Imágenes Aterradoras

-Eres una vergüenza para todos nosotros!

-No eres más que un fenómeno.

- No mereces ser sangre de mi sangre, te detesto.

-Eres una amenaza.

Estaba corriendo por el bosque, en medio de una noche helada y oscura, había luna nueva. No había luz alguna.

Sentía un dolor inmenso, más intenso y profundo que cualquier otro. La clase de dolor que te borra todos los sentidos y te cala los huesos. No encuentro salida ni anestesia para calmarlo, la tortura no termina.

Sigo corriendo sin saber a donde voy o por qué lo hago. Siento desesperación en mi interior, sin encontrar como apaciguarla. Entonces me di cuenta.

Me quemaba.

Me sentía en el infierno. Me siento arder en llamas, siento mis huesos quebrarse. Una pequeña parte de mí quiere gritar, dejar de correr para descansar m cuerpo y sentirme mejor, pero una parte mucho más grande me lo impide. Orgullo. Jamás demostraría mi sufrimiento a quienes me quieren ver muerta. No. Primero convertida en cenizas antes de declinar hacia esa gran estupidez.

No dejo de correr porque sé que ya se está terminando. Pronto se exterminaría mi dolor.

Él me sigue, me grita que me detenga. Quería decirle que no me siguiera, que no se preocupara. Pero estaba en el núcleo del proceso, no dudo que en que si abro la boca tan sólo un milímetro mi autocontrol se iría por el caño y empezaría a gritar. Jamás.

Maldita sea la hora en que nací y maldita la mujer que me trajo al mundo. Todo mi dolor es su culpa, por su maldita culpa. No puedo más. Caigo sin más en el suelo.

¿Por qué? No es mi culpa ser quien soy. No es mi culpa que ellos sean mis padres. Entonces pienso ¿Será que siempre tendré que estar así? Siempre a toda velocidad, acostumbrada a la tortura. La respuesta no llegó a mis oídos. Grito a todo lo que dan mis pulmones, y entonces todo se volvió negro.

- Ricordatevi che Siete, Bella.

Fin de Flashback

Me desperté entre gritos. Estaba llena de sudor y mi corazón parecía que se iba salir de mi pecho. Una mano helada tocó mi brazo, me convulsioné por las diferencias de temperatura y la sorpresa. No paro de temblar.

- Bella!

No era capaz de responderle, sentí el recuerdo muy fuerte, casi tenía la sensación de las llamas. Edward me tenía agarrados los hombros con sus manos mientras me sacudía para que intentase reaccionar. Lo consiguió.

-Bella! – sollocé. Me atrajo a sus brazos tratándome como si fuera una flor que de un momento a otro pudiese marchitarse. Sollocé de nuevo.- Bella, cariño por favor háblame- me rogó desesperado.

-Edward!- grité. Fue lo único que pude vociferar en medio de grandes arcadas debido a los sollozos y las lágrimas. Perdí el control. Lo abrasé con toda la fuerza que tenía- Edward, por favor no me dejes! No me abandones! Por favor no lo hagas! No me odies! No tú por favor!- estaba descontrolada gritándole a todo pulmón, sentía que no podía respirar bien, daba enormes bocanadas en busca de aire que no encontraba.

-Bella, yo estoy aquí contigo, no te voy a abandonar, jamás podría odiarte. Tú eres lo más grande que hay para mí en este mundo. Estoy aquí contigo y no te abandonaré- quería dejar de temblar para no alarmarlo más, pero no podía. No podía con un demonio!

Me siguió acunando de la misma manera hasta el amanecer. Seguimos en la misma posición, no hablé durante todo ese tiempo. Hasta que vi la luz en mi ventana.

- ¿Alguna vez has sentido el rechazo de todos a los que amas por el simple hecho de existir?- hablaba con voz neutra. Exhaló un suspiro lastimero y respondió luego de un minuto.

-No, jamás lo he sentido.

- Eso pensé.- se me quedó mirando durante unos largos minutos.

- Qué te ocurre?

