Disclaimer:Los personajes que reconozcan de esta historia le pertenecen a Stephanie Meyer creadora de Twilight. La trama sin embargo nos costó –y mucho– a nosotras por lo que les pedimos que no la tomen como propia –no creemos que lo hagan, en realidad a nunca nadie se le ha ocurrido pero están de moda los plagios, ahaha

xoxo
aLLe CuLLeN wAy y PaU MoShA


*'º'º TODO MENOS TU º'º'*

Bella esta fastidiada de la vida, nada le importa, todos le caen mal y
cree que la boda de su prima Tanya es lo peor que le ha pasado.
No sabe que dicho evento contará con la presencia de
la persona que menos espera:
Edward Cullen, su ex-novio.


CAPITULO 5

¿Quieres que me calle?

Edward POV

Después del desencuentro con Bella en la fiesta cuando bailábamos, no quise saber nada de festejos y creo que Tanya lo notó. Mi prometida insistió en que me quedara a dormir en su cuarto, acepté suponiendo que no tenía mayores pretensiones de hacer otra cosa que no fuera eso. La verdad no estaba de humor para acostarme con Tanya.

No sé si de alguna forma ella presentía algo, o quizás había logrado percatarse de mi distancia.

– En un segundo regreso, debo ir con Bella para ponernos de acuerdo para comenzar el día de mañana. Ya sabes, cosas de mujeres– dijo Tanya guiñándome un ojo – te quiero guapo– y me sopló un beso.

Salió de la habitación, cerrando la puerta. En un movimiento rápido, me había deshecho de los zapatos, me recargué en el respaldo de un sillón. El sueño me estaba matando, así que me levanté y me acerqué lo más que pude a la cama, lo único que deseaba era descansar por un momento..

Y no era para menos, el día había sido demasiado largo.

Después de uno minutos, pude sentir que Tanya había regresado. Se acercó a mí de manera en la cual pude sentir sus curvas en mi pecho, colocó sus brazos alrededor de mi cuello, y comenzó a besarme. De manera casi instintiva la seguí, sabía que no estaba de humor pero sus besos me llamaron sin querer. Bajó sus manos a la altura de mi pecho y se dispuso a desabrochar mi camisa, mientras lo hacía sentía como pasaba de mis labios, al lóbulo de mi oreja, no sin antes hacer escalas en mi barbilla y parte de mi cuello.

Estaba comenzando a sentirme realmente excitado, mi propósito de sólo "dormir" con Tanya había quedado de lado. La acerqué aún más, y comencé a bajar el cierre de su vestido, hasta dejarla en ropa interior. La miré un momento, su cuerpo podría enloquecer a cualquier hombre. No entendía entonces cómo era que yo mismo no estuviera convencido ciento por cierto de casarme con ella.

Tanya tomó una de mis manos y la subió hasta tocar uno de sus senos, no faltó que me insistiera tanto para hacerlo. Mi boca se encontraba besando con desesperación su cuello cuando comenzamos a caminar dando pequeños pasos hacia atrás hasta caernos en la cama con Tanya encima de mí.

Podía sentir como el fuego se hacía presente, Tanya retiró su sostén y comenzaba a hacer lo mismo con mis pantalones. Sin querer comencé a imaginar, a desear inconscientemente, que la mujer con la que estaba fuera otra. Que fuera Bella.

Esto fue como un balde de agua fría porque provocó que mis deseos cesaran, dejando a Tanya desorientada y preguntando si había hecho algo mal.

– Quizás debemos dejar esto para otra ocasión– la tomé del mentón, pude darme cuenta de la decepción en su rostro– debemos esperar hasta después de la boda para que sea más especial–

De nuevo pude ver como su rostro se iluminaba, de una forma casi imperceptible, asintió. Besó mi frente y se levantó para ir hacia el baño.

Estaba sumamente cansado, así que cerré los ojos y me quedé dormido por un momento. Cuando desperté me di cuenta que Tanya ya estaba a mi lado, dándome la espalda. Con una mano acaricié su cabello y con un buenas noches casi inaudible me dispuse a salir de la habitación.

