INTERLUDIO III. PREGUNTAS SIN RESPUESTA
La mochila retumbó en el silencio del apartamento de alquiler al tiempo que las llaves resonaron escandalosamente echando un doble cerrojo.
Por una vez, Zack no tenía ganas de irse de fiesta y sólo quería descansar.
Apenas sí tenía ganas de llamar a Aeris.
Joder, me estoy haciendo viejo, pensó para sí con humor agridulce al tiempo que encendía las luces.
En ese momento, un rayo iluminó toda la zona apagada.
Joder, pues de puta madre, suspiró el joven al ver que, no sabía en qué momento, había empezado a llover a cántaros.
Igual que la noche en que le habían dicho lo de Cloud...
Suspiró, derrumbándose en el sofá... Si Angeal mismo había buscado cosas sin que él se lo pidiera...
Dos pitidos en el móvil, casi seguidos, interrumpieron el hilo de sus pensamientos.
Aeris, 23:20.
Zack, voy ahora^_^
Angeal, 23:20
Ya estás llamando a Aeris. Ni se te ocurra dormir solo. Es una orden.
Zack rió, haciendo el saludo militar:
¡Señor, sí señor! – gritó, yendo a coger el abrigo y un paraguas.
No iba a dejar que Aeris hiciera ese camino con la que estaba cayendo.
NO despertó del bello sueño siquiera cuando, después de dormitar un rato, demasiado cansado para moverse, abrió los ojos al amanecer que se veía por la tienda y se encontró en brazos de Sefirot, envueltos ambos en la manta y el saco de dormir abierto sobre el colchón de la tienda.
Sefirot parecía dormido, sólo abrazándolo, manteniéndolo cerca. Se dio cuenta entonces de que le había puesto la chaqueta del pijama, cubriéndolo aún más del frío inminente de la mañana.
Ni se había dado cuenta del tiempo que había pasado.
¿Cuántas veces...?
¿Cuántas veces, a lo largo de toda la noche, se había abrazado a Sefirot, Sefirot le había abrazado, le había besado, besándolo con fuerza mientras lo llenaba en la penumbra de la tienda, derrumbándose sobre él sin aplastarlo, dándole calor, un suave y fuerte calor mientras le besaba dulcemente el cuello…?
¿Cuántas veces se lo había dicho a lo largo de la noche?
Te amo… .
Se ruborizó, sintiéndose bien pero confuso.
Había...había sido tan tierno, tan dulce cada vez... no...no recordaba que hubiera sido así ni la primera vez que lo subió a su dormitorio. Casi ni se había dado cuenta, sólo se había dejado acariciar, besar, besando y acariciando a su vez, incluso buscándolo, creyendo esas palabras
"¿No tienes dignidad? ¿Tan fácilmente olvidas lo que te ha hecho?"
Ese dolor desgarrador que lo clavaba al suelo mientras lloraba, derrotado, sangrando...
Guiñó los ojos... esa...esa voz otra vez...
Basta...
"Te dice dos palabras tiernas y ya te le arrastras como una gata en celo? Tal vez tuviera razón con lo que te decía... ."
Cualquiera diría lo contrario de lo que afirmas...
¿Te gusta?
Cómo lo obligaba a moverse, atado, a horcajadas sobre él, mientras no sabía dónde mirar, llorando de dolor y cansancio...
Cómo lo retenía, durante horas, obligándole a estar con él, sangrando, llorando...
Eres mío... .
¡BASTA!
Pero alguien le sujetó con suavidad.
Shhh… .
Cuando abrió jadeando los ojos estos se encontraron con los de Sefirot, que estaba tumbado a su lado, sujetándole con suave firmeza y acariciándole la frente con la mano.
La mano vendada, que ahora tenía una venda de verdad.
Mírame. No pasa nada. Era una pesadilla.
