Un error tras otro obligará a Sam y a Freddie iniciar una búsqueda, un completo misterio para ambos. ¿Podrá el odio convertirse en amor? ¿Conocerán el trasfondo de su búsqueda y el propósito de ese viaje mágico y misterioso?

Solo de algo están seguros, que ninguno de los dos tiene idea de cómo empezar o tan si quiera como encontrarse uno del otro; y el tiempo es lo que menos sobra en esta historia.

Autores: Isabellita y JoselinA

Titulo: En busca de la Felicidad.


Capitulo 1
Un deseo, el peor error.

Carly y Sam caminaban hacia la escuela en silencio. La morena estaba muy enfadada con ella por la última pelea que habían tenido Sam y Freddie. Estaba harta de que pelearan por cualquier estupidez, si no era porque él era un ñoño era porque Sam no tenía modales, o simplemente porque deseaban pelear.

Sí, ellos eran amigos, pero tanta pelea no era sana para nadie y a veces se reflejaba en ellos. Semanas sin hablarse, miradas de odio y aunque no lo notaran suspiros de arrepentimiento, pero el orgullo en ambos era tal que se mantenían sin ceder. Carly se giró para observar a su amigo caminar con la cabeza gacha y el ceño levemente fruncido, esta última pelea había sido la peor de todas.

Eran las 6:30 de la mañana, Spencer estaba preparando el desayuno y las meriendas de Sam y Carly, y Freddie se encontraba leyendo cómodamente su reporte en el sofá. En realidad, él no estaba molestando a nadie, ni siquiera se hacía notar. Pero el mayor de los Shay le hizo una propuesta que no pudo rechazar, lo estaba invitando a desayunar y solo Dios sabe que su madre lo obliga a comer cosas sanas y nutritivas, a veces nada apetecibles.

Minutos más tarde se daría cuenta que lo mejor era rechazarlo. Spencer le sirvió dos huevos con tocino y tostadas, la mermelada y mantequilla de maní reposaban en la mesa antes de ser atacadas por él. Como siempre hacia cuando lo invitaban a comer, trataba de disfrutar su comida, estás pequeñas cosas solo se daban una vez cada cuanto.

Freddie vio a las chicas bajar animadamente las escaleras, hablaban sobre el chico nuevo que le gustaba a Carly. Él giró los ojos y se enfocó en comer, no recuerda cuando fue la última vez que sintió celos por Carly y estaba internamente agradecido de no sentirse como un perro pidiendo comida todo el tiempo, estaba feliz por haberlo superado.

-¿Quién invitó al ñoño a comer? –preguntó Sam con falso desprecio.

Eso era otra ventaja, aunque sonara loco, sabía cuando la rubia hablaba y no hablaba en serio. También sabía cuando las peleas eran en serio o un simple y vano deseo de contacto por la fuerza empleada.

-Spencer, y creo que ese no es tu problema –espetó con indiferencia.

-No me retes, cerebrito, me cansa tu presencia –mintió y Freddie no pudo seguir la corriente del juego, así que solo pudo reír. Gran error.

Sam derramó el vaso de jugo en la cabeza de Freddie. Él solo pudo ahogar un grito y fulminarla con la mirada.

-¿Por qué hiciste eso, estás demente? –gritó ante la sonrisa de la rubia.

-Porque me provocó, ¿Algún problema? –preguntó Sam enarcando una ceja.

-Eres despreciable… -susurró el castaño antes de levantarse y subir al estudio por su cambio de ropa.

Sam emitió un suspiro apenas audible, la morena sabía que se sentía mal. Las últimas palabras que Freddie dijo le habían tomado por sorpresa, pero a su amiga le dolieron. Las primeras clases transcurrieron con normalidad, pero nada había cambiado. Su amiga aun guardaba silencio y ni siquiera le prestaba atención a sus compañeros de bromas, solo se quedaba mirando un punto fijo en la pared. Freddie por su parte, no había cambiado la expresión, pero se le veía más tranquilo.

Carly se acercó al casillero de su amigo y le sonrió para tratar de animarlo.

-Fue solo una pelea, traten de superarlo –susurró sonriente.

-Lo siento, Carly, pero creo que llegué a un límite del cual no pienso dar marcha atrás. Son cinco años aguantando sus maltratos, humillaciones, por Dios Carls, esa chica me odia y yo la odio a ella… -escupió rápidamente las palabras sin siquiera pensarlo. –Desearía nunca haberla conocido.

