Disclaimer: Todo le pertenece a C.S Lewis. Yo solo juego con los personajes.
Summary: "Solo quiero regresar a casa" Victoria verá que no es tan sencillo. Una guerra, un amor. Mentiras y traiciones. La vida nos pone una nueva prueba. ¿Te crees capaz de pasarla? Es tu turno de demostrarlo. Caspian/OC
Capitulo VIII – Careful.
"
Estoy aquí
Torciendo el gesto
Disfrazando todo con una sonrisa.
Siempre es así..."
– ¿Cuanto falta? – Pregunto Caspian a Vendaval. El centauro miro al horizonte, calculando en su mente.
Se volvió hacia el Rey – Tan solo unas horas Majestad. Los grifos ya han de estar allá.
– ¿Ninguno ha vuelto? – Murmuro el telmarino.
– No. Han de estar esperándonos – Lo tranquilizo el narniano. El Rey asintió mientras subía de nuevo a Batallador.
– Vamos entonces.
Las tropas formadas tanto por narnianos y telmarinos volvieron a sus posiciones y empezaron la marcha una vez más. Habían partido unos minutos después del amanecer, aun faltaban unas horas para el atardecer. Llegarían a los campos de Beruna al atardecer. Pero aquello no era lo que carcomía la mente de Caspian, no, era la imagen de Victoria viendo como se iba. Ni siquiera había podido despedirse de ella, si algo le pasaba en batalla sabia que ella no le perdonaría no haberse despedido, que le guardaría rencor por siempre. Un escalofrió recorrió su espalda de solo pensarlo. Los sonidos de su llanto perforaban su mente, recordándole como la había herido. Sacudió su cabeza, ahora no podía pensar en ella, su mente se distraía demasiado cada vez que su imagen pasaba por su cabeza, estaban en guerra, tenia que actuar como un líder y un Rey en ese momento, no como un joven deprimido.
El astro rey empezó a ponerse detrás de las montañas, dejando que los cielos se oscurecieran y la luna empezara a hacer su acto de presencia. – ¡Establezcan el campamento aquí! – Grito Vendaval para los soldados, Caspian desmonto a Batallador amarrándolo de un árbol.
– Las tropas enemigas no han llegado – Reflexiono en voz alta. Vendaval se volvió hacia él.
– Y dudo que lo hagan hoy, venían de la frontera, aun les queda camino por recorrer.
– Tienes razón.
La noche por fin cayó sobre el campamento y los soldados, ya cansados del largo trayecto que habían caminado desde Cair Paravel, fueron a descansar, a recobrar y buscar todas las fuerzas que necesitarían para la guerra que se avecinaba. Las tiendas estaban ya cerradas, evitando el viento de la fría noche.
Pero a pesar de que todos descansaban y el campamento estaba en total silencio exceptuando las respiraciones de cada hombre, un Rey telmarino no podía lograr dormir. No era extraño aquello, en su corazón se estaba formando la idea de que algo grande se venia y sabia que era totalmente cierto. Una guerra, algo que podía cambiar por completo el destino de Narnia una vez más. Cansado de dar vueltas en la hamaca, se sentó y dejo caer su cabeza entre sus manos.
La conversación con el Profesor Cornelius regreso a su mente. ¿En realidad podría estar Astrian detrás de todo aquello? ¿Podía ser posible que fuera inmortal? Si todo eso era lo que pasaba, Narnia estaba en un peligro muy peor del que había imaginado. No solo se estarían enfrentando a un ejército, sino un ejército de inmortales, donde uno de ellos controlaba el fuego. Aquello era malo, mucho más de lo que alguna vez se había planteado.
– Es imposible – Se repitió, pero entre más lo pensaba, menos lo creía. Resoplo, calculo que era más de media noche. Pero no podía dar una vuelta mas en la hamaca, bajo de ella, se coloco sus botas de cuero negro mientras tomaba a Rhindon y una capa. Algo de aire fresco tenia que ayudarle.
Levanto la solapa roja de la tienda mientras empezaba a caminar hacia el bosque. Una voz lo alerto
– ¿Majestad? – Pregunto el soldado de guardia.
– Si soy yo.
– ¿A donde va? Es tarde mi Señor.
Caspian suspiro lentamente –No me alejare, regresare pronto. Cargo un cuerno conmigo, si ocurre algo, lo oirías –Prometió, el soldado asintió mas tranquilo. El Rey le sonrió cansadamente, tenia a los mejores hombres a su cargo.
