Disclaimer:Los personajes que reconozcan de esta historia le pertenecen a Stephanie Meyer creadora de Twilight. La trama sin embargo nos costó –y mucho– a nosotras por lo que les pedimos que no la tomen como propia –no creemos que lo hagan, en realidad a nunca nadie se le ha ocurrido pero están de moda los plagios, ahaha

N/A's: Este capítulo contiene un pequeño Limme para que las que son sensibles a estas cosas tomen sus precauciones, cierren los ojos y aprieten las piernas (XD).

xoxo
aLLe CuLLeN wAy y PaU MoShA


*'º'º TODO MENOS TU º'º'*

Bella esta fastidiada de la vida, nada le importa, todos le caen mal y
cree que la boda de su prima Tanya es lo peor que le ha pasado.
No sabe que dicho evento contará con la presencia de
la persona que menos espera:
Edward Cullen, su ex-novio.


CAPITULO 3

Recordando el Pasado

Bella POV

Jasper se llevo a Alice dejándome sola, lista para ser la presa fácil de los comentarios de mi tía Carmen que me veía desde lejos con cara de víbora. Cuando vio que estaba sola comiendo en la banca, me llevó a su mesa donde por supuesto, estaban Edward y Tanya.

La vieja urraca comenzó a cuestionarme acerca de mi vida: que si tenía un buen trabajo, que si tenía novio, que si no era lesbiana, en fin, un montón de cosas que a ella no le importaban. Pero no era lo mismo para Edward que observaba curioso todo lo que yo le respondía a mi tía. Me dio muchísima pena que escuchara todo.

El almuerzo se convirtió en comida, la fiesta estaba en su apogeo.

Esos ricos si que tienen pila…y dinero.

Para soportar aquella situación recurrí al bendito alcohol, la cura a todos los males, sobre todo los de amores. Le tomé un gusto muy particular al vodka con jugo de arándano y vaya que pegaba fuerte pero de una manera discreta. Me sentía genial. De repente, me animé por completo: tenía ganas subirme a las mesas a bailar Poker Face pero decidí no hacerlo, bailaba horrible. Comencé a platicar con mis tías de lo más animada. De repente era sociable y entonces se me ocurrió brindar por los felices novios.

Tomé mi vaso y con un tenedor golpee para llamar la atención de todos. Algunas personas voltearon, eso fue suficiente para que yo comenzara con la verborrea errática, casi imposible de entender para el oído humano.

– ¡Atención señores! También señoronas por supuesto– dije señalando a mis tías más gordas y viejas –quiero hacer un brindis por los hermosos, perfectos, adorables…sexies novios que tan sólo en unos días llegaran al altar ¡Tanya, ven acá!– entonces Tanya se acercó a mi toda emocionada, era tan torpe que no se daba cuenta que estábamos haciendo el ridículo – Prima de mi vida, debo decir que aunque a veces me caigas mal y seas medio creída, eres especial para mi y te "humildo" – inventé una nueva palabra –bueno me entiendes, ¿no? Felicidades mi querida "huggies" porque te has encontrado al mejor hombre de la tierra… si lo sabré yo –

En eso, llegó Alice casi tacleándome ya que estaba a punto de soltar toda la sopa en un error de ebria. Mientras me alejaba grité salud, todos levantaron sus copas y el baile comenzaba de nuevo como si nada hubiera pasado.

Edward sólo me observaba con una sonrisa desde su mesa.

La pequeña duende comenzó a regañarme de inmediato con una voz más aguda de lo normal en ella. Me habló sobre las consecuencias del alcohol y de qué hubiera pasado si todo se descubría en aquel momento.

– No me malinterpretes Izzie, perdón Bella pero si lo que quieres es reconquistar a Edward, tu despliegue de oratoria no va a funcionar para nada – dijo arrebatándome al vaso de vodka de la mano

No sabía de lo que me estaba hablando Alice pero no me desagradó la idea, aunque debía admitir que el simple hecho de pensar en Edward de forma romántica me hacía sentir culpable. Mi prima era superficial y tal vez en ocasiones muy hueca pero no podía hacerle eso.

