Capítulo 2. Un hermoso recuerdo
- Espero que ya hayas escarmentado, Claude -Dijo Caitlin sin más, cerrando los ojos con tranquilidad mientras volvía con su hermano.
El pelirrojo tenía le mejilla roja e hinchada. Se limitó a poner tu típica cara malhumorada y se fue con una chica de pelo naranja que le llegaba a los hombros y una pequeña coleta que apenas sujetaba un poco de pelo. Antaño, todos la habían conocido como Rean, y al igual que Claude, llevaba el uniforme del instituto de color naranja tirando a rojo, con partes blancas.
Bryce sonreía maliciosamente mientras su hermana se apoyaba en la pared junto a el.
- ¿Haremos algo juntos esta tarde? -Preguntó Caitlin, quitándole un pequeño hilo de la chaqueta- ¿Iremos a algún sitio?
- Lo pensaremos un poco mas tarde, ¿Vale?
La chica asintió, mientras apoyaba su cabeza en el hombro de su hermano. Bryce esbozó una media sonrisa y le aparto un mechón de pelo que le caía sobre los ojos.
- Te quiero mucho, Bryce -Susurró ella.
El chico se inclinó suavemente, apoyando su cabeza sobre la de su hermana.
- Yo también te quiero, Caitlin.
Xavier sonrió al verlos, y decidió sentarse en el banco junto a Jordan para no molestarles.
- Es tan bonito verlos juntos.
- Cierto. Me dan un poco de envidia -Reconoció el chico de pelo verde, sonriendo también, aunque estaba concentrado en abrir el paquete de un pastelito que se le resistía.
- A mi también. Yo nunca he tenido una relación tan estrecha con mi hermana mayor. Tienen mucha suerte.
- Sin embargo... ¿no crees que son demasiado cercanos?
- ¿Qué quieres decir? -Preguntó Xavier con curiosidad, sin entender lo que le quería decir su amigo.
- Míralos... Aquí lo vemos normal, pero la gente de fuera se extrañaría mucho si los vieran juntos. Por muy unidos que estén, los hermanos no suelen pasarse el día juntos dándose muestras de cariño en público. Cualquiera podría pensar mal.
El pelirrojo comprendió, poniendo cara de disgusto al momento.
- No creo que sea eso. Por favor, si son hermanos...
- ¡No estoy diciendo que sea eso...! Ya se que jamás habría nada entre ellos, que simplemente desde lo ocurrido con sus padres se unieron mucho. Es comprensible. Bueno, sé que no es lo que parece, así que dejemos el tema. ¡Voy a comprarme un bocadillo!
Jordan se levantó para comenzar a correr hasta llegar a la tienda, dejando a su amigo mirándolo con una alegre sonrisa. Qué raro era, aun siendo tan buen chico.
De pronto, volvió a mirar a los dos hermanos. Era verdad, lo cierto era que estaban muy unidos, actuando de una forma que no adoptaban otros hermanos normales. Pero bueno, en ese lugar ninguno era normal. Caitlin le contaba lo que había pasado las tres primeras horas de clase a Bryce, y este le daba toda su atención. Por mucho que intentara disimular siempre, se notaba que adoraba a su hermana. Ella era todo su mundo.
Pasado un rato terminó el descanso, y todos comenzaban a irse a sus clases. Caitlin resopló, sabiendo que era el momento de la despedida.
- Iré a buscarte en cuanto termine la clase -Le dijo Bryce, sonriendo con calma.
La chica asintió animándose, levantándose un poco para besarle en la mejilla, y este le correspondió. En cuanto se separaron comenzó a caminar para entrar en el pasillo e irse a clase, pero en un instante se detuvo, suspirando de dolor.
- ¿Estás bien, Caitlin? -Preguntó su hermano, comenzando a alarmarse.
- Sí, no te preocupes. Me ha dado un simple tirón en la pierna, no es nada. ¡Me voy a clase, te veo luego!
La albina corrió hasta su clase antes de que Bryce comenzara a preocuparse por esa tontería. En cuanto llegó sonrió a sus compañeros y fue a sentarse en su pupitre, junto a la ventana. Le dolía un poco la pierna, pero se le pasaría enseguida. De todos modos no pensó demasiado en eso, prefería decidir lo que haría con su hermano por la tarde.
Bryce recordaba la época en que jugaban al fútbol para conquistar el planeta, sin prestar atención en clase. Ya habían pasado tres años desde la guerra de partidos, el tenía catorce años, y su hermana doce. El aún se llamaba Gazelle, y ella se llamaba Shine.
A pesar de que había intentado impedírselo, Caitlin se empeñó en jugar en el equipo. Ella era fuerte, pero no quería que corriera ningún riesgo. Y en el partido contra el Raimon, cuando ya habían formado el equipo Caos, se hizo daño en la pierna.
Le había llevado un tiempo curarse, pero lo hizo. ¿Por qué ahora le daba molestias la pierna? desde hacía mucho tiempo no había vuelto a sentir dolor. Menos mal que ese año no había insistido cuando le dijo que no se uniera al equipo. No quería que volviera a pasarlo mal. Por mucho que le gustara jugar al fútbol, si su salud peligraba, no la dejaría.
