FLASHBACK I. EL PRINCIPIO

Se dio cuenta de que estaba volviendo a su habitación cuando escuchó a Sefirot abrir la puerta.

Volveré en unas horas – le susurró, acariciándole la cabeza. – Has tenido una buena idea.

Cloud sonrió débilmente, dejándose besar antes de entrar a la habitación... pero sintió un escalofrío por el contraste entre la luz que entraba por las ventanas del resto de la casa y la oscuridad de la habitación tapiada.

Me... ¿puedes dejar la linterna? – murmuró.

Sefirot asintió, dejándola en el suelo.

Te recomiendo que duermas antes de que vuelva... – le susurró el General, acariciándole la espalda...

...y en un tono que hizo que algo frío se la recorriese mientras el mayor lo besaba otra vez antes de marcharse.

Sabía...perfectamente lo que quería decir con esa frase.

Sabía lo que le esperaba cuando Sefirot volviera de trabajar.

Tanto si quería como si no... .

Quedó en el centro de la habitación, sin volverse al oír que la puerta se cerraba y q eu Sefirot echaba la llave.

Sólo se quedó en el foco de la linterna, agachándose despacio sin atreverse a moverse mucho, abrazándose las piernas y llevándolas hacia su pecho, como cuando era pequeño y esperaba que los monstruos se fueran... .

...como había esperado inútilmente en esos dos meses.

Se tapó la cara... .

¿Por qué deseaba que volviera a pasar lo de ayer?

Sabía que había sido un raro milagro, que en realidad no quería decir nada...Sefirot simplemente había estado contento con su "buen comportamiento" de aquella semana y ya estaba; no había más que buscar...

No había querido decir nada.

...pero ese pensamiento hacía que el pecho le doliera horrores, haciendo que le volvieran con fuerza las ganas de llorar...

¿Cómo...un inocente flechazo de quinceañero había podido llevar a eso?

Llevaba esos dos meses tratando obsesivamente de encontrar la respuesta...

Una... y otra vez...

Con su cabeza... repitiéndole lo mismo...

Una...y otra vez...

Sus lágrimas cayeron en la tela del pijama mientras todo volvía a empezar.

El cadete Cloud Strife, de casi quince años, aspirante a entrar en SOLDADO, aún no se lo creía...

...a pesar de que los pellizcos que no paraba de darse en el brazo le certificaban que no estaba soñando...

...que realmente estaba frente al despacho del General Sefirot.

Él...

El último mono del cuartel...

Se sentía un poco solo desde que había vuelto de Junon. Echaba de menos a Zack, pues éste había salido, no sabía muy bien para qué... .

Aunque se imaginaba que tal vez su amigo tuviera cosas que hacer.

Bastante ha hecho con hacerme de niñera, pensó, suspirando... Su amigo no había parado de repetirle que apartara las ideas negras, que acabaría entrando en SOLDADO... y...

A él era el único al que le había contado que su adoración por Sefirot iba más allá de la simple admiración. Era el único que había sabido que no se reiría diciéndole que eran cosas de chiquillos, que era uno más entre miles de quinceañeras.

Zack no. Le había escuchado atentamente, sin reírse... y sí, había intentado bajarle de la nube... pero Cloud, aunque le doliese, sabía que era para evitarle sufrir, porque todos conocían la fama de inabordable del General, que parecía vivir sólo para Shinra, de su casa al despacho, del despacho al laboratorio, del laboratorio a la sala de entrenamiento, de esta de nuevo al despacho...

Sonrió de nuevo al escuchar a Sefirot escribir algo dentro del despacho.

Pensó que esto tenía que contárselo luego a Zack.

Temblorosamente, levantó la mano y golpeó la puerta.

Adelante. – escuchó, con lo que entró...

...y su corazón se disparó cuando vio a su ídolo tan cerca, además...

...sonriéndole.

Pero trató de mantener la compostura, cuadrándose. Sabía que sin duda lo había llamado por asuntos de trabajo...

¿Me mandaba venir, General?

Descanse – dijo Sefirot, para luego sacar unos papeles que miró con desinterés – Cadete Cloud Strife, ¿no es así?

Cloud asintió, tragando saliva.

Y si...

¿Era algo malo?

El gesto de Sefirot ahora no dejaba entrever nada.

Pero entonces el mayor le sonrió levemente

Relájese, Strife – ordenó suavemente, guardando los papeles en una carpeta –¿Recuerda el entrenamiento masivo de la semana pasada?

El cadete se sonrojó.

¿Sefirot...había estado presente?

Eh...sí, señor – asintió, tragando más saliva al ver que el general se levanta y se acercaba, mirándole con atención.

Lo que vi tengo que decir que fue muy interesante – dijo – ¿Cuánto tiempo lleva aquí, cadete?