– No Alice, te equivocas. Yo no podría hacerle eso a Tanya por mucho que aún me gusté tu hermano. Además, me parece que él ya eligió sino ¿por qué nunca me fue a buscar a New York? A mi me prometió mucho amor y que regresaría, pero nada, nunca pasó –

– Eso no lo sé pero si te puedo decir que en todos estos años nunca salió con nadie más que con Tanya–

– ¿En serio? – le contesté de forma irónica – ¡No sabes cuánto me alivia escuchar eso Alice!–

– Yo siempre pensé que todo estos años estuvo solo para esperarte Bella, pero creo que hace algún tiempo que se dio por vencido. También la culpa no solo es de mi hermano, tú pudiste buscarlo–

Con esa última frase, Alice me dejo callada.

Tenía razón, fui una imbécil por no buscarlo después, por haberlo dejado alejarse de mí si yo lo quería, pero eso ya estaba en el pasado. El hubiera ya no existía en esta historia entre Edward y yo.

Un poco triste por aquel momento de lucidez, regresé a la fiesta con Alice. Muy amable su novio Jasper, me sacó a bailar para entretenerme un poco. Era muy simpático, su plática era muy amena. En un rato me di cuenta de que Alice era muy afortunada de tenerlo.

Mientras tanto, pude ver al duende bailando con su hermano. Se veía que estaban discutiendo un poco, esperaba que no fuera por el asunto del brindis. El rostro de Edward estaba algo serio, pero maldita sea, se veía como un dios.

Pude ver que su gusto en moda difería un poco de antes aunque aun usara jeans. Había cambiado las camisetas ajustadas de cuello redondo por camisas igual de pegadas al cuerpo. Ese día llevaba un saco de lino color beige y debajo una camisa blanca que lo hacían verse de lo mejor. Por el calor se quitó el saco, se arremangó la camisa dejando ver su antebrazos.

Me quedé embobada mirándolo mientras él bailaba con Alice.

– ¿Aún te gusta verdad?– dijo Jasper mirándome a los ojos, tratando de hacer también el truco de la televisión.

Me puse como un jitomate cuando me pregunto aquello. Debí de haber sido muy obvia, así que por pena sólo negué con la cabeza.

Eso parece una mentira. Alice me contó todo sobre ustedes y creo, a pesar de que no te conozco tanto que eres mejor para Edward que Tanya y por la forma en que te mira puedo ver que él piensa lo mismo–

¿Edward me mira?, ¿a mi?

Casi después de escuchar aquellas palabras por parte de Jasper, sentí que alguien me daba un codazo por detrás. Estuve a punto de voltear y abofetear al atrevido pero vi que era Alice que se había acercado bailando con Edward.

Yo quiero bailar con mi novio así que ¿porque no hacemos cambio de parejas? –supe por su tono de voz que algo se traía aquella enana.


Edward POV

– ¿Izzie?, ¿eres tú?–

Le dije, necesitaba saber si era ella pero pareció como si no me hubiera escuchado porque en un movimiento comenzó a caminar alejándose de mí. Me apresuré a tomarla por del brazo. Fue algo rudo pero sentí que si no actuaba rápido, ella desaparecería. Quedó frente a mí y por muy ridículo que se escuché, mi mundo se colapsó,

Si, era ella…después de tantos años.

¿Por qué ahora? fue lo único que me pregunté en aquel momento.

– No, yo no soy Izzie, yo soy B-e-l-l-a, la Dama de Honor – me contestó hablándome como si fuera un tonto.

Trató de escapar pero algo me dijo que no la dejara ir. En ese momento no me importó nada: la acerqué a mi cuerpo y pude percibir su aroma, ese que me volvía loco. La verdad no reconocí mis acciones. Mis manos recorrían su espalda mientras yo sólo deseaba poder besarla y terminar con esta especie de tortura.

Tú eres mi Izzie de New York, ¿crees que no me acordaría de ti?–

¿Cómo podría olvidarla?

Pude haberme quedado así con ella. Extrañamente ese momento parecía perfecto porque podía sentirla tan cerca. Mis sentimientos por ella se sintieron demasiado profundos, como si aún le perteneciera después de todo.

De repente, mis pies se encontraron de nuevo en el suelo, la voz de Tanya retumbó en mis oídos. Izzie pareció percatarse también porque se alejó de mí.

No es necesario que Tanya se entere de esto. Si tu cierras el pico, yo también y todo queda en el pasado. Yo para ti ahora soy Bella –

Ella se había tornado muy fría, y sus palabras se quedaron grabadas en mi mente. Así que no hice ningún intento por acercarme, además de que Tanya se encontraba a un lado mío. No sabía qué hacer, mi corazón comenzó a dividirse poco a poco al igual que mi mente.

