Capítulo 3

Kagome temblaba (posiblemente de nerviosismo) bajo el cuerpo del Hanyo quien no estaba en condiciones muy diferentes. El sonido de los pasos se hacía cada vez más fuerte, ambos se tensaron considerablemente cuando los escucharon justo atrás de la puerta de madera. Por el aroma que se alcanzaba a distinguir InuYasha supo de inmediato que se trataba de la señora Higurashi (a quien seguramente le daría un infarto si los encontrará de esa manera).

-Kagome mi amor no sé si ya estés dormida aunque estoy segura que InuYasha me está escuchando… vamos a salir a una cena con la prima Konomi, volveremos en la mañana de acuerdo cuídense- Una vez que ambos escucharon cuando la puerta principal se cerró de golpe (seguramente gracias a Sota) suspiraron aliviados.

Compartieron miradas cómplices y se besaron con ternura. Kagome rió nerviosamente seguida del Hanyo, se entrelazaron las manos y las movieron simultáneamente. Sus ojos se encontraron y se miraron con dulzura.

-A veces mamá puede ser muy inoportuna- Kagome lo besó nuevamente mientras con un movimiento de su mano, que anteriormente se había posado sobre su espalda, lo atraía hacía ella cada vez más.

-Lo sé pero te juro Kagome que si alguien se atreve a interrumpirnos otra vez lo corto a la mitad- susurró el Hanyo entre risas. Kagome le miro tiernamente y lo volvió a besar. El chico correspondió al instante y continuó con el movimiento de sus manos sobre los muslos de la joven miko. Sus besos descendieron hasta el comienzo de la blusa de Kagome donde se entretuvo con el borde de esta hasta que (con la ayuda de sus garras) la rompió dejándola caer a un lado de la cama.

Se maravillo ante la mujer que amaba, sus pechos no eran más grandes que su mano ni tan pequeños como los de una niña, eran perfectos. La miró a la cara durante un instante; tenía los ojos ligeramente abiertos, las mejillas sonrojadas y su labio inferior temblando. No pudo evitar subir su rostro y darle un exquisito beso, se veía tan indefensa, tan linda y era suya, egoístamente suya.

Descendió nuevamente hasta los pechos femeninos en donde se detuvo por un momento, admirándolos. Los besó suavemente, con ternura. Sus manos comenzaron a masajearlos con cuidado procurando no lastimarlos, acercó su boca hasta el seno derecho y tomó el pequeño botón rosado entre sus dientes provocando que la chica soltara un largo gemido de placer. Se sintió satisfecho cuando la escucho gemir muy cerca de su oído, no estaba consciente de todo el placer que podrían provocarse mutuamente pero definitivamente estaba dispuesto a averiguarlo.

Continuó lamiendo y besando el pezón derecho de la chica mientras se deleitaba con sus gemidos y las caricias que le proporcionaba a su espalda. Cambió de posición y besó el seno izquierdo, la miko en un acto reflejo dirigió su boca hasta el comienzo de aquellas orejitas caninas (que tanto amaba) y las lamió con ternura. El Hanyo gruñó fuertemente cuando sintió los labios de Kagome sobre sus orejas, sus movimientos se hacían torpes debido al placer que le proporcionaba la chica.

Kagome, mientras tanto, sonreía satisfactoriamente. Las caricias del chico aumentaban considerablemente, ambos temblaban ante las sensaciones que vivían. Una vez que InuYasha termino su labor con los senos de la mujer y descendió por el cuerpo delicado dando suaves lamidas y besos a su paso, llegó finalmente al comienzo de los pantalones ligeros que usaba cono pijama, los cuales no tardaron en ser rasgados por el chico (que no le quedaba a suficiente paciencia como para quitárselos)

Los pantalones (y pronto las bragas) terminaron en el suelo junto con el resto de la ropa. El Hanyo la admiró durante un momento, se encontraba completamente desnuda y estaba a su merced. Recordó los sentimientos que lo unían a ella (de forma inseparable) el amor que había surgido a lo largo del último año, todo lo que habían enfrentado juntos.

El rostro de Kagome se enrojeció y esta a su vez dirigía su mirada hacia el techo de la habitación, mientras la admiraba InuYasha no dejaba de pensar en lo linda que se veía de esa manera. Todo a su alrededor desapareció, tan solo era él y ella a punto de entregarse al otro y demostrarse aquel amor oculto.

