Verdades a Medias

Cuando Ang bajó, a pesar de que había pasado un gran día me sentí deprimida. Inmensamente deprimida. Me sentí sola, como si me hubieran abandonado por segunda vez. Deseché ese sentimiento y me dirigí a la que sería mi casa.

Desde que tenía cuatro años he estado sola, la razón es dolorosa e intenté no recordar. Me prometí a mi misma que no iba a dejar vencer por la tristeza.

Mi casa era linda un poco grande para alguien que vivirá sola, pero no me quejo. Habían tres habitaciones pero solo mandé a acondicionar la mía. Estaba tal y como les dije. Había una gran cama matrimonial en el centro de la habitación, una LCD, cosas que siempre me pregunté como se sentiría tenerlas.

Sólo me senté en la gran cama y me dispuse a ver mi horario para comprar lo que me hacía falta. Casi salto al saber que tenía clases de música tres veces a la semana. Me encantaba la música. Era mi pasión desde siempre y gracias a ella estoy aquí y tengo todo lo que tengo.

El resto de la tarde sólo fui a Port Angeles a comprar lo que hacía falta en la casa: comida, alguna pintura, algunos muebles, nada importante, también los materiales de la escuela.

Llegué a casa exhausta, cuando entré a mi habitación solo me cambié de ropa y cuando sentí el algodón de mi almohada en mi cabeza, me dormí.

Desperté al día siguiente por el sonido de mi alarma que casualmente compré ayer con ganas de matarla por sacarme de mi gran sueño.

Me bañe, y solo me vestí con unos jeans y una blusa sencilla y nada de maquillaje y mi cabello suelto.

Llegué a la escuela en menos de cinco minutos. Sentía la mirada de todos en mí y como lo detestaba. Ang estaba esperándome en el aparcamiento.

- Hola Bella! - saludó entusiasmada- quiero presentarte a mi novio- dijo señalando a un chico un poco más bajo que ella- él es Ben Cheney

- Mucho gusto, Bella- le dije extendiendo mi mano- un placer conocerte, Ang no para de hablar de ti desde que la conocí- dije sonriendo.

- Pues que bueno, por lo menos sé que se acuerda de mí cuando no me ve- dijo sonriendo en dirección a Ang. Parecían que estaban muy enamorados el uno del otro y me alegré por ella.

Vi en la dirección en la estaban los Cullen aparcados ayer pero solo estaban cuatro. El de cabello cobrizo no vino al instituto. Sin embargo una de ellos con cabello negro apuntando a diferentes direcciones, me miraba como si estuviera esperando a que algo pasara. Y me sigo preguntando porqué ellos sienten esa atracción hacia mí. No veo que anden mirando a diferentes personas a largos ratos.

No presté atención y me dirigí a mi clase. No pasó nada en especial ese día pero me tuvo intrigada el porqué de la ausencia de él.

Al día siguiente dirigí mi mirada a la misma dirección en el aparcamiento pero hoy sí estaba ahí, se le notaban menos las ojeras y se veía sereno. Sonó el timbre y al instante salió a flote una sonrisa en mi rostro, mi primera clase de los próximos tres días sería música.

Llegué al aula y ya estaba el profesor ahí esperando a los estudiantes. Estaba que saltaba en mi asiento por esa clase. La casualidad de mi vida fue que Cullen compartía esas clases conmigo también. Por fin el profesor al ver que todos habían llegado se paró de su silla.

-Buenos días jóvenes, bienvenidos a un nuevo año escolar, yo seré su profesor de música- yo creo que eso todos lo teníamos bien claro- para comenzar me gustaría que si alguno tuviera un talento musical, lo compartiera con sus compañeros y conmigo- no sabía si ofrecerme pero pensé que si después hubieran actividades respecto al tema podría tener problemas

Cuando vi que nadie se paraba me ofrecí- me gustaría participar profesor- todos me miraron

- ¿Cuál es tu talento?- dijo – cantas, bailas, o tocas algún instrumento- preguntó

- ¿Aquí hay algún violín que pueda usar?- la verdad es que hacía y me apasionaban las tres cosas pero decidí que sólo me limitaría a hacer dos.

