¡Feliz año 2011! Espero que este año se cumplan todos los deseos de sus corazones, y que sea un año digno de recordar por siempre XD
No puedo dejar de agradecerles por su reviews; ¡fueron maravillosos! Y por eso espero que sigan dándome sus opiniones. ¡Me encantan!
Bueno, ya solo me queda advertirles lo que ya todos saben, jeje, que los personajes le pertenecen a Naoko Takeuchi.
KENJI
Todos en la familia de mi prometida me habían aceptado, a excepción de su padre, el señor Kenji Tsukino. Aunque al principio Sammy, el hermano menor de Serena, había mostrado recelo en cuanto a mi sinceridad y mis buenas intensiones con respecto a su hermana, el tiempo le comprobó la pureza de mis sentimientos hacia ella y termino por aceptarme. Su confianza había crecido tanto que incluso me utilizaba como excusa para molestar a su hermana en mi presencia, diciendo tonterías como que era lo que había visto en la tonta de su hermana, o que si todavía no me había aburrido de ella, o que en la universidad tenía que haber alguna chica que fuera más interesante que su hermana. Sabía que únicamente lo hacía para ver las reacciones de Serena, le divertía su enfado y sus celos, e incluso me atrevería a decir que su parte favorita era cuando lo perseguía por toda la casa. Pero a pesar de todo estaba seguro él sabía lo absurdas que eran sus palabras cuando intentaba provocarla, con lo cual demuestra lo segura que ante sus ojos es nuestra relación.
La mamá de Serena es quien más nos ha apoyado. Desde que nuestra relación inició ella se mostró dispuesta a ayudarnos. Siempre he sentido el gran afecto que me tiene. No recuerdo nada de mi madre, pero me gusta imaginarla como a la señora Tsukino. Lo cierto es que la considero más como mi madre que como mi futura suegra, y lo cierto es que me trata más como un hijo que como un yerno. Su confianza en mí es realmente reconfortante, ya que – a diferencia de su esposo – sabe que jamás le faltaría al respeto a Serena, me aprovecharía de su inocencia o haría algo que la dañara. Considero que esa es la principal razón por la que, en lo que a ella se refiere, no existe límite de tiempo en mis citas con su hija.
Tanto ella como Sammy me hacen sentir parte de la familia. Con Sammy incluso tenemos nuestras salidas solo de chicos, y algunas veces hasta se nos une Andrew. En verdad creo que le agrado y que me considera bueno para su hermana.
Una vez, mientras esperábamos en la fila para comprar los boletos para el partido de baloncesto y me contaba recuerdos divertidos – y vergonzosos – de Serena, él dijo:
– En verdad que Serena es tonta… – mientras reía, luego fue más serio – pero algo tengo que reconocerle, no pudo elegir un mejor novio.
Sus palabras realmente me conmovieron. Él no pensaba que ella cometía un error al estar conmigo.
El ambiente en la casa de Serena es muy acogedor para mi, hasta que llega él. Su padre.
Desde el inicio supe que no sería fácil – y creo que no ayudó el que saliera huyendo el día que nos conocimos, cuando Sammy sugirió que Serena y yo éramos novios –, pero con el tiempo me ha hecho pensar que es una causa perdida.
No importa lo que haga, no importa que tanto me esfuerce por caerle aunque sea un poco mejor, todo lo que hago lo vuelve en mi contra. Si le llevo su postre favorito se enferma y me acusa de quererlo envenenar. Si lo ayudo en tareas hogareñas – como ir a la tintorería, podar el césped, reparar algo –, me acusa de que soy muy lento, o lo hago mal, o simplemente las dos cosas, y jamás he recibido un gracias de su parte – situación aparte es mamá Ikuko, que siempre me agradece a pesar de las palabras de su esposo, e incluso me ha pedido que arregle lo que se supone él ya ha arreglado –.
En una ocasión le conseguí al señor Tsukino la exclusiva en una historia. Con la ayuda de algunos contactos y pedir algunos favores logré que el único reportero en lo que en todo Japón denominaron como "el evento social del año" fuera él, a pesar de que el evento estaba planeado para que ningún medio de comunicación pudiera entrar. Claro que fue muy conveniente que el jefe publicitario del evento, Kenichi Maoto, fuera mi compañero de clases en la preparatoria y me debiera un par de favores. Admito que no fue nada fácil, tuve que presionar a Kenichi – cosa que me desagradó – recordándole todas las veces que le ayude en sus estudios, la vez que le salve de unos bravucones e incluso la vez que casi se ahoga en una excursión y yo fui el único que se lanzó al río para sacarlo. Realmente me sentí miserable por recordarle todo eso para que me ayudara, jamás habría imaginado que llegaría a cobrarle aquellas cosas porque nunca había esperado algo a cambio. Pero si resultaba, si Kenji Tsukino disminuía un poco su hostilidad hacía a mí, todo valdría la pena.
Ni siquiera lograr que el jefe del señor Tsukino lo eligiera a él para cubrir la historia fue sencillo. Si no hubiera sido por la amenaza de que él o nadie estoy seguro hubiera nombrado a alguien más – tengo la sospecha de que no se llevan bien –, pero realmente pensé que esta gran oportunidad y mi esfuerzo ablandarían un poco las cosas entre nosotros. Pero jamás imagine la reacción de él.
– ¡Este es un plan para alejarme de mi familia por varias noches! ¡¿no es así? – me acusó –, ¿realmente crees que voy a caer en tu trampa? Conozco a los tipos de tu clase, solo quieres que me aleje de mi indefensa e ingenua hija para… Tú sabrás para qué, pero no lo conseguirás. Tengo que ir porque son órdenes de mi jefe, pero quiero que te mantengas lejos de ella, ¡entendiste!
