Disclaimer: como ya sabéis estos personajes no son míos. Aunque Rowling podría haber sido buena y regalármelos, porque me gustan mucho y no los uso para fines maléficos. Jo, pero igualmente le agradezco su creación, sobre todo por la cantidad ingente de personajes secundarios totalmente ¿escribibles?
Nota de la autora: este cap es un poco más largo, y seguramente llegaría a la categoría de One, pero no pude acortarlo, las ideas fluían sin censura a través de mis dedos, jeje. Otra vez se me han perdido las respuestas al anterior drabble, pero os perdonaré porque después de todo sólo han pasado dos días y son épocas de grave estrés escolar, ¿verdad?. En fin, estoy segura que en Julio recibiré vuestros reviews a pares. Bueno no, pero de sueños también se vive.
Fun
Quinto curso, parte I
Eran, -claramente-, los días de gloria de nuestro grupito de serpientes, al menos de la mayoría. Draco Malfoy, Blaise Zabini, Theodore Nott, Pansy Parkinson y algún Slytherin más, formaban parte de la Brigada Inquisitorial, instrumento de pre-tortura a los aturdidos y cansados alumnos del castillo, dirigido por la mano experta de Umbridge. Además de ese notorio privilegio frente a los prefectos y sobre todo frente al resto del estudiantado, sucedía la amable casualidad del descrédito que sufría Potter, teniendo que aguantar lo que muchos de ellos habían padecido otras veces, en el silencio de la injusticia.
Muchos pensaron que se lo merecía, que se había ganado a pulso su reputación de anormal. No quizá por los motivos por los que todos le señalaban del dedo, pero sí por muchos años de pavoneo aquí y allá. Y simplemente por envidia, ¿ porqué mentir? Siempre el preferido de los profesores, el ojito derecho de un director viejo y senil, el admirado por todos y por quien todos sentían una especie de compasión muda. Bien, sus padres habían muerto. ¿ Y qué? Había casos peores, como el de Longbottom, y a él sencillamente le tachaban de estúpido. No que ellos mismos no lo pensaran, pero de alguna forma, era injusto.
Dejando de lado los cursos de rencor acumulado, de tragarse el resentimiento, la verdad era que estaban disfrutándolo con cruento placer. Era agradable ver a otra persona ser sujeto de los murmullos a las espaldas, las críticas abiertas a las que no se puede contestar, del odio y la repulsa en general. Bien conocían ellos esa sensación, encargándose con el tiempo de hacer algo para ser dignos de ella, pues no iba a desaparecer, después de todo. Como bien decía el refrán: Si te van a meter a Azkaban, mejor que sea por robar un dragón que una cabra. O algo parecido, la expresión era diferente según la región en la que vivieras.
Por eso, minutos más tarde de haber capturado a la pobre e indefensa Chang, Pansy y Draco se encontraban eufóricos por muy ínfima que fuera la victoria. Por fin iban a pillar al atajo de traidores a la sangre e hijos de muggles, en pleno acto delictivo. No era en realidad porque fuesen impuros o simpatizantes a los no mágicos, sino más concretamente por ser impuros y simpatizantes a los no mágicos y amigos de Potter. Estaba más límpido que el agua de manantial que esa última característica justificaba todos los ataques a dichas personas. A cualquier ser, ciertamente.
– Les tenemos cogidos por huevos – declaró exultante Draco, haciendo alarde de la sutileza que constituía su marca personal, – Ahora sí que vamos poder joderles bien.
Daphne, desde su sillón de cuero negro, observaba la escena con aburrimiento. No era porque no formase parte del escuadrón del mal, como gustaban de llamarlo en la intimidad de su Sala Común, ni siquiera por su no participación en la misión. La causa era otra de naturaleza completamente distinta. Y es que escuchar por cuarta vez en una hora la misma frase, de vez en cuando logra crispar un poco los nervios. Era más o menos como esos motes que a tus cercanos a veces les da por ponerte. Quizá al principio te hace incluso reír, pero a partir de algunos meses, juras por Merlín que como vuelvas a oír a alguien pronunciar ese apodo, ya tendrá mundo para correr.
Esbozó un suspiro hastiado, su aliento afrutado mezclándose en el aire. Imprudentemente y sin aviso previo, sus cuerdas vocales se pronunciaron sobre el asunto sin pedirle su autorización:
– Sí, muy entretenido – comenzó, aterrada por su propia falta de sensatez. Sin embargo, continuó, presa de sus palabras,– Si no lo hubierais contado tantas veces, a lo mejor me alegraría, pero está claro que eso habría sido mucho esperar.
