Un error tras otro obligará a Sam y a Freddie iniciar una búsqueda, un completo misterio para ambos. ¿Podrá el odio convertirse en amor? ¿Conocerán el trasfondo de su búsqueda y el propósito de ese viaje mágico y misterioso?
Solo de algo están seguros, que ninguno de los dos tiene idea de cómo empezar o tan si quiera como encontrarse uno del otro; y el tiempo es lo que menos sobra en esta historia.
Autores: Isabellita y JoselinA
Titulo: En busca de la Felicidad.
Capitulo 2
Otra
Sam
Mierda no entiendo nada, horas atrás estaba caminando con Carly en los pasillos del colegio y ahora estaba… no sé donde estaba. Era un lugar muy tranquilo en apariencia, se nota a leguas que no había tecnología y todo era tan… uff, estoy en una pesadilla.
Me miré al espejo y no pude evitar chillar como una niña, la persona que se reflejaba en el espejo no era yo. Mi mano viajo rápidamente a mi rostro, creo que lo más sorprendente era mi color de piel que en vez de ser blanco completamente tenía un color bronce hermoso. Mis ojos eran de color miel y mi cabello era castaño. De pronto fui consciente de mi estatura, era al menos veinte centímetros más alta que mi antiguo cuerpo y… Wow, definitivamente tengo más cuerpo.
Me dejé caer en el suelo sin apartar la mirada del espejo, no podía creer lo que estaba viendo. Mi vestimenta era lo peor, creo nunca haber visto algo tan horrible ni siquiera en las batas de abuelita que utilizaba la mamá de Freddie.
-¿Qué diablos tengo puesto? –susurré irritada.
Cerré los ojos frustrada y me deje caer en el piso, la verdad es que, mi vestimenta, era el menor de mis problemas. Si yo había cambiado quiere decir que Freddie también, eso empeoraba las cosas a un nuevo nivel.
-¿Qué haces allí, hermana? Eso es un comportamiento de pobres, tienes que aprender a comportarte –me giré ante las palabras de esa mujer, me sorprendí al verla, era muy parecida a mí pero más vieja. ¿Me había dicho hermana? ¡Qué bien!
-Levántate, Elizabeth, tenemos invitados –una mujer mayor y de temple fuerte me regaño, en este momento estaba confundida y no podía reaccionar. –Cecil, ¿no has bañado a mi hija? ¿Sabes muy bien lo que significa?
La pobre se acercó a mi despavorida, sus manos le temblaban e intentaba levantarme en vano.
-Yo no me quiero bañar –sentencie desafiante. Creo que nunca había visto tanta rabia en los ojos de una persona hasta ahora.
-¿Te atreves a desafiarme? –susurró acercándose a mí amenazadoramente.
-Atrévete a ponerme una mano encima, madre, y no vivirás para contarlo –sisee con veneno en mi voz. –Me vas a respetar, así como debes respetar a tu marido que, supongo es mi padre.
Mis palabras fueron como un golpe para ella, me observó con ira y se retiró de la habitación dejando a la idiota que dice ser mi hermana y Cecil sorprendidas. La verdad no me importaba mucho quien era, pero no iba a permitir que nadie me tocara.
-Cecil, acompáñame al baño… quiero salir de aquí y de este ambiente pesado –dije sin temor alguno en mi voz, más bien parecía que estaba retando a "mi hermana".
Seguí a la pobre chica hasta el baño, de verdad no dejaba de sorprenderme.
-Señorita, Elizabeth, eso que hizo fue muy peligroso. La Señora no tiene consideración con nadie…
-Yo menos. Te aseguro que mis métodos son menos ortodoxos –respondí sin dudas. Ella me observó y pude ver en sus ojos un brillo diferente, ya no había miedo, podía jurar que la chica se sentía segura.
-Permítame ayudarla, hoy día es una fecha muy importante. Su padre está de vuelta y se espera que usted realicé la cabalgata diurna junto a él –bueno, eso no podía ser tan malo. Yo sabía cabalgar, es más, me encantaba.
Me dejé bañar como si fuera una bebita, esto era lo más vergonzoso que he experimentado y por eso trataba de no mirarla a los ojos. ¿Cómo estas personas podían llamar a eso lujo? Pss, estaban locos. Sin embargo, nada de eso se compara con el vestido tan extravagante que tocaba llevar, aunque era muy parecido a la moda actual de alta costura, esto era horrible.