Me costó recuperarme del shock que me provocaron sus palabras. ¿Realmente pensaba que mi intensión era aprovecharme de Serena durante su ausencia? ¿Verdaderamente me creía tan despreciable? Admito que mis razones no eran del todo altruistas, pero ni siquiera en el lugar más recóndito y oscuro de mi mente se me ocurrió pensar que él tuviera un concepto tan deplorable de mí.
Aunque trate de controlarme – y conseguí por lo menos mantener el respeto a pesar de las palabras impropias que luchaban por salir –, la rabia se apoderó de mí, y aunque con gran esfuerzo logré mantener la compostura, mi voz sonó ruda, seria y un tanto grosera.
– Perdóneme señor Tsukino, pero jamás haría tal cosa. Amo a Serena, más de lo que se imagina, y todo esto lo hice tanto por ella como por usted. Todo lo que quería era ayudarlo y tal vez así ganarme un poco de su afecto o por lo menos un poco de respeto, porque sé lo duro que es para ella que no nos llevemos bien y creí que esto suavizaría un poco las cosas. ¡Pero veo que es imposible tratar con usted si en su mente todo lo que hago lo tergiversa y oscurece!
– ¡¿Qué te has creído muchacho grosero y atrevido? – su rostro estaba rojo de la cólera – ¡Sal de mi casa inmediatamente! – su grito debió escucharse en toda la cuadra.
– No se preocupe, señor Tsukino – dije sin demostrar emoción alguna –, no pienso quedarme aquí ni un segundo más.
Me di la vuelta hacía Serena, que permanecía a mi lado con el rostro lívido de espanto, y le di un beso de despedida en los labios. Por primera vez no me importó estar en presencia de su padre. Era obvio que jamás me aceptaría, así que ¡Qué más daba!
– Adiós, Serena – le dije en un tono muerto –. Hablamos mañana. Señora Tsukino, Sammy – me despedí con un movimiento de la cabeza.
– ¡Por supuesto que no! – el señor Tsukino volvió a estallar – ¡Tu no volverás a tener contacto con mi pequeña! ¡me escuchaste!
Había perdido todo mi control y estaba a punto de decirle algunas cuantas verdades cuando – ¡Gracias al cielo! – intervino Ikuko.
– ¡Kenji Tsukino! ¡cálmate en este mismo instante! – su habitual tranquilidad estaba reemplazada por un enfado descomunal.
Inmediatamente se dirigió hacia mí.
– Vete tranquilo, Darien. Serena te llamará mañana y muchas gracias por tu esfuerzo para con mi familia y mi esposo, aunque él no se lo merezca – le lanzó una mirada colérica a su esposo –. ¡Que pases una feliz noche! – me dijo con una sonrisa, aunque sus ojos seguían estrictos.
– Muchas gracias señora, y que pase una feliz noche usted también. Señor Tsukino – agregué a manera de despedida.
Esa noche se me hizo eterna. No hacía otra cosa más que darle vueltas al asunto sin encontrar una forma en que todo eso pudiera acabar bien, y más que todo me atormentaba la idea de que él cumpliera su amenaza. ¿Y si conseguía que Serena se alejara de mi? Él es su padre después de todo, ella tendría que obedecerle. ¡No! Me dije, si es necesario que tenga que trepar hasta su balcón por las noches para verla lo haré, ¡nada de lo que haga me alejará de ella! ¡Nada del mundo me alejará de ella! ¡Ni siquiera el irracional de su padre! Y con esos pensamientos quedé profundamente dormido.
Sabía que la mañana siguiente sería más difícil a la espera de la llamada de Serena ¿Qué pasaría si no llamaba? Podría intentar llamarla yo, aunque difícilmente funcionaría. Pero no tuve mucho tiempo para preocuparme de eso. No eran ni las ocho cuando el teléfono sonó. Rápidamente me lance – botando algunas cosas en el camino que ni siquiera voltee a ver – para atrapar el auricular antes de que pudiera sonar por segunda vez. Por supuesto era la voz que quería escuchar – la única que podía devolverme la tranquilidad –. La dulce voz de mi novia fue como un remedio a la angustia que sentía.
– Darien, perdóname por lo de anoche – fue lo primero que escuche.
Traté de explicarle que no tenía nada que perdonarle, que no era su culpa lo que había pasado, y más que todo trate de que notara lo mal que me sentía por haber actuado tan duramente con su padre – aunque se lo mereciera –, porque le debía por lo menos eso, ya que tenía que aprender a controlarme pues lo quisiera o no, él iba a ser mi pariente algún día. Escuché un suspiro de alivio.
– Por un momento pensé que ya no ibas a querer volver a verme.
Eso me enfadó.
– ¿Por qué querría tal cosa?
– Bueno… principalmente porque mi padre está un poco chiflado… pero también creí que te enfadarías por mi reacción de anoche – sonaba avergonzada.
– ¿Pero si no hiciste nada? – le dije afligido por su infundada culpa.
– Ese es exactamente el problema… debí haber hecho algo, debí de hacerle ver a mi papá lo bueno que eres, pero no lo hice… perdóname – su voz sonaba como que estaba a punto de romper en llanto.
