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Sabía que se trataba de ese año por la tienda que tenía enfrente: "Heladería MacGuffin".Y por su cartel de inauguración "Pruebe los mejores helados de Boston, no encontrará nada igual" Fue en Enero cuando Walter lo vio al acudir a un encuentro con Broyles y Olivia por un caso Fringe. Estuvo durante algunas semanas incordiando para que le llevase a probar sus productos . Y al final lo consiguió, pero no le gustó nada y estuvo otras dos semanas recitando todos los defectos del local y lo malos que estaban los helados. Algo que le provocó un gran dolor de cabeza.
Por eso no dejaba de sorprenderse. Se preguntaba como el agujero de gusano le había llevado hasta allí. Le parecía incomprensible. La Máquina ya había sido construida, no podía aparecer ninguna pieza para registrar. Pensó en volver a entrar y marcharse a otro lugar, pero se detuvo. Quizás era su oportunidad para refrescar recuerdos. Por supuesto se mantendría a distancia. No quería interferir.
Se acercó a un kiosco de prensa y miró la fecha. Comprobó que se encontraba en la semana posterior al caso donde conocieron a Simon, el chico que también sufrió los experimentos del Cortexiphan y que le afectaron sobremanera logrando que los pensamientos de los demás le asfixiaran. Fue después de eso que Olivia no se dejó ver durante algún tiempo. La excusa, no se produjo ningún caso, pero él sabía que ella estaba dolida por todo lo que había pasado entre ellos. La pequeña familia se había roto y todo era por su culpa, por haber estado tan ciego. No, no podía volver con eso, tenía que olvidarlo. No era el momento de hacerse más daño. Oliva ya le perdonó
- "Recuerda Peter, fuisteis felices durante 15 años" – se obligaba a pensar – "Vete de aquí ya"
Pero no lo hizo. Necesitaba verla una vez más. A ella.
Se mantendría a distancia. Olivia no le reconocería, llevaba una tupida barba que ocultaba su cara. Pasaría por ser un vagabundo más. La tapadera perfecta.
Pensó que tenía suerte, porque la calle de Olivia no estaba demasiado lejos. Y apenas tenía fuerzas. No sería demasiado difícil aparentar ser un sintecho. Y entonces se rió. Lanzó una sonora carcajada que asustó a una mujer que en ese momento pasaba por su lado. No pretendía llamar la atención así "Pero es que es cierto, no tengo un sitio donde refugiarme al final del día" No había lugar donde regresar. Ignoraba lo que ocurriría cuando terminase de marcar las piezas de la Máquina, si el agujero de gusano le llevaría directamente a casa, al punto del tiempo del cual partió, o si sería un viaje sin fin a través del tiempo.
Dudaba incluso que el futuro que dejó seguiría existiendo, si con lo que estaba haciendo habría cambiado, si él podría formar parte de ello. Si acaso pertenecía ya a algún lugar. No sabía si su incursión en el pasado había afectado de alguna forma diferente a la que pretendía al universo. Además ¿para qué volver? Ella ya no estaba, se encontraría de nuevo en una casa vacía, llena de recuerdos, de dolor. Y no es lo que quería. Y ahora en vez de reír, lloraba. No podía evitarlo.
Se apoyó contra una pared y se deslizó hasta el suelo. Su vida ya no tenía sentido. Lo único que quería ahora era reunirse con Olivia. Estaba seguro que ella le estaba esperando en algún lugar.
Solía imaginarla en un prado, vestida con una túnica blanca, recogiendo flores (amarillas no, a ella no le gustaban) su pelo rubio ondeando al viento (no muy fuerte, sólo una ligera brisa, tampoco hacía frio, sino un día primaveral, ella no llevaba chaqueta) y con una sonrisa sutil en su boca (era feliz, por fin lo era, sin nada que les amenazase, ni vórtices, ni alertas ámbar, ni un maldito universo que se destruyese) Y tan hermosa como siempre. Y él correría a su encuentro, mientras Olivia extendía los brazos para recibirle. Se abrazarían. La besaría. Y nunca más volverían a separarse. Estarían juntos para siempre.
Y ese pensamiento solía calmar su desazón, esa ansiedad que le comía por dentro, pero en esta ocasión no lo conseguía. Todo era una gran mentira, había estado mintiéndose durante toda su vida, y ahora lo hacía de nuevo. No había jardín del Edén. No había resurrección alguna. Los muertos estaban muertos y nada más. Y él lo sabía. Tenía un coeficiente de inteligencia de 190, una mente racional que le avisaba de que todo lo que anhelaba era una pura fantasía. Ya no había vuelta atrás. El Universo no le concedería a él ni un momento de felicidad. No la merecía. Todo estaba perdido
- ¿Se encuentra bien amigo? – Preguntó una voz a su lado - ¿le ocurre algo? - Insistió de nuevo.
"No, no estaba bien ¿Por qué no le dejaba en paz? Quería estar solo, nadie podía dirigirse a él. No era su lugar" Levantó la cabeza para responder, no podía seguir atrayendo la mirada de la gente, tenía que pasar desapercibido. Le diría a aquella mujer que no pasaba nada, sólo locuras de un borracho. Y cuando miró, se encontró con un ángel. Ella estaba allí, a su lado, en cuclillas observándole con preocupación
