Capítulo 6.

El lunes por la mañana... Bryce y Caitlin caminaban tranquilamente hacia el instituto, riendo y hablando de lo bien que lo habían pasado aquel fin de semana. Prácticamente no habían salido de la pista de hielo. La chica de ojos azules aun no se lo podía creer. Había sido increíble, era demasiado bueno para ser cierto.

Mientras pensaba en esto, vio cómo Xavier llegaba a la entrada del instituto. Le dijo a su hermano que iba a hablar un momento con él, y poco después ya estaba corriendo en dirección al pelirrojo. Bryce sonrió, pero se extrañó un poco. Normalmente, Caitlin nunca quería separarse de él por las mañanas. Observó cómo se acercaba a su amigo, de lo más contenta, y contándole algo que a él debía de sorprenderle mucho. Se preguntaba si le estaba hablando de lo de la pista de hielo. No podía decir que le emocionara que sus amigos supieran que se estaba metiendo en eso del patinaje sobre hielo, pero bueno, reconocía que se lo había pasado muy bien. Claro que lo mejor de todo era que había hecho feliz a su hermana pequeña. Eso era lo más importante.

- Ha sido increíble, Xavier. Debería habérselo contado desde el principio -Explicaba la chica, realmente entusiasmada.

- Me alegro mucho por ti. Es genial que todo haya salido bien -Sonrió Xavier con tranquilidad.

Caitlin asintió, contenta, aunque dándose cuenta de que su amigo estaba un poco raro. Parecía que le costaba mirarle a los ojos, y eso no era nada propio de él.

- ¿Va todo bien?

- Eh... Si, claro. Lo siento, Caitlin, tengo que irme a clase.

- Vale... -Aceptó ella, viendo cómo se marchaba. Definitivamente, estaba raro.

Por su parte, el chico de ojos verdosos caminaba hasta su clase, sintiéndose mal por cómo acababa de comportarse. Le gustaba ver a Caitlin tan feliz, pero aun así... En fin, había tenido una sensación muy extraña cuando había escuchado lo que había pasado con Bryce, justo después de haber estado él en la pista de hielo. La verdad, había empezado a hacerse ilusiones, y creía que a ella le gustaría ir a patinar los dos juntos, a pesar de que al chico no se le diera demasiado bien por el momento.

Pero bueno, Bryce era su hermano. Era la persona más importante de su vida, le quería más que a nadie en todo el mundo. Era lo más lógico, que quisiera compartir un lugar tan especial con él. Aun así... ¿qué era esa extraña sensación que asomaba en su pecho? ¿Podrían ser celos?

Celos de Bryce... No le gustaban nada esos pensamientos.

Por la tarde, cuando ya hubieron vuelto a la residencia Diamond después de las clases, Caitlin decidió irse a la biblioteca a estudiar para un examen que tenía al día siguiente. No le gustaba estudiar en casa, no conseguía concentrarse bien. Su hermano le dijo que le llamara cuando terminase, para ir a buscarla si se hacía muy tarde. Era imposible que pasase algo malo dentro del campus, pero él se sentía más tranquilo si no andaba sola cuando ya había anochecido.

Ya en la calle, la chica de pelo blanco caminó con calma, pensando en sus cosas. Sin embargo, de repente tuvo que parar al sentir un tirón en la pierna. Se apoyó en la pared de la residencia Prominence, maldiciendo en silencio. No era nada, sólo un simple tirón por haber patinado tanto el fin de semana, dejaría de sentir esa molestia muy pronto. Aun así, era un verdadero fastidio seguir sintiendo las secuelas de aquella estúpida lesión.

Había sido hacía ya tres años. En el partido que habían tenido contra el Raimon, cuando Bryce y Claude habían creado el equipo Caos, un chico llamado Erik Eagle le había robado el balón con una supertécnica defensiva, provocando que cayera y se hiciera daño. Recordaba lo furioso que se había puesto su hermano, y que había estado a punto de pegar a ese chico, aunque ella le había pedido que no lo hiciera. Reconocía que le seguía guardando rencor a ese jugador, aunque no había vuelto a saber nada de él en todo ese tiempo. Por culpa de aquella lesión, no había vuelto a jugar.

Echaba de menos el fútbol.

- ¿Caitlin? -Una voz la llamó, haciendo que se sobresaltara. Estaba demasiado concentrada en sus pensamientos.

