Era de noche, y Akemi estaba en su cuarto de la residencia del Raimon.

Estaba sentada en la repisa de la ventana, observando el paisaje.

Pensaba en el chico que había conocido ese día, Roccoco, y en quien podría ser la chica que lo había hecho sufrir.

- Eh, ¿Akemi, estas bien? te noto distraída.

La chica miro a su amiga, Eiri, con su largo pelo añil atado en una coleta baja, y sus preciosos ojos brillando a la luz de la luna.

- Pensaba... en que necesito un pañuelo.

- ¿Un pañuelo?

- Si. He perdido el mío.

- ¿Ese que era de tu madre? ¿Como es que lo has perdido?

- ... no lo se...

- Espero que lo encuentres. Se lo mucho que significa para ti. Bueno, será mejor que mire mi correo. Oh, un mensaje de Aphrodi! nunca falla.

Akemi sonrió al ver la reacción de Eiri. Debía ser maravilloso tener a alguien con quien compartir tus sentimientos. A veces su amiga le daba un poco de envidia.

- ¿Lo echas de menos?

- Muchísimo, la verdad. Al menos tenemos las llamadas y el email... pero bueno, nos volveremos a ver pronto. Bueno, voy a ir un momento a darle las buenas noches a mi hermano. Se nos hace un poco extraño no poder compartir habitación. Volveré enseguida.

- Vale.

Seguía sin verle el sentido a que se dieran las buenas noches, ya que a menudo Eiri se iba en mitad de la noche a dormir con su hermano. Al menos ya no se volvería a asustar por la noche, ya que antes era Shiro el que venia a la habitación de las chicas, hasta que un día Akemi se despertó en la oscuridad viendo como un chico se metía en la cama de su amiga y se había puesto a gritar.

Se rió al recordarlo. Ahora el hermano de su amiga no se atrevía a mirarla a la cara.

Suspiró profundamente. Ojalá pudiera estar en esos momentos con su hermana pequeña.

- Sukui...

La llamaría, pero ya era muy tarde, y no le dejarían hablar con ella a esas horas.

Necesitaba hablar con alguien.

Salio de la habitación.

No le gustaba demasiado que la vieran en pijama, pero no le apetecía pensar en eso.

Fue a la habitación de su mejor amigo, que se sorprendió al verla a esas horas.

- Akemi, ¿qué haces aquí?

- Jirou...

El chico, que en esos momentos no llevaba su acostumbrado parche, dejaba que se le vieran sus dos ojos avellana.

Vio que su amiga estaba mal. Se acercó a ella y poniéndole los brazos alrededor de los hombros, hizo que se sentara en la cama.

- ¿Otra vez por tu hermana?

- Es que... no se si debería haber venido, tal y como están las cosas...

- No pienses en eso, Akemi. Todo ira mal si tú piensas que va mal. Sukui esta bien, ¿vale? sabes que ella no quiere que estés mal.

- Ya lo se... en fin, será mejor cambiar de tema... ¿sabes? hoy he conocido al portero de vuestros próximos rivales.

Sakuma se sorprendió sobremanera. ¿Su amiga conocía al capitán de sus rivales?

- ¿ah, si? vaya. ¿Como se llamaba? Ro...

- Roccoco.

- Vaya. ¿Como es que lo has conocido? ¿ te ha dicho algo?

- No, para nada. Estaba en el río, un poco triste. Simplemente hablé un rato con el para animarle.

- triste... que día mas extraño. El capitán de los little Giants está triste y tu lo consuelas, Natsumi Raimon vuelve a ser la gerente del grupo...

- aagh, no me hables de esa. Tener que aguantarla va a ser un suplicio...

- No creo que sea para tanto.

- Como se nota que no la conoces. De pequeña, siempre hacía lo posible para hacérmelo pasar mal.

- Pero ya no sois pequeñas, Akemi.

- Yo no, por supuesto. Pero esa chica sigue teniendo la edad mental de una niña de preescolar.

El chico rió.

- eres de lo que no hay. Pero ya es hora de que vuelvas a tu habitación.

- si... Eiri me estará esperando... nos veremos mañana, ¿vale? buenas noches.

- que duermas bien.

Akemi corrió antes de que la vieran en pijama saliendo del cuarto de su amigo.

Se encontró con su amiga en su habitación, donde esta ya se estaba metiendo en la cama dispuesta a dormir.

Desde luego, Eiri ya sabía donde había estado la chica, así que no preguntó. Akemi estaba muy rara ese día.

...

Las chicas se despertaron justo a tiempo para preparar el desayuno a los chicos junto a sus otras compañeras.

No estaban obligadas a ello, pero se habían ofrecido voluntarias. Además, Akemi disfrutaba cocinando para sus amigos.

Aunque esa mañana transcurrió un poco turbulenta.

Natsumi intentaba ayudarlas, pero Akemi no parecía estar muy de acuerdo.

- ¡deja esto, que ya lo hago yo!

- ¡oye! ¡Que yo soy la manager del equipo!

- ¡pero tu no tienes ni idea de cocinar! ¡Si serías capaz de poner sal a la leche!

Las otras cuatro chicas, Aki, Haruna, Fuyuka y Eiri, miraban sin saber como interferir.

- si nos hemos apañado mientras tu no estabas, ¿que te hace pensar que te necesitamos ahora?

- ¡yo he estado en este equipo desde hace mas tiempo que tu! tengo derecho a todo aquí!