¿Cuántas capas puede tener un vestido? Primero, aquí no conocían el brasier de eso me pude dar cuenta y con horror admití que prefiero un hilo a un pantalón como ropa interior. Segundo, ¿Acaso no sufren con estas cosas? Un corcel iba a ser el causante de mi muerte, no podía ni respirar y para completar Cecil no tenía consideración con mi cabello. Lo alborotaba y enredaba con flores moradas a diestra y siniestra.
-Se ve hermosa, no reparé en las palabras de la Señorita Juliana, solo está celosa -¿Quién? Ah sí, mi hermana. Pss, nunca presto atención a las palabras de nadie, menos de alguien que no conozco.
-¿Cómo hacen para caminar con esto? No, respóndeme mejor ¿Cómo hacen para respirar? –ella frunció el ceño y comenzó a reír a carcajadas.
-Señorita, usted pidió estos vestidos. Le encantan –traté de ocultar el horror y asco que me causo eso.
-Sígame, su padre la espera… -¿En serio voy a cabalgar con un vestido? Esta época está llena de gente extraña.
Baje las escaleras de madera forradas con una alfombra, ¿vino tinto? ¡Espantoso! Pude sentir la mirada de "mi madre" martillándome el cerebro, estaba muy molesta. No pude evitar sonreír y darle una mirada despectiva que logró enfadarla más. Entonces, en la entrada estaba él, un hombre mayor pero extremadamente guapo, me miraba con tanta ternura que no pude evitar sonrojarme.
-Mi hermosa, Elizabeth –dijo antes de abrazarme, yo respondí al abrazo torpemente. –Mírate, eres toda una mujer. ¿Sería usted tan amable de acompañarme a nuestra acostumbrada cabalgata? –sonreí como tonta sin proponérmelo. –Tomaré eso como un sí…
Extendió su mano esperando que yo la tomara y eso hice, caminamos lentamente hasta las caballerizas donde descansaban hermosos caballos. Mi sonrisa se amplió esto era como un sueño, adoraba la vida en el campo.
Durante todo el camino hablamos de muchas cosas, aunque la mayoría me parecían banalidades. Sin embargo, se notaba que este señor viajaba mucho y se ausentaba por periodos muy largos. Mientras cabalgábamos de regreso me entrego una bolsa con un pequeño lazo dorado, fingí felicidad y lo abrí rápidamente solo para encontrarme con la pañoleta más hermosa que había visto en mi vida; Carly tenía muchas y de diferentes estilos. De pronto lo que me parecía lujoso dejó de serlo comparado con esto.
Guardamos los caballos en la caballeriza y cuando estábamos a punto de salir, lo vi. Abrí los ojos como platos y corrí sin importarme el vestido y el hermoso regalo, me precipite en el suelo lleno de paja y excremento. ¿Qué le había pasado a este chico? Su cuerpo olía horrible y los gusanos bailaban prácticamente en su espalda.
-Padre, tenemos que ayudarlo, se puede morir –él me miró con extrañeza para luego esbozar una hermosa sonrisa, era algo así como ¿orgullo?
-Llamaré a alguien para que nos ayude…
-No –grité. -¿Estás loco? Él necesita ayuda ahora mismo, ¿me ayudas? –dije mientras levantaba el cuerpo pesado de ese chico y vaya que si pesaba.
Él se acercó rápidamente a ayudarme, gracias al cielo nadie estaba para interponerse en nuestro camino. Lo subimos hasta mi habitación y corrí hasta la puerta.
-Cecil –grité desesperada. No pasaron 30 segundos cuando la chica estaba allí jadeando y prestando sus servicios. –Bájale a tu teatro, conmigo puedes olvidar eso. Busca algo para curar heridas y pinzas, ropa nueva y muchas vendas –ordené ante la mirada sorprendida de mi padre y la misma Cecil.
Me quité la pulsera que tenía en mi muñeca, incomodaba horrores, y me dispuse a quitarle los restos de tela y paja de la espalda. Estaba ardiendo en fiebre y maldije por lo bajo al ver los cortes en su espalda, eran los mismos que tenía Cecil la mañana de ayer. Esta gente no tenía consideración con nadie, este chico puede morir y nadie parece interesado por ello.
Momentos más tarde llegó ella con un cubo de agua, un recipiente y todo lo que le pedí.
-Padre, no le digas a mi madre nada de esto. Ella se volvería algo… se molestaría –me arrepentí de lo que estaba a punto de decir.
