Disclaimer: los personajes aquí citados no me pertenecer, así mismo su historia tampoco. Ese privilegio reviene a la archiconocida J.K Rowling. Yo sólo me divierto jugando con su obra.
Nota de la autora: Éste es el turno de uno de los personajes más odiados y olvidados de todos. En principio y bastante prejuiciosamente, he de añadir, pensé retratarlo en conjunto con Goyle, pero como ni son siameses ni son apersonales, le he dado una oportunidad.
Snakes
Vincent Crabbe
Vincent era un tonto. Quizá no tanto como parecía creer todo el mundo, humillándole algunas veces. Pero lo era, y él mismo lo sabía. Era consciente de su propia estupidez, la cual contrarrestaba con su descomunal fuerza bruta. Ya que podía ser todo lo lerdo que quisieran los demás, pero al menos era amedrentador. Durante muchos años, y siguiendo las órdenes de su padre, usó su supremacía física para proteger a su amigo Malfoy. Aunque él bien conocía la opinión de éste último sobre él, decidió quedarse a su lado convencido de que su alianza le proporcionaría protección en el futuro.
Pese a que la relación que mantenía con el rubio estuviese muy lejos,- a miles de kilómetros-, de poder ser llamada amistad, y quizá un poco más cerca de ser un vasallaje, Crabbe sí tenía en verdadera estima a Malfoy. Seguramente esa afinidad se debiera más a los cursos pasados en Hogwarts y a la condescendencia amable que mostraba el rey a sus dos súbditos (tres, si nos atreviéramos a contar a Pansy) que a un real aprecio fundado en las aficiones comunes. Aún así, Goyle, Malfoy y él podían parecer inseparables desde el ojo externo.
Con quien compartía más gustos e intereses era con Gregory. Un poco más alto, un poco más listo, pero ligeramente más débil, representaba al mismo tiempo un camarada y un enemigo. Un adversario en la lucha por el aprecio de su superior y porque desgraciadamente, en la vida sólo hay sitio para un idiota con sobrepeso. En los primeros periodos de su escolaridad deficiente, ambos ajenos a lo que sería su aspiración y meta, habían logrado desarrollar un nexo basado en las experiencias de las que ambos eran partícipes, la comida servida en el Gran Salón, y su admiración por Draco Malfoy.
Más tarde, y debido a la escasa madurez concedida por los años, Crabbe había realizado que todo su esfuerzo había sido inútil. Él, que disfrutaba de las cosas simples y de los actos de maldad, había perdido años de ocasiones para herir únicamente por defender y servir a quien ahora era un monarca decapitado por la imprudencia de sus progenitores. Recientemente había descubierto que por fin poseía algo de talento para la magia, y probablemente éste encontrara su causa en el rencor acumulado debido a los insultos, a las bromas que a lo mejor podían parecer inofensivas, a la reiteración del sentimiento de superioridad que todos aparentaban sobre él. Le gustaba hacer sufrir, había algo en ello de brutal, de animal que despertaba sus instintos y le proporcionaba una inmensa satisfacción.
Desde niño, había encontrado placer en las ocupaciones más enfermizas, ahogando gatos en las inmediaciones de su casa, observando los beneficios alternativos de tener una lupa en su domicilio y martirizando a sus mascotas, desde cánidos hasta anfibios. No obstante y aunque sería entretenido, no se trata aquí de relatar sus tendencias infantiles hacia el maltrato animal. Se trata de comprender lo que él mismo no había podido.
Sin querer quitarle ningún mérito a su crueldad, sería conveniente sentar las bases que convierten a un crío bruto pero simpático en un joven más preocupado por infligir daño que por ninguna otra cosa. Quizá simple y llanamente nunca había sido afable en su salvajismo de bestia forestal, quizá había que encontrar el germen en múltiples fuentes. Tal vez con el primer "idiota" de un infante vecino suyo, había comenzado la sucesión que llevaría al paulatino nacimiento del monstruo, tal vez, y para los creyentes de la astrología y los hados, era sencillamente su destino, manifestándose tras años de silencio. ¿Quién sabe?
Sin embargo, dejando de lado la tosquedad de su propensión a la barbarie, Crabbe era un chico normal. Zopenco y gordo, sí, por debajo de la media escolar, claramente, pero corriente al fin y al cabo. Se deleitaba en la ingesta de las creaciones culinarias de los elfos, apreciaba el Quidditch, las bromas de tono soez de Zabini, las piernas interminables de Daphne y sentirse respetado.
Después de su muerte, pocos lloraron la pérdida, pero manifiestamente, su eterno contrincante y aliado Goyle y su señor, Malfoy, se hallaban entre ellos. El primero, porque en el tiempo pasado con él había logrado ver en su persona un amigo, y el segundo, porque a pesar de ese tiempo, nunca había entendido que era más que un elfo mágico, que no estaba hecho para ser su sirviente, que pese a su idiotez, él seguía siendo, o más bien, ya no seguiría siendo, una persona al fin y al cabo. Y como tal, le había infravalorado, y hubiera querido tener en su largo patrimonio uno o dos giratiempos o directamente, volver hacia atrás en el espacio-tiempo, y poder considerarle como se merecía, quizá deteniendo así la evolución que habían sufrido los acontecimientos. El fatídico fin que había tenido su recién empezado florecer, que había culminado en la putrefacción antes de haber alcanzado la edad adulta, cúspide de todo crecimiento.
Porque muy pocos le recordarían, y aún menos admitirían haberlo hecho, pero aún así había sido parte de la vida de muchos, un buen objeto de desquite verbal tras un día difícil, alguien a quien echarle la culpa de sus males,- como hubiera hecho un día Daphne Greengrass en su tercer año-, un colega leal pero vengativo, un estampado del gran decorado de Hogwarts, seguramente el suelo al que todos pisaban y que había acabado decidiendo moverse en un temblor sísmico discriminado y para nada aleatorio.
Y éste ha sido el resultado, un auténtico bodrio, pero bueno. Esto es lo que opino de Crabbe, ¿alguien coincide? Lo hagas o no, te animo a que pulses el link de ahí abajo y expreses tu opinión, oh tú, lector anónimo.
Besos y lametazos,
Sirop de Framboise.