Dos...dos meses, señor. – respondió Cloud, mirando al frente, intentado ignorar que lo rodeaba, sin dejar de examinarlo.

¿Y por qué me parece que te he visto desde siempre?

Eso hizo que el chico abriera mucho los ojos, con su rubor acentuado...

Qué… - murmuró...

... y más cuando el mayor le acercó suavemente la mano, cogiéndolo de la cara.

No…es…espere… - murmuró Cloud, nervioso - Espere…

Pero, sonriendo, Sefirot lo atrajo hacia sí, imperiosamente…

Cloud sonrió nerviosamente al ver que su ídolo le acercaba los labios…

y se derritió al notar los labios de Seifrot contra los suyos, degustándolos con fuerza. Con toda la habilidad que tenía, correspondió…

Pero pronto paró.

Algo no iba bien.

Y era que las persianas estaban empezando a bajar, sin causa aparente.

Se…sefirot, señor – dijo, nervioso, pero Sefirot lo cortó.

Tranquilo… todo va a ir bien…

Lo dijo mientras las persianas bajaban totalmente, cerrando la habitación a las miradas de fuera.

Su…suba la persiana – dijo Cloud, nervioso por momentos.

¿Aún me llamas de usted? – sonrió Sefirot burlonamente – ¿No crees que es mejor un poco de intimidad?

¡Pero yo…! – empezó Cloud…

para ser cortado por un beso brutal, que devoró su boca sin compasión, mordiéndole los labios sin miramientos…

pero aún más cruel fue la cuchilla de su mirada fría mientras lo sostenía así…

Como pudo, Cloud lo empujó por instinto, ignorando los cortes de sus labios y corriendo a la puerta sin mirar…

pero cuando llegó no pudo ni bajar el picaporte.

Estaba cerrada a cal y canto.

Gritó cuando un golpe le hizo caer al suelo.

¿Buscabas a lo mejor esto?

Como una siniestra burla, escuchó el ruido de las llaves tras él mientras Sefirot lo arrastraba por la pierna hacia el centro de la habitación, encima de la alfombra...

A toda prisa, Cloud trató de revolverse, dándole patadas con la pierna libre, pero el General, sin inmutarse, le inmovilizó las dos con pasmosa facilidad con una mano sin que su expresión se alterara, ajeno a los golpes que le daba con las manos.

No me ha gustado lo que acabas de hacer. – dijo con tono frío, atrayéndolo más hacia sí...

Y con la mano libre le arrancó toda la ropa de cinutra para abajo.

¡SUÉLTAME! – gritó Cloud, resistiéndose como podía, tratando de hacerse oír y de apartar a Sefirot a puñetazos que el hombre recibía sin pestañear - ¡DÉJAME! ¡NO QUIE...!

Su grito fue ahogado por sus calzoncillos, que Sefirot le puso en la boca, atándole los brazos a toda velocidad con los restos de los pantalones.

Sefirot sonrió levemente sobre su cara de desesperación, quitándose la capa con aire casual.

¿Sabes que el corcho es un material aislante? Es perfecto para trabajar tranquilo, ¿no crees? –le dijo, sujetando su torso cuando siguió intentando zafarse, abriéndole la camisa despacio, recreándose en su pecho, ignorando su temblor y sus ahogadas protestas cuando lo lamió al tiempo que se iba desabrochando el pantalón, buscando el calor del chico y sonriendo cruelmente cuando notó que éste se movía todo lo posible. – Sabes, Strife, realmente creo que tienes bastante valor pero... – le susurró, pasando su mano por su costados – creo que necesitas algo de entrenamiento para que éste pueda salir...

¡Mph! ¡Mph! – gimió Cloud, al borde de las lágrimas, tratando de volver a empujarle con las piernas ahora libres...

Y un grito desgarrador se hizo oír por debajo incluso de la mordaza cuando Sefirot, cogiendo sus piernas al vuelo, las abrió y le atravesó hasta el alma entrando sin contemplaciones, haciendo que ni siquiera notara su cuerpo del dolor que lo llenó.

Sólo sintió las lágrimas de dolor y humillación que brotaron de sus ojos a tirones mientras luchaba por respirar, sintiendo que se ahogaba entre la mordaza y el peso de Sefirot, que lo aplastaba inmisericorde contra el suelo...

Sal... rogó mentalmente, sin fuerzas siquiera para gritar...sal, por favor...

Pero estas lágrimas fueron borradas por la lengua del hombre, que comenzó a moverse despacio, como recrándose en su cuerpo, mandándole más dolor... Lloró, mirando al techo con la vista cada vez más borrosa...

Para, para, para, por favor... no puedo más... por favor, para...

Piadosamente, la oscuridad del desmayo comenzó a acogerle en ese momento, permitiéndole huir aunque fuera unas horas.

Y lo peor es que eso sólo había sido el principio...