Extraños Recuerdos
Forks. Todavía no sé como es que escogí este lugar para vivir. Aún no veo la lógica, pero ya estoy aquí, empezando una nueva vida, una vida por la trabajé por mucho tiempo, ¡y estoy tan feliz! Por fin, ya estoy aquí.
Bajé del taxi y vi mi futura escuela – un nuevo comienzo- me dije.
Ya eran las 7:30 por lo que supuse que habían comenzado las clases. Fui a la secretaría a recoger mi horario y me dirigí al salón de unas de mis peores pesadillas: cálculo.
La verdad es que no me molestaba ser la nueva estudiante, ya estaba acostumbrada a los gestos de la gente que por primera vez me mira y por sobretodo sus comentarios, así que venía preparada psicológicamente para lo que venia.
Entré al salón. Como supuse todos se me quedaron mirando, jamás he podido comprender el porque me miraban así los que por primera ves me miraban ¿Tenía pájaros en mi cabello o qué? En fin, le entregué la prueba de asistencia al profesor y dijo lo que temía que dijera.
-Señorita… Swan- dijo el profesor- ¿tendría el gusto de presentarse a sus compañeros?
-Mmm… claro profesor- repiré hondo y hablé- Hola, mi nombre es Isabella Swan pero me gusta que me digan Bella, soy una chica amistosa y estoy encantada de estar aquí- dije sonriente a pesar de que me carcomían los nervios de la cabeza a los pies.
Cuando terminé, solamente me fui a sentar en el único puesto libre. A mi lado estaba sentada una chica en apariencia agradable. Quise conocerla así que solamente dije lo se me vino a la mente en ese instante.
- Hola, soy Bella, ¿tú eres…?- le pregunté alargando mi mano y aprovechando que como era el primer día, el profesor solo estaba dando unas indicaciones y los materiales necesarios para la clase. La chica al parecer era un poco penosa ya que se sonrojó al ver mi intento de conocerla.
-Soy Ángela, encantada de conocerte Bella- me dijo casi en un susurro.
- Igualmente Ángela, como veras, soy nueva en la escuela y me gustaría saber si serías tan amable de darme un pequeño recorrido y contarme como son las cosas por aquí. De paso, también me gustaría saber cosas de ti.
- Claro, sin problema. Además la escuela no es tan grande que digamos así que terminaremos en una media hora- al parecer la había infundido confianza porque ya se notaba menos tímida conmigo- En cuanto a las cosas… ¿Eres nueva en el pueblo?
- Sí- respondí
- En Forks no hay muchas novedades, lo que sí te digo es que llueve mucho y hace mucho frío. Y en cuanto a mí, ¿Qué te gustaría saber?- me preguntó con sincera amabilidad.
-¿Naciste aquí?- creo que fui demasiado lejos pero de verdad me gustaría ser su amiga. A ella no pareció molestarle.
- Sí, he vivido toda mi vida aquí junto a mis padres- en cuanto ella mencionó la palabra, padres, vinieron los recuerdos. Evité hacer una mueca de dolor, y en cambio quise seguir con mi interrogatorio, pero en el momento en el que iba a hablar sonó el timbre.
- ¿Qué clase te toca?- le pregunté teniendo la esperanza de que fuera lengua.
- Física- hice una cara que decía "que lástima" – veo que no nos toca la misma pero si quieres te acompaño hasta tu siguiente clase para asegurar que no te pierdas- apareció una sonrisa en mi rostro y ella lo tomó como una afirmación.
En las clases siguientes no hubo novedad, solamente un profesor más me pidió que me presentara. El resto del tiempo pensé y recordé mucho. El hablar de familia o siendo más específica – padres- me traía recuerdos no gratos, pero ella dijo el nombre de sus padres con tanto amor que no pude evitar recordar.
La hora del descanso llegó y antes de que pudiera salir del salón un muchacho rubio, alto, y con ojos azules me esperaba en la puerta.
- Hola, soy Mike Newton, nunca te había visto en el pueblo- el chico tenía un aire amistoso pero tenía otro que no me gustaba, era como si acabara de llegar a la escuela y pensara que ya era su amiga o algo más pero no le presté atención.
- Soy Bella, mucho gusto- le contesté más por cortesía.
- ¿Te molestaría si te acompaño a la cafetería?- le iba a decir que iba al baño pero visualicé a Ángela caminando hacia nosotros.
- Me gustaría pero quisiera almorzar con Ángela- le respondí con cara "arrepentida"- nos vemos luego- le grité mientras iba corriendo hacia la salvación de Ángela .
-Veo que ya has conocido a Mike- me dijo burlona- ¿A que no soy tu ángel de la guarda?- mantenía esa sonrisa en su rostro.
