CONFESIONES II
Angeal quedó de piedra.
Estaba en el despacho de Sefirot...y nada.
La puerta abierta de par en par.
Y ni rastro.
Era...
¿Cómo si hubiera desaparecido?
Menuda mierda de SOLDADO estoy hecho, pensó Angeal con furia.
A toda prisa, cogió el móvil.
¡BINGO!
Cloud veía cómo el cable estaba saliendo, y no precisamente a un conector: estaba en un agujero...
...y eso quería decir o el exterior u otra habitación.
Inspiró, más al darse cuenta de que no sería tan fácil.
Aparecía sólo la pared desnuda.
Pero no había leído ni visto pelis de misterio para fallar ahora.
Y conociendo a Sefirot, podía ser muy posible que hubiera algo oculto...No, algo seguro.
Con tiento, apoyó las manos, buscando...
Pero un ruido le hizo separarse de golpe.
¿Pasos?
Eso...
¡LE CONFIRMABA QUE TENÍA QUE HABER UNA PUERTA!
Pero no era cuestión de que Sefirot lo pillara encontrándola...
Así que a toda prisa corrió hacia la habitación, metiéndose en la cama y aguantando la respiración, esperando oír algo que le dijera por dónde estaba la puerta.
Pero...
...un sopor lo adormeció, poco a poco, a pesar de sus esfuerzos.
Zack y Aeris miraban la pantalla, fijándose en los horarios de los barcos.
Y Zack se notaba cada vez más furioso.
Desde luego, Angeal había acertado de medio a medio.
Ese desgraciado había imaginado que nadie se preocuparía de comparar los horarios.
-No...había ninguno antes de ayer. – chirrió Zack, con los dientes apretados.
-¿Pudo...venir en avión? – aventuró Aeris. - ¿O en helicóptero?
Zack lo estuvo pensando, y negó:
-Gracias por la idea, nena, pero no: nos habríamos acabado enterando, hubiese usado el helipuerto. Y...Sefirot dijo claramente que vendría en barco. Si no...
-No habría tardado tanto – concluyó Aeris. Tenía un muy mal presentimiento. – Zack... ¿Y...dónde pudo estar? Su casa ya la comprobaste. Y estuviste allí. ¿No...no viste nada raro?
-Ya... – murmuró Zack, estrujándose el cerebro... ¿Qué cojones habría estado...?
Pero un pitido en su móvil interrumpió sus pensamientos.
Angeal, 15:30.
Sefirot se me ha escapado...
-¿¡CÓMO!
Aeris se quedó parada por el grito, más cuando vio que su novio se vestía a toda prisa y empezaba a bajar por las escaleras.
-¡¿Zack, que pasa? – gritó, siguiéndole como podía.
Zack saltó en la moto, y entonces le gritó:
-¡NENA, QUÉDATE AQUÍ!
-¡UN PIJO! ¡YO ME VOY CONTIGO!
Antes de que pudiera impedirlo, Aeris había saltado tras él en la moto y le estaba apretando la cintura.
Apretando los dientes, le puso el casco y arrancó.
Tenían que ir a SHINRA cagando hostias.
Notaba una mano que apretaba fuertemente la suya, medio en sueños.
¿Se...firot?
Le...había prometido que dormiría con él.
Y...
Sonrió levemente al reconocer su pecho contra su cara, apretando débilmente la presa. Notó entonces una mano que le acariciaba con brusca ternura la cabeza y le ponía un paño húmedo en la frente.
Medio dormido, se dejó hacer, notando una leve caricia, algo temblorosa, pero firme.
Al rato, notó que el sopor de la fiebre lo iba dejando y empezó a abrir los ojos...
...y quedó de piedra al notar que estaba solo de nuevo.
¿Qué...qué había sido...?
¿Había sido todo un sueño?
Se levantó, recorriendo despacio la casa, con cautela.
No se oía nada.
Pero...
Sabía que no había sido un sueño.
Se acercó despacio a la otra pared, apoyando el oído.
Nada.
Cerró los ojos, intentando afinar...
Y los abrió de golpe.
Un rumor.
¿Máquinas?
No sabía...pero...era algo...algo mecánico...
Bien.
Ahora...tenía que encontrar la apertura...
