Por fiiiin!
porfinporfinporfin me ha venido la inspiración!
Llevaba mucho tiempo queriendo escribir este capi, pero es que he tenido unas semanas H-O-R-R-I-B-L-E-S.
un maldito examen me está amargando la existencia xDD
enfin, gracias por vuestra paciencia al esperar un capi que casi nunca llega, y de nuevo gracias pr leer yu comentar, me animais a seguir ^^
bueeeeno, os dejo con el capi, espero que no os decepcione!
...
Akemi miraba a Fudo fijamente.
En su cabeza no cabía la posibilidad de que fueran hermanos, era absurdo.
Pasaron unos instantes, y Fudo comenzó a impacientarse ante el silencio de la chica.
- Akemi, por favor... di algo. Me estás volviendo loco.
- ¿Esperas que te crea?
- ¿Que?
- ¿Esperas que crea lo que me has dicho? ¿Que mi madre le fue infiel a mi padre con el tuyo y que por encima tuvo que irse ella?
- Se que es dificil de creer, pero... es la verdad.
- No, es que no puede ser...
Fudo se acercó a ella, haciendo el amago de acariciarle el brazo.
- Akemi...
- No me toques.
El chico se apartó un poco. Akemi siempre había sido bastante imprevisible, no sabía como iba a actuar a partir de ahora.
- Lo siento mucho... siento habértelo dicho, pero... tenía que hacerlo. No podía seguir guardándomelo para mí.
- Es que no, no te creo.
- Pero...
- No digas nada más. No tiene gracia, Fudo.
La agarró del brazo de golpe.
- ¿Te crees que te digo esto en broma? ¿Que diría cosas así de mi padre sin motivos?
- ¡No me toques! ¡Suéltame!
Consiguió que la soltara empujándole, y salió corriendo.
Fudo no hizo nada para detenerla.
...
Roccoco estaba entrenando como nunca.
No dejaba de golpear al neumático que usaba para los entrenamientos.
Apenas notó que había alguien tras su espalda hasta que le habló.
- Vaya... creía que solo Endo entrenaba de esta manera...
- ¿Eh?
Se sorprendió al oir la voz, y el neumático le dio de lleno, tirándolo a la arena.
La chica se asustó, y corrió hacia él para ayudarle.
- Perdona... no quería distraerte... ¿Estás bien?
- Eh... si, gracias.
- Lo siento...
- No es nada, ya estoy acostumbrado.
Roccoco se fijó un poco más en la chica que lo ayudaba a levantarse.
La reconocía únicamente por esos increíbles ojos añil y ese pelo tan largo.
Pero no se acordaba de su nombre.
- ¿Te acuerdas de mí? Me llamo Eiri. Soy del Inazuma Japan.
- Si, claro que me acuerdo de ti... ¿Pero que haces aquí?
- Pues... necesitaba dar un paseo. El ambiente está muy cargado en la residencia de Japón. ¿Te importa si me quedo aquí un poco contigo?
- Claro. De todos modos, iba a descansar un rato. ¿Quieres sentarte?
- Vale.
Se sentaron, y estuvieron hablando durante un buen rato sobre las cosas de la isla, y lo que esperaban en el partido que se acercaba.
Ambos estaban ansiosos por hablar de un tema en especial, pero no se atrevían a sacarlo.
Hasta que él no pudo aguantar más, y trato de decirlo disimuladamente.
- Oye, ¿Que hay de Akemi?
- Eh... Pues mira, ayer hablé con ella. Pero de momento, hoy no ha llamado.
- ¿Y sabes por qué se ha ido?
- No me ha dado muchos detalles, pero ya saben lo que tiene su hermana pequeña.
- ...
- Yo también quiero que vuelva, ¿Sabes?
El chico se sorprendió ante las palabrasa de Eiri.
Intentó que su nerviosismo pasara desapercibido.
- Se nota que le tienes mucho aprecio.
- Si -sonriendo-. No nos conocemos desde hace tanto tiempo, pero realmente es una de mis mejores amigas. Se hace querer muy rápido, ¿Verdad?
Esto último lo dijo mirándolo muy sonriente.
Roccoco empezó a ponerse más nervioso todavía.
- Eh... ¿Qué quieres decir con eso? Apenas la conozco... Vale que se ha portado muy bien conmigo, y puede que yo haya ido a visitarla, pero...
- Sabía que te gustaba.
El chico se quedó de piedra tras esas palabras, que sonaban con ironía dichas por la chica.
