Su familia, arroz y… ¿Pollo agridulce?
Nos montamos en su auto. Yo eufóricamente nerviosa, y él, más fresco que una lechuga recién lavada. ¡¿Es que el mundo no puede ser más injusto? ¡¿Cómo es posible que él, viendo mi situación, pueda estar sereno? Así… yo sé la respuesta… ¡Tengo el jodido universo en mi contra!
En fin… haciendo de lado mis quejas, todo iba de viento en popa. Edward que por ningún motivo existente me dejó conducir por lo que él llama mis bajos reflejos con una mano conducía y la otra estaba firmemente entrelazada con la mía, y yo no cabía de gozo. Me sentía como las muchachas de las novelas a las que le dan su primer beso y quieren gritar: ¡Estoy enamorada! Tenía sintonizada en la radio una emisora de viejos éxitos. Cuando vivía con Reneé, hubieron ocasiones en que ella ponía esta clase de canciones y, ¿Quieren saber cual era mi salida del calvario deprimente? Era la tarea, hacer música, lectura, cualquier cosa que se me ocurriese. Pensé que todo eso lo había dejado con Reneé… pero esto… esto era el colmo. Y lo más curioso era que Edward se sabía la letra completa.
- Hey deveritas estas viejo. ¿Cómo así que un muchacho como tú, lindo… joven… anda escuchando a mujeres quejándose lastimeramente de cuando el novio las dejó?- pregunté para romper el silencio. Él sólo se rió. Su risa era hermosa. Si alguna vez quedaba inconsciente y escuchaba su risa, pensaría que había llegado al cielo.
- Todas las canciones de mi tiempo no se tratan sólo de mujeres amorosamente abandonadas- respondió con aire divertido.
-Eso te lo concedo. Ellas también cantan sobre su orgullo al no entristecerse por el abandono de su novio, cuando en realidad quieren llorar hasta que se le sequen los ojos- Edward sonrió negando con la cabeza- Y te digo algo. Es bastante patético.
-¿No te voy a poder sacar esa idea de la cabeza verdad?- negué con la cabeza.
-Yo sé lo que escucho niño. Estas mujeres componían canciones en sus noches de melancolía.
-Parece que tienes un oído perjudicado por la edad, Bella.
-Nop. La verdad es que tengo un excelente oído. Tocar un instrumento musical tiene sus ventajas. Y yo no estoy vieja, soy mucho más joven que tu tatara nieto, puedo asegurar- él no le prestaba mucha atención respecto al tema de su edad. Al contrario, se veía como si por primera ves hubiera ido al psicólogo luego de un trauma.
-¿Solamente tocas el violín?- whoa eso no me lo esperaba.
- Toco el violín y la guitarra
-¿Por qué en la demostración en la clase de música escogiste tocar el violín?
-El violín siempre ha parecido para mí, un instrumento de escape.
- ¿Qué quieres decir con eso?
-Cuando siento que estoy muy nerviosa, el violín me relaja Cuando no sé como expresarte algo, lo hago por medio del violín. Es como si te pidiera salvación. Que me saques del hoyo negro en que me encuentro. Para mí eso es el violín.
-¿Y te sentías nerviosa en ese entonces?- parecí algo shockeado por mi explicación.
- Sí. Mucho. En mis escuelas anteriores nunca había tenido la oportunidad de tener amigos porque siempre era la trabajadora manual y además nunca tenía tiempo para hacer amistades. En los ratos libres, dormía o estudiaba, en los demás, estaba en alguna clase o trabajando. Y luego llegar ahí sin saber que hacer o decir cuando al fin había llegado la hora, era muy abrumador.
-Vaya. Yo nunca me he sentido así. Cada vez que llego a un instituto diferente, es la misma rutina. Llegamos, cuchicheos, quien es más lindo, y luego ignorancia hacia los humanos hasta que llegue el día de la graduación y la hora de mudarnos. Otra vez.
-Supongo que no es tan malo. Por lo menos tus hermanos han estado en cada una de las veces en que cambian de ambiente, a diferencia de mí. Siempre fuimos Reneé y yo. Nadie más- lo último lo dije casi en un susurro. Desvió la mirada del camino y me miró con ternura.
-Ya lo sabes… jamás ocurrirá de nuevo- besó el dorso de mi mano que tenía sujeta- te lo prometo- le regalé una pequeña sonrisa.
- Lo sé.
Luego de eso, seguimos avanzando en un cómodo silencio. Fui divisando un camino por el bosque, y más adelante, la vi.
Era una enorme mansión en medio del bosque. Rodeada de hermosos pinos cuidadosamente colocados. Tenía una pared lateral totalmente de vidrio. Era de una mezcla de blancos, colores caoba y dorados. Era hermoso.
Se estacionó en frente de la entrada y antes de que pudiera reaccionar, ya estaba él, abriéndome la puerta del auto. Me sonrojé un poco.