...o algo contundente...
A toda prisa, buscó por la casa.
Angeal.16:28.
FALSA ALARMA. NO SE HA IDO DE SHINRA.
¿Eh? – murmuró Zack, parando la moto, estupefacto.
Entonces...
Mierda...qué podemos hacer...¿Dónde ha podido...?
¿Su casa estaba cerca, no? – sugirió Aeris.
Zack lo pensó...sí, lo estaba...pero...¿tanto para que Angeal pensara que no se había ido?
De todas formas, tenían que probar...y si estaba en SHINRA...
A toda prisa, tecleó un mensaje para Angeal.
Zack. 16:30
Vamos a su casa. A ver qué oculta.
Angeal tuvo ganas de reventarle a hostias.
¡Jodido kamikaze!
¿¡Y como que "vamos"!
Fue a salir a toda prisa...
-Perdona por no haber podido hablar antes. Quería asegurarme de que nadie nos observaba.
Pero Sefirot le cortó el paso.
Entonces tuvo una idea repentina.
-No pasa nada. A mí también me ha subido la paranoia.
En silencio, decidió que les daría todo el tiempo que pudiera.
Sefirot entonces le ofreció la silla de su despacho, pero Angeal la declinó.
-Tengo un poco de prisa.
-Pues seremos breves – dijo Sefirot - Bueno, empecemos por el principio. Te mosqueó lo del recluta Strife.
-Exacto. – zanjó Angeal. ¿No te pareció demasiado casual?
-Sí...la verdad. Llevaba demasiado tiempo sospechando, y esto fue la puntilla. Y más que Hojo andara por allí.
-¿No sabías nada?
-Ya te dije que lo intuía, Angeal. Ese cretino es capaz de cualquier cosa. ¿Sabes que hasta ha falsificado firmas de varios mandos?
Angeal quedó parado por un momento.
Pero pronto reaccionó.
Sonaba...¿muy oportuno, no?
Agradeció que su sorpresa fuera tan visible, pues así Sefirot creería que le creía a pies juntillas.
Siguiendo el juego, preguntó:
-¿Y por qué tanto interés? ¿Lo sabes?
-Está obsesionado con "repetirme".
Ahora su sopresa fue auténticamente genuina.
-¿Repetirte?
-Quiere creer que es posible un ejército como yo, y por eso elige a los que reaccionan tanto al MAKO.
¿Sabes...dónde...?
-Si lo supiera, te ayudaría.
-¿Y por qué SHINRA...?
-No sé cómo, pero Hojo les tiene cogidos de los huevos...
Zack paró la moto delante de la casa de Sefirot, ayudando a bajar Aeris.
Nada más hacerlo, ésta tuvo un extraño temblor, como si hiciese mucho frío.
- ¿Estás bien? – le preguntó Zack, preocupada.
-Parece deshabitada...
-Hombre, es normal...ha estado de vacaciones.
-No...me refiero a eso. Fíjate.
El joven entonces se fijó en que la entrada tenía telarañas.
Aeris tenía toda la razón. Con lo escrupuloso que era Sefirot, era rarísimo que nada más llegar no hubiese limpiado.
Y...las ventanas, tenían una gruesa capa de polvo.
Aeris se estremeció.
-Noto...como si algo malo hubiera pasado aquí.
Zack se mordió el labio.
Cuando Aeris tenía esos presentimientos...
Pero una vibración les hizo mirar al móvil.
Angeal 17:30.
No he podido retenerlo más. SALID DE AHÍ KGANDO OSTIAS. YA.
Cloud gritó de frustración, dándole un golpe a la pared que la hizo retumbar.
¡NADA!
¡NI TRAMPILLAS, NI MARTILLOS NI NADA!
¡EN HORAS NO HABÍA VISTO NADA!
Jadeó, gritando en sueños...
...de lo que se dio cuenta cuando unas manos lo acariciaban, alejando la pesadilla.
¿Qué...?
Sefirot suspiró, tratando de darse prisa por mirar todas las carpetas e irse al despacho.
Bastante tenía con despistar a Angeal.
Tenía que dirigirlos hacia Hojo.
De todos modos, ¿no mentía, no? Además...le convenía que entre ambos se quitasen de en medio, de una manera a otra.
