Disclaimer:Los personajes que reconozcan de esta historia le pertenecen a Stephanie Meyer creadora de Twilight. La trama sin embargo nos costó –y mucho– a nosotras por lo que les pedimos que no la tomen como propia –no creemos que lo hagan, en realidad a nunca nadie se le ha ocurrido pero están de moda los plagios, ahaha–
xoxo
aLLe CuLLeN wAy y PaU MoShA
*'º'º TODO MENOS TU º'º'*
Bella esta fastidiada de la vida, nada le importa, todos le caen mal y
cree que la boda de su prima Tanya es lo peor que le ha pasado.
No sabe que dicho evento contará con la presencia de
la persona que menos espera:
Edward Cullen, su ex-novio.
CAPITULO 2
Segunda Oportunidad
Edward POV
El día de mi boda con Tanya estaba a la vuelta de la esquina y por alguna extraña razón no me sentía completamente feliz. Había analizado todos los puntos de ese importante suceso sin encontrar motivo alguno para pensar así.
Podría decirse que soy un hombre exitoso, me iba de maravilla en mi trabajo. A mi corta edad había conseguido contratos con compañías trasnacionales millonarias, conocía a medio mundo y lo más importante es que me dedicaba a lo que más amaba: la publicidad. Todo esto se debía a todo mi trabajo y a sacrificios que había hecho en los últimos años pero creo que nunca dejaba de pensar en lo que sería de mí si siguiera en New York, sobre todo porque algo de mí se había quedado allá.
En ese punto estaba seguro de tres cosas: uno, Tanya era la mujer que quería, por algo le había propuesto matrimonio ¿no?; dos, estaba haciendo lo correcto, mis padres querían verme formar una familia y tres, de alguna forma se suponía que eso me haría feliz.
No podía pedir nada más, pero esto no parecía ser suficiente. Sabía que quizás era la presión previa a la boda, o probablemente saber que debía pasar el resto de mis días junto a una persona era algo que me aterraba y no me había dado cuenta.
Pero debía aceptarlo, apegarme a mis decisiones.
La emoción de mi prometida era un tanto...abrumadora aquella mañana de ese domingo.
Sabía que Tanya había estado esperando por días la visita de su prima, así que la acompañé al aeropuerto a recogerla, ya que de lo contrario sabía que podría enfrentarme a una serie de berrinches de su parte. Si en un principio de nuestra relación me parecía un tanto adorable, ahora trataba de evitarlos a toda costa.
Mientras ella esperaba a su prima, yo iría a cambiar los tickets de avión, ya que mi "niña" – porque así se comportaba Tanya – en el último momento había cambiado de idea en cuanto al destino de nuestra luna de miel. Pasó de querer ir de Tokyo a Francia para la Semana de la Moda y de allí a Costa Rica para tomar el sol.
Tanya me alcanzaría en la fila de los tickets después de haber encontrado a Bella, su tan esperada prima. De repente escuché mi nombre y me di cuenta que mi novia se dirigía hacia donde me encontraba yo, iba tomada de la mano de una chica muy extraña. Supuse que era Bella.
– Bella, te presento a mí prometido Edward Cullen – habló Tanya delante de la muchacha salida de una película de terror.
– Mucho gusto Bella. Tanya me ha hablado mucho de ti – le sonreí.
El hecho de que luciera mal no me impedía ser cortés, pero ella parecía pensar lo contrario.
Debí de parecerle extraño o algo por el estilo, porque lo único que hizo fue rascarse la cabeza, y para no parecer un tonto con la mano estirada, en automático guardé mi mano en uno de los bolsillos de mis jeans. La verdad me pareció un gesto grosero de su parte pero decidí no darle importancia, aunque me parecieron interesantes las tonalidades que adquirieron sus mejillas en señal de pena.
De repente sólo alcancé a ver el polvo de su huida, lo único que alcanzó a decir fue:
– Tengo que ir al baño –
Tanya y yo nos quedamos asombrados de la rapidez con la que había logrado escapar.
– Disculpen, ¿ustedes son los dueños del Volvo plateado?– dijo un guardia de seguridad
Al parecer, el auto había sido remolcado y llevado al corralón. Así que sin dudarlo, Tanya me dijo que ella se encargaría de eso, me pidió que yo me encargará de Bella, que la esperará y que la llevará a casa de su madre para el almuerzo de ensayo.
Me pareció una eternidad. Estuve afuera del baño con todas las maletas de la prima, durante casi 10 minutos, cuando por fin se dignó a salir. Llevaba aún unas gafas enormes para mi gusto, parecían cubrirle todo el rostro, el cual era parecía muy pequeño. Era pálida igual que mi prometida, supuse que la pi el de porcelana era heredada. Su cabello alborotado la hacía lucir "simpática", aunque físicamente no se parecía en nada a Tanya, ella más bien era de complexión menuda.