Y la cosa se ponía aún peor mientras esa extraña chica lo miraba con esa sonrisa divertida.
Notaba como se ponía rojo.
- Esto... ¿Qué dices?
- ¿Pretendes negarlo?
- ...
- Tranquilo, no se lo diré a nadie. No soy esa clase de persona.
- Gracias... ¿Pero como te has dado cuenta?
- Lo raro sería no darse cuenta, después de oir como hablas de ella, y lo interesado que estabas en verla cuando se fue. Y además...
- Si, lo se, soy muy expresivo.
- Eso.
- ...
- Aclárame una cosa: Estabas con Natsumi. ¿Verdad?
- Si.
- No sabes cuanto te compadezco.
- ¿A ti también te cae mal? -no se iba a sorprender de la respuesta.
- La verdad es que no. Nunca me he llevado tanto con ella como para que me caiga bien o mal. Y aunque es maja, no es la típica persona que puedas aguantar en una relación. Bueeeno, se está haciendo tarde. Me tengo que ir. Ha sido un placer hablar contigo, Roccoco. Estoy segura de que tú y yo podríamos llegar a ser grandes amigos.
- Seguro que si.
Se sonrieron amistosamente, y mientras Eiri se iba de la playa, Roccoco la despidió con la mano, para después volver al entrenamiento.
...
Fudo corrió exasperado, buscando a Akemi.
Había intentado llamarla varias veces, aunque sabía que era imposible que ella le contestara el teléfono.
La había buscado por todas partes, esperando que no hiciera alguna tontería.
Nada daba resultado, hasta que recordó un lugar en especial.
Sabía que la encontraría allí, no podía fallar.
Llegó a la entrada del parque de la ciudad, y fue por un pequeño camino, que pasaba de lo más desapercibido por unos arbustos. Apenas había gente que conociera aquel paso.
Lo cruzó con cuidado de no hacerse daño con las zarzas, y finalmente llego hasta un prado, rodeado de árboles, donde había un pequeño lago de aguas casi transparentes.
Enseguida encontro lo que buscaba.
- Akemi...
La chica estaba sentada, con las piernas encogidas, mientras tocaba el agua on los pies.
Ni siquiera se dio la vuelta cuando lo escuchó.
- ¿Como me has encontrado?
- Sentido común. Siempre has venido aquí cada vez que querías estar sola y pensar.
- ¿Entonces por qué no dejas que cumpla mi propósito? Déjame sola.
- No pienso hacerlo, Akemi.
- ... He llamado a mi madre.
El chico se sorprendió, y caminó lentamente hacia ella.
- ¿Y que tal?
- Finalmente... me ha dicho que tú y yo somos hermanos.
Fudo suspiró.
Sabía que Akemi aún estaba enfadada, pero al menos ya estaba más tranquila.
- Siento haber sido tan brusco. Llevaba mucho tiempo queriendo decírtelo.
- ¿Tú desde cuando lo sabes?
- Hace ya... bastante tiempo. Mi padre... bueno, nuestro padre... me hizo prometerle que no te diría nada.
- ... Esto es muy fuerte. Llevo toda mi vida con un hombre que en realidad no es mi padre, mi madre se ha fugado por no cuidarnos a mi hermana y a mí, y mi verdadero padre no quiere responsabilizarse.
- No es que no quiera responsabilizarse. Simplemente, no quería provocar un malentendido.
- Aún así, esto no está bien. No es justo. ¿Como ha podido mi madre hacernos algo así?
- ¿No se lo preguntaste?
- Si. Solo me dijo que en ese momento necesitaba apartarse de todo. Y para eso abandonó a sus dos hijas, con su padre falso... me parece repugnante.
- ¿Tú que le has dicho?
- Lo que pensaba. Todo.
- Vaya. ¿Y... que piensas hacer ahora? No es que no me alivie, pero la verdad... yo me esperaba más gritos, patadas y puñetazos, seguidos de una orden de alejamiento.
- No creas que me faltan ganas. Pero no voy a enfadarme. No merece la pena enfurruñarse por algo que ya está hecho, y encima desde hace tanto tiempo.
- Me dejas sorprendido.
- Lo se. En fin... supongo que ya está bien de luchar contra todo lo que se me presenta. Lo voy a decir...
- ¿El qué?
La chica se levantó, para estar a la misma altura que Fudo.
Él se quedo desconcertado, cuando Akemi lo miró a los ojos, y aún estando seria, sonrió un poco.
- Sukui y yo tenemos un hermano mayor.