No quería tener que hacerle nada a Angeal.
Pero...quedó parado.
Pasos.
-Vuelve a tu cama.
Cloud permaneció en silencio, sin moverse de donde estaba.
-¿No me has oído? Vuelve. No quiero volver a pillarte tirado en la alfombra.
-Ya...he dormido mucho.
Con eso, Sefirot, furioso, cerró la carpeta de un golpetazo.
El chico sintió un escalofrío al ver su mirada.
Era...
...era la del primer día.
-No estoy de humor para tus tonterías. – dijo Sefirot en un tono tajante.
-No tienes por qué venir entonces. ¿No tienes trabajo?
-¿Y desde cuándo tengo que darte explicaciones a ti?
Eso hizo que el chico se enfureciera.
-Primero me secuestras, luego me encierras y yo no puedo siquiera...
...pero lo silenció el que Sefirot lo encajara en la pared apoyando sus manos contra ésta mientras su suavemente amenazador murmullo le acariciaba el oído:
-Te lo repetiré las veces que sea necesario: eres mío, Cloud. Y por eso puedo hacer lo que me dé la gana contigo. ¿Lo entiendes de una puta vez?
El chico no contestó, cerrando los ojos mientras notaba que le besaba el cuello con posesiva ternura.
-Lo que tú pienses no puede importarme menos. Y sabes a qué me estoy refiriendo.
Cloud apretó los labios, notando que el pecho le ardía.
Pero... ¿por qué?
¿Por qué reaccionaba así si...?
-No...paras de decir que me amas... – replicó...y gritó de dolor cuando Sefirot le mordió en el cuello, con rabia.
Pero pronto jadeó al notar que le lamía el mordisco, de tal forma que le hizo notar que podría derretirse, más cuando sus manos se deslizaron de una manera ya demasiado conocida que antes le había hecho rogar que no parara al tiempo que lo hacía sentarse sobre la mesa.
-P-a...ra... – murmuró con toda la voluntad que tenía, apretando los labios para no gemir temblando, rezando porque no le notara el estado en el que estaba.
-¿Por qué? – le replicó Sefirot, fijándose en su expresión. Sonrió. Estaba claro que el chico también quería.
Bien...eso...sí podía controlarlo.
Y...con suerte...
Con suerte...
Podría hacer que estuviera tan alejado de él como hacía un par de meses.
Eso de pronto hizo que parara un momento, mirando al chico.
¿Qué...?
Hazlo, joder. Que se sienta culpable, y que te odie. Es mejor para él. Lo sabes.
Así...él no...
Al ver eso, Cloud trató de apelar a ese lado que le conocía, a ese lado que sólo le mostraba de cuando en cuando.
-No quiero. Por favor...
-No es eso lo que parece...
Eso le hizo tratar de golpearle con toda la fuerza que tenía en el cuerpo, con la fuerza de la humillación.
-¡DÉJAME!
Pero Sefirot lo silenció con un brutal beso, que lo tiró en la mesa mientras el mayor le cogía las manos, sujetándolo, haciéndolo gemir en el beso con desesperación mientras le desvestía con ganas, con prisa, acariciando su erección.
-¿Lo ves? – le susurró Sefirot con peligrosa dulzura en el oído – No estoy haciendo nada que no quieras...
Cloud tuvo ganas de gritar de impotencia.
¡¿Siempre iba a ser así?
¿SIEMPRE!
Para pasmo de ambos, unas gotas de sangre cayeron en la alfombra.
Cloud le había rajado la cara con el cuchillo.
Apretando los labios, el chico lo esgrimió, saltando de la mesa antes de que un pasmado Sefirot pudiera reaccionar.
-¡DÉJAME! ¡EL QUE SE ESTÁ CANSANDO AHORA SOY YO! –aulló, fuera de sí - ¡SI TE ACERCAS TE MATO! ¡TE JURO QUE TE MATO!
-¿TÚ A MÍ? –rió Sefirot con suficiencia...pero por dentro no dejaba de pensar en lo que había pasado antes con otro trozo de cristal.
Tenía...que quitárselo antes de que esa idea le pasara otra vez por la cabeza.
-¡YO A TI! – gritó Cloud, sin dejar de mirarlo, tratando de buscar una salida...