Tranquilamente empezó a deambular entre los árboles, se suponía que las otras tropas aun no habían llegado y era mejor para él disfrutar de la tranquilidad de su nación antes de que fuera acabada por la guerra. El viento hacia sonar levemente las hojas de los arbustos, dándole un sentimiento de compañía y a la vez de soledad. La luna alumbraba el sitio, permitiéndole caminar sin tropezar.
A sus oídos llego el sonido del agua. Inconscientemente empezó a caminar hacia un arroyo. Los árboles no lo cubrían, por lo que la luz de la luna alumbraba por completo el sitio. El chapoteo del agua lo alarmo, desenvaino silenciosamente a Rhindon.
Una figura estaba de rodillas frente al arroyo. Iba vestida con una armadura. Un caballo se alimentaba de la hierba cerca de la figura. Observo a la figura por un largo rato, esperando que hiciera algo que la delatara. Lentamente se quito el casco, y la sorpresa que se llevo Caspian no fue nada buena.
Una cabellera roja cayó sobre su espalda.
"...Nunca supiste
Que lo tenías todo
Todos esperamos por el mismo lugar
Un sitio inexplorado y descuidado..."
Victoria corrió y corrió por los pasillos, tropezándose con casi todas las personas que estaban en ellos, pero ni siquiera se volvió a disculparse. Llego a su habitación y cerro la puerta detrás de ella. Las lágrimas no tardaron en llegar y sus piernas perdieron las fuerzas, su espalda se deslizo a través de la madera de la puerta hasta que llego al suelo. Abrazo las rodillas contra su cuerpo, tratando de encontrar el soporte que tanto necesitaba.
Dentro de su mente rondaban cientos de imágenes donde Caspian moría en la guerra. Cada una aumentando su dolor y sus lágrimas. Los minutos pasaron y pasaron hasta que las lágrimas se agotaron, dejando solo el dolor. Levanto su mirada, Agatha brillaba frente de ella. Se quedo observándola por largos minutos, y una idea se formo en su mente. No era la mejor, tampoco la mas segura o sensata. Pero dentro de su corazón, era la correcta. Con nuevas fuerzas se levanto y silenciosamente se dirigió a la Sala de Armas.
Fue a una de las puertas que Caspian le había mostrado semanas antes. Una fila de armaduras estaba en el fondo de la cámara, se acerco a ellas y las observo concentradamente, intentando hallar una que se ajustara a su cuerpo. Al final de la fila, había una peculiar, no era tan cargada como las demás, su vista bajo a la placa que la identificaba "Torneo" Decía, y resolvió sus dudas. Por supuesto que no era tan protectora, en las luchas por diversión y demostración la idea de matar era totalmente refutada.
Movió nerviosamente sus dedos, apretó los labios en una línea fina. Si Caspian se enteraba de lo que estaba a punto de hacer, estaría en serios problemas y de seguro él no la perdonaría. Pero para pesar de él, no podía evitarlo. Decidida, se acerco a la puerta de la cámara y la cerro con llave. Cambio su ropa ya arrugada por la armadura.
Sabía que cerca de allí había un pasillo que iba directamente a las caballerizas. No dudo en tomarlo.
Los establos estaban casi vacíos, dejando solo a unos diez corceles. Un nuevo problema se presento, ella apenas sabía montar. Cuando ocurrió el ataque del dragón, apenas Caspian estaba empezando a enseñarle. Con rabia pateo la puerta de un cubículo vacío.
– ¡Hey! – Exclamo una voz femenina. Victoria alzo la vista, buscando la dueña del sonido – aquí – Respondió la voz detrás de ella. La inglesa de giro hacia atrás, una yegua la observaba. Sus cejas se alzaron en asombro, era un hermoso ejemplar, pequeño, pero aun así hermoso, de color caramelo mientras que su crin y cola eran del mismo color, tan solo que levemente mas oscuros.
– Lo siento si te moleste – Se disculpo mientras colocaba un mechón de cabello rojo detrás de su oreja.
– No te preocupes... No eres la única de mal humor – Admitió la yegua.
– ¿Que te ocurrió?
Su compañero resoplo – Mi padre y mi hermano me encerraron aquí, diciendo que soy demasiado joven para ir a la guerra – Refunfuño – Que sabes ellos...
– Somos dos – Suspiro Victoria – ¿Como te llamas?