Recogí mis cosas y en cuánto me encontraba cerrando la puerta, la vi.

Era Bella.

Tenía un aspecto un tanto desaliñado pero de alguna forma se veía muy linda. Me pareció extraño verla vestida con diminutas prendas. Ella no solía vestirse así.

Entré a su cuarto después de que la vi llorando sin razón. Quería hablar con ella así que nos encerramos para ponernos al día. Cinco años era bastante tiempo.

Después de charlar un rato, me di cuenta que la conexión seguía ahí y eso no iba a cambiar. Aún me sentía muy bien a su lado, me di cuenta por los pequeños detalles que me costaban mucho trabajo olvidar.

Le pedí que me hablara de sus parejas, no fue nada agradable, pero yo intentaba ocultar la especie de celos que llegué a sentir en aquel momento, Los que decían "Lo que no fue en tu año, no te hace daño" estaban muy equivocados. Claro que te afecta, y en ese momento a mi me ocurrió, el solo imaginar que era tocada por otras manos, me resultó por alguna razón inconcebible.

Dejé los celos de lado cuando Bella me peguntó sobre mi relación con Tanya. Le conté todo, la verdad es que el hecho de que un tipo nos presentara no tenía nada de romántico. Creo se dio cuenta, porque sólo percibí una mueca que no supe distinguir si era de felicidad o en señal de desaprobación.

De pronto, una oración me sacudió.

– ¿Puedo preguntarte algo? –

– Lo que quieras – esperaba que no se diera cuenta de mi nerviosismo, traté de lucir lo más natural posible.

Sé que te dije que no hablaríamos de lo que pasó hace años entre nosotros, pero en verdad Edward, necesito saber porqué no volviste a New York a buscarme –

Esto sólo me heló la sangre, pero debía decirle la verdad.

– Yo si regresé, justo un año después de haberme ido–

Y, ¿por qué no me buscaste? – preguntó, sus ojos comenzaron a hacerse agua.

– Fue lo primero que hice

Quería que supiera todo lo que había hecho por intentar encontrarla, pero en realidad mis razones sonarían estúpidas. Hubo un silencio que Bella rompió exigiéndomelas.

– Tenias mi teléfono Edward, ¿por qué nunca me llamaste? –

– ¡Porqué fui un estúpido que días después de que llegar a California, perdió el celular! – me jalé el cabello–apenas recordaba algunos números del teléfono de tu casa y cuando pude recordarlos todos, tú ya no vivías ahí–

Bella comenzó a llorar así que por eso, decidí contarle todo por lo que había pasado. Al menos así no sentiría que me había olvidado de ella.

– Cuando me fui, siempre supe que iba a regresar por ti. No estaba seguro si me esperarías pero a mí no me importó, tenía la esperanza incluso de ser sólo amigos si así lo decidías a mi regreso. El primer año di por sentado que seguías en el restaurant así que preferí esperar a que las cosas por acá marcharan bien. Cuando al fin me ascendieron, estaba feliz porque era hora de verte. Pero en el restaurant ya no estabas tú ni nadie que me dijera en donde encontrarte, sólo Mike, pero él tampoco sabía nada–

El rostro de Bella se descompuso al escuchar eso. Incluso soltó una maldición y golpeó el suelo con todas sus fuerzas.

– Cuando te encontraste a Mike, ¿eso te dijo? –

– Bueno, sólo me dijo que te habías ido con Ángela fuera de New York, a trabajar lejos y que no sabía nada más que eso–

– Entonces ahora sabemos que esto no fue cuestión del destino– dijo pero yo no la entendía– para ese tiempo, Mike sabía perfectamente que yo estaba trabajando en el Burguer King. Iba a comprarse una hamburguesa todos los días y me invitaba a salir, claro, hasta que le puse un alto. Ese gusano infeliz nos tendió una trampa–

– Debí de haberle partido la cara cuando vi la forma en la que te miraba, era obvio que quería estar contigo– mis puños estaban tensos

Nuevamente me recosté en el piso y Bella hizo lo mismo, seguía llorando. Extendí un brazo indicándole que se acercara a mí, me rompió el corazón verla así. Bella me abrazó colocando cabeza en mi hombro, y luego de un rato paró su llanto. Se sintió tan natural el hecho de estar a su lado, así que sin pensarlo mucho, besé su cabello.