El chico descendió sobre las piernas femeninas proporcionándoles caricias y besos a su paso, se detuvo justo al inicio del sexo de Kagome (su meta en ese instante) y luego de abrir sus piernas con ayuda de sus manos y permitirse el acceso, inhalo maravillado el aroma de su pequeña. Kagome, mientras tanto, se retorcía del placer que le producía el tan simple gesto de InuYasha.

Los labios de ambos estaban hinchados producto de los tan apasionados besos que se proporcionaron anteriormente (los cuales no tardarían en volver a repetirse). El rostro del medio demonio se acercó hasta el punto más sensible y privado de la miko y comenzó a probarla con necesidad… con sumo deseo.

Kagome gimió alto al sentir tan íntimo toque (sinceramente ni en sus más locos sueños creyó eso del Hanyo) el chico por su lado, se deleitaba ante los gemidos y suspiros que dejaba escapar su futura compañera, su sabor era indescriptible (aquello era una muy agradable sensación para él). La joven miko se aferró a los cabellos plateados del Hanyo mientras este continuaba su labor con ella, estaba completamente segura de que comenzaba a temblar o definitivamente ya se encontraba temblando ante sus caricias y lamidas.

InuYasha introdujo uno de sus dedos con extremo cuidado en el interior de Kagome provocando que esta ahogara un grito, lo comenzó a mover de forma lenta y cuidadosa (siempre procurando no lastimarla en lo más mínimo) el lugar estaba lo suficientemente lubricado para recibir a su otro dedo, introdujo un segundo mientras la joven miko se revolvía desde su posición y el sudor se asomaba por su frente.

El chico comenzó a aumentar el ritmo del movimiento de sus dedos procurando ver los gestos de su pequeña ante estos. No pudo evitar sonreír orgulloso ante sus acciones y lo que provocaba en Kagome. Pronto, la chica estaba empapada y jadeando el nombre del Hanyo. InuYasha se posiciono sobre ella y la besó nuevamente esperando su aprobación para introducir su muy viril miembro en la cavidad de la joven miko.

El beso fue tranquilo para el momento, se dejaron llevar por sus bocas hasta que estas exigieron oxígeno. Se miraron sus rostros sonrojados y Kagome asintió ligeramente, luego InuYasha (con una mirada cargada de miles de emociones, desde ternura hasta pasión) comenzó a penetrarla de forma lenta tratando de evitarle el dolor de la pérdida de la virginidad.

Kagome hizo una mueca de incomodidad al sentirlo penetrar en su interior pero aquella mueca pasó en un segundo a ser de dolor en cuanto InuYasha entró en ella profundamente llevándose consigo su himen. Una lágrima comenzó a bajar por su mejilla derecha que no pasó desapercibida por el medio demonio quien acudió a limpiarla con su boca. Compartieron miradas y por un momento, Kagome pudo distinguir preocupación en su ahora compañero.

-Kagome por favor perdóname no quise hacerte daño- La chica suspiró y le miró tranquila, luego sintió y le pidió que continuara (aquello era tan solo una molestia pasajera y ambos los sabían, aunque la preocupación estuviese en el momento) InuYasha, aún dubitativo, comenzó a moverse de forma pacífica y lenta en el interior de la miko, esperando ante cada movimiento la aprobación tanto de ella como de su pobre cuerpo.

Pronto, aquellas sensaciones de incomodidad y dolor pasaron y Kagome comenzó a sentirse maravillosamente ante el medio demonio. InuYasha notó el cambio en la miko y supo que debía ir más rápido ahora que aquella molestia se había ido.

Ambos movían sus caderas de forma similar, sus sexos rozaban entre sí causándoles sensaciones puras de infinito placer. El sudor corría tanto por sus rostros como por sus cuerpos, las mantas de la cama de la chica comenzaban a mojarse considerablemente, sus cabellos se mezclaban formando un efecto de olas negras y plateadas danzando. La luz de la luna inundaba el lugar, el sonido de los resortes de la cama, la chica debajo suyo jadeando y gimiendo su nombre. Todo era perfecto (al menos para ellos).

Estaban cerca del clímax, podían sentirlo. Su ritmo aumentó de forma inesperada causando que la chica (sintiéndose en la cima del placer) gritara el nombre del chico con todas sus fuerzas dando lugar a su primer orgasmo, al mismo tiempo en que su interior se contraía y el mimbro de InuYasha dejaba salir su semilla y este gruñera durante el suceso.

Aprovechando un movimiento de la chica que dejó al descubierto parte de su cuello, el medio demonio se dirigió hasta ahí y enterró sus colmillos lo suficientemente profundo para dejar una marca, la cual establecería que él era su dueño, el único con derecho a tocarla. Oficialmente ella era suya y él era de ella (aunque en realidad ellos lo eran desde el día en que se vieron por primera vez).

