CAPITULO 2

Puedes creer eso amigo? – sonrió con ironía Sanosuke, mientras recordaba la sorpresa del día y comentaba lo sucedido a un desconocido.

El hombre se quedo callado mientras observaba como de apoco el alcohol empezaba hacer efecto en el hombre junto a él. Era de una estatura considerable, fornido de aspecto pasivo pero sus ojos dejaban a cualquiera frió, literalmente al verlos.

Este hombre era un cazador de hombres, de bandidos para ser mas exactos, desde pequeño había aspirado a seguir los pasos de su padre el cual había fallecido en una de tantas encomiendas federales, cuidando los reos o simplemente cumpliendo su deber como sheriff que fue en su tiempo.

Este hombre de ojos azul hielo, como no había podido conformarse solo con ocuparse de lo que ocurriera en su pueblo, había decidido aventurarse a buscarlos no importando donde se encontraran, pues siendo un caza recompensas podría hacer más por encontrar a los bandidos y que dejaran de molestar y formar alboroto en los pueblos humildes de ese lado del país.

¡hey amigo, ¿cómo es tu nombre? –pregunto Sanosuke sin miedo pues ya no se encontraba mucho en sus 5 sentidos y no podía notar la mirada casi acecina llena de fastidio que el hombre a su lado le dedicaba.

Kenshin regreso a la tribu después de seguir a los invasores y cerciorarse que habían abandonado la zona. Estaba un poco agotado por la cabalgata y ya era hora de ir a comer algo, pues desde la mañana no había probado nada más que una pequeña presa de conejo asado que había quedado de la noche anterior.

Hijo gracias a dios que llegaste me tenías preocupada – dice la madre de kenshin.

No te preocupes madre – dice este en un tono cariñoso mientras ve a lo lejos al jefe de la tribu quien le daba a su manera la bienvenida.

Observa que las mujeres de la tribu se reunían alrededor de una pequeña fogata para empezar a arreglar los animales que algunos cazadores habían conseguido para esa noche, su tribu no era muy grande así que la comida no escaseaba, aunque se notaba un par de mujeres embarazadas que ayudarían a acrecentar el tamaño del grupo.

Kenshin se sentó junto con los compañeros que habían ido con él esa mañana a charlar luego de la larga jornada, no habían hecho más que lo normal y por ende, la curiosidad recaí en las actividades del pelirrojo.

El más joven de los guerreros pregunto a Kenshin, cómo le había ido con el extraviado grupo de blancos que esa mañana irrumpiera en el territorio? – cuestiono uno de los jóvenes.

Bien, nada raro, los deje de seguir después de que cruzaran el límite, así que no hubo problemas. – Dice empezando a trabajar en un tronco mediano de madera, para formar alguna imagen allí, era muy bueno en ello así que lo hacía seguido para no perder la destreza.

-escuche rumores de que la tribu del sur de la pradera, quiere incursionar por aquí, tal vez nos ataquen – dice el mayor de todos un poco preocupado, en especial por las mujeres que se encontraban esperando criaturas.

Kenshin siguió la mirada de su compañero hasta la figura femenina de una chica morena que presentaba 6 meses de embarazo. Se trataba de Nube clara, la esposa de Halcón rojo. (Aquí es donde todas me nombran a mi mamá) Si, Kenshin llevaba corto tiempo en su vida marital un año aproximadamente, además tenía en camino a su primer hijo, una bendición que el agradecía infinitamente a los dioses. Noto por ello y reconoció el temor en los ojos de oso pequeño, el hermano de su esposa. Si fueran atacados en ese momento por la tribu del sur, estarían en desventaja, pues no tenían muchos guerreros y cabía la posibilidad de que se llevaran en la incursión a sus mujeres y así poner en peligro la vida de estas, en especial de las mujeres que estaban preñadas.

No te preocupes oso pequeño, mañana saldré a indagar no permitiremos que del exterior irrumpan nuestra tranquilidad – observando a los demás hombres sentados a su lado –que pongan en peligro la unidad de nuestra tribu.- dijo kenshin impasible mientras continuaba con su labor sobre la madera.

