Antes de nada, siento mucho haber tardado tanto en subir el capi.

Intenté escribirlo muchas veces, pero creo que había liado tanto las cosas que todo se me hacía complicado a la hora de escribir.

Y por fin, conseguí hacer el final para esta hisoria.

Reconozco que estaba mucho mejor en mi cabeza xDD no se, siento que le falta algo que no se me ocurre.

Es un final un poco simple, pero es lo único que se me ocurrió xD lo siento.

Bueno, que decir... muchísimas gracias a todas las personas que han leido esta pequeña historia y que han sido tan pacientes al esperar unos capítulos que tardaban mucho en llegar ^^

Lovelygirl84, Akeemi-chan, alguien llamado anónimo, Yuri Matsura, DragonsoulSC, Emily Stuart, Aika-chan20, Albin y Elizabeth Mcdonald, muchísisisisisisisisisisimas gracias por vuestros maravillosos reviews, me alegrstéis muchísimo y siempre conseguisteis sacarme una sonrisa. Me ha encantado compartir esto con vosotros.

En fin, me voy despidiendo, y os dejo leer ^^

Espero que os guste, o al menos que no os dcepcionexD

Gracias por leer!

Muchos besoos!

[...]

Natsumi estaba sentada en el campo de entrenamiento, pensativa.

Pensaba en todo lo que había pasado el día anterior, con Roccoco y Eiri en la playa.

¿Eiri sabía quien le gustaba?

Jamás habría pensado que fuera capaz de hacer eso... siempre había sido una chica muy amable, aun con la gente que le caía mal, que en realidad era más bien poca.

¿De verdad Akemi le importaba tanto? Si no se conocían tanto... Pero si que tenían que ser muy amigas como para llevar a Eiri a esos extremos.

Y ahora Akemi iba a volver...

¿Volvía solo por Roccoco?

Por una parte ya no le importaba Roccoco, pero por otra... se sentía algo mal porque él la hubiera olvidado tan pronto. Ya no sentía nada por él, pero aun así sentaba mal.

Y le sentaba aun peor que fuera la señorita Akemi quien le gustara.

- ¿Natsumi?

Se sorprendió al escuchar una voz a su espalda.

- Endo...

El chico estaba detrás de ella, con el uniforme del equipo y un balón en las manos.

Natsumi enrojeció, pero intentó disimular.

- ¿Que haces aquí tan pronto?

- Pensar. ¿Y tú? ¿Piensas entrenar a estas horas de la mañana? Los demás aun no se han levantado.

- Lo se, pero quiero reforzar mis técnicas. Ya solo quedan dos días para el partido, y los Little Giants son muy fuertes.

- Ya...

- ¿Me puedo sentar?

- Eh... Si, claro.

El chico se sentó a su lado, y durante un buen rato no dijeron nada.

- Oye, Natsumi...

- ¿Si?

- ¿Estás bien? Es que estos días, desde que volviste al equipo... estás muy distante, y apenas hablas con los demás. ¿Te ha pasado algo?

- No, no me ha pasado nada... Es solo que... siento como si no fuera bien recibida en el equipo, después de estar con los Little Giants...

- ¿Pero qué dices? Claro que eres bien recibida. Es solo que hay muchos jugadores nuevos que tú antes no conocías, y además, todos están demasiado concentrados en jugar como para prestar atención a otras cosas...

- Si, ya lo se. Pero bueno, ahora hay más personas, y las chicas no me necesitan tanto. Tengo mucho tiempo libre.

- Bueno, tranquila. Pasado mañana ganaremos a los Little Giants y volveremos a casa. Todo volverá a ser como antes.

- Si... Tú volverás al fútbol en el instituto, y yo volveré a pasar de vosotros.

- Como siempre.

Los dos rieron animados, pero de repente Natsumi se puso seria.

- Endo...

- Dime.

- ¿Tú crees que soy una mala persona?

El chico se sorprendió, e incluso pareció ofenderse un poco, aunque no tuviera motivos.

- ¿Pero que...? ¿Qué dices? ¿Una mala persona?

- ...

- No puedes pensar que eres una mala persona, Natsumi, porque no lo eres. Eres muy buena, te preocupas por el equipo, nos ayudaste muchas veces, hiciste muchas cosas por mí y mi abuelo... en absoluto eres una mala persona. Tienes una personalidad fuerte, pero jamás podrías ser mala. Yo siempre te he visto así.

Natsumi se sorprendió por esas palabras, y enrojeció.

- ¿De verdad?

- Claro que si -Dijo Endo sonriente-. Y no es solo por lo que me dice todo el mundo, que yo siempre veo cosas buenas en la gente... Es la verdad.

La chica sonrió tiernamente, acercándose un poco más a él. Aunque Endo apenas se daba cuenta, estaba mirando el cielo.

