Capítulo 6
El despacho de Carlisle fue, a mi parecer, más como una biblioteca. Jamás en mi vida presencié tantos libros. Al final, se encontraba un escritorio lleno de diferentes libros de medicina, según pude ver.
También había cuadros que tenían aspecto de ser bastante antiguos en las paredes. Uno me llamó bastante la atención. En el cuadro se podía ver un puente sobre un río cristalino con carruajes transitando por él. Las mujeres con sus trajes con corsés y las que parecían ser sus criadas, lado de ellas, sosteniendo una sombrilla, protegiéndolas del sol incandescente.
Me quedé mirando por un rato aquel cuadro, cuando sentí una presencia en mi espalda.
-El Londres hacia el año 1650- dí un respingo cuando Carlisle habló- ¿En qué puedo ayudarles?
-Se podría decir que Bella es una persona muy atraída por lo extraño y desconocido- respondió Edward con un leve tono de burla- ¿Le vas a contar la historia?
- Sería un gusto, pero voy de salida el hospital. Además conoces la historia tan bien como yo.
Antes de entrar, Edward me relató un poco sobre la religión del padre de Carlisle y cómo se transformó. Me pareció increíble. Carlisle a pesar de todo, de lo que era, y de lo que pedían sus instintos, se resistió hasta el punto de querer suicidarse por odio a lo que era. Eso me hizo tratar a Carlisle con un profundo respeto.
Estuvimos unos minutos en silencio luego de que Carlisle desapareciera por la puerta y solté todo de sopetón.
-¿Qué sucedió luego? ¿Cómo lo superó? ¿Cómo descubrió lo de la alternativa de la sangre de animal? ¿Cómo…?
-Hey, hey. No me abrumes- lo miré con ironía. Como si fuera posible para él abrumarse con algunas preguntas- A ver… Carlisle luego de unos días sin alimentarse y esconderse de los humanos en el bosque, se encontraba muy débil. Una noche una manada de liebres pasó en frente de él. Estaba tan sediento que sin pensarlo, se abalanzó sobre uno de ellos. Ahí fue cuando descubrió que había una manera de, más o menos, coexistir con los demás. O sería más exacto decir que era una manera de sentirse mejor consigo mismo.
Cómo no podía salir durante el día, por las noches se dedicaba a estudiar música, medicina y ciencias y encontró su evocación en salvar vidas. Carlisle necesitó dos largos siglos de lucha para poder perfeccionar su autocontrol. Hoy, él es prácticamente inmune a la sangre humana y puede hacer lo que le gusta sin ningún tipo de sufrimiento.
Se dirigió hacia Italia cuando supo ahí había otros. Aquellos eran más refinados que la mayoría – me guió hacia otra pintura. En ella estaban pintados unos rostros serenos mirando hacia el caos en sus pies. Eran tres sujetos cubiertos con largas capas negras y luego, con sorpresa, reconocí al personaje de cabellos dorados- Aro, Marco y Cayo- dijo conforme pasaba su mano sobre los rostros. Dos con cabellos negros como la noche, y el tercero con cabellos rubios casi canosos- los patrones nocturnos de las artes- estuve con las yemas de mis dedos sobre el rostro canoso, cuando me asaltó.
Flashback
Me encontraba en una especie de salón. Tenía alrededor de dos o tres años. Estaba a un costado de tres imponentes hombres envueltos en túnicas negras. En frente se encontraba un sujeto con ojos color borgoña con la ropa totalmente desgarrada.
Estaba arrodillado forzadamente por dos hombres, uno en cada lado. Mientras uno de ellos sostenía su cabeza en alto.
Sentía el rostro inexpresivo pero por dentro sentía desesperación por saber lo que sucedería a continuación. Jamás había presenciado tal cosa. Había alguien a mis espaldas pero no vi quien era. Solamente tenía ojos para la situación de en frente. Fui consciente de que discutían el juicio del hombre.
-¿Opinas que deberíamos darle una oportunidad o castigarlo por su delito?- alguien a mi lado preguntó. Sentí que la pregunta era dirigida hacia mí.
-Debe ser castigado
Fin de Flashback
Regresé de golpe. Edward me miraba preocupado
-¿Qué te ocurre?
- No es nada importante- no pareció muy convencido- sólo me perdí en mi cabeza. ¿Qué fue de ellos?
-Siguen ahí
-¿Todavía? ¿Es que no tienen oficio o algún pasatiempo que hacer?- pregunté para aligerar el ambiente.
