Disclaimer:Los personajes que reconozcan de esta historia le pertenecen a Stephanie Meyer creadora de Twilight. La trama sin embargo nos costó –y mucho– a nosotras por lo que les pedimos que no la tomen como propia –no creemos que lo hagan, en realidad a nunca nadie se le ha ocurrido pero están de moda los plagios, ahaha–
xoxo
aLLe CuLLeN wAy y PaU MoShA
*'º'º TODO MENOS TU º'º'*
Bella esta fastidiada de la vida, nada le importa, todos le caen mal y
cree que la boda de su prima Tanya es lo peor que le ha pasado.
No sabe que dicho evento contará con la presencia de
la persona que menos espera:
Edward Cullen, su ex-novio.
CAPITULO 7
Celos
Edward POV
Después de la noche anterior, no podía sentirme peor.
Lo más probable es que después de lo que había pasado en el Club, Bella pensará que la había utilizado, pero eso no era verdad. Yo realmente estaba intentando con todas mis fuerzas mantener el autocontrol cuando estaba cerca de ella, pero sin remedio todo se iba al carajo.
Mis ganas de tenerla nuevamente habían sido mucho más grandes que yo, pero no era sólo su cuerpo el que deseaba, quería que realmente volviera a quererme como lo había hecho alguna vez.
Suena egoísta, lo sé pero algo dentro de mí me lo pedía a gritos.
El lunes, antes de salir de fiesta, me había convencido que necesitaba hablar en serio con ella pero lo único que se me ocurrió para romper el hielo fue coquetearle aún más.
¡Qué estúpido!: le envíe un mensaje con uno de los meseros. Creo que fue una de las propinas más caras que he pagado, pero no me importaba sólo por conseguir mi objetivo: apartarla del idiota amigo de Tanya que quería ligársela.
Sabía que Bella quizás me consideraba "el peor hombre del mundo", pero no tenía la menor idea de cómo actuar ante lo que sentía.
En un momento de la noche vi cómo Bella se perdía entre el mar de gente que se juntaba para presenciar el corte de listón inaugural.
Un instinto raro me hizo ir por ella, así que cuando conseguí sacarla de la multitud, estaba consciente de que teníamos que hablar, pero no sabía qué decirle, tampoco podía reclamarle nada.
Me encontraba bastante confundido.
Por un lado sabía que quizás lo mejor era que le permitiera a Bella ser feliz, aunque no fuese conmigo. Pero por otra parte, mi corazón poco a poco se estaba destruyendo, por no poder decirle con exactitud cuales eras mis sentimientos después de varios años sin estar juntos.
Incluso creo que estaba dispuesto a terminar mi compromiso con Tanya, pero también estaba el hecho de que las cosas no serían tan fáciles. Yo era un hombre de palabra y sabía dos cosas: la primera, si continuaba con mi compromiso, intentaría mantenerme alejado de Bella, sin tentaciones, sin engañar a Tanya; la segunda, si terminaba con ella, lo haría de la mejor manera, como todo un hombre.
Eran demasiadas cosas en que pensar, y Bella me lo hacía más difícil. Además, me moría de los celos, el tipejo de Daniel estaba consiguiendo conquistarle, eso era imperdonable, sobre todo porque no se trataba de cualquier ex novia. Era Izzie, que años atrás había significado todo para mí y apenas me daba cuenta. Jamás había sido mi intención lastimarla y me repugnaba ser la persona que le hacía daño.
Lo peor es que ahora sentía que ya no podía estar alejado de ella. Suena cursi, pero sentía que mi mundo se desmoronaría quedando de nuevo la sensación de vacío si ella se llegara a apartar de mi lado.
Recordé como me sentí en el momento en el que dejé New York para reencontrarme conmigo mismo, hasta la fecha nunca había podido superar el haberme separado de ella, pero sabía que era lo mejor, aunque mi corazón se había quedado con a su lado.
Sentirla así, tan encendida, era como un sueño, en ningún momento nos importó que alguien pudiera vernos. Su cuerpo, simplemente me parecía perfecto, nada exagerado, hecho para fundirse con el mío. Sus labios, eran mi perdición, podía disolverme en ellos.
Apenas si comenzábamos a besarnos y yo me sentía estallar. Solo con un beso ya me sentía completamente extasiado, nadie había conseguido enloquecerme de esa manera, solo ella. Ni siquiera Tanya una noche antes.