-No te preocupes, ella no sabrá que su hija preciosa se parece cada día más a su padre –no pude evitar sonreír ante el tono de orgullo. –Debo ir y entretenerla, creo que no me necesitas.
-Gracias… -susurré antes de cerrar la puerta con llave. –Bien, tratare de quitarle todos los gusanos, no tiene mucho tiempo…
Trabajé con mucho cuidado, había heridas que, sin duda, tenían más gusanos que otras. Gracias a Dios estaban recientes y no habían comenzado a comérselo vivo.
-Seño… Elizabeth –corrigió ante mi mirada. -¿Dónde aprendió sobre esto? –estaba notablemente sorprendida.
-Hace muchos años, me llevé una paliza de mi madre. Por supuesto nadie lo noto, y mi pierna se lleno de gusanos –suspiré recordando ese día. –Entonces aprendí a curarlo. ¿Quién es este joven? –pregunté cambiando el tema.
-Su nombre es Ben, es el jardinero –susurró en respuesta.
Terminé de limpiar sus heridas y las cubrí con las vendas, podía escuchar de vez en cuando sus quejidos y pues no lo culpaba. Agarré un poco de tela y lo mojé para luego comenzar a limpiar la piel a su alrededor, no quería que se infectara el doble de lo que ya estaba. Toqué su frente y estaba ardiendo en fiebre.
-Ayúdame a girarlo –le pedí a Cecil que no reaccionaba ante su asombro.
Luego limpie su rostro, sus labios estaban cuarteados y tenían sangre vieja. Suspiré mientras los limpiaba y sonreía ante los gemidos de dolor. "Que niña eres, Ben" susurré haciendo reír a Cecil.
-Usted no es la misma –me giré para observarla. –Su mirada es más suave y ruda al mismo tiempo, es como si fuera otra persona.
-Me siento como otra persona. Ahora alcánzame un vaso de agua, debe estar sediento –y no me equivoqué, tomaba el agua con desesperación. Pobre chico, debe estar hambriento también. Le dije a Cecil que me ayudara a quitarme esta prenda que era una tortura y luego juntas bajamos a la cocina.
Todos me observaban como si me naciera de la nada una segunda cabeza, no les preste atención y me dispuse a tomar frutas y un poco de pan, la verdad es que yo también tenía hambre. Cuando llegué a mi habitación la cerré nuevamente con llave, corté el pan en pequeños pedazos y se lo di. El comía desesperado y a pesar de estar dormido se le notaba hambriento.
Pasé toda la madrugada en vela, no era por Ben, bueno no todo. Estaba nerviosa, ¿Cómo iba conseguirlo? Se notaba que no había casas a kilómetros, estaba encerrada aquí sin poder cumplir mi propósito. Gemí cuando los primeros rayos del sol golpearon mi rostro, los pájaros cantan alegremente y yo simplemente no pude pasar por alto lo maravilloso de este paisaje. En Seattle no se ven cosas así.
-¿Dónde estoy? –susurró Ben.
Entonces lo miré a los ojos y sentí todo mi cuerpo vibrar, era una sensación extraña. No entendía porque mi corazón latía de esa manera, sus ojos verdes me atravesaron sin proponérselo. Era simplemente único. Su cabello rubio caía graciosamente sobre su frente y sus labios ya habían sanado, estaba algo flaco pero seguramente se debía a la falta de alimento.
-Me llamo Elizabeth, este –dije señalando el lugar-, es mi cuarto. –Su rostro se transformo en una mueca de terror y yo fruncí el ceño confundida.
-Discúlpeme por lo de sus flores, no lo volveré a hacer…
-No sigas, yo no mande a hacerte esto –susurré acercándome a la cama y sentándome junto a él. –Sin embargo nadie debe notar que te ayude, puedo asegurarte que eso alteraría muchas cosas en esta casa.
-Señorita, El…
-Solo Elizabeth, odio las formalidades –susurré con una sonrisa en los labios. –Cuando estés preparado puedes bañarte, Cecil trajo un poco de ropa y estás en tu casa. Cerraré la puerta con llave para evitar que mi madre o mi hermana entren. No te asomes por la ventana y trataré de subir pronto con un poco de comida, bebé agua y descansa. Adiós –escupí todas esas palabras a una velocidad sorprendente, ese chico me ponía nerviosa, la misma sensación que él producía en mí.