- Claro, por aquel lado- dijo señalándome una puerta. Al cruzarla fue como mi mejor sueño, había incontables instrumentos, tomé el violín que más me gustó y salí. Al frente de todos había un banco pero preferiría hacerlo parada.

- Profesor, lo haré de pie- asintió con la cabeza. Cullen me estaba mirando, traté de no ponerme nerviosa. Y empecé a tocar.

El violín fue el primer instrumento que aprendí a tocar, según recuerdo, aprendí cuando tenía dos años. Luego de unas notas empecé a cantar una canción que siempre cantaba cuando me sentía perdida, le había llamado Sálvame (Sálvame de rbd)

Cerré mis ojos y me dejé llevar y cuando terminé los abrí. Todos me miraban con sorpresa, el profesor me miraba con algo de cariño, y cuando miré en dirección a Cullen me miraba de una manera que no pude descifrar.

- Canta muy hermoso al igual que toca el violín como nunca antes lo había escuchado- me sentí volar en ese instante- Es usted una mujer muy talentosa.¿ La canción es compuesta por usted?

- Si- respondí con mi mejor sonrisa

- Es una canción muy hermosa. ¿Desde cuando toca el violín y compone canciones?

- Toco el violín desde que tenía dos años- todos miraron sorprendidos- y compongo desde mis cuatro según recuerdo.

El profesor solamente sonrió como si yo le recordara a alguien- Muy bien, puede sentarse- fui a dejar el violín donde estaba. Me quedé viendo lo que había en ese gran salón. Había diferentes clases de violines, guitarras acústicas y eléctricas, una batería, flautas, clarinetes, oboes, de todo.

El timbre sonó y antes de que pudiera salir el profesor me llamó- Van a ver diferentes actividades a lo largo del año, espero que esté interesada y si lo está tendrá su puesto asegurado- cuando salí del aula todos me esperaban afuera y me decían cosas como cantas lindo o quien te enseñó a cantar así por parte de los chicos sal conmigo o no me extraña que cantes hermoso si tú también lo eres los comentarios me abrumaban pero ese día el chisme se corrió en las primeras cuatro horas de colegio y en el descanso conocí a todo el colegio. Fue agradable. Siempre había pensado que ser el núcleo de la gente era horrible pero no todas las personas te querían conocer porque fueras bonita o tuvieras dinero. Conocí a un tal Eric Yorkey, el me hizo reír mucho contándome las ciertas metidas de pata de los profesores. Estuvo agradable.

Al terminar el descanso me dirigí a la clase de biología. Como supuse ahí estaba él, me senté al lado suyo sin decir palabra sin embargo el no pensó igual que yo.

-Hola, lamento no haberme presentado la semana pasada, me llamo Edward Cullen- dijo con una pequeña casi imperceptible sonrisa- eres Bella ¿Cierto?

-Sí- respondí seca. No entendía a dónde quería llegar

-Te vi en la clase de música ¿Siempre te ha gustado?

-Si, siempre me ha gustado, desde que tengo uso de razón- cuando lo vi parecía que de verdad quería saber cosas sobre mí. Que extraño.

-¿Dónde estabas antes de llegar aquí?- nadie me había preguntado cosas sobre mi pasado. Tenía que ser precisamente él el que las comenzara.

- Soy procedente de Italia- era verdad yo soy italiana. Pero nunca le vi la gracia que otros le ven.

-¿y porqué te mudaste aquí, a uno de los lugares más lluviosos de los USA después de vivir en un lugar tan soleado? – no quería responder, pero algo me incitaba a hacerlo. Era como si mi cuerpo reaccionara involuntariamente hacia él.

