Capítulo 4
- Aun me cuesta creerlo -Rió Xavier con nerviosismo, volviendo a leer la hoja de papel que llevaba en la mano. La había desdoblado varias veces, como para asegurarse de que era de verdad.
Era sábado, el día de la cita. Él y la chica habían salido del cine después de ver una película, y paseaban con tranquilidad. Ese día Caitlin no se había trenzado el pelo, y le caía suelto y con sus pronunciadas ondas. Llevaba una simple camiseta blanca de manga tres cuartos, y por encima un jersey azul marino de manga corta con sujeción bajo el pecho, acompañada de una minifalda vaquera con leggins negros por debajo, y unas bailarinas del mismo color. Él, una camisa gris, con una camiseta negra, y pantalones vaqueros desgastados en algunas partes.
- Espero que no te haya molestado -Susurró Caitlin algo avergonzada, pensando en Bryce-. Sabes que a veces mi hermano es... difícil.
- Claro que no me ha molestado, es normal que quiera protegerte. Aunque me ha sorprendido que de verdad me diera una lista -Suspiró, volviendo a reír.
La lista decía cosas como volver a casa antes de las ocho, nada de manitas innecesarias, prohibido absolutamente intentar algo en el cine, nada de besos... Interminable. Menos mal que el chico no le había dado demasiada importancia, y hasta se lo tomaba con humor. De todos modos, no hubiera sido necesario. Era demasiado bueno, jamás intentaría nada en una primera cita, y menos aun con la hermana pequeña de uno de sus mejores amigos.
Caitlin respondió a sus risas con tranquilidad, aunque también bastante aliviada.
- ¿Qué te ha parecido la película? -Preguntó.
- Me ha gustado mucho, era muy divertida. Me dan ganas de volver a verla otra vez -Respondió Xavier, riendo suavemente al recordar algunas escenas-. ¿Y si volvemos el fin de semana que viene?
- Claro, me gustaría mucho -Sonrió Caitlin, acercándose un poco más a él. El chico caminaba rápido y ella, tal vez sin darse cuenta, agarró un poco su camisa con la mano como si estuviera intentando seguirle el ritmo, y que no se alejara demasiado-. Xavier, aun queda un rato hasta que tengamos que volver a casa.
- Sí. ¿Quieres ir a algún sitio en especial?
La chica sonrió con algo de malicia, como si tuviera muchas ganas de contarle alguna cosa, pero no pudiera hacerlo sin mostrárselo antes.
- Lo cierto es que sí. Ven conmigo -Dijo, con un tono que denotaba diversión y ansia, mientras soltaba su camisa para poder agarrarle de la mano y comenzar a caminar en dirección contraria a donde se estaban dirigiendo.
Xavier le preguntó a dónde lo estaba llevando, pero ella no respondió. Se limitó a sonreír, tirando de él. El chico no pudo evitar sonreír también. Le gustaba verla tan animada, era adorable.
No tardaron demasiado en llegar ante un gran edificio de tres pisos, donde Caitlin cogió un manojo de llaves de su bolso. En lugar de subir al portal, la chica fue a otra puerta que estaba bajo las escaleras. Debía de llevar al sótano, o al menos eso supuso Xavier. No dejaba de preguntarse qué clase de sitio era ese, y qué tendría que ver Caitlin. Era un poco extraño, pero estaba realmente intrigado, así que decidió seguirla para ver de qué se trataba todo aquello.
La chica volvió a abrir otra puerta, un poco más grande que la anterior. En cuanto encendió las luces, sonrió satisfecha al ver la reacción de Xavier al quedar boquiabierto.
Era una pista de hielo. Una pista de hielo enorme.
- ¿Pero qué...?
Eran tantas las preguntas que le venían a la mente, que ni siquiera fue capaz de pronunciar la primera. Caitlin vio su expresión, y supo que tenía que explicarle todo. Bueno, pensaba hacerlo de todos modos.
Caminó tranquilamente hasta lo que parecía un mostrador, tras el que había una estantería con un montón de pares de patines. Aquel lugar no parecía una pista pública, eso estaba claro. No tenía asientos para espectadores. No... debía de ser más bien una pista para entrenamientos.