Alzó la cabeza, y se encontró con los ojos ambarinos de Claude. Como siempre, llevaba cara de mal humor. Ninguna sorpresa. Lo que si la sorprendía era que se hubiera detenido para hablar con ella.

- ¿Qué haces aquí?

- Es la residencia Prominence -Respondió él, alzando una ceja-. ¿Qué haces tú aquí, Shine?

Claude era la única persona que aun a veces seguía llamándola por su nombre alienígena. Normalmente lo hacía cuando quería resaltar algún comentario sarcástico. Además, cada vez que lo hacía sabía que conseguiría lo mismo: que Caitlin pusiera los ojos en blanco.

- Iba a la biblioteca.

- Y te has detenido aquí porque...

- Me ha dado un tirón en la pierna. ¿Contento? -Respondió ella, ya empezando a molestarse. Lo último que le apetecía en ese momento era discutir con él.

El pelirrojo frunció el ceño, y se acercó un poco más a ella.

- ¿La pierna que te lesionaste?

- Pues sí.

Bajó la mirada, un poco avergonzada. No le gustaba nada que la gente le recordara lo que había pasado. Maldita lesión, siempre estaba presente, aun después de tres años. Parecía que no era suficiente con no poder volver a jugar. Para su sorpresa, Claude se puso delante de ella, de espaldas, y se inclinó.

- ¿Qué se supone que haces?

- Súbete a mi espalda -Dijo sin más. Esas simples palabras bastaron para dejar a la chica sin habla. Literalmente, estuvieron como dos minutos sin que ninguno de los dos dijera nada. Obviamente, antes de que pasara el tercer minuto, él ya empezó a ponerse de los nervios-. Vamos, Withingale, no tengo todo el día.

- Vale, está bien...

En ese momento, Caitlin estaba tan desconcertada por ese extraño y totalmente inesperado gesto de amabilidad -en fin, era Claude Beacons, la amabilidad no era precisamente una de sus virtudes-, que no le quedó más opción que obedecerle. Se subió a la espalda de su amigo, que ágilmente le sujetó las piernas y se incorporó.

- Gracias -Dijo en voz baja, al apoyar las manos en sus hombros para poder agarrarse bien.

- No tiene importancia. Se que lo pasaste mal con esa lesión. Y en parte, fue por mi culpa. Yo era el capitán del equipo, y te insistí para que fueras a la portería.

Vaya, ¿qué habría comido el pelirrojo ese día? Parecía que le había afectado. Si unas horas atrás le hubieran dicho que recibiría una disculpa -más o menos- de Torch, el temperamental capitán de Prominence, se habría reído en la cara de quien se lo dijera. Esas cosas no le pegaban nada. Pero ahí estaba, sujetándose a los hombros del pelirrojo, mientras él la llevaba a la biblioteca. Se preguntaba qué diría su hermano si se lo contaba. Seguramente tampoco se lo creería.

No pudo evitar enrojecer un poco, al pensar en lo que el chico acababa de decirle.

- Eso fue hace ya mucho. Y no fue por tu culpa.

- Aún así, me siento responsable.

- Pues llegas un poco tarde, ya han pasado tres años. Y si te sentías responsable, podías haberme visitado en el hospital, al menos. Aunque fuera solo una vez.

- Deja de quejarte. No fui a verte porque esas cosas se me dan fatal. Y por cierto, ¿a que vas a la biblioteca? A estas horas no hay nadie por allí.

- Si no hay nadie, ¿cómo es que lo sabes?

Claude se quedó quieto de golpe, incluso haciendo que la menor se echara hacia delante y le diera un cabezazo. Ambos se quejaron, y el chico la amenazó con soltarla, aunque por supuesto no lo hizo. Se puso en marcha de nuevo, sin decir nada.

- Así que el implaclabe Claude Beacons va a la biblioteca por las tardes... -Dijo Caitlin con una sonrisita, sin poder resistir la tentación de burlarse de él. No era algo que pudiera hacer todos los días.

- Como se lo digas a alguien... -Masculló el pelirrojo, apretando los dientes con fuerza.

- Tranquilo, ya se me ocurrirá algo que pedirte a cambio.

- Cómo se nota de quien eres hermana.

No pudo evitar soltar una risita, por el tono que había utilizado al decir eso. Le hacía gracia esa guerrilla que había entre ellos. No había un sólo día en que no discutieran, ni estuvieran a punto de tirarse de los pelos. Era increíble que a pesar de todo eso fueran amigos.