– Serena – le dije con miel en la voz para relajarla –, lamento mucho que te hayas sentido así, pero no debes. Lo último que quiero es interponerme entre tu padre y tú. Ya es suficiente con los problemas que provoco como para que ahora también sea causa de la ruptura del lazo tan fuerte que te une con tu padre. – Y para animarla, aunque ni yo me lo creía, agregué sin ninguna convicción –: No te preocupes, ya verás que con el tiempo nos llevaremos mejor… – y para que ninguna otra vez se sintiera así añadí – y por favor, nunca vuelvas a sentir que tienes que elegir entre tu papá y yo. Lo mejor es que siempre te mantengas al margen.
– De acuerdo – dijo no muy convencida.
– ¡Promételo! – le dije con voz firme que no le dejaba otra opción.
– ¡Está bien, lo prometo! – esta vez lo dijo con sinceridad.
– Muy bien, ahora dime… ¿Qué tan mal están las cosas? – ¿qué tanto más me podría odiar?
Suspiró.
– No te preocupes, mi mamá hablo con él y le dejo en claro el por qué lo habías hecho, y que fue muy injusto contigo. En verdad fue muy convincente.
Si era así, ¿por qué sonaba como que me estaba dando un pésame?
– Entonces… ¿Cuál es el problema? – inquirí.
– Es que… parece que lo va a obligar a pedirte disculpas y no sé qué tan buena idea sea eso – no lo podía creer –. Por favor Darien, no lo fuerces, le va a costar mucho admitir que estaba mal… es muy orgulloso – y casi en un susurro añadió – y creo que lo empeora el que sea a ti.
Suspiré.
– Amor, dile a tu padre que no tiene por qué hacerlo. No necesita disculparse. Lo único que quiero es que olvide el incidente y…
– ¿y?
– Bueno, que me permita regresar a tu casa a visitarte. No quiero tener que esconderme para verte – rió.
– Eso no es problema, incluso te debo invitar a cenar esta noche, para que tenga oportunidad de hablar contigo.
Sentí que se me revolvían las tripas.
– Allí estaré – le aseguré.
Durante la tarde varias veces sentí que me acobardaba. No sé porqué sentía ese irracional pánico si se suponía que iba a recibir una disculpa. Pero en lo que se refería al señor Tsukino, quizá eso era peor que una pelea.
No fue ni la mitad de malo de lo que imaginé, aunque no por eso dejo de ser el intento más patético de una disculpa. Lo único que me dijo – en un tono que parecía como que yo debería estar agradecido – fue: "La próxima vez no hagas nada que no te haya pedido". Lo único bueno que resultó de toda esta experiencia es que extendió mi hora de visita media hora más. Creo que esa fue su verdadera disculpa.
Pero todas esas experiencias con el señor Tsukino me habían dejado algo claro. Lo sumamente difícil que iba a ser pedirle la mano de Serena.
El mismo día en que Serena aceptó casarse conmigo hablamos con Ikuko. Ella nos felicitó y se veía sincera cuando nos dijo que era la mejor noticia que le pudimos haber dado, que siempre había sabido que yo era el elegido para su hija, y que sabía que íbamos a ser muy felices.
La reacción de Sammy fue similar.
– Bienvenido a la familia, nuevo hermano – dijo mientras me daba un golpecito en el hombro –. Así que al fin mi hermana te echó la soga al cuello ¿no?
– ¡Sammy! – gritó Serena furiosa.
– ¡Tranquila hermanita! – su sonrisa se ensanchó –, era solo una pequeña broma – y luego se dirigió a mí – ¿prometes que vas a cuidarla?
– Con mi vida – le juré.
Nos quedamos platicando hasta muy tarde. El primero en ir a dormir fue Sammy. En realidad fue Ikuko el que lo mandó a dormir, pues tenía clases al siguiente día.
En un momento en que Serena nos dejo a solas a Ikuko y a mí, aproveché para plantearle una duda que me carcomía el alma.
– Señora, ¿Qué pasará si el señor Tsukino no está de acuerdo? – no pude ocultar adecuadamente la aflicción que me embargaba – Después de todo, Serena aún es menor de edad
– Darien, en todo el tiempo que llevo de conocerte me has demostrado tus buenos sentimientos, la bondad que existe en tu corazón y tus buenas intensiones hacía toda mi familia, pero sobre todo me has demostrado que no existe otra persona que ame tanto a mi hija como tú. No me cabe duda de que eres el indicado para ella. Estoy segura que darías tu vida por ella sin dudarlo ni un segundo. No creo que pueda pensar en una sola razón para negarte la mano de mi hija en este momento, así que no te preocupes… según tengo entendido el permiso de uno de los padres basta.
No podía estar más agradecido que en ese momento. Sentí como mi mente se despejaba y veía con toda claridad que ya nada impediría mi matrimonio con Serena, mientras ella quisiera casarse conmigo.
– Gracias señora, en verdad le agradezco su confianza.
No pude evitarlo. Contra la forma en que siempre actuaba – siempre conteniendo mis emociones –, la abrace y volví a agradecerle.
Los días siguientes – a la espera de que el señor Tsukino regresara de su viaje para darle la noticia –, fueron solo de recibir felicitaciones. Las chicas estaban súper emocionadas.
Amy – ¿Cómo no? – se mostró un poco preocupada por lo que eso significaría para los estudios de Serena, pero yo le aseguré que me encargaría de eso y le guiñé un ojo. Ella sabe muy bien lo importante que son para mí los estudios y que jamás le hubiera pedido a Serena que se casara conmigo si pensara que eso fuera un inconveniente, porque definitivamente en mis planes estaba el ser un incentivo para ella y no un estorbo.
