Disclaimer:Los personajes que reconozcan de esta historia le pertenecen a Stephanie Meyer creadora de Twilight. La trama sin embargo nos costó –y mucho– a nosotras por lo que les pedimos que no la tomen como propia –no creemos que lo hagan, en realidad a nunca nadie se le ha ocurrido pero están de moda los plagios, ahaha

xoxo
aLLe CuLLeN wAy y PaU MoShA


*'º'º TODO MENOS TU º'º'*

Bella esta fastidiada de la vida, nada le importa, todos le caen mal y
cree que la boda de su prima Tanya es lo peor que le ha pasado.
No sabe que dicho evento contará con la presencia de
la persona que menos espera:
Edward Cullen, su ex-novio.


CAPITULO 4

¿Qué hiciste sin mí?

Bella POV

Me quería morir, literalmente, el alcohol había surtido un efecto horrendo en mi.

Mi boca sabía amarga, no solo por lo que había tomado sino también por el coraje que sentía dentro al imaginarme a Edward con Tanya.

Parecía un león enjaulado, de un lado para otro, casi haciendo una línea por donde ya había pasado miles de veces. Creo que mi mente fatalista confundía cualquier sonido externo con gemidos, me estaba volviendo loca. Luego, de repente un ardor recorrió mi garganta, haciendo que corriera al baño, lista para dejar todo "fluir".

Me sentí tan fracasada sentada al lado del baño, mientras seguramente Tanya dormía al lado de Edward después de haber disfrutado de una gran noche de pasión y lujuria. Me sentí un poco mejor después de hacer lo necesario con la tasa del baño pero aún sentía que la cabeza estaba a punto de estallar, me cepillé los dientes y quise salir a buscar algo para el dolor.

Pude ver en el celular que eran las dos de la mañana, obviamente no habría nadie en la cocina de la casa a esas horas, pero estaba dispuesta a buscar en las alacenas si era necesario. Seguramente la tía Carmen tendría valium o algo así.

Así que sólo me metí en un short pequeño y una blusa de tirantes que logré sacar del montón de ropa para salir

El largo pasillo de la casa de mis tíos estaba oscuro, solo se reflejaba la luz de la noche a través de una enorme ventana, miré a los lados para ver si no había nadie.

Cerré la puerta cuidadosamente, casi después, escuché que otra puerta era cerrada. Volteé hacia a la izquierda y pude ver a Edward saliendo del cuarto de Tanya con su saco y sus zapatos en las manos. Mis ojos se abrieron como platos, la verdad no era necesario verlo en esa situación, pero claro, venía el karma a restregarme en la cara que se había revolcado con mi prima bajo el mismo techo. Quise regresar en la oscuridad hacía mi cuarto pero justo antes de llegar a la puerta Edward me vio.

Maldita sea me dije. Si tan solo hubiera tocado el picaporte unos segundos antes, no hubiera pasado por aquella situación sumamente incómoda. No volteé a verlo mientras caminaba a mí, sigiloso como un gato, uno muy hermoso. Fue al escuchar mi nombre que me derrumbe.

– Bella– susurró Edward en la obscuridad.

El solo hecho de escuchar su voz hizo que me sintiera la más vulnerable del mundo, que mis piernas no me podían sostener y en ese momento una lágrima rodó por mis ojos. Me recargué completamente en la puerta deslizándome hasta el piso para quedarme sentada, debía retomar la razón porque no quería mostrarme tan débil y expuesta hacia Edward.

Él dejó sus cosas en el piso y se puso de cuchillas frente a mí, acercándose muy peligrosamente a mi rostro, obligándome casi a aferrarme a la puerta para no ceder a la cercanía de sus labios.

– ¿Qué pasa?, ¿por qué estás llorando?–

¿Qué pasaba?

¿Estaba triste?

Seguramente estaba molesta porque mi tío Eleazar roncaba como siempre, ¿no? ¡Por supuesto que no! Y lo peor aún que es que era tan cínico que me lo preguntaba.

No le contesté, ni siquiera tenía expresión en mi rostro.

Me observó con una serenidad inexplicable, sus verdes ojos se podían ver aún en la oscuridad. Luego, elevó su mano, sorprendentemente de un movimiento caí al suelo: había abierto la puerta de mi cuarto. Se escuchó un ruido sordo cuando caí, sólo pude escuchar un lo siento de su parte.

Sentí que me tomó de las piernas delicadamente, comenzó por las rodillas y luego de las pantorrillas. El toque de su suave mano duró solo unos segundos ya que luego sentí que me jaló un poco para meterme al cuarto. Edward entró también, cerrando la puerta detrás de él, poniéndole seguro a la cerradura.