Fue tan raro necesitar a una persona de esa manera después de tantos años. Creo que era la combinación de dosis perfectas de lo que sentía por ella, junto con el deseo al descubierto, tantos años resguardados y al fin poder consumarlos.
– Vámonos de aquí– le sugerí.
Pero en cuanto lo hice, su mirada se tornó muy triste. Me di cuenta de que estábamos haciendo algo que no era correcto, aunque fuera algo que deseaba con todas mis fuerzas. No podía permitirme el hecho de que consumáramos aquel acto, mientras yo continuaba con miles de dudas.
Después de esto, ella salió huyendo de ahí, solo conseguí sentirme mal, peor que antes.
Con las pocas fuerzas que me quedaban, me senté en aquel sillón que había sido testigo de todo el acto, apoyé la cabeza entre mis manos.
Todo comenzó a dar vueltas: por un lado, quería correr a buscarla, tomarla entre mis brazos para asegurarle que mi compromiso con Tanya se terminaba; por el otro, pensaba en cómo habría de decírselo.
Me había decidido, Bella era lo más importante para mí, y no iba a perder ni un segundo más para hacérselo saber. No podía imaginar mi vida sin ella.
Luego, Tanya llegó conmigo después de la ceremonia de inauguración. Se pegó a mí muy entusiasmada, pero yo sólo me aparté de su lado, después de lo que había hecho con Bella, no podía soportar el cuerpo de otra mujer que no fuera ella.
Después de un rato, nos reunimos con todos los amigos nuevamente. Pude ver que Bella se encontraba con Alice, Jasper y – ugh– Daniel. El tipo este estaba de nuevo cortejándola, y Bella no parecía mostrar rechazo alguno. Por el contrario, podría jurar que estaba entretenida.
No podía dejar de analizar a Daniel Wolf.
"¡Si claro!, un modelito de ropa interior, alguien muy exitoso por enseñar su cuerpo. Apuesto que hasta cuando duerme, adquiere una pose, como preparándose para una sesión fotográfica. ¡Qué va, es el hombre perfecto!"
Gracias al cielo no estuvimos mucho tiempo con ellos, Tanya quería irse al fin y eso me pareció lo mejor en ese momento. Aunque, debo decir que cuando sugirió que Daniel llevara a Bella, las cosas parecieron más complicadas.
Yo me sentía arder, y más aún cuando Bella le sonrió como una chiquilla enamorada. No le hice mucho caso, no estaba de humor.
Mientras íbamos en el auto, Tanya y yo no nos dijimos ni una palabra. Debía armarme de valor, la verdad era que necesitaba ser sincero con Tanya. Pero aquel obviamente no era el momento. Tenía que pensar primero la manera en la cual no lastimarla tanto, porque después de todo habría de terminar mi compromiso con ella, pero el punto era que no la amaba.
Cuando llegamos a su casa, ni siquiera me levanté para abrirle la puerta, así que ella sólo me miró extrañada. Nos bajamos, y quise acompañarla hasta la puerta.
De algún modo me aprisionó con su cuerpo, y comenzó a besarme frenéticamente, mientras que con sus manos desabrochaban los primeros botones de mi camisa, para besarme el cuello y parte del pecho.
Pero yo estaba tan ausente, que sus caricias ni siquiera las sentía. Así que la tomé por ambas manos, y me limité a darle un beso en la frente.
– Buenas noches Tanya, descansa –
Me di la media vuelta, subí a mi auto y me dirigí hacia mi departamento. Manejé como loco, y en cuanto llegué a mi piso, sólo quería dormir, ya no pensar en nada. Lancé mis llaves hacia la mesa del comedor, haciendo un enorme ruido en el cristal de este.
Mientras caminaba, iba despojándome de mi saco preferido. Al fin, me encontraba en mi habitación, me senté en una de las orillas de la cama para quitarme los tenis.
Me levanté y retiré mi camisa con furia, lanzando pestes en el aire, recordando que Bella estaría muy divertida con el modelito ese. Lancé la camisa hacia una silla.
Fui a la cama, acomodé las manos detrás de mi cabeza y mirando el techo, sólo podía pensar en ella, en lo que había sido para mí ese momento.
Me parecía tan irreal.