- Qué?

- Hay momentos en los que te quedas mirando a la nada, como si estuvieras viendo algo ajeno al mundo que te rodea. Exactamente como Alice. Me siento morir al verte sufrir sin saber qué es lo que sucede o cómo poder remediarlo. Podrías explicarme exactamente qué es lo que te está pasando? – dijo gritando al final. Lo miré con ambas cejas alzadas los ojos abiertos como platos pero al instante me recompuse y puse en orden mis pensamientos antes de responderle.

- No tengo una teoría exacta, pero te diré lo que pienso… y lo que veo. Alice ve el futuro. Cierto? – él asintió- Alguna vez has visto en su mente las imágenes que ella ve en el momento en que ella las ve?- él asintió- Cómo son?

-Tan claros como si fueran recuerdos.

- Eso es exactamente lo que me pasa veo imágenes en mi cabeza, pero a diferencia de Alice, las mías sólo me conciernen a mí. Sólo que no sé si son recuerdos pasados o simplemente inventos de mi cerebro. Son muy…irreales.

-Qué quieres decir?

- Te daré un ejemplo. Una vez me vi a mí misma en una fiesta, era muy pequeña, me pondría unos… cuatro años, más o menos. La fiesta era en un salón. Estaba de pie en ese momento, me quedaba viendo a los invitados con cautela. Todos eran de tez muy blanca, hermosos, y tenían – miré de reojo a Edward-ojos rojos- él abrió sus ojos como platos- sé que lo normal sería que hubiera tenido miedo, más me parecía que la situación era al revés. Nadie me pasaba al lado, nadie me miraba a los ojos, parecía que yo los acechaba a ellos. Un extraño niño que siempre aparece en mis sueños, estaba a mi lado y su situación era igual a la mía. Lo curioso es que nunca he podido descubrir cómo se llama ni tampoco he podido verle. Únicamente puedo escucharlo. Ambos éramos respetados como si fuéramos los reyes de todo. Y ambos teníamos la misma edad, creo yo.

-Me mencionaste que tu padre es o era uno de los nuestros- asentí en respuesta- no crees que sí puedan ser los recuerdos que perdiste?

- Sí, pero hay algo más. Todos se comportaban con modales que no se usan hoy, todos llegaban en carruajes, las mujeres y niñas llevábamos corsés, los hombres usaban sombreros del siglo pasado, se bailaban danzas del siglo XVIII, todo el ambiente estaba de esa manera. Captas lo que trato de decirte?

- Entiendo, desde cuándo los ves?

-Desde que tengo la capacidad de recordar.- ya quería dejar este tema así que me trasladé de mi cama a su regazo- Y dime que tenemos planeado para hoy? Ya quiero olvidar el suceso de esta mañana.- dije brindándole la mejor sonrisa que tenía. Me respondió con otra sonrisa y una caricia en mi mejilla con el dorso de su mano.

- No se, qué quieres hacer tú?

-Hummm...- pensé- que tal si vamos a tu casa a hacer estragos con tus adornos de vidrio? - me alzo una ceja- ya! Está bien, eso no te gustó. Es que acaso no tuviste infancia?- sonrió negando con la cabeza- Bien, entonces por que no vamos a tu casa y me tocas el piano?- se lo quedó pensando un rato y luego me dijo

-Por qué yo tengo que tocar el piano, pero tú no puedes tocar el violín para Esme?- ja! El piensa que se va a librar.

-Tú vas a tocar porque yo te lo estoy pidiendo, en cambio nadie me lo ha pedido a mí.- Él me dio una sonrisa burlona.

-Yo no sacaría esa conclusión tan rápido- en cuanto lo dijo sonó mi teléfono. Fui a tomarlo mirándolo de reojo. Contesté y al instante la otra persona habló.

-Buenos días Bella, como estás soy Alice.

-Buenos días Alice estoy muy bien

- No te vi muy bien en la mañana, pero eso no importa ahora. Me enteré de algo hace un minuto y no pude evitar contárselo a Esme y ahora ella quiere hablar contigo.