...pero en ese mismo momento Sefirot le arrebató el cuchillo.
Sin pararse a pensar, Cloud huyó, sin mirar atrás, cerrando una puerta tras de sí.
-¿Te encierras en la habitación? ¡Muy inteligente! –se burló Sefirot.
Se dio cuenta entonces de que casi estaba allí, pero movió el mueble a toda prisa contra la puerta.
Casi enseguida escuchó el brutal choque de Sefirot contra la puerta, que casi tiró el mueble.
-Tal vez empiece a aburrirme de tanta tontería, ¿sabes? Aprovéchate mientras puedas.
Se cansará de mí...
Lo sabía...
"Claro que lo sabías, imbécil"
No...no te vayas...no te vayas así...
Quedó parado cuando lo escuchó detenerse.
Un suspiro.
-Ábreme.
Ante su silencio, escuchó un sonido por debajo de la puerta y del mueble.
Un...cuchillo, aún más grande que el anterior.
-Toma. Ábreme.
Esgrimiendo el cuchillo, Cloud corrió un poco la puerta, lo justo para poder verle la cara...
...y la mano de Sefirot entonces le acarició la cabeza, febril.
No lo he dicho en serio.
Era...lo que estaba entendiendo en esa dulce caricia.
Pero...
Con un violento portazo, Cloud se apartó, temblando y volviendo a esgrimir el cuchillo.
-No soy tu juguete. –dijo con toda la firmeza que pudo – No...puedes hacerme esto y luego venir, acariciarme y que te perdone. ¡NO PUEDES!
Silencio.
Un largo silencio.
-Te...llevaré a donde cuiden de ti.
Y con eso, desapareció.
Angeal estaba cabreadísimo.
Había conseguido escabullirse de SHINRA después de que Sefirot hubiera acudido a una llamada del Presidente...
...demasiado oportuna, a su entender...
...y había tratado de seguirlo, pero...
¡Mierdaaaa!
Sefirot lo había despistado otra vez.
¿Cómo cojones lo había conseguido?
Entonces, Angeal se dio cuenta de que hacía bastante rato que había recibido otro mensaje.
Zack.18:01.
NO HA VENIDO.
¿Cómo...?
Justo en ese momento notó la vibración de dos mensajes.
Zack.19:57.
Nos vemos en casa.
Sefirot.19:57
Mañana tenemos que hablar. Stoy en mi casa. Nos vemos en el Centro.
Angeal no creía lo que estaba pasando.
Suspirando con alivio, envió otro mensaje:
Angeal. 19:58.
Como vulvas a pgarm un susto así, te arranco las plotas. Venid para acá. Nos veremos en tu casa.
Por toda respuesta, recibió un toque de Zack.
Cloud intentaba juntar ánimos para levantarse y seguir rastreando dónde podía haber una puerta, y aun así se sentía incapaz de levantarse, y no sólo por la fiebre que le había vuelto a subir.
Me ha dejado...
No quiere verme, así que me ha dejado.
¿Los juguetes sólo se ven cuando se quiere jugar con ellos, no?
Soy un iluso...
"Sólo lo eres si te das por vencido..."
¿Ahora me animas?, pensó con amargura.
"¿Por qué te preocupa tanto lo que él piense, si está claro que a él no le importa lo que pienses tú?"
Cállate. Sólo...
Cállate.
Apretó los dientes, haciendo un esfuerzo por incorporarse y suspirando con alivio cuando lo consiguió.
Se fijó en que ya era muy tarde.
Je...no he comido nada en todo el día, sonrió con amargura.
Tomó igualmente las Flores, tratando de calmarse...pero dio igual.
Golpeó furioso la cama.
¡MIERDA!
Se levantó con ese golpe, jadeando cuando estuvo de pie.
La salida...
Tenía...que pensar en la salida...
Pero devolvió.
Jadeó, contra el suelo, tratando de levantarse.
Sefirot, sentando en la habitación que realmente era la entrada de la casa,se frotó las sienes con los dedos, entrecerrando los ojos.
Nunca...se había sentido así...
Como...si quisiera físicamente arrancarse una parte de sus pensamientos...
No...joder...no...
¡TE QUIEROOOOO!