Izzie salió por la puerta convertida en otra persona y con un nombre distinto, ahora quedaba claro que debíamos dejar en el pasado lo nuestro. Tanya me tomó de la mano y mientras me llevaba a la mesa donde se encontraba su familia me contó la hazaña que fue el recoger el auto.

No pude comer siquiera, estúpidamente seguía pensando en el reencuentro, recordando el pasado y por supuesto, comenzando a sentir de nuevo todo el amor que en un momento sentí por ella. Me dio miedo siquiera pensar de nuevo en eso. Recordaba por qué me había enamorado de ella, tenía claro que no era una persona común y corriente, era…diferente.

Se creía muy torpe pero nunca pudo darse cuenta que no era así. Siempre logró enseñarme algo, además de que me encantaba su manera de ver las cosas. Nunca pudo quedarse callada cuando algo le molestaba, así que muchas veces la hacía enojar de vez en cuando porque me mataba de risa ver su carita enojada. A ella le chocaba que yo lo hiciera, así que cuando se daba cuenta me pellizcaba y yo sólo me limitaba a lanzarle una sonrisa.

No era posible. En ese momento me di cuenta de que no la había podido superar y ahora que la había encontrado, no podía dejarla ir. O al menos eso lo que me decía una voz dentro de mí, pero por otro lado, estaba Tanya y mi compromiso con ella por lo que cancelar la boda estaba fuera de cuestión. Lo mejor era dejar las cosas por la paz e intentar rehacer mi vida al lado de otra persona como se supone lo tenía planeado aunque estaba muy seguro que no era a Tanya a la que amaba. Mucho menos ahora que había recordado lo que sentí alguna vez por Izzie, o Bella, ya no sé.

No podía negar que quería a mi prometida, además de que bueno, era hermosa y que cualquier hombre se consideraría afortunado de compartir las noches con ella. Pero sólo era eso, la quería y deseaba, no más. Quizás era un amor más carnal o incluso fraternal, pero no uno en el cuál sintiera que ella era mi aire, cómo lo sentí alguna vez.

En medio de mi lucha interna por aclarar mis pensamientos, por convencerme de que estaba haciendo lo correcto al casarme con Tanya, me di cuenta que Bella y mi hermana se encontraba charlando, se habían reencontrado después de tantos años. Por la cara de Alice y las miradas de escopeta que de vez en cuando me lanzaba, estaban hablando de mí.

Había decidido no darle importancia al asunto así que me mantuve al tanto de lo que Carmen y la familia comentaban. Si debo ser honesto, tener que soportar las bromas de mi futuro suegro Eleazar fue de lo más difícil que tuve que hacer. De cierta forma mi sonrisa fingida ya se había fijado en mi como calcomanía. Así que sólo me limitaba a soltar una que otra risita de vez en cuando para parecer lo más entretenido posible.

Mi mirada de nuevo se posó en aquel lugar donde se encontraba ahora una solitaria Bella, Alice había salido a bailar con Jasper. No sólo yo me di cuenta, porque Carmen fue hasta su lugar y la trajo a la mesa con nosotros.

Yo lo único que deseaba era hablar con ella, estar al tanto de lo que había pasado con su vida en estos últimos años. Por suerte mi futura suegra hizo mi trabajo de investigación, preguntándole todo lo que hubiera querido saber. Encontré sumamente interesante la conversación pero ella sólo se limitaba a ser indiferente. Parecía que por cada pregunta que Carmen le hacía, en lugar de darle una respuesta, Bella tomaba un trago y omitía detalles acerca de su vida.

Fue después de muchos tragos que Bella se encontraba más animada: hablaba con todos, excepto conmigo, pero se desenvolvía completamente. Podría jurar que parecía querer bailar, así que después de no hacerlo propuso un brindis hacia nosotros. Tuve que hacer esfuerzos para no partirme de la risa ya que la dicción de sus palabras y el orden de sus ideas no era la mejor. Comenzó a hablar acerca de su prima, de lo mucho que la quería y de lo feliz que se encontraba por saber que Tanya habría de casarse con el que consideraba "el mejor hombre de la tierra".

