INCERTIDUMBRE
He sacado entradas para el cine, hoy.
Zack, en la cama, suspiró, abrazando a Aeris.
Habían estado juntos todo el día desde la noche anterior... . La verdad, había sido una bendición, se encontraba más animado.
Pero...
Aeris...nena, lo siento. No...no estoy de humor para el cine... .
Aeris suspiró.
No, lo siento yo. Tenía que haber caído. Las devolveré.
Zack sonrió, acariciándole la cara.
No, señora. Iremos a cenar. ¿Vale? – le dijo, sonriendo – Y no acepto una negativa.
Aeris, riendo, fue a replicar...
...pero de pronto sonó el móvil de Zack.
Insistente.
Angeal...
Cóge... – emepzó a decir Aeris.
Pero la música paró de golpe.
Zack tragó saliva antes de incorporarse.
Aeris…nena, quédate aquí, ¿de acuerdo?
Zack...
No salgas. Volveré enseguida, ¿de acuerdo? – dijo, poniéndose la ropa a toda prisa.
Angeal inspiró profundamente, concentrándose en no hacer ruido mientras se apoyaba contra la pared y apartaba la mano del móvil que había pulsado para avisar a Zack.
Oía la voz.
Apretó los dientes.
Hojo... .
¿Qué cojones hacía ahí?
Sefirot miraba a un acurrucado Cloud, a cierta distancia, ambos tumbados en el abierto saco de dormir.
Aun así, no era el chico el que se había alejado de él.
Sino...él mismo.
Pero no podía dejar de pensar.
Qué distinto comenzaba a ser todo.
Qué distinto de cuando había sucumbido a lo que deseaba y lo había llevado a su casa.
Hacía apenas unas horas que el chico era suyo.
Le estaba enfureciendo oírle llorar, lejos de él, abrazándose el cuerpo, como si él no estuviese a su lado.
Furioso, lo cogió, soportando los golpes que el chico le daba para mantenerlo con él en la pequeña cama.
¿No quieres llorar? Hazlo.
Le enfureció más ver que se mordía el labio, cerrando los ojos, poniendo las manos contra su pecho para evitar que lo acercara más, empujando hacia atrás.
Levantó los brazos de golpe, sonriendo levemente cuando el chico cayó… pero la sonrisa desapareció al verle jadear en el suelo, sollozando a su pesar, con la espalda temblando. Vio entonces la sangre en sus muslos, que apenas podía levantar.
Esperó, dejándolo llorar un rato, aún sin silencio, le tiró la manta, que el chico débilmente aprovechó para envolverse, aún temblando…pero evitó que se tapara las piernas, cogiéndoselas.
Lo sujetó cuando gritó.
¿Quieres volver a desmayarte otra vez? – dijo el mayor, seco, limpiándole la sangre entonces. Suavizando el gesto al ver su cara de dolor, fue a acariciársela, abofeteándole cuando lo mordió – ¿No me has oído? – le replicó, impasible, acariciándole la zona de la bofetada.
El chico negó en silencio, mirándolo con temeroso odio.
Bien, pues vamos. – dijo, cogiéndolo en brazos y subiéndolo a la cama, recostándolo de espaldas contra su pecho, sin quitarle la manta.
Cogió un trozo de comida y se lo ofreció, pero el chico no pareció verlo.
Tenía la mirada perdida en la pared.
Ya…ya tienes lo que querías… - le oyó sollozar.
¿Y qué quiero?¿Lo sabes?
Déjame ir…por favor…no diré nada, te lo juro… .
No dirás nada porque no te irás.
Lo apretó cuando lo escuchó llorar más fuerte, resistiendo sus cada vez más débiles intentos de separarse de él hasta que notó que el chico se empezaba a dormir.
"Tan patético como el resto de su raza…"
Está aprendiendo. No seas tan dura.
"En fin, hijo mío, tú sabrás."
Sintió algo dulce al verlo contra sí, tan pequeño.
Sí…ya tenía lo que quería…
…y por eso mismo no podía dejarlo ir.
Y...realmente...no podría...
Ni en sueños.
Más ahora que sabía qué era lo que le había hecho quedarse con el chico.
Por eso...
Cloud jadeaba, desparramado sobre el colchón, con las piernas abiertas.
Era la tercera vez que lo había tomado desde la cena...
No había podido evitarlo.
Sonrió, jadeando, deseándolo otra vez más.
...pero vio que sudaba mucho, y que parecía realmente cansado.
Con cuidado, salió despacio, a pesar de notar todo su cuerpo protestar por ello.
Cada vez lo estaba deseando más.
Pero también sonrió al ver su cara tranquilizarse, hasta el punto de permitirse bostezar.
¿Estás bien? - le preguntó, suavemente.
Vio cierto brillo de extrañeza que le hizo extrañarse a su vez, pero el chico asintió, sonriendo débilmente.
Can...cansado, nada más.
