..Título: Miradas Acusadoras
..Capítulo 12: El lugar donde descansar
..Autor: Annie-chan Diethel
..Categoría: Mystery/Romance
..Pairing: Yoh/Anna
..Summary: Anna está de mal humor, Yoh la sorprende discutiendo con alguien, Anna se enfada... Y surge una amenaza.
..Disclaimer: Por desgracia, no me pertenece ninguno de los personajes de Shaman King, son de su correspondiente autor, excepto los personajes que yo haya inventado.
Lo peor que puede pasarle a alguien es sobrevivir a la persona amada. Y eso es precisamente lo que le había sucedido a Yoh: Anna estaba muerta.
Al sentir el cuerpo frío entre sus brazos, inmóvil; al comprender que sus intentos por que Anna despertara eran vanos, y que toda esperanza de verla respirar de nuevo estaba lejos de su alcance, Yoh se perdió.
Perdió la razón por la que luchar, la fuerza que le animaba a continuar, el aliento cálido que le brindaba la esperanza de vivir tranquilo. Lo perdió todo, porque la había perdido a ella. Y, como único mecanismo de defensa a toda aquella crueldad, lloró con desconsuelo y desesperación.
En el hospital se formó un gran revuelo que él no pudo explicar. De ello se encargaron sus abuelos. Él no podía dejar de abrazar aquel cascarón vacío que hacía unos minutos aún era su prometida.
No la volvería a sorprender sonriendo a escondidas. No volvería a ver su mirada de satisfacción. Ni oiría nunca más su voz. Y "nunca más" era mucho más tiempo del que él estaba dispuesto a soportar. Miró a su alrededor y vio miles de fragmentos del rosario azul esparcidos por el suelo. Cogió uno de los más grandes y se lo echó al bolsillo.
De camino a Izumo, donde se celebraría un sobrio velatorio de tres días y el entierro, se sumió en un enfermizo silencio. Ninguno de sus amigos consiguió ni siquiera una mirada de sus hinchados ojos negros. Al llegar, se cambió de ropa y se puso de luto, al igual que los demás. Después se dirigió a la sala que su madre y su abuela habían habilitado para el funeral.
Al entrar allí, la tenue luz de las velas iluminaba en el centro al delicado cuerpo de Anna, vestido con un delicado vestido blanco y rodeado de flores. Se mantenía intacto gracias a las técnicas de su abuela. Tras unos segundos de procesar la imagen en su mente, el dolor de su pecho se volvió aún peor, más grande, más profundo y mucho más fuerte. Tanto que pensó –y deseó- que se moriría de un infarto allí mismo. Pero no ocurrió, a pesar de sus plegarias.
Yoh se dejó caer junto a ella y lloró de nuevo, derramando en cada lágrima un sufrimiento recién conocido. Ninguno de los presentes sabía qué hacer. Él no escuchaba pésames, palabras de ánimo, consejos ni ningún sonido. No reconocía ninguna figura, salvo la de Anna. Y no se movía.
Horo Horo, Len, Ryu y los demás montaron guardia a su alrededor de manera silenciosa. Ninguno conocía las palabras precisas para intentar levantar la moral de su amigo, y ni siquiera ponerle la mano en el hombro servía de apoyo, pues Yoh no se encontraba allí con ellos, sino perdido en algún rincón de su mente del que no estaban seguros de si volvería.
No dejó de llorar ni un segundo en todo el primer día.
El segundo, volvió a sumirse en un silencio inquietante. Sus amigos se acercaban a ofrecerle algo de beber o comer, pero él lo rechazaba todo con un sencillo movimiento de cabeza. Ni tan siquiera los miraba; sólo velaba el fúnebre descanso de su prometida.
- ¿Creéis que volverá a ser el mismo de antes? – preguntó Horo Horo al resto. Todos le miraron con tristeza.
- No lo creo –sentenció Len-. Ni siquiera estoy seguro de que vuelva a hablar en mucho tiempo.