-Está bien me encantaría saludarla- escuché la dulce voz de Esme un segundo después.

-Bella cariño me gustaría que te retractaras de lo que dijiste hace un rato. Podrías tocar para nosotros? Todos ansiamos escucharte- estúpido lector de mentes.

-Será un placer Esme, más tarde nos vemos.

- Te espero- y colgó. Estaba dándole la espalda a Edward así que me di la vuelta lentamente y cuando lo vi, seguía dándome esa sonrisa burlona, ahora con el triunfo impregnado en su rostro.

-Decías?- lo fulminé con la mirada.

- Decía que eres un estúpido engreído. – se rió como si le hubiera dicho un chiste. Idiota.

- Y tú una caprichosa. Qué se siente no tener la última palabra?- disfrutaba burlarse descaradamente de mí, pues bien yo también sabía jugar.

-Y dime tú. Qué se siente no poder leer la única mente que te interesa?- ahora él me fulminaba y yo reía- exacto.

Me fui a arreglar para ir a casa de los Cullen. Mientras me bañaba me preparaba mentalmente para lo que venía. Siempre tocaba el violín para mí misma o si tenía que hacerlo, lo hacía en frente de personas extrañas. La única persona de mi familia que me ha escuchado es Renee, ella es muy especial para mí. Cada vez que ella me lo pedía tocaba las canciones que ella quisiera, y yo con gusto lo hacía. Me fue muy difícil separarme de ella, sin embargo trato de comunicarme siempre que puedo.

Estábamos en el cuarto donde guardaba los instrumentos, busqué mi violín y partimos hacia su casa.

- No crees que deberías comprar uno nuevo?- preguntó mirando mi viejo violín- sabes, la renovación de herramientas no te costaría mucho.

- Puede que compre 20 violines nuevos, pero nunca botaré este- me dio una mirada interrogante- este es mi primer violín, me lo dieron el mismo día en que empecé a estudiar música. Lo que lo hace especial no es lo viejo que está, sino quien me lo dio. Atesoro cada cosa que he recibido de Renee, mi madre.

Puede que no tenga la sangre de Renee en mis venas, pero siempre la consideraré como mi única madre. Ella me crió, me cuidó, y me acompañó en los momentos en que necesitaba a alguien que me consolara. Es una gran mujer.- Edward me brindó una cálida sonrisa.

-Entiendo lo que dices. Pienso que tenemos que hacer un viaje, y pronto. Hay que conocer a la suegra- puse mis ojos en blanco.

-No puedes ser un novio normal y hablar con ella por teléfono?

-Bella, tesoro, nosotros no somos normales- touché- entonces, porque yo habría de comportarme cono un chiquillo de secundaria cuando puedo hacer las cosas a mi manera?

- Puede, que literalmente no tengas la edad de un chiquillo de secundaria, pero sigues teniendo ciertos rasgos como tal.

- Eso no es cierto, no seas mentirosa.

- Pues te tengo noticias, sí es cierto. Cómo es eso de "a mi manera" suenas como muchacho en un ataque de rebeldía.

- Por un lado tienes razón, soy conciente de mis arrebatos. Toda la familia me lo recrimina cada vez que pueden.

-Cómo? Por qué?

-Cómo? Ellos dicen que soy un bipolar, insensato, que estoy tan preocupado en el modo de pensar de las demás personas, que se me olvida usar mi cerebro. Lo último por parte de Emmet. Por qué? Simple, no tienen oficio.- se me escapó una risa por lo bajo mientras negaba con la cabeza.

Llegamos a casa de los Cullen, en cuanto puse un pie dentro de la mansión, una bala me abrazó, digo, Alice. Me abrazaba muy fuerte. Es que no recuerda que soy una persona frágil a su contacto? Señores! En esta casa soy de vidrio! Frágil!

-Yo también te amo- le dije como pude- pero estaría agradecida de que me dejaras respirar- me soltó y entonces pude, finalmente, respirar.

