Para aglaiacallia. Deseo: Un fic de Ducky y alguna mujer a la que considerara el amor de su vida; allí va el invento, claro ;)
El amor de su vida
El caso se había dado para esa conversación. Que se encontraran los cuerpos de dos marines muertos en su luna de miel, sorprendidos en su noche de bodas; de alguna forma y por la extraña cotidianidad con la muerte, había desembocado en una conversación sobre viejos amores.
Palmer, mientras aseguraban que los instrumentos estuvieran listos para hacer la segunda autopsia, y sonriendo con cierto sonrojo que le daba más sinceridad a lo que estaba diciendo, terminó de hablar:
—… pero con Breena. Estoy empezando a no tener dudas. —lo miró de soslayo y el señor Mallard le asintió, compartiendo su felicidad. Tal vez por eso, fue que Palmer se le ocurrió preguntar—: ¿Alguna vez ha sentido eso?
Por un instante, tuvo la idea de pedir disculpas por la pregunta, pero Ducky simplemente le hizo un ademán con la mano quitándole importancia y empezó a hablar.
—Claro que sí, señor Palmer. ¡Aaaaah! —Ducky se dejó subir un poco la cabeza, con expresión soñadora, diciendo—: Sólo con una no tuve ningún reparo de saber que era el amor de mi vida: Sarah O`Neill, —se volvió a Palmer y, con una sonrisa, hizo leves ademanes con las manos mientras la describía—, un ser precioso, con unas pecas en su naricita y un cabello pelirrojo, sedoso y ondulado que parecía que el sol insistía en hacer brillar para hacerla parecer mágica.
Palmer se acomodó los lentes y comentó, sonriendo más:
—¡Se oye muy linda!
Él asintió.
—Lo era. Era la más criatura hermosa que había conocido hasta ese entonces. Cuando llegó a donde vivíamos y apareció por primera vez en la clase, lo supe: era el amor de mi vida. No lo cuestioné, simplemente lo sentí y actué conforme a eso, por lo que sí, entiendo en cierta forma su comportamiento con la encantadora señorita Breena.
Como Ducky parecía haberse quedado muy absorto en limpiar a conciencia uno de los instrumentos en silencio por varios segundos, Palmer tuvo que preguntar:
—¿Y? ¿Qué sucedió con ella, doctor Mallard?
El joven estaba tan interesado que no le pareció estar invadiendo la privacidad de Ducky. Sin embargo, éste tampoco percibió su brusquedad y le contestó, divertido:
—Pues verá señor Palmer, a los seis años son pocos los recursos que un niño tiene para llamar la atención de una damita. Que la molestara todo el tiempo o intentara llamar su atención con mis hazañas infantiles, no le agradaron mucho. Me rompió el corazón con su, bien lograda por mi parte, indiferencia pero, a partir de ese momento, —Ducky lo indicó a medias con el instrumento, dándole a entender que ese era el quid de la cuestión—, aprendí a ser un caballero y tratar bien a las damas, como veo que usted también ha aprendido y ha puesto en práctica con su señorita Breena, ¿no es cierto?
El asistente asintió como toda respuesta y Ducky le hizo un ademán con el brazo como de victoria. Luego, de mutuo acuerdo, siguieron limpiando los instrumentos que usarían unos minutos después para cortar el cadáver de la novia.