- La verdad no lo sé- respondí sincera- sólo se me vino a la mente cuando quise escoger otro lugar para vivir ¿Por qué me haces estas preguntas?

-¿Te molestan?- me miraba como si intentara descifrar algo

-No, pero hace dos días no te mostrabas tan amigable- quería saber cuál era la razón de su cambio en su trato hacia mí. No es como si me importara mucho, no quería tener ningún tipo de relación con alguien de su especie.

Parecía que iba a responder cuando sonó el timbre. Que suerte la del monstruo. Sólo se fue con un – Hasta luego- y huyó como la primera vez.

Al día siguiente también hizo un intento de conversación que, creo yo, era incómodo para ambos, por lo menos, lo era para mí.

A la mañana siguiente estaba repasando una prueba de cálculo junto a mi auto, levanté la vista y ahí estaba la misma mirada de Edward que no podía descifrar. Luego, todo pasó muy rápido.

La camioneta de Tyler entró con gran velocidad al aparcamiento, había estado lloviendo, miré a Edward. Tenía cara de angustia, y luego lo sentí a mi lado. Con su mano derecha me corrió las piernas hacia un lado, y con la izquierda detuvo la camioneta, dejando en ella, la marca de su mano.

Nos miramos por un par de segundos, yo sentí en mi cara la sorpresa. ¿Por qué lo hizo?, él solo me miraba como si intentara decirme algo.

-¿Estás bien?- preguntó con un deje de preocupación.

- Sí, estoy bien, sólo quiero irme a casa- todos se estaban acercando hacia nosotros, no quería sus preguntas.

- Primero te llevaré con mi padre- dijo con una cara que decía no acepto un no por respuesta no me sentía bien para discutir así que sólo, nuevamente, me dejé llevar.

Llegamos al hospital de Forks y me atendieron tan rápidamente como si me hubiera estrellado en auto o algo así. Me pusieron en una camilla y una enfermera prácticamente me revisó. Estaba a punto de reclamarle a Edward que me dejara irme, cuando el doctor Cullen entró a la sala donde estábamos.

Al mirar su cara, se me hizo extrañamente familiar, pero estaba segura de que nunca lo había visto.

- Isabella Swan- asentí.

-Solo Bella- me practicó unos cuantos exámenes mientras trataba de recordar dónde lo había visto. No encontré ese tal recuerdo.

- Tuviste suerte, pudiste haber quedado peor, estás bien, ya te puedes ir- me sentí feliz pero no lo demostré. Sin embargo me pregunté porqué el doctor Cullen, entre tantos empleos, escogió precisamente el que iba en contra de su naturaleza. No me pareció lógico.

Cuando me dispuse a irme, Cullen me siguió por detrás en silencio. En el aparcamiento giré hacia dónde milagrosamente estaba aparcado mi auto. Pensé que Edward coger otro rumbo pero no fue así. Me sostuvo el brazo cuando iba hacia el asiento del conductor y lo miré con cara de WTF.

-He hecho un gran esfuerzo por mantenerte viva, por favor, trata de valorarlo, yo conduzco- iba cada ves más sorprendida por su conducta. Cuando entramos me miró con cara sorprendida- lindo auto- dijo y cuando arrancó parecía otra persona. Una persona más relajada, disfrutaba de la velocidad.

-¿Tus padres se enojarán porque te lleve a casa?-y aquí vamos

- No tengo padres- susurre. Esa era una verdad a medias. Al instante supo que metió la pata

- Lo siento, no quise hacerte sentir mal- cambió de tema- ¿Dónde vives?- le dí mi dirección y el resto del trayecto me hizo preguntas de mí. ¿Cuál es tu color favorito? ¿Tu flor favorita? ¿Tu cumpleaños? No me molestaban, al contrario, cada ves me sentía más y más atraída y me asustaba.

Cuando llegamos sólo dijo Hasta mañana y se fue. Esa fue la primera ves que soñé con Edward Cullen.