- Endo... yo...

El chico se giró un poco para mirarla, y se quedaron inmóviles durante un momento.

Hasta que oyeron una voz que lo llamaba.

Endo se levantó de golpe del banco, y observó como Goenji y Eiri se dirigían a ellos.

- Hola, chicos, ¿Qué pasa?

- Fudo y Akemi acaban de volver -Dijo Goenji.

- ¿De verdad? -Dijeron Endo y Natsumi a la vez.

- Si, acaban de llegar. Kido y los demás ya están con ellos -Dijo Eiri.

- ¿Si? ¡Genial! -Gritó Endo- ¡Vamos con ellos!

Goenji y Endo se adelantaron, y Eiri se quedó con Natsumi por un momento.

- ¿Ya has visto a la señorita Akemi?

- No, aun no he tenido la oportunidad -Dijo la peliazul-. Y veo que tú no desaprovechas las tuyas, Natsumi.

- ¿Qué pretendes tú con todo esto, Eiri? ¿Por qué ayudas a Akemi?

- Fácil, porque es mi amiga. A ella le gusta Roccoco, y a Roccoco le gusta ella. Tienen derecho a estar juntos, y tú no tienes derecho a entrometerte entre ellos.

- ...

- Tienes razón, no los conozco desde hace mucho, pero igualmente son mis amigos. Natsumi, quiero que sepas que no es que me caigas mal, ni nada por el estilo. Reconozco que me parece un poco mal lo que pasa entre tú y Akemi... Es una mala rivalidad. Parece que te sienta mal que Roccoco piense en otra chica solo porque esa chica es Akemi.

- Mira, Eiri... Lo mío con Roccoco ya está zanjado. Y supongo que si, que sea Akemi la que le gusta ahora me afecta un poco, pero... no es porque quiera que él no encuentre a otra. Se que le hice daño, y quiero que sea feliz, aunque sea con Akemi. Si él no es feliz... yo me sentiré responsable por haber hecho que se sienta mal.

Eiri suspiró, y sonrió a la chica.

- Sabía que no podías ser tan mala. No veas como me costó hablarte así ayer.

- Ya... Mejor no se lo digas a nadie. En fin, vamos a ver a esos dos.

- Claro.

Las dos se pusieron a caminar.

- Así que Endo, ¿Eh? Yo pensaba que era otro chico.

- ¿Qué? -Exclamó Natsumi. ¿Al final Eiri no sabía que era Endo quien le gustaba?

- Es broma. Ya sabía que era él. No sabes disimular, y se me da bastante bien observar.

- Un día me vas a pagar por todo esto, Tsuki... -Dijo la castaña, malhumorada.

- Si, seguro...

...

Las dos llegaron junto a los demás, que estaban apiñados alrededor de dos personas, haciendo miles de preguntas.

Eiri intentó meterse entre la gente, hasta encontrar a la persona que le importaba.

- ¡Akemi!

- ¡Eiri!

La chica de pelo violeta se separó de todos y corrió junto a su amiga.

Se abrazaron con fuerza, y se escaparon para poder hablar a solas.

- Madre mía, Akemi... Por fin has vuelto.

- Si, por fin... me estaba ahogando en casa.

- ¿Me quieres explicar eso de que eres hermana de Fudo?

- Créeme que me sorprendí como nunca al saberlo.

- ¡Pero es que de Fudo! ¡De Fudo Akio!

- Lo se... Oye, ¿No se lo habrás dicho a nadie, ¿No?

- Claro que no. Solo lo sabemos Fidio, Lena y yo.

- ¿Qué? ¿Lena también lo sabe?

- Si... -Suspiró- Ya sabes que Fidio no puede esconderle nada. Pero bueno, puedes estar tranquila, vuestro secreto está a salvo. Aunque... ¿Cuanto tiempo vas a esconderlo?

- No se... Creo que hasta que logre pensar en él como n un hermano... es muy raro.

- Ya te digo... Pero...-Dijo sonriendo- ¿No estás tardando mucho en preguntarme lo que de verdad te interesa?

Akemi se sorprendió.

- ¿Eh? ¿Qué quieres decir?

- ¿No quieres saber que ha hecho Roccoco estos días?

- Ah, ya... -Dijo enrojeciendo.

- ¿Perdón? Ahora mismo me vas a preguntar por él, porque me he tenido que esforzar bastante para que Natsumi os dejara en paz.

- ¿Natsumi? ¿Que ha hecho esa?

- Es una larga historia... que ahora mismo no es lo más importante, y por eso no te la voy a contar. Y por otra parte... creo que Roccoco está entrenando en estos momentos...

Akemi sonrió nerviosa, bajando la mirada.

...

Roccoco estaba entrenando en la playa, como siempre, parando el gran neumático atado a un árbol.

