Mil disculpas, de verdad xD pero me acabo de dar cuenta de ese error ;) ahora sí espero tenga sentido... el motivo de nuestra tardanza para publicarlo son muchos y para que darles escusas cuando podemos publicar ¿no?
Besos
En busca de la felicidad
Capitulo 4
Partida
Sam
Juro por Dios que esto no es normal, siento como si perdí todo y ya no me quedaban esperanzas. No sé en qué momento bajaron mis ánimos, ni cuando comencé a llorar, solo podía sentir una punzada fuerte en mi pecho y la más fuerte desesperanza. Me sentía perdida en un mundo al cual no pertenecía ni pretendía hacerlo, sé que tengo que ser fuerte, pero ya no puedo más.
Esa señora que dice ser mi madre ha logrado llevarme al límite, hacía lo que pedía y hasta permitía que me gritara. Juliana era la más beneficiada puesto que se le veía muy feliz, no conocía los motivos y tampoco me importaba. Suspiré secando mis lágrimas, me levanté perezosamente de mullida cama y me atreví a echar un vistazo por la ventana. El dolor volvió con más fuerza al verlo, cerré los ojos y mi frente tocó la ventana tibia gracias al sol.
Tenía que enfocarme y encontrar a Freddie para salir de este maldito lugar. Muchas preguntas pasaron por mi mente, ¿Me estaría buscando? ¿Estaría aun molesto conmigo por todo lo que hice ese día? Era una tonta y nunca me cansaría de decirlo, siempre soy yo la que termina arruinando todo y esta vez no fue la excepción. ¿Cómo podía tratarlo tan mal? Siempre ahuyento a las personas que me importan.
-Elizabeth, niña, apúrate. Tu padre espera y tenemos una reunión muy importante –no respondí y me limité a cumplir con su orden.
-Señorita Elizabeth, ¿Qué paso con usted? –susurró Cecil con tristeza.
-Eso no importa, tengo que hacer lo que me dicen –y una mierda… nunca fui de esas chicas responsables. Entonces, ¿Por qué empezar ahora? ¡Ya sé! Había perdido las esperanzas, una persona como yo no deberían pasarle cosas buenas.
Ella se limitó a negar con la cabeza y suspirar, me dejé bañar y vestir como una muñequita. Bajé las escaleras cuando estuve completamente arreglada, la mujer que era yo en esos momentos me asustaba, ¿Dónde estaba mi propia personalidad?
-Y allí está mi hermosura, ven te quiero presentar a nuestros amigos –ese era mi padre. Era extraño no sentirme mal al decirle padre, tal vez porque nunca conocí al mío.
Me quejé internamente al estrechar tantas manos y por comportarme tan linda todo el tiempo. Por otro lado, estaba ansiosa por la partida de mi padre, solo faltaba una hora y se iría sabrá Dios cuanto tiempo. Él era mi apoyo en este lugar, la verdad es que yo no quería confiar en nadie, no podía hacerlo.
Entre chistes, babosadas cursis de la gente rica y toda esa maldita charla de mujeres que me volvía loca se pasaron las dos horas. Podía sentir como mi corazón se achicaba y dolía por la partida de ese señor, dos días y me había enamorado completamente de la idea de tener un padre. Él me abrazó con todas sus fuerzas y me pidió que soportara todo, que yo sea chica muy fuerte y podía contra todo y todos.
Lo vi alejarse en su caballo, adentrándose en la oscuridad y eso fue todo para mí. Ya ellas no tenían que fingir, sin embargo, me quedaba un consuelo más ya que mientras haya gente en la casa no me iban a hacer daño. Me senté con muchas señoras que no hacían más que hablar de sus esposos y de todo el dinero que poseían, vaya que si eran ridículas.
-Muy bien, amigos y amigas, es para mí un placer informarles que mi hija Elizabeth ha aceptado casarse con Lord Damius –pude escuchar como todos aplaudían mientras dejaba de respirar, todo al mismo tiempo. Mi pesadilla, me obligarían a casarme con un estúpido viejo. Eso era todo, me largo de esta pesadilla.