El silencio reinó el cuarto, dándome una paz que tenía años sin sentir, no supe cuándo nos quedamos dormidos. Pareció un parpadeo que fue interrumpido por unos golpes fuertes en la puerta.

– ¿Bella?, no me digas que sigues dormida ¡Bella!– era Tanya.

Tocaba como loca y trataba de abrir la puerta. Bella y yo despertamos, seguíamos abrazados. Me sentí muy descansado a pesar de que había dormido en la alfombra, supongo que el Factor Bella tenía que ver con eso.

– Buenos días– susurré en su oído, sentí cómo su piel se fue erizando.

– Shhh– me calló alarmada, haciéndome señas para que me metiera al baño en lo que le abría a su prima, pero no le hice caso.

No era para tanto, Tanya se cansaría de tocar. .

Afuera, tocaban cada vez más fuerte pero a mí no me importó demasiado. No podía quitarle los ojos de encima a Bella. No pude compararla con Tanya, las dos eran hermosas a su estilo, uno muy diferente. Incluso Bella era distinta ha como la recordaba: su cabello era más largo, parecía que había subido de peso pero su cuerpo estaba perfectamente curveado.

Algo me pidió que me acercara a ella. De cierta manera encontré la situación demasiado excitante, por no decir peligrosa.

– ¿Quieres que me calle? – susurré cerca de sus labios.

Bella sólo asintió.

– Entonces, cállame–

De un movimiento, la tomé de la cintura y atrapé con violencia sus labios, no pude resistir ni un minuto más sin besarla.

No supe qué hacer: deseaba acariciarla, deseaba todo y no lo supe hasta ese momento.

Mi mano libre aprisionaba su rostro mientras mis labios recorrían ansiosos los suyos. Al fin, después de tanto tiempo, tenía de nuevo a Bella, justo de la misma manera en que la recordaba. Sabía que era un error, un sueño, pero la humedad de su lengua dentro de mi boca me hizo pensar que tal vez ella sentía algo por mí.

Bella acariciaba mi cabello alborotado mientras yo recorría los costados de su cuerpo.

Fue como un acto de sincronía perfecta, pude sentir su aliento. Estaba embriagándome, al mismo tiempo que la electricidad volvía a mí, cada poro de mi cuerpo la necesitaba.

Cada latido de aquel momento era por ella. No había más, ni siquiera Tanya que cansada de tocar, gritó que mejor se iba a desayunar

De pronto así como así, paró de besarme.

– ¿Qué pasa? – dije.

– Pasa que Tanya, tu prometida estaba afuera mientras tú me besabas ¡Eso pasa Edward! – me lanzó a un lado – Somos unos estúpidos hormonales y esto fue un enorme error. Vete por favor…- abrió la puerta para que me fuera.

– Entonces, eso fue todo, ¿hormonas y ya? – pregunté ofendido.

La verdad, no sé porqué. Yo mismo la había besado por puro deseo pero debo de confesar que aquella noche, mis sentimientos por ella habían resurgido de cierta manera.

– Tienes razón, lo siento. Nos vemos Bella–

Salí del cuarto totalmente cabreado, tratando de no volver a pensar en lo que había pasado con Bella.


Bella POV

Mientras Edward me besaba, tuve que controlar la situación. Nos estábamos dejando llevar por el anhelo de lo que solíamos sentir. Lo corrí de mi habitación aunque mi corazón me pedía que no lo hiciera.

Edward tomó sus cosas y se fue a su cuarto.

Tuve que contener las lágrimas ya que no había tiempo para eso, Tanya me esperaba para desayunar y después para ir a la tienda para escoger el vestido de Dama de Honor. Ese título me lo repetí muchas veces tratando de convencerme de no pensar en el novio, y también para hacerme a la idea de que aquel día seria espantoso: pasaría toda la mañana probándome vestidos con Tanya mientras pensaba en su prometido, que a pesar de los años seguía besando de maravilla.