– ¿Está todo bien?– le pregunté cortésmente.
No respondió mi pregunta, sólo se limitó a ladear un poco la cabeza. Pensé que quizás se sentía un poco incómoda al no encontrar a Tanya ahí. Le expliqué que ella había tenido problemas con el auto así que yo la llevaría al almuerzo. De la misma forma, no escuché palabra de su boca, así que tomé sus maletas y nos dirigimos hacia el puesto de taxis.
La chica subió de manera instantánea a la parte trasera del taxi, así que hice lo mismo, pareció asombrada por tal acción.
El silencio en el auto me pareció bastante incomodo, realmente solo había escuchado unos cuantos murmullos de su parte, y ni siquiera hacia mí. Estaba hablando con el taxista. Traté de establecer una plática amable con ella pero no parecía interesada por lo que yo le contaba.
¿Realmente puede existir una persona tan nefasta? me pregunté cuando se hizo la dormida para no conversar conmigo. Si no es porque me considero un caballero en ese mismo instante hubiera sido capaz de decirle algo, pero no lo hice.
En fin, llegamos a casa de Carmen. Mi familia estaba ahí, así que me sentía un tanto seguro. Aunque pensar que tendría que poner mi sonrisa falsa ante la familia de Tanya durante todo el día me provocaba un ligero dolor de cabeza.
Me dirigí hacia donde se encontraba mi familia, lo primero que hice fue contarle a Alice acerca de lo que había ocurrido ese día con la famosa prima. Ella con una sonrisa tonta en la boca, sólo se burló de mí, tenía razón: ya todo había pasado y sólo vería a la tal Bella unos días más. A lo lejos pude darme cuenta que Carmen se llevaba a la susodicha, probablemente adentro para que pudiera descansar un rato. O no sé.
Ya había pasado algo de rato, Tanya no había llegado así que tomé mi celular y decidí marcarle para saber cómo iba todo, entré a la casa porque en otro lugar mi móvil carecía de señal.
De repente volví a ver a la prima. Puse los ojos en blanco y traté de alejarme lo más que pude pero como parecía esconderse me entró algo de curiosidad. Me acerqué pero para mi sorpresa, conforme lo hacía, me di cuenta de que aquella no era Bella. Aunque se encontraba de espaldas a mí pude reconocer a aquella chica que llevaba un hermoso vestido color azul.
¿Será posible? me pregunté al reconocer incluso su torpe andar. Su cabello castaño y su piel blanca hicieron que la emoción recorriera mi cuerpo.
¿Cabía la posibilidad de que fuera Ella?
Bella POV
– ¿Izzie?, ¿eres tú?–
Me helé al escuchar ese nombre, sobre todo porque venía de Edward. No había escapatoria, él estaba justo detrás de mí. Me maldije porque había olvidado las gafas y ahora estaba completamente expuesta.
Caminé unos pasos, como si no lo hubiera escuchado, pero él me tomo del brazo haciéndome frente. Al momento en que nuestras miradas se encontraron sentí una chispa, casi como la primera vez que lo vi en la cocina de mi trabajo. Él parecía realmente confundido, era obvio que recordaba quién era yo.
¡Dile algo! me grité a mi misma.
En ese instante, no sabía qué decirle. ¡Hola!, ¿cómo has estado? no me pareció lo mejor, sobre todo si tomábamos en cuenta que él había prometido volver a New York porque estaba enamorado de mí. Me mordí el labio nerviosa, deseando que no recordara ese pequeño detalle, pero ya todo estaba arruinado: comenzó con las preguntas incómodas.
– ¿Izzie, eres tú?, ¿qué haces aquí?– me dijo con una amplia sonrisa en la boca, pero sorprendido aún.
Bastardo, no he venido a arruinar tu boda si eso es lo que piensas.
– No, yo no soy Izzie, yo soy B-e-l-l-a, la Dama de Honor– le dije viéndolo a los ojos tipo control mental. Debía funcionar, en la tele lo hacían todo el tiempo.
Me solté de su agarre y traté de escabullirme pero nuevamente me alcanzó, esta vez me tomó de la cintura. No supe qué hacer: o me iba de allí sin explicaciones o le explicaba, lo besaba y luego me iba con la culpa y el remordimiento.
– Tú eres mi Izzie de New York, ¿crees que no me acordaría de ti?–
Me quedé pasmada.
¡Me reconocía!
Me llamaba su Izzie.