- No te equivocas, de verdad te lo agradezco, ese Mike estaba a punto de llevarme a almorzar. - le dije poniendo cara de asco. Ella solamente rió.
Al entrar en la cafetería todos giraron a vernos entrar. Ángela se sonrojó mientras yo traté de mantenerme serena.
Todo iba bien hasta que los vi.
Eran tres hombres y dos mujeres. Todos igual de hermosos. Pero me arrastró la misma sensación que siento cuando veo personas con ese aspecto.
Desde pequeña he sentido que alguien me vigila pero cada ves que miro no hay nadie. Sé lo que son, "él" es uno de ellos. Todos me causan una horrible sensación de odio y amargura, me dan ganas de acabarlos con mis propias manos. Pero a la vez, siento como si me estuviera traicionando a mi misma y a alguien más que extrañamente no puedo recordar.
Su mesa era una de las más alejadas. No comprendía la razón por la cual estaban aquí y sinceramente no me interesaba. Cuando miré en su dirección uno de ellos, el que tenía un hermoso cabello cobrizo, me miraba como si me odiara. ¿Qué le hice para que me tratara de tal forma?
Ángela apareció de la nada, o eso creí yo, pero yo seguí mirando en su dirección sin poder evitar mirarlos con odio sin saber por qué. De repente sentí un toque en mi hombro.
- Bella ¿Te ocurre algo?-preguntó Ángela al ver que no me inmutaba en la conversación
- Tranquila, es solo que algo no huele bien por aquí – le dije apartando la mirada- Ang me podrías decir ¿Quiénes son aquellos de allá?- le pregunté señalando con la cabeza hacia su mesa.
- Son los Cullen- respondió como si estuviera hablando del clima- son todos hijos adoptivos del doctor Carlisle Cullen, se mudaron aquí hace un par de años.
- ¿Podemos ir a sentarnos por favor?- nos sentamos Ángela solamente comía mientras que seguía pensando en la situación de hacía un instante.
Volví a voltear a mirarlo. Cuando nuestros ojos se conectaron me asaltó un recuerdo nuevo.
Flashback
Estaba en un lugar que no puedo reconocer. Me sentía como si tuviera cuatro años.
Estaba sentada en un parque con un traje largo. Era un trajecito de los que solo ves en historias como Orgullo y Perjuicio. Era como si fuera un recuerdo pero no entendí que hacía vestida así. Como si hubiera nacido en otra época.
Cuando levanté la mirada sentí unos ojos verdes posarse en mí y vi a un lindo niño sonreírme.
- ¿Quieres jugar conmigo?- me dijo. Parecía muy emocionado con la idea así que me deje guiar. Era un niño muy agradable pero no me sentía encajar con los niños que al parecer tenían mi edad, me sentía como si fuera más grande que ellos a pesar de la edad que aparentaba.
Nos montamos en los columpios por mucho rato al pasar el rato me fue entrando una extraña calidez que jamás había sentido y le tomé más confianza al niño.
- Mi mami dice que cuando crezca deberé ser un caballero con las niñas porque algún día me casaré con alguna- me relataba- eres una niña muy linda- me dijo sonrojado- cuando sea grande y tenga una como se dice…- se rascó la barbilla-Ah! Creo que se llama esposa quiero que seas tú- estaba como un tomate.
-Bueno mi papi dice que los niños solamente son personas con quienes juegas a las escondidillas- le contesté sonriendo.
Fin de Flashback
No sé a que vino eso, solamente vi al tal Cullen y recordé. Volví a mirarlo y otro recuerdo vino.
Flashback
Estaba en una fiesta y había gente muy elegante. Había mujeres con corsés y extravagantes peinados. Otra especie de recuero parecido al anterior.
Estaba parada en una esquina esperando a alguien, no sé quien. Dirigí mi vista al área del baile y vi como las personas adultas se movían con sincronía y elegancia al ritmo de la música.
Miré hacia otro lado y me llevé una sorpresa al ver al mismo niño que había conocido en el parque, solo que ahora traía un traje de gala y estaba con su madre. Miró en mi dirección y me sonrió. Le devolví la sonrisa sintiéndome extrañamente feliz de que estuviera aquí.
Le dijo algo a su mamá para después señalarme y ambos miraron en mi dirección. Luego, ella le dijo algo que sonó como no te alejes mucho de aquí, ahora vuelvo por ti El niño sonrió y vino contento casi corriendo en mi dirección.
-Hola de nuevo- me dijo- que bueno que viniste, le conté a mami que te había conocido en el parque y me dijo que ahora venía a buscarme y que podía quedarme un rato contigo- estuve feliz de encontrar con quien pasar el rato.
