Miradas Acusadoras

By Anna Diethel Asakura.

~ * ~ Capitulo 8: Interrogantes. ~ * ~

Después de que Anshin se despidiese de Lyserg y Yoh, estos dos se volvieron a hundir en sus asientos, a ver pasar el tiempo o a sentir como la desesperación se los comía vivos, sobre todo a Yoh, que tenía en su mente un amasijo de cavilaciones hechas una maraña que ni siquiera él podía deshacer. Y, al no poder pensar en nada, solo podía esperar.

- ¿Cuanto tiempo ha pasado ya, Lyserg?

- Dos minutos desde la ultima vez que me has preguntado.

Yoh soltó un suspiro de cansancio, rabia e impaciencia. Lyserg no podía dar crédito a lo que el pacífico shaman estaba emanando de él: Ansiedad, rabia, ira... Sus pensamientos fueron interrumpidos al advertir que una mujer joven de bata blanca se les acercaba. Ambos se levantaron de sus asientos.

- Hola, soy la doctora Ukyo Kuonji.- los dos le estrecharon la mano- ¿Vosotros sois...?

- Yo soy Yoh Asakura y él es Lyserg Diethel.

- Me han informado en recepción que vosotros conocéis a mi paciente. Decís que se llama Anna...

- Kyouyama.- interrumpió Yoh- Anna Kyouyama. Es mi prometida. ¿Qué le sucede?

- Bueno, tiene fracturado el brazo derecho y un esguince en el pie.- explicó la doctora- Además de que le debió caer algo pesado en el vientre, puesto que le causó una hemorragia interna bastante grave, aunque una vez operada, está fuera de peligro. Tiene quemaduras de primer y segundo grado por muchas zonas de su cuerpo y una pequeña conmoción en el cráneo. Hasta que no despierte, no sabemos los efectos que han causado en ella y, además, aún espero varios resultados de pruebas que se le han hecho y de algunos de ellos podré darles parte esta misma tarde. Ahora me gustaría que uno de los dos pasara a reconocerla.

- Yoh, ve tú. Yo esperaré aquí.- animó Lyserg.

Yoh asintió y siguió a la doctora por un pasillo lleno de puertas, seguramente, habitaciones de los pacientes. Pasó junto una mujer que lloraba, gritando el nombre de un hombre y diciendo cosas como "mi hijo, devuélvanme a mi hijo". Yoh se sintió bastante mal y bastante aliviado a partes iguales. Mal porque podía sentir la agonía de la mujer que, según se podía apreciar, acababa de perder un hijo. Y aliviado, porque él no había perdido a Anna... Todavía.

- Aquí es.- informó la doctora Kuonji. Pasaron a una habitación de paredes de azulejos blancos, el suelo hacía conjunto con dichas paredes. Y las sábanas de la cama eran blancas, al igual que todo, lleno de un blanco cegador y envolvente.

Y entre ellas, estaba Anna.

Numerosos vendajes cubrían su brazo, su cabeza, su pierna... Muchas zonas de ella. Yoh no sabía qué hacer, estaba tan feliz de verla de nuevo... De verla con vida. Anna estaba aun dormida. La doctora Kuonji le contó que había vuelto en si durante la operación y que tuvieron que anestesiarla, de manera que tardaría un rato en despertar. Yoh sintió muchos deseos de abrazarla, besarla, tocarla... Pero no lo hizo y se contuvo. Tocarla sería hacerle daño, tanto física como sentimentalmente. Aún se culpaba por lo que le había sucedido a Anna. Salió de la habitación, acompañado de la doctora Kuonji y de varias lágrimas que retenía en sus ojos de alguna extraña manera. Se dirigió hasta donde estaba Lyserg, el cual tenía escrito en la cara el deseo de saber qué era lo que había en esa habitación. Yoh se abrazó a él, en un intento de no caerse y de comprobar que todo aquello era real, que no era un simple sueño. La doctora se fue.

- Lyserg... ¡Está viva!- logró balbucir, con un hilo de voz y derramando lágrimas de emoción. Lyserg sonrió alegremente. Todo empezaba a ir bien- Voy a quedarme con ella hasta que despierte.

- De acuerdo. Yo mientras iré a ver cómo se encuentra Tamao, ¿de acuerdo?- Yoh asintió, ausente de repente al oír ese nombre. Quizá nunca se lo perdonaría- Cuídate.

- Gracias, tú también.