Mi autoestima subió a niveles desconocidos – al igual que mí apagado libido por supuesto–. Mi cuerpo reaccionó al escuchar esas palabras, sobre todo cuando me pegó más a su cuerpo. Estaba a punto de perder el sentido común, la decencia y todo, pero en eso la voz nasal de Tanya se hacía presente.
¡Bam!, de nuevo me trajo a la realidad.
Yo no podía traicionar a mi prima. Era familia y aunque yo era una desgraciada en muchos aspectos, en esa área no era capaz. Así que me separé de él de inmediato, no sin antes tratar de que eso se quedara entre nosotros.
– No es necesario que Tanya se entere de esto. Si tu cierras el pico, yo también y todo queda en el pasado. Yo para ti ahora soy Bella –
Edward no hizo ningún intento por acercarse ya que Tanya entraba por el corredor. Estaba toda alterada por la multa que había tenido que pagar– lo supe porque la vena de su frente palpitaba demasiado–. Pero, seamos honestos, yo a pesar de ser tan distraída, nunca pero nunca hubiera dejado un coche en doble fila. ¡Eso se sabe!
Pensé que era una lástima que Edward se fuera a casar con alguien aún más tonta que yo.
Aprovechando que Tanya había llegado, salí al patio en donde todos reían porque mi tío Eleazar había dicho el chiste más sin chiste del mundo. No quería entretenimiento de pacotilla así que fui directo al buffet de comida, lo mejor del día si me preguntan.
Estaba feliz y aliviada, llenando mi plato de comida. la comida era mi confort culposo y estaba dispuesta a disfrutarlo pero una voz chilló detrás de mí. Era como un grito entre Chewaca y una rata. Sólo había un ser humano capaz de hacer un ruido así en el mundo: Alice Cullen.
– ¡Izziiiieeee!– para mi mala suerte, arrastró cada silaba del apodo.
El sonido fue tan fuerte y perturbador que hasta se me cayó la comida, el mesero me vio con cara de ¡qué estúpida! pero yo miré a Alice con un poco de nostalgia, bueno, con mucha nostalgia. Hacía mucho que no la veía y me hacía bien tener algo o alguien que me recordara los tiempos felices.
– ¡Shhhhhh!–
La aparté lejos de la multitud llevándola con una mano y con la otra cargué mi plato de comida. Alice estaba tan emocionada que creí que había entrado en shock o que estaba a punto de vomitar. Cuando llegamos a una banca lejos en el patio, por fin pareció salir de aquel espasmo.
– ¡Dios mío!, ¿qué haces aquí?–
Me metí una cucharada de puré de papa a la boca, yo no hablaría con nadie si tenía hambre.
– Resulta que soy la prima incómoda de Tanya,¿ cómo ves?– reí conmigo misma.
El duendecillo – porque así le decía y estoy segura de que eso era– hizo un puchero de tristeza. No le cayó bien la noticia del repentino parentesco.
– Si no te gusta que vayamos a ser familia nada más dímelo, yo lo entenderé–dije con mucha confianza, como si nunca hubiera pasado el tiempo y siguiéramos siendo amigas.
– El parentesco no me molesta sino que siempre quise que fuera más directo, algo así como que tú y yo fuéramos cuñadas. Aunque no entiendo Edward, mira que quererse casar con Tanya– hizo cara de asco, como si fuera a vomitar ahora si – Ups, perdón. Yo sé que es tu prima, pero es que a veces es muy pesada. Me abruma– dijo tan rápido que apenas pude comprender lo que me decía.
Me sentí mejor porque al menos alguien pensaba lo mismo que yo acerca de Tanya pero fuera de eso era hora de ponerme al día con Alice. Me contó con señas y gestos los últimos años de su vida: que tenía novio, que estaba estudiando diseño de modas. Aunque también para mi desgracia también me describió cómo se habían conocido su hermano y mi prima.
Según Alice, hacía ocho meses que eso había ocurrido. Si, ¡ocho meses solamente! Edward estaba encargado de la campaña publicitaria de la cual Tanya era la modelo oficial, el amor entre ellos había surgido entre toma y toma.
Callé a Alice antes de que continuara, creía que mis oídos sangrarían por eso.
– Alice, sólo te voy a pedir un favor: no digas nada de esto, ¿vale?, justo eso fue lo que le dije a Edward. Además, creo que tendrás que comenzar a llamarme Bella–
– ¿Edward ya sabe que estas aquí y no ha hecho nada por impedir esta boda? Sin duda, mi hermano es un idiota –
En ese momento, un chico rubio muy guapo nos interrumpió. Era su novio Jasper que la raptaba para llevársela a bailar.
Suspiré desalentada pero por lo menos, alguien era feliz.
Si dejan un review se ganaran un abrazo sensual por parte de Edward...bueno, la verdad es que no pero dejenlo si quieren.