Lita se ofreció a hacer ella misma el pastel de boda. Nos explicó que en sus clases de cocina había aprendido la receta perfecta y que no aceptaría un no por respuesta. Por supuesto que aceptamos. ¿Quién después de haber probado algo cocinado por ella podría negarse? Realmente le estamos muy agradecidos.
Mina, como siempre, se mostró tan emocionada que cualquiera juraría que era ella quien se iba a casar. Se ofreció a ayudarle a Serena a elegir su vestido, a elegir los recuerdos de la boda, a conseguir la música para la recepción, a… bueno, en resumen, se ofreció a planear la boda, nada más. Seguramente Serena no tendría momento para preocuparse por los detalles del casamiento, lo cual era bueno. Tendría que agradecerle a Mina cuando todo acabara – siempre y cuando no exagerara demasiado –.
Rei creo que fue la más sorprendida de todas. Tres veces seguidas preguntó si era una broma. Su cara de desconcierto no dejó ninguna duda de que esperaba que realmente fuera así. Por un momento llegué a pensar – algo sumamente engreído de mi parte – que se podía deber al poco tiempo que salimos juntos, aunque nunca estuvimos siquiera cerca de un beso. Para mí siempre ha sido sólo una amiga, y durante un corto tiempo me atormentó la idea de que ella si hubiera querido una relación seria conmigo, pero ese pensamiento se desvaneció cuando todas, incluyéndola, se mostraron sumamente felices de que recordara lo que el enfrentamiento con Beryl me había hecho olvidar, a través de unirme con mi otra identidad, el Caballero de la Luna. Después de eso no mostró más interés en mí que el que yo le mostraba a ella: Amistad.
Me di cuenta que las dudas de Rei se debían a que quería que Serena estuviera segura de lo que hacía, a que no quería que por el loco amor que siente por mi se precipitase en su decisión. Ciertamente le estoy muy agradecido por plantearle sus inquietudes a Serena, pues me permitió conocer lo segura que estaba mi prometida de lo que estábamos haciendo. Fue como recibir los análisis de un examen médico y confirmar un diagnostico.
– Rei, jamás he estado tan segura de algo en toda mi vida. Puedo dudar que soy la princesa de la luna, que con mi broche me puedo transformar en Sailor Moon, que he luchado contra seres malvados de otras galaxias, incluso puedo hasta dudar que la tierra gira alrededor del sol, pero no tengo ninguna duda de que quiero casarme con Darien y pasar el resto de mi vida a su lado. ¡Lo he deseado aún desde antes de nacer!
La convicción de sus palabras fue vigorizante. Ni siquiera me importó lo exageradas e inverosímil que fueron.
Eso fue todo lo que necesitó Rei para estar tranquila y esbozar una sonrisa, momento en el cual Mina – con sus siempre impertinentes comentarios – intervino para preguntar en tono pícaro:
– ¿Y ya pensaste que tan rápido quieres tener a Rini? Porque van a querer disfrutar un tiempo a solas – mientras le daba pequeños codazos a Serena con ojos que claramente daban a entender a que se refería – ¿verdad Serena?
– ¡Mina! – exclamaron todas.
Serena y yo nos miramos por un segundo y luego desviamos la mirada, avergonzados – y sumamente ruborizados –, e intentamos cambiar de tema hacia caminos más seguros.
– ¿Tienen alguna idea de cómo localizar a Haruka o Setsuna? – pregunté sin dirigirme a ninguna en particular. Sabía que localizar a cualquiera de las dos significaría conocer el paradero del resto.
– Creo que Haruka sigue corriendo en la pista de siempre – contestó Amy.
En ese instante entró Nicolas con el té que Rei le había pedido – ordenado creo que se ajusta más a la verdad – que preparara. Él también aprovechó la oportunidad para felicitarnos y asegurarse de que nadie pensara en regalarnos una licuadora porque ese iba a ser su regalo.
Pasamos una tarde agradable platicando de diferentes temas. Solo pocas veces Mina, con sus clásicos comentarios, hacía sonrojarnos, y no sólo a mi prometida y a mí, sino que también a Rei y Nicolas, sugiriendo que deberíamos hacer una boda doble. No entiendo como se le ocurren esas cosas cuando ellos ni siquiera son novios.
Al final de la tarde, justo antes de que Serena y yo nos retiráramos, todos – no tengo idea de cómo se las arreglaron para decirlo al mismo tiempo –soltaron una acuciante pregunta. Supongo que era una pregunta razonable.
– ¿Y cuándo es la boda? – tanto Serena como yo nos sobresaltamos por el tono de sus voces. Parecía como que la respuesta era de vital importancia.
Serena y yo nos vimos a la cara por un breve momento.
– Eh… pues, aun no lo hemos decidido – dije con una mano detrás de la cabeza.
– Debemos hablar con mi papá antes de fijarla – les anunció Serena.
– ¿No han hablado con él? – preguntó Rei en todo incrédulo.
– Todavía está de viaje…
– Pero en cuanto regrese y hablemos con él fijaremos la fecha – agregué.
El ánimo de todas decayó considerablemente. Para ninguna era un secreto lo que el señor Tsukino pensaba de mí.
Al día siguiente – sólo siete horas y media para el esperado regreso. Sentía la presión en el estomago –, muy temprano – al menos para Serena. Las nueve de la mañana no era precisamente "muy temprano" para mi, aunque considerando que era sábado, presumo que quería levantarse tarde –, fui a recogerla. La señora Tsukino, tan amable como siempre, me ofreció desayuno mientras esperaba a que Serena terminara de arreglarse. Le aseguré que ya había comido algo, así que nos quedamos platicando mientras esperaba.
