Hola, espero no haberme tardado tanto como otras veces en actualizar. Tarde demasiado en darme cuenta que el verdad me encanta escribir en esta página, pero de cada experiencia se puede sacar algo bueno, o eso dice el que me terapea en el messenger.

No sé si solo soy yo, pero este fic está más dramático-depresivo que otra cosa, y la vida algunas veces tiene cosas buenas. Seguro que más adelante se me ocurre algo feliz.

Bleach no me pertenece u.u

Mi vida de taxista

Capítulo 5

Justo ayer por la noche, me arme de valor y decidí contarle a mi jefe sobre mis planes de dejar la prostitución. Grave error. Yo realmente creí que era una buena idea, pero no fue así.

Me dijo que era una zorra demasiado estúpida como para aspirar a algo mejor, y me obligo a trabajar toda la noche hasta que el sol volvió a salir.

-¿te pasa algo Inoue-san?- la voz del hombre más hermoso y tierno del mundo me saco de mis pensamientos.

-no... solo pensaba cosas sin importancia- sonrió al instante y despejo mi mente de tristezas. Hoy por fin ha aceptado tomar algo conmigo; tal vez le di mucha lastima cuando me vio caminar tan deprimida por la calle.

-ahhh...- fue todo lo que menciono, de la forma más despreocupadamente linda.

-Me alegro que esta vez hayas aceptado mi invitación…- sorbo un poco de mi bebida y oculto la mitad de mi rostro con el vaso. No puedo evitar sentir las mejillas calientes con solo mirarlo.

-tenía que hacerlo, no debí de haberte dejado así la otra noche- intento disculparse, mientras movía con la cuchara el contenido de su taza de café. Estaba tan concentrado que no notaba con todo el amor que lo miraba.

-no te preocupes, supongo que lo merecía por haber sido tan directa, estaba algo voluble esa noche- sentía vergüenza con solo recordarlo, debió de haber pensado que era una loca desesperada.

-¿vas a ordenar algo?, recordé que tenía un pendiente- dejo de mirar la calle, a través del vidrio del café-restaurante. Seguramente tenía problemas que resolver, y yo solo le quitaba el tiempo.

-te vez cansado Kurosaki-kun, deberías dormir un poco más, estresarse no resuelve nada y es malo para la salud- le di mi punto de vista y por primera vez desde que entramos al local me miro directamente, pero no como yo lo hubiera deseado. Su mirada está dedicada para alguien que había mencionado algo insultantemente obvio.

-entonces no quieres nada- ignoro mi comentario por completo, me siento estúpida.

-no…perdón por haberte quitado tu tiempo Kurosaki-kun…- bajo la mirada para que no pueda ver mi rostro rojizo por lagrimas que aún no salían. Realmente no era mi intención hacerle una escena como la de la otra noche, pero ¿Por qué me trata como si le importara tan poco?

-no…no digas eso Inoue-san, solo es un mal momento, esto no estaba planeado para mi…- tomo una servilleta de papel que había sobre la mesa y me la ofreció para secarme las lágrimas que ahora salían mescladas con mocos.

-perdón, yo lo entiendo, no te preocupes por mí - sonreí al sentir su mano tocando la mía, ¿Cuánto es necesario amar a una persona para que esta permanezca a tu lado?, no estoy segura de saberlo en este momento, solo sé que el volvió a tomar asiento y miro de nuevo por la ventana.


-Lo hizo de nuevo- Hitsugaya volvió a dejar escapar un suspiro lleno de cansancio y resignación. Si su madre entrara a un concurso de madres irresponsables, lo perdería por ausencia.

-Momo, cariño, mami va a tomar sus lecciones de yoga con su yogui personal en el cuarto de huéspedes, si papi llega…

-le digo que estas en el club de lectura- contesto la chiquilla, como si lo supiera de memoria.

-hacemos un gran equipo linda, te llevare a comprar helado… algún día, uno que no tenga clases, eventos o prácticas…- y sin más, cerró la puerta para no perder más tiempo. Tendría que caerse de la cama para cumplir esas palabras. Por el contrario de Hitsugaya, si la madre de Hinamori entrara al mismo concurso, lo ganaría en un segundo, después de acostarse con todos los jueces.

-cualquiera se puede retrasar 3 días Shiro-chan, tal vez tenía mucho trabajo o se le presento algo importante- intenta animarlo su amiga.