Nube clara había estado dos días, sin poder estar a solas con su esposo, y era algo que siempre le urgía, se habían criado a la par y desde pequeños ella le idolatraba. Tener en su vientre un hijo de él, uno de los más fuertes guerreros era un honor y una enorme felicidad para ella.

Ya había oscurecido y la noche se tornaba fría y extremadamente silenciosa, a medida que algunas fogatas se apagaron. Kenshin había estado revisando el perímetro para cerciorarse de que no hubiese nada extraño, llegando a estar frente a su esposa, ella dándole la espalda mientras trabajaba un poco en las ropas de él.

Nube clara, ve a dormir, ya es tarde – susurro Kenshin acercándose a ella y tomándola por el brazo con delicadeza.

Ella asintió, pero antes de entrar al tipi ella le abrazo susurrándole que no demorara tanto tiempo fuera pues lo estaría esperando.

Kenshin le regalo una dulce sonrisa y besando su frente la dejo seguir hacia el interior del tipi.

¿Hijo, no estás cansado?, deberías ir de una vez con Nube clara y descansar – dijo sorpresivamente la madre de Kenshin mientras ofrecía a su hijo un poco de agua.

Enseguida iré, no te preocupes madre – dice sonriendo Kenshin, bebiendo de un solo sorbo de la bota (esa especie de embace en cuero que usan para guardar liquido U)

- mañana saldremos algunos a indagar sobre los rumores de la tribu del sur, tenemos que estar alerta para que no nos tome por sorpresa el ataque, si es que es verdad – dice este mientras regresa la bota a su madre.

- Esta bien, te preparare algo para el viaje mañana –le beso en la mejilla, mientras se retiraba a su tipi, dejando a Kenshin en silencio y meditando un poco de todo.

Los rápidos reflejos de Kaoru le habían favorecido, al esquivar rápidamente uno de los proyectiles que se encontraban disparando en ese momento, agradeció a dios, por tener consigo el revolver de su padre, el cual había dejado en casa después de salir. Cuando empezó el tiroteo y el bullicio de los caballos rastrillando con sus cascos la madera y el suelo seco de los alrededores, fue cuando ella se preguntó, por el paradero de su padre.

Rayos – lanzó al viento cuando una de las balas le rozó su mano dejándola herida levemente. Corrió hasta un barril de agua, para protegerse del tiroteo y poder observar mejor desde allí lo que estaba ocurriendo. Alrededor de unos 7 hombres estaban atacando la oficina del sheriff, unos se ocupaban de responder los disparos que hacia Kaoru y un par de hombres y otros se encargaban de romper las puertas del lugar para entrar allí.

Un hombre enorme saco sobre su hombro uno de los presos que había visto esa mañana, pero no pudo distinguir cuál de los dos seria. Fue tan rápido lo que siguió que quedo algo paralizada, su padre enfrentándose al cabecilla sin un arma, y luego un disparo seco.

Padre! – grito ella mientras corría asta estar a su lado, dejando algo confundidos a los demás.

- ¿Y de dónde salió este sujeto? – dice uno de ellos mirando el porte desafiante de kaoru, que en la oscuridad no dejo ver el rostro femenino.

- ah Ya, debes ser ese caza recompensas que hemos escuchado hablar – sonríe el hombre con perversidad.

- ¿No crees que sería bueno eliminar dos pájaros de un solo tiro? – dijo otro del grupo.

Un disparo bolo de la mano de los tres primeros, el arma que sostenían, sorprendiéndolos y dejándolos aún más confundidos, cosa que Kaoru aprovechó para encañonara al líder de la pequeña tropa.

Eres valiente niña – dijo el moreno casi en susurro, cosa que Kaoru y su padre escucharan. – pero, no creo que seas tan ingenua de dispararme mientras 4 de mis hombres siguen apuntando a tu cabeza.