– Y… ¿a qué horas regresa el señor Tsukino? – pregunté, y aunque conocía la respuesta, quería asegurarme.
– Como a las cuatro y media de la tarde… su vuelo va a salir a tiempo, llamo hace unos minutos.
– Humm – ¿Qué le podía decir? No me sentía especialmente entusiasmado.
Debió notar la preocupación que sentía.
– Tranquilo, Darien – dijo mientras tomaba mi mano –, todo va a salir bien. Kenji no es tan irrazonable… – dudaba eso – Aunque no lo admita él te aprecia mucho – eso lo dudaba aún más –. Sabe que amas a Serena y sabe que este día llegaría – eso era más creíble.
Sus palabras ayudaron un poco.
– Darien… ¿puedo pedirte un favor? – cómo que si pudiera negarle algo a ella, después de toda su ayuda.
– Lo que usted quiera – contesté de inmediato.
– ¿Podrías esperar hasta después de la cena para hablar con él? – eso era fácil de conceder – Nunca regresa de buen humor después de un viaje y espero que con mi comida se apacigüe un poco… y también quería pedirte… – se calló por un momento y lucía un poco avergonzada. Jamás la había visto así – Por favor, Darien, ¿podrías regresar a las seis? No quiero… – ahora lucía más avergonzada – no quiero que te encuentre aquí cuando regrese. Creo que eso lo pondría de peor humor y haría las cosas más difíciles – agregó rápidamente la última frase al ver mi mirada de incomprensión.
– De acuerdo – demorar el momento no me sonaba mal, aunque este mal admitirlo
Serena apareció en ese momento. Se veía preciosa, como siempre.
– ¡Hola! – saludó alegremente.
– ¡Hola! – le respondí – ¿nos vamos?
Asintió con la cabeza.
– Adiós mamá.
– Adiós señora, estaré aquí a las seis.
– ¿A las seis? – indagó Serena.
– Serena… – Ikuko empezó a hablar, pero la interrumpí rápidamente.
– Sí, Serena, te vendré a dejar luego de hablar con Haruka y Michiru, haré algunos pendientes y regresaré a tiempo para la cena, a las seis – Me sentí un poco mal educado por interrumpirla, pero Ikuko notó que no quería que Serena se enterara de las verdaderas razones del por qué no debía estar en su casa cuando su padre regresara y no agregó nada. No era necesario hacerla sentir mal por gusto.
La señora Tsukino me sonrío aprobando el secreto, y se despidió de ambos.
En el camino noté que Serena estaba totalmente tranquila, como cualquier otro día. ¿No le preocupaba la reacción de su padre?
Tomando en cuenta que era yo quien arriesgaba el pellejo, no había razón para que ella se sintiera preocupada. Decidí dejar de preocuparme – por el momento –, y me concentré en disfrutar el día con ella.
Haruka y Michiru nos felicitaron, pero no tan efusivamente como las chicas. Haruka me encargó mucho a "cabeza de bombón", y que me comportara como un príncipe con ella. Michiru nos encargó que le avisáramos la fecha en cuanto la decidiéramos y que contáramos con ella para cualquier cosa. Hotaru no se encontraba con ellas pero nos afirmaron que le darían la buena noticia.
En cuanto a Setsuna fue otra la historia. Nos aseguraron que habían perdido el contacto con ella y que no tenían idea de cómo localizarla. Serena se vio un poco desilusionada, pero yo sabía que siendo la guardiana del tiempo sabía mejor que nosotros la fecha de la boda, así que si lo deseaba estaría allí. Debía saber muy bien que la estaríamos esperando.
Almorzamos todos juntos, platicando de lo que habían hecho durante este tiempo, de cómo iba la carrera de violinista de Michiru, de sus planes para el futuro ahora que tenían una vida normal. Me preguntaron sobre la universidad, y les conté que mi tesis ya estaba aprobada y que lo único que estaba esperando era fecha de graduación. De vez en cuando notaba como Serena se quedaba absorta mientras observaba el anillo de compromiso. Me alegraba notar que lo hacía con una gran sonrisa.
Después de despedirnos, Haruka se acercó a mí discretamente y me dijo casi en un susurro.
– Creí que nunca tendrías el valor para pedírselo.
Sonrió y se alejó al lado de Michiru.
Volví a la casa de los Tsukino a dejar a Serena como a las tres de la tarde. Nos despedimos con un beso que se prolongó hasta que Sammy nos interrumpió.
– Si no quieren ver como mi papá estalla cuando los encuentre así, será mejor que te vayas Darien – dijo con una gran sonrisa burlona.
Suspiré.
– Tiene razón Serena. Nos vemos a las seis – caminé hacia mi auto despidiéndome con la mano, sin apartar mi mirada de la calle. Sabía que sería más difícil mi momentánea marcha si la volteaba a ver. No sé por qué, pero ahora que había aceptado ser mi esposa era más difícil el alejarme de ella, aunque fuera por corto tiempo. Ansiaba el momento en que eso ya no sería necesario.
Esa tarde parecía que el tiempo no avanzaba. Regresé a mi departamento en tan solo diez minutos – lo cual no era extraño, ya que queda a tan solo unas calles de la casa de Serena –, me dirigí a mi habitación y elegí con cuidado la ropa, únicamente para hacer algo y ocupar mi mente. Nunca he entendido porque las mujeres se tardan tanto en elegir ropa y arreglarse. A pesar de que trate de tardarme pensando en combinar bien toda lo que iba a vestir – incluso la ropa interior, algo sumamente tonto –, sólo ocupe cinco minutos. ¡No entiendo como las mujeres logran entretenerse tanto con eso!