-Lo siento- dijo mirando hacia el suelo y haciendo un tierno puchero- es que me alegraba mucho de verte y no me controle- me seguía mirando así. Que me deje de mirar así, por favor. Se veía tan arrepentida que no pude evitar abrazarla.

-Yo también me alegro de verte- ella me brindó una sonrisa como respuesta. Alice era increíblemente menuda, parecía una muñeca de porcelana en mis brazos. Sin embargo, yo sabía que ella era todo menos una muñequita frágil… por lo menos en comparación conmigo.

Luego de ese intercambio de palabras, pasamos a la sala de estar. Ahí estaba toda la familia reunida. Emmet y Jasper estaban viendo… algún tipo de deporte por la televisión, Esme y Carlisle estaban leyendo un libro, cada quien con el suyo. Rosalie estaba limándose las uñas distraídamente como siempre. Que plástica.

-Belly bells!- casi gritó Emmet. Enarqué una ceja. De donde salió ese apodo- no te puedo llamar así? Ahora eres mi hermanita y …- no escuchaba nada más.

Flashback

El ambiente era muy agitado. Nos dirigíamos a no se cual lugar e íbamos corriendo? Diría más bien volando. Corríamos inexplicablemente a gran velocidad a través de un bosque; a mi lado se encontraba él, esa persona a la cual no podía verle el rostro

- Explícame de nuevo por qué demonios tengo que ir en esta misión de porquería- mi voz sonaba fastidiada. Él suspiró en un gesto que gritaba que había hecho la misma pregunta innumerables veces.

- Porque mi madre quiere que vallas debido a que es un asunto importante; no me dijo nada más- resoplé.

- Y quién es ella para darme órdenes?

- Isabella…

- No vengas con otros de tus sermones. En estos momentos no estoy de humor- mi voz sonaba seca, inflexible y firme.- ahora me apetece saber, si me llamaron solamente a mí, donde entras tú en esta historia?

- Yo te estoy acompañando- rodé los ojos.

- Por qué?

- Esa pregunta está demás, eres mi hermanita. Si te acompaño es para asegurarme que no te pase nada malo.

- Sé cuidarme sola.

- Pero sabes que tu y yo no podemos estar separados.

Fin de Flashback

Cuando "desperté", todos estaban mirándome con atención, como si yo fuera una película en su parte más importante. Reino un largo silencio. No sabía que decir. La primera en hablar fue Esme.

- Bella, cariño Qué ha sucedido?- no encontraba las palabras adecuadas para responder, así que respondí lo primero que se me vino a la mente.

-Yo… bueno… no es nada malo. Me suele ocurrir de ves en cuando. Es una larga historia- en ese momento mi cabeza era una especie de remolino. Ellos no parecieron convencidos con mi pobre excusa, y no los culpo, yo tampoco lo haría- es algo sin importancia- otro silencio imaginé que cada uno estaba haciendo su propia conclusión. El que más me llamó la atención fue Emmet. Es que no parecía él. Todo el tiempo en que he estado con él, ha sido como mundo de burlas y risas, burlas y risas, burlas y risas más burlas y risas. Todo el tiempo. El verdadero problema no era ese, el problema es que se ríe a costa tuya y se ríe de ti. No es algo divertido siendo sincera. Siendo yo, al parecer, su nuevo objetivo. En fin, el asunto es que en ese momento tenía una mirada de concentración increíble, como si fuera un científico y estuviera a un segundo de terminar una bomba nuclear. Tenía el ceño muy fruncido hasta el punto en que casi se le unían las cejas. Cuando el silencio comenzaba a tornarse insoportable, el habló.

- Estas segura que no eres la sobrina séptima perdida de Alice?- ya sabía yo que el mono perezoso no estaba haciendo ejercicio. Alabemos la inteligencia del gran Emmet! Nótese el sarcasmo.- hace un momento estuviste exactamente igual a ella cuando tiene una visión.