Lyserg emprendió el camino por el camino contrario del pasillo. Yoh regresó a la habitación de Anna. Un sonido intermitente inundaba la habitación del aparato que medía los latidos de corazón de Anna. Se sentó en un sillón que había junto a la cama de Anna y apoyó la cabeza sobre las sábanas de la misma, cogiendo delicadamente la mano "sana", por decirlo de alguna manera, de Anna. Y todas las horas que había pasado sin dormir llegaron en ese instante.

~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~

Me gustaría saber dónde estoy. Recuerdo muy poco, aparte de llamas y miradas acusadoras por todas partes. En mi mano tengo una espada, ¿por qué la tengo? La miro detenidamente: Es Harusame. ¿Por qué la tengo ahora? ¿Por qué estoy en mitad de la nada? ¿Por qué siento tanto dolor?

Algo recorre mi mente, mi cuerpo, mi corazón y no es simple dolor, es ansiedad, es agonía, es sufrimiento... Es todo.

Soy un cero, un cero en la terrible nada, un cero en la negrura, solo un cero. Es algo espantoso, no se oye sonido alguno, ni se ve ninguna luz, ni siquiera hay algo que pueda hacerme comprender que no es tan terrible estar allí pero... ¡Nada! ¡No hay nada!

Y, de repente... Figuras.

Siluetas blancas, si lo prefieres. Y pude distinguir que una de ellas, por la estatura, quizá, era Manta.

- Me has decepcionado.- me dice. Sus palabras me hieren más, aumentando el dolor que siento- Creía que eras alguien respetable, pero ya veo que me equivocaba.

Manta escupe las palabras, y cada una de ellas es una daga que se clava en mi corazón. Tras de él, las siluetas de Len, Horo Horo y Lyserg aparecen.

- Tienes agallas para tantas cosas... - comienza Horo Horo.

- No entiendo por qué las tuviste también para herir de esa manera a la persona que amabas.- continua Len.

- ¿Acaso no te importaba realmente?- pregunta Lyserg.

Más dolor se suma a mi cuerpo, hasta llegar a un punto en el que mis piernas no pueden sostenerme más y me desplomo en el suelo, débil... Blando la Harusame para defenderme, pero es inútil, ni siquiera puedo alzarla algunos centímetros. Abrazo la espada, sin temor a que su filo me hiera, porque sé que realmente no la tengo para defenderme, sino que la poseo para aferrarme a lo poco que puede mantener un rayo de esperanza, porque algo en mí sabe que es lo único que puede sostener una gota de cordura entre tanto dolor, porque no deja de ser algo que me trae gratos recuerdos de un pasado que hoy se desvanece con rapidez. Pero aún queda una silueta más, la cual solo camina, silenciosa. Camina hacia mí, ofreciéndome una mirada furiosa, llena de ira y rabia, dedicada únicamente a mí.

Y al llegar a mi altura, la figura me asesta una, dos, tres, cuatro patadas en el estómago, clavándome el afilado costado de la espada que abrazo en el torso, dejando escapar de mí finos regueros de brillante sangre que se desliza por la hoja del arma que estrecho entre mis brazos. No puedo gritar, solo gemir de dolor. Todo duele mucho, todo se cubre de rojo, un rojo espeso y sofocante. Menos la silueta, que solo adquiere un color rosado, dando paso a la imagen de Tamao.

- Imbécil...- murmura ella en un susurro asesino.

Cinco, seis, siete, ocho, nueve patadas, distribuidas por mis costillas debido a una mala puntería. No puedo soportarlo más y lloro, como si mis lágrimas fuesen a sacarme de allí, a salvarme de la realidad que estoy sufriendo, a liberarme de los fantasmas que ahora me acosan, felices de verme sangrar, sufrir, llorar... Tamao desaparece y lo agradezco sinceramente. Pero al segundo veo que aun no ha acabado todo.

Porque ahí está.

La persona que más he amado en mi vida, me mira con ojos llenos de rabia y odio. Jamás, jamás me había mirado de esa manera, nunca había sentido escalofríos al sentir sus ojos sobre mí, escalofríos de terror. Cierro los ojos, esperando a que me golpeé, a que descargue sobre mi cuerpo más ira, que deje de contener su rabia hacia mí, que disfrute viendo mi sangre fundirse con el rojo que me rodea. Pero es mucho peor, no recibo ningún golpe por su parte, solo un susurro cargado de furia con tres simples palabras que no podían haber hecho otra cosa más que matarme por dentro:

- Te odio, puta.

Abro los ojos de repente. Solo para encontrarme con la cegadora blancura. Parpadeo varias veces, hasta acostumbrarme a la intensa luz que reina en la habitación, completamente blanca. Me incorporo levemente, o al menos lo intento, porque un intenso dolor recorre cada centímetro de mi cuerpo, el cual está vendado y/o escayolado en casi su totalidad. Muchas imágenes vienen a mi mente: Fuego, dolor, odio... De repente, me duele mucho la cabeza.

