Miradas Acusadoras

By Anna Diethel Asakura.

~ * ~ Capitulo 2: No soy quién para juzgarte ~ * ~

Pensión Asakura, 1:27 a.m. ...

"- Yoh... Alguien quiere matarme." Esa frase se repetía en la mente de Yoh una y otra vez, constantemente. Después de haber visto el contenido del paquete, la nota, los temblores de Anna y escuchado esa terrible frase, la sacerdotisa le había pedido a Yoh que se quedara aquella noche con ella.

"- No es que tenga miedo, que te quede claro Yoh. Pero quiero que te quedes aquí para comprobar que duermes lo suficiente para estar preparado para tu entrenamiento diario." Eso había aclarado Anna después de pedirle a Yoh que se quedara con ella. Yoh estaba un poco molesto con aquello. ¿Por qué Anna no podía decirle abiertamente las cosas? Estaba bastante harto de su caparazón de hielo y no entendía porque motivo Anna no era un poco más abierta con él, después de todo, estaban prometidos y Yoh se veía con un poco de derecho a saber lo que pasaba por la mente de Anna sin tener que esquivar murallas de hielo y miradas punzantes. Odiaba la máscara tras la que se escondía Anna... Pero no tenía derecho a juzgarla, eso era cierto. Ciertamente, él también se escondía tras su propia máscara, una amable y despreocupada, sonriente y cálida, que ocultaba todas las preocupaciones del joven shaman. Si algo lo preocupaba, sonreía. Si algo lo hería, sonreía aún más. Pero él podía permitirse a sí mismo mostrar de vez en cuando lo que sentía... Entonces, ¿por qué le maldito orgullo de su prometida no la dejaba?

Los ojos negros de Yoh se posaron en la sacerdotisa, la cual dormía tranquilamente en el futón de su prometido. Se veía muy hermosa dormida, con los rayos de la luna iluminando todas y cada una de sus facciones. Él deseaba abrazarla, estrecharla contra su pecho, besarla hasta quedar sin aliento... Pero si lo hiciese, lo único que recibiría por parte de su prometida sería un bofetón y un aumento se entrenamiento y Yoh no estaba dispuesto a arriesgarse. Se levantó del suelo, donde se encontraba sentado, y se dirigió hacia su futón. Se deslizó hábilmente bajo las sábanas sin despertar a la rubia y pasó delicadamente un brazo alrededor de la cintura de Anna, estrechándola suavemente contra él. Anna ni siquiera se movió, siguió dormida en brazos de Yoh. Finalmente, el sueño venció al joven de cabello castaño.

La mañana siguiente estuvo cargada de tensión. Casi nadie habló durante el desayuno, y cuando alguien se cruzaba por la casa, se enviaban unos a otros miradas acusadoras cargadas de sospecha. Anna no salió de su cuarto en todo el día porque sabía lo que estaba sucediendo y, aunque no lo admitiese, no podía soportar ver como todos sospechaban de todos. Yoh, se percató de todo aquello y comenzaba a sentirse incómodo en aquella casa. No obstante, ni siquiera realizó el entrenamiento y se quedó en casa, procurando que todo estuviese bien, en cierta medida.

Pasada la hora de comer, Yoh subió a ver a Anna. Tocó a la puerta, pero nadie contestó. Dentro se podía oír la melodía de la caja de música. Volvió a llamar. La misma respuesta. Abrió un poco la puerta y miró. Los rayos del sol iluminaban gran parte de la habitación. El futón yacía en el suelo, revuelto, las sabanas estaban muy descolocadas. Seguramente, Anna se habría tumbado un rato. Yoh entró despacio. Al lado del futón bailaba la bailarina de la caja de música al compás de la dulce sintonía. Registró toda la habitación, y ni rastro de Anna. Salió y buscó en todas y cada una de las habitaciones. Anna no aparecía y él comenzaba a ponerse nervioso. Bajó a la planta inferior y buscó en la cocina, el comedor, la sala de estar... incluso en los baños. Ni la sombra de la sacerdotisa. Yoh estaba al borde del ataque. Corrió hacia el jardín y rebuscó por todos los rincones. ¿Dónde se había metido? Miró hacia el cielo, implorando que Anna apareciese... Y fue allí donde la encontró. No, no en el mismo cielo, sino en el tejado. Yoh suspiró aliviado al verla allí, sentada, sumida en sus cavilaciones. Corrió todo lo más que sus piernas le permitieron y, nada más llegar al tajado, abrazó a Anna con todas sus fuerzas. La estrechó contra su pecho, asegurándose de que era ella realmente, que seguía allí y estaba bien. Después la soltó, dejando ver a una Anna muy confundida.