"Je, menudo crío histé..."
¡CÁLLATE!
Pudo notar el estupor en Jenova incluso ahora, sobre todo por el silencio en el que la había sumido.
Silencio que estaba a años luz del que había mantenido en ese primer mes...
Sintió un acceso de rabia.
Ese mes...
Sí que había estado calladita y sin molestar...
Abrió mucho los ojos.
Había estado así hasta que se había ido esas dos semanas.
"No...hijo...no...¿en qué estás pensando? Yo sólo quiero tu bien..."
Pero Sefirot la ignoró y tecleó algo en el ordenador.
Estuvo un buen rato buscando, luego encontró lo que buscaba, rellenó un cuestionario con todos sus datos falsos, preparados para una emergencia así...
...y notó que el pulso le temblaba antes de clikear en "Aceptar".
Era...
...una decisión difícil...
Entonces paró.
Acababa de oír algo...
Y un olor desagradablemente conocido que le hizo darle definitivamente a "Aceptar" antes de entrar a toda prisa.
Angeal inspiró, tratando de mantener la calma.
Los vio llegar...
Y notó algo extraño.
Aeris se estaba mordiendo el labio.
Y Zack...
Estaba mortalmente serio. De hecho, su expresión apenas cambió
-Pusiste el huevo con lo de que mentía. Aeris notó algo raro nada más entrar, no muy lejos de la entrada.
-¿Qué habéis entr...? – pero Zack lo silenció sólo con la expresión de sus ojos.
Y sin más preámbulos, el joven le enseñó a Angeal el móvil, y el mayor contuvo la respiración.
No se veía muy bien al principio, porque estaba oscuro, pero en cuanto uno se fijaba se veía que Zack...había destrozado una pared...
...y tras ella se veía un zulo, un zulo diminuto, con una cama, sin luz...
...y con ropa...de talla pequeña...
-Todo...este tiempo...lo ha tenido...vivo...en su casa. – musitó el mayor, teniendo que sentarse.
Era...imposible...
El sopor de la fiebre iba y venía hasta que notó un paño húmedo en la frente. Entonces se dio cuenta de que estaba en el sofá, con Sefirot sentado a su lado y ofreciéndole un cuenco de sopa casi sin mirarlo.
-¿Cómo se te ocurre tomar las flores en ayunas? – dijo el mayor, exasperado.
Cloud no contestó, sólo mirando al plato.
-Tienes fiebre otra vez. – dijo el mayor en el mismo tono – Por hacer el idiota.
-¿Qué más...?
Quedó parado cuando el mayor lo besó.
Con cuidado, le acercó un poco de sopa, pero el chico ni se resistió ni abrió la boca hasta que prácticamente notó que casi le quemaba los labios.
Entonces, poco a poco, con paciencia, Sefirot consiguió que comiera un poco más de la mitad, parando para darle un respiro.
-Si sigues así, te pondrás aún peor. – dijo, aún más exasperado. No, joder... era lo que había querido evitar.
Pero el chico ni siquiera lo miraba.
-¿Te importa?
Por toda respuesta, Sefirot le enseñó unos papeles.
Eran...de ingreso, para un hospital psiquiátrico.
Casi se le cayeron.
Sefirot...
¿Iba a ingresarlo?
Si...había dicho miles de veces que no iba a librarse de él...
Un ataque de pánico amenazaba con caer sobre él.
Abandonarle...
Iba...se había cansado de él e iba a abandonarle...
"¡NO SEAS GILIPOLLAS Y APROVECHA! ¡PUEDES HUIR! ¡PUEDES PONERLE UNA DENUNCIA QUE SE CAGUE! ¡ES LO QUE SE MERECE! ¡ESO LE PASA PORJUGAR CONTIGO Y LUEGO QUERER LIBRARSE DE TI!"
No...
Eso...eso no es cierto...
¿Por...por qué si no ha elegido un hospital poniéndose en riesgo? ¿Por qué...se arriesga a que puedan encontrarme? ¿A que pueda escaparme?
Y...
Vio la expresión de la cara de Sefirot.
La mirada...de justo antes de decirle que lo amaba por primera vez, pero ahora más amarga, más triste.
-No quiero ir. – dijo el chico, en un tono que no admitía discusión.