- Verás... Cuando me lesioné, compartía habitación con una chica muy simpática. Se había roto un brazo. Empezamos a hablar, y me contó que era patinadora. Sus padres son los dueños de esta pista, viven en el segundo piso. La construyeron hace diez años, ¿no es impresionante? Cuando me lo contó me costó un poco creérmelo, pero por lo visto hay gente que puede hacer esas cosas. En fin... Yo me fui del hospital antes que ella, pero volví a menudo para visitarla. Nos hicimos muy amigas, así que cuando se recuperó decidió enseñarme a patinar. Vengo aquí desde entonces. La verdad es que no hace mucho que tengo las llaves, pero al menos ahora puedo venir siempre que quiera.
Xavier escuchaba la historia de su amiga sin saber muy bien qué responder a todo eso. Era increíble. Bueno, sólo a Caitlin le pasaban esas cosas.
- ¿Tu hermano sabe esto? -No supo por qué, pero esa fue la primera pregunta que salió de su boca. Y eso que aun tenía muchas preguntas más. Pero sabiendo cómo era Bryce con su hermana pequeña, le extrañaba que nunca hubiera sacado el tema. No estaría precisamente contento si lo supiera.
Supo que Caitlin debía de pensar como él, porque nada más hacerle esa pregunta la vio fruncir los labios.
- Me gustaría mucho que lo supiera, pero no puedo decírselo. Apenas me ha dejado hacer nada desde que me lesioné. Recuerda cómo se puso cuando intenté volver al equipo.
- Ya veo... No te preocupes. No le diré nada.
Caitlin sonrió, y se lo agradeció con un abrazo.
- Sabía que podía confiar en ti -Susurró, antes de separarse de él para mirarle a los ojos-. Bueno, ¿qué te parece si patinamos?
- ¿Patinar?
- Claro, por eso te he traído aquí. Hace mucho tiempo que no vengo.
- Pero es que yo no se patinar... -Intentó excusarse Xavier, comenzando a ponerse nervioso de verdad.
Supuso que Caitlin no lo había oído, ya que estaba corriendo para coger los patines.
- Número 44, ¿verdad? Tengo que buscar unos patines para ti.
- Si, es el 44, pero...
- Antes usaba los patines de aquí, pero el año pasado decidí comprarme unos. Aquí tienes.
- Caitlin, que no se patinar -Volvió a decir, completamente avergonzado por esa situación.
- Lo sé, te he oído la primera vez. No te preocupes, yo te enseñaré. No es difícil.
La chica de pelo blanco parecía feliz y emocionada. Conectó la gramola, que comenzó a seleccionar música y a reproducirla. Ambos se pusieron los patines, aunque Xavier no estaba muy convencido. Caitlin entró a la pista primero, y observó a Xavier. Éste se agarró como pudo al pasamanos, e intentó no moverse demasiado para no caerse.
- Ven, dame la mano -Le dijo, con una pequeña risa divertida al ver como su amigo se tambaleaba intentando sujetarse a la barandilla.
- Andar con estos trastos es muy difícil... -Admitió el chico, un poco cortado. Aun así, la cogió de la mano con fuerza.
- No están hechos para andar.
Xavier observaba la agilidad que tenía la chica para moverse por el hielo, y no dejaba de asombrarse. En unos pocos minutos -que al pobre pelirrojo se le hicieron eternos-, vio que que aun con lo difícil que le resultaba el simple hecho de mantenerse erguido, para ella era tan natural como caminar. Parecía que bailaba, era increíblemente hipnótico.
- ¿Por qué no quieres contárselo a Bryce? -No pudo evitar preguntar. Sólo con observarla, veía que era evidente lo mucho que le gustaba estar ahí. No comprendía cómo podía esconderle algo así a su querido hermano mayor al que le confiaba todo.
- Me encantaría contárselo -Admitió ella, frunciendo los labios con resignación, aunque también con gesto de fastidio-. Pero el jamás lo entendería. Haría lo que fuera para que dejara de venir, y necesito seguir patinando. No me dejó volver al equipo, y estar aquí es lo único... que me ha hecho feliz desde hace mucho tiempo.
El chico de ojos verdes la miró sorprendido. Simplemente con escuchar esas palabras sentía que estaba loco por ella. Incluso más que antes. Caitlin sonrió con ternura y le cogió también la otra mano, haciendo que se acercara más.
- Vamos al centro de la pista.
- No, espera, me voy a caer... -Intentó librarse, pero resbalaba tanto con esos trastos que al final no le quedó más remedio que dejarse llevar por su amiga, esperando no ser demasiado ridículo intentando moverse.
- No digas bobadas. Es cuestión de equilibrio.