Me metí en la ducha y trate de no pensar en nada. Me concentré en sentir el agua y en enjabonarme lo más despacio que pudiera, e incluso me enjuagué dos veces el cabello, tal como dicen las etiquetas de los shampoo – lo cual no hacía nunca por considerarlo una pérdida de tiempo y recursos –, y me quedé bajo la regadera hasta que ya no pude más. Me sequé y regresé al cuarto para cambiarme.
Por un momento llegué a pensar que el reloj del cuarto se había detenido. A pesar de mi esfuerzo por tardarme en cada simple tarea ¡No eran ni las cuatro! Me cambié intentando nuevamente gastar el mayor tiempo posible. Me arregle el cabello y me negué a ver la hora. No quería volver a decepcionarme de lo lento que pasaba el tiempo.
Encendí la televisión para matar el resto del tiempo que me quedaba. Lo cierto es que no puse atención a las imágenes que pasaban en el aparato frente a mí. Mi mente estaba concentrada en lo que más amo en el universo. Pensaba a qué lugar le gustaría ir a Serena de luna de miel y decidí que debía ser un lugar cálido, a ella siempre le ha gustado mucho el verano. Pensaba en cómo sería nuestra nueva vida juntos, en cómo sería regresar todos los días a una casa en donde ella me esperaba, en cómo sería sentir su calor todas las noches y despertar todos los días y que su rostro fuera lo primero que viera. En como cambiarían las cosas el que ella fuera mi familia no solamente en mi corazón como hasta ahora.
En todo ese divagar de mi mente el tiempo paso volando. Cuando me di cuenta ya eran las cinco y media. Suspiré de alivio y a la vez recordé que sería una noche difícil. No era tan relevante como la noche que le pedí a Serena que se casara conmigo, pero aún así era importante. Estaba nervioso pero no demasiado. Sabía que lo que sucediera esta noche no evitaría que me casara con Serena, porque ahora sólo ella tenía ese poder.
Me encaminé a la casa de los Tsukino y llegué sumamente puntual. Inspiré profundamente, y toqué la puerta.
Quien me abrió la puerta fue Sammy.
– Pasa, Darien – dijo en voz más alta de lo necesario. Supuse que sus intensiones eran anunciar al señor Tsukino mi llegada.
Me guiño el ojo y agregó en voz baja.
– No te preocupes, esta de excelente humor.
– ¡Ah! Hola, Darien, pasa – me sorprendió la forma tan amistosa como me recibió el señor Tsukino. Era la primera vez que parecía alegre de verme.
No me tomó mucho tiempo notar cual era la razón de su repentina camaradería y su buen estado de ánimo.
Fue hermoso ver como todos colaboraban para hacerlo sentir cómodo – y suavizarlo – para recibir la noticia.
Ikuko preparó su platillo favorito, Sammy le llevó sus pantuflas y le preguntó sobre cada insignificante detalle de su viaje y fingía interés –algo que nunca había hecho–, incluso Serena le preparó personalmente sus galletas favoritas, y cuando intenté tomar una, me dio un leve golpe en la mano y me aclaró que eran exclusivamente para su papá, y aunque por la expresión del señor Tsukino al probarlas no debían tener buen sabor –internamente agradecí que no me permitieran comerlas– se las comió todas. La conducta de Serena hacía mí con respecto a las galletas le levantó el ánimo considerablemente. Cualquier actitud de Serena que significara que le prefería a él sobre mí lo ponía de buen humor, y era obvio que las atenciones de todos los miembros de su familia lo hacían pagarse de sí mismo.
– No sabía que me extrañarían tanto – les dijo a los tres con una sonrisa de suficiencia. Luego se dirigió hacia mí –. Lo vez Darien, el reconocimiento, respeto y atenciones de tu familia es prueba de un excelente trabajo como cabeza de hogar – su tono era sumamente petulante –, por lo que no puedes esperar que a cualquiera lo reciban como a mí – rió escandalosamente.
Al menos era reconfortante ver que los esfuerzos de los tres estaban dando resultados. El ánimo del señor Tsukino jamás había estado mejor. Incluso había olvidado su actitud de fingir que no existía y me había incluido en sus conversaciones, sin siquiera un insulto o un comentario sarcástico. Parecía que quería que notara todas las atenciones que le daban, orgulloso de recibirlas – aunque yo tenía mejor idea que él de las razones de las mismas –, que notara lo importante que él era dentro de esa casa.
Después de la deliciosa cena nos dirigimos a la sala. Necesité solo de un momento para reunir la valentía necesaria para iniciar.
– Señor Tsukino, Serena y yo necesitamos hablar con usted – le dije amablemente mientras sostenía la mano de Serena, con una sonrisa de oreja a oreja –. Tenemos maravillosas noticias – al menos para mí lo eran.
– ¿A sí? ¿Sobre qué? – preguntó en tono cauteloso.
– Nos vamos a casar.
Sé que no era la mejor forma de hacerlo, pero tenía claro que si pedía su mano me la iba a negar, que si de él dependiera jamás podría casarme con ella, por lo que no me dejo más alternativa que hacerle partícipe de la noticia sin elección alguna, sin tener voz ni voto en la decisión.
Sus ojos volaron velozmente a la mano izquierda de Serena, que descansaba entre las mías. Hasta ese momento él no había notado el anillo de compromiso que adornaba su bella mano.