Se preguntaba como le iría a Eiri con Natsumi, en quien sería ese chico misterioso...

Y se preguntaba cuando volvería Akemi.

Eiri le había dicho que iban a coger el vuelo la tarde anterior, pero aun no le había dicho nada.

¿Habrían llegado ya? ¿O al final habían cambiado de opinión y se habían quedado en Japón?

De todos modos, ya nada la ataba a la isla... En tres días Eiri y los demás del Inazuma Japan se irían de la isla, tras perder o ganar el partido, y volvería a estar con sus amigos, volvería al instituto, a jugar al fútbol con su equipo de siempre...

Si, Akemi ya no tenía por qué ir a la isla solo para estar tres días.

Además, él también tenía que volver a su país... Probablemente no volverían a verse nunca.

Se había hecho demasiadas ilusiones.

- Mi gozo en un pozo, que se le va a hacer... -Susurró.

Cogió un poco de impulso, y echó el neumático hacia delante, para después poder pararlo. El pesado neumático se alzó hasta arriba, y luego bajó violentamente, hasta llegar a Roccoco.

Justo cuando el chico estaba a punto de pararlo, unas manos más pequeñas que las suyas aparecieron a ambos lados de su cabeza y pararon el neumático con fuerza.

- ¿Pero qué...? -Dijo Roccoco, quedándose paralizado.

La persona que había parado el neumático apartó un poco sus manos y las colocó sobre los ojos de Roccoco, impidiéndole ver algo.

- ¿Quien soy? -Dijo sonriendo.

- Hmm... Déjame pensar... -Dijo Roccoco- Creo que no eres mi entrenador, él no es tan atrevido conmigo, y no tiene las manos tan suaves... Aunque no me explico como has podido parar el neumático tan fácilmente y sin guantes...

- Lo del neumático... bueno, siempre he tenido entrenamientos muy duros. En fin, ¿Te rindes?

- Supongo que si.

La chica separó sus manos de los ojos de Roccoco y se alejó un poco, dejando que él se girara.

- Akemi... -Dijo Roccoco nada más verla, sonriendo.

- Si, ya ves, he vuelto para darte un poco más la lata...

Roccoco rió.

- Vaya, vaya... Así que Kyaria Akemi vuelve desde Japón solo para molestarme en mis entrenamientos...

- Fudo Akemi.

- ¿Qué?

- Kyaria ya no es mi apellido... No oficialmente, pero en realidad mi apellido es... Fudo.

- ¿De verdad? Pero... ¿en tu equipo no había un chico que...?

- Si, él es... mi hermano. Es una larga historia.

- No toquemos ese tema. Se ve que no te agrada mucho.

- Gracias.

- ¿Qué tal está tu hermana?

- Está mejorando... y está contenta. En fin, todo va a cambiar un poco ahora... ¿Qué tal tú con los entrenamientos?

- Bastante bien, estos días no he parado. Que sepas que pienso ganar a tu equipo.

- Ya, pues no te lo pienses tanto, no vaya a ser que luego te lleves una desilusión. Mi equipo os va a ganar. Y créeme, yo siempre acierto en estas cosas.

- Seguro que si.

...Detrás de unos árboles...

- Mira que son sosos -Dijo Eiri, indignada.

- Que va, solo son tímidos -Dijo Fidio.

- ¡Pero si saben perfectamente que se gustan! ¿Por qué no se lo confiesan y ya está?

- Mujer, no se conocen desde hace mucho... Entiendo que les sea complicado hablar de sentimientos.

- Si, también es verdad... Pero más les vale darse prisa, o me dará un ataque.

Siguieron observando a Roccoco y Akemi, que se habían sentado bajo el árbol, y hablaban entre risas.

- Entonces todo ha ido bien mientras estabas en Japón.

- Si. Muy bien. Bueno, dentro de poco tendré que hablar con mi padre de cierto asunto... así que por ahora prefiero disfrutar de mis últimos días aquí. Quiero pasarlo bien viendo el partido, quiero estar con mis amigos, con todos los buenos amigos que he hecho aquí. Después del partido... puede que pase mucho tiempo hasta que volvamos a vernos...

Akemi se cortó al decir eso.

Le costaba hablar de ese asunto con Roccoco.

No lo volvería a ver en mucho tiempo... Genial, para una vez que le gustaba un chico y les separaba una grandísima distancia.

¿Como iba a salir bien algo así?

- Akemi, ¿Estás bien? Te has puesto muy tensa.

- ...No, no estoy bien...

El chico comenzó a inquietarse, y se preocupó.

- ¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal o algo?

- Lo que pasa es que me gustas, Roccoco -Dijo la chica, mientras se ponía seria.

- ¿Qué?