Estuve metida en mis pensamientos pensando en que si estaría mal bailar como una adulta cuando una mano se posó frente a mí.
- ¿Bailarías conmigo?- preguntó sonrojado. Todo lo que pude hacer fue llevarlo casi a rastras a la pista de baile frente a la cariñosa mirada de todos incluyendo la de papá.
Yo sabía bailar, era mi pasión, no sabía si el podía hacerlo pero hizo los pasos correctos en los tiempos y canciones correctas. Sentí la mirada de todos sobre nosotros pero no nos importó, nos estábamos divirtiendo mucho.
Bailamos mucho cuando su mamá dijo que se tenían que ir, antes de irse ella me miró y me sonrió. El niño todo lo que pudo hacer fue decir adiós con la mano.
Nunca más lo volví a ver
Fin de Flashback
Siempre venían los recuerdos, como yo los llamaba, venían de repente como si mi cabeza los activara automáticamente y nunca he podido saber por qué.
El timbre sonó y Ang y yo nos despedimos y cada una nos fuimos a nuestras clases. A mí me tocaba biología.
Llegué al salón de clases, pensé que todo iba a ser como en la mañana pero no fue así.
Ahí estaba él en una mesa al lado derecho del salón y no tenía compañero.
- Señorita Swan, siéntese junto al señor Cullen ya que es el único asiento disponible- dijo el profesor. Tenía cara de ser buena persona, pero en este momento era la peor persona viviente.
Caminé en silencio hasta mi mesa. Ni siquiera lo miré. Hice como si estuviera sola, pero podía sentir su mirada en mí y eso me frustraba.
Llegó un momento en el que no aguanté más y lo encaré. Tenía los ojos tan negros como el carbón. Pensé que apartaría la mirada pero me la sostuvo. Me harté.
- ¿Cuál es tu problema? ¿Algo te huele mal por aquí?- le pregunté en tono desafiante. Sabía que esa simple pregunta me podía costar muy caro, pero sinceramente no me importó.
Se limitó a mirarme con más repugnancia. Jamás quité la mirada. Hasta que sonó el timbre. Se fue como si yo hubiera sido la peste.
El resto del día si pasó normal. A la salida, Ángela se encontró conmigo.
-¿Cómo te irás? ¿Tus padres viene por ti?- me percaté que los Cullen venían saliendo- Si quieres le digo a mi novio, Ben, que te lleve.
-Tranquila Ang, cuando me mudé aquí, tenía todo bien planeado. Yo sé lo que te digo- le dije sonriendo maliciosamente pensando en lo que vendría después.
Al cabo de un rato entró un auto. Un Ferrari color negro modificado con reflejos en fucsia y vidrios ahumados. Saqué una tarjeta y la enseñé al conductor y luego aparcó el auto justo en frente de nosotras. En mi cara había una sonrisa de oreja a oreja.
El conductor bajó- ¿Es usted Isabella Swan?- solo pude asentir-firme aquí- firmé dónde me lo pidió, me sonrió coquetamente- gracias por su compra y que disfrute su nuevo vehículo.
Para este punto tenía las llaves en mis manos y estaba saltando como loca con Ang mirándome con la boca abierta
-¿Este auto es tuyo?- preguntó asombrada. Al parecer los únicos por aquí que tenían carros de esta categoría eran los Cullen.
- Sip, es mío. Ves, te dije que tenía todo fríamente calculado. ¿Te gustaría dar una vuelta conmigo?, luego puedo llevarte a casa- pregunté esperanzada de conducir este bebe con alguien a mi lado.
-Sí, claro, no serías un encanto si no me lo hubieras pedido- lo que pude hacer fue únicamente reír. Estaba feliz. Todos en el aparcamiento me veían como la reina de Roma o algo así.
El auto yo misma lo mandé a pintar a mi gusto, lo modifiqué por dentro y fuera y me encantaba mi auto, era el auto que siempre quise tener.
Ambas nos montamos en el auto frente a la mirada de todos- ponte el cinturón- le dije- no lo pedí así por cualquier cosa- dije con una sonrisa maliciosa.
Era una belleza total de máquina automovilística, los sillones estaban cubiertos de cuero, tenía manejado automático y muchas otras cosas más.
Lo encendí y disfruté el sonido del motor durante unos segundos antes de arrancar a toda velocidad. En treinta segundos por seguridad mental de Ángela pude acelerar a 100Km y se sintió increíble.
Ang me guió hasta su casa y cuando aparcamos me di cuenta que estaba aferrada con sus dos manos al asiento como si su vida dependiera de ello. Me reí a carcajadas.
-Si muero algún día de joven será por tu culpa y la de tu auto- fue lo último que dijo antes de dirigirse a su casa.