- Gracias- susurré bajito.
- No hay de qué ¿Estás lista?
-No, pero adelante- dije con la mejor sonrisa que pude sacar. Cuando abrió la puerta, me di cuenta de algo. La casa era mejor por dentro en todo sentido. Estaba finamente decorada, con las proporciones correctas. Creo que todos los que estaban en la casa se dieron cuenta de mi asombro.
-Pensé que todo iba a ser, como decirlo, más oscuro ¿quizás?- rió bajito
- No es como si no supieras identificar lo real con lo imaginario.¿Realmente pensabas tú que iba a simular dormir por todo el día metido en un ataúd, mientras me pierdo de las maravillas de nuestro mundo? No, no lo creo – dijo con aire irónico.
-Está bien señor dramático, ya estamos aquí. A lo que vinimos- dije sintiendo una extraña sensación de repentino entusiasmo. Edward me miraba divertido en lo que escuché un carraspeo detrás de mí. Giré como por acto reflejo. Detrás de mí parecía que estaba toda la familia reunida.
-¡Jesús!- exclamé por el susto
-Jesús no... Sólo somos nosotros- repuso el más fornido de todos. El se acercó hacia mí- mi nombre es Emmet- dijo brindándome una gran sonrisa. Luego señaló a la rubia que más parecía diosa que un ser terrenal- ella es mi pareja, su nombre es Rosalie- ella sólo hizo un asentimiento de cabeza como saludo- me alegra que por fin nuestro Eddy haya encontrado su media piedra- me reí un poco.
- También yo, créeme- él sí se rió como le dio la gana. Se me acercó el doctor que me atendió en el hospital.
-Supongo que me recuerdas. ¿Cómo vas con lo golpes?- dijo mirándome cálidamente
-Claro que lo recuerdo doctor Cullen. Y ya casi no me duelen
-Dime Carlisle- me presentó a la mujer a su lado. Ella tenía una cara en forma de corazón con un cabello de un color entre caoba y miel- ella es mi esposa Esme- ella adelantó un paso, me dio un abrazo y un beso en la mejilla.
-Un gusto conocerte cariño. Edward nos ha hablado mucho sobre ti
- Entonces espero que hayan sido cosas buenas- dije mirando de reojo a Edward quien se veía como si estuviera algo… ¿avergonzado?
-Claro que sí. Prácticamente eres su pollo agridulce en el arroz de su vida- casi gritó Emmet. Ahí sí que no pude aguantar más. Estallé en risas con los demás siguiéndome. Excepto Edward, que miraba con cara de asesino a su hermano.
-Nunca puedes cerrar la boca verdad- dijo en un medio siseo.
-Solamente estaba siéndole sincero a mi nueva hermana. De una forma diferente y original. ¿Cuál es el problema?- Todos seguíamos en las mismas condiciones. Cuando me tranquilicé, Edward me veía como si lo hubiera traicionado o algo así. Rodeé con mis brazos su cintura para tranquilizarlo.
-Oye, ni que fuera tan serio,¿que quieres que diga? A mí me halagó la forma en que Emmet expuso lo que pensaba.
-Pues la verdad es que fue un terrible pensamiento
-¿Por qué? A mi me gusta el pollo agridulce-todos rieron nuevamente, él incluido. La que parecía una duende se me acercó. Ella tenía el cabello a la altura de la nuca, apuntando hacia diferentes direcciones y era negro como el carbón.
-Mi nombre es Alice- me dio un gran abrazo y un sonoro beso en la mejilla- estoy segura de que seremos buenas amigas, es un placer conocerte- supe al instante que sería cierto que nos íbamos a llevar bien.
-El mío igual
-Él es mi esposo Jasper, lo perdonarás por no venir a saludarte, pero es el más reciente en nuestra costumbre- señaló con su mano al muchacho del cabello color miel, que me miraba con un rostro de disculpa.
-De verdad lo siento- dijo él en el volumen exacto que mis oídos eran capaces de captar.
- No hay problema, no te preocupes. Supongo que a nadie le es demasiado cómodo tener a alguien como yo muy cerca.
- No es eso. Es sólo que él no está tan acostumbrado como todos nosotros a la dieta- dijo Edward.
-Dime Bella ¿Eres originaria de Forks?-preguntó Carlisle
-No, soy italiana
-Oh, y ¿cómo llegaste a aquí?-esa fue Esme. Edward pareció que les advertía con la mirada.
-Ni yo misma lo sé- sentía que ya estaban cruzando terreno peligroso cuando Esme cambió de tema
-¿Sabías que Edward es músico?-esa no me la había visto venir. Debo decir que casi me ahogo con mi propia respiración.
-No, no me la había comentado- respondí viendo de reojo a Edward.
-Entonces supongo que debería hacerte una demostración- respondió indiferente mirando a su hijo quien tenía una cara de ¿Por qué me haces esto a mí?