Mi mirada, la cual en un principio sólo se encontraba en el piso del lugar, en seguida se posó sobre ella.

La verdad no entendí el comentario, ¿qué se supone que tenía que hacer?, ¿tomarla de la mano y salir corriendo con ella? Consideré absurdo incluso tan sólo pensar en ello.

Sin que pudiera terminar su discurso, pude ver como Alice se llevó a Bella del brazo para evitar que siguiera hablando. No tenía la menor idea de lo que estaban platicaban pero parecía que Alice la estaba regañando porque Bella parecía una niña siendo reprendida por su madre.

Tanya no pareció percatarse de la connotación del discurso de su prima por lo que me insistió en que bailáramos. De vez en cuando sentía las caricias de Tanya mientras estábamos en la pista pero lejos de sentirme como antes – deseoso y alagado– ahora todo me resultaba un poco incómodo. La mejor manera de poder lidiar con eso era intentar devolvérselas, esperando que ella no se percatara de la frialdad con la que lo hacía. Eso hubiera sido tema de discusiones interminables sin sentido entre nosotros.

Después de un rato, Alice regresó a la mesa para sacarme a bailar. Tanya no tuvo de otra que soportar dicho acto aunque yo me había negado por un rato alegando que me encontraba cansado.

Ya en la pista, Alice no dejó de sermonearme en cuanto a mi relación con Bella.

– En verdad eres un bruto Edward, ¿qué demonios sigues haciendo aquí en esta fiesta comprometido con Tanya?–

Mi hermana no tenía ni idea de lo que hablaba. Ella siempre había sido partidaria de las historias de amor más dulces que la miel.

– Prefiero no pensar en eso, ni hacerme un lio con algo que puede ser insignificante – traté de mantenerme sereno.

Si daba señal de que el asunto me afectaba, Alice era capaz de para la boda ella misma.

– Pero, ¿no sientes nada por ella ni siquiera un poquito?. Al menos debes de sentir curiosidad–

No sabía si contestarle con la verdad.

– Por supuesto que quiero hablar con ella, ya sabes, contarnos todo como viejos amigos pero no me atrevo, se me hace difícil. No sé qué puedo decirle, además de que no creo que ella quiera escucharme –

Mi hermana puso los ojos en blanco y susurró en voz baja:

– Siempre tengo que hacer todo yo–

Entonces sutilmente se fue acercando hacia donde estaban Jasper y Bella. Pronto, nos encontrábamos detrás de ellos. Sin duda el complot de mi hermana había servido para estar cerca.

Yo quiero bailar con mi novio así que ¿por qué no hacemos cambio de parejas?

Así que Jasper me entregó a Bella para que yo bailara con ella. De nuevo pude sentirla entre mis brazos, el roce de su piel con la mía me hizo recordar todo los maravillosos momentos que había vivido con ella.


Bella POV

Maldita enana pensé, pero en el fondo estaba sumamente agradecida con ella.

Estaba frente a Edward, en sus brazos tratando de bailar con mis dos torpes pies izquierdos. Me tomó por la cintura y sentí casi que su toque me quemaba. Traté de contar hasta diez, hasta cien pero llegué hasta el mil. No quería concentrarme en la situación porque si no hubiera perdido la razón.

Edward no dejaba de mirarme a los ojos, parecía que trataba de decirme algo. Sólo pude mirar a otro lado para distraerme de aquellas trampas verdes que eran sus ojos. Me concentré en Tanya que platicaba animadamente con sus amigas modelos, esa era mi forma para no caer yo misma en insinuaciones hacía su prometido. Alice y Jasper no nos perdían de vista e incluso pude ver a escondidas como la duende le hacía señas a su hermano disimuladamente. Seguía teniendo la sospecha de que algo estaba tramando.

De pronto, Edward abrió la boca, rompiendo aquel silencio incómodo del momento. Ni siquiera lo miré, el suelo fue la mejor opción.

– ¿Cómo has estado?–

Era el colmo. Edward quería saber de mí después de cinco años. Obviamente, me enfado aquella pregunta.

– Genial. Ahora que lo preguntas estos han sido los mejores años de mi vida– dije sarcásticamente pisándole un pie en la pista de baile.

No pude evitar actuar de esa manera.