Cloud apretó los labios, aguantando las lágrimas, pero Sefirot se las acarició en silencio, sin prisa, besándole la frente
Entonces se dio cuenta de lo enorme que era la tienda, en la cual el saco, el colchón y la manta quedaban como una isla en la que se encontraba perdido.
Miró moverse a Sefirot por la tienda alrededor de un hornillo con una olla encima. Eso y el olor le recordaron que hacía un día entero que no comía nada... aunque sintió un poco de nauseas cuando le vio echar un poco de la sopa en un tazón.
Sefirot, mientras cocinaba, lo miraba por el rabillo del ojo. Sonrió levemente al ver que parecía haber mejorado... y más al recordar cómo lo había buscado.
Había...temido que se encontrara todavía peor de la depresión...
¿Te…puedo ayudar?
Se giró a mirar a Cloud, con el bol.
No hace falta.
Pero no quiero estarme quieto.
¿Por qué no?
A lo mejor porque estoy harto de estar enfermo, pensó para sí... .
Sefirot despacio cogió una cucharada pequeña y se la ofreció, ayudándole a tragarla poco a poco...y Cloud se sintió mejor a las pocas cucharadas, empezando a comer solo.
Pero se dio cuenta de algo.
¿Tú…no comes?
Luego.
Ninguno se dio cuenta de una pequeña vibración en la mochila de Sefirot.
NCht, chico estúpido – rezongó Hojo, dejando el móvil.
Se había hartado de llamarlo.
Vacaciones, bah.
Una excusa para perder el tiempo.
Claro que sabía que el crío rechazaría un mensaje suyo aunque estuvieran a dos puertas en el edificio de Shinra. Sabía que desde que ya no era él solo el que podía realizar las revisiones de Sefirot, éste evitaba dirigirle la mirada lo máximo que podía.
Maldito desagradecido, suspiró. ¿Qué habrías sido sin mí, eh?
En fin, ya habrá tiempo cuando se digne a presentarse en el cuartel, se dijo para sí, dejando el aparato en un cajón y dirigiéndose a una puerta del laboratorio donde comenzó a teclear un código.
Profesor… - trató de hablarle uno de los ayudantes, pero él le cortó con un gesto de la mano.
Luego. Siga trabajando, caballero. Esto es un asunto privado.
Ignoró lo que pudiera tener que decirle el ayudante para entrar en la cámara frigorífica, cerrrarla y teclear los botones de una placa, de la que salió un cuerpo congelado.
4444444444444444444
Sonrió, quitando la etiqueta donde se leía "Cloud Strife"444444444444444444444.
Había sabido de siempre que no ese chico no era normal... .
¿Creían que habían podido engañarle con un falso cuerpo?
Sólo...necesitaba una muestra de Sefirot para terminar de confirmarlo...
Y confirmar también una cosilla sobre...
Un timbre de aviso lo sacó de sus pensamientos.
Maldita sea, las inyecciones de los nuevos.
Suspiró, volviendo a guardar la placa.
Bueno.
Podía esperar.
Borrando el mensaje de Hojo sin siquiera leerlo, Sefirot, mirando con disimulo el sitio donde estaba Cloud profundamente dormido, volvió a guardar el móvil dentro de la mochila en silencio. Si se había arriesgado a traérselo era para cosas importantes, no para estupideces.
Ya estaba harto de lo que fuera que le dijera ese…
"No pienses en él, hijo mío… sabes que será de los primeros que pagarán"
En un par de días llamaría a Angeal para decirle que volvía. Sabía que más tiempo sería sospechoso.
Pero… no podía volver a dejar a Cloud encerrado en ese sitio…
"¿Por qué complicarte? Ya lo has sacado de paseo, tendría que conformarse..."
Nadie te ha pedido la opinión.
"Yo sólo quiero ayudarte..."
Ignoró el tono plañidero de la voz. Desde que tenía a Cloud con él, no sabía explicar muy bien por qué, no le confortaba tanto como antes.
Incluso le irritaba… .