– Claire ¿Y tú? – Respondió inclinándose en saludo.
– Victoria.
– ¿Que haces aquí? ¿Por que tienes una armadura? – Pregunto Claire, sin duda era una yegua curiosa y detallista.
La inglesa suspiro. – Bueno...
– ¡Iras a la guerra! – Acuso Claire. Victoria asintió lentamente, como si a ella misma le costara aceptar esas palabras – ¡Llévame por favor! ¡Llévame! – Rogó la yegua.
Victoria se volvió hacia ella frunciendo levemente el ceño. Ella no tenia moral para decirle que no. Caspian le había prohibido rotundamente que fuera ¿Y que estuviera haciendo en ese momento? Un plan para escaparse hacia la guerra. No podía decirle que no. – Esta bien.
Claire relincho haciendo que Victoria sonriera levemente. Con la ayuda e instrucción de su compañera Victoria consiguió ensillarla. Ya con eso, ambas escaparon de Cair Paravel sin que alguien las viera. Claire conocía perfectamente el camino hacia los campos de Beruna, así que Victoria solo se preocupo de mantenerse en la silla de montar.
La noche empezó a caer, y la inglesa comenzó a impacientarse. Su nueva amiga la calmo – Estamos tardando porque no tomamos el mismo camino. Estaremos cerca de su campamento y oiremos cuando partan, si nos ven será tarde para que nos detengan – Victoria se tranquilizo y dejo llevarse por Claire.
– Podemos pasar la noche aquí – Murmuro finalmente la yegua. Cansada, la inglesa bajo de ella, su cuerpo le dolía a horrores, pero se mantuvo callada, sin preocupar a su amiga. Se acerco al arroyo que estaba cerca de ambas, remojo sus sudadas manos. Un suspiro de alivio salio de sus labios al sentir el agua fría recorrer sus dedos. Rápidamente quito su casco, queriendo lavar su rostro también.
Crack
Ambas se giraron de inmediato. Unos ojos marrones oscuros se encontraron con los verdes de ella. Un brillo de enojo cubrió lo de Caspian. Victoria trago saliva con dificultad. Los puños de Caspian se cerraron con fuerza, intentando controlar todo lo que quería decir. Claire se paro junto a ella, temiendo la reacción del Rey.
– Majestad – Murmuro la yegua finalmente inclinándose ante él. La mirada de él se clavo en ella como una daga.
– Tu padre te prohibió que vinieras, Claire – Dijo Caspian entre dientes. La aludida agacho su cabeza, avergonzada. – Ve al campamento – Claire observo a Victoria, quien permanecía estática a su lado, asintió lentamente hacia ella, infundiéndole valor.
– Ve – Dijo la inglesa finalmente. A paso lento y decaído Claire salio de su vista. Caspian observo una vez a su amiga.
– Creí haberte dicho que no podías venir – Su mandíbula estaba tensa, y sus ojos continuaban brillando con rabia hacia ella. Victoria se mantuvo en silencio – Fue una orden – Continuo él. – Además de que arrastraste contigo a la hija de uno de los mejores soldados de mi ejercito.
– No sabes de que hablas Caspian. ¡Yo no la arrastre! ¡Ella vino bajo su propia decisión! – Intento defenderse.
El telmarino se acerco peligrosamente a ella – Estaba en los establos... No podía salir sin ayuda de alguien. No hay excusas, ¡La trajiste! ¡Es una niña!
– Pero yo no.
– Te ordene algo Victoria. Y confié en que cumplirías lo que te pedí – La acuso.
"...Haces tu propio camino
Me opongo a ti, así de simple
No puedes decirme que sentir
La verdad nunca me libero
Así que lo hice por mi mismo..."
– Lamento decirte esto Caspian, yo no soy tu súbdita – Victoria se acerco aun mas a él. Sus ojos verdes ahora brillaban en impotencia. ¿Hasta cuando con la misma pelea con él? Ella ya era una mujer, no tenia porque estar quedándose encerrada tras cuatro paredes. Él conocía sus habilidades con la espada, sabia que podía defenderse y atacar. Se estaba comportando como un grandísimo tonto.
El Rey bufo – ¿Sabe algo señorita Victoria? – Continuo en tono de burla – Estas en Narnia, hasta que tu no traspases alguna de las fronteras y estés bajo mi protección tienes que acatar cualquiera de las ordenes que yo diga. ¿Lo entiendes? – Victoria estaba a tan solo centímetros de él. Lo miraba con dureza y frialdad.