-¿Mi opinión no cuenta aunque sea un poco aquí?- preguntó Edward. Esme y yo negamos seriamente con la cabeza-está bien, está bien, lo haré- dijo entre dientes. Yo estaba que daba saltitos mientras caminaba. Caminamos por la enorme mansión hasta llegar a un vestíbulo.
En el centro había un gran piano de cola negro
-¡¿Dónde rayos tenías la cabeza metida para no mencionar nunca que tocas el piano?- le dije- como pudiste guardarte semejante información. La verdadera razón de mi emoción era que siempre había querido tocar el piano, pero contando que no tenía suficiente dinero para comprar uno, cada vez que iba a inscribirme, me entraba una sensación extraña en el pecho así que jamás aprendí.
- Mi cabeza estaba en cosas más importantes esa mañana- entonces lo recordé y me sonrojé.
-Ya, olvídalo y toca- dije mientras me sentaba en el banquito del piano. Él se sentó y comenzó a tocar. Aquello era el paraíso. La melodía era algo alegre. Él me hizo saber que era la favorita de Esme. Luego de un rato, cerré mis ojos y me recosté en su hombro. Poco a poco, la melodía fue yendo más lenta hasta convertirse en una canción de cuna. Era simplemente bella.
Sus manos se movían por el piano como si lo estuviera acariciando. La canción estaba tan cargada de amor y ternura que me dieron ganas de llorar. Cuando terminó me susurró al oído:
-Esa la inspiraste tú- no aguanté más, y rompí a llorar y lo abracé.
-Gracias, no sabes cuanto te amo
-Y yo a ti- respondió mientras me acariciaba el cabello. Estuvimos un rato en la misma posición y luego nos paramos. Fuimos recorriendo la casa mientras él me la mostraba y en eso llegamos a la cocina. Momento. Para que quieren ellos cocinar.
-¿Por qué tienen cocina si no la usan?
-Aparentar- respondió indiferente. Como todo en la casa, la cocina era digna de un chef. Ahí estaba Esme, al parecer, cocinando.
-Espero que te haya gustado-comentó
-Gustar, no. Me fascinó. Y espero volver a escucharla antes que se desate la tercera guerra mundial- lo último lo dije mirando de reojo a Edward.
-Entonces tendrás que venir más seguido. Él la toca casi todos los días. Además me gustaría verte seguido- a veces mirar a Esme me hacía ponerme melancólica. Yo hubiera dado lo que fuera por que ella hubiera sido mi madre.
-Vendré entonces
-Sabes mamá… Bella también es música- todos los pelos de la nuca se me erizaron. Esto me olía a venganza. Esme me miró sorprendida.
-¿Es eso cierto?
- Si, así es
-¿Cuál instrumento tocas?
-Toco la guitarra y el violín- ahora se veía aún más entusiasmada que antes.
-El violín siempre ha sido mi instrumento favorito. Me gustaría que algún día tocaras para que pueda escucharte.
-No tendrás que esperar mucho. En mis momentos libres, que son muchos, toco. Así que casi siempre me verás con un instrumento en la mano- nada de eso era mentira. Me encantaba componer.
-Me alegro.
-¿Edward te enseñó ya toda la casa?
-No, pero ya estaba a punto de hacerlo- Edward contestó por mí.
-Bien, vayan
-Hasta luego, Esme
A medida que Edward y yo avanzábamos, éste iba señalando los lugares.
-El cuarto de Alice y Jasper, el cuarto de Rosalie y Emmet, abajo está el de Carlisle y Esme, el despacho de Carlisle…
En las paredes del pasillo había diferentes pinturas, muy antiguas según se veían y al final del pasillo había una cruz de madera.
-¿Cuántos años tiene Carlisle?- pregunté. Supuse que si atesoraban aquellas cosas, eran porque eran significativas. Y tenía una gran curiosidad.
-Acaba de cumplir 370 años. ¿Hay algún motivo por el cual lo hayas preguntado?- la verdad, sí.
-Es solo que me preguntaba ¿Por qué querrían ustedes una cruz? Así que concluí que debía tener algún significado- él me veía casi sorprendido.
-A parte de bella, inteligente. Me saqué el premio mayor- lo miré con una ceja alzada- es que diste en el clavo. Te debe parecer extraño que personas como nosotros atesoren cosas como esas. Y sí, tiene cierto significado para Carlisle.
-¿Crees que se enoje si hago preguntas sobre el tema?
-No te preocupes, sígueme- y me guió al despacho de Carlisle.
Otro capi Señoritas
Espero que la pasen bonito por los regalos de naviii. Yo en lo personal, estoy que salto en un pie jijijijiji
Besos y mordidas para todas!
Vendo mordida de Edward por Review! No hagan quedármelas haciéndome infeliz! Háganme feliz por favor!
¿Podrían?