– ¿Sabes?, no es necesario que te comportes como una niña, con Tanya tengo más que suficiente–

Paré de bailar, su comentario me lastimó de cierta forma. Además, yo no tenía la culpa de que se hubiera atado la soga al cuello con la torpe de Tanya. A él no lo importó mi enojo así que me aprisionó de una forma más sutil de manera que no pudiera irme.

– Lo siento. Por favor, sigamos bailando– dijo arrepentido.

Vaya, al menos ahora se disculpa.

Sonreí ante aquel hecho porque los años habían pasado y a Edward aún le gustaba hacerme enojar.

La canción terminó pero él continuo llevándome, yo deseaba estar así por mucho tiempo. Era como caminar en las nubes. Vigilaba a Tanya pero ella no pareció molestarse mientras yo bailaba con su perfecto prometido. Menos mal que no era celosa.

Todo estaba bien, bailábamos si pero de forma pacífica e indefensa hasta que Edward abrió de nuevo su bocona.

– Entonces fueron los mejores años de tu vida– dijo arqueando una ceja.

– Basta, sin rodeos Edward, ¿qué es lo que quieres?, ¿qué te diga si te extrañe durante estos cinco años?, ¿que casi me muero cuando te fuiste? Sabes que no lo haré, así que no me verás contribuyendo a tu ego. Te lo dije hace un rato: TODO queda en el pasado, tú te casas con mi prima y se acabó, así que te pido que dejes todo atrás–

Me solté de su agarre más furiosa que nunca. En un acto de pura vanidad Edward quería que aceptara que estaba sufriendo por su culpa, pero por supuesto que yo no lo iba admitir, y menos ahora en estas circunstancias. Se quedó parado en la pista de baile mientras yo me alejaba directo al bar, necesitaba urgentemente una dosis de buen vodka, amigo fiel.

Me senté en una mesa a beber mi recién adquirida bebida, pero Alice llegó para quitármelo. No preguntó nada acerca de Edward, le pidió una tasa de café al mesero para que se me aplacara el alcohol en las venas.

– Puedo cuidarme sola Alice .Soy torpe, pero no tanto–le di un sorbo al café cargadísimo.

–No lo creo pero dime, ¿cómo te sientes ahora que hablaste con mi hermano?–

Una carcajada salió de mi boca haciendo que las pocas personas que quedaban en la fiesta voltearan a verme.

– Peor. Ahora lo odio más que antes y dile que puede estar tranquilo ya que no llegaré a impedir su boda con Tanya por mucho que según él me muera por hacerlo. Puede hacer lo que quiera pero que ya no me atormente–

Alice solo se limitó a negar con la cabeza, era obvio que su plan para juntarnos estaba totalmente frito. Llamó a Jasper y los dos me acompañaron a mi cuarto ya que yo aún sufría los estragos del alcohol, hubiera sido mi muerte si subía yo sola las escaleras. Me despedí de ella y su novio, prometiéndole a la enana llamarla al día siguiente al hotel en donde se hospedaba.

En cuanto cerraron la puerta de mi habitación comencé a sentir que todo me daba vueltas, quería vomitar pero sostuve las ganas de manera heroica. Lancé los zapatos al aire e hice el vestido a un lado para quedar en ropa interior. Hacía un calor infernal en mi cuarto a pesar de tener aire acondicionado. Me tiré en la cama cerrando los ojos, tratando de comprender todo de una mejor manera. Tenía la leve sospecha que lo que me pasaba era sólo la reacción por haberme encontrado a Edward de nuevo y nada más. Sonreí gracias a que tal vez al día siguiente, ya no me sentiría tan opacada por la situación o al menos deseaba que así fuera.

En eso, alguien tocó a la puerta. Nos sabía si hacerme la dormida o abrir, no quería ver a nadie. Lo que menos quería es que me sacaran de aquel estado de resignación temprana, así que decidí no abrir.

– Prima, ¿estás despierta? Abre por favor, necesito decirte algo– era Tanya que tocaba a la puerta.

No le abrí, pero siguió insistiendo.

¡Dios, es tan molesta!

Y aunque no quisiera, terminé por abrirle.

– ¿Qué pasa?– le dije mareada por haberme levantado tan rápido de la cama.

– Ups, creo que llegué en mal momento pero nada más quería decirte que mañana a las nueve salimos a la tienda de vestidos. Tenemos que encontrarte el vestido perfecto–

La imagen de mi misma vistiendo un vestido de algún color ridículo me aterró demasiado. De nuevo quise vomitar.