No presté atención a los gritos de esa vieja y mucho menos a las amenazas de mi queridita Juliana. Maldición, todos estaban locos en esta época y el único que parece cuerdo es mi padre. Me detuve en medio del bosque, no conocía este lugar y pues no me importaba, cualquier sitio es mejor que ese encierro. No solo era el lugar, ya estaba harta de actuar como niña buena, fingir que nada me dolía y sobre todo, estaba cansada de esperar.
No se cuanta distancia recorrí, pero sabía que estaba lejos y de cierto modo me preocupaba. Tenía hambre y frio, y para colmo de males estaba segura de estar dando vueltas como una estúpida. Llegué a un pequeño riachuelo y, prácticamente, me lancé para tomar agua. Dios, tenía tanta sed, mi garganta quemaba y mis labios estaban agrietados.
Después de tomarme toda el agua que mi cuerpo podía soportar, me quedé allí sentada escuchando el agua correr y viendo el tenue reflejo de la luna. Tenía muchas cosas en mi mente, nunca fui una chica de buenas notas y tampoco amistosa, pero todo eso tiene un porqué. Mi madre alimento, a lo largo de los años, el miedo en mi interior porque no era normal que una persona modelo sea tan irresponsable e inestable. Me cuesta admitirlo, pero envidiaba a Melanie y su maldita vida perfecta lejos de las preocupaciones, del miedo, de mi vida.
-¿Qué hace aquí, Señorita Elizabeth? Todos la están buscando –ese era Ben, no quería hablar con ese chico porque lo haría sufrir y vaya que estaba deseando expulsar toda este sentimiento con alguien.
-No es tu maldito problema, dejame en paz –susurré sin mirarlo, de todos modos no se podía.
Él solo se limitó a sentarse y juguetear con la tierra, rodé mis ojos ante el entretenimiento simple de esta gente. Estoy segura que como Sam Puckett estaría jugando video juegos o haciéndole la vida imposible al ñoño…
-Auch, buena esa… -susurré para mí, la verdad es que si algo extrañaba en este momento era a Freddie.
-¿Nunca te has preguntado si tienes algún propósito en esta vida que no sea este? Tal vez algo diferente –murmuró Ben, podía sentir su mirada sobre mi cuerpo. Tal vez estaba tratando de encontrar algo diferente a la espesa oscuridad.
-Últimamente lo he pensado mucho, sin embargo, no es tu problema –espeté con sorna y lo escuché reír. Vaya que si era extraño.
-Me recuerdas mucho a una persona que extraño mucho, tienes una personalidad muy parecida… pero no eres ella –podía decir lo mismo, pero no quería.
El frio era insoportable, mi cuerpo entero temblaba y mis dientes chocaban entre sí, tal vez no debí escapar después de todo. Me abracé con fuerza tratando de encontrar un poco de calor, pero esto era una pérdida de tiempo.
-Ella era o es alguien muy importante para mí, es mi mejor amiga… mi cómplice… mi confidente –lo escuché suspirar antes de seguir con su dialogo. –Simplemente daría mi vida por su presencia en estos momentos, me siento solo.
-¿Por qué no la buscas? Aquí no haces nada aparte de tratar de hacerme hablar, sin mucho éxito debo acotar –dije con amargura.
-Pues yo te veo hablando, o mejor dicho escucho –dijo entre risas, el muy idiota tenía razón y no pude evitar sonreír ante eso.
-Eres un idiota –murmuré sin borrar la sonrisa de mi rostro.
-Eres diferente a todas las chicas de este tiempo –fruncí el ceño confundida, no se supone que debería hablar de esa forma. –Tal vez por eso me caes bien o simplemente me atrae tu personalidad, no lo sé.
No le respondí, era sorprendente que él se sintiera de la misma forma.
-Cuando era pequeño, mi madre solía contarme historias de épocas de antaño. Decía que su abuela Jeniffer le contaba todo sobre los pomposos vestidos y amores aparentemente imposibles –me interesé mucho en su relato, era algo diferente. –Me habló de amores eternos y de todo eso, ella me decía que cuando fuera mayor encontraría mi par.
