Capítulo 7.

A mediodía, mientras salía del instituto, Claude pensada distraídamente en sus cosas. En la biblioteca, sobre todo. Era curioso, pero sí que había empezado a pensar en ese lugar como algo suyo. Era de las pocas personas que iba, y casi pasaba más tiempo allí que en su habitación de la residencia Prominence. Se sentía a gusto, con tanto silencio, rodeado de estanterías llenas de libros. Algo increíble para una persona como él, tan temperamental.

Sin embargo, desde hacía algo más de un mes, en ese sitio que tanto le gustaba, había una instrusa. Una intrusa de largo pelo blanco, que no dejaba de hablar y hacer preguntas, y que no parecía tener intención de dejar de ir. Por alguna razón, parecía que le gustaba estar con él, a pesar de que nunca se habían llevado especialmente bien.

No iba a mentir diciendo que Caitlin Withingale era su mejor amiga, ni nada por el estilo. Se conocían prácticamente de toda la vida, habían crecido juntos, se habían peleado en incontables ocasiones -incluso llegando a las manos-, habían jugado juntos al fútbol, y habían tenido tantos buenos momentos como dedos tenía él en las manos. Al menos había sido así, hasta aquella tarde en la que la llevó a la biblioteca después de que la chica sufriera un tirón en la pierna. No había podido evitarlo. Una lesión antigua, y aun así seguía dándole molestias... Al menos no había vuelto a pasar durante aquel último mes, que él viera. Jamás admitiría que había estado pendiente, cada vez que la veía. Como en ese mismo momento. Bueno, no exactamente, no creía que en ese preciso momento fuera a tener ningún problema con la pierna. Ni aunque le torturasen, podría explicar por qué lo hizo. Pero no dejó de mirar.

Se apoyó en la esquina del muro -si a eso se le podía llamar muro, era más bien una decoración para indicar que ese era el instituto-, junto a unos arbustos, para que Caitlin y Xavier no le vieran.

Vio cómo el pelirrojo se acercaba más a ella, y aunque la chica de ojoz azules sonreía, Claude pudo notar que no se sentía cómoda. Aun así, Xavier estaba tan ensimismado que no lo veía. La cogió de la mano, acariciándola con suavidad.

- Pues sí que ha espabilado el chico... -Murmuró, alzando las cejas.

- ¿Qué se supone que estás haciendo, Torch?

- Calla, Gazelle, estoy intentando saber qué va a hacer Xa... ¡Gazelle! -El capitán de Prominence saltó, del susto que su compañero le había dado.

- Claude, ¿estás bien? -Preguntó Bryce, con una sonrisa divertida.

- ¿Yo? Sí, ¿por qué iba a estar mal?

- ¿Estás espiando a alguien? Si cuando yo digo que no tienes vida propia...

- Idiota, no estoy... -Empezó a decir, ya poniéndose de los nervios. El chico de pelo blanco siempre tenía el mismo efecto en él. Sin embargo, se detuvo antes de terminar de hablar. Pensándolo bien, no era mala idea-. Mira por donde, Gazelle, tal vez te interese lo que está pasando.

- Mira que eres pesado... -Dijo el chico, con un tono que denotaba cansancio. De todas formas, se acercó para ver mejor.

Por alguna extraña razón, Claude sonrió al ver cómo su amigo fruncía el ceño cuando Xavier se acercaba para abrazar a su hermana pequeña. Era evidente lo que iba a pasar, Bryce ya estaba apretando los puños. Al capitán de Gaia le iba a faltar calle para correr.

Pero no pasó nada. Al ver que el chico de pelo blanco se relajaba, Claude se sorprendió y volvió a mirar a la pareja. Caitlin se había separado de Xavier con una pequeña sonrisa, pero haciéndole ver que ese no era el momento ni el lugar. Lejos de tomárselo mal, él sonrió con ternura. De verdad que era increíble, lo mucho que la adoraba. A cualquier otro no, pero estaba claro que a Caitlin sería capaz de perdonarle cualquier cosa. Incluso el chico de ojos ambarinos comprendía eso.

- Buena chica -Susurró Bryce, sonriendo al ver cómo su hermana se despedía de Xavier y se marchaba-. Adiós, Torch. Procura no hacer muchas tonterías hoy.

- Vete al cuerno.

El capitán de Diamond volvió a reír, y finalmente se fue. Claude lo observó, frunciendo el ceño mientras se sentaba en el cesped. Ya no pudo dejar de pensar en lo que acababa de pasar. ¿Qué acababa de hacer? Ni siquiera encontraba una excusa razonable para explicar por qué lo había hecho. Parecía un crío estúpido. Dejó escapar un fuerte suspiro, revolviéndose el pelo, antes de levantarse para volver a la residencia.