Con esas últimas palabras él se marcho a su siguiente clase dejando a la morena como piedra, nunca lo había escuchado hablar así. Después de superar el impacto de sus palabras se acercó a Sam.

-Debes disculparte, nunca lo había visto de esa forma… -chilló Carly molesta.

-No lo haré –sentenció con la mirada perdida. –Me cae mal, le caigo mal… lo odio y él me odia… Dios, Carly, maldigo el día que lo conocí.

La morena lanzó un grito frustrado, ¿Cómo sus dos mejores amigos podían ser tan cabezotas? Luego caminaron juntas hacia su próxima clase, no notaron a dos personas que los observaban en la distancia.

-¿Estás segura? –susurró la rubia con pesar. –No está permitido arruinar la vida de las personas así por así.

-No lo estoy haciendo, sé muy bien con que me estoy metiendo, Belén –dijo la morena con seguridad. –Deseo concedido…

Su voz se escuchó sepulcral y lejana, y todo se volvió oscuro a su alrededor.

Sam
Me dolía la cabeza horrores, de un momento a otro estaba caminando con Carly hacia la clase de geometría y de pronto todo oscureció a mi alrededor. Dentro del todo estaba molesta, de seguro se burlarían de mí por haberme desmayado en frente de todos. No puedo asegurar el motivo porque me estoy alimentando bien, lo único que siento es un enorme vacío en mi pecho y no sé por qué.

Abrí los ojos y no pude evitar gritar de horror, ¿Dónde rayos estaba? Todo a mí alrededor era tan elegante y al mismo tiempo antiguo, recuerdo haber visto muchas fotos de casas como estas en el libro de historia de Carly. Me levanté de esa cama gigantesca donde me encontraba segundos atrás y salí de esa habitación. Todo el lugar era enorme, los detalles en madera adornaban todo el lugar de forma delicada y muy a mi pesar hermoso.

-Esto debe ser un sueño… -susurré temerosa cuando comencé a bajar las enormes escaleras forradas en una hermosa alfombra roja. –Demonios, esto es puro lujo.

-Señorita, Willports, ha despertado. Mil disculpas por mi retraso –dijo una hermosa chica aparentemente de mi edad.

-¿Retraso? –pregunté sin entender.

-Sí, sé que me lo ha dicho antes. Sus baños deben ser puntuales… -¿Baños? ¿Acaso estaba loca? Yo no iba a permitir que nadie me tocara, ni que fuera una niña-

-Yo puedo hacerlo sola, no te preocupes… -dije frunciendo el ceño.

-Mi señora… no se moleste por mi retraso, aun no han sanado mis heridas -¿Qué clase de pesadilla era esta? Me acerqué a ella rápidamente y no paso desapercibido el grito de horror que se escapó de sus labios. La subí a mi habitación y comencé a quitarle la ropa, ella solo lloraba y trataba de ocultar sus sollozos.

-Cállate, no te haré daño –susurré desesperada, solo quería ver sus heridas. –Maldición, ¿Dónde puedo encontrar algo para curarte?

-Mi señora, no debe hacer eso… usted es…

-No quiero un no por respuesta… ¿Tu nombre? –pregunté con autoridad.

-Cecil…

-Bien, Cecil, quiero curar tus heridas. No quieres que se infecten y luego mueras ¿no? –la chica negó lentamente con su cabeza. –Bien, eso está bien. ¿Dónde puedo conseguir lo que te pedí?

-En su sala de baño –me giré sorprendida, este sueño era cada vez más espeluznante.

-Mierda, estoy un maldito palacio –exclamé sorprendida, "mi" baño era más grande que mi casa. -¿Puedes creer esto? Aquí puede vivir una familia completa.

No recibí respuesta y tampoco me importaba mucho. Me limité a buscar todo lo necesario para curar sus heridas, la chica estaba tensa bajo mi toque y no podía esperar menos. Si yo era la causante de eso, debo ser un monstruo.

-Mi señora…

-Puedes llamarme con mi nombre de pila –susurré vendando sus heridas.

-Señorita Elizabeth, ¿se trata esto de alguno de sus juegos? –Mmm, más extraño aun. En este sueño mi nombre es Elizabeth.

-No, ahora ve. Quiero estar sola un rato… -nada de esto me estaba gustando, quería despertarme.

-¿Quién te dijo que todo esto es un sueño? –una hermosa mujer de cabello negro se acercó a mí.