No quise levantarme, no tenía caso, además deseaba que viera que no tenía intensión de platicar con él sobre nada. Edward estaba nuevamente de cuchillas observándome, sus ojos me recorrían con una mirada un poco lasciva.

Era el colmo.

Acababa de estar con mi prima y ahora estaba en mi cuarto mirándome de esa manera, aunque por otra parte no hice nada para detenerlo cuando sus ojos se posaron sobre los míos.

Por un instante allí tirada en el suelo, me sentí deseada.

Pude ver al Edward del cual me había enamorado, al cual hacía pocos minutos acababa de recordar, pero también pude ver al chico comprometido con mi prima.

Estaba a punto de correrlo, de regresarlo de nuevo al lecho de Tanya, pero él se adelantó recostándose a mi lado. Al hacerlo, me miró con una expresión extraña, casi como retándome o como si esperara que le dijera algo, obviamente lo hice.

– ¡Si claro!, recuéstate, recupera energías. Debes de estar muy cansado después de esta noche, ¿sabes?, dicen que con el sexo pierdes como chorrocientas mil caloríasѾ

Edward me observó calmado arqueando una ceja. Genial, me estaba dando por mi lado.

No sé de qué me hablas–

Sólo rodé los ojos enojada por su enorme cinismo y quise levantarme del suelo, pero su brazo casi encima de mi pecho, evitó que me fuera de su lado. Entonces, allí me quedé tirada a su lado, mientras la luna se escapaba por la ventana y el encaje de la cortina hacia dibujos en nuestros rostros por su sombra.

Estaba enojada, sabía que debía estarlo pero sin embargo, nada de eso sentía por dentro. Sólo palpitaba en mi pecho un amor que hacía que me faltara la respiración con el simple hecho de estar a su lado en lo que parecía una situación totalmente prohibida, aunque aquella me era familiar.

Edward me observaba con un escrutinio terrible, viendo cada facción exacta de mi rostro. Me avergoncé ante aquel hecho, seguramente vería mis ojeras y mi cara descompuesta por la reciente resaca, pero él no comentó nada de eso.

– No has cambiado nada. Sigues igual a cómo te recuerdo, pero…–

– ¿Pero qué?, ¿estoy más vieja o más fea?, ¡ya sé! tal vez más gorda. Lo siento pero no todas podemos tener la frescura de los veintidós años de Tanya– le dije como en un reproche.

Él cerró los ojos mientras se tocaba el puente de su perfecta nariz y yo hice lo mismo que él. Pude ver que seguía igual de pálido que siempre pesar de vivir en aquel infierno, sus pestañas eran igual o más largas de cómo lo recordaba; y sus labios, su benditos labios, seguían igual de apetecibles como antes, como siempre.

– Pasan los años y sigues siendo igual, pero me alegra, quiere decir que aun eres la misma Izzie de la cual me enamoré–

Otra vez quiso tratar el tema del pasado, osea, yo estaba dispuesta a recordar pero no de la misma manera que él, con tanta añoranza del primer amor perdido. De haber sido así me hubiera puesto a llorar por mi vida desafortunada en aquel instante.

Si, si, si, pero entiende que eso ya está en el pasado. Si quieres hablar pues hazlo, pero no de eso, todo menos de eso –

Nuevamente cerró los ojos y frunció los labios, torciendo una expresión hasta que pareció que se le había ocurrido algo.

– En ese caso, cuéntame cómo te ha ido en todos estos años pero esta vez, no te enojes conmigo. Sólo quiero saber qué pasó durante este tiempo que no estuve a tu lado –

– Uf, ¿tienes tiempo?– dije, era obvio que le iba a contar todo.

– Te doy todo el tiempo que quieras– me sonrió.

Di un gran suspiro para prepararme, sin duda sería una noche muy larga. Además no sabia qué demonios le diría a Edward, no quería contarle sobre mi fracasada vida pero supongo que en ese momento no tenia cabeza para inventarme una nueva, así que decidí contarle la verdad:

– Entonces, ¿me vas a contar o no? –

– Si, pero no hay nada qué contar– suspiré - simplemente después de que te fuiste, estuve trabajando en el restaurante solo dos meses más. Estaba harta de todo ahí: las personas, los platillos, ugh de Mike pero sobre todo de los malditos muebles. Esos malditos muebles me tenían hasta el asco–

Edward me interrumpió sólo con la mirada confundida pero obviamente yo no quería decirle que odiaba la mesa de aquella cocina por lo que representaba para mí.