Aquella misma tarde, Caitlin estaba sentada encima de una de las grandes mesas de la biblioteca, con las piernas recogidas. Había cogido unos cuantos libros de astronomía de una estantería, que había amontonado junto a ella, pero no conseguía concentrarse. No hacía más que distraerse. Xavier quería besarla. No hacía falta que lo dijera, estaba muy claro. Quería mucho más. En aquel último mes habían salido un par de veces más, y todo había ido muy bien, se lo pasaban genial juntos, ya fuera yendo al cine o simplemente a pasear. Se notaba que él estaba muy contento, le encantaba poder estar con ella a solas y actuar con naturalidad, ahora que ya le había dicho que le gustaba. Y la chica de ojos azules también estaba contenta, le gustaba verle feliz, pero... No lo entendía. Algo no terminaba de funcionar.

- No te gusta -Una voz la sobresaltó, casi asustándola, pero al girarse vio que era Claude.

- ¿Qué...?

- Hablo de Xavier -Dijo el chico con total tranquilidad, subiéndose a la mesa para sentarse junto a ella, mirándola a los ojos-. No te gusta.

Caitlin frunció el ceño, entrecerrando los ojos, para luego volver a girarse y no mirarle.

- Claro que me gusta.

- No, si te gustase no te apartarías cada vez que te abraza. Me apuesto lo que sea a que ni siquiera os habéis besado aun. Porque tú no quieres, claro, es obvio que él se muere de ganas.

Claude reía mientras decía todo eso. Parecía que le resultaba muy divertido, algo que hizo que ella se molestara muchísimo. Sentía que, con esa actitud, todo lo que ella pudiera decir sonaría como una simple justificación para él.

- Xavier me gusta. Me gusta mucho. Pero... no sé, es uno de mis mejores amigos, nos conocemos desde siempre, y... siento que todo va un poco rápido. Es raro.

- Vamos, que tienes miedo de avanzar y que todo cambie entre vosotros.

- Sí, supongo que sí. Ya sé que te parecerá una tontería, pero es mi primer beso.

- Entiendo.

Dudaba mucho que dijera eso porque de verdad comprendiera su situación. Y tampoco le pegaba mucho intentar hacer que se sintiera mejor, menos aun por algo así. Pero en el fondo sabía que estaba haciendo un esfuerzo. Aunque no sabía por qué.

- ¿Tú que piensas?

Claude resopló, y se apartó un poco el pelo de la cara con la mano mientras cerraba los ojos.

- Pienso que le estás preguntando a la persona equivocada. Pero si tuviera que darte un consejo... te diría que no le dieras tantas vueltas. Sí, es tu primer beso, pero después del primero vienen muchos más. No tienes por que tener miedo. Siempre te has llevado muy bien con Xavier, dudo mucho que lo vuestro vaya a cambiar para mal -Dijo esto con toda la tranquilidad del mundo, al tumbarse de espaldas en la mesa, y colocando los brazos tras su cabeza. Luego pensó en lo que acababa de decir, y tal vez pensó que no había sido un buen consejo-. Aunque si no quieres besar a Xavier, tampoco tienes por qué hacerlo. Podrías hablar con él antes de que se vuelva a lanzar.

Caitlin sonrió, jugando un poco con su largo pelo blanco. Había decidido soltárselo después de quitarse el uniforme blanco y azul, y se lo había recogido un poco por el lado izquierdo con unas horquillas de copos de nieve que Bryce le había regalado. Suspiró, e imitó al chico echándose hacia atrás para tumbarse a su lado.

Si cualquiera de sus conocidos pudiera verles en ese momento, no daría crédito. Esa persona no podría creerse que en un mes hubieran aprendido a hablar con calma, cuando se habían pasado casi toda la vida peleándose. En un solo mes habían cambiado muchas cosas. En ese lugar, lleno de libros y silencio, no eran Claude Beacons ni Caitlin Withingale. Ni Torch, ni Shine. Ni el capitán de Prominence, ni la hermana pequeña de Bryce Withingale. Sólo dos personas que querían estar tranquilas, y que en realidad necesitaban hablar sin miedo con alguien. En un solo mes, habían empezado a descubrir cosas del otro, que en más de diez años nunca habían sabido.

- ¿Cómo fue tu primer beso? ¿Fue con Brenda?

- Sí, fue con ella. Y respondiendo a tu pregunta, fue un desastre. No todo el mundo puede tener un primer beso de película. Sólo te diré que uno de los dos estaba resfriado.

Caitlin rió con ganas, y él no tardó en seguirla. Volvieron a quedarse en silencio, tumbados en la mesa mirando al techo, y cada uno pensando en sus cosas. A ella ya no se le iba de la cabeza todo aquel asunto.

- Yo no necesito un primer beso de película -Dijo en voz baja, sin pensárselo dos veces-. Sólo quiero hacerlo con alguien con quien me sienta a gusto, con quien pueda estar tranquila, no sé, alguien como...