-No, la verdad es que no. Si hablamos acerca de este aspecto diría que, concluyo que les gusta sentarse para echar los chismes del día o cosas así- respondió siguiéndome el juego- Continuemos. Carlisle sólo estuvo con ellos por unas pocas décadas. Sintió admiración por ellos por su amabilidad, pero ellos insistieron en cambiar su modo de alimentación. Ellos intentaron persuadirlo y viceversa, ambos en vano. Llegados a tal punto, Carlisle decidió probar suerte en América. Carlisle añoraba encontrar a otros como él- pregunté el porqué con la mirada- Ya sabes… Estaba muy solo.
Transcurrió mucho tiempo sin poder encontrar a nadie. Pero pudo interactuar entre los humanos, pero sin excederse al compañerismo.
Trabajaba por las noches en un hospital de Chicago cuando la epidemia de gripe golpeó. Le había estado dando vueltas por algunos años y casi había decidido actuar. Ya que no encontraba un compañero, lo crearía. Pero dudaba en hacerlo o no. Se había jurado a sí mismo no arrebatarle la vida a nadie del mismo modo en que se la habían arrebatado a él. En ése estado e ánimo estaba cuando me encontró.
Ya habían declarado que no había esperanza para mí. Él asistió a mis padres, así que sabía que estaba solo en el mundo y decidió intentarlo… Ya sabes el resto.
- Whoa.- lo sé. Ridículo. Pero no se me ocurrió nada por decir.
-¿Cuándo lo harás?- me desconcertó
-¿Hacer qué?
-Gritar como poseída por tanta información sobrenatural, alejarte de mí con miedo incrustado en tu rostro, para luego salir corriendo frenéticamente gritando cosas como.. ¡Estás loco! O ¡Aléjate de mí maldito desquiciado! O cosas por el estilo… - un minuto de silencio con mi rostro inexpresivo y luego… Exploté. Creo que mis carcajadas se oyeron hasta Seattle. Fueron tantas, que acabé en el suelo llorando, con el rostro furiosamente sonrojado, y con un poco de dolor estomacal. Jamás se me hubiera ocurrido que él diría eso. Cuando levanté mi mirada, él me miraba con una ceja alzada.
-Ja. Ja- exclamé separándolas con una gran sonrisa- ¿Es que tan poco me conoces?
-Desde luego que te conozco, pero no puedo evitar el pensar en lo mejor para ti y lo que yo deseo.
-¿Qué quieres decir?
-Quiero que huyas. De veras lo anhelo, por que sé que estarías mejor, pero a la ves deseo estar a tu lado. No es el típico caso que encuentras en una revista.
-No quiero huir. Pero si quieres que lo vea desde tu punto de vista, entonces te digo que eres un mal necesario- cuando terminé, tenía esa sonrisa que tanto me gusta dibujada en su rostro.
-¿Quien dice que no lo harás?
-Yo te lo estoy diciendo
Salimos del despacho de Carlisle para seguir con el recorrido por la casa. Al final, terminamos frente a una habitación al fondo del pasillo.
-Mi habitación- avisó y abrió la puerta.
Adentro, todo era relativamente simple. Libros por aquí y por allá. Un sofá al fondo. Había un gran ventanal sustituyendo una pared. En él se veía el bosque y parte del río cristalino que lo atravesaba.
También había un centro de entretenimiento con un equipo de sonido y discos de música. Había muchos. Realmente abundantes. Su cuarto estaba más equipado que una tienda de música.
-¿Tienes un trauma obsesivo compulsivo por los discos o algo por el estilo?-soltó una risita por lo bajo antes de responder.
- Soy fanático de la música. Si vivieras mi vida me entenderías. Estar en una casa donde todos tienen pareja, te deja algo así como jaqueca por las noches debido a los soniditos que recorren la casa- Me pareció escuchar algunos carraspeos y toses fuertes y… una carcajada. Era Emmet el patrocinador de esta.
-¿Qué te gusta?- pregunté más para mí misma que para él mientras me dirigía a prender el radio. Claro de Luna empezó- ¿Debussy?- Luego me sentí en sus brazos y cuando menos lo esperaba, comenzamos a movernos con la suave música. Yo con mis manos alrededor de su cuello, y las de él, en mi cintura. Ambos mirándonos a los ojos.
Estuvimos bailando por un rato cuando vi de nuevo esa mirada extraña.
-¿Qué?
-Sigo esperando- estuve confundida unos segundos, cuando lo entendí.
-Y yo te digo que eso nunca pasará. No te tengo miedo- me miró retándome.