~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~

Yoh despertó de su sueño a causa de un ligero movimiento en la cama. ¿Cómo podía haberse quedado dormido tan fácilmente? Levantó la mirada hasta que chocó con los ojos azabache de la rubia, ahora incorporada y despierta. A Yoh le embargó la emoción y la abrazó.

- ¡Annita! ¡Has despertado! ¡He pasado mucho miedo! Llegó un momento en el que pensé... Bueno, ya no importa. Lo importante es que te has recuperado. ¿Cómo te sientes?- de pronto, se dio cuenta de que aún la estaba abrazando- Oh, lo siento mucho, Annita, ¡no me castigues! Solo estaba contento por verte despierta y no me di cuenta de que te estaba abrazando, perdóname. Prometo que al llegar a casa me doblaré yo mismo el entrenamiento. Dime, ¿cómo te encuentras?

Yoh no se había fijado hasta el momento de que la rubia se había sonrojado muy acaloradamente y que lo miraba con ojos interrogantes, como preguntándole algo que no podía descifrar. Anna se veía como una niña desvalida con tantos vendajes, escayolas añadidos a su sonrojo violento y su repentina carita inocente y desconcertada. Tomó aire para decir algo, pero lo contuvo unos segundos antes de volverlo a liberar, sin dejar de mirar a Yoh. Seguidamente, ladeó ligeramente la cabeza y preguntó:

- ¿Quién eres tú?

~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~

Cuando desperté y mis ojos se acostumbraron a la luz, me incorporé y noté que tenía en mi regazo la cabeza de un chico. Él estaba dormido pero ¿quién era para tomarse esas confianzas? La retiré con sumo cuidado, pero él se despertó de igual manera. Al principio, sus ojos revelaban cansancio, aparte de unas profundas y oscuras ojeras bajo ellos. Pero al verme, su mirada cambió, pasó de cansancio a alegría, como olvidándose de que acababa de despertar. Sonrió de una manera hipnotizante, dibujando una curva en sus labios, que contrastaba perfectamente con el brillo alegre de su mirada. Me abrazó con fuerza, cosa que me desconcertó y no pude evitar sonrojarme violentamente. Sin liberarme de sus impresionantemente fuertes brazos, me habló, como si fuésemos los mejores amigos del mundo.

- ¡Annita! ¡Has despertado! ¡He pasado mucho miedo! Llegó un momento en el que pensé... - su mirada se tornó sombría unos segundos, pero de repente volvieron de nuevo a ser alegres- Bueno, ya no importa. Lo importante es que te has recuperado. ¿Cómo te sientes?- de pronto, se dio cuenta de que aún me abrazaba y me soltó- Oh, lo siento mucho, Annita, ¡no me castigues! Solo estaba contento por verte despierta y no me di cuenta de que te estaba abrazando, perdóname. Prometo que al llegar a casa me doblaré yo mismo el entrenamiento.- ¿Castigar? ¿Perdonarle? ¿Entrenamiento? ¡Pero si ni siquiera sabía quién era!- Dime, ¿cómo te encuentras?

Dudé mi respuesta, sentía mis mejillas arder mientras sentía aún sus brazos rodeándome, a pesar de que ya los había retirado. Continuaba sin saber quién era ese tipo... y ¿por qué me llamaba Annita? Tomé aire para preguntar, pero no sabía por donde comenzar y lo solté. Pensé cuál sería la pregunta que más me preocupaba... pero eran tantas... Además, me dolía todo. Ni siquiera recordaba por qué estaba tan magullada... Y al intentar pensar, la cabeza quería estallar sobre mis hombros.

- ¿Quién eres tú?- la pregunta se formuló sola en mi boca, sin pasar previamente por el cerebro, por lo que me sorprendí a mí misma.

- ¿C... cómo que quién soy?- titubeó el chico que aún estaba peligrosamente cerca de mí. Para él, todo parecía muy evidente, todo muy claro... Pero para mí todo era una mancha borrosa en mi mente.

- Sí... Es que... No sé...- aún seguía sin saber qué era exactamente lo que quería decir- ¿Nos conocemos? He de suponer que sí, porque de la manera que me has abrazado...- otra vez las palabras salían solas de mi garganta, si seguía empleando ese tono, el chico misterioso se marcharía y entonces se iría mi oportunidad de saber- Y, además, ¿quién es Annita?