-no lo creo, no es la primera vez, ni tampoco será la ultima

-bueno, puede que no sea la mejor madre del mundo, pero la mía tampoco lo es, y si te sirve de consuelo, el padre de Yachiru-chan tampoco ha venido por ella…- señala a la mencionada, la cual estaba entretenida hablando por su celular.

-la verdad, Ken-chan ya viene en camino, lo acaban de dejar salir de la estación de policía- comienzo a recoger sus cosas del suelo la burbujeante niña.

-no es lo mismo, ella por lo menos sabía que estaba detenido por romperte el cuello a un tipo

La bocina de un auto deportivo sonó varias veces hasta producir un sonido repetitivo he irritante.

-eso fue rápido, debió de haberme llamado cuando estaba casi llegando- dedujo Yachiru, saliendo a toda prisa de la habitación.

-nos vemos mañana Yachiru-san...- se despidio Hinamori, a pesar de que esta ya se encontraba fuera de la casa y era poco probable que pudiera oirla.


-¡Ken-chan, llegaste muy rápido!- subió de un brinco al carro de aquel aterrador hombre dedicado a la lucha profesional.

-Yachiru, te he dicho que me llames papá- pisa a fondo el acelerador, dejando solo una nube de polvo a su paso.

-lo intentare Ken-chan…- hecho una carcajada divertida al ver la cara de enojo de su progenitor- ¿vamos a casa?- pregunto con curiosidad.

-no, tu madre me acaba de echar de ahí, además, creo que le rompí el brazo cuando cerré la puerta- Yachiru solo rio divertida, agarrándose los pies con las manos- No es gracioso, volvió a pedirme el divorcio mientras la subían a la ambulancia- contra toda posibilidad, su mirada se volvió más sombría de lo que ya era.

-no te preocupes Ken-chan…

-papá

-eso, ella dice muchas cosas, pero siempre vuelve cuando se le termina la pensión- y sonrió de una manera tan infantil y despreocupada, que por un momento lo hizo pensar que ella podía estar en lo cierto, aunque sabía que no- desde hace tiempo tengo una duda Ken-chan…- cambio subitamente de tema.

-¿Cuál?- ya ni siquiera se molestó en corregirla.

-si tú y mama tienen el cabello negro, ¿Por qué mi pelo es rosa?- inflo una bomba de chicle que se matizo con su cabello hasta reventarse, haciendo un plop.

-créeme que eso me ha quitado muchas noches el sueño Yachiru…


-¿Qué haces Shiro-chan?

-¡deja de decirme así!- respondió con una brusquedad sorpresiva para ella y para él- tengo que hacer una llamada que he estado evitando por demasiado tiempo- marco el ultimo numero con desgano, mientras pensaba si colgar o no cuando comenzó a marcar el tono de llamada.

-¿sí?- una voz que imagino jamás tener que volver a escuchar, sonó al otro lado de la bocina- ¿Quién habla?- pregunto después de unos segundos silenciosos. Hitsugaya carraspeo un poco para aclarar su garganta y preparar para las palabras que estaban a punto de pronunciar.

-soy Hitsugaya p…- se detuvo en seco antes de pronunciar lo único que lo unía a ese hombre que veía cuando mucho una vez al año- p-papá, necesito que vengas por mí- todo tenía un límite, y en su corta vida, había llegado a la conclusión que le importaba a su ebria madre un poco menos que nada.


Cuando era pequeña y vivía en la calle, no tenía dinero ni nada materialmente valioso, pero aun así fue la mejor atapa de mi vida.

Recuerdo que un día nublado, encontré a un pequeño polluelo que se había caído seguramente del nido. Estaba emplumado casi por completo, pero aun así era muy pequeño para volar. Quise agarrarlo para poderlo cuidar hasta que pudiera valerse por su cuenta, pero este siempre escapada cuando trataba de tocarlo. Me empeñe tanto en salvarlo que no me di cuenta de lo que me rodeaba.

Y cuando finalmente estaba a punto de atraparlo, salto un enorme gato y me lo arrebato de las manos, dejándome solamente con el brazo extendido

Desde ese entonces, todo en mi vida ha sido similar a ese momento, entre más desee una cosa, siempre abra algo al final que me lo arrebate cuando estoy a punto de alcanzarlo.

-¡Está despertando!, ¡Gracias a Kami!- reconocería esa voz en cualquier lugar.