– Inténtalo – Lo desafió.
– No es algo que quieras en verdad – Una sonrisa falsa adornaba los labios del telmarino. Ambos se quedaron en silencio, esperando que el otro diera su brazo a torcer. Cosa que nunca sucedió – Mañana mismo regresas a Cair Paravel junto con Claire, dos guardias las acompañaran. Y si sabes lo que te conviene, me esperaras – La voz de Caspian era seca y vacía. Sintiendo que su corazón se hundía en la decepción.
– ¿Es una amenaza? – El Rey telmarino acababa de sacar a la luz la peor parte de su compañero.
– Si – La reto él, su voz era gruesa, esperando que ella le diera otra de sus mordaces respuestas. Victoria permaneció en silencio, sus uñas estaban clavadas en sus palmas mientras mordía su lengua dentro de su boca. Sabiendo que si respondía, la magnitud de las palabras que saldrían de ella no tendría regreso ni perdón.
Sin decir palabra alguna, Caspian tomo el brazo de Victoria y sin delicadeza alguna empezó a caminar de vuelta al campamento. El soldado de guardia los vio sorprendidos, pero la expresión de los dos hizo que se mantuviera callado. La guió hasta su tienda de campaña.
– Duerme aquí – Murmuro él aun con la misma sequedad, tomo una de las cobijas y camino hacia la abertura de la tienda.
– ¿A donde vas? – Pregunto ella en tono indiferente.
– A otra de las tiendas.
Victoria negó con su cabeza – Es tu tienda.
– Lo se. Por esta noche, es tuya.
– Puedo dormir fácilmente afuera – El tono de voz de ambos era cortante, seco, vacío y sin emoción. Ambos mirándose con crudeza. Él sabiendo que había sido traicionado, había depositado su confianza en ella. Había confiado en que ella se quedaría en el Castillo, sana y segura, que esperaría a que él volviera, no que apenas tuviera la oportunidad correría tras él. Por el contrario ella, buscando alguna respuesta a los tontos ideales de Caspian acerca de que no podía defenderse. ¡Había dicho miles de veces de que ella tenía que estar en Narnia por alguna razón! Y cuando aparecía algo que tal vez pudiera justificar su llegada, la encierra en Cair Paravel, como a una niña.
Caspian bufo una vez mas – ¿Sabes que junto a Claire son las únicas mujeres aquí no?
Victoria rodó sus ojos con tedio – Se claro Caspian.
– Hay cientos de hombres en todo el campamento. No esperaras que dormirás afuera ¿O si? – Una carcajada salio de los labios de Victoria. Se levanto hacia él mientras lo veía con dureza.
– No soy una muñeca de porcelana. Se cuidarme.
– Es tarde, todos están durmiendo. ¡Yo también quiero hacerlo!
– ¡Bien, lárguese entonces Su Majestad! – Exclamo ella haciendo una reverencia hacia Caspian.
Un gruñido salio de la garganta de Caspian – Mañana mismo regresas a Cair Paravel – Fueron sus ultimas palabras antes de que saliera de la tienda.
"...No puedes ser mas cuidadoso
Cuando todo lo que esperas
No se acerca,
Abre tus ojos
Es tan solo el mundo real
Como nunca lo conociste..."
– Los grifos los han visto. Están muy cerca de aquí Majestad. La batalla será con seguridad hoy mismo – Dijo una voz masculina.
– Arregla a los escuadrones. No permitiré que lleguen hasta aquí, iremos a ellos – Dijo otra voz. Victoria la conocía perfectamente. Era la de Caspian. – Mantengan todo listo, quiero grifos que estén listos para volar en cualquier momento de la guerra. Si ocurre algo, Cair Paravel debe ser avisado inmediatamente.
El centauro asintió mientras empezaba a dar las órdenes a los soldados.
Victoria abrió lentamente sus ojos, fuera de la tienda se oía gran alboroto. La solapa de la tienda se abrió. Caspian camino hacia ella.
– ¿Que esta pasando? – Pregunto ella hacia él.
– Vieron al enemigo. Están marchando hacia acá. La batalla es hoy.
"...Muévete
Sacude tu dolor
Tal vez puedes ignorarlo
Pero no por mucho
No puedes ser más cuidadoso
Cuando todo lo que esperábamos
Nunca se acerco..."
Careful - Paramore.