- Annita... ¿No recuerdas nada?- otra vez me llamó Annita. ¿Por qué estaba evitando mis preguntas? ¡Tenía derecho a saber!

- Te he hecho unas preguntas.- realmente no quise ser fría, pero él no me dejó opción. Parecía estar en shock o algo parecido, pero no podía estar más desconcertado que yo, más que nada, porque yo no tenía ni idea de qué demonios hacía allí y él sí- Por favor, respóndeme.- y para colmo, adopté el más lastimero tono de súplica... Empecé a sentirme muy susceptible y mis sentidos trataban de ponerse de acuerdo en si debía comenzar a llorar o a gritar de rabia. Por lo que a mí respectaba, ninguna de esas dos opciones era importante en ese momento.

Mi ruego pareció afectarle en algo, por la cara de imbécil que estaba poniendo... Aunque realmente algo en mí sabía que no era tan idiota como su cara revelaba. Mi tono de súplica le había confundido más, eso estaba más que claro. Finalmente, él respondió.

- Tú eres Anna Kyouyama. Yo soy Yoh Asakura. Tú eres una itako y yo un shaman. Estamos prometidos. ¿Lo recuerdas?- ¿¿Prometidos?? ¿Qué clase de broma era aquella? Además, ¿qué tonterías decía? ¿Itako? ¿Shaman?- Sé que ahora te sonará todo muy extraño, pero puedo demostrar mis palabras. Todo lo que te estoy diciendo es real, y no me agrada la idea de que pienses que te miento, Annita. Yo sería totalmente incapaz de hacerlo.- su tono ahora era solemne y su gesto serio. Hasta sus ojos me decían que todo aquello era verdad. Sentí una poderosa reacción de mi cuerpo, que me incitaba a abrazarlo, pero algo en mí la contuvo.- Y solo por la simple razón de que te quiero, aunque después de que recuperes la memoria lo olvides, pero quiero que lo sepas.

- Yo... Yo... - titubeé. ¿Por qué? Me molesté conmigo misma.- No sé qué decir...

- Tú puedes ver espíritus, y llamarlos donde quieran que estén, incluso si han pasado a mejor vida. En eso consiste ser una itako.- ¿Espíritus? Ahora si que estaba confusa del todo. Sin embargo, había algo en él que me inspiraba confianza y le creí. ¿Qué más podría creer?

- ¿Y un shaman?- pregunté. Era estúpido, lo sé, pero no quería que se fuera, quería retenerlo, quería que me respondiese todo lo que debiese saber... Todo. Con todo lo que me decía, la cabeza me daba vueltas y dolía, como si la hubiesen metido en una prensadora.

- Se fusiona con los espíritus. Es el que une este mundo con el otro.- respondió, cambiando poco a poco su semblante sombrío anterior por uno tranquilo y dulce.

- Y dime... Em... Yoh. ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Por qué me duele todo? ¿Por qué estoy tan herida?

Y Yoh, de repente, empalideció.

~ * ~ * ~ * Continuará... * ~ * ~ * ~

Annie-chan: ¡¡No me maten por dejar esto así!! Pork tengo hasta el cap. 10 escrito!! ^^ Pero como soy una shika buena tardare un pokisho en subirlos xD *se cubre* Bueno, sin mas dilación, procedamos a los agradecimientos!!

Yoh: Muchas gracias a: Anna15 (Annie: Gracias por las alabanzas, aunque no me las merezca!!), Ale-chan (^-^ Tus fics son lindos sin extensiones baratas como estas!), Annita Kyouyama (muchos besos, Annita!!!), Holy Girl Iron Maiden Jeanne (Menos mal que no se acabo el mundo!! ¿Qué haríamos sin ff.net? Annie: Gracias por tus lindas palabras!! Mi msn? lo encontraras en mi perfil ^^), ei-chan (gracias por tus palabras! Esperamos no decepcionarte!), Anime-Girl40 (GRACIAS por matar a ese bicharraco!!!!), Rally (nuu que nu te pase naa!! TOT), Yersi Fanel (Annie: GRACIAS por matar a Tamao!!! XD), Lyserg Disel (Annie: ¬¬ Oshe!! No me pidas mas de lo que pudo dar!! Menuda mierda seria si hago 2 caps. 6!!), Hao-kun (Annie: Hao- kun!!! ^^ No es necesario que me dejes muchas palabras, tu valioso review ya me hace feliz!) y annika (^^ esperamos que te guste) por sus reviews tan valiosos!!

Annie-chan: ^^ Esperamos de corazón que les haya gustado!! Ja ne!!