-Rangiku-san…- abrí lentamente los ojos, pero los volví a cerrar de golpe como un reflejo a la luz.

-Rukia-chan, no te esfuerces demasiado, el doctor dice que aun estas delicada…- menciono con cierta ternura maternal.

-¿Dónde estoy?- miro a mi alrededor y solo veo paredes blancas, creo que sigo algo aturdida por los sedantes.-¿Qué fue lo que me paso?- realmente recuerdo muy poco, mis ideas están completamente desacomodadas, como las piezas de un rompecabezas esparcidas por el suelo.

-Tuviste una descompensación terrible, has estado inconsciente más de dos días querida- coloca una mano sobre mi frente, como para cerciorarse de que mi temperatura estuviera normal.

-¿dos días?-la mire con incredulidad, me resultaba difícil de asimilar.

-sí, y te perdiste de muchísimas cosas- dijo, como si estuviera a punto de decirme los chismes más frescos de todo un mes.

-¿a qué te refieres?- me levante un poco para sentarme sobre la cama. Ya había pasado demasiado tiempo acostada.

-¿por dónde comenzare?, mmm… bueno, comencemos por el mal nacido pelo teñido de Renji, que espero que lo tatúen con una aguja infectada y le de sida- a veces me da la impresión que ella lo odia más de que yo.

-Rangiku, por favor, solo dilo…

-bien, estabas discutiendo con el después de enterarte que estaba con una zorra, ¿lo recuerdas?- asentí con la cabeza- te desmayaste casi enseguida que llegamos, y de repente, como por arte de magia o intervención divina, volviste a ser lo más importante en su vida… pero a mí no me engaño ni por un segundo

-¿está aquí?-aún tengo demasiadas cosas que preguntarle.

-lo estaba antes, hasta que tu hermano llego y casi lo hecho a patadas del hospital, estaba que daba miedo, nunca lo había visto tan enojado con alguien- lo más escalofriante de todo era que no parecía estar bromeando.

-¿Qué tanto?- mi hermano tiene su carácter, pero la mayor parte del tiempo manifiesta su enojo de una manera serena.

-¿recuerdas el día que te traje drogada de aquella fiesta a las 4 de la mañana?

-sí, no te hablo en 3 años

- pues no fue nada si lo comparas con la escena que se dio en este hospital- saco una botella de su bolso después de un corto silencio.

-¿no es muy temprano para que empieces a beber?- en serio, creo que ella tiene un gran problema.

-nunca se es demasiado temprano para disfrutar un pequeño trago, además van a dar las 5 de la tarde- me muestra la hora en su celular para acabarme de convencer que era mucho más tarde de lo que yo creía.

-¿Por qué me pasan estas cosas a mí?- cubro mi rostro con la sabana llena de frustración- ¿Qué más paso?, ¿se murió mi conejo Chappy?, ¿estoy embarazada?, si hay algo más que deba saber, este es el momento.

-no, te deje la mejor noticia para el final, el taxista guapo…

-¡por kami! La mejor noticia no puede ser relacionada con el- ¿realmente me fue tan mal?

-ohh Rukia-chan, ni te imaginas- puso una cara enternecida que no veía desde hace mucho tiempo en ella- él se quedó todo el tiempo a tu lado, dándote respiración boca a boca cuando dejabas de respirar, fue lo más dulce y romántico que jamás había visto…- suspiro enamorada del amor, mientras yo no cabía en horror, vergüenza y asco.

-¡¿Cómo pudiste permitir eso?- mi voz histérica la hizo sobresaltarse en su lugar, necesito otra mejor amiga con urgencia- ¡permitiste que me manoseara un mugroso y pervertido taxista!- estaba a punto de llorar y no sabía si era por eso o por las dolorosas punzadas en el pecho que estaba teniendo cada vez con más frecuencia desde el mes pasado.

-¿no me escuchaste?, ¡dejabas de respirar cada 5 minutos!, además él dijo que era un doctor…

-¡y le creíste!, te volviste a tomar el perfume o que pasa contigo, ¿de cuándo acá los doctores se ganan la vida manejando taxis?

-no lo sé, ve y pregúntale- me respondió con enojo, cosa realmente rara cuando se dirige a mí-pude haber estado muy ebria ese día, pero se juzgar bien a las personas y sonaba sincero; de todas maneras él se comportó muy profesional, ¡y debiste de haber visto la cara de imbécil celoso que puso Renji!- el humor le cambio totalmente, lo cual me asusto al principio. A veces tenía más cambios de humor que un bipolar.