La mañana del siguiente día pasó rápidamente. En el receso estaba con Ang, miré en dirección a la mesa de los Cullen, Edward no estaba. Pero antes de que pudiera reaccionar Ang dijo

- Edward Cullen te está mirando desde aquella mesa-. Mire en la dirección en la que había señalado con la cabeza, y efectivamente ahí estaba diciéndome con su dedo índice que me acercara. Levanté una ceja y respondió sonriéndome torcidamente. Casi hipnotizada, me despedí de Ángela y me dirigí a su encuentro.

- ¿Pasarías el receso conmigo?- exclamó sonriéndome de la misma manera. Me senté en frente de él.

-¿A qué se debe la invitación?- pregunté. Estaba nerviosa. Últimamente me sentía así en su presencia.

- Solo quiero pasar tiempo contigo ¿No puedo?- me sonrojé- Y de paso invitarte a salir el sábado-. Sentí que se pasaba de la línea y no soporté más.

- ¿Me acompañarías a dar un paseo por el bosque?- Asintió. Quería salir de dudas de una vez por todas, y para hacerlo, tenía que sincerarme desde el fondo.

Cuando nos alejamos lo suficiente, lo encaré y fui directa.

- Sé lo que eres- al parecer él presentía que iba a pasar esto, pero no de esta forma. Se mantuvo sereno.

-Si lo que piensas es cierto, entonces dime ¿Qué soy?- preguntó con cierto aire de arrogancia en el rostro.- Dilo, no te escucho- apremió.

- Eres un vampiro- se lo dije con mi mejor cara de póker.

- Muy bien, ahora dime ¿De qué me alimento?- dijo con el mismo rostro arrogante.

- No me harías daño

- ¿Cómo estás tan segura de ello?

- Si lo hubieras querido, no me hubieras salvado en aquella ocasión, ni estuvieras discutiendo tranquilamente conmigo, simplemente ya estarías tomando lo que, según tú, sería tuyo- respondí con confianza. Eran cosas que había pensado.

-¿Y qué te hace pensar que no lo haré en este preciso instante? No es como si pudieras escapar- recorrió toda la cuadra en menos de un segundo. Lo sentí detrás de mí y giré levemente sorprendida- o pudieras defenderte- arrancó un árbol de raíz para estrellarlo con otro- me mantuve serena. Él parecía fuera de sí pero al ver que nada me parecía fuera de lo normal, se desesperó- ¿A caso no comprendes en lo que te estás metiendo?

- Sí lo hago, pero no son solo tú o tu familia las únicas personas con secretos peligrosos. Hay mucha gente que también los tiene, yo incluyéndome- me miraba impaciente esperando a que continuara- no es todo lo que tengo que decirte pero te informo que mi padre es un vampiro- estaba sorprendido- si te preguntas desde cuándo lo sé, lo hago desde que los vi en mi primer día de clases. He estado metida en este mundo desde siempre. Quisiera contarte el reto el sábado si no te molesta.

-¿Porqué me dijiste que no tenías a tus padres cuando es mentira?

- Es una verdad a medias. Como dije mis repuestas te las daré el sábado pero a mí me urge saber ¿Por qué?- comprendió todo lo que quería decir con ese porqué. Sólo se acercó hacia donde estaba y me acarició la mejilla con la palma de su mano.

-Hay una respuesta corta y una larga, te daré la corta y el sábado la larga- seguía con su palma en mi mejilla- mi respuesta es que te has convertido en poco tiempo en mi razón de existencia, no hubiera soportado haberte perdido y hubiera preferido incumplir mis reglas a dejar que te pasase algo- no sabía como reaccionar, así que actué por instinto.

Lo miré a los ojos y traté de transmitirle con esa mirada todos los sentimientos que me atravesaban en ese momento. Él pasó sus brazos por mi cintura, y yo los míos por su cuello mientras él iba inclinándose.

Y luego sentir sus fríos labios contra los míos.