– Esta bien, pero júrame Tanya Denali que me dejaras decidir el color. Si no, no voy a ningún lado– me crucé de brazos.

– Obviamente sí, es "pinky promise" – enlazó su meñique con el mío como cuando éramos pequeñas –tengo que irme– se acercó a mi viendo luego hacia los lados para ver si no había nadie – no le digas a nadie, pero Edward se va a quedar conmigo hoy ¡Queremos adelantar la luna de miel!, así que buenas noches Bells, nos vemos mañana temprano – dijo entre dientes y con una sonrisa de oreja a oreja.

Me quedé estupefacta por aquella confesión de Tanya. De pronto estaba hecha un desastre de emociones, me puse histérica. Estuve así durante horas. El solo hecho de imaginarme a Edward tocándola me ponía muy mal. Mi mente masoquista comenzó a recrear aquellas escenas que probablemente estaban reproduciéndose en el cuarto al final de pasillo.

Ni yo misma había tenido la oportunidad de estar con él de esa manera. Es decir no digo que no hubiera tenido encuentros cercanos con Edward pero nunca habíamos llegado tan lejos. Nunca llegamos a hacer el amor porque él me alegó siempre que me respetaba, pero eso no evitaba que cayéramos en la tentación de acariciarnos como locos en cuanto teníamos la oportunidad.

De hecho, recordé en aquel momento la primera vez que pasamos a segunda base:

Era tarde en el restaurante y para mi mala suerte Mike me había pedido de favor que cerrara ya que él tenía una cita con Jessica. Estaba a punto de decirle que no, pero recordé que gracias a él yo aún tenía trabajo, entonces tuve que aceptar muy a mi pesar.

Ese día tenía planeado ver con Edward una película en mi departamento después del trabajo, pero debido a este nuevo inconveniente tuve que llamarlo para cancelar. Él pareció sumamente comprensivo así que quedamos de vernos otro día, sin saber cuándo sería ya que él estaba ocupado casi todo el tiempo. Así que por eso yo contaba las horas para verlo y poder estar a su lado. El recuerdo de su aroma en mi mente me hizo más fácil el tiempo que estuve limpiando la cocina antes de irme. Odiaba a Mike en ese momento, yo debía de estar al lado de Edward acurrucada entre sus brazos en lugar de estar moviendo malditas cajas de verduras.

Pero de repente, una voz proveniente de afuera me asustó mientras cargaba una caja.

¿Necesitas ayuda?–

Me llevé la sorpresa de mi vida al ver que Edward estaba recargado en el marco de la puerta, lanzándome esa sonrisa torcida que tanto me gustaba. Se veía como que se acababa de duchar con su cabello húmedo, llevaba puestos unos jeans obscuros con sus ya conocidos tenis Nike que yo le había regalado de cumpleaños. Tenía puesta una sudadera azul y encima su chaqueta favorita color café. Se veía tan bien, claro comparándolo conmigo, ya que yo traía aun puesta mi filipina sucia de todo el día además juraba que mi cabello olía a ajo. Me sentí culpable por ser tan insignificante a su lado.

– ¿Qué haces aquí?, pensé que nos veríamos otro día–

Se acercó a mí, casi como en cámara lenta.

– Lo sé pero me di cuenta que no podía pasar un día más sin verte. Quiero estar contigo– dijo en voz baja en mi oído.

Sus palabras me enternecieron demasiado, ahora sabía que Edward sentía algo parecido a lo que a mi me pasaba.

¿Lo dices en serio?–-dije mordiéndome el labio.

Sólo asintió con la cabeza y me besó la frente mientras me quitaba la caja de tomates que tenía en las manos para dejarla a un costado. Me quedé mirándolo por unos segundos, no sabía que se traía pero luego, lo descubrí de la mejor manera.

Sin esperarlo, me tomó por el cuello, subiendo su mano hasta la raíz de mi cabello, aproximándome más a él. De forma desesperada, buscó mi boca, y ambas se encontraron en un beso apasionado, de esos que yo nunca había dado. Su lengua se abrió paso dentro de mi boca de una manera traviesa, despertando en mi algo muy extraño. Pude saborear su aliento dulce con cada respiración entrecortada que daba. Me estaba volviendo loca.

