algo muy valioso), fue eso y una noche de insomnio y café (¿sabían que las dos cosas no se llevan bien?) los que me inspiraron para hacer este capítulo.

Hasta marzo (me estoy volviendo vieja… estoy a un mes de los 17 y ya parezco de 18 T_T)

Adiós y cuídense de:

Ronald (el payaso tenebroso que vende infartos entre dos panes), La comida taiwanesa, el hombre de la ventana (hermano del viejo del saco), los mensajes subliminales de Disney, la mujer en la pintura, las jeringas usadas, unir colores y ver en qué dirección se mueven, pegar piedras, preguntarle a Alicia, llamar a Charley, los traficantes drogadictos de órganos (a menos que sean Hitsugaya), la coca cola (solo dios sabrá cual será la "fórmula secreta), las cartas cadenas, el videojuego polybius, la pagina de la dama ciega, Gloomy Sunday (dicen que provoca suicidios), la leche de cartón, las calcomanías gratis, la carne de RES (del latín cosa) y si son rockstar drogadictos, cuídense más que nunca cuando tengan 27 años.

Uffff, ¡el mundo está lleno de peligros! Debería de hacer un fic en donde pusiera este tipo de leyendas urbanas… no, esperen, ya lo tengo, se llama las 100 velas y está en mi lista de próximas actualización.

Chao!