En su rostro pasaron miles de sentimientos – incredulidad, enojo, frustración, sorpresa, ira, desaprobación… –. No tenía idea de cuál iba a ser su reacción. Los segundos que tardo contuve el aliento, preparándome para cualquiera que fuera su reacción.
– ¡Embarazaste a mi hija! ¡¿Cómo te atreves…? Eres un…
– ¡No estoy embarazada, papá! – Serena lo interrumpió mientras se dirigía hacia mí con los puños cerrados, la mandíbula tensa, ojos furiosos y un rostro que reflejaba lo decidido que estaba a mandarme al hospital –, ¿por qué piensas algo así? – Su tono era de desaprobación.
La entendía perfectamente. Parecía como que para él todas las posibles razones por las una pareja podría decidir casarse se reducían a una: la prematura llegada de un bebé en sus planes.
Se detuvo de inmediato y vio el rostro de su hija.
– ¡Lo siento hija! – dijo mientras la abrazaba, manifiestamente arrepentido. Casi parecía que lloraba de vergüenza – ¡¿cómo pude pensar eso de ti? Perdóname hija, ¡pero eres tan inocente!, y alguien podría aprovecharse de eso – me miró sugestivamente.
Resultaba innegable que de haber sido cierto, la única explicación lógica para él es que yo hubiera abusado de ella. Seguro me hubiera tocado que pasar una noche en alguna estación de policía, contestando preguntas por una denuncia de violación o con suerte de estupro.
– Bueno, entonces explícame, Darien, como esta eso de que "pretendes" casarte con mi hija – su voz dejaba en claro que todavía estaba en duda.
Respire hondo y hable despacio para que le quedara claro que no había discusión al respecto.
– Vera Señor Tsukino, amo a Serena con todo mi ser y, por alguna asombrosa razón que no acabo de comprender, ella me ama igual. Hace dos noches le pedí que se casara conmigo y ella aceptó, por lo que ahora le pido que celebre con nosotros la noticia y nos dé su bendición.
– ¡Si papá! ¡No te parece grandioso! – añadió Serena mientras apoyaba su cabeza en mi hombro y su sonrisa no dejaba de revelar lo feliz que se sentía.
– Pe-pe-pero hija, ¿por qué tan pronto? Eres muy joven, aún no conoces nada del mundo – su tono era casi de suplica. Por lo menos le había quedado claro a quien le correspondía la elección –, no puedes saber lo que quieres, apenas estas empezando a vivir y…
– ¡Exactamente, papá! Lo que quiero es empezar a vivir pero al lado de Darien. Lo amo, papá, y no tiene caso esperar a que me haga mayor porque eso no va a cambiar. Lo he sabido desde los catorce años y ¡ya no quiero esperar más tiempo!
– ¡Pero ambos son demasiado jóvenes!
Era la primera vez que usaba el adjetivo joven en mí. ¡Qué irónico que lo usara justo ahora, después de todas las veces que sugirió lo contrario!
Se dirigió a mí, al ver que la persuasión no iba a funcionar con ella.
– Dime, muchacho, ¿Cómo piensas mantenerla? – su voz era ruda.
– Bueno, señor Tsukino, dentro de poco será mi graduación y ya tengo un puesto seguro en el Hospital de la Universidad de Tokio… con un excelente salario – añadí lo ultimo porque sabía que eso era lo que le interesaba saber.
Estuvo mal usar el término salario – aunque era el más claro –, conociendo muy bien que la remuneración económica que recibimos los que ejercemos profesiones nobles se le denomina honorarios, ya que la razón de elegirlas no es el dinero, sino el honor de ayudar a la sociedad.
Me alegraba saber que el dinero nunca fue la razón para elegir la carrera de medicina. El que mis primeros recuerdos fueran despertar en un hospital –donde viví por mucho tiempo después del accidente con mis padres –, era la razón real detrás de mi elección. El ver a diario como los doctores mejoraban la vida de las personas fue lo que decidió por mí. Desde esa edad decidí que era una razón para seguir luchando, aunque no estuvieran mis padres, y supe debía esforzarme por alcanzar ese sueño, y así lo hice.
De cualquier manera, esperaba que le hubiera quedado claro al señor Tsukino que el dinero no era algo por qué preocuparse. Al menos después de mi graduación. Mi actual trabajo era otra historia. Ser ayudante del doctor Sumire me había permitido practicar y aprender, todos los años de inmensurable experiencia del doctor me han dejado invaluables conocimientos, razón por la cual acepté trabajar con él. Pero en lo que se refiere a dinero, estoy seguro que ganaría más trabajando con Andrew en el Crown.
Esperaba que zanjara el tema allí, no quería que usara mi actual estado financiero como un impedimento.
El señor Tsukino abrió la boca para decir algo, pero se arrepintió.
– ¿Y no pensaras llevártela a vivir a tu departamento, verdad? – tenía los brazos cruzados y su sonrisa de suficiencia daba a entender que creía tener un punto sólido.
– ¿Por qué no, papá? El departamento de Darien es muy bonito – replicó Serena muy inocentemente. ¿Por qué no veía los intentos de su padre por encontrar excusas?
– Lo siento, pero si quieren casarse necesitan una casa, no permitiré menos que eso.
– Pero, Kenji, nosotros no teníamos casa cuando nos casamos – le recordó la señora Tsukino.
– Pues… esto es distinto… eh… nuestra hija merece lo mejor – le habían cerrado el camino.