Sabía que no debía preocuparse, pues ella le había dicho que era simplemente un tirón. Así que se esforzó por no pensar en ello. Giró un poco la cabeza para mirar el exterior por la ventana, aunque estaba sentado en el centro de la clase, y vio como Xavier lo observaba fijamente. ¿Que estaría pensando? no le quitaba los ojos de encima.
El pelirrojo estaba inmerso en sus pensamientos, recordando las palabras de Jordan. No podía ser. Sabía perfectamente que era mentira, que era imposible que hubiera algo entre Caitlin y Bryce. ¿Como podía estar pensando en eso?
Eran hermanos, por favor. No los veía capaces de tal aberración... Era simple amor fraternal. Bryce jamás haría algo así, y Caitlin menos... Seguramente les repugnaría la idea. Ella era una chica tan dulce... Tan inteligente, siempre sincera y directa, aun siendo amable. Y era preciosa. Le encantaba su pelo blanco tan largo, y sus increíbles ojos azules.
Habían estado juntos casi toda la vida, y eran buenos amigos. Cuando la chica se lesiono la pierna, fue de los pocos que la fueron a visitar, aparte de Bryce y Jordan. Se había pasado largas tardes con ella en la habitación del hospital, hablando de muchísimas cosas y pasando el rato.
Recordaba cómo se había prendado de ella nada más verla, siendo un niño pequeño. Acababa de llegar con su hermano mayor a la academia Alius. Él tenía seis años, y ella cuatro. Xavier, que por aquel entonces también tenia seis años, se había quedado observándola fijamente, impresionado por tanta fragilidad y hermosura en una sola persona. Se la veía asustada, pero el estar agarrada de la mano de su hermanito la ayudaba mucho.
Sus padres los habían abandonado. Caitlin aun no era consciente de ello, aunque Bryce ya se lo había imaginado al ver que no volvían a buscarlos.
El fundador de la academia Alius, Astram Schiller, al que todos llamaban padre, los recibió con una amable sonrisa. Xavier Lo había acompañado para verlos también, y observó más de cerca a la niña. La pequeña Caitlin le sonrió dulcemente por encima de su gran bufanda blanca, y el niño se escondió tras el kimono del señor Schiller de lo más avergonzado, logrando que la niña se riera. Su hermano la miraba tiernamente, aunque no había ninguna sonrisa en su cara. Era obvio que el sabía lo que había pasado.
- ¿Estás bien, Xavier? -Preguntó de repente el chico de pelo blanco, sobresaltándolo.
- ¿Eh? Sí, estoy bien -Respondió apresurado, revolviéndose el pelo.
- ¿Por qué no dejas de mirarme todo el rato? Estás empezando a darme miedo.
- Perdona. Sólo estaba... recordando una cosa.
Volvió a mirar su libro, y a su mente volvió el recuerdo de uno de los días en que visito a Caitlin al hospital.
¡Xavier! ¡Has vuelto a venir a verme!
Jamás podría olvidar como se le había iluminado el rostro al verle. Siempre se alegraba muchísimo cuando iba a pasar la tarde con ella. Al principio no comprendía por qué, hasta que habló con Bryce. Este le contó que casi nadie iba a ver a su hermana. No mantenía una buena relación con el equipo, aunque guardaban las apariencias. Pero sus compañeros recelaban, no querían tenerla cerca. Ella decía que no le importaba, pero era obvio que le gustaría poder llevarse mejor con ellos.
Jordan solía ir a verla tres veces por semana, pero Xavier comenzó a ir todos los días. Se pasaba horas hablando con ella y con su hermano. El día que le dieron el alta en el hospital, fue la primera y única vez que se habían abrazado. Ella le agradeció profundamente el haber ido a verla, diciéndole que gracias a él se había curado antes.
Desde entonces no había sido capaz de dejar de pensar en ella. Tenía que reconocer que la chica siempre le había gustado muchísimo. Pero desde ese día sus sentimientos fueron a más.
- Eh, Xavier. Ya es hora de irse.
- ¿Qué? -Murmuró sorprendiéndose, levantando la cabeza.
- Hay que ver cómo estás hoy -Comentó Bryce, realmente extrañado-. La clase ya ha terminado. ¿No querías que te dejara unos apuntes? Tengo que ir a buscar a Caitlin, así que démonos prisa.
- Ah, claro.
Fueron hasta la taquilla del chico de pelo blanco, donde se encontraron con Caitlin esperando apoyada.
- Te has retrasado -Le reprochó, frunciendo los labios.
- Lo sé, tengo que dejarle una cosa a Xavier.
- Ah, entonces no pasa nada -Sonrió al instante, separándose de la taquilla con tranquilidad.
Estuvieron unos minutos hablando los tres, para que luego los hermanos se separaran del chico de ojos verdes. La chica se despidió de el levantando la mano y guiñándole un ojo, como solía hacer. Al momento, volvió a agarrar a su hermano de la mano, mientras se iban juntos al apartamento de la residencia Diamond. La residencia Gaia estaba en el sentido contrario, así que Xavier se fue con los demás chicos de su grupo. Pero ni por un momento sus pensamientos abandonaron a Caitlin.
Continuará