- Para ti es fácil decirlo... -Susurró, comenzando a ponerse nervioso al acercarse cada vez más al centro de la pista de hielo. Pero se puso aun más nervioso cuando Caitlin hizo que pusiera una de sus manos en su cintura.
- Imagínate que estamos bailando. Así será más fácil.
Xavier la agarraba con fuerza, pero no dijo nada al respecto. Se limitó a sonreír con calma para tranquilizarle. Comenzaron a moverse lentamente, tal y como si estuvieran bailando. Caitlin procuraba que no estuviera todo el rato pensando en los patines ni el hielo que tenían bajo sus pies. No pudo evitar sonrojarse al darse cuenta de que el chico sólo estaba aceptando estar ahí por ella. Como de costumbre, hacía caso a sus caprichos simplemente para complacerla.
- Estoy en deuda contigo, Xavier.
- ¿Qué...?
- Siempre has sido muy bueno conmigo, y no sé si realmente lo merezco. No sé cómo agradecértelo.
- Bueno, yo... Me gustas, Caitlin. Por supuesto que voy a estar siempre aquí para ti, aun si es simplemente como un amigo. Desde que te conocí he sentido algo muy fuerte por ti, pero la verdad es que nunca imaginé que algún día llegaría a estar contigo de esta forma. Es tan increíble que me da miedo que sea solo un sueño.
La chica de ojos azules sonrió, enternecida. Le encantaba cómo la miraba. Hacía que se sintiera especial. Única. En realidad aun no tenía muy claro lo que sentía por él, pero sí que quería descurirlo.
- No es un sueño -Susurró, acercándose más a él para apoyarse en su hombro al abrazarle.
El pelirrojo comenzó a ponerse nervioso, sin saber muy bien qué debía hacer después de lo que acababa de decirle a la chica que le gustaba. Y sólo de pensar que tal vez ella podía sentir algo también... Se le iba a parar el corazón en cualquier momento por lo rápido de le latía. Y a juzgar por la pequeña risa que soltó Caitlin, supo que se había dado cuenta. Se separó despacio de él, para poder mirarle a los ojos.
- Estás rojo -Dijo, enrojeciendo ella también.
Xavier dejó escapar una risa nerviosa, completamente ruborizado. ¿Desde cuándo era tan tímido? Eran amigos prácticamente desde siempre, no había motivos para tener vergüenza. Incluso ella, siendo más pequeña, estaba tranquila. Por lo menos mucho más que él mismo.
- ¿Quieres que salgamos ya? -Preguntó la chica de pelo blanco, tomándole la mano al separarse de él. Parecía que ya ni se acordaba de su miedo a caerse en el hielo.
- Claro.
Ambos fueron hasta la barandilla, donde estaba la pequeña puerta para poder salir de la pista. Justo cuando Caitlin iba a abrirla, el pelirrojo apretó un poco su mano, haciendo que se girase hacia él. Lo que acababa de pasar le había dado esperanzas. Se acercó lentamente a su rostro, cerrando los ojos. Caitlin se sorprendió, al no haber esperado que hiciera eso. Al ver que se acercaba lo imitó, dejándose llevar sin pensarlo demasiado a pesar de que comenzaba a sentir un nudo en la garganta. Sin embargo, en cuanto notó su aliento en sus labios, en un simple instante sintió la necesidad de apartarse.
- Lo siento, no... no estoy preparada.
Xavier abrió los ojos, desconcertado. Vio la cara sonrojada de Caitlin, que en ese momento no sabía hacia dónde mirar. Se había sobrepasado. Había pensado que era el momento perfecto, pero no. Aun era pronto para ella.
- Sí, claro. Perdóname.
- Es que yo...
- No pasa nada. Es una de las cosas prohibidas de la lista de Bryce, después de todo. No he debido hacerlo -Dijo encogiéndose de hombros, intentando quitarle peso al asunto.
Caitlin se mordió el labio, sintiéndose mal. Parecía dolido. En fin, acababa de rechazarle... era normal. Pero era cierto que no estaba preparada para eso, y sin duda él lo comprendía. Decidió no decir nada más. La alivió ver que su amigo salía primero y le ofrecía de nuevo la mano para ayudarla, a pesar de que a le costaba muchísimo andar con los patines. Era tan bueno.
Se acercó, y le besó suavemente en la mejilla.
- ¿Querrías volver a patinar conmigo otro día?
Xavier se sorprendió un poco, pero no tardó en sonreír enternecido, mirando la mano de la chica en la suya.
- Me gustaría mucho -Respondió, acariciando su pelo.
Continuará