El tirador que había aparecido anteriormente se acercó a Kaoru y al herido sheriff mientras dejaba el cañón de su revolver mirando hacia uno de los hombres, no era mucho en realidad lo que pudiese hacer, aun eran bastantes.

Creo, que, por ahora no les molestaremos más, ya tenemos lo que queríamos – dice sonriendo con ironía el moreno, mientras con un ademán ordena a los tres primeros, retirarse, dejando de ultimas a tres de los hombres que aún seguían armados para que les escudaran y respondieran alguna ofensiva.

Kaoru apenas y se retiraron los bandidos, coloco los ojos en su padre quien había observado todo.

-¿Quiénes son esos sujetos padre? –Cuestiono Kaoru mientras ayudaba a colocarlo de pie, tratando de no molestar el hombro que tenía herido.

-Son los Yupon, una banda de forajidos que no hacen más que lastimar y conseguir lo que desean – dice el hombre que se había encontrado a su lado mientras ocurría lo anterior.

Kaoru lo miro sin darle importancia – ¿me podrías ayudar a llevarlo? – mirándolo con suplica.

El alto hombre se acercó a ella para ayudarla a cargar a su padre – Soy Shinomori, Aoshi, el que confundieron con usted – dice este mirando la vestimenta poco femenina que llevaba puesta la señorita.

Así que… usted es el caza recompensas – dice mientras abre con suavidad la puerta, recargándose un poco en ella, para entrar a la casa .mientras la mujer encargada de la casa, se aterra al ver herido a su patrón.

Kamiya fue llevado hacia su habitación mientras Lupe, la ama de llaves, se encargaba de traer lo que Kaoru había pedido desde que llegaran. Aoshi entretanto cortaba la ropa que era necesaria, para poder despejar la herida de la bala sin maltratar mucho.

Kaoru por su lado observaba a su padre no con temor si no con irritación, al pensar que él se había atrevido a enfrentar ese grupo de hombres sin ningún respaldo o arma, su ira aumento un poco, sin darse cuenta reflejándolo en su rostro.

Parece que estará bien – dice Aoshi para reconfortar a la chica, que ahora podía ver un poco mejor a la luz de una lámpara de aceite que pendía un poco más arriba de la cabecera de la cama.

Claro que estará bien, este viejo burro nunca se dejaría llevar por una herida tan tonta – dice ella mientras sorprende con su vocabulario al forastero. Aoshi guardó silencio no creyendo conveniente hacer alguna anotación al respecto, además en ese momento llego Lupe con el agua y el tizón que le había pedido.

Aoshi había visto sacar balas de todas maneras, asta de la misma manera en que la joven estaba efectuando dicha operación, pero no con la agilidad y sin emoción alguna que demostraba la señorita frente a él nunca, más teniendo en cuenta que era una joven mujer.

Luego de que salieran de tan arduo procedimiento, Kaoru y Aoshi se quedaron en la mesa comiendo algo, ya había pasado las tres de la madrugada y no habían descansado en lo mínimo después del largo viaje que cada uno por su lado había tenido hacia allí.

La cara de preocupación era por diversos motivos, el primero por su padre pero ello no era nada, ella sabía que se recuperaría pronto, lo segundo era que el hombre líder de los forajidos le había identificado perfectamente como una mujer a pesar de sus ademanes masculinos. Tenía que ir tras ellos, había notado que habían tomado el camino por donde ella había llegado a Alder Gulch , le paso por la cabeza en ese momento la necesidad de saber hacia dónde se dirigían.

Sucede algo señorita? – dice Aoshi mientras deja su taza en la mesa observando los ojos de la chica.

Que tanto sabe usted de ese grupo? – dice con determinación en la voz, cosa que no le dio buena espina al hombre alto allí presente.

qué le hace preguntar eso? – cuestiono mientras observaba el revolver que noto en la cintura de esta.

No, simplemente es curiosidad femenina, ya sabe cómo somos las mujeres – dice tratando de ser divertida, cosa que no le salía muy naturalmente.

