Bueeeno, aquí el nuevo capi...

intenté que fuera emotivo, espero que me haya quedado bien ^^

quiero agradeceros a todos los que me leeis y comentais, de verdad que me alegrais la vida.

de no ser por vosotros, ni siquiera se me ocurriría que escribir.

enfin, espero que os guste el capi ^^

adioosh!

...

Fudo se despertó de golpe.

Tardó unos minutos en ubicarse, había tenido un sueño profundo.

Miró su teléfono para comprobar la hora. Las tres de la mañana.

Observó la estancia en la oscuridad, durante un momento dudó de el lugar donde se encontraba. Hasta que recordó: Estaba en casa de Akemi, concretamente, en su salón, durmiendo en el sofá.

Se estiró, a la vez que bostezaba.

Pensó en todo lo que había pasado ese día.

Akemi no había estado especialmente bien.

Cuando llegaron a Japón por la noche, se dirigieron al hospital para ver a Sukui, pero ya habían terminado las horas de visita, y no la habían dejado entrar.

Lo que más le extrañaba era que había sido la misma Akemi la que le había pedido que durmiese en su casa.

Tampoco tenía muchas opciones, el submarino del Imperial estaba desaparecido, y no le apetecía tener que ir a casa y dar explicaciones a sus padres.

Además, se trataba de Akemi. No podía negarle nada.

Le debía demasiado, aunque ella no lo supiera.

Se fijó un poco más en el salón, en especial en una de las fotos enmarcadas.

Akemi sonreía mientras abrazaba a una preciosa niña de pelo rizo y largo, del mismo color que su hermana: era Sukui.

Hacía mucho tiempo que no veía a esa niña.

Notó que tenía la boca seca, así que fue a la cocina a por un vaso de agua.

En el pasillo, se dio cuenta de que las puertas de las habitaciones estaban abiertas, y que en la de Sukui había una luz encendida.

Caminó lentamente hacia el cuarto de Akemi, y se asomó a ver.

No había nadie. La cama no podía estar más deshecha. Tenía que estar pasando una mala noche.

Decidió ir a la de Sukui.

Y allí estaba.

La chica estaba tumbada en la pequeña cama de su hermana, con las piernas encogidas, mientras abrazaba uno de los muchos peluches que había allí.

Fudo se acercó cuidadosamente y la contempló.

Vio como una lágrima se deslizaba por su mejilla.

- Está llorando en sueños... esto es nuevo...

Pasó suavemente uno de sus dedos por su rostro, limpiándole la lágrima.

Sukui lo estaba pasando mal físicamente, pero a Akemi le había tocado todo lo emocional.

Jamás la había visto así.

Desde que la había conocido había sido muy rígida, muy fría. Jamás le gustaba demostrar lo que sentía.

Pero si algo trataba de su hermana, todo cambiaba.

Tenía una personalidad tan complicada...

Acercó lentamente su rostro hacia ella.

Sus labios rozaron su mejilla durante un breve instante.

La tapó con una manta y apagó la lamparita.

- Lo siento...

Salió de la habitación cerrando la puerta, dejándola dormir tranquila.

...

Fudo estaba en la cocina, cuando se dio cuenta de que Akemi apareció por la puerta.

- Buenos días.

- Hola... ¿Que se supone que haces?

- ¿No lo ves? Preparo el desayuno. ¿Quieres café?

- Gracias.

La chica se sentó. Fudo le dio una taza llena, y comenzó a dar pequeños sorbos.

- ¿Has dormido bien?

- Para nada...

El chico la miró fijamente.

Tenía ojeras, realmente estaba agotada.

- Tranquila. En cuanto te prepares, iremos al hospital. Ya verás a Sukui.

- Ya...

- ¿No te alegras?

- No seas idiota. Claro que me alegro... pero a la vez, tengo muchísimo miedo. Miedo de lo que me pueda encontrar.

- ¿Que te crees que le han hecho a tu hermana? ¿coserle tentáculos debajo de los brazos?

- No intentes hacerte el gracioso.

- Perdona. Era para intentar aliviar la presión.

- Fudo, es leucemia. El único tratamiento contra eso es la quimioterapia.

- Lo se. Es horrible. Pero Sukui es fuerte. Y tú también debes serlo, para que ella confie en que todo saldrá bien. Confía en mí. Se que se curará.

- ...gracias por todo lo que estás haciendo. Aunque sigues sorprendiéndome.

- Si, bueno... será mejor que nos preparemos, las horas de visita del hospital pronto empezarán.

- Vale.

...

Los dos se prepararon, y salieron de casa dirigiéndose al hospital.

Caminaron durante un buen rato en silencio, cada uno pensando en sus cosas.

Akemi pensaba en lo mucho que necesitaba ver a su hermana, y lo mucho que le preocupaba su estado.

Fudo solo podía pensar en lo que le tenía que decir a Akemi.

Ese tema ocupaba su cabeza desde hacía días.

Necesitaba decírselo, pero era un tema tan complicado...

La chica suspiró pesadamente cuando llegaron al hospital.

- No debes tener miedo a verla. Os necesitais la una a la otra.

- Si...

- Venga, entremos.

Akemi asintió, nerviosa.

Fueron hasta recepción, donde les dijeron el número de la habitación de Sukui, y la planta en la que estaba.

Subieron hasta el tercer piso, y fueron mirando las habitaciones una por una, hasta llegar a la 76.

La chica respiraba fuertemente por los nervios

Finalmente, abrió la puerta, enfrentándose a lo que fuera.

La niña se giró en la cama en cuanto oyó a sus visitantes, mientras se le iluminaban los ojos y sonreía.

- ¡Akemi!

- !Sukui...!

La mayor miró atentamente a su hermana.

Se dió cuenta de que a la pequeña le habían cortado su precioso pelo, y ahora lo tenía casi a la altura del cuello.

Se acercó lentamente a ella, y se puso al lado de la cama, agachándose para ver a su hermana más de cerca.

Sukui la observaba, sonriente.

- ¡Has venido!

- Hermanita...

Los ojos de Akemi se llenaron de lágrimas.

Se derrumbó allí mismo.

Sukui la vio, y aún sonriente, le pasó una de sus pequeñas manos por el rostro, limpiándole las lágrimas.

Rodeó a su hermana mayor con los brazos, y Akemi la correspondió.

- Sukui, ya estoy aquí... estoy a tu lado...

La mayor la abrazó con todas sus fuerzas, como si su hermana pequeña fuera a desvanecerse de un momento a otro.

Fudo contemplaba la escena apoyado en la puerta, complacido por ver a Akemi sonreir.

Estaba decidido.

Se lo diría en cuanto se fueran.