Sin decir nada, Sefirot cogió una toalla y comenzó a secarlo y limpiarlo.
Con suavidad, le echó la manta por encima, notando algo en el pecho cuando lo vio acurrucarse.
En un acceso de ternura, le acarició la cabeza...
...y quedó extrañado al notar un leve temblor.
Eh...
Entonces, Sefirot notó que el chico lo abrazaba, con fuerza, de una forma en la que no lo había abrazado hasta ese momento.
¿Como si quisiera que lo protegiera?
¿De…de él, tal vez?
Me...me pondré bien... se me pasará... – le escuchó murmurar, como con vergüenza.
No hay prisa. – replicó suavemente... .
Pero sus puños se encresparon al notar que el chico negaba con la cabeza, como queriendo dejar el abrazo lo antes posible.
¡Te digo que no hay pri...! – gritó, pero el chico lo cortó.
No quiero ser una carga. – murmuró, mirando al suelo.
Eso lo dejó un rato en silencio, sólo mirándolo.
¿Qué...había dicho?
¿Desde cuando lo eres?- dijo en tono neutro.
Desde que no soy capaz de hacer nada solo.
Sefirot sonrió, con algo de alivio.
¿Era por eso?
¿Oyes que me queje?- murmuró, bromeando un poco.
Pero el chico seguía taciturno.
Se acercó, suavemente.
¿Qué quieres hacer?
Pero no le contestó, negando con la cabeza.
Apretó los dientes.
¿En qué estás pensando? – dijo, más agresivo, notando que volvía a enfurecerse al ver su miedo hacia él. Estaba empezando a cansarse.
Basta...por favor... – murmuró el chico, al borde de las lágrimas.
Pero eso le hizo rugir y cogerle de los brazos, haciéndole mirarlo.
¡NO! ¡Me oyes! ¡ERES MÍO!
¡YA LO SÉ, JODER! ¡NO PARAS DE RECORDÁRMELO! – replicó el chico, llorando a gritos, tratando de soltarse. – ¡SÓLO TE PIDO QUE ME DEJES DESCANSAR UN POCO!
¿¡DESCANSAR DE QUÉ!
Pero notó que lo abrazaba de nuevo, de la misma manera, llorando sin poder hablar.
Con miedo a mirarlo.
A... enfurecerlo más.
A...
¿A qué?
Se obligó a frenarse, hasta que pudo levantar suavemente la mano y acariciar su cabeza.
Cerró los ojos al notar que eso parecía a la vez calmarlo y asustarlo un poco.
Tienes razón. Tienes que dormir. – le susurró.
No...me inyectes...
No lo haré... – le dijo, más suave, mientras le empezaba a aplicar una suave magia de sueño que lo dejó dormido.
Suspiró.
Por eso esa vez había tenido que dejarlo descansar.
Antes... le habría castigado por evitarle, por quererlo lejos.
Pero...
Miró su cara ahora tranquila mientras dormía e inconscientemente la comparó con la de hacía apenas unas horas.
Sencillamente no había podido.
Se...se estaba volviendo débil...
No...
"No, él te está volviendo débil. ¿No lo ves? Te volverá débil y te arrancará los ojos como el cuervo humano que es..."
Sefirot apretó los dientes...
...pero quedó parado al notar una vibración en su mochila.
Una vibración que de pronto paró.
Zack apretó el paso al ver luces en el edificio de Shinra...
...y corrió al oír que sonaba la alarma antirrobo.
Mierda...
Angeal...
¿Qué cojones habría pasado?
A modo de respuesta, escuchó cómo un peso caía a varios metros de él...
¡ANGEAL!
Se contuvo como supo para no gritar al ver que el hombre se había tenido que tirar por la ventana del tercer piso, porque enseguida escuchó a los guardias venir hacia allí.
A toda prisa, el chico lo cogió, dándole un suave cachete en la cara.
Angeal...Angeal, vamos tío... . – murmuró, pero el mayor no despertaba. Con todo el cuidado que pudo, lo arrastró hasta un lugar seguro, donde los escondió a los dos.
Mantuvo el aliento mientras veía pasar a los guardias..y respiró cuando escuchó decir a uno por la radio:
Profesor Hojo, el ladrón ha escapado.
¿Ladrón? , pensó Zack, pero le daba igual mientras veía cómo poco a poco se iban retirando.
Otro pensamiento lo ocupó.
Tenía que sacar a Angeal de allí.
De pronto notó la vibración de un móvil en el bolsillo de Angeal.
Una vibración que no paraba.
Tentativamente, cogió el aparato.
Y quedó de piedra al identificar la llamada.
Sefirot... . – murmuró al descolgar, con un hilo de voz.
¿Quién eres?
Zack. Zack Fair. – murmuró a toda prisa, notando que Sefirot se relajaba un poco al otro lado de la línea.
He recibido la llamada de Angeal, pero no he llegado a tiempo de atenderla. ¿Dónde estáis? ¿Qué ha pasado?