Sin embargo, Len se equivocó. Al tercer día, Yoh recuperó el habla, pero no como ellos esperaban: se pasó el día entero suplicándole perdón a la chica; maldiciéndose a sí mismo por no protegerla; blasfemando contra Hao, Tamao, los Grandes Espíritus o cualquier otra cosa que él supusiera que había tenido relación con la muerte de Anna. No quería comer o beber, pero sí que estaba peligrosamente dispuesto a reunirse con ella.
Cuando anochecía, reflexionó. Anna había dado su alma para destruir la de Hao, por lo que habían quedado destruidos juntos. No podría ni tan siquiera verla en espíritu. Y empezó a maldecirla a ella por ello, por dejarle solo. Después, se arrepintió y, entre sollozos, volvió a pedirle perdón una y otra vez.
Recordó el trozo de cuenta del rosario y se lo sacó del bolsillo del pantalón. Lo miró, allí, en la palma de su mano. ¿Contendría un pedazo del alma de Anna? ¿O sería de Hao? ¿O, simplemente, estaría tan vacío como su corazón? Cerró la mano y lo apretó con fuerza, como si con aquel gesto fuese a recuperar su vida anterior, a la itako. Pero sólo consiguió que se le clavara en la piel y sangrar.
El día del entierro, se volvió loco. Se agarró al cuerpo inerte y se negó a dejarla ir.
- ¡No quiero que me la quitéis! –gritaba, desesperado- ¡Es lo único de ella que me queda!
- Debemos darle sepultura, Yoh –decía la señora Kino con suavidad-. Tienes que dejarla ir…
- ¡No! ¡No voy a dejar que me la robéis! ¡No voy a perderla otra vez! ¡Soltadme, joder!
Y todos los que querían a Yoh supieron que nunca iba a superarlo.
El entierro fue difícil, ya que él no hacía más que lanzarse sobre la tierra y excavar con las manos. Gritaba incoherencias que, finalmente, obligaron al resto a llevárselo de allí. Una vez en su cuarto, comenzó a dar vueltas en círculos. A la luz, Yoh se veía demacrado: los días de ayuno le habían hecho perder mucho peso y los huesos de la cara comenzaban a marcarse peligrosamente; la falta de descanso le dibujaba unas oscuras ojeras sobre unas prominentes bolsas bajo los ojos, enrojecidos de tanto llanto; la ropa arrugada parecía que era tres tallas mayor que la suya y la falta de higiene le hacía parecer un muñeco viejo y destinado a un contenedor de basura. Cuando lo obligaron a dormir y cayó vencido por el cansancio y el dolor, sus amigos respiraron tranquilos por primera vez en mucho tiempo.
Pasaron los días, y Yoh había montado un campamento frente a la tumba de Anna. Poco a poco, fue retomando los hábitos de comida y descanso, pero no se separaba más que lo imprescindible de aquel lugar. La echaba de menos, y se sentía tan responsable que lo único que le aliviaba era custodiar aquella lápida.
A veces, Manta le acompañaba en su travesía por el silencio. El pequeño estaba francamente preocupado por su amigo, y le había traído a los mejores psicólogos de Japón para ayudarle. Pero Yoh, que siempre tenía un aura ausente, sólo decía:
- Mi dolor no está en mi cabeza. Está en el corazón, que me falta.
Sin embargo, Manta sabía que lo que su mejor amigo estaba haciendo era esperar al regreso de Anna… y eso nunca se produciría.
Aquella noche, Yoh se sumió en un sueño profundo. Cuando abrió los ojos, se vio a sí mismo en un enorme prado verde bajo un cielo azul puro. Sabía que estaba soñando, así que se relajó. Se echó sobre la hierba fresca y observó las nubes pasar.
De pronto, sintió una presencia. Se incorporó y observó a su alrededor. Allí estaba, por fin, con su vestido blanco y delicado y su graciosa melena rubia. Le estaba esperando. A él.
Corrió hacia ella sin dudarlo y la abrazó. Ella hizo lo mismo y, cuando se separaron, la miró a los ojos y se sintió feliz.
- Sabía que volverías, Annita –dijo con una amplia sonrisa-. No podías abandonarme así.
Pero ella puso una mirada triste.
- No he vuelto, Yoh –afirmó débilmente-. Y lo sabes. Soy un producto de tu mente.