Suspiró, bostezando un poco. Se sentía algo cansado...y no sólo de una manera agradable. Se frotó los ojos, mirando al atardecer. ¿Tanto tiempo había pasado? No se había dado cuenta...
"Son demasiadas molestias por ocuparse de una mascota"
Ya te dije que no hablaría de eso, zanjó Sefirot, para luego añadir con amargo sarcasmo: ¿Me regenero, no? Soy el montr...
Un jaleo le sacó de sus pensamientos, haciéndole girar la cabeza.
Su mirada se heló al ver a Cloud al lado de la mochila, rodeado de latas, con cara de terror.
LO...lo siento – farfulló – Creía...que dormías...
"¿Le pillas así y te dice eso? ¿Algo tramará, no crees?"
Te dije que no te levantaras. – dijo, tajante.
Estoy bien – dijo Cloud, tragando saliva, y con rabia... ¿Quién le mandaba preocuparse por...?
Ya lo veo – dijo afiladamente Sefirot, cogiéndole del brazo...
...para ver que entre Cloud y el hornillo había una lata de lentejas medio abierta.
Su gesto se suavizó. El chico sólo tenía hambre.
Lo habría hecho yo – dijo, aflojando su mano suavemente.
Quería... – murmuró Cloud, aún confuso – Hacerlas para los dos...
Le confundió aún más el gesto de sorpresa de Sefirot, que se apresuró a coger la lata sin decir nada y a echarla dentro del cazo, removiendo el contenido.
Lo miró, fijamente.
¿Por qué...parecía extrañarle que quisiera ayudar?
¿Qué le pasaba?
¿En qué estaría pensando?
Se dio cuenta entonces de algo.
La mano vendada.
Sefirot...parecía tener poblemas para moverla... .
La mano de Sefirot se había interpuesto entre él y el cristal.
Se mordió el labio.
¿Te duele?
Sefirot ocultó su pasmo como supo para contestar simplemente:
No – dijo, cambiando de mano. Esta, realmente, aún le costaba abrirl...
Pero quedó parado.
Cloud...
...había cogido la mano vendada, besándola al tiempo que la apretaba contra sí, con fuerza, con ternura, mirando la venda...
No...quería morir. – murmuró el chico - No...quiero morirme...yo... lo sien...
Pero se cayó cuando Sefirot lo envolvió, con fuerza, abrazándolo
Lo haría otra vez... – le susurró – Y, si no quieres que lo tenga que hacer, ya sabes – le dijo, pero con suavidad.
La voz sonó tan fuerte que casi le hizo soltar a Cloud cuando gritó::
"¡Idiota! ¡Sabes lo que le estás...!"
Pero fue acallada cuando el chico lo besó, con fuerza.
No...no lo intentaré de nuevo...
Sefirot sonrió, apretándolo mientras volvía a llover.
Angeal suspiró, cogiendo la cafetera para la taza número...
¿Cuántas llevaba ya?
Ni puta idea, suspiró para sí.
Suspiró doblemente cuando apenas cayeron dos gotas en el exterior.
Se estiró delante de la brillante pantalla del ordenador, frotándose los ojos.
Había tantos registros de misiones… .
Se fijó entonces en el reloj y sonrió débilmente al fijarse en el reloj.
Las doce de la noche.
Supuestamente, a esa hora no habría nadie en esa planta del edificio.
Por si acaso, apagó la luz y giró la pantalla, de tal modo que la luz de la pantalla no fuera vista desde fuera… .
Miró de izquierda a derecha y, con todo el disimulo posible, introdujo el USB en el ordenador.
Copiar archivos.
Copiando archivos "INFORMES" a C, Tiempo estimado, doce minutos…
Angeal, inspirando con fuerza, dejó de mirar a la pantalla para fijarse en la puerta. Bien, ni se veían ni se oían rastros de nadie más.
Pero paró.
El ascensor.
Alguien...
...estaba subiendo a esa planta.
Las puertas del ascensor, de pronto, se abrieron.