- Sí, estoy segura de que no soy la prima hermana segunda de Alice, o lo que sea que hayas dicho- exclamé haciendo un gesto de indiferencia con la mano- lo que ha pasado no es la gran cosa, es como pensar cosas sin querer, es algo sin importancia.

-Puede que no sea de importancia- dijo Carlisle- pero, sin embargo, es muy interesante. Puedes explicarte mejor? – uff me hubiera gustado decirles: sientate y buscate un refresco y unas palomitas, porque esto va a estar laaargo. Pero, ellos no comen y no hubiera sido elegante poner sangre en esa frase, así que simplemente me senté junto a Edward en uno de los cómodos sillones. El aun no decía nada.

Les expliqué a los Cullen resumidamente en que consistían los sueños. También superficialmente, parte de mi historia. Así que ahora sabían que no tenía familia excepto Reneé.

-Oh cariño- dijo Esme antes de abrazarme- no puedo creer por cuanto has pasado. Pero ahora sabes que no estás sola, tienes una familia que te apoyará. Nunca dudes de eso- sus palabras eran tan maternales, casi como si fuera mi madre. Supongo que ese sentimiento de ser querida tan profundamente, es tener una mamá. Le ofrecí la sonrisa más cálida que encontré y le devolví el abrazo.

- Gracias- dije- para mí, francamente, esto ya no tiene mucha importancia. Lo asimilé y lo superé. Supongo que simplemente aprendí. Más sin embargo no me arrepiento de las cosas que he hecho ni maldigo las cosas que me han pasado en la vida. Sin ellas no estaría aquí- Edward y yo unimos nuestras manos.

- Te entiendo- dijo Esme- imagino que no debió ser fácil afrontar toda esta situación con tus escasos 4 años.

-Y no lo fue- dije- si Reneé no hubiera estado ahí, no se que sería de mí.

- Ha de ser una gran mujer.

-En efecto, lo es. Es una mujer increíblemente liberal, un 85% inmadura, algo irregular- dije con un gesto de indiferencia- Pero al fin y al cabo una gran mujer.- dije recordando la cantidad de deportes, pasatiempos, etc., que mi madre hace en solo un mes. Como dije, increíble- en cualquier momento asomará sus narices por aquí.

-Pues esperamos conocerla- dijo Edward con un tono que era como una mezcla de entusiasmo, con algo de malicia, rematando con su sonrisa torcida- pronto- recalcó mirándome. Puse los ojos en blanco.

-Por qué no paras hablar y me tocas una canción?- pregunté para molestarlo.

-Se supone que hoy, nuestra artista eres tú.

-Tú eres mucho mejor en música que yo, por tanto, es más agradable escucharte a ti.

-Pero la familia quiere escucharte, incluyendo a Esme- touché. Punto débil. Se inclinó hacia su lado izquierdo para hacer contacto visual con Esme- Cierto o me equivoco?

-Edward deja ya de molestar a Bella, si quiere o no quiere tocar es decisión de ella- lo regañó.

-ja!- dije sacándole la lengua.

-Mamá, de que lado estás? Yo soy tu hijo, tienes que apoyarme- parecía un verdadero adolescente. Toda la familia mirada divertida la discusión que teníamos.

-Edward…

-Lo siento mamá.- dijo con gesto avergonzado. Todos nos empezamos a reír a carcajadas. Emmet se levantó y me abrazó.

-Donde estuviste todo este tiempo? Eres una de las mejores cosas que nos ha pasado. Por fin correcto Edward está sacando su lado oscuro!

-Ya está bien- dije parando un poco las burlas- ok, según tú, me quieren escuchar así que como eso sea mentira, no me va a importar, me van a escuchar aunque sea con audífonos puestos- le dije a Edward quien sonreía negando con la cabeza.

Fui a tomar mi violín de donde lo había dejado, estaba un poco nerviosa, pero ahora tenía más confianza. En cuanto me hube sentado, comencé a tocar las suaves notas de "Demetrius" Las notas fluían como si fueran partes de mí. Recuerdo que alguien una ves me dijo que tu instrumento era una extremidad extra de ti y que para poder tocar una canción, tienes que hacerte uno con la música.