– Renuncié a pesar de que Mike me pidió que no lo hiciera, aunque ahora que lo pienso, debí de haber hecho que me pagara más, pero bueno, ese no es el punto. No quería tener responsabilidades mas grandes así que entré a trabajar al Burguer King que estaba en la esquina de mi casa–

– ¡Ah sí!, .en donde trabajaba el chico con la cara detrás del acné, ¿no? – recordó risueño.

– Si, el mismo. Se llama Craig, grosero. Pero bueno, al principio era genial pero luego cuando me echaron del piso por no pagar la renta, me di cuenta de que no era tan genial porque la paga era mala y el maldito de Craig no quería aumentarme el sueldo, así que renuncié y me fui a vivir con Ángela hasta que se casó con el chico de UPS y me sentí incom

Edward soltó una enorme carcajada al recordar aquello.

– ¿Ángela se casó con Ben?, ¡por Dios!, aún recuerdo cuando fue su primera cita: Angie estaba tan nerviosa porque iban a ir a Coney Island y…–

– ¡Tenía miedo de vomitarle encima! – dijimos al unísono, riéndonos luego.

Me puse sumamente nerviosa al percatarme de que la conexión con Edward seguía intacta, la química que tenía con él era sumamente fuerte, sólo esperaba que eso no me hiciera caer más en eso que sentía.

– Como sea, me sentía incómoda pero como Ángela ahora trabajaba en este restaurante exótico al cual renunció porque Ben se la llevó a Carolina del Norte a vivir, entonces, me recomendó con su jefe y ¡voilá!: he trabajado en Hell´s Kitchen desde entonces–

– Me da muchísimo gusto que estés aún trabajando en lo que más te gusta. Yo siempre juré que ibas, vas a triunfar con tu propio restaurante. Además, yo será el primero en probar tu comida– me guiñó un ojo.

Sus palabras en serio me conmovían, era la primera persona que creía en mí, ni siquiera mis padres eran así conmigo. Tuve que aguantar el nudo que se me hacía en la garganta para no llorar como un bebé.

Luego de pasarme la próxima hora contándole lo maldito que era el Chef de mi trabajo y de explicarle las peripecias de alimentar a un gato persa, nos quedamos en silencio un momento, hasta que Edward lo rompió con sus preguntas.

– ¿Saliste con alguien en este tiempo?, seguro que tienes novio–

No contaba con que me preguntaría aquello, no sabía si decirle la verdad, pero, ¡qué demonios!, no iba a hacerle daño o algo por el estilo saber que había salido con otras personas.

– Mmm, así como salir, ¿salir con alguien?, ¿novios? Creo que el único que tuve en este tiempo fue Jacob–

– ¿Jacob?, es un nombre tan antiguo– sonrió.

– Tú te llamas Edward, no precisamente es un nombre muy nuevo que digamos– le dije y él contestó con una sonrisa irónica – bueno, Jake pero solo duré con él seis meses porque me di cuenta de que no había una atracción así como muy fuerte y por eso quedamos como amigos. Después de Jake, salí con algunas personas: James, Eric, Garreth, Seth, Felix, Jared, Alec, Paul, mmm… Demetri, Embry…bueno, algunos de ellos me aburrían pero con otros era solo sex… atracción física–

Eran más los nombres que debía mencionar pero conforme los mencionaba apartando un dedo de las manos por cada uno, me di cuenta de que era una zorra, que había salido con cada uno de ellos, llegado lejos y luego me apartaba para tratar de no salir lastimada. Sin duda prefería coleccionar citas que enamorarme por segunda vez y salir herida de nuevo.

Mientras le contaba con cuántos hombres había salido, la cara de Edward se iba descomponiendo cada vez más. No sabía porqué, tal vez era por celos pero no podía estar segura.

No tenía idea de qué platicarle.

– ¿Quieres que siga hablando de mis relaciones? –

– No, dejemos eso para otro día. Mejor, dime uhm, ¿te sigue gustando la misma música? –

Me puse a repasar qué era lo que me gustaba en aquel entonces y la respuesta era obvia.

– Coldplay – contestó Edward por mí.

O seguía conociéndome demasiado o simplemente yo era muy impredecible.

– Exacto, antes y ahora– le dije como toda una fan empedernida.

Como un flash back recordé que una vez Edward para hacerme enojar de la vergüenza, me dedicó la canción "Yellow" en la estación de radio que escuchábamos en la cocina. Al principio quise asesinarlo, y él pensó que si lo iba a hacer, pero más bien me conmovió demasiado aquel gesto. Me enamoró más de cierta forma, aunque nunca supe si lo hizo para eso.

De repente, apagando el silencio del cuarto, escuché algo que me sorprendió demasiado:

– Look up the stars, look how they shine for you and all the things you do – cantó ese pedazo – ¿aún lo recuerdas? –

Reí un poco, cuando lo que quería era llorar.

