Hola de nuevo! ^^
Estos son días felices (mas o menos xDD) y mi querida amiga nspiración se decidió por fin a hacerme una visita xD da igual que fuera a las tres de la mañana, cuando viene, tienes que atenderla xD
Lovelygirl84 (mi preciosa señorita Sharp (L) ), DragonSoulSC, y Nelly Blaze (Porfa, no te enfades conmigo por como pongo a Nelly aquí, sin en el fondo me cae bien... a veces xDD) muchiiisimas gracias por comentarme los capis, de verdad que me alegrais el día ^^
Bueno, y aquí, sin más dilación, el capi xDD no es nada especial, pero espero que os guste xD comienza la encrucijada... jejeje... no, es broma, pero si que habrá una cosilla que resolver .
Gracias por leer! ^^
-Espera espera espera... ¿Roccoco Urupa? ¿Lo dices en serio?
Akemi estaba con Eiri en su habitación.
- Bueno... es un chico muy agradable, no veo por que sería malo.
- No digo que sea malo... es que son nuestros próximos rivales. ¡Pero que fuerte! ¡Te gusta el portero de los Little Giants!
- ¡Calla! ¡No grites!
- Perdoonaa... Pero eso que me has contado de que está mal por una chica...
- ¿Quien podrá ser ella?
- Akemi... no te das cuenta?
- De que?
- Creo que esa chica es... Natsumi...
- Que?
Eiri lamentó haber dicho eso al momento.
Se tapó los oídos, ya que se aproximaba un gran grito de guerra.
Pero no hubo tal grito.
Únicamente vio a su amiga con la cabeza baja.
- Natsumi y Roccoco estuvieron juntos? no me encaja...
- Akemi, siento decírtelo, pero esa es la verdad. Natsumi me había comentado algo cuando volvió al equipo.
- Pero es que el es tan... no se, diferente a ella... Natsumi es una asquerosa, eso está claro. Que es lo que pasó entre ellos?
- Ella solo me contó un poco de lo que había pasado cuando se unió a su equipo. Simplemente, empezaron a estar juntos. Pero ella dejó de quererle.
- Que extraño...
A la peliazul se le ocurrió una idea para que su amiga estuviera mejor.
- Podrías... ir a la residencia de los Little Giants y hablar con el...
- Claaaro... y le digo "oye, que te parece si abrimos viejas heridas y me cuentas más sobre la chica que te hizo daño"? ni hablar.
- ¿Quien ha dicho nada de hablar sobre eso?
Akemi comprendió.
Su amiga podía llegar a ser bastante intrigante a veces.
- Sabes? me extraña que nunca te interesara venir al Imperial.
Eiri le respondió con una sonrisa amigable, aunque Akemi no se dio cuenta del dolor que le había causado a su amiga.
Pero esta sabía como disimular.
- Bueno, ve a verle. Yo te cubro.
- Gracias. Si esa idiota te dice algo, actúa como yo lo haría!
- Ni lo sueñes. No quiero tener enemigos.
Akemi sonrió y se fue corriendo de la habitación.
Nunca había ido a la residencia de los Little Giants, y le costó un poco llegar.
En cuanto vio el edificio, se sentó un momento a descansar.
¿Qué podía decirle? Era la segunda vez que iba a verlo ese día, y no quería parecer una pesada.
Escuchó unos golpes cerca, y caminó hacia donde provenían.
Llegó a la playa, donde un chico paraba con una sola mano un enorme neumático atado a una cuerda y colgado de una palmera.
Se fijó en el chico, y se dio cuenta de quien era.
Se apoyó sobre una palmera, suspirando al contemplar la piel morena y el trabajado cuerpo de Roccoco Urupa.
Maldición, odiaba sentirse atraída por un chico, y más aún por un chico al que apenas conocía.
El sol brillaba por encima del mar, muy pronto atardecería.
Pero Roccoco no dejaba de entrenar.
Y Akemi no dejaba de observarle.
No dejaba de preguntarse si lo de Natsumi era cierto. Sentía muchísima rabia.
Si "esa" le había hecho daño a Roccoco, no se lo perdonaría.
Se limitó a susurrarse a si misma:
- ¿Que idiotez estás haciendo, Kyaria Akemi?
Se incorporó, separándose de la palmera, y se alejó lentamente de la playa, mientras Roccoco seguía entrenando, sin darse cuenta de que alguien le había estado observando durante bastante tiempo.
Akemi caminó un rato, lamentándose por ser tan cobarde.
Realmente quería ir a hablar con él, pero no sabía que decir, ni que excusa poner para ir a verle.
