Salí de la tienda de Konan y me senté sobre el árbol más cercano. Lo único que necesitaba ahora era poder pensar con claridad.

La brillante luna alumbraba todo el cielo, una pequeña brisa alborotaba mi pelo. Rocé mis labios con la yema de mis dedos y no pude evitar pensar en Itachi. ¿Qué demonios planeaba? El sonido de una cremallera abriéndose me sobresaltó, de mi antigua tienda salio Itachi. Me escondí aún más en el árbol, entre las sombras para que no pudiera verme.

Se sentó en mitad de la hierba y de la nada hizo un fuego. Las llamas iluminaban su pálida piel y sus inescrutables ojos negros parecían atrapar y controlar el fuego. Pasó un largo tiempo hasta que Itachi al fin hizo algún movimiento, sorprendiéndome inevitablemente posó sus dedos en sus labios y cerró sus ojos. ¿Acaso sentía lo mismo que yo? Que coño estoy diciendo, yo no siento nada por él.. ¿no? No podía dejar de pensar en como sus cálidos labios se juntaron con los míos y en aquella extraña sensación que me recorrió por todo el cuerpo. Invitándome a no seguir pensando y lanzarme a las peligrosas aguas profundas en las que caería por su culpa.

Un ruido bajo mis pies me despertó de mi ensoñación, la rama sobre la que estaba apoyada estaba cediendo. Cerré los ojos sin tiempo para hacer otra cosa que no fuera esperar a sentir el fuerte golpe del suelo . Este nunca llegó, unos fuertes brazos me sujetaban como si apenas pesara. Recé en silencio con al esperanza de que quien me hubiera salvado no fuera él y… mis súplicas no habían sido escuchadas (como de costumbre). Ahí estaba Itachi tan tranquilo como siempre y con una mueca burlesca, que me apetecía borrar de un puñetazo en su cara. Le fulminé con la mirada y básicamente le obligué a que me soltara. Lamentablemente me hizo caso y me dejo caer al suelo, golpeándome no muy fuerte, Estaba a punto de levantarme para recuperar algo de lo poco que me quedaba de orgullo cuando sin darme tiempo siquiera a pestañear me había atrapado con sus brazos en el suelo, a cuatro patas sobre mí.

- ¿Qué pollas crees que haces? ¡Apártate!- Intente golpearle el pecho para tirarlo pero con extrema rapidez cogió mis brazos y me los colocó sobre la cabeza.

Su cara se convirtió en la de un lobo hambriento, devoraba literalmente mi cuerpo con su mirada.

- Esa boquita, princesa. No deberías estar aquí fuera, es peligroso.- Su voz ronca me hipnotizaba como a una colegiala evitando que pudiera pensar con claridad.

- Lo más peligroso que hay aquí fuera eres tú - Le solté mordaz.

Sonrió con malicia tomándoselo como un halago.

- Que te jodan

- Humm, mientras solo lo hagas tu… - Su aliento acarició mi cuello mientras con sus manos recorría mi cuerpo. Estaba apunto de volver a besarme, ganas no me faltaban, pero con un poco de orgullo, lo empujé con todas mis fuerzas mientras me levantaba rápidamente y salía corriendo a la tienda de Konan. Sentía que era el único lugar en el que estaría segura de él.

Cuando pensé que había logrado escaparme de él, unos fuertes brazos me atraparon por la cintura. Su salvaje aroma impregnaba la noche sintiéndome vergonzosamente excitada. Su abrazo hacía imposible mi huida y sinceramente no quería escaparme.

Ahora su aliento estaba sobre mi oreja, me la mordió suavemente haciéndome sentir un escalofrío.

- No vuelvas a escaparte, porque nunca podrás huir de mí.- Y con esta advertencia, se marchó. Casi al momento sentí la nostalgia de sus brazos tocando mi cuerpo… ¡Basta Naida, concéntrate! Supongo que la única cosa que tenía claro es que solo quería jugar conmigo pero aún así no podía evitar dejarme llevar.

Me adentré en la oscuridad de la tienda e intentando no despertar a Konan me resguardé en mi saco , intentando sin conseguirlo no pensar en todo lo que acababa de suceder. Sentía miedo, no podía negarlo, de volver a convertirme en la muñeca de unos despreciables seres de nuevo. De lo único que estaba segura en estos momentos es de que si eso volvía a suceder, yo misma cortaría los frágiles hilos que me separaban de la muerte.

Después de unas incontables e incomodas vueltas me quede dormida.

FLASH BACK

¿Qué tal hoy preciosa? - Me dijo el repugnante carcelero que cada mañana me traía la ''comida''.

-Muérete - Le conteste con una mueca de asco. Ya no sentía ningún miedo hacia ellos, no recordaba cuanto tiempo había pasado allí, cuantas palizas y torturas he tenido que soportar pero he ido aprendiendo que ese será el único arma que podrán utilizas contra mí. No tengo a nadie a quién le importe y sinceramente a mí, ya no me importa nadie. La única familia que tuve me vendió a esta banda de sucios rateros argumentándoles que yo era especial. Y es cierto lo soy, pero nunca utilizaría mis ''habilidades'' en su ayuda. Por tanto como ellos lo sabían tan bien como yo, frustrados al saber que no podrán recibir nada de mí en su beneficio, me adaptaron a una rutina diaria de golpes y palizas. Lamentablemente mi cuerpo se curaba rápidamente, haciendo de cada día una tortura.

- ¿Acaso no dormiste bien, muñequita?- tras eso me tiró la comida o más bien bazofia putrefacta y me dio un fuerte golpe en la mandíbula - ¿Que te he dije de ese lenguaje?

Levanté mi dedo medio y le sonreí falsamente.

-Que te follen -

Y en este momento es cuando empezaba la rutina diaria de siempre.

FIN DEL FLASH BACK