En cada movimiento de nuestros labios sentía una pequeña descarga de electricidad, las piernas me temblaban haciendo casi imposible mantenerme de pie pero pude lograrlo ya que Edward me sostenía de la cintura, pegándome cada vez más a él.

Después de un rato, parecía que Edward no se conformaba con mis labios ya que comenzó a extender sus suaves besos desde el lóbulo de mi oreja hasta lo largo de mi cuello. Con ese nuevo movimiento, sentí que ardía por dentro, tuve de pronto la necesidad de deshacerme de la sucia filipina, pero él ya lo había pensado. Deslizó lentamente su mano hacía los botones de esta pero sin distraerse al besarme. Estaba algo nerviosa ya que las cosas claramente iban a subir de tono, pero no me importó y decidí dejarme llevar. Yo también comencé a quitarle la chaqueta, lentamente la deslice por sus hombros, tirándola a un lado en el mismo lugar donde ahora ya estaba mi filipina.

Pero supe que no sólo la chaqueta le estorbaba, así que de la misma forma quise quitarle la sudadera pero obviamente no iba a ser tan fácil. Edward paró de besarme y lentamente subió los brazos al aire, como señal para que yo corriera la sudadera por su cuerpo. No sé si fue a propósito pero la playera que traía debajo se vino con todo y la sudadera.

Admiré por unos eternos instantes su perfecta anatomía, nunca hubiera imaginado que tuviera el pecho y sus brazos marcados de una manera tan sutil pero a la vez tan apetecible. Pude ver en su mirada que estaba sorprendido, seguramente no se esperaba esa maniobra de mi parte. Además de que pude ver en Edward algo de lujuria que jamás le había conocido, y debo decir que era sumamente excitante.

Posó su mirada sobre mí.

Ahora es tu turno– susurró mientras me tomaba de la cintura y me elevaba para sentarme en una de las mesas de la cocina.

Comenzó nuevamente a besarme el lóbulo de la oreja mientras lentamente comenzaba a desabrochar los botones de mi blusa. Lo hacía lentamente y me estaba torturando aquella acción de su parte, pero después de terminar solo quedo expuesto mi corpiño de rayitas multicolores que parecía un maldito desfile de orgullo gay. De haberme siquiera imaginado que algo así pasaría hubiera comprado uno más sexy, pero ya no podía. Me sonrojé de la vergüenza mientras Edward posaba su mirada sobre mi pecho, inevitablemente me cubrí por la pena.

– ¿Qué pasa?– me sonrió.

– Nada, es sólo que me gustaría omitir la parte del arcoíris sobre mis pechos–

– No tiene nada de malo, al contrario, a mi me parece adorable– dijo atrapando de nuevo mi boca con la suya.

Ese instante en el que paramos sirvió para que me diera cuenta de lo que estábamos haciendo. Básicamente estaba a punto de hacer el amor con Edward en la mesa de la cocina, la misma en donde a diario preparaba los sándwiches para su jefe. Entonces, entré en pánico empujándolo mientras comenzaba a acariciar mi espalda tratando de que mi blusa terminara de caer al suelo. Su rostro mostró confusión.

– Debemos parar, alguien puede vernos y además, este no es el mejor lugar para esto–

Apenas si pude respirar para decirle aquello.

Lo último que deseaba era parar pero sabía que no era correcto, entonces, comencé a abotonarme la blusa nuevamente mientras le daba la espalda a Edward. No terminé siquiera con el primero ya que él me sujeto por detrás, obligándome a recargarme en la mesa. Sentí que se pegó ligeramente a mi espalda lanzándome su aliento tibio por detrás de la oreja mientras sus manos comenzaban a acariciar mi vientre.

– Tienes razón así que si quieres que paremos–susurró mientras mordía el lóbulo de mi oreja derecha.

Con aquello estaba más que pérdida, ahora no querría salir nunca de aquel lugar. Edward besaba mi cuello y yo no resistí estar más sin sus labios así que ladeé mi rostro para besarlo mientras él seguía detrás de mí. Hacia a un lado mi cabello con sus manos de una forma desesperada mientras que yo con la mía atraía su rostro más a hacia mi.

Su mano izquierda seguía jugueteando en mi vientre, dándome la sensación como si mil mariposas revolotearan dentro de mí. Comenzó a dibujar la línea de en medio de mi torso sin parar de besarme.