- Pues... eso -Comenzó mientras se levantaba y caminaba nerviosa-. Que tú... me gustas.

Roccoco se sorprendió más de lo que debía.

Se levantó también, aunque no se movió de donde estaba.

- ¿Lo dices en serio, Akemi?

- Claro que si. Roccoco, me gustaste en el momento en que te vi... Me encantó poder ayudarte, aunque fuera solo un poco... Y luego te fui conociendo...

- ...

- Hoy vine hasta aquí solo porque quería verte, porque quería decírtelo. Pero...

- ¿Pero?

- Pero aunque tú sientas algo por mí, que no se si lo harás, será muy difícil que ocurra algo entre los dos.

El chico se indignó, y se acercó un poco más a ella.

- ¿Como que difícil? ¿Cual es el problema?

- Para empezar, la distancia. No es algo que se deba ignorar.

- Ya veo... ¿Otro problema?

Se acercó otro poco más, aunque Akemi no se daba cuenta, ya que estaba demasiado concentrada y exasperada.

- Pues... que tampoco es que nos conozcamos mucho... No sabemos tanto el uno del otro...

- ¿Algo más?

Akemi se sobresaltó, al verlo tan cerca de su cuerpo.

- Roccoco...

- Solo quiero que sepas... que tú me gustas muchísimo, y que me da igual la distancia, el tiempo que hemos pasado juntos, y todas esas tonterías.

- ¿De verdad?

- Si.

La chica sonrió algo tímida, para después acercarse más a él.

Roccoco era más alto que ella, así que se tuvo que poner de puntillas, y apoyar sus manos sobre sus hombros para poder acercarse y besarlo suavemente.

Él se dejó, por supuesto, mientras la abrazaba por la cintura y se inclinaba un poco para estar un poco más a su altura.

Poco después, se separaron sonrientes.

- Bueno... -Dijo Akemi- ¿Y ahora qué?

- Supongo que... esto significa que estamos saliendo juntos.

- Para asegurarnos... vamos a pedir una segunda opinión. ¿Te parece?

- ¿Segunda opinión? -Preguntó Roccoco, confundido ante la sonrisa de Akemi.

- Eiri, Fidio, podéis salir de donde estáis.

Unos segundos después, los dos salieron algo avergonzados, pero sonriendo divertidos.

- No tenéis remedio...

- Es la señorita Holmes, que hace que me interesen los cotilleos -Dijo Fidio, sonriente.

- ¿Te quieres callar, Maruja? -Dijo Eiri, haciéndose la indignada, para luego sonreír- Bueno, con respecto a vosotros dos... ¿Qué pasa?

- Venga ya, Eiri -Dijo Roccoco-. Ya es hora de que bajes de la Luna.

- Espero que eso no haya sido un chiste... porque es bastante malo.

- ¿Sois novios o no? -Preguntó Fidio, ansioso.

Akemi miró a Roccoco, para después darle la mano.

- Creo que no hace falta responder a eso -Dijo sonriente, mientras se levantaba para besar a Roccoco en la mejilla.

Eiri cogió a Fidio del brazo, y se alejaron de ellos para dejarles intimidad.

Roccoco se giró un poco, y rodeó a la chica con sus brazos.

- ¿No te preocupa la distancia?

- Claro que me preocupa. Pero ya veremos que hacer.

- Está bien.

- Ah... pero hay un detalle más...

- ¿Qué? ¿Qué pasa?

- Como se te ocurra perder el partido solo porque mi hermano y yo formamos parte del equipo, te enteras. Te vamos a ganar limpiamente.

- Eso ya lo veremos.

Los dos se sonrieron irónicamente, para después volver a juntarse y besarse de nuevo.

...

Eiri y Fidio caminaban tranquilos hacia las residencias.

- Parece que todo ha salido bien.

- Si. Mira, tanto lío para nada. En fin, era obvio que iban a acabar juntos en algún momento... -Dijo la chica, pensativa.

- ¿A ti también te ha parecido muy fácil?

- Demasiado fácil...

- Tal vez nosotros somos los únicos con romances con final complicado.

- Como diría Sherlock Holmes... Elemental, mi querido Watson -Dijo Eiri, riendo-. Su historia ya ha sido demasiado complicada. Merecían algo de tranquilidad por una vez.

- Cierto -Dijo el chico, mirando hacia atrás para contemplar a la pareja, que se abrazaba en la lejanía-. Me alegro por ellos.

- Y yo -Dijo la chica imitándolo.

Ambos sonrieron al ver como Roccoco y Akemi se miraban sonrientes, para después ponerse a entrenar juntos.

Después de todo lo que habían pasado, merecían poder estar juntos.

La distancia no era algo bueno, si, pero tal vez... ellos conseguirían vencerla y poder estar juntos para siempre.

FIN