-¿Y crees en esas babosadas? –Mis manos viajaron a mi boca ruidosamente, no era mi intención decirle eso. Pero, ¡Vamos! ¿Qué esperaba de alguien como yo?
-No…
Me sorprendí tanto por su respuesta que tenía que preguntar.
-¿Por qué?
-Bueno, pensé estar enamorado de una persona por tantos años y sufrí tanto por sus rechazos que deje de creer –susurró abatido. –De verdad pensé que algún día ella me vería diferente, no como un amigo.
-¿La amas? –pregunté interesada, no sé porque está historia se me hacia familiar.
-No, con el tiempo descubrí que no era otra cosa que amor de amigos. Creo que… amo a otra persona, pero no sé donde está –dijo indiferente.
No hablamos más en horas, sabía que estaba allí porque podía escuchar su respiración y me sentía algo segura por ello.
-Ben, ¿Alguna vez has besado a una chica? –pregunté interesada. No sé porque me dio ese arrebato, pero necesita saberlo.
-Sí, una vez hace mucho tiempo… pero solo fue un experimento –respondió aun con indiferencia.
-¿Para ti o para ella?
-Para ella, yo si quería besarla. Elizabeth, ¿Por qué quieres saber todo esto? –me encogí de hombros aun sabiendo que él no me podía ver y suspiré.
-¿Quieres hacer otro experimento? –pregunté susurrante, mi corazón latía a mil por segundo.
-Dispara… -sonreí y negué con la cabeza, sus respuestas eran tan parecidas.
-Bésame… bésame como si fuera ella –lo escuché jadear sorprendido. –Por favor, solo quiero que me beses como lo hacías con ella y yo cerraré mis ojos dejándome besar y respondiéndote como yo lo haría con él –supliqué temerosa, Sam Puckett no es de esas chicas, pero ahora yo no era ella.
-¿Quién es él? –preguntó interesado.
-Un amigo y creo que no lo volveré a ver –susurré abatida. –Por favor…
Pasaron segundos, minutos ó horas, no lo sé. Pero estaba nerviosa y quería saber su decisión. Escuché el crujir de las hojas y como se acercaba a mí, una de sus manos acarició mi rostro y podía sentir su respiración golpear mi rostro. Cerré mis ojos tratando de recordar ese cumulo de sensaciones que solo podía sentir con Freddie y lo logré, mi estomago se estrujó ante los recuerdos.
Sus labios rozaron los míos con delicadeza y mi cuerpo comenzó a temblar, esto era nuevo y lo peor de todo es que no era sano porque mi mente jugaba una mala pasada conmigo. Él se alejo de mí susurrando un "lo siento" y sentí como mi corazón dolía ante eso. Me sentí tan estúpida que podía gritar, pero solo haré lo que mejor sé hacer.
-Eres un idiota –grité empujándolo con todas mis fuerzas. –Primero te brindo mi confianza, te di un maldito voto de confianza que no suelo hacerlo y tú me pagas tratándome como una paria. Ahora vuelvo como la propia estúpida a darte otra oportunidad y me… Ahs, olvídalo. Me largo –me levanté y comencé a caminar rápidamente rio arriba. Algo tenía que conseguir y gracias al cielo el agua era lo único que podía reflejarse con la luna.
Podía escuchar los pasos apresurados de Ben a mis espaldas, pero no le daré el puto tiempo que necesita para burlarse en mi cara. No volvería a burlarse de mí… Todo fue como una explosión, mi mente se quedo en blanco mientras él soltaba un jadeo sorprendido, yo estaba igual.
Sus labios se movían con urgencia sobre los míos y yo respondí… Dios, sí. Necesitaba con todo sentirme de esta manera y demonios, solo Freddie lo lograba. Gemí cuando su lengua comenzó a juguetear con la mía, esto era demasiado. Las lágrimas rodaron por mi rostro, quería encontrarlo y no podía, no sabía ni como comenzar. Sus manos se enredaron en mi cabello y mis manos en su cuello, ambos cumplimos nuestra parte del trato. Besarnos como si fuera el otro la persona que deseábamos.
