Capítulo 2

Almorzaron en completo silencio, incluso las muy conocidas mañas del Hoshi no dieron acto de presencia. La tarde caía sobre el lugar de forma rápida, un hermoso espectáculo del cielo. Sango suspiró mientras se abrazaba a si misma dejando su plato de comida.

Todos notaron el acto de la Taijika, InuYasha le dirigió una mirada de curiosidad y la llamó con un gruñido para que le prestara atención.

-¿Qué tienes Sango?- La chica suspiró y miró de reojo al monje quien trataba de no entrometerse en la situación. Se puso de pie dispuesta a salir de la cabaña mientras con un simple gesto (poco común en ella) le respondió al Hanyo quien de inmediato comprendió que no había que molestarla.

Miroku dio un último bocado a su plato y luego de una reverencia de agradecimiento salió del lugar en busca de la chica. Tanto Kagome como InuYasha pensaron que no era una buena idea pero quizás aquello era lo que Sango necesitaba en realidad.

Shippo permaneció en silencio todo el rato, parecía distante pero en cuanto Kirara abrió sus ojos y corrió hacia él, una sonrisa aparecía en su rostro mientras salía a jugar con la gatita. La anciana Kaede los había abandonado desde hace un rato para ir a ayudar a algunos heridos y enfermos alrededor de la aldea (aquello no favorecía la situación que el Hanyo y la Miko tenían que enfrentar). Una vez que se hallaron completamente solos evitaron cruzar sus miradas.

Aunque aquello no era una regla, InuYasha miraba de reojo a la chica cuando podía. Reparaba en su rostro ligeramente sonrojado, sus orbes chocolate evitando los suyos, su perfil tan perfecto, sus mejillas moviéndose ligeramente cuando masticaba su alimento, sus labios carnosos y rojos que ya había tenido la enorme dicha de juntar con los suyos. Suspiró y volvió a tomar su plato aunque su apetito de comida había desaparecido, ahora deseaba algo más.

Agitó su cabeza bruscamente, no debía de estar pensando ese tipo de cosas pervertidas aunque al instante sintió una fuerte necesidad de abrazarla, estrecharla entre sus brazos, besarla apasionadamente, acariciar su suave y delicada piel a comparación con la suya.

Kagome mientras tanto se preocupaba por algún acontecimiento que cambie su vida y la del Hanyo, Kikyo aún estaba con vida y posiblemente encontrando mil maneras de atraer a InuYasha nuevamente hacia ella y juntos partir al infierno. La sola idea le aterro por completo provocándole (aún en contra de su voluntad) que comenzara a temblar.

InuYasha dejó atrás sus (muy útiles) pensamientos en cuanto notó lo que le ocurría a Kagome, se aproximó hasta ella y la atrajo a él en un abrazo profundo. No podía llegar a más (aunque realmente lo deseara) pues aquel no era el momento adecuado. La joven miko sujeto la manga de su Kosode con fuerza y lo miró a los ojos.

-Por favor InuYasha júrame que nunca me dejarás- Al Hanyo le tomó por sorpresa el hecho de que Kagome pensara que la iba a abandonar ¿Qué idea le pasaría por la cabeza?

-Kagome si algún día te dejara sería el día de mi muerte- Aquellas palabras reconfortantes (y sumamente románticas) hicieron estremecer a la chica quien a su vez se aferró más al cuerpo del chico.- Ya te lo he dicho antes Kagome… te amo ¿porqué surge esa idea?- continuó el Hanyo curioso mientras la estrujaba aún más (el aire comenzó a hacerle falta a la joven miko).

-Yo también te amo InuYasha con locura pero ella…- En cuanto pronunció la última palabra InuYasha frunció el ceño, se había olvidado completamente de Kikyo, su amor del pasado quien lo mató por cincuenta años creyéndole un sucio bastardo traicionero. A unos días de que ella hubiese sido resucitada por la bruja Urasue, él le había prometido irse con ella al infierno (menudo idiota enamorado) pero no se había dado cuenta de que su verdadera razón de vivir y único amor se encontraba entre sus brazos justo ahora (siempre lo había estado).

-Ella no eres tu… siempre te tuve conmigo Kagome no me justifico por no haberme dado cuenta del amor que siento por ti desde antes, te hice sufrir considerablemente debido a mis tonterías pero…- Los labios de Kagome se posaron sobre los suyos en un beso completamente enloquecido, lleno de necesidad de él. InuYasha correspondió le correspondió al instante que sus labios entraron en contacto de nuevo.

Kagome contenía lágrimas de felicidad al oírlo pronunciar esas palabras (que sinceramente creyó nunca iban a salir de la boca del orgulloso chico) sus labios se movían con necesidad, sus rostros se acercaban aun más en cada diminuta oportunidad.

