Personalmente, este cpi no me gusta nada.
Pero bueno, es una parte que tengo que escribir.
Gracias por leer.
...
Roccoco no para de pensar en lo que Akemi le había dicho la noche anterior.
"No pienso ser la suplente de nadie".
Realmente le había dejado preocupado.
¿Qué era lo que le pasaba a esa chica?
¿Debería ir a verla? Temía parecer pesado...
En verdad era una chica de lo más extraña. Le llamaba mucho la atención.
"Venga ya, idiota, la conoces desde hace tres días, no debes insistir tanto en verla, o sospechará algo raro".
- Es verdad... a lo mejor si voy se pensará que me gusta...
¿Y acaso no era verdad?
Pensándolo bien, era perfectamente posible que se estuviera prendando de ella.
Se notaba que era una chica muy inteligente, además de preciosa, y muy amable.
Pero también tenía algo extraño, que no era capaz de descubrir.
No podía ser.
Acababa de terminar con Natsumi, y solo estaba fijándose en Akemi por el dolor que todavía habitaba en su corazón.
Y además, aunque aceptara que Akemi le gustaba, ¿De que serviría? Era totalmente imposible que ella sintiera algo por él.
- ¿Haría bien yendo a verla?
...
- Akemi, ¿Estás bien?
- ¿Eh? Si, claro, Eiri, no te preocupes.
- Siento mucho lo que pasó ayer.
- No tienes que disculparte.
- Claro que si. Fui yo la que te impulsó a ir a ver a Roccoco.
- Puedes estar tranquila. No voy a volver a pensar en él. No quiero saber nada de ese chico.
- Ah...
La peliazul estaba preocupada por su amiga.
No le había contado todo lo que había pasado por la noche, pero sabía perfectamente que no se lo iba a contar.
La noche anterior había entrado en la habitación con los ojos rojos, y supo enseguida que había estado llorando.
Sin embargo, ese día estaba como más sonriente.
Obviamente estaba fingiendo, pero Eiri no quiso darse cuenta. Ya le había hecho demasiado mal a su amiga, y no quería volver a equivocarse.
Un chico entró al comedor.
Akemi lo miró atentamente, ya que era extraño que estuviera allí antes que los demás.
- Fudo, buenos días.
- Buenos días. Oye, Akemi, ¿Puedo hablar un momento contigo?
- Tranquilo, ya te dije ayer que no le contaría a nadie lo que pasó.
- Vale, pero es que quería decirte otra cosa...
- Lo siento, pero ahora mismo tengo un poco de prisa. Mi padre me ha mandado un mensaje para que lo llame, tiene noticias de Sukui.
- Pero...
- Podemos hablar más tarde, ¿Vale? Ahora solo quiero oír la voz de mi hermana.
- ... Está bien...
...
Fudo acompañó a Akemi hasta la cabina telefónica, aunque le extrañaba que la chica no le dijera nada.
Aún así, se quedó un poco al margen,no quería interrumpir el momento de Akemi con su hermana pequeña.
- ¿Papá? Hola, soy yo... si, estoy bien, aquí hace muy buen tiempo... ¿Me puedes pasar a Sukui, por favor? Querría hablar con ella...
El chico pudo observar por el cambio de espresión en la cara de Akemi que no era posible hablar con Sukui.
- ¿Ha pasado algo? - Miró de reojo a Fudo- Ya tienen los resultados de las pruebas...
Fudo se acercó un poco más, para asegurarse.
Pudo contemplar como en solo dos segundos el rostro de la chica mostraba un miedo y una angustia incomparables.
Akemi dejó caer el teléfono y salió corriendo de allí, dejando a su padre al otro lado.
El chico corrió tras ella, y llegaron hasta la habitación de las chicas, donde Akemi comenzó a meter sus cosas rápidamente en su maleta.
- Akemi, ¿Qué se supone que haces?
- ¡Me voy de aquí!
- ¿Que te vas? ¿Adonde?
- Me vuelvo a casa.
- ¿Pero por que?¿Qué ha pasado?
- ¿Y a ti que te importa? No eres nada mio, ¡no tienes por que saber lo que pasa en mi familia!
Fudo la apartó de la maleta y la agarró por las muñecas, haciendo que no se pudiera mover apoyándola contra la pared.
- Maldita sea, Akemi, ¿Qué ha pasado con Sukui?
La chica lo miró fijamente a los ojos, asombrada al ver que su compañero estaba preocupado no solo por ella, sino también por su hermana.
No pudo evitar romper en lágrimas, las palabras se atragantaban en su garganta.
- Leucemia... ¡Mi hermana tiene leucemia!
El chico vio que le estaba haciendo daño en las muñecas, así que la soltó, para después abrazarla fuertemente.
Akemi respondió a ese abrazo juntándose más a su cuerpo y apretando sus puños contra el pecho de su compañero.
No podía ver el rostro de Fudo, pero eso no impidió que escuchara lo último que se esperaba oír.
- Termina de hacer las maletas. Nos vamos a Japón. Los dos.
- Pero... ¿Pero que dices? ¿Los dos?
- No tengo otra opción que irme contigo.
- Pero...
- Nada de peros. Yo también tengo cosas que hacer allí. Nos vamos.
- Fudo... ¿Y el partido? Faltan muy pocos días...
- Eso ya lo solucionaremos. Ahora lo más importante es volver a casa. Termina de guardar tus cosas, vuelvo en media hora.
- Eh... Está bien... Oye, Fudo.
- Dime.
- ¿Qué era lo que querías decirme antes?
- ... Ahora mismo tenemos cosas más importantes en las que pensar. Ya hablaremos. Date prisa.
- ... Vale... gracias por todo, Fudo...
El chico salió de la habitación, dirigiéndose a la suya.
"No deberías agradecerme nada... cuando lo que tengo que decirte te puede resultar tan doloroso...", pensaba.
...
Una hora después, consiguieron embarcar para volver a casa.
Los demás jugadores del equipo estaban desconcertados, nadie les había dado demasiados detalles de por que Akemi y Fudo se iban de vuelta a Japón, pero el entrenador no quiso decirles nada más fuera de lo necesario.
Eiri estaba de lo más preocupada, se preguntaba lo que había pasado.
Se encontraba sentada en la playa, contemplando el mar.
De pronto, vio a alguien caminando hacia ella, y se sorprendió al ver quien era.
- Roccoco Urupa!
- Tu eres... Eiri, ¿No? Eres amiga de Akemi.
- Si, encantada.
- Oye, ¿Donde puedo encontrarla? Tengo que hablar con ella...
- Esto... lo siento, pero va a ser imposible.
- ¿Y eso por que?
- Akemi se ha ido.
- ¿Que?
- Ha vuelto a Japón por una emergencia.
- ...
- Pero bueno, seguro que volverá para ver el partido. Al fin y al cabo, se ha ido con alguien del equipo, y no puede faltar. Quiero creer que volverá.
- ... ¿Podrías decirle algo de mi parte si hablas con ella?
- Claro. ¿Qué es?
Roccoco recapacitó.
- No... mejor no le digas nada. Siento haberte hecho perder el tiempo. Adios.
- ...