-la señorita Kuchiki ocupa descansar…- entro una enfermera a la habitación, cortándole el hilo a Matsumoto- se acabó la hora de la visita

-¿Quién te manda? ¿Byakuya?- miro con sospecha a la pobre mujer de blanco, la cual solo negó con la cabeza.

-son órdenes del doctor- dijo de inmediato con timidez.

-claro, y por eso el doctor Byakuya está esperando en la puerta para darle el diagnostico ¿no?- dijo con sarcasmo, sacado otra botella de su bolso para tomársela ahí mismo en tiempo record.

-está prohibido meter bebidas alcohólicas al edificio- esa mujer no valoraba su bienestar. Tuve que intervenir antes que contestara o hiciera algo que ameritara llamar a seguridad.

-Rangiku, por favor sal, quiero hablar a solas con mi hermano- al escuchar eso, vuelve a dirigir su mirada hacia la entrada de la habitación, para mirarlo desafiante.

-no lo sé, aun estas débil como para que ese amargado venga y te fastidie- como lo sospechaba, tenía planes de quedarse, mientras mi Nii-san entraba a la habitación. Era hora de usar la única cosa que la haría salir.

-Rangiku, ¿Dónde dejaste a Hitsugaya?- le he hecho la misma pregunta cientos de veces desde que nació ese pobre niño y en todas ha funcionado.

-¿Cómo que donde esta…?- le vasto solo un par de segundos para abrir desmesuradamente los ojos, para acto seguido salir corriendo y gritando. Esta vez solo fueron tres días, lo cual es relativamente poco si lo comparas con aquella vez que se embriago de más en una fiesta y despertó en Marruecos sin un solo centavo. Volvió después de cuatro meses, cuando ya todos la dábamos por muerta.

-ten cuidado al salir- mencione en vano, justo después que ella chocara con mi hermano al salir, cosa que a él no pareció importarle demasiado.

-tenemos que hablar- fue todo lo que dijo antes de tomar asiento a un lado de la cama.


-Kurosaki-kun, no sé si contarte esto o no… quería que fuera una sorpresa, pero no sé cuándo te volveré a ver- ella jugaba con sus dedos de manera nerviosa, mientras yo por mi parte intentaba concentrar un poco de mi atención en ella.

-¿de qué se trata?- mire discretamente el reloj de pared, al fondo del café. Inoue-san había hablado de mil cosas y de nada a la vez. Yo solo miraba como movía sus labios sin entender una palabra en absoluto, así que solo asentía con la cabeza y hacia una pregunta al azar cuando callaba. Me pregunto cómo estará ella.

-kurosaki-kun, ¿en verdad quieres saberlo?- eso lo entendí perfectamente, ya que coloco su mano sobre la mía para terminar de captar mi atención.

-claro…- levante el brazo libre para hacerle una seña a la camarera- solo que sea rápido, tengo que volver al trabajo…

-bien, yo estaba pensando dejar mi trabajo como…- miro para todos lados, mientras se acercaba más a mí, tapando de lado su boca con una mano, como si estuviera a punto de decir algo innombrable- prostituta..- se sonrojo terriblemente después de mencionarlo, pero aun así prosiguió, hablando con un tono más normal- quiero conseguir un trabajo de medio tiempo que no me de vergüenza mencionar en público, y también deseo volver a la escuela, nunca debí de haberla dejado- al terminar, me miro atenta, esperando una respuesta, comentario, aprobación o lo que fuera de mi parte.

-pues… eso está muy bien, no debes de hacer nada que te haga sentir incomoda- atine a decir mientras la mesera dejaba la cuenta sobre la mesa.

-¡tienes toda la razón kurosaki-kun!, mañana mismo lo voy dejar sin escusas y tal vez así, tu y yo…- detuvo su dialogo al ver mis intenciones de pagar con lo último que tenía en la cartera- ¡no, no, no!- me detuvo antes de abrirla- yo fui la que te invite en primer lugar, es mi deber pagar

-pero…-tenía que insistir, aunque necesitara el dinero para cargar combustible.