- Me has dado un susto de muerte, Annita.- murmuró Yoh, esforzándose por mantener la calma.

- ¿Por qué? Solo estaba aquí arriba.- dijo Anna, con gesto confundido pero con voz seria.

- No se, he ido a verte a tu cuarto y no estabas. He registrado toda la casa, el jardín, he preguntado a todos, y nadie te había visto.- el tono de voz del shaman indicaba claramente una gran preocupación que conmovió interiormente a la rubia- Y... Al verte aquí... Me he sentido muy aliviado.- la abrazó otra vez- Por favor, no vuelvas a desaparecer así...

Anna estaba perpleja. Yoh estaba prácticamente al borde de un ataque de nervios... y todo porque no la encontraba. Lentamente, rodeó la cintura de su prometido y enterró el rostro en su musculoso torso. Sí, ella lo sabía, no era lo típico que solía hacer la sacerdotisa de hielo que era, pero la rubia admitía para sus adentros que él se merecía eso y más... y que ella tenía miedo. ¿Cómo mantener una postura helada cuando algún maníaco andaba tras ella? Si aun mantenía la calma, era gracias a él, que la protegía y la quería, se sentía segura a su lado. Sentir el calor del cuerpo de Yoh, escuchar uno tras otro los latidos de su corazón, aún agitados por el susto y la carrera, los fuertes brazos del chico rodeándola, estrechándola fuertemente contra él... Eso era algo que no iba a olvidar nunca, y que sabía que, si algún día Yoh rompía su compromiso con ella por otra, enloquecería. Para poder mantener su posición firme y segura, necesitaba a Yoh. Y no iba a permitir que se lo arrebataran.

Poco a poco se fueron separando. Descubrieron en los ojos del otro lágrimas reprimidas, tal vez de la emoción, tal vez de miedo. Bajaron del tejado y se dirigieron a la habitación de Anna. Ella fue la primera en entrar. Y soltó un grito.

- ¿Qué significa esto?- preguntó al aire Anna, en un tono de voz muy elevado. Yoh entró tras ella. Todo estaba patas arriba, muchas de las cosas estaban rotas, el futón estaba rajado, toda la ropa tirada por el suelo... Lo único que quedaba en pie era una mesa pequeña, sobre la cual se encontraba la caja de música, ahora hecha añicos. Anna lo contemplaba todo horrorizada, pero sin cambiar la expresión de su rostro. Se acercó despacio hasta los restos del objeto musical y sostuvo en sus manos algunos de los pedazos. Entonces lo vio y dio un paso atrás, buscando los brazos protectores de su prometido, tratando de alejarse de la horrible visión.

- Yoh...- murmuró, asustada.

- ¿Qué ocurre?- preguntó preocupado Yoh.

- Mira...- Anna señaló el objeto que yacía bajo los trozos de madera y cristal. Yoh se acercó al lugar y lo examinó. Y también lo vio. Era un pájaro al que le habían cortado la cabeza y abierto el torso en canal. De ahí salían todo tipo de órganos y sangre, aun fresca. En las alas alguien le había clavado alfileres y la cabeza descansaba algunos centímetros más apartada del diminuto cuerpo, con los ojos arrancados y un trozo de papel sujeto con el pico. En el papel decía: "Esta será tu muerte, zorra." A Yoh le daban arcadas. Sin emitir ningún sonido, envolvió a Anna entre sus brazos y la sacó suavemente de allí. Pese a su gesto frío, Anna estaba visiblemente conmocionada.