Para mi fortuna, Alice me había llamado y yo aproveché para invitarla a que fuera conmigo. Eso me pondría mejor, aunque debíamos encontrar una forma de explicar nuestra espontánea amistad, pero en fin.

Durante todo el desayuno, no pude ver a la cara a mi prima y por ella supe que Edward ya estaba en el trabajo, así estuve, toda rara hasta que llegamos a la boutique. Encajes de todos colores se extendían en toda esa tienda cursi en donde ya estaba esperándonos Alice. Tanya la recibió con cara confusión absoluta, hasta dónde yo sabía, Alice no se había interesado mucho por los preparativos de la boda de su hermano

– La invité que es la hermana de Edward, y no está de más una segunda opinión. Además, sé que quieres llevarte bien con ella y yo, como Dama de Honor, estoy haciendo todo porque eso pase. Quiero que seas feliz– le dije a Tanya, que se creyó todo.

Luego saludamos a Alice para entrar a la tienda en donde prácticamente me convertí en la muñeca mal vestida de Tanya. La muy ridícula quería que usara un sombrero enorme con un vestido naranja.

Mi diablo interno mal vibroso pensaba "Hazme lo que quieras, al fin yo bese a tu novio esta mañana" Cuando eso sucedía me reía como estúpida mientras que Alice me miraba desconcertada.

Pasamos horas en la tienda probándome vestidos a la fuerza. No sabía porque si Tanya era modelo tenía un gusto tan extraño cuando se supone que debía ser el refinamiento andante, ni yo era tenia tan mal gusto.

Entonces, Alice abrió su boquita de muñeca para salvarme el día.

– Bella, ¿para qué te pruebas esos vestidos feos? – dijo mirando a Tanya – mejor yo te lo hago a tu gusto y se acabó–

– No Alice, ya casi ya no queda tiempo. Te la pasarías esclavizada a la rueca, es decir, a la máquina de coser– bromeé un poco.

– Para nada, ya no soy tan principiante que digamos. Además, me va a dar un gusto hacértelo Bella– me abrazó ante la mirada envidiosa de Tanya.

– Pero si la acabas de conocer– soltó Tanya envidiosa.

Alice respingó la nariz mientras asentía graciosa hacia Tanya. Mi prima lo olvidó todo, ahora era tiempo de llevarnos otro lugar, según ella uno muy especial. Me subí al coche de Tanya para ir a aquel lugar, Alice nos iba a seguir por su cuenta.

Sólo bajamos por unas cuantas cuadras más y llegamos a una tienda de novias. Entonces, me cayó como balde de agua fría el hecho de que Tanya iba a recoger su vestido de novia. Un kilo de sal y limón para mi herida.

Todas las mujeres en la tienda, estaban asombradas por lo hermosa que se veía Tanya enfundada en aquel vestido blanco tan ceñido al cuerpo que no sabía a ciencia cierta si estaba respirando a no.

Sólo podía pensar en ella, caminando por el pasillo al lado de mi tío Eleazar mientras Edward la esperaba en el umbral, y yo, a un lado luciendo horrible con mi vestido naranja. Una escena horrible, pero esa era la realidad. Aunque por otra parte, pensaba en Edward, en su maravilloso beso por la mañana, en sus manos en mi cuerpo, su aliento en mí…

– ¿Bella? –la enana pasó una mano frente a mi mirada perdida.

– ¿Qué te pasa? –

– Nada, sólo estoy pensando, porque también pienso Alice–

Alice vio mi rostro y mi sonrisa falsa desencajada, sus ojos se iluminaron de alguna extraña forma mientras me mordía el labio inferior. Sin esperarlo, me llevó de un brazo al vestidor de manera urgente.

– "Izzie" Isabella Swan, eres una zorra ¡y te amo por eso!–

– ¿Por qué dices eso? –

– No te hagas, sé que algo paso con mi hermano–

Demonios. Mil veces demonios. La duende se había dado cuenta. ¿Qué le decía?, ¿que si o que no?.