Pasó junto a una cafetería de la isla, y se quedó mirando un puesto de bebidas.
Sonrió animadamente.
...
Roccoco no paraba de golpear el neumático, mientras las gotas de sudor resbalaban por su rostro.
Se dio cuenta de que acababa de anochecer, como también se dio cuenta de que había alguien tras el.
- ¿Te apetece descansar un rato?
- Akemi... ¿Qué haces aquí?
- Oh, nada, solo venía a espiarte para informar a mi equipo.
El chico rió.
- No bromees.
- Quería pasear un rato, y mira tú, acabé llegando hasta aquí.
- Ah. ¿Y esos refrescos?
- Esto, es por si me entraba sed. ¿Quieres uno?
- Suena genial. ¿Nos sentamos?
- Claro.
Se sentaron junto a la orilla del mar, y estuvieron charlando durante un buen rato.
- Oye, es un poco tarde. ¿No deberías irte a la residencia de Japón?
- No creo que me echen de menos. Estarán demasiado ocupados haciéndole caso a la señorita Raimon.
Roccoco bajó la cabeza, y Akemi lamentó haber dicho eso.
A veces ser tan impulsiva era un gran inconveniente.
Pero Roccoco actuó como si no le hubiera molestado.
- ¿La conoces desde hace mucho tiempo?
- Fuimos juntas a la guardería. Desde que nos vimos por primera vez, nos odiamos a muerte. Menos mal que luego nunca volvimos a ir al colegio juntas, ni al instituto.
- ¿A que instituto vas?
- Al Imperial.
- ¿El equipo que ganó el Frontier durante cuarenta años seguidos?
- Si, ese. Solía jugar de defensa, y alguna que otra vez de portera.
- Increíble. Jamás lo hubiera imaginado.
La chica sonrió, y fue correspondida durante unos instantes, hasta que ladeó la cabeza.
- Roccoco.
- ¿Si?
- Oye, no quiero parecer una entrometida, pero... ¿Hubo algo entre Natsumi y tu cuando estuvo en tu equipo?
Roccoco se asombró ante la pregunta, y puso una mirada que Akemi solo pudo interpretar de melancólica.
- Estuvimos juntos un tiempo... hasta ayer.
- Lo siento. Soy una metomentodo.
- No pasa nada. Creo que a ti si que puedo contártelo.
- ... ¿Qué pasó?
- Simplemente... Ella vino a mi país, la vi, me enamoré perdidamente de ella, fuimos pareja... y de pronto me dijo que ya no me quería. Todo porque había vuelto a sentir algo por otro chico de antes.
- ...
- Pero bueno, supongo que ya ni tiene importancia. Siempre acabo siendo el suplente de todo el mundo, estoy acostumbrado.
Akemi no dijo nada. Se limitó a observar al chico.
Le parecía triste que Natsumi le hubiera hecho tanto daño.
Estaba claro: El la seguía queriendo, y jamás tendría oportunidad con Roccoco. Estaba perdiendo el tiempo haciéndose ilusiones.
Y no quería que le hicieran daño.
- ¿Sabes, Akemi? Me siento realmente cómodo contigo. Apenas nos conocemos, lo se, pero siento que contigo puedo hablar.
- Si... Yo he sentido lo mismo. Pero...
- ¿Pero?
- Pero yo no quiero ser la suplente de nadie.
Dicho esto, se levantó y salió corriendo, dejando a Roccoco de lo más confundido.
El chico hizo ademán de intentar detenerla, pero corría demasiado rápido.
Akemi corría sin parar, y las lágrimas acudieron rápidamente a sus ojos.
Lo que empezaba a sentir por Roccoco era un gran error.
No se iba a olvidar de Natsumi de un día para otro, y no tenía pensado dejar que la utilizara, tal y como Natsumi lo había utilizado para olvidarse de ese chico.
Se le nublaba la vista por las lágrimas acumuladas, y no vio a la persona que tenía delante hasta que chocó con ella.
- Kyaria... ¿Que diablos te pasa?
La chica miró hacia arriba, para ver la cara de su compañero.
Los mismos ojos impenetrables de siempre, pero en esa ocasión había algo más, aunque no supo que era.
- Fudo...!
No quería llorar delante de él, precisamente, pero no pudo evitarlo.
Se cubrió la cara con las manos mientras más lágrimas caían.
- ... Akemi...
Lo que más desconcertó a la chica no fue que Fudo la llamara por su nombre... sino que aquel chico, con el que nunca se había llevado especialmente bien, la estaba abrazando...