Sentados en el sofá contiguo, los protagonistas de la reiterativa conversación la miraban con asombro, paralizados por la impudicia y el descaro de su compañera. Les contemplaba esperando una respuesta, desafiante y mostrando una seguridad que seguramente no tenía. Porque Daphne no era Astoria.
No tenía ese aire de indolencia en cada paso, la altivez no marcaba su rostro de igual forma, y, siendo sinceros, no hacía ese tipo de comentarios. Menos aún para recibir una contestación. Sin embargo, y convirtiendo ésta en una ocasión excepcional, allí estaba, los brazos cruzados en un gesto displicente.
– Si no te gusta lo que oyes, deberías irte – advirtió Parkinson, la amenaza relampagueando en sus ojos demasiado comunes para incitar la mirada, demasiado vacíos para ser expresivos.
– Oh – dio comienzo a su discurso, fingiendo sorpresa,– Te equivocas, querida. No me molesta lo que oigo, de hecho es algo bastante satisfactorio – sonrió, la mirada pícara fija en la morena – Lo que me irrita es la frecuencia con la que lo oigo. Imaginemos, por inverosímil que suene, que cada clase el mismo chico te llama guapa. ¿ No te acabarías cansado? – razonó con cinismo, para luego retractarse – Aunque claro, ¿ Cómo ibas a saber tú lo que es eso?
Pese a su posición sentada, Pansy se tensó por completo. Podía ser estúpida, pero hasta Goyle se habría fijado en el insulto ni siquiera velado que la cohabitante de su cuarto le había dirigido. Bullía de ira por dentro, los nudillos blancos apretando sin ninguna misericordia por el tejido que se arrugaba en sus manos. A su derecha, Draco rió, hundiéndola en su desasosiego. ¿ No debería defenderla?¿ No se suponía que estaba hecho para hacerla sentir especial? Pues ella no se sentía para nada especial, ni siquiera resultona. Se sentía fatal, con ganas de soltar el cojín de su asiento, para conducir sus manos a otros propósitos más elevados y útiles, con ganas de gritarles a todos, - incluido Nott, aunque no se hubiera manifestado ni lo más mínimo-, que se fueran a la mismísima mierda o a tomar por culo a mano izquierda.
Pero por algún lazo invisible y particularmente engorroso, no pudo. Se comió sin aliño su orgullo y se marchó de allí sin ordenar el postre, visiblemente saciada por el menú. Conteniendo un último rescoldo de cólera ardiente, se levantó sin una palabra y se marchó con toda la dignidad de la que era capaz en dirección al dormitorio.
A decir verdad, la castaña ni siquiera sabía porqué había descargado su cansancio en ella. No la odiaba,- al contrario-, la apreciaba y hasta podía llegar a considerarla una amiga. Era infantilmente manipulable, frívola e inmadura para el mundo al que pertenecía. Amable de vez en cuando, servicial con quienes a quien admiraba. Ella misma se encontraba, sin contar este altercado, entre ese reducido conjunto.
Probablemente tenía que ver el fracaso de su plan para con Nott, a quien había resuelto aplicarle la ley del hielo, sin ningún avance, como habría sido de esperar. No parecía ni verla, no aparentaba estar para nada afectado ni insignificantemente preocupado. Se limitaba a no hablarla, en una indiferencia gélida que entumecía a la encaprichada chica. Indiferencia que no era muy discorde a la que mantenía desde siempre.
Ahora ella se encontraba en el punto de no retorno, no sabiendo si había retrocedido o avanzado en el territorio conquistado, pero demasiado sumida en su confusión y su amor propio para volver a la posición inicial. Algo tenía que pasar, y tenía que ocurrir inmediatamente. Oh, Morgana, ¿Porqué habría cometido el error irreflexivo de pegar sus labios a los del moreno, en un arrebato que no tenía nada de pasional?
Pasaría la vida entera reprochándoselo.
¿Qué os ha parecido? Muy OoC, muy sinsentido, muy aburrido... Eso es lo que se me ocurre a mí. He intentado evitarlo, pero aquí está. Tenía tantas ganas de ser publicado que no he podido contenerme jeje. ¿No os pasa a vosotras? Y sí, habrá más, lo siento.
Besos arrepentidos,
Sirop de Framboise