- No, tú has vuelto conmigo. Te necesito, eres real… ¡Dime que eres real!
Se arrodilló ante ella y se aferró a su cintura. El prado se marchitó, el cielo se nubló.
- Yoh… - llamó ella mientras le acariciaba el cabello- Necesitas saber que te quiero, ¿verdad?
Él no respondió. Mantuvo la cara escondida entre los pliegues de su vestido.
- Yo no soy real –y aquella noticia no le hizo ningún bien- pero sabes que te quiero y que todo lo que hice fue por ti. Por amor. Y no eres culpable de nada.
- ¿Cómo puedes decirme eso cuando insistes en que no eres real?
- Porque yo soy la Anna que tú conocías. Y sabías todo eso en lo más profundo de tu corazón. Sabes también que yo no querría que lo olvidaras.
Se mantuvo callado y disfrutó de las caricias etéreas del holograma de su prometida. ¿De verdad era tan potente su subconsciente?
- Yo siempre estaré aquí –y al pronunciar aquellas palabras, el prado volvió a brillar de vida, de luz de sol-, y tú siempre podrás venir conmigo. A vivir una ilusión.
Yoh se incorporó, se puso frente a ella y acarició su rostro con las manos. Sonrió ampliamente.
- No eres una ilusión, eres real. Y no quiero perderte. Quiero quedarme contigo aquí para siempre.
Y la besó con ternura en los labios. Y fue feliz de verdad.
- Hace días que no despierta –constató Yohmei, observando el cuerpo inmóvil de Yoh.
- ¿Está vivo? – preguntó Manta, asustado.
- Sí, pero no estoy seguro de que vaya a despertar.
La señora Kino avanzó hacia ellos, abriéndose paso entre los amigos y los padres de Yoh.
- No lo hará –afirmó con rotundidad. Sus palabras pesaron toneladas-. Ahora es feliz.
- ¿Cómo puede ser feliz si no va a despertar nunca? –se alteró Len.
La anciana lo miró y esbozó media sonrisa.
- Ahora, en su realidad, ya no existe el dolor ni la tristeza. Supo que Anna no volvería, y que no la encontraría en el más allá. Nadie puede reprocharle que haya huido a un lugar donde pueda vivir tranquilo. Está, literalmente, viviendo su sueño.
El silencio se hizo en la habitación. Algunos reprimieron las lágrimas; otros, no.
- Al menos, ahora podrán descansar juntos –concluyó Lyserg. Y todos le dieron la razón.
De la mano de Yoh, cayó rodando el trozo de cristal azul.
A todos les pareció ver un esbozo de sonrisa en su rostro.
Fin…
Notas de Annie-chan: Y hasta aquí, "Miradas Acusadoras", tras unos ocho años de empezar el proyecto. Después de tenerle mucho cariño a esta historia, me corroía la idea de que no tendría un final adecuado, y creo que el miedo (y la falta de inspiración, ya conocida por muchos) me bloqueó bastante… hasta hoy. Creo que es un final adecuado teniendo en cuenta la importancia de los sueños a lo largo del fic.
Realmente me apena que esto acabe, porque es como cerrar una larga etapa. Espero con sinceridad que haya sido del agrado de las personas que lo han seguido. Debo agradecer su paciencia, su buen humor y la oportunidad que un día le dieron a esto.
Les quiero dar todo el agradecimiento del mundo y de mi corazón a:
- Xris, Karlyta, Erik, Kazu-sama, Asumi Asakura, anna_yoh, monik 15, MuffinaCa, Cony-Asakura, Saph-Spanish-chan, star, Naishade, , Annita Kyoyama, Amary22, M. Fragrance of Winter, keimy askura, the mystic poetry e Izayoi Sakuya por haber dejado review y seguirme hasta el último capítulo.
- Todas las personas que dejaron review en algún momento, por sus palabras y su tiempo.
- Todas las personas que me han marcado como autora o historia favorita, y/o que me han puesto en alerta.
- Todas las personas, en general, que se han tomado un rato en leer, aunque no hayan comentado nada.
Sin más, y muy agradecida y contenta, me despido de "Miradas Acusadoras" con un enorme beso.
Hasta siempre.
Annie-chan Diethel