Una sonrisa se formó en mi rostro al recordar lo que pasó. Su aroma natural aún lo sentía impregnado en mí.
Ahora estaba completamente seguro que daría todo por ella, y que seguía locamente enamorado de Bella.
Estaba más que decidido.
Mañana se habría de solucionar todo este caos.
Bella POV
Alice me encontró en el baño después de lo que pasó entre Edward y yo. Unos minutos antes, había experimentado la alegría más hermosa del mundo al estar en los brazos del hombre que amaba, pero ahora allí en el baño, la tristeza y el desasosiego reinaban dentro de mi.
Alice me sacó de mi letargo emocional.
– Te perdiste la inauguración: Daniel dijo unas bellas palabras, y no sabes, Tanya casi le saca un ojo con las tijerotas, ¡fue tan divertido! –
Le enana se detuvo cuando vio mi semblante así que liego de animarme un rato, salimos del baño conmigo más repuesta.
Salimos del baño y nos dirigimos de nuevo al salón VIP, en donde Daniel esperaba con Jasper, estaban platicando como si fueran grandes amigos. Nuevamente comencé a charlar con Daniel, que cada vez me hacía sentir más culpable ya que siendo honestos, con quien debí de haberme besado era con él y no con Edward.
Gracias al cielo que Daniel ya no se despegó de mi lado en toda la noche, eso evitó claramente que me acercara a Edward, pero no que Edward se acercara a mi, bueno acompañado con Tanya. Tanto Daniel y yo volteamos a ver a la feliz pareja. Alice y Jasper estaban en el centro de la pista bailando la nueva versión de la Macarena o algo así.
Antes de irse, mi prima le sugirió a Daniel que me llevara a casa, algo se planeaba esa tipa. Edward no pudo evitar su cara de disgusto pero no me importó, hasta que tomó de la mano a Tanya he hicieron su salida triunfal de película.
Seguramente el muy bastardo iría a terminar con Tanya lo que comenzó conmigo. Traté de que ese pensamiento no me afectara, sobre todo cuando el alcohol estaba haciendo nuevamente estragos en mi cerebro.
Alice y Jasper lo empeoraron todo ya que llegaron a donde estábamos y propusieron jugar algo relacionado con preguntas estúpidas y shots de tequila. Incluso Daniel participó entusiasta y juro que se veía tremendamente sexy chupando un limón y lamiendo sal de mi mano para luego tomarse su bebida de golpe.
Pasadas las cuatro de la mañana todos estábamos tan ebrios y tan, digamos sexys, como para manejar un auto. Antes de irnos, tuve que sacar a Alice del baño de mujeres en donde prácticamente estaba teniendo sexo por encima del vestido con Jasper.
En tanto Daniel y yo, luego de coquetear un poco en el juego del tequila, pasamos a la etapa de las miradas traviesas y a los roces de manos de tanto en tanto. Una parte de mí quería besarlo, se lo merecía, pero otra pensaba que no sería justo ya que probablemente cuando lo hiciera estaría recordando a Edward.
Así que por esa noche prometí no hacer alguna cosa de ese tipo. Obviamente, nadie estaba en condiciones de manejar así que Daniel consiguió un chofer para llevarnos a todos a nuestros respectivos lugares, obviamente él mismo nos acompañó.
Aún seguíamos riendo como idiotas todo por las ocurrencias de Alice cuando los dejamos en el hotel. La enana estaba tan ebria que se cayó de bruces al salir del auto, Jasper sólo se limitó a levantarla y luego nos dio las buenas noches, agradeciéndole a Daniel la increíble noche que habíamos pasado en Pure.
Era obvio que todos le teníamos que agradecer: habíamos tomado las bebidas más caras de la barra y a él no le importó, ni siquiera permitió que dejáramos propina, él mismo dejó una buena cantidad para sus empleados. Tomé una nota mental acerca de eso: Daniel Wolf, empresario, rico, generoso y sexy, muy sexy.
Camino a casa de mis tíos, tuve una linda charla con él.
– Me alegro que te la hayas pasado bien, pero más gusto me da el haberte conocido Bella – me tomó de la mano en el asiento trasero de la limosina.
Sabía que tenía a Daniel en las manos, era rara la vez que sentía que un hombre quería estar conmigo pero en esta ocasión era muy obvio. Lo sé, soy una perra arrogante, pero esa era una buena oportunidad de olvidar a Edward, así que no la iba a desaprovechar.