InuYasha se dejó caer pesadamente al lado de la joven miko quien jadeaba de manera sobrenatural, la admiró durante un rato mientras su respiración se tranquilizaba. El rubor en sus mejillas era menor que el que se había presentado cuando recién empezaban, sus cabellos estaban empapados en sudor, sus ojos luchaban por abrirse pero al parecer el agotamiento le ganaba en muchos sentidos.

El chico suspiró y besó aquella suave mejilla, para continuar con el resto de su rostro hasta posarse dulcemente sobre los labios femeninos y mover los suyos con suavidad. Kagome abrió los ojos despacio y le correspondió inmediatamente al beso enrollando sus brazos en aquel fornido cuello. Se separaron e InuYasha la cubrió con las cobijas para protegerla del frío que pronto se hizo presente en la habitación (aunque quizás ya hubiese estado pero hay probabilidad nula de que lo hayan notado).

Pronto se hundieron en un cálido abrazo (tanto protector como frágil) y se recostaron completamente sobre el colchón. Suspiraron y entrelazaron sus dedos, los cuales comenzaban a juguetear entre ellos. La mirada ámbar era de lo más posesiva y cariñosa que alguna vez se hubiese visto mientras que la mirada chocolate reflejaba una tranquilidad pura y relajada (en ambas claro se incluía el amor).

Kagome recordó cada instante desde el día de su cumpleaños número 15, las sensaciones de cariño le invadieron y se acurrucó más en el cuerpo del Hanyo. Su Hanyo para ser más específicos. El por su lado, acariciaba la espalda femenina hasta que sintió las marcas de la batalla de hace unos días.

-Kagome ¿te duele?- Preguntó el joven demonio en un tono de clara preocupación, lo que le pareció formidable a la miko pues estaba más que segura de los sentimientos que el Hanyo guardaba por ella.

-No InuYasha- Respondió con una sonrisa que adornaba encantadoramente su rostro puro, el chico no pudo evitar besarla con ímpetu y acercarla más a él, la necesitaba lo más cerca posible.

Las caricias continuaron durante un rato más hasta que, el cansancio de ambos, los invadió por completo y sus ojos comenzaban a luchar por permanecer abiertos (aunque no por mucho tiempo). El silencio era su compañero en el momento pues con la casa de la chica vacía y sin ningún aparato molesto (como aquella consola que Sota le había enseñado a usar esa tarde) InuYasha se sintió tranquilo, esa noche se aseguraría de dormir bien y con tranquilidad, sin estar vigilando por si algún Yokai se acercaba.

Kagome bostezó y cerró sus ojos aún más, sus brazos se posaron en la cintura del Hanyo y gracias al agarre lo pudo sentir incluso más cerca, tanto de ella como de su corazón. InuYasha sintió el movimiento y delicadamente le alzó la cara para poder apreciarla mejor, poco a poco se acercó a ella hasta llegar a su oído.

-Eres una ladrona Kagome- La chica abrió sus ojos de sorpresa y se apartó de su agarre para verlo a la cara y enfrentar lo que acababa de decirle. La mirada del medio demonio se posó sobre la de ella con ternura.

-¿Perdona?- Continuó la chica con un claro tono de ofensa en su voz pero al sentir las manos de InuYasha sobre su pecho a la altura del corazón, sin saber porque se tranquilizo.

-Robaste mi corazón Kagome ¿acaso las que roban algo no son llamadas ladronas?- Continuó el híbrido en un tono simpático haciendo que la chica se abalanzara sobre él dejándolo entre ella y la cama.

Acercaron sus rostros con rapidez y juntaron sus labios con frenesí, luego se acomodaron respectivamente (abrazados por supuesto) y se dejaron llevar por los brazos de Morfeo en un sueño profundo (siempre con una hermosa sonrisa en sus rostros).

Fin

Y aquí está por fin xDD Les pido una disculpa por haberme tardado en subir el último capítulo pero he tenido bastantes problemas últimamente… dos de los principales son que bno termine con mi novio y ya saben no luego como nos ponemos xDD pero ahora estoy muy bien haha y el segundo y más importante es que los exámenes finales están cerca y en verdad tengo que estudiar como loca así que dejo los fics pendientes por una semana o menos y si puedo (y me da tiempo claro) podré subir alguno nuevo ^^

Espero que les haya gustado y no olviden sus reviews

Se despide su amiga…

LoVe Quo