Para mí, la música ha sido y será siempre una salida de mis problemas, un acompañante en mis alegrías y un consuelo en mis tristezas. Con ella nací y con ella moriré, mi madre dice que lo llevo en las venas, así que es el único legado de "ellos" que me queda.

Reneé antes de dormir me cantaba una canción, sin falta. Nunca entendí el mensaje de la canción, era como si ella me quisiera recordar que éramos distintas, pero al mismo tiempo, iguales. Le pregunté si eso tenía que ver con la sangre pero ella negó diciendo que era algo más allá de todas mis suposiciones. Según ella, algún día lo entenderé y espero ese día con ansias.

Terminé la canción y Esme me aplaudió. Se veía radiantemente feliz así que me paré e hice una pequeña reverencia sonriéndole. Edward me sonreía igual y en cuanto a todos los demás estaban entre una cara sorpresa y admiración.

- Tienes un talento increíble, Bella- dijo Carlisle.

-Sólo increíble? Ahora me aseguras que eres la perfecta pareja de Edward! Eres totalmente excelente!- exclamó Alice. Le sonreí avergonzada.

-Gracias- dije bajito y mordiéndome el labio. Edward se puso de pie y caminó hacia mí.

-Sino escuchara tu corazón y no viera tu sonrojo, diría que tienes años de práctica- me dijo con voz cálida- tu música es espléndida, supongo que no había tenido la oportunidad de decírtelo- le respondí con una pequeña sonrisa.

-Vamos! Por favor! No queremos ver cosas no aptas para menores de 18 años-molestó Emmet. Que inoportuno. Si no fuera humana, iría hacia él para agarrar su lindo cuello y luego destro…

De un momento a otro, Edward me estaba besando lentamente. Me reí para mis adentros. Creo que Edward y yo tenemos algo en común, a parte de la música. Uní mis manos detrás de su cuello mientras él ponía las suyas en mi cintura. Alguien se aclaró la garganta.

-Ya entendí mi lección, ahora, búsquense un cuarto- quise profundizar más el beso así que puse mis dedos entre el cabello de Edward y al instante me respondió. Que dulce es la venganza- ok me rindo- ya me estaba quedando sin el maldito aire. Edward corto el beso con una risa por lo bajo. Yo, por mi parte, casi me desmayo.

- De que te quejas? De todos los que estamos aquí, tu eres el que menos tiene que abrir la boca- miré a Edward con cara interrogante- Emmet es famoso por sus demostraciones de afecto en público, Bella.

- Bueno, si él lo hace, yo también- Edward se empezó a reír a carcajadas; Emmet en cambio, me miraba con una ceja alzada. una sonrisa y asintiendo con la cabeza, mirándome de arriba abajo.

- Ésa es mi hermana- sonreí negando con la cabeza- no me extrañaría que fueras la descendiente 8º de mi prima política en La Toscana- Qué?

- Ya que no entendí tu comentario, lo voy a ignorar.

-Es lo más sabio que puedes hacer- dijo Edward.

El resto del día no pasó con muchas novedades. Aprecié un juego de ajedrez entre Alice y Edward.

Fue tan divertido! Ambos se concentraban más que un fracasado en exámenes finales. Una sola jugada tomaba más de 5 minutos de meditación. Largo no?

Al final del día, Edward me llevó a mi casa. Estaba tan agotada por las emociones de hoy que fui directo a la cama, Edward se quedó conmigo. No sé cuanto tiempo nos quedamos viéndonos a la cara, ni me importa. Y me dormí rodeada por la manta de sus brazos, observando su bello rostro.

!

Aki estoy! Aparecí!

Sé que no hay derecho a demorarme como lo hice. Les pido perdón desde lo más hondo de mi corazoncito (pucherito a lo Alice)

La cancion es "Demetrius" Obertura (Herman Grimm, dedicada a Franz Liszt) de Joseph Joachim.

Reviews?

.

.