– Tiene razón, señor Tsukino, Serena merece lo mejor – intervine al fin –; y no se preocupe, no pensaba que viviéramos en mi departamento.
– ¿A no? ¿entonces donde?
– Pues en nuestra propia casa – repuse con toda naturalidad –. Ya la tengo.
Todos me vieron con incredulidad.
Nunca había mencionado la casa que mis padres me habían dejado en herencia.
Al principio justifiqué la compra del departamento por lo céntrico que quedaba, por estar más cerca de todo y el tiempo que ahorraría en llegar a la universidad. Pero con el tiempo me di cuenta que eran solo excusas. Si no me quería engañar debía admitir que lo que no quería era vivir en una casa que se suponía llena de recuerdos de mi infancia y mis padres, y que solamente era una casa desconocida para mí.
La diferencia era que ahora podría llenar esa casa con recuerdos míos y de Serena. Eso me hacía agradecer nunca haberla vendido, aunque difícilmente lo hubiera hecho. Aunque no tuviera recuerdos en la casa, sabía que una parte de mis padres estaban allí, y eso me lo impedía.
– ¿De qué estás hablando, muchacho? ¿Cómo que ya tienes la casa?
– Sí, señor, ya tengo una casa. Me la heredaron mis padres y creo que es perfecta para iniciar mi vida con Serena.
– ¡Eso es magnífico, Darien! – repuso Sammy muy sorprendido –, ¡quiero conocerla! ¿Cuándo nos llevas?
Estaba a punto de contestarle, cuando el señor Tsukino se quitó su máscara de intentar ser razonable.
– ¡Ya me canse de discutir esta locura! ¡Usted no se va a casar con mi hija! Por lo menos no hasta que ella cumpla los veinte y deje de ser mi responsabilidad, y siempre que aún quiera casarse. ¡Mi hija aún es menor de edad y yo decido que es lo mejor para ella!
Lo que me temía. Ahora que ya no tenía argumentos como rebatir nuestra decisión no le quedaba más que la fuerza de su patria potestad. Pero no me preocupaba, quien compartía la patria potestad con él ya me había concedido su mano, así que no había nada que él pudiera hacer al respecto.
– ¡Pues ella también es mi hija y yo ya le concedí su mano a Darien!, así que será mejor que pienses en una mejor excusa o que aceptes de una vez que ellos se aman y se van a casar – le aclaró Ikuko, y luego añadió en tono más dulce –: Kenji, comprende de una vez que no podíamos evitar que este día llegara, y deberías alegrarte de que nuestra hija haya encontrado al hombre de su vida, y que él la ame tanto como Darien nos ha demostrado que la ama. ¿No te alegra de que sea correspondida? ¿No te alegras de verla tan feliz?
– Pero Ikuko, ella apenas es una niña… no nos la pueden quitar tan pronto.
– No nos la están quitando, al contrario, nuestra familia ahora va a tener un miembro más – ella me sonreía mientras hablaba.
– ¡Pe-pe-pero Ikuko! – su tono lo hacía parecer un niño obstinado.
– ¡No hay pero que valga! Ahora celebremos la noticia con nuestra hija y su novio.
– Ya que mi opinión no cuenta, ¿al menos podrían decirme cuando es la boda? – repuso indignado.
– Aún no lo hemos decidido – le expliqué –; esperábamos hablar con usted para fijar la fecha.
Un extraño brillo apareció en su mirada.
– Escúchame bien, Darien, no sé como lo lograste pero si quieres que sea yo quien entregue a la novia, por lo menos tendrán que fijar la fecha de la boda hasta que Serena termine este año en la universidad.
– ¡Pero, papá, faltan casi ocho meses para que termine! Ni siquiera he empezado el segundo semestre y estando tan cerca las vacaciones ínter-semestre, pues yo pensaba…
– Escúchenme bien los dos – la seriedad en su voz dejaba en claro que era algo en lo que no iba a ceder –, no creo que sea mucho pedir que se esperen unos cuantos meses, o ¿existe alguna razón por lo que sea tan urgente?
No supe interpretar si creía que le habíamos mentido sobre que Serena no estaba embarazada o solo trataba de fortalecer su punto.
Suspiré. No tenía caso discutir por eso. Después de todo era solo cuestión de retrasarla un poco, y era mejor que no contar con su presencia en la boda.
– Serena, tu padre tiene razón, sólo son unos meses. Habrá más tiempo para los preparativos, arreglar nuestra casa – que ella aún no conocía – y también podremos tener una luna de miel más larga.
Mis últimas palabras disgustaron al señor Tsukino. Desee no haberlo mencionado, pero las vacaciones de fin de año son más largas, era algo lógico.
Mi relación con el señor Tsukino no mejoro con mi compromiso con Serena. Al contrario, él se empeñaba más en molestarme. Supongo que guardaba las esperanzas de que en el tiempo que quedaba para la boda lograra hacernos cambiar de opinión – o al menos a ella –, algo que nunca iba a pasar. Esperaba que una vez casados dejara esa actitud hacía mí. Después de todo, si sus intensiones eran alejarme de su hija, al ver su fracaso, tendría que aceptarme ¿no? Lo único que me quedaba era aceptar a mi suegro – o futuro suegro – tal como es, y demostrarle que Serena es mi vida y que estoy dispuesto a soportar sus comentarios para siempre, con tal de estar al lado de ella.
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¡Escríbanme todo lo que piensan! No me enojo, jajaja.
Y para mi amiga Usako de Chiba, una vez más, gracias por tu apoyo!