Bueno - observo la avidez de conocimiento de la joven – ellos son un grupo que inicio hace ya como 19 ó 20 años, nadie les había podido encontrar solo un sheriff del condado de Cuerno Grande. Les enfrento hace ya 12 años – dijo mientras la chica anotaba mentalmente ello – luego se perdió la pista, pues mataron a este sheriff y nadie más fue capaz de oponerse a ellos, se dedicaban primero al robo de ganado, pues se situaban a lo largo de Wyoming, luego decidieron asaltar trenes a medida que las construcciones se terminaron.

Un golpe en la mesa hizo detener Aoshi en su relato, la chica se había puesto en pie mientras él la observaba confundido y curioso.

Que sucede? – pregunto notando el rostro preocupado de la chica.

Ellos se dirigen a Wyoming, lo savia, - dijo mientras desenfundaba su revolver o mejor dicho el de su padre y revisaba la cámara donde estaban las balas considerando cuantas le quedaban.

Aoshi se colocó de pie algo sorprendido por la actitud de la chica ¿qué quería decir con "lo sabía "?.

Mientras Kaoru revolcó un par de cajones en el gabinete del comedor encontrando allí las municiones y con ellas cargando el revólver y guardando otras en su cartuchera, Aoshi entendió lo que quería hacer.

¿No me diga que ira tras ellos? – dijo con un tono de advertencia que la chica paso por alto.

Claro, ¿cómo fue que supo?– contesto con ironía mientras sacaba de un rincón su rifle y tomaba su sombrero decidida a salir de allí esa misma noche.

Aguarde un momento señorita. ¿En que demonios está pensando al comportarse así. Ir detrás de una grupo como esa le parece un simple juego? – sentenció él.

Kaoru se vio jalada del abrigo mientras los ojos del caza recompensas se fijaban en los suyos.

– ¿que diablos le importa a usted? Yo veré como me las arreglo pero no permitiré que esa grupo de canallas y sucios perros del desierto vayan hasta dónde está mi abuelo – dijo con furia mientras trataba de zafarse.

Aoshi no entendía la preocupación de la mujer ¿qué tenía que ver su abuelo con lo que estaban hablando?.

Suéltala – se escuchó una voz ronca y fuerte a pesar de todo, proveniente de las escaleras, más precisamente del padre de Kaoru.

Aoshi le soltó de inmediato y fijo los ojos en el hombre que se encontraba allí firme como si no sintiera dolor alguno por la herida.

Y tu – dice Kamiya dirigiéndose a su hija – ni pienses que iras tras ellos – dice serenamente mientras termina de bajar las escaleras de madera.

Kaoru le devolvió una mirada de inconformidad, pero él savia como era, no se dejaría ni de su propio padre.

No dejare de ir, a ayudar a mi abuelo, sabes bien a lo que me refiero – dice la mujer mientras se coloca el sombrero con decisión. – él y todos los de la casa están en peligro, Shishio no dejara pasar la oportunidad de cobrarse lo que paso hace ya tiempo

Aoshi estaba allí sin decir o hacer nada, solo confundiéndose un poco más con las palabras de la chica.

Kamiya se acercó asta ella y quitándole el revolver de su cintura rápidamente le dijo que no iría a ninguna parte sin armas. Kaoru le quedo mirando con furia, mientras revisaba la cámara de su rifle, hallándose con la sorpresita de que estaba vacía.

Rayos – lanzó al viento mientras se sentaba "vencida" en una de las sillas cercanas.

Mandare a Shinomori y otros hombres, tú te quedaras aquí, mientras pasa lo que tiene que pasar – dice mientras observa a su hija furiosa y luego al hombre de ojos azules.

Agradecimientos a:

Akina Kamiya Himura: espero te continue gustando, y que este cap haya sido de tu agrado, espero tu review.

setsuna17:gracias como siempre por tu apoyo, espero este cap y todos los que leas sean de tu agrado, como siempre espero, tu review.