- ¿Por qué vas a la biblioteca? -Preguntó ella, pudiéndole la curiosidad, y consiguiendo que el chico de ojos ambarinos suspirase.

- Últimamente paso bastante tiempo ahí. Haciendo cualquier cosa.

- ¿Y eso?

- Simplemente me apetece.

Así que no se lo iba a contar. Bueno, ella desde luego no insistiría. No tenía tantas ganas de saberlo, y desde luego no merecía la pena discutir con él.

Por suerte, no tardaron mucho más en llegar a la biblioteca. Era un edificio pequeño, que ni siquiera tenía dos plantas, pero suficiente para la gente que la utilizaba. Como bien había dicho Claude, estaba completamente vacía. Y no era sólo a esa hora, normalmente no había mucha gente. Pero ya sólo por eso a Caitlin le gustaba ir. Era un lugar tranquilo para poder estudiar, o estar sola y tranquila cuando quisiera.

El pelirrojo la dejó por fin en el suelo, sorprendentemente con bastante cuidado.

- Te sigue doliendo la pierna?

- Un... un poco, pero no pasa nada. Es un simple tirón por esfuerzo. Nada más.

La verdad era que ya no le dolía. Desde hacía un buen rato. No supo por qué había dicho eso. Tal vez por que Claude nunca se había portado tan bien con ella, por lo menos desde que eran pequeños. Nunca había sido un chico muy atento, pero... vaya. Casi podía seguir sintiendo el calor de su espalda.

Se dio cuenta de lo que acababa de pensar, y frunció el ceño. A lo mejor Claude no era el único que había comido algo raro. Quiza fuera el agua.

- Bueno, pues me voy al otro lado. Si necesitas algo, estaré donde los libros de historia -Dijo el chico, fingiendo emocionarse.

Caitlin sonrió, viendo cómo comenzaba a alejarse. No se lo pensó demasiado antes de llamarle de nuevo.

- La verdad... sí que necesito algo. En fin, si no es mucha molestia -El pelirrojo suspiró, y se metió las manos en los bolsillos del pantalón antes de volver a acercarse.

- Era una simple expresión, pero vale. ¿Qué quieres?

Por supuesto, la chica de pelo blanco ya sabía de sobra que la paciencia brillaba por su ausencia en su amigo.

- ¡Esto es imposible! -Exclamó él, poco después. No había pasado ni media hora y ya se estaba desesperando.

- Parece mentira que sea yo la que tiene el examen y que aún encima te lo tenga que explicar a ti.

- Es culpa tuya, en mi vida jamás he dado filosofía.

Caitlin suspiró, quitándole el libro de las manos antes de que decidiera lanzarlo por los aires.

- Bueno, al menos me lo sé bastante bien. Podré sacar buena nota. Gracias, Claude -Le dedicó una bonita sonrisa, mirándole a los ojos. Él no dijo nada. Sin embargo, ninguno de los dos apartó la mirada, hasta que la chica empezó a sentir que todo aquello era un poco raro-. ¿Te pasa algo?

- No -Respondió él con rapidez, girándose para dirigir su atención al montón de libros que habían cogido de una estantería-. Me he enterado de que has salido con Xene.

Se estaba refiriendo a Xavier, obviamente. A menudo la chica se preguntaba por qué seguía usando los nombres alienígenas cuando hablaba de los demás. En fin, a ella no le molestaba... demasiado.

- Sí. El sábado pasado -Dijo, con una pequeña sonrisa, mientras volvía a mirar sus apuntes de filosofía.

- Ya iba siendo hora de que te pidiera salir, lleva años coladísimo por ti -Por su tono, parecía estar diciendo una obviedad que todo el mundo sabía ya. Bueno, todo el mundo, menos ella. Decidió que era mejor no decir nada sobre Xavier.

- Oye, Claude... ¿Por qué te pasas las tardes en la biblioteca? Dime la verdad.

El chico resopló, pasando con rapidez las páginas de un libro enorme que ni siquiera le apetecía ojear. Parecía que estaba decidiendo entre seguir con eso, o hablar de un tema del que en realidad no tenía muchas ganas.

- ¿Te acuerdas de Lean? -Preguntó finalmente.