– A mi igual, de hecho debo de confesarte algo...– me acerqué a su oído – Yo soy tu fan –
Daniel echo una risotada mientras sentía que mis mejillas se calentaban por la vergüenza, pero siempre que estaba ebria hacía el ridículo, no lo podía evitar.
– ¿En serio? –
Era el colmo de la humildad con él, ni siquiera se acordaba que su rostro estaba en cada revista de modas o en cada canal de televisión.
– ¡Duh!– me di un golpe en la frente de manera estúpida – Tu campaña de Hugo Boss es famosísima, incluso tengo una foto tuya en mi recetario de postres. Ups, creo que te di demasiada información – me llevé las manos al rostro, tratando de ocultarme – Debes pensar que soy una rara –
Daniel me quitó las manos de la cara y las tomó entre las suyas.
– De hecho me alegra, eso quiere decir que el sentimiento es mutuo –
– ¿Cómo?, ¿yo te gusto?– me señalé de una forma exagerada.
Daniel negó con la cabeza.
¡Por supuesto que yo no le gustaba!, yo era una simple mortal y él debía estar con alguien igual de perfecto. Lo peor de todo es que se lo había preguntado en voz alta.
Soy tan estúpida.
– No me gustas…me encantas– dijo mirándome con sus condenadas pupilas azules.
Suspiré un momento mientras Daniel poco a poco se acercaba a mi rostro para besarme. Me hubiera visto como una perra sin corazón si me quitaba y le decía perdóname, yo no beso en la primera cita, así que cerré los ojos, me dejé llevar por completo.
Un beso no me iba a hacer daño.
Gentilmente me tomó del rostro, y juro que a pesar de que ya sabía lo que venía, estaba temblando como una maldita hoja.
Daniel sonrió de lado – haciéndome recordar un poquitín a Edward – antes de siquiera rozar un poco sus labios con los míos. No sé porque pero sentía que los malditos me palpitaban de una forma rara.
Sentí el aliento de Daniel dentro de mi boca de una manera dulce, en ese momento fui yo la que acorté la distancia ente sus labios y los míos. En un instante nos estábamos besando.
Pensé que iba a sentir un poco de nervios pero no lo hice, Daniel besaba muy bien incluso aunque no metiera su lengua dentro de mi boca. Era tan recatado, eso me encantó por lo que no quise arruinar el beso y le seguí la corriente. Me tomó por detrás de la nuca desde la raíz de mi cabello para acercarme a él, acomodándome lentamente a su lado en el asiento trasero de la limosina.
Tuve la sensación de que si no paraba, acabaría en una situación como la que tuve con Edward antes, así que un solo movimiento de mis labios sirvió para que Daniel paraba.
– No debí hacerlo– admitió apenado.
– Este bien, de hecho me gustó. Tú me gustas –
Daniel acarició su barbilla sonriendo de manera sexy, con las mejillas aún rojas por la temperatura que había comenzado a subir en la limosina.
– En ese caso te invito mañana a comer ¿Te gusta la comida italiana?, un amigo tiene un restaurant en donde hacen la mejor lasaña que he probado, me gustaría llevarte allí si tu quieres –
¡Al fin! Una cita con alguien sumamente decente después de tanto tiempo y lo mejor es que me llevaría a comer mi comida favorita. No, esperen, lo mejor es que era soltero.
Casi estaba segura que ya lo amaba, bueno, no, la verdad no pero me encantaba hasta ahora. Obviamente le dije que si.
Salimos de la limosina y me acompaño a la puerta de la casa, faltaba como media hora para que amaneciera, así que hablamos en silencio. Cómo si aquello hubiera despertado a alguien en esa enorme casa.
– Paso por ti a las cuatro, ¿vale?– me tomó de la mano y la beso por segunda vez en aquella noche
Fue algo tan inocente, pero luego se acercó a mi rostro y también me dio un pequeño beso rápido en la boca, sorprendiéndome un poco de una manera totalmente agradable al momento de despedirse.
Ya estaba todo dicho y preparado: saldría a comer con Daniel y de esa manera me olvidaría de una buena vez de Edward Cullen.
Aunque en el fondo no sabía si eso era lo que en verdad quería.