Antes de llevarla a su cuarto, Yoh fue al cuarto de Len y le pidió que se deshiciera de aquello, puesto que el era, después de Anna, el más frío y despiadado de la casa. Len lo hizo, aunque la visión también le removió el estomago. Y todos guardaron silencio, sin alarmar a nadie más. Los tres se encontraban en el cuarto de Yoh. Anna estaba acostada en el futón de Yoh, muy afectada. Yoh le contaba a Len lo sucedido y este último se esforzaba por asimilar la situación. Al poco rato, el joven Chino bajó a la cocina a pedirle a Tamao una sopa caliente para Anna. La joven rosada se extrañó ante la petición, pero no hizo preguntas y la preparó. El mismo Len subió una bandeja con la sopa, un vaso de agua y algunos calmantes. Al entrar en el cuarto, Anna parecía más tranquila, se había incorporado y se hallaba sentada en el futón, con Yoh a su lado, rodeándole los hombros con un brazo. Len dejó la bandeja al lado de Yoh y salió de la habitación tan sigilosamente como había entrado.

Yoh cogió un calmante, lo disolvió en el vaso de agua y se lo ofreció a Anna, pero ella le dio un golpe con la mano y lo derramó en el suelo.

- No quiero calmantes, estoy bien.- declaró la rubia.

- No, no lo estás. Mírate, estas tiritando, la mandíbula te tiembla.- explicó su prometido.

- He dicho que no me voy a tomar nada de eso.

- ¿Por qué eres de esa forma? ¿Por qué nunca te paras a pensar en los que estamos preocupados por ti? ¿Por qué me obligas a intentar romper siempre esa barrera de hielo impenetrable en la que te has encerrado sin más?

La estancia quedó en un silencio incómodo, el ambiente se tensó bastante, tanto que hasta se podría tocar. Fue Anna la que rompió aquel agobiante silencio, mientras miraba con detenimiento la mancha provocada en la moqueta por el agua.

- No sé por qué me acusas de ocultarme tras una barrera de hielo, cuando tu te escondes tras tu falsa sonrisa y tu dejadez.

Yoh se quedó helado. ¿Cómo lo había descubierto? Se sintió... ¿herido? ¿Descubierto?

- Supongo...- comenzó el shaman de cabellos castaños.

- ¿Qué supones?

- Que no soy quién para juzgarte, Annita.

~ * ~ * Continuará... ~ * ~ *

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Annita: Hola a todos! Aquí les traigo la nueva entrega de "Miradas Acusadoras". Espero de corazón que les esté gustando. Disculpen el retraso pero las vacaciones no están saliendo como yo me esperaba. Mi mamá ha decidido ponerme a trabajar en labores de la casa, y ya de paso, mi abuela también me tiene de chica de la limpieza, Y, también sea de paso, me tienen de niñera de mi hermano. Todo esto gratis, sin paga ni nada. Lo único bueno es que aún me permiten salir, aunque sea los sábados. Bueno, dejemos mi vida a un lado y pasemos con los agradecimientos.

Anna Kyouyama: Agradecimientos especiales a: Sweet G (Tranquila, no moriré)...

Annita: ¡Que te crees tu eso! ¡Te van a matar como al pajarito! ToT Pobre pájaro, ¿qué hizo el para aparecer en mi fic? ToT

Anna: Cierra la boca, intento no dar detalles ¬¬, en fin, Agradecimientos especiales a: Sweet G (lo dicho), Yeni, Eleone (Hao todo para ti, no lo quiero, gracias y no, ni me secuestran ni me matan ni nada), Iron Maiden Jeanne y Anna Cobain Asakura (Hombre, el fic no tendría mucha gracia si nada más empezar decimos quién es el asesino, el móvil, el arma, las pruebas, mi error, etc... Por algo tiene varios capítulos. De todas maneras, yo se cuidarme sola.).

Annita: Bueno, muchas gracias por leer este fic, me hacen muy felices sus reviews!! Espero que les esté gustando y que me sigan leyendo. ^^ Dejen reviews y denme su opinión, critica, amenazas de muerte (pero suavecitas, que bastante tengo con el fic), etc. Ja ne!