Por un minuto pensé que ella pertenecía a mis sueños, pero cada pregunta que formulaba ella me lo respondía. Comenzó a acercarse a mí lentamente y se dejó caer a mi lado con gracia y estilo.

-Sam, esto no es un sueño. Solo es el cumplimiento de un deseo, tú deseo –no entendía nada, ¿a qué deseo se estaba refiriendo? –Te cito: "Maldigo el día que lo conocí". Está hecho, ya no veras a Fredward Benson y nada de lo que rodeaba su mundo nunca más.

Mi respiración se agito y las lágrimas comenzaron a golpear suavemente mis mejillas, esto tenía que ser un jodido sueño sino estaba perdida.

-Pero… no lo dije en serio –susurré entrecortadamente.

La vi sonreír y negar con la cabeza para luego acercarse a mí.

-Ya has perdido tiempo, la única forma de salir de aquí es encontrarlo y ya no te queda mucho tiempo. –Comentó mirando su reloj. No estaba entendiendo nada, necesitaba pistas. –No puedo dártelas –susurró antes de desaparecer.

"Consigue a Fredward Benson y busca junto a él la felicidad"

Freddie
Dios, mi cabeza iba a explotar y todo a mí alrededor giraba sin sentido. ¡Qué bien! Ya los demás tienen motivos para burlarse de mí. Pero cuando abrí los ojos no pude evitar tensarme, ¿Dónde rayos estaba? Era obvio, ante mis ojos, que esto era un establo y que mi vestimenta no era del todo limpia. Cuando intenté levantarme pude sentir el dolor en todo mi cuerpo. Mi espalda quemaba y mis piernas se sentían como gelatina, ¿Qué clase de tortura era esta?

Minutos más tarde logré ponerme en pie, esto no se sentía como un sueño, ni siquiera era parecido a una pesadilla. Lo último que recuerdo es la voz de una mujer susurrándome "Deseo concedido" ¿A qué se estaba refiriendo?

-Así que ya has despertado, pequeña rata –me giré notablemente asustado y maldije a mis adentros por ser tan débil. Era un señor de aproximadamente 40 años, estaba vestido como un… ¿Dónde rayos estoy? ¿Eso era un mayordomo? –La hija de nuestra Señora no está contenta con tu trabajo, así que espero está vez lo hagas mejor.

-¿Qué trabajo? –pregunté altanero. Creo que este fue mi tercer error este día.

Solo pude ver como se abalanzaba sobre mí y arrancaba la tela que cubría mi pecho y espalda, no era nada comparado con una camisa, esto era como una funda de almohada. Me giró y de la nada aparecieron dos hombres sujetándome de lado a lado.

No me di cuenta que estaba gritando hasta que las lágrimas nublaron mi visión. Maldición… Joder… Mierda… todo eso y más pensaban cuando la correa tocaba mi espalda. ¿Dónde estaba metido?

-Para la próxima, Ben, piénsalo mejor antes de retarme –bramó en su último azote, ya no tenía fuerzas para gritar o llorar solo dejé que pasara.

No sé cuantos minutos pasé allí acostado contra el piso lleno de excremento y paja, podía sentir y escuchar las moscas sobre mi espalda, pero no tenía fuerzas para hacer algo. Escuché los pasos de otra persona, era una mujer morena que me ayudó a levantarme.

-Lo siento –dijo con una sonrisa culpable en su rostro.

-¿Quién es usted? –susurré con temor.

-Mi nombre es Yaki, la causante de todo esto –dijo mientras buscaba un poco de agua y comenzaba a limpiar mi herida. –Te tocara fuerte, Fredward Benson, pero tu así lo deseaste.

-¿Yo? –me giré para encararla. Tenía los ojos más fríos y tenebrosos que pude ver en toda mi vida.

-Deseaste nunca haberla conocido, Fredward y yo lo he cumplido. Todo lo que la rodeaba a desaparecido de tu entorno –respondió con simpleza.

-Yo no quería esto… -murmuré agotado.

-Hay una salida, debes encontrarla y buscar la felicidad junto a ella…

No entendí sus palabras y creo que ya no había tiempo para eso porque desapareció ante mis ojos. Solo escuché su voz en mi cabeza susurrándome "Ya no queda tiempo, Fredward Benson, encuéntrala…"


Muchas gracias por todos esos comentarios, sé que puede resultar enredosa y loca al principio ya que jugamos mucho con los tiempos, en termino de siglos o años. El final es el principio y el principio es el final, esperamos que a medida que pasen los capitulos ustedes logren entenderlo.