- pero yo nunca lo he traicionado yéndome con el equipo rival! además, si estas aquí es solo por tu condición de niña mimada!

Se lanzaron miradas asesinas durante unos instantes y después cada una se fue por su lado.

Akemi salió de la residencia de lo más enfadada y se dirigió al campo de entrenamiento, que todavía estaba vacío.

Se sentó en uno de los bancos y se puso a maldecir en voz baja.

- maldita niñata... se cree que solo por su nombre todos tenemos que hacerle caso...

- esto... hola.

La chica levanto rápidamente la cabeza y se asombro por quien estaba a su lado.

- Roccoco...

- yo mismo. Buenos días.

Akemi miró fijamente a Roccoco antes de saber que decir. Se fijo en sus ojos. Al menos ya no estaban enrojecidos y se distinguía en ellos un hermoso azul oscuro. No se había detenido a meditarlo profundamente, pero lo cierto era que Roccoco era un chico bastante guapo. Era un poco más alto que ella, y se le veía un cuerpo bastante trabajado por los entrenamientos.

- que sorpresa. Que te ha traído a la residencia del Inazuma Japan?

- pasaba por aquí... y bueno, venía a devolverte esto.

Le tendió el pañuelo azul claro con letras plateadas.

- mi pañuelo...

- si, bueno... ayer te fuiste deprisa y no te lo pude dar...

- muchas gracias... tenia pensado comprarme uno nuevo, pero ya no hará falta. Quieres sentarte?

- eh... claro, por que no?

Roccoco estaba algo nervioso, aun sin saber por que. Le gustaba la sonrisa de esa chica. Ese pañuelo debía tener algún significado especial para ella.

- oye... me he fijado en el pañuelo... que significan las iniciales? te llamas Akemi, pero pone K. I.

- son las iniciales de mi madre. Kyaria Izumi.

- vaya.

- mi padre se lo regaló antes de divorciarse. Es una de las pocas cosas que tengo de ella tras su marcha. Se fue del país.

El chico vio como se le acumulaban las lágrimas en los ojos. Lamentó haber sacado el tema.

- lo siento... no debería haber dicho nada. Últimamente parece que abro la boca solo para decir estupideces.

- oh, no, tranquilo. Fue hace mucho. Además, tal vez necesite desahogarme.

El moreno no daba crédito a como la chica sacaba fuerzas para sonreír cuando se notaba que quería llorar.

- ... cuanto hace que no la ves?

- pronto hará seis años. Ya ves que buena madre. Hablo con ella una vez cada dos meses o así. Ni siquiera ha tenido la decencia de ir a ver a mi hermana al hospital

- el hospital? tu hermana?

- si. Mi hermana. Se llama Sukui. Tiene nueve años, y lleva medio hospitalizada.

- por que?

- no lo saben. Le hacen muchas pruebas, y la han operado, pero aun no han descubierto que tiene. y yo, como una hermana pésima, me encapriche por venir aquí. Lo siento, apenas nos conocemos y te estoy contando toda mi vida.

- no, no importa. De hecho, me agrada que quieras compartir esto conmigo. Aunque no entiendo por que.

- creo que tu y yo podríamos llegar a ser buenos amigos, sabes? siento que me puedo fiar de ti. Es una locura, no?

- para nada...

Se quedaron en silencio durante unos largos instantes.

Ninguno de los dos sabía que decir, y de vez en cuando se lanzaban miradas que desviaban enseguida.

Akemi se cansaba de tanto silencio, así que decidió hablar.

- háblame de ella.

- de quien?

- de la chica por la que estabas mal ayer. Que fue lo que te hizo?

- ah, eso... digamos que... simplemente me utilizó para reemplazar a otro chico. Y no me di cuenta hasta ayer. Increíble, verdad? el amor ciega tanto que no puedes ver la realidad aunque la tengas delante. Yo creía que ella me quería, y no era mas que una farsa.

- lo siento...

- no tienes que disculparte.

- si te hubiera conocido antes, no habría permitido que esa idiota te hiciera daño.

Roccoco solo supo responder a ese comentario con una amigable sonrisa.

La chica se empezó a poner nerviosa.

- oh, perdona... madre mia... parezco una loca hablándote como si fuéramos amigos de toda la vida. Pero... es que me fastidia tanto que haya gente capaz de hacerle tanto mal a alguien. Se nota que eres un chico de lo más amable y encantador. Claro que lo eres, me estas aguantando a mi... que tonta soy...

Antes de que Roccoco pudiera decir algo, Akemi se levantó del banco de golpe.

- lo siento, debo irme. Me he saltado el desayuno y las demás estarán preocupadas por mi. Si eso... ya nos veremos en otra ocasión, vale? suerte. Adiós!

- eh... adiós.

Roccoco comenzó a caminar hasta la residencia de su equipo.

Esa chica realmente le parecía muy interesante.

Le parecía extraño estar así, medianamente contento, cuando el día anterior una chica le había roto el corazón.

Pero Akemi era tan extraña... le divertía esa forma de ser, tan impetuosa.

Aunque el día anterior no se dio cuenta, se paro a pensar que realmente esa chica era muy guapa. Le resultaba difícil apartarse de sus ojos ámbar.

La voz de su conciencia le hablaba prácticamente a gritos. "venga, idiota! quieres que otra chica te haga daño? no vas a escarmentar nunca"

- Akemi no parece de esa clase de chica... la acabo de conocer, pero aun así... la verdad si que es demasiado pronto para fijarme en otra chica...