Ambos gimiendo el nombre del otro entre cada movimiento, las manos de InuYasha paseándose por la cintura de la chica y esta a su vez dirigiendo sus manos a la espalda varonil y musculosa del Hanyo.

Comenzaban a sudar, el contacto de sus dedos en su piel era mágico, indescriptible. La cabaña estaba vacía, todos habían salido, ahora estaban solos ¿esta sería la oportunidad que necesitaban?

No, definitivamente no, si alguien los escuchara (lo que sería muy probable) o si alguno de los chicos entraba sin avisar y los descubría aunque lo que más le preocupaba era el estado de salud de Kagome. El momento no era el indicado, debían esperar tan solo un poco más.

Se separaron de mala gana, se miraron tiernamente y se fundieron en un abrazo. InuYasha acercó sus labios al cabello azabache de la joven y comenzó a suspirar sobre este, la chica se estremeció y se aferró más a él.

-InuYasha por favor…- Pero él la interrumpió con un beso momentáneo, nada comparado con el o los anteriores.

- Ahora no mi joya- Mantuvieron su posición durante un rato, las pequeñas caricias no cesaron en ningún momento. InuYasha acariciaba aquellos hermosos y frágiles cabellos con sus garras mientras mantenía a la chica sujetada firmemente desde su cintura. Kagome no dejaba de mover sus dedos sobre la espalda de InuYasha, sus ojos comenzaron a caer de nuevo, el cansancio la volvió a invadir de forma inesperada y se dejó caer sobre los brazos de su amado Hanyo.

El chico la sostuvo con fuerza mientras le miraba con infinita ternura. Continuó acariciando sus cabellos durante algunos minutos hasta que la miko quedó profundamente dormida.

La admiró como si de una pieza de arte griega se tratara, sus labios ligeramente abiertos, su pecho que bajaba y subía al ritmo dulce de su respiración, su rostro cuya pequeña sonrisa angelical adornaba, toda ella era un ser perfecto.

La tomó en sus brazos y la levó al futon donde descansaría aquella noche, se sentó a su lado y la continuó mirando hipnotizado.

Quisiera o no al dia siguiente la joven debía partir a su época para poder recuperarse completamente, su madre cuidaría de ella y no le quedaba duda alguna de que pudiese sanar mucho más pronto de lo esperado.

El paso del tiempo fue algo rápido, pues antes de lo esperado el ambiente estaba sumido en oscuridad. Shippo entró en la cabaña junto con Kirara y luego de desear las buenas noches quedaron profundamente dormidos.

La anciana Kaede probablemente regresaría hasta el amanecer al igual que Miroku y Sango (no se sabe que pueden estar haciendo en ese momento). El Hanyo intentó mantenerse despierto por si algún ser repulsivo o una amenaza se hallaba cerca.

Los sonidos suaves de las hojas moviéndose, los grillos e insectos tranquilizadores de las noches, la brisa fresa, la noche era bastante buena aunque lamentablemente fue rápida. Las horas pasaron volando no nada más para el Hanyo si no para los otros quienes al sentir la luz del sol sobre sus rostros se quejaron entre sueños reclamando más descanso.

El Hoshi y la Taijika no hicieron acto de presencia en ningún momento al igual que la anciana Kaede. Cuando el sol se asomó por completo a través del horizonte, InuYasha comenzó a preparar las cosas de la chica para llevarla hasta el pozo y una vez que hayan cruzado el portal del tiempo hasta su hogar donde seguramente la señora Higurashi recibiría una no muy grata sorpresa al ver a su hija con semejantes cicatrices en la espalda.

Cuando Kagome por fin hubo despertado por completo, InuYasha la tomo delicadamente entre sus brazos mientras que en su espalda llevaba la gran y pesada mochila amarilla.

Ambos salieron de la cabaña y se dirigieron al pozo a velocidad media, las hojas se movían a la velocidad del viento, parecían danzar sobre ellos. El cielo se encontraba limpio, completamente puro. Las aves volaban cerca de la aldea en busca de comida aunque su canto parecía indicar su alegría.

Una vez que llegaron, el chico brinco en el interior. Una luz violeta los envolvió a ambos transportándolos quinientos años en el futuro donde parecer había caído una fuerte llovizna.

Entraron con cuidado a la casa, la señora Higurashi salía de la cocina con un tazón caliente pero al verlos lo dejó sobre la mesa y se aproximó a saludarlos pero se detuvo en cuanto noto la forma en que InuYasha cargaba a su hija.