Lentamente sentí como su mano se abrió paso por debajo de mi corpiño, sentí sus dedos deslizándose por la tierna piel de mis senos. Con esa acción, parecía que me faltaba más aun el aire y que mi cuerpo temblaba con cada ligero toque de su tibia mano sobre mi pecho.

Un escalofrío me llenó el cuerpo de la sensación más rara y placentera del mundo.

Deseaba a Edward con todo mí ser, no importaba que estuviéramos en la cocina de mi trabajo, ya no me importaba nada. Quería ser suya en ese momento, necesitaba serlo con toda mi alma. Supe que él deseaba lo mismo cuando sentí un pequeño bulto detrás de mi trasero, indicándome que ya estaba algo emocionado, muy emocionado.

¡Eso es un hombre!

Me acomodé para besarlo de frente mientras trataba de desabrocharle el pantalón con desesperación. Había que comprobar si lo que había sentido detrás de mí no era un sueño salido de película porno. Contemple extasiada la V que se formaba debajo de su abdomen, un camino que me indicaba un lugar especial. Cuando liberé un poco la presión de sus pantalones, me di el lujo de meter la mano por detrás mientras nos besábamos–siempre había notado que Edward tenía buen trasero así que desde allí lo apretaba hacía mí–

Ese era por mucho el momento más excitante de mi vida. Tener a Edward pegado a mí de esa manera era como el cielo, no quería ni imaginarme qué iba a pasar si llegábamos a terminar aquello.

Estaba a punto de pasar la línea, iba a meter una mano delante de los pantalones de Edward pero justo cuando iba para abajo…

– Izzie, buenas noch…¡ups!–

El desgraciado de Mike llegó a aquella escena, así como entró por la puerta se salió sumamente apenado, desde afuera lo escuchamos gritar lo siento. Si claro que lo sentía, justo cuando había acabado con el momento más enfermamente sensual de mi vida. Me puse colorada como los tomates de la caja y me cubrí el pecho aun jadeante. Comencé a reír nerviosa, Edward me siguió y me abrazó mientras lo hacíamos. Me besaba la frente cuando ambos apenas estábamos recuperando el aliento.

– Lo siento, creo que no debimos hacer esto aquí ¿verdad?– dijo mientras él mismo me abotonaba la blusa.

– ¿Te arrepientes de algo?–

Si me dices que sí, me suicido pensé.

Sin embargo Edward soltó una carcajada con el rostro hundido en la sudadera cuando se la ponía.

– ¿Bromeas?, esto fue sin duda memorable, no, fue más que eso, fue totalmente fuera de este mundo. Estaría loco si me arrepintiera– y se acercó a besarme, pero ahora de manera tierna.

Nos vestimos rápido para salir a donde estaba Mike sentado en unas cajas, parecía que estaba mas apenado que nosotros, no podía ni vernos a la cara.

– Mike, mira en verdad lo sent…– me interrumpió

No, no se preocupen muchachos, yo no vi nada. la verdad que sólo venía por unos papeles–

– ¿Seguro?, ¿no me vas a despedir?– le tenía que preguntar.

Para nada, váyanse tranquilos. Pasen buenas noches, más aún – comenzó a reírse nervioso.

Nos reímos de la actitud tan rara de Mike durante el camino hacía mi casa. Aquel recorrido tomados de la mano por las calles de New York, fue hermoso.

No dijimos nada porque nuestras miradas de complicidad hablaban por si solas. Nos detuvimos en un semáforo un momento y sin más, Edward dijo algo que no me esperaba.

– Te quiero Izzie– soltó sin siquiera verme, parecía apenado.

– Y yo a ti Edward– las lágrimas quisieron salir de mis ojos – pasemos, está en verde– dije para disimular.

Vi en ese momento que Edward significaba mucho más para mi de lo que hubiera imaginado. No era sólo su apariencia perfecta, ni que pareciera no ver todos mis defectos, sino que me hacía querer ser mejor persona.

Reflejándome en sus ojos verdes supe que desde aquel momento y para siempre, estaría enamorada de él.

Cinco años después y con aquel hermoso recuerdo en mente, confirmé que no podía engañarme.

Aún amaba a Edward Cullen con toda mi alma.


Agradecemos a Rob Pattinson por inpirarnos en este capítulo. Rob, ¡you Know we love you baby!

Dejen su comentario, por fa'.