Se quedó callada antes de terminar la frase, frunciendo el ceño al darse cuenta de lo que había estado a punto de decir.

- ¿Como quién? -Preguntó él, volviendo a sacarla de sus pensamientos.

Ella ladeó la cabeza, y se encontró con los ojos ambarinos de Claude. Ambos se miraron fijamente durante un largo instante. La chica enrojeció, y volvió a girarse. ¿De verdad había estado a punto de...? No, no podía ser. No había pensado bien lo que iba a decir, eso era todo.

- Olvídalo -Susurró, comenzando a ponerse nerviosa.

Sabía que él la estaba mirando. Se preguntaba qué estaría pensando. Ojalá no se hubiera dado cuenta de lo que casi había dicho. Era una locura, y una estupidez, no tenía ningún sentido. Lo mejor era que se levantara y se fuera a casa.

No le dio tiempo a decidirse. Antes de darse cuenta, Claude se había incorporado para colocar sus brazos a ambos lados de su cabeza, quedando prácticamente encima de ella. Obviamente, la chica de pelo blanco se sorprendió. Pero fue incapaz de moverse ni decir nada, al ver los ojos serios de su amigo. Estaban muy cerca. Notó que se sonrojaba, pero aún así, no se movió ni un centímetro, mientras que él se acercaba más.

Estaba todo tan silencioso que únicamente se escuchaban sus respiraciones.

- Tu corazón late muy rápido -Musitó Caitlin, después de posar una mano en su pecho, casi con miedo de hablar demasiado alto. Tampoco estaba muy segura de qué debía decir. Más bien, de si debía decir algo. Él no se movió.

- Sí. Pero seguro que no tanto como el tuyo.

Ni loca apostaría contra él en ese momento. El corazón le latía tan fuerte que incluso temía que Claude pudiera oírlo. Él estaba muy tranquilo. Demasiado, a decir verdad. ¿Sería una broma? Tal vez sí. Era una broma de muy mal gusto, ¿sería capaz de hacer algo así sólo para reírse de ella, aun con lo bien que habían estado ese último mes? Ya no lo sabía.

El pelirrojo se acercó un poco más, y acarició su labio inferior con el pulgar. No... No podía ser una broma. Estaba muy serio, y la miraba de una forma... que ni siquiera era capaz de describir. Pero sus ojos no mentían. No estaba bromeando. Iba a pasar de verdad.

Al descubrir eso, también supo que era exactamente eso lo que quería.

- Claude... -Suspiró, cerrando los ojos, dispuesta a dejarse llevar al sentirle cada vez más cerca.

El chico sonrió al escuchar su nombre, inclinándose hasta el punto en que sus labios ya se estaban rozando. Sin embargo, y a pesar de lo mucho que le había gustado escuchar a Caitlin llamarle, con esa voz tan dulce que tenía, en ese momento algo cambió.

Fue como si despertara de un trance. Se apartó de ella, y se bajó de la mesa todo lo rápido que pudo, de repente mirándola como si estuviera aterrorizado. Estaba blanco como el papel.

- No, no, no... ¡Esto no puede pasar!

- ¿Esto...? -Preguntó ella, incorporándose y empezando a sentirse muy confusa.

- ¡Esto! Tú, yo... Nosotros, es una locura. Ca... Shine, ¿qué diablos estás intentando?

Parecía estar muy nervioso, y desesperándose por momentos. Ella también estaba nerviosa, pero después de escucharle empezó a sentirse más indignada que cualquier cosa.

- ¿Yo? ¡Querrás decir tú, has sido tú quien ha empezado!

- ¿Pero qué dices? ¡Tú nunca antes habías venido a la biblioteca, y ahora te tengo aquí todos los días! ¡Y siempre vienes a hablar conmigo, no haces otra cosa!

- ¡Tú eres el que está irreconocible desde que me ayudaste aquella vez! Para empezar, ¿por qué lo hiciste?

- ¡Te ayudé y ya está! ¡No seas pesada!

Al gritar él, La chica de ojos azules puso un gesto de exasperación, mientras se bajaba de la mesa. Habían tenido discusiones mucho peores, pero los dos estaban tan alterados por lo que había estado a punto de pasar que ya no estaban pensando con claridad. Cualquier cosa, por insignificante que fuera, les afectaría.

- ¡Eres insoportable! No se como he podido pensar que podía darte a ti mi primer beso. Creía que habías madurado un poco, pero ya veo que no.

- ¿Así que soy inmaduro e insoportable? -Exclamó de nuevo Claude, apretando los dientes-. Al menos yo tengo carácter, y no soy el perrito faldero de mi hermano. A ver si aprendes a pensar por ti misma de una vez.

