Aquí tienen! El final de esta historia que tanto me costó hacer x_x Ni yo misma puedo creer que haya pasado casi un año desde que subí el primer capítulo, pero ya lo he dicho antes: cuando comienzo un fanfic me aseguro de que tenga un final SÍ O SÍ! uwú

(Irónicamente, hoy es el Día de Todos los Santos y no Navidad, pero qué más da? xD)

Lamento haber dicho en el cap anterior que subiría esta parte lo antes posible y haberles hecho creer con eso que sería poco después… pero no pude terminarla antes. Supongo que sufrí un colapso creativo, porque no se me ocurrían ideas ni para esbozar algo decente. Pero bueh! Espero que queden conformes con el final ^^ y ya saben, sus lindos reviews serán bien recibidos!


—¿Crees que mi fiesta estuvo bien?—sonrió Tino.

—Sí —asintió el sueco con un pañuelo amarrado en la cabeza.

Tino suspiró.

—Me tranquiliza escuchar eso. Así que no fue un fracaso después de todo…

Ambos se encontraban limpiando todo el desorden que dejaron sus invitados después de la fiesta.

Tino sintió un gran alivio al ver que las demás naciones estaban tan animadas como antes cuando subió al escenario para introducirlos al concierto. Fueron dos horas de polka, folklore e incluso metal, entre otros géneros.

—Lamento que nos hayan interrumpido ayer…

—¿Cuándo?

—Cuando los encargados del show musical llamaron a mi celular para que diera inicio al concierto…

—No te preocupes —musitó—, era tu deber como anfitrión.

—Me alegra oír eso —sonrió—, pero aún así, no puedo quedarme cien por ciento tranquilo respecto a eso.

La fiesta fue un rotundo éxito: todos se divirtieron como nunca, especialmente después del concierto, que fue el momento en el que todos se pusieron de acuerdo para comer y beber hasta reventar —si es que no lo habían hecho ya antes—. Pero aún en medio del desorden y toda la locura originada por el exceso de estímulos y tragos alcohólicos, sucedió algo que dejó pálidos hasta a los más ebrios: Los chocolates que habían escondido Vash y Lily se encontraban suspendidos en el aire y parecían estar siendo abiertos por dedos invisibles para después desaparecer a mascadas.

—¿PERO QUÉ ES ESTO? —estalló Ludwig, quien fue el primero en percatarse de aquel fenómeno. Poco a poco, el pánico se apoderó de las demás naciones.

—¡FANTASMAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS! —gritó Alfred antes de comenzar a correr en todas direcciones mientras lloraba como una niña de cuarto grado.

¡¿Qué? —exclamó Vash con los ojos desorbitados— ¡Esto no debería estar pasando!

—¡Ludwig, tengo miedoooooo! —chilló Veneciano al mismo tiempo que su hermano mayor trataba de encaramarse a Antonio.

—¡ESTÚPIDO ANTONIO, SÁLVAMEEEEEEEEE!

—¡Romano, no me dejas ver! —se quejó el español, quien se mantenía en pie con gran dificultad incluso antes de tener que cargar a un italiano.

—¡Malditas alucinaciones! —bramó Elizaveta, dando sartenazos a diestra y siniestra— ¡Ya sé que pasarse de copas no es bueno, pero no tienen derecho a arruinar así mi diversión! —pero con los deplorables reflejos con los que contaba en ese preciso instante, sólo consiguió aturdir a los pobres invitados que se encontraban a su alrededor.

—Sabía que esa hechicera con la que tuve un romance en el siglo diecisiete se vengaría de mí tarde o temprano —murmuró un semidesnudo Francis antes de caer al suelo, aturdido por uno de los golpes de la húngara.

Pero, de todos los invitados, el único que no se sorprendió en lo más mínimo fue Arthur, quien había estado tirando maldiciones por una guerra que perdió contra Francis siglos atrás.

—¡Miren! —señaló en medio de su estado depresivo producto de la borrachera— ¡Son duendecillos! —sonrió— ¡Y están comiendo chocolate! —soltó una carcajada— A ellos les encantan los dulces, ¿no es así? —dijo como si estuviera hablando con alguien más, pero nadie le estaba prestando atención en medio de aquel alboroto.

¿Y dónde se encontraba el anfitrión en un momento tan caótico como aquél?… Pues tumbado en el suelo, ya que bebió al punto de caer inconciente. Y como Morten no se hallaba en mejores condiciones —poco antes del suceso de los chocolates había estado coreando canciones de las Spice Girls muy alegremente junto a Francis y Alfred—, Berwald pidió ayuda a los dos nórdicos restantes, los cuales habían bebido muy poco esa noche, para guiar a sus desastrosos invitados a otras habitaciones.