-No se trata de que quieras o no. – replicó Sefirot, tratando de resultar tajante - Si no vas, empeorarás.
-Mejoraría si me creyeras.
Para su sorpresa, la expresión de Sefirot tembló.
-No es...que no te crea, es que no sabes lo que dices.
-¿Qué...quieres...?
Sefirot negó con la cabeza.
-No tienes ni idea. ¿No...te ha bastado lo de ayer? Te llevaré donde te cuiden y luego... . Cuando te pongas mejor...te darás cuenta de que...
-¡Te dije que ya lo hacía antes! – gritó Cloud, exasperado... y de pronto cayó en la cuenta - ¿De...verdad es a mí a quien intentas convencer?
Eso fue como si le hubiese dado a Sefirot una bofetada.
El mayor se quedó parado...
...y para su sorpresa, en lugar de atacarle, lo estaba abrazando, con fuerza, como si temiese que se fuera a desvanecer.
-Dí...dímelo otra vez.
Parecía...casi tan niño como él.
Cloud, despacio, le devolvió el abrazo, notando que con eso temblaba más.
-Te...quiero. Te quiero... – le susurró, al oído, sintiendo ternura al notar que se quedaba quieto con esas palabras, como mecido por ellas – Te...quiero mucho, Sefirot.
EL mayor sólo apretó el abrazo, en silencio, acariciándole la cabeza.
Volvía...a llorar...como la otra vez, como sin darse cuenta de que lo hacía...
En silencio, Cloud le apretó la cabeza, acariciándole el pelo.
Como la otra vez...pensó que era mejor no decirle nada.
No sólo por miedo a su reacción.
Notaba...que le dolía el pecho al verlo así.
¿Por qué...reaccionaba así cuando le mostraba afecto?
Como... ¿si no se lo terminara de creer?
¿Por qué?
¿Y...qué habría soñado la otra vez?
Realmente...no sabía...
-No volveré a hacerte daño.
Ese murmullo lo pilló totalmente por sorpresa.
Lo miró, y en la cara de Sefirot no vio más que seriedad...y...
-Nunca más. Te lo prometo, mi amor.
Perdóname.
Y...sabía que no se refería sólo a...
Sin poder evitarlo, lágrimas de alivio comenzaron a correr por sus mejillas a pesar de que intentó contenerlas, sin poder hacerlo ya cuando Sefirot le acarició tiernamente la mejilla, sin dejar de mirarle ahora sin amargura ni tristeza, sólo preocupación y...
Sefirot le secó con ternura la mejilla, cogiéndole la barbilla.
-No llores.
-Es que... pensaba... que...
-¿Qué me divertía? – murmuró Sefirot – Dilo.
Cloud temblando asintió con la cabeza antes de añadir.
-¿Por qué...ahora me entiendes tan bien...y antes no?
Sefirot no respondió, sólo le secó las lágrimas con sus labios, acunándolo mientras se iba desahogando por un buen rato.
Era...una buena pregunta.
Antes...apenas lo había visto como...
Como...
-¿Por...qué? – repitió Cloud, algo más sereno, mirándolo a la cara.
Entonces Sefirot supo la respuesta.
-Porque fui un estúpido. Aún no sabía lo que eras para mí.
-Y... ¿Qué soy para ti?
"¡NO!¡NO HIJO! ¡ES UNA TRAMPA!"
Lo volvió a ignorar.
Trampa o no...
Él...que no había dudado en masacrar a los rebeldes de Wutai, que nunca había vacilado a la hora de decapitar ni eviscerar a nadie, que habría matado gustoso a Hojo si ese desgraciado no conociera sus debilidades, que habría eliminado a toda Shinra, que estaba dispuesto a masacrar todo sin remordimientos...
No podía matarlo...
No podía hacerlo.
A él no.
A Cloud no.
«No...hijo...no quiero perderte...no...»
Pero, de pronto, dejó de oírla.
Ya no podía oírla.
Y, al menos en ese momento, tampoco le importaba.
De hecho...fue como si se le quitara un mundo de encima.
Todos...pagarían.
Todos...menos... .
Acababa de tomar una decisión.
Cloud...era...
-Eres lo único...que merece la pena salvar... .