-nada, tu pagaras en la siguiente Kurosaki-kun- saco unos cuantos billetes de su cartera, que seguro necesitara en un futuro cuando consiga un trabajo de salario mínimo como el mío, pero decidí no insistir. Lo único que necesito es salir de aquí. Por alguna razón, se niegan a darme información sobre el estado de la chica que se desvaneció frente a mi ojos en el motel, hace dias ; no es que tenga un interés particular, solo lo hago por el antiguo deber medico de saber el estado del paciente. Realmente extraño esos días.


-¡Hitsugaya-chan no contesta!- pisa más a fondo el acelerador, llevándose otra cerca blanca, destrozando de paso un sonriente duende de jardín- Mami va en camino, mami va en camino…- da una vuelta en seco que casi vuelca el lujoso auto, el cual no recordaba cómo había conseguido. Abrió una botella de Ron, al no encontrar más Sake y se la bebió en tres tragos profundos mientras saltaba topes y más topes de una calle pavimentada de cruce escolar.

En la calle, los peatones gritaban horrorizados, pero Matsumoto los ignoraba cuando intentaban esquivar su vehículo fuera de control, y por poco no lo lograban. Ella solo quería estar con su pequeño y poco paciente hijo.

-MOMO-CHAN…- grito, saliendo del auto estacionado a media calle- ¡¿Dónde está Hitsu-chan?- cayo de rodillas y estuvo a punto de vomitar en la entrada de la casa de la amiguita de su hijo, pero se contuvo para no parecer más decadente ante los ojos de su hijo. Acomodo su cabello lo mejor que pudo y procuro que sus pechos siguieran dentro del pronunciado escote, mientras pensaba en algo bueno que justificara su ausencia y descuido.

-¡Mama de Shiro-chan!- fue todo lo que atino a decir Hinamori al abrir la puerta.

-juro que iba a llegar antes, pero Rukia-chan tuvo un problema muy grande, necesitaba que yo estuviera a su lado, y no me di cuenta del tiempo…- balbuceo palabras que por milagro formaban oraciones coherentes.

-espere, el no…- la pequeña chica intento hablar.

-¿Dónde está?, quiero llevarlo al parque, tomarle fotos en el lago, subirnos una y otra vez a la rueda de la fortuna, comprarle un…

-el ya no está aquí- le corto la inspiración Hinamori.

-¿se fue a casa en taxi?- pregunto la rubia, con la intención de no perder más tiempo.

-no

-¿caminando?

-no, tampoco

-¿tu mami lo llevo?- se le comenzaban a acabar las opciones.

-ella no ha salido desde ayer de la casa- cuando su padre salió en un viaje de negocios, hace dos días, todas sus clases se habían vuelto a domicilio- su padre vino por el- ocupo valor para decírselo, de eso no había duda.

-¿Gin?- forma una sonrisa burlona ante la idea.

-pues, no se su nombre, pero creo que si- Matsumoto sabía que los niños y ella siempre decían la verdad, así que solamente le froto la cabeza con ternura, (después de todo ¿Qué culpa tenia ella?), se despidió y camino tambaleando hacia su auto, donde la esperaban más de una docena de conductores furiosos.

Hinamori cerró la puerta con un deje de tristeza por esa pobre y desastrosa mujer.

-¿era tu padre?, ¡¿le dijiste que no estaba?- salió su madre rápidamente de la habitación para invitados, apenas envuelta en una sábana ya no tan blanca.

-no era el, era la mama de Shiro-chan- intento calmar a la nerviosa mujer.

-no sé quién diablos es el, pero ¡carajo! Me pegaste un susto maldita mocosa- hizo gala de su educación al hablar, mientras volvía al cuarto- No saltes por la ventana amor…- fue todo lo que escucho antes de que la puerta cerrara de golpe.

Una vez más, volvía a estar sola.

-creo que saldre un rato- fue a su habitacion por un abrigo y su mochila. Deseaba estar en cualquier lugar menos ahi- ¡voy a salir mama!- no hubo respuesta- tal vez vuelva en unas horas, o quizas mañana...- abrio la puerta que daba a la calle y salio sin esperar que su madre contestara, habia aprendido a nunca esperar nada de ella.

- una casa no es un hogar...- murmuro despacio, para despues mirar el atarceder y pensar en cosas mas felices.

Bien, sale otro capitulo emo xB

y como no tengo demaciado que decir, voy a poner el chiste que lei en una revista del mes pasado:

-¿que le dijo la taza de cafe al azucar?

R: sin ti, mi vida seria amarga c:

Awww, bueno, yap, muy cursi, ¡tengan todos un dia esponjosito!