-Jum... no debiste decir eso- dijo a la vez que se agazapaba como si fuera a atacarme con una sonrisa engreída en su rostro. Me hice para atrás con un poco de sorpresa y ambas cejas alzadas- de veras… No debiste hacerlo.
No vi venir lo que pasó después. Un segundo estaba parada, y al otro estaba por los aires aterrizando en el sofá en la jaula de sus brazos. El corazón me latía desbocado en mi pecho.
-¿Me pareció haber escuchado algo? – preguntó con superioridad.
-Que eres un bicho raro realmente aterrador- el jadeo de mi voz arruinó mi tono sarcástico.
-Linda chica-aprobó
-Sí, sí. Gracias por el cumplido pero eso yo ya lo sabía- empezó a reírse más cuando intenté escapar de la prisión de sus brazos- Mmm… ¿Tendrías la amabilidad de dejarme bajar ya?- Y siguió riendo… y siguió… y siguió. Me pregunté si de veras me saldrían raíces. Luego que se calmó, me liberó- Gracias. Te lo agradezco. Yo y mis entumecidas piernas.
- De nada a las tres.
-Ja, ja. Muy gracioso
-No sabes cuanto- le echó un vistazo a su reloj- pienso que ya es muy tarde.
-Cierto…
-Debo llevarte a casa para que puedas descansar- mi rostro demostró que iba a empezar a reclamar- sin discusiones- dijo antes de que pudiera decir nada.
-No es justo
-Nadie ha dicho que la vida sea justa. Vamos- luego de despedirme de todos en la casa, nos dirigimos a su auto. El recorrido a casa fue acompañado por un cómodo silencio el cual yo dediqué a reflexionar todo lo que había pasado en el día. Era uno de los mejores que había tenido toda mi vida.
-¿Quieres que el lunes venga a recogerte?
-No es necesario. Tengo mi auto- Y no mentía. Adoraba mi auto y lo mantuve abandonado hoy todo el día. Quería conducirlo.
-Tienes razón. Pero ayer no tenías novio y hoy sí. Así que… no tiene nada de malo que yo quiera ser la primera persona que te vea cada día- Momento. ¿Novio?
-Novio… novio… novio… algo aquí no me suena- dije mientras que hacía como que pensaba- ¿Desde cuándo tengo novio que no me di cuenta?
-Desde que saliste del prado mi querida niña. ¡Qué mala memoria tienes!
-Ufff. Recuérdame sacar una cita con el doctor- dije mientras ambos reíamos. Ya habíamos llegado y entrado en mi habitación. El se sentó conmigo en mi cama.
-Concédeme minutos B por favor
- ¿Qué?
-Minutos B. Minutos humanos, como quieras llamarle.
-¿Por qué B?
-Por que según yo veo aquí, la única persona que necesita minutos y no cuartos de segundo, soy yo. Así que es la B de Bella- expliqué mientras buscaba lo necesario para darme un baño- No te muevas- le dije en el umbral de la puerta.
-No me moveré mi general- respondió haciéndome un saludo militar. Salí riéndome hacia el baño de huéspedes. Tenía un baño en mi cuarto pero ¿A quién no le incomodaría tener a su novio vampiro en su cuarto mientras se dan una ducha? No es algo fácil de ignorar.
Hice todo casi a la carrera. Me dí una ducha caliente, me cepillé mis dientes, y desenredé my cabello. Cuando regresé, seguía saludándome militarmente.
-Puede descansar cadete- al instante la casi estatua cobró vida, brindándome su cálida sonrisa e invitándome al hogar de sus brazos. Me recosté en la cama con él a mi lado, poniendo mi cabeza sobre su duro pecho.
-¿Te quedarás?
- Quisiera, pero tengo unas cuantas personas en casa que se mueren porque conteste preguntas sobre el nuevo miembro de la familia- mi corazón aceleró su paso cuando mencionó lo último.
-Jeje- exclamé por lo bajo- Ey… bicho raro. Te amo
-Y yo a ti, mi chica no miedosa- y unió nuestros labios en un beso que para mí fue de las buenas noches.
Holapo!
Ya regresé. Ya sé que fue algo así como una temporada larga sin mi pero es que…
Tenía muchísimas cosas que hacer! Sin contar que…
MI CUMPLEAÑOS FUE EL PASADO 23 DE ENERO ¡FELIZ CUMPLEAÑOS A MÍ!
Y lo único que pido de regalo es… Un Review. Un inofensivo Review
POR FAVORRR
Pd: si lo hacen se los agradeceré de todo corazón y también les daría un enorme Gracias
Nos vemos en el próximo capi!