Al día siguiente, casi todos recordaban ese insólito suceso como un mal sueño, y se preguntaban por qué habían amanecido escondidos en diferentes partes de la casa de Tino y Berwald.

—También quería disculparme por… ya sabes, haber estado ebrio cuando más me necesitabas —dijo con las mejillas sonrosadas y una mirada triste—. A pesar de que yo era el anfitrión, tuviste que encargarte tú solo de…

—No importa —lo interrumpió Berwald—. Sólo centrémonos en lo que estamos haciendo ahora.

—T-Tienes razón —asintió.

—Además, no estaba solo.

—Sí, es verdad. Tengo que darles las gracias a nuestros amigos…

Se produjo un silencio incómodo entre los dos, silencio que Tino decidió romper rápidamente.

—Vash me pidió disculpas por el incidente de los chocolates. Me explicó que él y la señorita Lily habían pensado en una especie de "búsqueda del tesoro" y que recompensarían con una torta de chocolate suizo al que encontrara el envoltorio premiado. Al final, me lo dieron a mí "como compensación por haberme causado problemas", aunque yo les dije que no era necesario y que no había sido su culpa, después de todo… pero insistieron tanto que no pude negarme.

Una sonrisa casi imperceptible se dibujó en los labios del sueco, sonrisa que el finlandés percibió al observarlo de reojo, provocando que sus mejillas enrojecieran.

—¿P-Por qué sonríes? —preguntó, sintiendo que su corazón daba un salto dentro de su pecho. Berwald meditó su respuesta unos instantes.

—Te lo diré después.


Esa misma tarde, Tino revisó su correo electrónico y se encontró con su bandeja de entrada repleta de e-mails de sus invitados. La gran mayoría lo felicitó por la excelente fiesta que había organizado, y varios pidieron que les avisara si planeaba hacer algo parecido en el futuro.

Definitivamente, había sido la mejor fiesta navideña de la década.

—Con permiso —dijo Berwald al cruzar el umbral de la habitación de Tino. Llevaba un plato en cada mano, cada uno con una generosa porción de torta de chocolate suizo.

—¡Ah, Su! ¡Acabo de revisar mi —dijo antes de desviar su mirada hacia los suculentos postres que había traído su compañero—…! Oh, trajiste algo de comer… Es cierto, nos concentramos tanto en ordenar que olvidamos comer algo. Ahora sé en qué habías pensado antes. Muchas gracias —le sonrió al mismo tiempo que recibía uno de los platos—, pero primero debo sacarme esto. No quiero que se ensucie —pensó en voz alta antes de depositar el plato sobre su escritorio y desprenderse de una suave manta color blanco invierno que llevaba puesta. Berwald se sentó en la silla contigua y lo observó detenidamente mientras la doblaba y colocaba sobre un banquillo de madera. Después de esto, Tino tomó asiento otra vez, cogió la cucharita que venía con su plato y dio una probada— ¡Mmmm! ¡Está deliciosa!

Berwald no pudo evitar que una nueva semi-sonrisa surcara su rostro, sonrisa que Tino captó de inmediato.

—¿Q-Qué ocurre?

—Estabas usando mi regalo.

—Ah, eso —murmuró, nervioso—… verás, es que hace frío y… no pude resistirme —confesó con las mejillas encendidas—, ¡es tan suave y esponjosa! ¡La usaría incluso en verano si pudiera!

El sueco probó su comida en silencio sin desviar la mirada de Tino.

—¡Y su textura es como el pelaje de una oveja! —continuó— El que me dieras este regalo me hizo muy feliz —sonrió tiernamente. Berwald se ruborizó.

"Con ella podré arroparlo cuando se quede dormido haciendo los papeleos habituales —pensó sin atreverse a comentarlo en voz alta.

—… ¿Su? ¿En qué estás pensando?

El hombre de ojos claros dejó su postre de lado y tomó la mano de su compañero.

—¿S-Su?

—Fin…

… Y se acercó a su rostro para depositar un suave beso en sus labios. Ambos pudieron sentir que la boca del otro tenía un delicioso sabor a chocolate.

Al separarse de él, Tino lo observó con el rostro de color carmesí y el corazón a punto de salírsele del pecho. Sus ojos se humedecieron, y Berwald se sobresaltó al darse cuenta de que, en un abrir y cerrar de ojos, su torso se encontraba rodeado por los delgados brazos de Tino.

Ya no podía negar lo que sentía: Berwald se había convertido en la persona que amaba; esa persona que siempre estuvo a su lado… y siempre lo estaría.

—Te amo, Su…


Muchas gracias a quienes han seguido esta historia. Cada uno de sus comentarios me hace muy feliz! Así que intentaré ponerle más empeño a la escritura ahora que tengo nuevas ideas, tiempo libre y muchas ganas de hacer fanfics!