– No, qué raro que me preguntes eso, no se de qué me hablas Alice–

– Hoy por la mañana hablé a la casa para ver como estabas. Tanya contestó y me dijo que estabas dormida, entonces le pedí que me pasara con Edward pero tampoco estaba en su cuarto. Así que lo llamé a su celular y me contestó sumamente enojado, no quería saber nada de ti así que algo hicieron, lo sé–

Quería evitar hablar de eso, la verdad quería ser discreta al respecto.

– Carajo, me besó. Bueno, es decir, nos besamos, porque se necesitan dos para eso, ¿no? –

Alice comenzó a dar saltitos por el vestidor toda emocionada.

– ¡Lo sabia!, pero, ¿en qué quedaron?, ¿va a dejar a esta descerebrada? – dirigió la mirada hacia el centro de la tienda donde Tanya daba vueltas como la maldita Blancanieves – por favor, dime que aún se quieren–

– No lo sé, es una situación muy difícil. Verás, ¡él se va a casar con mi prima! No le puedo hacer eso a ella, es la "Huggies", mi única prima en el mundo–

– Pero si ustedes aún se quieren, no hay motivo para no estar juntos. Además, permíteme decirte que yo no los veo tan emocionados con esto de la boda. Tanya a veces se comporta medio extraña y para comprobarlo, haré ciertas pruebas– me guiñó un ojo y saliendo del vestidor.

Vi que Alice se acercó discretamente a Tanya que aún daba vueltas con su vestido de novias.

– Te ves divina, qué digo divina, ¡hermosa! Me da un enorme orgullo que vayas a ser mi cuñada– la abrazó– ¡Mira qué cuerpo!, es perfecto y te lo digo no sólo como amiga, sino como diseñadora que soy. Ojalá que dentro de un año lo sigas teniendo igual–

Tanya volteó a ver a Alice, casi como si hubiera dicho una mala palabra.

– ¿Qué quieres decir?

– Ya sabes, los hijos son una bendición pero a veces pueden arruinar el cuerpo de la mujer, pero ¡qué importa! Estoy segura que estas dispuesta a sacrificar tu cuerpo por seis pequeños Edwards o Tanyas – comenzó a reírse.

Tanya no lo hizo tanto.

– ¿Seis? – preguntó la rubia con aspecto gracioso.

– ¡Ups!, seguro no has hablado con Edward sobre eso, ¿verdad? Yo recuerdo que desde niños mi hermano siempre decía que en cuanto encontrara a la mujer de su vida, se sentiría completo y que le gustaría tener una familia numerosa, así que no dudes en que comenzará de inmediato desde la luna de miel. Así que apresúrate que ya quiero ser tía– brincó de alegría falsa – gracias Tanya, ¡y que Dios bendiga el fruto de tu vientre! – terminó por tocarle el ya bendito vientre

Tanya se quedó pasmada, pude ver a lo lejos que estaba totalmente en shock por aquello que había escuchado, así que rápido entró al vestidor a cambiarse. Alice y yo no pudimos evitar reírnos por la cara que había puesto al saber que Edward quería seis hijos.

Salió del vestidor aún atónita por la confesión de Alice, su teléfono sonó, lo que pareció animarla más. Charló un buen rato con esa persona y luego colgó. Esbozaba una gran sonrisa.

– Acabo de colgar con mi amiguísimo Danny– Alice y yo nos quedamos viendo, así como si nos importara acaso que hubiera hablado con ese tipo – me invitó hoy a la inauguración de su nuevo club. Obviamente, tengo pases para todos así que ya está, ¡esta noche nos vamos de fiesta! – gritó en toda la tienda haciendo el paso de John Travolta en Fiebre de Sabado por la Noche.

– ¿De fiesta? Tanya, lo que menos quiero ahora es irme de fiesta a un antro de mala muerterepetí su paso de forma irónica.

– Por favor Bella. Dijiste que queria que fuera felizTanya hizo un puchero.

Si pensabamos lo que habia pasado en la mañana, supongo que le debía una.

Esta bien. Iremoscontesté fastidiada.

Genial, lo que me faltaba: asistir a una fiesta, frívola como Tanya, sólo por culpa.


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