- Lean... Ah, claro, Brenda -A veces era un poco confuso hablar con Claude, cuando empezaba con eso de los nombres, y más con los de Prominence. En aquella época, Caitlin sólo trataba con sus compañeros de Diamond, y ni siquiera con ellos se llevaba del todo bien. Como para acordarse de los nombres alienígenas de los otros equipos. Al menos sí que conocía a la chica de pelo anaranjado por su nombre humano, eso ya era algo-. ¿Pasa algo con ella?

- Resulta que acabamos de romper.

- ¿Brenda y... tú? -Exclamó Caitlin, sin poder creérselo. Menos mal que no había nadie más en la biblioteca-. ¿Brenda y tú estabais juntos?

- Hasta hace unos días. Decidió romper conmigo. Por eso vengo a la biblioteca. Simplemente, no me siento cómodo encontrándome con ella todo el tiempo, cosa que obviamente no puedo evitar en la residencia.

- Vaya. Lo siento.

- No pasa nada. ¿Quieres saber lo último que me dijo? Dedicas más tiempo a discutir con Gazelle que a estar conmigo.

La chica rió con ganas, a pesar de intentar contenerse. El pelirrojo tampoco pudo evitar mostrar que a él también le hacía gracia.

- ¿De verdad te dijo eso?

- Pues sí. Ya te puedes imaginar que me quedé de piedra. Sobre todo al darme cuenta de que tiene razón.

- Menuda tragedia.

- Oye, sí que es una tragedia. He perdido a mi novia porque prefiero pasarme el día discutiendo con el idiota de tu hermano.

Ambos volvieron a reír, esta vez en voz baja, y luego se quedaron callados un rato. Sin embargo, Caitlin no dejaba de pensarlo. La verdad, no se imaginaba a Claude actuando como un novio. Aunque a menudo no lo parecía, en el fondo era un buen chico, pero no era exactamente... lo que una chica buscaría. Bueno, al menos ella no buscaría a alguien como él. Claro que en realidad no sabía qué buscaba exactamente en un chico.

- ¿La quieres? -Preguntó, sin saber muy bien por qué-. Me refiero a Lean.

- Uff... Querer es una palabra my fuerte. No, creo que no. Es una buena chica, pero los dos sabíamos desde hacía tiempo que lo nuestro se acabaría tarde o temprano -Hablaba con calma, revolviéndose el pelo rojo con la mano. Aun así, no tardó mucho en fruncir el ceño al darse cuenta de lo que acababa de decir-. ¿Por qué te estoy contando todo esto?

- No lo sé. Tal vez querías hacerlo. Todo el mundo necesita desahogarse alguna vez.

- Vaya. Eso es muy interesante, pero creo que prefiero que volvamos a nuestra relación habitual en la que me meto contigo y tú te cabreas.

- Sí, creo que yo también te prefiero cuando eres insufrible y sarcástico -Respondió ella, con una pequeña sonrisa cómplice. Ésta se suavizó un poco, cuando la chico se puso a pensar en ese extraño momento que estaban teniendo-. Aunque hoy te has portado muy bien conmigo.

- Bueno, puede que sea insufrible y sarcástico, pero si veo que te pasa algo obviamente no voy a pasar de largo.

- Gracias por eso. De verdad -Volvieron a mirarse a los ojos, y Claude le devolvió la sonrisa.

Vaya. Sería porque estaban sólos, algo realmente poco común, y el chico se estaba relajando. Lo cierto era que llevaban algo más de una hora juntos, y en lugar de ponerse a discutir por cualquier tontería, en realidad estaban muy tranquilos. Incluso hablando de relaciones, eso era lo más raro. Sí... Todo esa situación era un poco rara.

- Será mejor que me vaya. De todas formas no tendré problemas con el examen.

- ¿Tu pierna ya está bien?

- Sí, no te preocupes. Llamaré a Bryce.

- Si se te ocurre decirle que estoy aquí lo pagarás muy caro, Withingale.

Caitlin volvió a reír, despidiéndose de él pero sin llegar a prometerle nada. Era increíble, pero se lo había pasado muy bien con Claude esa tarde. Era como si hubiera estado con su amigo de toda la vida, pero hubiera conocido otra faceta de él, como si fuera una persona totalmente distinta. Y le gustaba esa persona. Jamás le diría eso a nadie, por supuesto. Pero... no le disgustaría volver a pasar un buen rato así con el capitán de Prominence.

Era bueno saber dónde encontrarle.

Continuará