– Shh, te van a escuchar– lo regañé con un nudo en la garganta.

Edward esbozó una enorme sonrisa, de la misma manera en que lo hacia por aquellos entonces. Fue allí en donde me di cuenta de que yo también quería saber qué había sido de su vida.

– Y a ti, ¿cómo te ha ido en el mundo de la publicidad? –

Sabía que me iba a contestar algo así como: éxito, éxito, éxito, mujeres, fiestas, éxito y Tanya. No estaba preparada para saberlo, pero iba a ser muy descortés no escucharlo todo así como él lo había hecho conmigo.

– Bueno pues llegué a la filial Masen Publicity en California por recomendación de mí amigo Emmett y del propio Sr. Masen. Me aseguró que si proponía cosas nuevas y demostraba mi talento, era probable que me ascendieran pronto aunque estuve de auxiliar unos meses hasta que por fin llegó mi oportunidad de organizar un evento importante, y eso fue lo que me catapultó en el área de relaciones públicas–

– ¿Relaciones públicas?, es obvio, siempre haz sido un ser social. Así que supongo que conoces a medio mundo–

Edward pareció sonrojarse ante mi afirmación, además, me daba gusto escuchar que le estaba yendo de maravilla. A diferencia de mi, claro está.

– Algo así, pero a veces todo este mundo está lleno de apariencias y gente frívola. Tienes que sonreír y ser amable aunque la gente sea nefasta– hizo una pausa para imitar una voz gruesa – Carisma ante todo, dice mi jefe, aunque a veces no tengo muchas ganas de ser muy carismático que digamos–

Comprendía totalmente a Edward, sobre todo en un ambiente como en el que estábamos. Estar con mis tías y demás familia siempre tenia que ser bajo circunstancias de hipocresía, pero de ahora en adelante, así serían las cosas para él con esta nueva familia. Yo en cambio, después de la boda regresaría a enclaustrarme en mi cocina para siempre.

Cada segundo que pasaba con él platicando, servía para reencontrarme nuevamente con el amor que sentía. Sabía que eso no podía pasarme, así que para evitar esos pensamientos y tocar tierra, preferí preguntarle los detalles cuando conoció a Tanya.

– ¿Cómo conociste a mi prima? – pregunté haciendo énfasis en la ultima palabra.

Antes de escuchar su respuesta, pude imaginármela como si fuera una película: Tanya en la sesión de fotos de la crema corporal Delight, ataviada en un traje de dos piezas verdes brillantes y diminutas, estaría rodeada de humo como en sueños. Edward, por su parte, luciendo perfecto y sensual con el celular en la mano, ocupado llamando clientes hasta que ve a Tanya, la modelo perfecta del comercial. Se acercaron al instante de verse y quedar cautivados por sus bellezas mientras todo a su alrededor se detenía. Me dolió la cabeza tan sólo de pensarlo.

– A Tanya la conocí en una…–

– Sesión de fotos, eso ya lo sabía– solté interrumpiéndolo.

– Para una marca de crema corporal o algo así. Me habían pedido que supervisara todo ese día, y luego de un rato, la vi mientras la maquillaban. Honestamente no le puse atención en ese momento pero su publicista nos presentó después y quedamos para salir. Ahora, henos aquí, a unos cuántos días de casarnos–

La última frase la dijo en un tono muy osco, supuse que ya no quería hablar del tema. La verdad, la forma en que me contó aquello fue muy poco romántica. Yo esperaba escuchar que vio fuegos artificiales o lucecitas, pero no, simplemente la conoció y ya.

Un pequeño rincón dentro de mí, no lo escuchó tan entusiasmado con mi prima, y por una parte me dio gusto, pero esas declaraciones suyas me hicieron pensar en otra cosa.

Recordé lo que había platicado con Alice.

Yo le pregunté a ella porque su hermano no me había buscado, pero no supo la respuesta y ahora que estaba frente a Edward, quería preguntárselo.

Necesitaba saber porqué no había regresado como lo había prometido. Tal vez la respuesta no me gustaría, pero era algo que me haría vivir en paz.

– ¿Puedo preguntarte algo? –

– Lo que quieras – contestó acostándose de lado con la cabeza sobre su brazo.

Estaba preparada, me había dado bandera verde y aunque sonara como que aún vivía en el pasado, se lo pregunté.

– Sé que te dije que no hablaríamos de lo que pasó hace años entre nosotros, pero en verdad Edward, necesito saber porqué no volviste a New York a buscarme –

Volvió a recostarse mirando al techo. Por la expresión que puso en ese momento, supe que lo que me iba a decir me iba a herir demasiado.

¡Estúpida Bella!

No debí haberlo preguntado.


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