Pasaron un momento sumamente incómodo mientras le daban explicaciones de lo ocurrido, pero al final lo más que pudo hacer fue dedicarles una sonrisa y agradecerle a InuYasha profundamente el haber cuidado de Kagome con esmero. Obviamente no iban a explicarle las sensaciones que habían presentado en aquellos momentos ni los besos que compartieron, sabían que aquel asunto estaba inconcluso pero la paciencia era su mejor arma durante aquellos días que permanecerían descansando en el acogedor hogar de la chica.

Durante la mañana todo estuvo bastante tranquilo, la señora Higurashi se dedicó a atender a Kagome mientras esta descansaba e InuYasha observaba "la caja con imágenes" que Sota tenía la costumbre de mostrarle cada vez que acudía al lugar.

Por la tarde el abuelo regresó a casa pero al parecer no se percató de la presencia de InuYasha hasta que este le saludó distante, Sota por otra parte corrió hasta él mientras le mostraba un artefacto extraño donde controlaba a un hombrecillo y aplastaba a unos hongos extraños.

-Se llama videojuego vamos a jugar ¿sí?- Que remedio le quedaba al chico más que jugar con aquel niño molesto (como solía llamarle cariñosamente). La comida fue bastante tranquila al igual que el desayuno, pero sus necesidades eran completamente distintas. Se moría por volver donde la miko y volverla a besar con ímpetu y quizás…

Volvió a sacudir su cabeza hacia los lados evitando aquellos pensamientos. Sus sentimientos ya habían salido a flote, tan solo necesitaba demostrarle cuanto la necesitaba a su lado, cuanto la amaba.

La noche llegó finalmente e InuYasha se dispuso a dormir en la habitación de Kagome con la escusa de cuidar su salud. El "niño molesto", el abuelo y la señora Higurashi acudieron a sus respectivas habitaciones, mientras tanto con la miko y el Hanyo, la tensión se hizo presente de un momento a otro.

La luz permanecía encendida, la chica reposaba en su cómoda cama y el chico en un costado de la misma sentado en su posición característica. El sonido distante de los automóviles, el aroma de la ciudad, aquel sitio no era tan tranquilo como las noches en el Sengoku (aquellos pensamientos inundaban la mente de la joven miko).

Se incorporó un poco para poder observar al Hanyo que jugaba con uno de sus calcetines escolares. Se veía tan tierno, tan joven y apuesto… ¿cómo no enamorarse perdidamente de él? Aunque sus actitudes dejaban mucho que desear Kagome sabía que en el fondo él era otro, ahora que conocía sus sentimientos deseaba permanecer con él, compartir su vida y formar una familia.

Se acercó a él lo más que pudo y lo abrazo, InuYasha no se sorprendió como hubiese esperado y le correspondió al instante. Pronto sus labios se juntaron, los besos que compartían eran indescriptibles (todo lo que compartían de hecho).

InuYasha comenzó a acostar a Kagome sin separarse de sus labios, sus cuerpos comenzaban a tener contacto que les provocaban sensaciones placenteras. Pronto estuvieron tendidos sobre la pequeña cama besándose con mucho ímpetu. Las manos del Hanyo recorrían la cintura de su joven compañera mientras que ella se aferraba cada vez más a su cuello.

Pronto los gemidos surgieron conforme cada caricia, cada movimiento de labios. InuYasha se separó de sus labios para besar sus mejillas, su mentón, su oreja para finalmente posarse sobre su delicado cuello donde dio pequeños mordiscos y lamidas.

La chica gemía, sus manos recorrían aquella espalda varonil, el Hanyo bajó su rostro a la altura de los pechos de Kagome y aún por encima de la blusa los besó. La miko se aferró más a él (como si su vida dependiera de ello) los ojos de ambos estaban cerrados con fuerza. Mientras InuYasha continuaba besando sus pechos, su mano izquierda subía y bajaba por los muslos de la chica, disfrutando el contacto de su piel que los quemaba desde dentro.

Kagome comenzó a desatar el nudo del Kosode de InuYasha hasta que finalmente tuvo la visibilidad de su pecho. Se sintió maravillada ante él y no pudo evitar acercarse y besarlo. El Hanyo gimió y la acercó más a sí. Las sensaciones que podían provocarse le daban una hermosa vista de un futuro juntos, como familia (lo que desde joven había anhelado).

El estrepitoso y desagradable sonido (al menos para el Hanyo) de pasos en el pasillo los dejó helados. Se detuvieron de golpe y tensos rogaron que no fuese la señora Higurashi o Sota. El sonido de los pasos se hacía más fuerte y se acercaba hacía la puerta de la habitación.

Continuará…

Perdón por la tardanza pero he tenido algunos problemas bueno en fin aquí está el siguiente capi, espero poder subir el siguiente pronto. Espero que continúe siendo de su completo agrado ^^

Hasta pronto

LoVe Quo