Caitlin abrió la boca para responder, pero no salió nada. Se limitó a bajar la cabeza, mordiéndose el labio inferior con fuerza, de pura rabia por lo que le acababa de decir.

- Me alegro de saber lo que piensas realmente de mí. Tranquilo, no volveré a molestarte -Dijo, con voz entrecortada, mientras se daba la vuelta para coger sus cosas.

Por el tono que había utilizado, el pelirrojo pudo darse cuenta de que estaba empezando a llorar. Vio cómo se dirigía a la salida, y de repente sintió cómo se le encogía el corazón por un momento. No pudo evitar moverse. Cerró la puerta con fuerza, justo cuando Caitlin la estaba abriendo, y la aprisionó colocando sus brazos a ambos lados de su cuerpo, casi como había hecho tan solo unos minutos atrás. Ella no se dio la vuelta para mirarle.

- Deja que me vaya -Susurró, aguantando el tipo. No quería derrumbarse delante de la persona que acababa de hacerle daño.

Así era siempre todo entre ellos. Sólo había sido un mes, ¿cómo había podido pensar que las cosas iban a cambiar? Qué tonta había sido.

- No -Respondió él, intentando hablar también en voz baja para parecer más tranquilo-. Perdona. Sabes que cuando me pongo nervioso digo cosas que... bueno, cosas que en realidad no pienso.

- Oh, claro que lo piensas. Todos lo pensais. ¿Pero sabes qué? No tendré personalidad para desobedecer a mi hermano, pero si que la tengo para dejar de hablarte. Apártate, me voy a casa.

- No quiero que te vayas.

- Pues no entiendo por qué, si tanto te molesto. Ahora podrás volver a tener tu querida biblioteca para ti solo. Apártate de una vez.

- No te irás hasta que me perdones.

El chico hablaba en voz baja, intentando mantenerse tranquilo. Lo último que quería era que la discusión fuera a más, y llegar a decir cosas aun peores por el calor del momento. Solía decir cosas que en realidad no pensaba para hacer daño a la otra persona, aunque no qusiera. Al menos estaba consiguiendo que su amiga también bajase el tono poco a poco.

- ¿Por qué tendría que hacerlo?

- Porque no puedo besarte si no me perdonas antes.

Después de escuchar eso, Caitlin sintió cómo su corazón se saltaba un latido. Literalmente. Pudo sentir perfectamente cómo se le paraba el corazón durante un breve instante. Eso era lo que Claude estaba empezando a provocarle.

- ¿Y por qué querrías tú besarme a mí? -Se decidió a preguntar, a pesar de que sabía que iba a temblarle la voz.

- Yo... no lo sé.

La chica de pelo blanco frunció los labios, y por fin, muy despacio, decidió girarse un poco hacia él para poder mirarle a los ojos. Le sorprendió comprobar lo confuso que parecía estar. Por su parte, ella ya había dejado de llorar, pero seguía teniendo los ojos rojos.

- ¿No lo sabes...? -Preguntó de nuevo, con voz entrecortada.

Claude se mordió el labio inferior, siendo incapaz de mirarla a los ojos. Apartó una de las manos de la puerta, llevándola hacia la mejilla de Caitlin, sorprendiéndola aun más al adelantarse y apoyar la frente contra la suya.

- Lo siento mucho, Caitlin.

Ella no pudo evitar soltar una pequeña risa, sin terminar de creerse lo que estaba pasado. Nunca le había pedido perdón por nada. Ni en sus peores discusiones. Tal vez estaba soñando. Tal vez nada de eso estaba pasando de verdad. De ser así, su subconsciente hacía unas cosas muy raras.

Dejó que Claude se acercara. Ella también movió un poco su cabeza, para que tuviera mejor acceso. Un simple roce. Después otro. Y otro más, hasta que el chico se decidió abrir un poco sus labios, al fin llevándose el primer beso de su vida, que muy probablemente no le correspondía a él. Aun así, se lo entregó. A pesar de que tal vez se acabaría arrepintiendo. Se abrazó a él, agarrando su ropa con fuerza, e intentando alargar aquel momento todo lo que pudo, llegando incluso a sentir una presión en el pecho cuando empezaron a separarse. No fue capaz de mirarle a los ojos, simplemente le soltó, y él hizo lo mismo.

- ¿Me has perdonado? -Susurró Claude, en un tono de voz tan bajo y suave que Caitlin sintió un escalofrío recorriéndole la columna.

Abrió la boca, con la intención de responderle, pero no supo qué decir. Ni siquiera tenía muy claro que hubiera terminado de comprender lo que acababa de pasar. Dejó escapar un pesado suspiro, intentando que la ansiedad no se apoderase de ella. Movió el brazo hacia atrás, y abrió a tientas la puerta de la biblioteca, por fin saliendo de allí. El pelirrojo se sorprendió, pero no la siguió.

Continuará